Xtories

Fantasías sexuales de españolas 2 (Alessandra 5) V

Ella escribe desde su despacho, con la mano bajo la falda, recordando cómo te ató a la cama. No es solo sexo; es un juego de poder donde ella decide cuándo terminas, cómo lo haces y si mereces el orgasmo. ¿Estás listo para obedecer?

ant5cont1.8K vistas9.3· 8 votos

Hola mi amante querido.

No sabes la alegría que me dio volver a recibir un correo tuyo. Hablas con palabras que me enardecen diciéndome que me necesitas y que me deseas. Por fin te expresas sin tapujos, libremente, abriendo tu mente y tu corazón. Ahora me haces sentir que soy tu amante con mayúsculas, sin reservas, me demuestras que estás entregado a mí de la misma forma que yo estoy entregada a ti, sin condiciones y sin límites.

En nuestra última cita tuve una doble alegría. La primera es que me confirmaste que no era yo la causa de tu preocupación. Eso me da mucha alegría porque me hace estar en el lado correcto, en el lado de tu dicha, en el lado que te hace feliz, en el lado que satisface tu deseo y tus impulsos.

Sé que te estás replanteando muchas cosas y que en casa no encuentras el eco, el apoyo o la confianza suficiente, que tu matrimonio no pasa una buena racha. No soy yo quien para juzgarlo y no interferiré ahora como no lo hice antes. Claro que te deseo, claro que me gustaría tenerte en exclusiva para mí, pero nuestra relación no es una relación basada en la construcción de una rutina, en el compartir el día a día de la vida, nuestra relación es de otro tipo. Más animal, más profunda, más satisfactoria y más arriesgada y por ello más morbosa. Y el morbo lleva a la diversión y al placer. Ahí es donde nos conduce nuestra relación y yo no pretendo otra cosa, de modo que jamás te pediré que dejes a tu mujer ni que construyas una vida de hogar a mi lado. No sé lo que nos deparará el destino, pero para mí lo importante es lo que ya tenemos. Somos amantes con mayúsculas, ni más ni menos. Ahí es donde yo reino, ahí es donde tú me perteneces y no pretendo conquistar ningún otro territorio. Así que puedes contarme con confianza y con tranquilidad todo lo que desees, puedes desahogarte conmigo, no tengas ningún reparo porque yo no lo aprovecharé para causarte mal a ti o a tu familia. Jamás haría eso y tú lo sabes. Mi mayor satisfacción es saber que nuestra relación te ayuda y te sirve de válvula de escape a los problemas. Cuenta conmigo para lo que necesites.

La otra alegría que me diste es descubrir ese nuevo camino de goce inesperado pero intenso que a partir de ahora pretendo que recorramos, porque hacía mucho que no te había visto tan excitado y tan rendido al placer. Cuando te propuse jugar con las esposas y que me fijaras a la cama los brazos, que me arrancaras la ropa de cuero que me había puesto para la ocasión y que fueras malo conmigo, no esperaba que las cosas acaban como acabaron. Fue una variante divertida pero en nada distinta al sexo que habíamos tenido en otras ocasiones. Cuando te pedí que me poseyeras lo hiciste tan bien como sabes hacerlo, pero no noté nada diferente en ti ni te noté especialmente entusiasmado cuando azotaste mis nalgas con la fusta. Y tampoco cuando me penetraste desde atrás en mi sexo y también en mi culo enrojecido. Me daba cuenta que era para ti algo novedoso, pero diríase que casi normal. Lo que no esperaba fue tu reacción cuando invertimos los papeles.

No sé porque se me ocurrió hacerlo, por qué jugué a atarte yo a ti. Quizá porque tras ese primer asalto estábamos ya un poco ahítos y teníamos tiempo para retozar hasta ponernos calientes de nuevo ¡Qué importante es explorar, que importante es intentar nuevas caricias o nuevos juegos! ¿Verdad amor?

