Burbuja y Juego
Llevan años juntos, pero esta vez la rutina se queda atrás. En una burbuja transparente bajo el cielo andaluz, las cartas revelan fantasías prohibidas y los cuerpos responden con una urgencia que nadie esperaba. ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar para sorprenderse?
Burbuja y Juego
Éste es mi primer relato, no sé si será el último, pero tiene como objetivo sorprender una vez más a la mujer de mi vida, con la que llevo compartiendo amor, amistad y deseo desde la adolescencia.
Para entrar un poquito en nosotros, simplemente comentaré que llevamos compartiendo un buen sexo desde que nos conocemos, desde simplemente tocarnos el culo y besarnos en nuestra juventud, hasta llegar a las ideas más guarrillas y obscenas que se no han ido ocurriendo durante estos muchos años juntos.
Como experiencias que se han salido de lo que se puede considerar normal en la pareja, puedo nombrar algún escarceo por algún club liberal hace ya unos años, que terminamos por abandonar porque no encontramos allí ese morbo y complicidad que nos atrajera.
Entrando en lo que me ha llevado a escribir este relato, os pongo en contexto de la situación. De vez en cuando, nos vamos un fin de semana o unos días juntos sin hijos, a algún sitio que queramos visitar y de camino alejarnos un poco de la rutina del día que día que suele cansar tanto y no dejarte mucho tiempo para compartir en intimidad.
Esta vez, nos íbamos a pasar un solo día a una localidad de Andalucía donde había unas burbujas transparentes al aire libre, eso sí, dentro de un camping. Pero claro, para no desaprovechar el viaje y poder hacerlo un poco más especial, decidimos irnos desde la mañana del sábado bien tempranito, aunque hasta las cuatro de la tarde no podíamos entrar en la misma.
Como a mí me gusta sorprender a mi mujer, sobre todo en los aspectos sexuales, unas semanas antes había comprado un juego que me había llegado a través de una red social y que me llamo la atención. Esa misma mañana lo abrí antes de montarnos en el coche y le eché un vistazo para saber qué tipo de juego era. Como aclaración he de decir que cabe en un bolso pequeño, pues se trata de una cajita con cartas amontonadas en tres niveles según atrevimiento sexual y con diferentes preguntas o acciones. Además, había preparado en una mochila, los diferentes juguetitos y complementos que le dan mayor picante a nuestros momentos íntimos…satisfayer, consoladores de diferentes tamaños y para diferentes agujeritos, cremitas lubricantes…
Después de desayunar en el camino, pasear por la localidad y realizar un tour que habíamos contratado, teníamos la comida reservada en un restaurante que me habían recomendado unos amigos. Así, que una vez dentro y aprovechando que no había mucha gente le enseñé a mi mujer el juego y saqué el primer montón de cartas. Las pusimos debajo del mantel y una a una y por turnos las íbamos sacando. La verdad, que eso hizo la comida muy amena y además sin quererlo o queriendo, el ambiente se iba caldeando. Salieron muchas preguntas o acciones que nos resultaron hasta muy light, pues ya lo habíamos hablado o realizado mil veces. Pongo ejemplos de algunas de las que me acuerdo:
- ¿Os gustaría practicar sexo en una playa?
- ¿Qué te gusta más la zona genital con pelos o sin pelos?
- ¿Te atreverías a ir a un local liberal?
- Ver una película porno juntos
- Etc.
Como he dicho antes, no es que el juego en ese momento nos pusiera a mil, pero si lo suficiente para querer seguir levantando cartas y de camino tener alguna que otra conversación más picantona.
Terminamos de comer, nos fuimos a por un helado y directamente nos dirigimos por fin a la burbuja que teníamos reservada, que por cierto y muy importante, iba acompañada de una segunda burbuja Spa. La verdad que a la vista eran muy chulas, muy curiosas y sobre todo creaban un ambiente perfecto para pasar una tarde de sexo con tu pareja.
Nada más llegar y verlas decidimos ir al super para comprar agua y alguna chuche para no tener que salir de allí hasta el día siguiente. Al volver, cogimos nuestras cosas y nos dirigimos a esa burbuja Spa. Se trataba de una idéntica a la nuestra, pero que a diferencia de esta tenía una bañera grande en lugar cama. La llenamos, nos desnudamos, le echamos una bola de jabón para darle olor a la bañera y nos metimos dentro.
Por supuesto, llevamos con nosotros nuestro juego de cartas, el que pusimos al borde de la bañera para ir leyendo por turno y el que provocó que ahora sí empezáramos a realizar alguna que otra cosilla y que la conversación se volviera cada vez más interesante. Realmente no recuerdo exactamente el orden en el que salieron las cartas de preguntas y acciones, pero pongo aquí las que elevaron más mi….libido.
