La urbanización del deseo (Capítulo 21)
Helena no solo le pide un masaje, sino que le ofrece su cuerpo sin rodeos. Alex, embriagado por el deseo, acepta el reto, sabiendo que cada paso lo acerca más a un caos de pasiones donde el video grabado es la prueba irrefutable de su transgresión.
La Urbanización del deseo
Sylke & Álvaro
Capítulo 21
Mientras Helena envuelve las prendas de Mónica para regalo relleno la ficha y ella me comenta que me llegará un correo electrónico con una tarjeta virtual de la marca de la tienda, para futuros descuentos y que espera que nos veamos pronto en una nueva compra. Creo que me he dejado una fortuna en esas prendas cuando veo la cifra al entregarme la cuenta, por lo que me cuesta creer que venga muchas veces por esa tienda.
- “Uy, Alex, veo que es verdad que eres enfermero en la clínica de la urbanización y que vives aquí cerca. Qué guay” - me dice la chica cuando ve la ficha rellena con mis datos.
- “Pues sí, ya sabes, si algún día necesitas tratamiento o algún masaje”
- “¡Ah! ¿das masajes?”
- “Claro, es parte de mi trabajo”
- “Bueno, supongo que los tratamientos de allí deben ser muy caros”
- “Pues sí, no te lo voy a negar”
- “Y en un tratamiento domiciliario, ¿me harías precio?” - dice ella con cara de niña mala.
Está claro que le gusta la idea de un masaje y ¿quién se lo va a negar a esa preciosa criatura?
- “Me encantaría poder atenderte a domicilio” - le confieso.
- “Uf, me pongo mala sólo de pensarlo”
Ese comentario me enciende todavía más y si no fuera porque tengo a Bea en los probadores, tiraba de la mano de esa chica para follármela allí mismo en medio de la tienda.
- “Toma Helena, esto es para pagar la cuenta” - digo algo nervioso entregándole la tarjeta para el pago.
Tras pasar la tarjeta por el datafono y devolvérmela le hago entrega de unos billetes doblados que ella mira algo estupefacta, diciéndome:
- “¿Y esto?”
- “Para ti, por todo tu buen trabajo” - confirmo seguro.
Ella se queda mirando los billetes y luego a mí.
- “No, no, no... Alex, no puedo aceptarlo de ningún modo” - dice rechazándolo.
- “Vamos, te lo has ganado y además me has hecho un grandísimo favor y así te lo gastas eso en lo que más te guste”
- “No, no puedo aceptarlo” - dice la chica devolviéndome los billetes
- “Bueno, si no es suficiente...”
- “En cuanto a dinero es demasiado, Alex, pero no es eso, yo lo hice con gusto, nunca mejor dicho y no puedo aceptar dinero por eso”
- “¿Entonces cómo podría compensarte si no es con dinero? Me has hecho un grandísimo favor”
- “Bueno y tú a mí”
Baja la cabeza y sonríe para añadir:
- “Lo que más me gustaría, no tiene un valor económico”
La chica está apurada y mira el ordenador, revisando la compra, pero yo le sujeto la barbilla de nuevo para que me mire a los ojos. Esa carita de niña buena es pura delicia, como si nunca hubiera roto un plato.
- “¿Qué quieres, Helena?” - le pregunto.
Ella tarda en responder mirándome a los ojos con un brillo especial en los suyos, hasta que al final me dice:
- “Tu polla...”
Me quedo flipado y, además, esa cosa que quiere ha dado un respingo en cuanto le he escuchado decirlo.
- “Perdona, no sé por qué he dicho eso, no sé qué me ha ocurrido” - dice ella avergonzada, viendo que me ha dejado bloqueado.
Vuelvo a alzar esa bonita cara agarrando su barbilla para responderle:
- “¿Bromeas? Nada me gustaría más que sentirte. Pero entonces el que estaría en deuda contigo soy yo”
- “En absoluto, esa polla es increíble, el mejor regalo que puedes darme y en mi caso, debo decirte además que por supuesto tienes mi culo a tu disposición” - suelta como si nada, sabiendo que mi vecina había sido reacia a eso.
- “Uf, Helena” - respondo notando la dureza bajo mis pantalones.
Miro hacia la zona de los probadores y me imagino que Bea sigue preparándose y le comento a esa preciosa dependienta:
- “Bueno, en la ficha que he rellenado verás mi teléfono personal. Llámame cuando quieras ese masaje. Estoy a tu disposición”
- “¿En serio?”
- “Naturalmente y, aun así, haciéndolo a domicilio estaré doblemente en deuda contigo”
- “Gracias, Alex.” - la sonrisa se ilumina en su cara.