Pude percibir tú turbación cuando te tomé el brazo y pude notar como te estremecías con cada uno de los clics que hacían las esposas al cerrarse sobre el barrote del cabecero. Creía adivinar un brillo en tus ojos que daba paso a un nuevo estado en tu interior. Te noté inquieto, convulso, pero también expectante, como ansioso. Cuando me pediste que me volviera a poner las prendas de cuero intuí ir en la buena dirección. Entonces me comporte yo como la ama, como la domina que debía someterte. No estaba muy segura de sí aquello te agradaría o no, aunque por tu estado intuí que sí y poco a poco inicié una serie de caricias con el látigo ¿recuerdas como se erizaba tu piel, como se te ponía el vello de punta? ¿Recuerdas como cabeceaba tu polla cuando pase la fusta por ella y por tus huevos? Estabas a punto de caramelo amor y yo me di cuenta de lo excitado que estabas porque cuando te golpeé los muslos y te arañé el pecho con cuidado, intentando no dejar marcas profundas, vi como tenías una brutal erección. Nunca te habías recuperado tan rápido. Solo fue necesario que yo me la metiera en la boca para humedecerla y volver a ponerla chorreando, porque estaba dura como una piedra. Cuando empecé a regañarte y a tratarte como un esclavo, mis palabras adelantaban lo que vendía después pero todavía no me atrevía a hacer. Solo tú rostro desencajado por el deseo me confirmaba que debía continuar y me empujaba a hacerlo.

¡Qué delicia meterme tu polla en el culo hasta el fondo! ¡Qué barbaridad fue cabalgarte mientras tú me pedías que te abofeteara sintiendo como me empujabas desde abajo como si quisieras atravesarme! ¡Qué éxtasis cuando te derramaste dentro de mí mientras yo te retorcía los pezones con mis dedos y te clavaba las uñas en el costado! ¡Qué delirio cuando yo también me corrí juntando mis jugos con los tuyos, cayendo sobre ti, abrazándote mientras los dos temblábamos todavía de placer, quedándonos acoplados como dos perros que no pueden soltarse después de copular! ¡Fue una pasada, amor! Lo estoy recordando y me entran unas ganas locas de masturbarme.

Estoy aquí sola en mi despacho, casi todo el mundo se ha ido. He metido un momento la mano bajo la falda, separo mis bragas un poquito e introduzco un dedo en mi coño solo para comprobar que está muy húmedo. Estoy muy caliente, ojalá estuvieras aquí. Follaríamos en el aseo, en la azotea, en la escalera de emergencia, en cualquier sitio, pero estoy segura que si estuvieras cerca follaríamos como pudiéramos, te lo exigiría.

Voy a ir al aseo, necesito satisfacerme, no puedo continuar con esta calentura que me impide terminar el trabajo, ni tampoco puedo esperar a llegar a casa. Me voy a correr pensando en ti y voy a tener que aprender disciplina y artes sádicas para luego enseñárselas y emplearlas contigo. Hemos abierto una nueva puerta y estoy seguro que nos deparará muchos momentos inolvidables.

--------------------------------------------------------------------------------

Hola queridísimo amante.

No sabes lo triste que me pone saber que vamos a estar varias semanas sin vernos. Te envío este correo que es una promesa de lo que sucederá cuando nos volvamos a encontrar, para que no desanimes en la espera, para mantenerte caliente y entregado a mí, para que no decaiga el morbo entre nosotros, para que cuentes cada día que falta hasta que nos podamos reencontrar.

Espero pronto un correo tuyo, estoy impaciente por saber cómo te encuentras y deseando tener noticias tuyas. Lo primero que tienes que saber es que cuando termine de escribirte o quizás incluso antes si no puedo aguantarme más, tendré que masturbarme. Tendré que flotarme ese bultito de mi chocho que tan bien conoces, porque estará en estado casi líquido solo de pensar en las cosas que te escribo, que reflejan lo que hemos vivido y sobre todo lo que viviremos. Mis dedos aprisionarán mi clítoris hinchado y salido hacia fuera como un pequeño pene en erección, lo frotaré y jugaré con él con mis dedillos que también se meterán en el interior, primero uno, luego dos, quizá un tercero, tristes sustitutos de tu polla que desearía tener dentro. Así calmaré mi fuego en espera de poder hacerlo contigo, una desconsolada metadona para mi adicción que eres tú. Me gusta pensar que tú haces lo mismo, que te masturbas pensando en mí cuando no puedes tenerme. Cuéntamelo cuando me escribas, quiero saber los detalles, quiero saber si te corres pensando en mí, qué cosas sueñas que te hago, dónde y cuándo lo haces…quiero saberlo todo.

Hay una cosa de la que apenas hemos hablado y que sin embargo me pone muy cachonda y quiero contarte: es nuestra diferencia de edad. No sé por qué, pero cuando estuve con mi profesor, un hombre bastante mayor que yo, el simple hecho de saber que había esa diferencia nos tenía muy calientes. Contigo me pasa ahora igual siendo al revés, yo la más mayor. No sé si fue porque quede marcada por aquella experiencia o si el placer me viene de otro sitio, pero pensar que yo soy la que te corrompo, la que te llevo por la senda del vicio, la que te enseño y la que marco nuestro camino como amantes, me excita sobremanera. Saber que tienes una mujer joven pero que a pesar de ello me buscas a mí y me prefieres en la cama, según tus propias palabras, me vuelve loca.

Te espero pronto entre mis piernas. Te volveré a atar a la cama y me sentaré sobre tu cara restregando mi culo y mi coño por tu boca, por tu frente. Usaré tu verga para masturbarme, me tocaré si con tu lengua no es suficiente y te dejaré todo el rostro lleno de mis rastros húmedos. Luego me subiré sobre ti y te follaré como a mí me dé la gana. Seré yo la que decida si te corres en mi coño o en mi culo, tal vez me la meta por los dos sitios. Si tengo ganas de volver a correrme acabarás en mi vagina. Si todavía estoy cansada de haberme corrido en tu cara quizás me la meta por el culo y te folle hasta que me lo llenes de leche. Y eso será solo el principio porque dispondremos de toda una tarde para hacer maldades, para castigarte, para liberarte, para invertir los papeles si tú quieres y convertirme en tu esclava, aunque empiezo a darme cuenta de que ese juego cada vez te gusta menos, que ahora que has descubierto cuánto deseas que te someta, no buscas el placer de otra manera.

Esta es mi promesa para ti: pronto estaremos en brazos el uno del otro. Adiós mi amor.

---------------------------------------------------------------------------------

Hola mi amante querido.

Todavía vibro de éxtasis y placer cuando recuerdo nuestro encuentro de ayer. Dejas en mí una marca que va más allá del tiempo que pasamos juntos, siempre demasiado corto. Dicen que lo bueno si breve es mejor: los grandes perfumes en frasquitos pequeños, el caviar en cucharaditas, el buen licor en copa pequeña... que así se saborea mejor. Debe ser cierto porque los minutos que paso a tu lado son los mejores de mi vida. Tengo presente cada eslabón de esa cadena de placer: la urgencia de encontrarnos, de tenernos, la satisfacción de saber que se ha acabado la espera, de tener ese dulce néctar del sexo al alcance de la mano, de saber que ya solo faltan minutos para que comience el juego, los preliminares donde nos enredamos como si no tuviéramos prisa por amarnos, la intensidad del acto cuando por fin se da el cuerpo a cuerpo entre ambos o la relajación posterior, donde caemos agotados tras combatir el uno contra el otro. Y finalmente la separación, en la que siempre nos despedimos con un beso y con la promesa de volver a repetir. Todo ese proceso lo tengo siempre en mi cabeza y deja ecos en mi cuerpo hasta varios días después de haber estado contigo.

Esta mañana me he tenido que masturbar. Casi llego tarde al trabajo por tu culpa, aunque no estuvieras. Me he despertado soñando que dormías conmigo, que me abrazabas desde atrás y que presionabas con tu pene entre mis nalgas. Sentía tu cálido aliento en mi cuello, tus labios se cerraban sobre la tetilla de mi oreja y me la chupabas en esa caricia que sabes que tanto me gusta. Caricia que se transformaba en un mordisco salvaje a la vez que me la metías de golpe desde atrás, en mi coño ya lubricado por los húmedos sueños que he tenido. Me follabas así, de forma salvaje, frenética y te corrías en mi interior a la vez que yo me tocaba y tenía un orgasmo tremendo. Como podrás imaginar, no podía levantarme de la cama sin masturbarme pensando en ti, sin desahogarme, aunque me supiera a poco. No era capaz de empezar el día sin un orgasmo en tu honor.