Yo: ¿Que fantasía sexual tienes que te gustaría hacer realidad?
Ella: Que un día que salgamos entremos en los baños de una discoteca o parecido y lo hagamos de forma desesperada.
Esto me sorprendió muchísimo, porque después de tantos años juntos nunca me había dicho que eso es algo que le gustaría realizar y así se lo dije.
Entre carta y carta, nos besábamos, nos masajeábamos los pies, cambiamos de postura poniendo ella su espalda contra mi pecho dejando así los suyos a mi disposición para masajear, así como su zona más íntima.
Ella: ¿Y tú tienes alguna fantasía?
Yo: Ya te comenté el año pasado. Me gustaría ir algún sitio donde nos dieran un masaje pero que ese masaje no se detuviera en las zonas erógenas. No hace falta que nos masturben y por supuesto si hay algo que no nos gusta pues se dice. En definitiva, un masaje tántrico que no tenga uno de los llamados final feliz, pero sí que pudiéramos disfrutar de un masaje en el que el culo y los genitales no fueran zonas prohibidas.
Nuestros besos iban subiendo en intensidad y duración, pero sobre todo nuestras manos ya no paraban de moverse acariciando, masajeando y masturbando al otro.
Ella: describe al oído de tu pareja como te gusta que te toque/pajee.
Es importante recordar que su espalda está contra mi pecho, así que puedo hablarle o susurrarle al oído.
Yo: me encantas que empieces acariciándome los muslos, las ingles y la zona cercana de mi sexo. Que una vez que empieza a reaccionar toques mis huevos con suavidad y poco a poco vayas subiendo. Que después vayas utilizando la otra mano, una se quede abajo y la otra comience a masturbarme. Además, que cuando sientas que se pone dura la mojes en tu saliva o con lubricante e incrementes el ritmo, pero no hace falta que vayas rápido, prefiero que vayas poco a poco y que al notar que se endurece vayas apretando mi sexo, mis huevos no porque es una zona que suelo tener sensible. Una vez que esté como a ti te gusta puedes hacer movimientos más cortos sobre mi glande y con la otra mano ir bajando y lubricando mi culo.
En ese momento tuvimos que parar un poco. Mientras yo le hacia esa pequeña descripción al oído una de mis manos estaba en su pecho izquierdo, masajeando y de vez en cuando pellizcando su pezón. La otra mano estaba en su clítoris, realizando pequeños círculos y de vez en cuando introduciendo algún dedo dentro de su sexo.
Yo: ¿Cuál fue la última vez que te masturbaste?
Ella: Ya ni me acuerdo. Ya hace mucho tiempo, y fue para probar la nueva alcachofa de la ducha.
Nos pusimos uno a cada lado de la bañera frente a frente. Le abrí las piernas y se las coloqué una a cada lado, muy abiertas, dejando ante mí las mejores de las vistas. Aprovechando el momento y la excitación, comencé a besar sus muslos, sus ingles, sus labios, hasta poco a poco lamer y succionar su clítoris. Una vez sentía su excitación me separé, con una mano abrí bien sus labios internos y con la otra comencé a echar agua a presión con la alcachofa de la ducha sobre su zona más íntima. De vez en cuando apartaba la ducha, salivaba mi mano, la movía a mayor velocidad y con la otra introducía dos dedos en su interior. Si además le pegaba pequeños azotes en su clítoris eso provocaba en ella una excitación aún mayor. La atraía sobre mi boca, volvía a practicarle sexo oral y poco a poco le introducía un dedo en su culo. Hemos practicado muchas veces sexo por detrás, siempre ella encima, y aunque esté deseando hacer otra, es algo que no practicamos por la dificultad de la penetración. En pocos segundos me quito la cabeza para evitar terminar.
Ella: Masturbaros uno frente al otro, el que menos aguante prepara la cena.
Esta carta la cumplimos a la perfección y esto me encanta. Masturbarme delante de mi mujer cuando estamos practicando sexo me encanta, sobre todo porque hacerlo provoca en ella la misma excitación que verla a ella provoca en mí. Nunca lo hace sola en su intimidad, así que ver cómo se toca, como poco a poco se va excitando, como se desinhibe e introduce sus dedos es algo que me pone a mil. De hecho, es muy normal que yo llegue a orgasmo al penetrarla y sentir que ella se empieza a tocar. Después de la práctica de sexo oral que había tenido es normal que perdiera ella, así que esa noche ya sabíamos quien prepararía nuestra cenita en la burbuja.
Yo: ¿Serias capaz de realizar un trio?
Ella: Alguna vez pienso que me gustaría tenerte doble y que pudieras hacerme de todo por todos lados.
Yo: Si, hoy hablando en el restaurante de los locales liberales ha salido algo parecido a esta conversación. Creo que estar con más personas puede hacernos estar mal porque puede provocar que no estemos disfrutando de estar juntos, sino que estemos con más gente, pero separados…pero una sola persona más…
Ella: a mí me gustaría estar haciéndolo contigo y que a la misma vez me la metieran por detrás, pero sin hacerme daño. Quiero sentirme tapada por todos lados.
Ahí mi cabeza se puso a mil, de hecho, no entendí lo que me estaba diciendo ¿en qué postura? ¿Si otro le penetra el culo, yo dónde estoy? ¿Tocándole? ¿Haciéndome ella sexo oral? En definitiva, tenía una mezcla de curiosidad, morbo, excitación que ya no paraba de dar vueltas a lo que ella me acababa de decir y a la misma vez, la felicidad de poder hablar estas cosas sin barreras y sabiendo el amor que sentimos.
Yo: tener otra persona con nosotros puede ser muy morboso, pero la situación tiene que estar muy controlada. Por ejemplo, alguna vez hemos hablado que a ti te da asquito pensar en comerle el chocho a otra mujer. Pues a mí lo mismo con un hombre, pero es que me da el mismo rechazo el sentir o saber que es un hombre quien me está practicando sexo oral mientras que yo estoy comiéndotelo a ti, penetrándote o haciéndote cualquier otra cosa.
Ella: yo creo que en momentos de excitación me daría igual que me lo esté comiendo un hombre o una mujer. Eso sí, yo no se lo comería nunca a ella.
Yo no podía estar más en una nube. Mi mujer diciéndome que se dejaría comer el sexo por una mujer. Se me pasaron por la frente dos mil posturas en las que podía ponerla y hacerle de todo mientras que otra se lo come. Todavía lo pienso y me excito.
Por supuesto, seguíamos cada vez más excitados y ahora era ella la que tomaba el mando. Se inclinaba sobre mí, me agarraba de abajo y se la metía en la boca. Como me gusta sentir el deseo en sus actos y sobre todo en esos momentos de placer. Me pasaba la lengua de arriba abajo, a la misma vez con la mano bajaba y subía y con la otra mano bajaba hasta mis huevos que masajeaba como solo ella saber hacer y como siempre, con pequeñas pasadas hacia mi culo. Desde hace unos meses, le gusta engullir mi churra, se la mete bien a fondo y con su lengua me pega pasadas, uff me pone a mil. En menos de dos minutos tuve que pararla para no terminar en su boca.
El tercer montoncito de cartas ya era del nivel más caliente, eso sí, la mayoría eran para realizar alguna acción y muchas de las cuales ya no tenían sentido porque habíamos pasado la barrera de la provocación:
- Separaros y haceros fotos calientes y os la mandáis.
- Escribir una historia erótica y dejarla bajo la almohada.
- Hacerle foto para un casting porno.
- Practicar diferentes posturas de las que aparecían fotos
Yo: Practícale sexo oral a tu pareja y ve estimulando su ano con los dedos. Siempre sin dolor.
Ésta no iba a dejarla pasar. Ya antes había realizado esta postura, pero como es algo que me encanta hacer y sé que a ella le pone mucho no tuve otra elección que realizarlo, aunque esta vez me pasaría un poquito. Nuevamente le abrí sus piernas y las coloqué colgando a cada lado de la bañera. Empecé besando su sexo, realizando pequeñas pasadas con mi lengua y con una mano comencé a insinuar la penetración por detrás. Cogí un poquito de aceite lubricante y me empapé bien dos dedos. Comencé a acelerar con mi boca, con mi lengua, a pegar pequeñas succiones y mordisquitos en su clítoris mientras le iba abriendo su esfínter con uno de mis dedos. Cuando sentía que se ponía tensa por la excitación separaba mi boca, le realizaba suaves pasadas con la mano y dejaba que se relajara un poquito. Tenia que darle tiempo para que no terminara en mi boca, tomara aliento y darle la traca final.
Ahora sí, volví acercar mi boca a su sexo, abarqué con ella todo lo que pude, con mi lengua empecé a recorrerlo entero, a pasear mi cara por él; mientras, dos de mis dedos empezaban a invadir su trasero, muy poco a poco, pero notando como iba aceptando esa penetración que en menos de un minuto ya estaban adentro. En ese momento no había marcha atrás, mi mano realizaba un mete saca continuo, mientras escupí un poco en su chocho y sin dudarlo refregué con mi lengua toda mi saliva por su clítoris. Ya no aguantaba más, me cogía la cabeza y la apretaba contra ella (como me gusta que haga eso), también me la levantaba para no terminar, así que paré, en la habitación queríamos continuar.
