Xtories

Todos tenemos un precio

El jefe siempre decía que todos tenemos un precio. Esa noche, en el hotel de Madrid, Susana decidió cobrar el suyo. No era una invitación, era una propuesta: él pagaría por ella, y ella se entregaría sin ataduras. El riesgo de ser descubiertos encendía más que el deseo mismo.

Javi10K vistas9.4· 20 votos

Aquel día en la oficina fue especialmente interesante y estresante a partes iguales, por fin íbamos a presentar nuestro proyecto al jefe, nos habían encomendado la tarea de crear un programa para robotizar unas cadenas de montaje y el plazo era bastante apretado para un grupo de cuatro personas, no nos quejábamos, pero algunos ojos y manos extras nos podrían haber venido de perlas.

Ahí estaba yo, de pie explicando al jefe con una serie de imágenes proyectadas en la pared mostrándole el programa terminado ante la atenta mirada de mis compañeros, un programador senior, con el que yo ya había trabajado con anterioridad y un par de programadores junior que prácticamente habían entrado a la empresa para ese proyecto.

Nunca teníamos reuniones formales en la empresa, pero ese proyecto en cuestión podía suponer un incremento de beneficios muy grande a la empresa, puesto que el programa iba a ir directo a unos inversores que tenían unas plantas de producción en Japón, clientes potenciales y potentes.

Mantuve la compostura todo lo que pude aunque estaba muy nervioso, esa presentación, en realidad la tendría que haber hecho una de los nuevos, porque la mayoría de las innovaciones las había planteado y aplicado ella, pero al ser yo el ingeniero de sistemas había que respetar una especie de cadena de mando.

Cuando terminé la presentación de todo nuestro jefe, que era un consolidado programador, estuvo en silencio durante un rato y después habló:

-Lo habéis hecho perfectamente, ya sé que no os he dado todo el tiempo del mundo, ni todos los recursos, se nota la implicación y el esfuerzo.

-Gracias.- Respondí yo, bajando la voz, me molestaba un poco que nos elogiara a todos pero solo me mirase a mi.

-Vale, siguiente paso, reunión la semana que viene con los inversores, Javi, irás con Susana a presentárselo a Madrid para ver qué les parece y después cerraremos el trato con ellos.

-¿Nosotros?- Pregunté yo, puesto que el hablar directamente con los clientes no era lo mío.

-No querrás que vaya yo, que no tengo ni puta idea, sé que, en particular vosotros dos sois los que más horas le habéis metido al tema y, por tanto, mejor conocéis el programa, de negociar precios ya me ocuparé yo después.

-¿Usted cree que lo compraran?- Preguntó Susana, la nueva.

-Por supuesto, esto es una maravilla, y bien negociado esto se vende solo, que de la negociación de preciosa ya me ocupo yo, recuerda que todos tenemos un precio.

Nuestro jefe siempre repetía eso de “todos tenemos un precio”, era un hombre que, a parte de una ingeniería informática estaba licenciado en económicas, yo llevaba trabajando para el desde que prácticamente había salido de la universidad y la verdad era que cada vez que algo le olía a dinero se tiraba a por ello.

-Bueno, hablaré con los clientes para concertar la reunión y me pondré con los preparativos de vuestro viaje, otra cosa, aquí podéis ir todo lo frikis que queráis, allí nada de camisetas o sudaderas, tenéis que causar una buena impresión, así que, por favor, vestíos como profesionales.- Concluyó antes de ponerse en pie y abandonar la sala de reuniones.

Los cuatro compartimos abrazos y apretones de manos mientras coreábamos y saltábamos, aquello podía suponer algo bueno para todos y nosotros, poquitos y cortos de tiempo, nos habíamos lucido, la alegría continuó después, en el bar de debajo de la oficina, con las cervezas yendo y viniendo y brindábamos por lo buenos que éramos.

Cuando llegó la noche volví a casa, allí le expliqué a mi mujer cómo había ido la reunión y cómo había terminado todo, que sería yo, junto con mi compañera, el que tendría que hablar con los clientes acerca del programa, ella sonrió y me dijo.

-Bueno, supongo que el cafre de tu jefe no sabrá que incluso habéis estado aquí noches y fines de semana metiendo horas que nadie os va a pagar.

-No, seguramente eso no lo sepa, pero si todo va bien cae ascenso y aumento.

-Vale, pero también esa chica debería tener un reconocimiento, porque llevará poco en la empresa, pero Miguel, don “soy programador senior” no ha pringado como vosotros, luego tiene los santos huevos de mirar a los demás por encima del hombro.

-No, no, ahí tienes razón, Susana se lo ha currado, además, creo que la pasta le vendría bien.

-De verdad, no sé qué hace manteniendo al parásito del novio, con la excusa de que no tiene suerte en encontrar trabajo no da palo al agua y ella manteniéndolo.

-Nena… ahí no podemos meternos, es cosa de cada casa.

-Ya, pero me da rabia.

Seguimos charlando un rato y después nos fuimos a dormir, la semana pasó bastante rápida, los cuatro miembros del equipo anduvimos revisando el programa para detectar posibles errores y preparando una especie de presentación mucho más elaborada que la que hice para mi jefe, estábamos precisamente en ello cuando él mismo apareció en la puerta y me dijo.

-Javi, pásate por mi oficina cuando tengas un minuto.

-Ahora en cinco minutos.

Cinco minutos después estaba ante la puerta de mi jefe, di dos golpecitos y entré. Ahí estaba él, cincuenta años, con cuatro canas en su pelo moreno, afeitado vestido con una camisa de cuadros tipo leñador y unos vaqueros, me miraba con sus intensos ojos verdes por encima de unas gafitas enanas que llevaba.

Cerró la carpeta que tenía en sus manos y la dejó en el extremo de la mesa más cercano a mi.

-Siéntate, Javi, por favor.

Yo entré a su despacho, cerré, avancé unos metros y me senté.

-Ha habido un ligero cambio de planes, los clientes no se pueden reunir con vosotros hasta el sábado, es decir, mañana voláis, vais al hotel y eso, pero hasta pasado mañana, nada.

-No me jodas, Enrique, no me digas que pringamos el fin de semana.

-Lo siento, ya sabes cómo son estas cosas. Además, si todo sale bien, que saldrá, os doy una semana de vacaciones tanto a Susana como a ti.

-Mira, eso no me parece tan mal.