¡Cuánto me gustaría disponer de ti una noche, una sola noche aunque fuera! ¿Es que tu mujer no viaja nunca? ¿No puedes buscar alguna excusa? Ojalá estuvieras en algún departamento que te obligará a pasar algún día fuera de casa. Ojalá pudieras encontrar la coartada perfecta ¿Te imaginas lo que sería toda una noche juntos?

Pero volviendo al día de ayer, tengo que decirte que jamás pensé que podríamos llegar a tal grado de exquisitez en nuestras perversiones. Creo que es porque hemos aceptado el reparto de papeles: tu esclavo y yo ama. Nos hemos metido de tal forma en el personaje que hemos alcanzado un grado de profesionalidad (no sé si esta es la palabra adecuada) sublime. La prueba es cuando ayer vi cómo te corrías solo con la caricia del látigo alrededor de tu pene, a la vez que con mis manos te aplastaba los huevos. Había visto vídeos mientras buscaba nuevas formas de cumplir con mi cometido de dómina, mientras trataba de aprender cómo hay que hacer para meterme más y mejor en el papel y darte todo el dolor que tú reclamas y que antecede al sublime placer. Ya otras veces he jugado a llevarte al límite solo con caricias, sin permitir que te corrieras, castigándote cuando me decías que ibas a llegar.

Todavía no ¡perro! te correrás cuando yo diga… el lenguaje también es importante ¿verdad? te gusta que te hable así en esos momentos. Es solo en esos momentos. Porque fuera de la cama yo jamás te trataría con desconsideración.

Aun me recuerdo sentada sobre tu vientre con mis muslos desparramándose a tus costados, mi chocho húmedo dejando un rastro de flujo en tu estómago a la vez que te lo aprisionaba, mis dedos retorciendo tus testículos mientras con el látigo te proporcionaba una caricia alrededor de tu pene que tenía la punta colorada por la excitación brutal. Tu verga estaba llena de sangre y se mantenía dura como una piedra. No pude evitar darte un par de lengüetazos en la punta y luego un mordisco. Mordisco y lengüetazo, dolor y caricia en la secuencia que tanto te gusta. Me sorprendió mucho ver tu pene estremecerse como queriendo contraerse y luego expandirse, y ver cómo un chorro de semen saltaba hacia arriba casi un metro de alto. Y no se detuvo ahí, sino que varios chorros más salieron brotando de la punta y corrieron por tu falo, hasta manchar tus huevos y mis dedos que los apretaban fuerte. Cuando te castigué por haberte corrido sin permiso moviendo mi cuerpo hacia atrás y poniendo todo mi coño en tu cara, casi asfixiándote y golpeándote en los muslos con el látigo, todavía pude ver como tu pene temblaba y varias gotas gordas de esperma caían sobre tu vientre. No pude evitar subirme encima y metérmela hasta el fondo, manchándome de tu leche por dentro y por fuera, y cabalgar hasta que yo tuve mi propio orgasmo. Estabas tan caliente que te aguantó dura todo el rato hasta que mis flujos se mezclaron con los restos de tu esperma. Qué asco tan rico, que delicioso gazpacho formamos entre los dos, que placer cuando te obligué a limpiarme con tu lengua y conseguí encadenar un nuevo orgasmo con mi botoncito entre tus labios. Con tu lengua como la de un perro estimulándome, no necesité ni siquiera que me metieras los dedos como otras veces ¡En qué pocas ocasiones puedo encadenar dos orgasmos seguidos y tú, sin embargo, mi joven amante me proporcionas ese y otros placeres que me hacen tan feliz!

Tenemos que tener cuidado porque se nos va la cabeza. Ayer te dejé marcas y no sé cómo podrás justificarlas si tu mujer te ve desnudo. Por un lado, me pone cachonda saber que te llevas esos recuerdos míos, pero por otro, no quiero ser causa de ninguna dificultad más en tu matrimonio. Yo soy tu válvula de escape, soy tu consuelo, soy tu placer, soy tu amante entregada, yo vengo a satisfacerte, a ayudarte, no a crearte problemas. Tenlo siempre presente amor.

Te deseo tanto…