Nos echamos agüita por encima, nos salimos de la bañera, nos secamos, vestimos y fuimos de vuelta a nuestra burbuja. He de decir que esto es un poco coñazo, ya podrían haber puesto la burbuja Spa al lado de las que han contratado las mismas.
Las caricias y besos no pararon y yo tenia unas ganas enormes de terminar, de hecho, llevaba mucho tiempo sin ese malestar en los testículos por esa acumulación de ganas de explotar. Le dije que iba al baño para relajarme un poco haciendo pis.
Al salir del baño, SORPRESA, mi mujer se había puesto un modelito muy muy sexy que se había comprado para esta ocasión. Como me gusta saber que ha estado pensando en este momento antes de venir, creo que eso le sigue haciendo ganar puntos día a día.
Aprovechando la situación le recordé una de las cartas que había salido.
Yo: posa y déjate hacer fotos para un casting porno.
Sé que a ella le da vergüenza, pero como estaba bastante excitada y además yo iba diciendo como poner cada parte del cuerpo, no me puso resistencia:
- De rodillas sobre la cama con las piernas abiertas.
- Boca arriba, semiabierta de piernas y tapando su sexo.
- Igual, pero simulando que se masturba.
- A cuatro patas gateando por la cama.
Ahí dejé la cámara a un lado y la coloqué en una de esas posturas que el juego nos había mandado:
- Tenía que tumbarse en el filo de la cama, con las piernas colgando y yo penetrarla. Uff la hicimos, pero que poco aguantaba yo. En cuanto la penetraba y sentía el calor de su interior me venían unas ganas enormes de echarle un primer chorreón dentro. Paraba unos segundos e intentaba volver poco a poco, hasta ser capaz de darle dos o tres embestidas fuertes para meterla bien adentro. Tuve que parar y buscar otra postura para dejar unos segundos de relajación a mi cuerpo.
- En otra se tumbaba en la cama boca abajo, con una pierna flexionada y yo por detrás. La penetré, pero la muy malvada empezó a tocarse y además a penetrarse con sus dedos junto a mi miembro. Uuuuu, eso lo aguanto menos aún, pero me gustaba tanto que no quería sacarla. Paraba mis movimientos, pero la dejaba dentro, no en el fondo, simplemente para que ella se notara tapada. Volvía a moverme, pero el roce de su interior y esos dedos tocándome dentro de ella me iban hacer explotar. Necesitaba otros minutos de descanso.
- Por último, debía ponerse en cuatro sobre la cama, con la cara pegada al colchón dejando su culo muy expuesto. En esa postura estoy deseando poder penetrarla por detrás, pero hace tiempo que no lo intentamos por el malestar que le produce. No es que yo la tenga excesivamente grande, pero si que se me pone muy ancha en los momentos de placer.
Para no hacer lo deseado, pero si provocar el sentimiento de ocupación, le pegué varias pasadas con mi boca y lengua desde su sexo hasta su culo. Cogí uno de sus consoladores anales, el segundo en tamaño, y mientras le comía su chocho empecé a introducirlo por detrás. Tuve que ir muy poco a poco porque el tamaño es considerable, pero sentir como se va abriendo, como ella se va excitando con la postura y situación es algo que provoca en mi el mayor de los deseos. Una vez estaba dentro, le cogí su mano y se la puse en su clítoris para que se masturbara. La penetré por detrás y ahí di rienda suelta a todas mis ganas y fuerzas que me quedaban. Comencé con un mete saca que ya no tenía marcha atrás. El ritmo cada vez era más fuerte, le apretaba mis manos en sus caderas y notaba como ella cada vez aceleraba mas con su mano que jugaba entre su clítoris y mis huevos.
Yo: Me corrooo….
Ella: Yo también.
En menos de 10 segundos le estaba llenando su sexo con mi esperma y notaba sus contracciones en mi churra. Guau, cuantas ganas tenía de terminar. Poco a poco fuimos bajando el ritmo de la penetración y fui sacando mi miembro de su interior. La excitación había sido tanta que no terminaba de relajarme, pero el placer había sido inolvidable.
Una vez nos relajamos, por turnos fuimos al baño, nos aseamos y desnudos nos echamos en la cama. Con todo lo ocurrido, hablado y practicado mi miembro no terminaba de volver a su estado de relax, era hora de cenar, pero yo seguía con ganas y dándole vueltas a mi cabeza.
Continuará….o no…
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