-Sabía que esa idea te iba a gustar más, escucha, esto es algo redondo, cuando el trato esté cerrado tu pasarás a ser jefe del departamento de programación.

-No sé qué decir.

-Qué coño vas a tener que decir, te lo has ganado, me imagino que habrás metido horas de más con esto y esa implicación siempre debe estar recompensada.

-Escucha, acerca de eso, no he sido yo sólo…

-Si, ya sé que el resto de tu equipo está implicado, Miguel y José tendrán una subida de sueldo, por otro lado Susana tendrá un ascenso con el sueldo que eso conlleva. No creo que pongas pegas.

-¿Cómo sabias que era precisamente ella la que ha estado metiendo horas?

-Porque yo lo veo todo...

-¿Cómo?

-Vuestras tarjetas de fichar sirven para algo, además tenemos cámaras, yo siempre sé quién trabaja más y quién se escaquea.

-También es verdad.

-Dejaré que les des tu la noticia a ellos. Coge la carpeta, están vuestros billetes y documentos de la reserva de habitaciones entre otras cosas.

Me despedí de mi jefe y después les dije a los chicos la buena noticia del futuro incremento de sueldo, no dije nada más porque lo de mi compañera quería decírselo en privado más adelante.

Al día siguiente quedé con Susana en la puerta de su casa, pedí un taxi que me recogió en la mía y después fuimos a la suya, allí estaba esperando maleta en mano, el taxista la ayudó a meterla en el maletero y nos llevó dándonos cháchara hasta el aeropuerto.

El vuelo fue de lo más tranquilo, una hora de calma hasta el aterrizaje, recogimos el equipaje, cogimos un taxi y poco después estábamos en un hotel bastante normal de cuatro estrellas pidiendo nuestras habitaciones. Después de todo aquello deshice la maleta y comprobé que la chaqueta se me había quedado un poco mustia al ir en la maleta, así que la estiré, la puse en una percha y bajé a la recepción donde había quedado con mi compañera para cenar, me puse una camiseta azul y unos vaqueros para ir tirando. Tengo 34 años, mido 1’75 peso unos 68 kilos, bien distribuidos gracias al gimnasio en mis ratos libres, tengo el pelo negro muy corto y ojos marrones, bastante normalito.

Susana ya estaba allí, iba también en vaqueros y llevaba una camisa blanca de manga corta, no habituaba a verla así, normalmente en la oficina solía ir con chándal o ropa ancha, la verdad es que me sorprendió verla así.

Tiene 27 años, mide 1’70 y no me atrevería a plantearme su peso, pero es bastante delgada, tiene ojos color miel y en ese momento su pelo negro iba suelto en una melena larga lisa, habitualmente en la oficina solía llevar coleta o moño.

Me quedé atontado al verla, no me esperaba verla así, ganaba muchos más puntos que en el trabajo.

-¿Qué pasa?

-Que puedes venir así a trabajar, estás muy guapa así.

Ella se sonrojó un poco, pasamos al comedor y pedimos algo de cena, mientras íbamos cenando empezamos a repasar el plan del día siguiente:

-Yo creo que deberíamos hacerlo a medias.

-Qué dices, la presentación en la oficina la hiciste tú solo y la bordaste.

-Lo que tú digas, pero esto es más cosa tuya, las mejoras las implementaste tú, además creo que entre los dos podemos hacerlo más dinámico que un monólogo.

-Vale, pero no me dejes colgada.

Después de la cena cada uno se volvió a su habitación, me fui pronto a la cama, el día siguiente iba a ser algo importante, tumbado no me podía quitar de la cabeza el cuerpo de Susana, esa camisa con algún botón abierto me había dejado anonadado, me acordé de lo que había dicho mi mujer de que no sabía que habría visto esa chica en su novio, pero sí que tenía claro lo que el chico había visto en ella.

A la mañana siguiente, justo cuando acababa de salir de la ducha la puerta de la habitación sonó, alguien estaba llamando, fui con la toalla enrollada en la cintura y abrí, ahí estaba Susana, llevaba un traje gris oscuro de los de americana y falda hasta las rodillas, con una camisa rosa pálido y el pelo suelto como yo le había sugerido.

-¿Todavía estás así?

-Susana, a menos que se me haya parado el reloj falta una hora y media.

-Perdona, estoy nerviosa.

-Anda, pasa, ponte un café.

Había una pequeña cafetera de cápsulas en la habitación, yo ya llevaba un par de cafés a esa hora, Susana cogió una taza y se preparó uno mientras yo me terminaba de secar en el baño. Estaba empezando a vestirme cuando oí su voz.

-¿Te has dado cuenta de que tienes la chaqueta hecha una mierda?

-Si, se me arrugó en la maleta, no sé, la doblé mal.

-Es que estas no están hechas para doblarse, ahora vuelvo.

Oí la puerta cerrarse y en menos de dos minutos volvió a tocar la puerta, salí del baño y abrí la puerta, ella estaba de vuelta con una especie de teléfono en la mano, se me quedó mirando con los ojos muy abiertos, me dí cuenta de la situación.

-Ni que nunca hubieras visto a un tío en calzoncillos.

-Coño, pero no a mi jefe.

-Su fuera tu jefe no estaría aquí, ¿Qué es eso?

-Esto se llama plancha de viaje, anda vístete.

Me volví a meter en el baño a vestirme y para cuando salí la chaqueta estaba impecable. Susana me dijo que dejara la plancha enfriando en el baño, después agarré mi maletín y nos fuimos de la habitación.

En el ascensor había un espejo enorme en el que nos vimos, realmente íbamos muy elegantes, demasiado para mí gusto, menos mal que no me había puesto corbata, porque parecería el jefe de Susana y no me gustaba la idea.

-Nadie puede decir que no vayamos bien vestidos.

-Parezco tu secretaria.

-No, joder, parecemos dos agentes federales buscando extraterrestres.

Los dos empezamos a reírnos a carcajadas de la tontería que acababa de soltar, sin darnos cuenta habíamos llegado a la plata baja y las recepcionistas nos miraban como si fuéramos idiotas, salimos y pedimos un taxi para llegar al lugar de la reunión.

El edificio imponía bastante, los dos nos sentimos diminutos ante tanta gente en el recibidor, el guardia de seguridad, tras revisar nuestra cita nos indicó el ascensor y planta a la que nos debíamos dirigir. Llegamos a una sala de reuniones enorme en la que nos esperaban diez personas trajeadas, hombres y mujeres con gesto serio, nos fuimos presentando a ellos con saludos y apretones de manos, Susana se me quedó mirando en el proceso por algo que dije, pero que en ese momento no me pareció relevante, una vez hechas las presentaciones conecté mi ordenador y repartimos unas carpetas con la información para que nos siguieran en las explicaciones.

La exposición quedó muy clara, una vez terminamos con nuestra presentación y un par de simulaciones solo pude ver dos cosas, caras de satisfacción y que llevábamos hablando dos horas para un público que no perdió ni un detalle. Volvió la ronda de apretones de manos y nos informaron de que estaban encantados y que pronto tendríamos noticias suyas. Bajamos y salimos del edificio para llamar a nuestro jefe e informarle de nuestro éxito. Tras eso Susana dijo que habría que celebrarlo, así que estuve de acuerdo, fuimos a un bar cercano y, ya con la segunda cerveza y la euforia más controlada ella me miró.

-Me has presentado como programadora senior…

-Si.

-Es un poco mentira.

-No, no lo es, tras este acuerdo, todo el equipo obtiene subida de sueldo y tu, en particular un ascenso.

-Es coña.

-No, no lo es.

-¿De verdad?

-De verdad.

Susana se levantó y me abrazó.

-Eh, eh, relaja, que me arrugas la ropa y me ha costado plancharla.

-Serás bobo.

Los dos nos reímos y pedimos otra ronda, el rato estaba animado, hasta que a Susana le dio el bajón.

-Menos mal que me lo has dicho, porque ya empiezo a estar desesperada.

-¿A qué te refieres?

-A la pasta. Tengo una serie de problemas que me están jodiendo viva.

-Lo primero no pueden ser tan graves, lo segundo, tu mayor problema tiene brazos y piernas.

-Si, bueno es verdad que David es un problema, realmente no tiene trabajo y no parece tener interés en trabajar, en gastar dinero sí, pero en ganarlo no, vamos muy jodidos con el alquiler y gastos a cuenta de unos pufos que tiene.

-Y le ayudas tu.

-Si no tiene ni paro.

-Si sigues en esa dinámica, por mucho que te suban el sueldo vas a estar jodida en nada.

-Pues si, como no me meta a puta o suba fotos a Internet no sé lo que voy a hacer.

-¿No has contemplado mandarlo a la mierda?

-La verdad es que si, pero no sé…

Susana se quedó pensativa un rato con la mirada perdida, no la quería presionar más así que decidí aligerar el ambiente con un poco de humor.

-Que sepas que yo pagaría por esas fotos eh.

Ella sonrió y se quedó sosteniéndome la mirada unos segundos, su expresión se había vuelto un tanto desafiante.

-¿Y cuánto pagarías?

-Pues no sé, creo que en esas páginas hay precios medio establecidos ya.

-¿Pero pagarías por mi?

-¿Por qué no? La verdad es que estás muy bien. De hecho anoche en la cena me sorprendiste.

-¿Por qué?

-No sueles estar así vestida, ganas muchos puntos.

-Me suelo arreglar un poco cuando salgo y así.

-Que no te digo yo que así como estas ahora o en chándal no estés bien, pero no se puede comparar.

-Ya te he entendido.

El aire se había cargado un poco, no sabía las vueltas que estábamos dando en la conversación, algunos puntos me parecían divertidos, pero otros bastante peligrosos. Miré los ojos de Susana, no sabía qué tipo de señales me estaba mandando, de hecho no podía evitar sentirme un tanto excitado por el rumbo que tomaba la conversación. Permanecimos en silencio un rato mirándonos, ella pegó un trago a su botellín sin apartar la mirada de mis ojos y lo dejó en la mesa.

-Te propongo un trato.

-Dime.

-Como no tenemos que volver hasta mañana seré tu acompañante esta noche.

-¿Acompañante?

-Ya me entiendes, tu y yo… a ver cuánto pagarías. Total, como dice nuestro jefe “todos tenemos un precio”.

-Ah, que encima pago.

-Claro, ¿Qué gracia tiene si no?

-A quien no le haría gracia iba a ser a mi mujer, a tu novio, ni a recursos humanos.

-¿Tú los ves por aquí?

Su mirada se había vuelto más desafiante, y noté un brillo casi lujurioso en sus ojos. Mi polla se había endurecido bajo mis pantalones. Nunca había hecho algo similar, ni había requerido nunca los servicios de una prostituta, pero mi compañera acababa de ofrecerse como tal de una forma bastante elegante.

Egoístamente no quise darle muchas vueltas, era una chica preciosa, y hablábamos de algo que no se iba a volver a repetir, de todos modos no tenía por qué pasar nada más allá de cenar juntos, pero se presentaba como un tren que no volvería a esa estación.

Le tendí la mano y ella me dio un apretón.

-Esto queda entre tu y yo, ya hablaremos del dinero, todo irá en función de lo que pase.

-Me parece correcto.

-Ojo, que darle una vuelta a todo, para establecer ciertos… límites, pero por lo demás quiero que me lleves a cenar a un sitio chulo, ponte el traje, que me gusta cómo te queda.

-Joder, que mandona te has vuelto.

-Hombre, de hacer las cosas hay que hacerlas bien.

Comimos algo allí mismo, puesto que ni habíamos desayunado por los nervios y hablamos de temas varios, evitando conversar de nuestro pequeño trato. Tras eso cogimos un taxi y volvimos al hotel, Susana estaba algo nerviosa, suponía que era por su propuesta, dado que yo también lo estaba. Subimos al ascensor y en él se me quedó mirando muy fijamente, yo no podía apartar la mirada de sus ojos, permanecimos así todo el ascenso, que a mi se me hizo interminable, a pesar de que solo eran cuatro plantas. Cuando las puertas se abrieron ella salió y yo fui tras ella, con la cabeza siendo un mar de tormentas mientras no podía dejar de mirar su culo.

Cuando llegué a la puerta de mi habitación ella se colocó a mi lado.

-¿A dónde vas?

-A por mi plancha.

-Ay, coño, es verdad, entra anda.

Ella entró en la habitación antes que yo y después se fue al baño, yo cerré y me quité los zapatos, que me estaban matando ya, en menos de dos minutos Susana estaba de nuevo frente a mi con su plancha de viaje en la mano.

-Voy a… ir preparándome para que me lleves a cenar, ¿luego a qué hora nos vemos?

-No sé, las siete y media puede ser buena hora.

-Son las tres y media… sí, me parece bien.

-Vale, pues a las siete y media te paso a buscar.

-¿A dónde?

-Joder, chica, a la puerta de tu habitación.

-Vale, hecho.

Cuando terminó de reírse se me quedó mirando de nuevo, yo solo miraba sus ojos, con algunas miradas fugaces a sus labios, la tenía a escasos centímetros de mí, esa era la barrera que nos separaba, aún así algo me decía que atravesase dicha barrera.

Me incliné hacia adelante viendo que los ojos de Susana se cerraban y la besé, fue un beso suave y dulce que se prolongó durante unos segundos.

Tras el beso, Susana se separó de mí y se marchó cerrando la puerta.

Me quité la chaqueta y la dejé en el respaldo de una silla para que no se arrugas, tras eso me quité el resto del traje y me tumbé el calzoncillos en la cama para poner la tele y distraerme un rato, cosa que no conseguía hacer, los acontecimientos habían tomado un camino que no conocía, no sabía ya si, realmente era una broma como inicialmente había pensado o a Susana se le había ido la cabeza del todo y estaba a punto de llevarme a mí por delante. Hice dos llamadas, una mí jefe para informarle de todo con más calma, lo cual me tranquilizó más, puesto que los clientes ya habían entablado negociaciones sin apenas esperar tiempo, y la siguiente a mi mujer, para decirle que todo iba bien, que nos veríamos al día siguiente y ella me dijo que aprovechásemos para celebrarlo, cosa que le dije que haríamos al fin y al cabo. Tras eso busqué en Internet un poco y localicé bastante cerca del hotel un restaurante con bastante buena pinta, llamé e hice reserva para dos.

Pasó el tiempo volando, así que me di una ducha después de repasarme el afeitado, cogí otra camisa, una de color azul marino que llevaba por si acaso, me la puse y después me volví a poner el traje, tras eso volví a calzarme y miré el reloj, apenas quedaban cinco minutos para la hora convenida, salí de la habitación y avancé por el pasillo hasta detenerme en la puerta de la suya, no nos habían dado habitaciones contiguas, así que tuve que mirar bien los números para no equivocarme.

Cuando estuve ante su puerta me planté y di tres toques con los nudillos.

La puerta se abrió y apareció una mujer que ya sí que no se parecía en nada a mi compañera, llevaba un vestido negro de noche precioso, de esos ceñidos que solo tienen un tirante ancho en un hombro y con la falda hasta los tobillos con una enorme raja desde el muslo hasta el final, tenía unas sandalias de tacón alto negras brillantes y, a parte de ondularse su melena morena se había maquillado de una forma exquisita.

Yo me quedé obnubilado ante esa belleza, no sabía ni qué decir, ella lo entendió y agachó la cabeza con una sonrisilla. Susana cerró la puerta y guardó la tarjeta llave en un bolsito negro poco más grande que un teléfono móvil, yo estiré mi brazo flexionado y ella se agarró a mi con gracia para dirigirnos al ascensor.

La noche era cálida, por lo tanto Susana no necesitaba chaqueta, la verdad era que iba preciosa, pero a la vez muy sensual, al salir del ascensor puse mi mano en su espalda y me percaté de mi sospecha inicial de que no llevaba sujetador, ya que sí que había intuido sus pezones en el vestido.

Cuando atravesamos el vestíbulo del hotel le abrí la puerta y le cedí el paso, cosa que ella agradeció con una sonrisa. Una vez fuera, se volvió a agarrar de mi brazo y me miró.

-¿Taxi o paseo?

-Paseo, llegamos en poco.

-Vale, tu me guías.

Empezamos a pasear tranquilamente del brazo, aún no había anochecido. De vez en cuando miraba de reojo a Susana y me di cuenta de que ella hacía lo mismo.

-No has dicho prácticamente ni una palabra desde que me has visto.

-Estás preciosa.

-Gracias, tu también estás muy apuesto con traje, y me encanta esa camisa que llevas.

-¿Estás segura de esto?

-¿Te vas a rajar?

-No, en absoluto.

Llegamos al restaurante, las fotos que había visto en Internet le hacían bastante justicia, un camarero con pajarita nos dio la bienvenida, revisó mi reserva y nos hizo pasar a un comedor elegantemente decorado con velas en cada mesa. Haciendo gala de cierta caballerosidad, le aparté la silla a Susana para que se sentase y después ocupé mi sitio delante de ella.

Nos trajeron la carta de vinos y dejé que ella eligiera, no sabía qué fuera tan experta en vinos, pero eligió uno muy bueno.

Tras escanciar el vino y dejar la botella sobre la mesa, otro camarero nos trajo las cartas, Susana abrió los ojos, sorprendida.

-¿Qué pasa?

-Esto es carísimo.

-Tu por eso no te preocupes, invito yo.

-Joder, ni que te sobrara.

-Una vez es una vez, ah, por cierto…

Metí la mano en el bolsillo del pantalón, saqué la cartera y deslice sutilmente un paquetito hecho con unos billetes por encima del mantel de tela, Susana puso su mano sobre la mía y al retirarla ella cogió el dinero.

Sutilmente abrió el bolso y lo contó por encima antes de guardarlo, abrió todavía más los ojos.

-¿Qué coño?

-¿Qué pasa?

-¿Cuánto hay aquí?¿Cuatrocientos?

-Quinientos.

-Pues parece que valgo mucho para ti.

-No sé, no sé como van estas cosas, nunca he andado con…

-No, yo tampoco he hecho de puta nunca, pero me parece mucha pasta.

-Será que la mereces.

Susana se sonrojó. A la luz de las velas pude ver la preciosidad que era esa chica, habitualmente, era la típica chica en la que nadie se fijaría, pero ante mi tenía a una mujer espectacular y, al parecer, acababa de pagar por ella.

Pedimos la cena, y mientras esperábamos los platos noté el pie de Susana acariciándome la pierna.

-Sigo diciendo que te has pasado.

-Eh, todos tenemos un precio, y el tuyo es alto, lo vales.

-Calla bobo, además, la próxima vez que oiga eso de que todos tenemos un precio voy a matar a alguien.

-Ya era hora.- Empecé a reírme.

-No, en serio, ¿no te has dado cuenta de que mete la frase con calzador, incluso cuando no pega ni con cola?

-Si, es verdad, ahí no te voy a quitar la razón.

-Es que, joder macho, no puede ser un tío tan intenso.

-Ese lenguaje, que eres una mujer elegante y refinada.

-No, soy tu prostituta elegante y refinada.

-¿Cómo te sientes en ese rol?

-¿La verdad? Estoy muy excitada. No sé, es como una sensación rara, no sé cómo explicarlo.

-Es como que nos hemos en un terreno prohibido y estamos juntos dentro de él.

-Tal cual. Tú lo sientes?

-Acabo de pagarle a mi compañera de trabajo por tener compañía y, seguramente sexo con ella, ella tiene pareja y yo estoy casado. Claro que lo siento.

-¿Quieres parar?

-No. ¿Y tú?

-No.

El camarero interrumpió nuestra conversación trayendo la cena, la verdad es que estaba muy buena, era cara, pero merecía la pena, tras los segundos y esperando a los postres, ella me dijo.

-No esperaba tanto por tu parte, no creía que valiera tanto para ti.

-Vales mucho más, pero me parece que llevas media vida haciéndote de menos.

-Al final me voy a emocionar, me parece poca cosa lo que me he preparado.

-Susana, nunca te he visto así vestida, estás preciosa, eres preciosa, el dinero estaba preparado antes de verte.

-¿Por qué estás casado? ¿Por qué convivo con un gilipollas? ¿Por qué trabajamos juntos?

-Porque el mundo es así, pero ahora estamos aquí tú y yo.

Ella sonrió y llegaron los postres, cuando Susana atacó con su cucharilla el suyo me dijo sin mirarme.

-Creo que es justo que te diga que no llevo ropa interior.

Continuó comiendo su postre con calma mientras yo procesaba lo que acababa de decirme, ya sabía que no llevaba sujetador, pero aquello era una declaración de intenciones.

Tras terminar los postres y pagar la cuenta salimos del restaurante y nos dirigimos hacia el hotel, caminamos uno al lado del otro, con el único sonido de los tacones de Susana rompiendo el silencio nocturno, puse mi mano en su cintura, rodeándola con mi brazo y ella, descaradamente, bajó mi mano con la suya a su culo, noté en la bajada lo que ella había afirmado con anterioridad, no tropecé con ninguna goma, ni ningún otro tejido, lo único que separaba su cuerpo del exterior era ese vestido, ella se giró me dio un beso en la mejilla y me guiñó el ojo.

-Tranquilo, no muerdo, esta noche esto es tuyo.

-Aún no me acostumbro.

-No te acostumbres, que es solo hoy, pero como solo es hoy deberías aprovechar.

Pasé mi mano suavemente sintiendo la suavidad de la tela y el calor que desprendía su cuerpo, mi mano paseó por su raja y entonces ella tiró de mi y me condujo a un callejón lateral, el sitio estaba muy poco iluminado por una farola al fondo, olía a meados y a basura, puesto que había dos contenedores justo en un lateral, ella me llevó al otro lado de los contenedores y se apoyó contra la pared mientras yo la besaba y la abrazaba.

Mientras la besaba mi mano bajó y se coló por la raja de su vestido, sintiendo la suavidad y el calor que desprendía la piel de su muslo.

-Me encanta tu vestido

-Es lo único que me ha dado tiempo a comprar esta tarde, a parte de los zapatos, aunque ya te habrás dado cuenta de que no he comprado nada más.

-Pues estás preciosa.

-Soy tu puta de lujo personal, aunque en este callejón de mierda me siento más vulgar y me está poniendo muy cachonda.

Mi mano subió y se metió en su entrepierna, acaricié su coño depilado y suave, mis dedos pasaron sobre sus labios y confirmé que estaba mojada al jugar con su flujo viscoso, Susana emitió un suspiro y yo continuaba restregando mis dedos por su raja, mientras ella hundió la cara contra mi pecho, estuve un rato así hasta que sus gemidos y su coño empapado me confirmaron que se había corrido. Susana permaneció unos segundos pegada a mi recuperando el aliento, sin separarse de mí noté que sus manos habían bajado y me acariciaban mi dura polla por encima del pantalón, Susana se incorporó y me miró a los ojos sonriendo con picardía.

Sin dejar de mirarme, sus dedos bajaron la cremallera de mi pantalón y se colaron por la abertura, tras haberse peleado un poco con la goma del calzoncillo, mi polla erecta y dura asomó por el hueco, Susana acarició mi rabo mientras me volvía a besar.

Sus caricias se fueron intensificando, tanto en fuerza como en velocidad, cuando me quise dar cuenta Susana me estaba haciendo una paja a la par que yo tenía mi lengua en su boca. Susana me pidió que echase un par de pasos hacia atrás, cuando se vio con espacio se acuclilló y, sin miramiento, se metió mi polla en su boca, una corriente eléctrica recorrió mi espalda al sentir esa boca cálida y húmeda en mi miembro, Susana mamaba con ganas, yo disfrutaba ta to de su felación que no pensé en ningún momento en que en casa me esperaban, gocé del momento, Susana, después de un rato así se sacó mi polla de la boca y me miró a los ojos mientras tras hacía movimientos circulares sobre mi glande, tenía cara de zorra mientras esbozado una sonrisa con la boca abierta y la lengua fuera.

Me agarró del culo y volvió a tratarse mi polla hasta el fondo empujándome hacía ella, con el sonido inconfundible de gorgoteo de una arcada, sumado a la leve presión en mi glande, supe que se había clavado mi polla hasta la garganta, mantuvo esa presión unos segundos hasta que tosió y continuó con su mamada, yo estaba extasiado, nunca me la habían chupado así, con esa vehemencia. Cuando me quise dar cuenta había agarrado su cabeza para mantenerla fija y follaba su boca con un rápido movimiento pélvico, para después llenar su boca de semen, procuré no gemir demasiado, puesto que estábamos en la calle, pero estaba en la gloria.

Susana se puso de pie, vi cómo tragaba el contenido de su boca, sonrió con esa boquita preciosa y después me besó, su boca tenía un regustillo a semen que tampoco me importó, era un beso húmedo y guarro cuando de repente una voz de hombre desde una ventana dijo.

-Vaya, no sabía que había putas en este barrio.

Susana alzó la mirada mientras yo me guardaba la polla a toda prisa y dijo.

-Si, ¿y qué? No tienes para pagar una como yo.

-Iros a un hotel.

Yo la cogí de la mano sin decir nada y salimos del callejón en dirección al hotel.

Una vez en recepción volvimos a nuestro papel de compañeros de trabajo para guardar las apariencias, observé la cristalera que daba a la terraza en la cual había unas mesas iluminadas con unos tenues farolillos junto a la piscina.

-¿Tomamos algo?

-Me parece bien.

Fui a la barra a pedir un par de gin-tonics y me fui con las copas llenas al exterior, allí estaba Susana sentada en la mesa más alejada de una terraza completamente vacía, se había quitado los zapatos y sus pies descansaban sobre el tapiz de hierba artificial del suelo.

-¿No podías haber ido más lejos?

-Aquí estamos bien.

Me senté después de dejar las copas sobre la mesa y me saqué un cigarrillo, al ver que dejaba el paquete sobre la mesa Susana cogió uno y se lo encendió. Era extremadamente erótico ver a aquella mujer, vestida así fumando, sobre todo después de lo que acababa de pasar.

-Eh, vuelve, que te has quedado embobado.

-Si, perdona, se me ha ido la cabeza.

-Ya veo. ¿Algo que deba preocuparme?

-No, no.

-¿O es que lo de antes te ha dejado sin palabras?

-Pues más o menos.

-¿Te ha gustado?

-Me ha encantado.

-¿De verdad?

-Si te digo que nunca me la habían chupado así antes no te estaría mintiendo.

Susana se rió y dio un trago a su copa, me miró y sentí su pie restregándose por mi entrepierna, dejó la copa y me miró con expresión golosa, pasándose la lengua por los labios, tras eso con un movimiento de mano aparentemente torpe, tiró el mechero al suelo porque lo había dejado anteriormente justo en el borde de la mesa, replegó el pie cuando vio que me agachaba a recogerlo.

El dichoso mechero cayó bajo la mesa, así que eché la silla hacia atrás para poder doblarme y recogerlo, en ese momento descubrí que lo que había hecho Susana fue premeditado, gracias a la abertura del vestido podía separar las piernas y me mostraba su coñito depilado y rosado, me recreé unos segundos admirándolo a pesar de la poca luz que había, Susana era consciente de lo que estaba haciendo y separó un poco mas las piernas, lo que le permitía la tela.

Cuando me incorporé me llevé otra sorpresa, ante mí tenía a Susana con los pechos al aire, se había retirado el tirante del vestido y lo había bajado hasta debajo de sus senos, se trataba de dos tetitas redondas y firmes con unas areolas chiquititas y unos pezones rosas picados, me quedé atontado viéndolas y, cuando la sangre consiguió llegarme al cerebro, me giré para mirar en todas direcciones, dándome cuenta de por qué se había sentado ahí, estábamos en un ángulo ciego, nadie podía vernos allí, miré a Susana a los ojos, me observaba con una expresión lobuna, como si se fuera a abalanzar sobre mi.

-¿Te ha gustado lo que has visto?

-Me encanta.

-Pues es tuyo, así que ya sabes.

-Estás loca.

-Y muy cachonda, bueno, tu también.

No podía apartar la vista de su pecho, además ella confirmó sus palabras al volver a sobarme el paquete con los pies, aplicando cierta fricción. Susana cogió un hielo de su copa vacía y comenzó a pasárselo por los pezones sonriendo al verme disfrutar del espectáculo.

-¿Sabes? Estaba deseando estar así contigo, lo hubiera hecho gratis, pero lo del dinero le da un plus de morbo.

-Si, eso es verdad.

-¿Quieres tocar?

Estiré la mano sin responder y acaricié uno de sus pechos, los restos de agua le daban un tacto aterciopelado húmedo, aquello era una maravilla, después estiré la otra mano para poder acariciarle los dos, hacía movimientos circulares con las palmas y con los pulgares hacia que sus grandes pezones se endurecieran más.

-Pues sí que te gustan mis tetas.

-Me gustas tú entera. Te pasaría la lengua por todo el cuerpo.

-Eso aquí mejor no, porque puedo ponerme muy gritona.

-Pues va siendo hora de subir. ¿ En tu habitación o en la mía?

-En la que quieras.

-Vamos a la mía mejor.

-Y eso… ¿Por qué motivo?

-La mía está justo al lado del ascensor y la tuya al final del pasillo.

-Bien visto.

Retiré las manos y vi cómo se levantaba de nuevo la parte superior del vestido, aunque en ese momento le quedaba un poco holgado, ya que no se subió la cremallera de la espalda, después volvió a calzarse. Nos levantamos y nos dirigimos al interior y de ahí al ascensor, uno al lado del otro, como dos simples colegas que volvían de tomar una copa, una vez se cerraron las puertas del ascensor me abalancé sobre Susana y comencé a darle besos por el cuello y a meterle mano por la raja del vestido, ella se pegó contra el espejo del ascensor y se dejó hacer mientras suspiraba cada vez más fuerte a la par que abrió la bragueta de mi pantalón y metía la mano para masajearme la polla.

Justo cuando lanzó el primer gemido audible se abrieron las puertas, nos separamos automáticamente y miré hacia el exterior, el pasillo estaba vacío, Susana también lo vio y volvió a abrazarme y besarme ahí mismo, yo la empujé contra la pared, justo en el recodo que hacía el pasillo hacia la salida de emergencia y le bajé el vestido para volver a dejar sus tetas expuestas, después bajé la cabeza y empecé a lamerle los senos ahí mismo, mientras ella volvía a meter la mano en mi bragueta para masajearme la polla de nuevo, ahí estábamos los dos, con un calentón enorme en mitad del pasillo de nuestra planta besándonos, lamiéndonos y sobándonos cuando se oyó una puerta que comenzaba a abrirse, seguramente habíamos hecho algo de ruido, corriendo, me separé de ella y fui hacia la puerta de mi habitación diciendo a Susana que esperase donde estaba, y justo en el momento que abría la puerta, otra se abrió y apareció una mujer de mediana edad mirándome con cara de pocos amigos, giré la cabeza y la saludé haciéndome el borracho, la mujer me indicó que guardara silencio y volvió a cerrar su puerta.

Con la puerta de mi habitación abierta le indiqué a Susana por señas que se acercase, ella vino corriendo y me maravilló ver sus tetitas al correr, eran tan firmes que prácticamente sólo le botaban los pezones. Dejé que entrara, coloqué el cartelito en el pomo para que no molestasen y cerré la puerta.

Una vez dentro, Susana volvió a besarme y yo aproveché para seguir manoseando sus tetas, tras un rato así se separó de mí y miró hacia abajo.

-Menos mal que estabas de espaldas a la mujer.

-¿Por qué?

-Porque llevas la polla fuera.

Los dos nos reímos, era verdad, pero toda la experiencia me estaba excitando muchísimo, nunca había estado haciendo cosas en sitios en los que nos pudieran pillar y eso me encendía, pero encima estaba rebasando una línea que nunca me había planteado. Susana me pidió que le bajase la cremallera del vestido del todo, se dio la vuelta y terminé de bajarla hasta su culo mientras le besaba la espalda, no hizo falta mucho más, el vestido cayó al suelo, mostrándome el culito redondo y firme de mi compañera, puse mi mano a la altura de sus riñones y acaricié su nalga suavemente, Susana soltó un profundo suspiro y yo dejé que las puntas de mis dedos se colaran por la raja, donde comencé a subir y bajar la mano, hasta que mi dedo tocó su hoyo trasero.

-¿Quieres empezar por ahí?

-¿Puedo hacerlo también por aquí?

-Por supuesto, me encanta por ahí, además, estoy deseando que lo hagas.

-¿De verdad?

-Se supone que ahora eres mi jefe, tendré que acostumbrarme a que me des por el culo.

No pude evitar reírme, Susana se giró riéndose también y comenzó a desabotonarme la camisa mientras yo admiraba su pálido cuerpo desnudo, era preciosa y estaba realmente buena, yo me recreaba mientras me desabrochaba el cinturón y me quitaba el pantalón junto con el calzoncillo, cuando mi ropa tocó el suelo me quité los zapatos y los calcetines, los dos nos miramos y acariciamos nuestros cuerpos desnudos, Susana me besó y después se acuclilló, se metió mi polla en la boca hasta la garganta, provocándose una nueva arcada, se mantuvo así unos segundos, yo veía cómo sus ojos empezaban a enrojecerse y le caían lágrimas, después se la sacó mostrando mi rabo brillante de babas que aún le salían de la boca con unos hilillos densos, después escupió sobre mi polla y extendió su saliva con la ayuda de su mano.

Después de dejar mi polla babeada se colocó sobre la cama a cuatro patas con el culo en pompa y las rodillas clavadas justo en el borde, me agaché y separé sus nalgas con mis manos para, después, introducir la lengua en su ojete le di unas grandes lametadas tratando de salivar ese agujero seco y después di varios giros de lengua en su interior, tras eso saqué la lengua, me chupé bien el dedo índice y lo metí, provocando una nueva oleada de gemidos a Susana.

Mi dedo entraba y salía de su culo con bastante facilidad mientras ella movía sus caderas en una sensual danza, cuando noté el dedo rozar volví da sacarlo y me chupé el índice y el corazón, los dos dedos entraron rápidamente, Susana me pedía que la penetrase de verdad, cosa que decidí hacer, me agaché de nuevo y escupí dentro del oscuro, y ya más abierto, ano de la mujer, tras eso me puse de pie, tras ella, y, con la ayuda de mi mano, fui enterrando mi capullo poco a poco en su culo, alcé la vista y nos vi reflejados en un enorme espejo, Susana me sonreía dese ahí, empujé un poco más y el glande desapareció del todo, provocando que ella soltara un gritito y pusiera los ojos en blanco, suave y despacio fui metiendo el resto de mi rabo, humedeciendo más co mi saliva de vez en cuando, a pesar de la capa de babas que llevaba.

Cuando mis huevos hicieron tope dejé de empujar, Susana tenía las uñas clavadas en el edredón y los dientes apretados, sin embargo me seguía mirando con esa expresión cachonda que me llevaba volviendo loco toda la noche, agarré con fuerza sus caderas y comencé a sacar el rabo despacio, cuando ella volvió a sonreír volví a meterla, ella cerró los ojos y apretó los dientes, pero su sonrisa no desapareció.

Suavemente empecé a mover mi cadera en un proceso de meter y sacar, Susana gemía y daba pequeños grititos, dando a entender que se debatía entre el placer y el dolor, vi a través del espejo que su coño goteaba algo espeso mientras le seguía taladrando el culo, pensé que eran goterones de saliva, pero no, su coño estaba empapándose de tal manera que goteaba con los impactos de mi pelvis en sus nalgas, aumenté la velocidad y ella clavó las uñas en el edredón con más fuerza, cerrando los puños, me estaba volviendo loco ese culo y más teniendo en cuenta que, en el fondo era algo vedado dadas nuestras circunstancias personales.

Seguí gozando de esa penetración anal, haciendo restallar mis huevos contra ella cuando sentí que algo en el interior de mis huevos cogía fuerza, por lo tanto aceleré más mis embestidas y solté mi chorro dentro de ella, ahí ella también gritó, indicándome que también se había corrido.

Susana se dejó caer sobre la cama, claramente cansada y yo saqué mi polla, su culo parecía un cráter oscuro en ese momento por la dilatación que había tenido, de pronto un grumo blanco y cremoso apareció de dentro y taponó el orificio.

-¿Qué miras con tanta atención?

Susana me observaba a través del espejo.

-Nada, tienes un grumo de leche en tu culo que quiere escapar.

-A ver.

Pasé dos dedos por la abierta raja del culo de Susana y me hice con el blanco premio, tras eso levanté la mano y le mostré los dedos en el espejo, Susana se incorporó, se giró y, antes de que me diera cuenta, se metió los dedos en la boca, yo notaba el paseo de su lengua en mis dedos, tras eso se sacó los dedos y me besó.

Dejé a Susana en la cama y abrí la nevera del mini bar, había bastante variedad de cosas, me aparté para que ella viera y eligiera qué quería y al final terminé sacando dos cervezas porque ella no se decidía, las abrí y le pasé una, ambos dimos un trago y ella me miró.

-Solo faltaría el cigarrito de después, pero en una habitación no se puede fumar.

-En la terraza sí.

-Mi habitación no tiene terraza.

-Pues esta si.

-Cómo se nota donde hay nivel.

-No seas boba, que nos las han dado al azar. ¿Quieres salir? Hace buena temperatura.

-Si, pero así no.

-¿Qué más da? Son las dos de la mañana y estamos en el último piso, no nos van a ver.

