Dominado por mi ex feminista [parte 2]
Él creía haber superado su pasado, pero ella tiene otros planes. Esta vez, no hay negociación posible: solo obediencia, humillación y la certeza de que su cuerpo ya no le pertenece.
A raíz de entonces comenzamos a quedar más a menudo. Ella había vuelto al barrio a vivir por lo visto, y el novio viajaba por trabajo a menudo.
Durante varias semanas no volvimos a mencionar nada de la otra noche pero, como era de prever, tarde o temprano saldría por algún lado.
—Se te da mejor besar los pies que la boca —dijo de repente, con su típica sonrisa de niña buena.
Yo la miré y me mordí el labio sin saber muy bien qué decirle.
—No me niegues que no te gustó. Solo había que ver cómo se te empalmó…
Yo le di vueltas al café sin saber qué hacer hasta que volvió a mirarme, esta vez segura de sí misma.
—De nada.
Yo me quedé extrañado y la miré con asombro.
—He cumplido una de tus fantasías, ¿no?
Entonces rio y yo negué con la cabeza.
Lo que no recordaba era como tenía maestría en aquello de hacer conmigo lo que quisiera. Ni de eso, ni de como cambiaba su humor en cuestión de minutos.
Cuando quise darme cuenta estábamos en su casa. Y yo le estaba preparando la cena, mientras ella se quedaba en el sofá hablando con su novio por teléfono. Para cuando terminé de tener todo listo ella colgó y, tras colocar el último cubierto, me senté a su lado.
Entonces ella me miró, con la cara que solía poner cuando se enfadaba.
—Ese no es tu sitio —dijo llanamente.
La miré y observé como durante unos instantes miró al suelo. Sabía qué quería, y una parte de mí ya estaba deseando sentirse libre de hacer lo que quisiera.
Yo me lancé en picado dejándome caer al suelo, para que entonces ella cogiese los cubiertos y los lanzase lejos.
—Mírame —dijo absolutamente seria. Tan sería que me excitó su seriedad.
Cogió la hamburguesa que había preparado para mí y comenzó a morder. Masticó varias veces hasta que escupió lo mordisqueado al plato de nuevo. Yo quise quitar la mirada de su camino pero entonces me cogió de la mandíbula y me forzó a seguir mirándola. Terminó de morder toda la hamburguesa y escupirla para poner el plato en el suelo. Me dio un bofetón, y puso su pie encima de la comida del suelo.
Me toqué la cara sin esperarme ese bofetón, a lo que ella respondió:
—No te he dado permiso a que dejaras de mirarme.
Chascó los dedos y señaló su pie, que pisaba la comida.
—Que aproveche cariño —añadió, entonces, divertida.
Noté como disfrutaba y yo estaba tan cachondo que solo podía pensar en querer correrme. Obedecí y me agaché hasta su pie. Comí todo sin rechistar mientras sentí como con su mirada se reía desde lo alto del sofá. A veces tenía que sortear sus dedos mientras que, otras, me tocaba comerlo directamente de la piel de su pie.
—¿De verdad nunca habías probado el sado? —preguntó, como si fuéramos de repente amigos sin más, mientras seguía comiendo de su pie.
Yo callé y la miré fugazmente, con la cara ardiendo por la vergüenza de lo que estaba pasando y que aún no había asimilado. Negué.
—A mí siempre me ha encantado. Así te tuve... —añadió riendo.
Me levanté cuidadosamente y la miré, con la cabeza medio agachada. Ella se relamió y me miró fogosa.
—¿Quieres que te domine?
Yo no sabía a qué se refería, si ya me sentía sumamente dominado. A lo que se refería lo descubriría con el tiempo. En ese preciso momento aún estaba cohibido por la situación, sin dejar que esa parte de mí que gozaba de aquello disfrutara de la fantasía.
—Sí Ama… —dije con miedo.
—Vas aprendiendo rápido —respondió orgullosa.
En ella veía un poder que siempre había visto, pero ahora, después de tanto tiempo, la cosa cambiaba. Tenía un aura autoritaria, que hacía que le tuviese entre respeto y rencor. Rencor porque me estaba humillando como ella quería.
Se levantó y fue paseando como una abejita en dirección a su habitación.
—Sígueme —dijo por el pasillo.
Me levanté y obedecí. Al llegar a la habitación me dejó allí, esperando en el umbral, mientras ella se ponía una lencería negra que solo hacía que tuviese la polla a punto de explotar.
Se dio la vuelta y, sin mirarme, se ajustó unos guantes de cuero. Tras aquello, me miró solo un segundo hasta que me soltó el primer bofetón.
—En esta casa tú no andas de pie, ¿entendido?
Yo me agaché y quedé esperando.
—Sí Ama.
Me soltó otro bofetón.
—Cuando te equivoques, que serán muchas veces, pedirás perdón.
—Si Ama, perdón.
Me cogió de la cara dulcemente y me hizo mirarla. Sonrió y me dio un beso en la frente.
—¿Estás dispuesto a qué te adiestre?
Afirmé, algo temeroso aún.
—Pues tienes que confiar en mí y dejarte llevar. Aquí no vas a tener nombre, así que despreocúpate de ser tú. Empezaré suave, y con el tiempo verás en la buena perra que te conviertes —ella se levantó y fue hasta la cama—. ¿Cuándo fue la última vez que te pajeaste?
La pregunta me pilló por sorpresa.
—Ayer…
Ella se rio y se acercó a un cajón, del que sacó algo metálico.
—Lo primero que necesitaré será tu docilidad.
Con un gesto femenino me señaló a la cama.
—Quítate la ropa y sube.
Obedecí.
Una vez arriba, con la polla al aire, volvió a reírse.
Me enseñó la jaula de castidad, y con una sonrisa maliciosa me la puso.
—Hasta dentro de un mes no volverás a tocarte.
Relatos similares
- Dominación
Mi vecina 2
Carla no es solo la vecina de al lado; es quien tiene las llaves de tu sumisión. Esta vez, no hay salida, solo órdenes que cumplir y placer que…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Dominación
Vacaciones de verano (1)
Solo quería recuperar a sus amigas, pero ellas tenían otras ideas para el verano. Ahora, desnuda y a sus pies, Sandra descubre que la humillación es…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Dominación
Cafetería PARAISO, cap. 1
Matías lleva años buscando la sumisión que perdió con su esposa, pero ninguna profesional le satisface.
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Dominación
Cambio de papeles
Él siempre la dominaba, pero esta noche ella ha tomado las riendas. Atado, azotado y marcado, él descubre que su placer reside en la pérdida de…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Dominación
Y las amigas de Raquel descubrieron su secreto.
Raquel siempre fue la tímida del grupo, pero esa noche su secreto saldrá a la luz. Sus amigas no solo descubrirán su virginidad, sino que exigirán un…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Dominación
Irene la luchadora 3: entrenamiento.
Xana no solo entrena el cuerpo de Irene, sino que domine su voluntad. Cada gota de sudor y cada lágrima de esfuerzo son moneda de cambio para un…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida