La interiorista
Después de 25 años de matrimonio, el sexo se había vuelto rutina. Pero la mirada de Javier en el almacén encendió algo que creía apagado. Esta noche, mientras su marido la toca, ella no lo ve a él: se imagina las manos de otro hombre.
Hola, Soy Maria, una mujer madura, casada hace 25 años, guapa y con cuerpo de jovencita.
Trabajo en un almacén de material para construcción, soy interiorista y asesoro a los clientes sobre materiales y revestimientos, como combinarlos para que realmente el resultado sea, estéticamente, el deseado.
Un día, acudió al almacén un señor que requirió consejo y mis compañeros lo derivaron a mi mesa.
Se presentó delante de mí y me comentó que quería hacer una reforma en su casa, pero no tenía mucha idea de que materiales debía utilizar.
Era un hombre atractivo, con buen porte y elegante, me suelo fijar mucho en el estilo de mis clientes, porque eso me ayuda a saber que les puedo proponer…
Normalmente mi trabajo requiere varias citas, la primera para una toma de contacto, la siguiente para mostrar varias opciones preseleccionadas y la tercera para presupuestos, a veces hay que hacer algún cambio después de presupuestos o incluso alguna visita a obra.
Mi nombre es Javier, había pensado en algo no demasiado sofisticado, me dijo a continuación.
Hola, Javier, yo soy Maria, encantada, no te preocupes que seguro tenemos lo que andas buscando, dije yo. Siéntate, por favor.
Empecé a hacerle un breve cuestionario, para conocer sus gustos y acto seguido fui a por alguna muestra, para ver su reacción.
Cuando se las estaba enseñando, reparé que al estar yo de pie y el sentado, le estaba mostrando mi escote, Javier no perdía detalle de mis tetas, que aunque no tienen la turgencia de la juventud, siguen levantando pasiones…
Me gusta lo que me enseñas, dijo él
Yo no sabía si se refería a las muestras o a las tetas…jeje
Me alegra, Javier, eso me ayuda mucho a saber por donde debo seguir, le dije yo y acto seguido me sonrojé al escucharme.
Bueno, Javier, dame un par de días y te presento mis propuestas.
Se levantó y a modo de despedida me dijo, espero ansioso tus propuestas, dándole cierto énfasis a su entonación, o al menos eso me quiso parecer a mi, además, al estar de pie pude apreciar cierto bulto en su entrepierna, que al menos antes yo no había apreciado.
He de comentar que después de 25 años casada, con una vida dedicada al trabajo y criar a mi hijo adolescente y los problemas cotidianos, tengo un poco aparcado el sexo con mi marido, aunque el me busca, no suelo estar receptiva, aunque antes era muy fogosa…
Pero aquello me había hecho mojar mis braguitas y ademas, estuve el resto del día recreando aquella visita y dejando volar mi imaginación.
Aquella noche al llegar a casa, mi hijo no estaba, se había quedado en casa de un amigo, así que con la calentura que llevaba, aproveché para seducir a mi marido en el sofá, metí mi mano bajo su pijama y fui acariciandolo lentamente, su reacción no se hizo esperar, pronto su polla estaba erecta, me desnudé y colocándome encima de él, le ofrecí mis pechos, mientras los lamía y jugada con mis pezones, recordaba la cara de Javier mirándolos, cerré mis ojos y me imaginé que era Javier quien los chupaba…
Mis fluidos bajaban por mis muslos y mi entrepierna estaba cada vez más caliente, le quite el pantalón de pijama y me subí a horcajadas encima suyo, ofreciéndole de nuevo mis pechos y metiéndome su polla despacio, cerré los ojos y me imaginé, que además de ser Javier quien me lamía las tetas, era su bulto el que empezaba a sentir en mis entrañas, con aquel calenton no tarde en correrme más de un minuto, fue un orgasmo brutal de los que te dejan con las piernas tiritando.
Me tumbé desnuda en el sofá y Jose, que así se llama mi marido, se puso a mi lado a pajearse, fui tan rápida que a él no le había dado tiempo a acabar y se corrio en mis tetas.
Cariño, como venías hoy! Me gustas así de calentona! Dijo Jose.
Tenía muchas ganas de ti, le contesté
Continuará a petición popular
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