Susana dio otro trago y esbozó una sonrisa pícara, tras eso se levantó, rebuscó en mi chaqueta, cogió el tabaco y salió desnuda al exterior de la habitación, dejándome la vista de su culo recién follado, yo tomé mi cerveza y la seguí.

La terraza era más bien un balcón grande, pero tenía lo suficiente, dos sillas de metal con un cojín cada una y una mesita a juego, guardo llegué ella ya estaba sentada desnuda fumando, yo me senté y me encendí otro, los dos bebimos y fumamos en silencio mirándonos el uno al otro, entonces decidí hablar.

-¿Qué tal el culo?

-Perfectamente, me ha encantado.

-Me alegro, tenía ganas de follártelo.

-Bueno, también lo has comido con ganas.

-Sí, es que invita mucho a hacerlo.

-Tu mujer debe estar encantada.

-Si, de eso no se queja.

-Bueno, tú tampoco te quejarás cuando te lo come a ti.

-¿Cómo?

-¿Cómo que cómo?¿Ella no te lo come a ti?

-No, nunca me han hecho eso.

-¿Con lo grandecito que eres y nunca te han comido el culo?

-No.

-Pues chico, es maravilloso.

Susana apuró su cerveza y la dejó en el suelo, después retiró mi cerveza y el cenicero.

-Apóyate sobre la mesa.

-Si, anda, y qué más.

-Tu hazme caso.

Como vi que no la iba a convencer de lo contrario le hice caso, me puse de pie y apoyé mis manos sobre la mesita, Susana se levantó y dio una vuelta alrededor de la mesa mientras me acariciaba el pecho la espalda con su suave mano, después se colocó detrás se mi y me mandó separar las piernas, obedecí y ella se arrodilló en el frío y duro suelo.

Comenzó a lamerme las pelotas con suavidad, me encantaba esa sensación, mientras hacía eso me masajeaba las nalgas con las manos, en un momento dado, las separó y pasó la lengua de abajo hacia arriba por la raja de mi culo, aquello resultó en una sensación bastante agradable, de hecho noté cómo mi rabo empezaba a despertar de nuevo con aquello, tras eso, su lengua se movió haciendo círculos sobre los pliegues de mi ojete, eso ya me provocó un suave escalofrío desde la base de mi espalda, cuando se cansó de dar vueltas clavó su lengua en mi culo y pegó su cara contra mí para poder entrar más en profundidad, esa experiencia estaba siendo deliciosa, y estaba poniéndome a mil, Susana, consciente de ello, sacaba y metía la lengua en mi ojete y daba largos lametones de arriba hacia abajo.

Estuvimos un rato así hasta que, entre gemidos, le pedí que parase, porque ya me estaba haciendo daño mi polla contra la mesa y la quería follar, ella estuvo de acuerdo, puesto que se había estado tocando mientras lo hacía y también estaba muy cachonda.

Nos adentramos en la habitación, cerré la puerta de la terraza y le mandé a Susana que se tumbara sobre la cama, ella lo hizo de buena gana y separó las piernas en cuanto estuvo en posición, interpreté ese gesto como una invitación y no la rechacé, automáticamente me tumbé dejando mi cabeza entre sus piernas y hundí mi cara en su coño.

Lamí sin contemplaciones ese coñito rosado de labios finos y ya empapado por lo encendida que estaba todo en aquella mujer era suave y delicioso, me deleité lamiendo su coño y disfrutando del sonido de sus gemidos hasta que, con unos chillidos que tuvo que acallar tapando su boca con ambas manos, alcanzó un orgasmo bastante considerable.

Me aparté de ella y me tumbé a su lado para que respirase tranquilamente y se relajara un poco, Susana me besó en los labios sin mucho miramiento y empezó a deslizarse sobre mi cuerpo, entonces comenzó a acoplar su cadera a la mía mientras mi polla, que no se había bajado ni un momento, iba entrando sola dentro de ella.

Susana se colocó del todo sobre mi, con mi pene dentro de ella y puso sus manos sobre mi sudoroso pecho, tras eso empezó un baile circular de caderas, proporcionándonos a ambos un masaje en nuestras partes, yo gozaba viendo sus tetas menearse con el vaivén de su cuerpo.

Tras un rato así comenzó a dar unos suaves botes sobre mi, miré hacia abajo un segundo y vi cómo aparecía y desaparecía la mitad de mi tronco dentro de ella, Susana respiraba cada vez con más fuerza y empezó a aumentar el ritmo, cuando me quise dar cuenta estaba cabalgándome como una amazona a su caballo, me sonreía mirándome a los ojos con el pelo en la cara, yo sobaba sus tetas con ambas manos mientras disfrutaba de lo que ella me estaba haciendo.

Los gemidos de Susana se transformaron en gritos cuando alcanzó el orgasmo, yo la seguí apenas unos segundos después, liberando mi leche dentro de ella.

Susana cayó exhausta sobre miy me besó con cariño, yo estaba en la gloria con esa pedazo de mujer a la que había pagado, mi rabo menguaba dentro de ella aún, indicándome que había cumplido con su labor.

Nos quedamos dormidos ahí sobre las sábanas abrazados hasta que la alarma sonó al día siguiente.

A la mañana siguiente Susana se fue a su habitación sin mediar palabra y nos encontramos en la cafetería a la hora de desayunar.

-Esta mañana te has ido sin decir nada.

-Pagaste por la noche, hoy ya es otro día y tenía que pegarme una ducha y preparar la maleta.

-Tienes razón. Estuvo bien, ¿No crees?

-Estuvo muy bien, si otro día tienes pasta, no hace falta tanta, se puede ver qué se hace.

-¿En serio?

-Todos tenemos un precio, ¿No?

-Si, eso sí.

-Pues ya está, no hemos hecho nada malo, ha sido una mera transacción comercial, lo hemos pasado muy bien, yo al menos y si algún día quieres, se puede hacer algo, hoy ya yo tengo novio, tu a tu mujer y somos dos decentes compañeros de trabajo.

La miré a los ojos, no sabía por qué pero me daba la impresión de que ninguno de los dos nos creíamos nada de lo que acababa de decir mi compañera, una creciente risa se me escapó y ella no tuvo más remedio que reírse conmigo.

Un par de horas después volvíamos en el avión a casa, al día a día con nuestras respectivas familias y nuestras respectivas vidas, hablando de cosas sin importancia como vacaciones y temas de trabajo.