Ella cobra la compra y me devuelve la tarjeta, mirándome con esos ojitos brillantes, creo que sigue cachonda, bueno, igual que yo. Para romper ese silencio que hay entre ambos le digo:
- “Otra cosa, bueno un par de ellas, lo primero es que quiero que me envíes el video cuando cierres la tienda. Naturalmente no te voy a pedir que lo borres, creo que te has ganado el derecho a tenerlo y a disfrutarlo las veces que quieras, eso sí, te pido encarecidamente que si te lo quedas…. Que no se lo enseñes a nadie, que esto quede entre nosotros…. ¿vale? confío en ti y sé que lo harás. Ahí tienes mi teléfono y mis datos –digo señalando la ficha que acabo de rellenar.
Miro hacia los probadores, luego a Helena y ahora que la cosa se está calmando y empiezo a pensar fríamente, estoy empezando a ponerme nervioso y es que he ido demasiado lejos, la chica tiene un video mío, que me compromete demasiado y todavía más a mi vecina, una mujer casada, que además no sabe nada, pues ha sido a traición. Se me ha ido la cabeza y no he pensado con racionalidad.
- “¿Todo bien, Alex?” - me pregunta Helena viendo mi nerviosismo.
- “Creo que todo esto ha sido un error”
La chica esboza una sonrisa y agarra mi mano con dulzura.
- “De error nada y creo que sé lo que te pasa”
- “¿Ah, sí?”
- “Pues te sientes con desconfianza... has hecho una locura, no me conoces de nada y ahora tienes miedo”
- “Uf, Helena, además de preciosa, eres una chica muy inteligente”
- “Mira, quiero decirte una cosa, aunque ahora me veas como una desconocida, soy una persona de palabra y te prometo que lo guardaré con extremo cuidado, eso sí, me lo guardo para mí, ya sabes...” - responde.
Ahora soy yo el que coge sus manos.
- “¿De verdad Helena?”
- “Mira, yo soy la primera a la que no le conviene que esto se vea por ahí, pues sería la responsable de todo, ¿no crees?, además, después de todos tus regalos... sigo debiéndote mucho, como para traicionarte”
- “No, no me debes nada y de verdad que confío en ti y me quitas un peso de encima... Mil gracias, Helena”
En ese momento se oye la voz de mi vecina que me debe llamar desde los probadores.
- “Genial, Helena... otra cosa, ahora mismo no voy a llevarme la ropa, si no te importa vendré a por ella en otro momento” - digo yo.
- “No te preocupes, yo te lo dejo todo bien empaquetado para regalo, tal y como me has dicho y aquí te la guardo, o bien te la puedo acercar a casa... veo que no vives lejos” - dice la chica con su carita dulce.
- “Es otra opción, la verdad es que eres increíble, Helena”
- “Lo hago encantada...”
- “Pues gracias por todo y por el ofrecimiento...”
En ese momento se oyen los tacones de mi vecina que sale del probador y salgo a su encuentro. Está impecablemente vestida y sin rastro alguno de manchas. Se ha retocado el maquillaje y el peinado, supongo que queriendo disimular delante de Helena, pero si ella supiera que la chica no sólo lo ha visto si no que lo tiene grabado en su móvil...
Bea se despide con cierto apuro de la chica y yo le guiño un ojo con disimulo a Helena, que, a su vez, me lanza un sugerente besito... madre mía que preciosidad de mujer.
Salimos de la tienda y le explico a Bea, que no llevamos ninguna bolsa ni prenda porque si nos ve Mónica se chafa la sorpresa, que es mejor esperar a la semana que viene para ir a recoger los regalos y así nos lo envuelve la dependienta con mimo.
- “La verdad es que la chica ha sido muy atenta, servicial y.… discreta” - me dice Bea.
- “Si, es un encanto”
- “Y guapa” - me mira sonriente, aunque no puede sospechar ni por lo más remoto el secreto que guardamos esa dependienta y yo.
Llegamos por fin a la puerta de la casa de Bea y ella apoya su mano en mi hombro.
- “Uf, Alex, ha sido increíble. Nunca pensé que iba a suceder algo así” - me dice mirándome a los ojos.
- “Te aseguro que yo tampoco ¿y sabes una cosa?” - le comento.
- “Dime”
- “Creo que lo de las cartas va a ser verdad”
- “Entonces, ¿soy buena pitonisa?” - dice con una sonrisa malévola.
- “Desde luego, además de preciosa y de follar como los ángeles” - afirmo.
- “Uf, Alex, vas a calentarme otra vez...”
Bea sonríe y mira a los lados, viendo que no hay nadie y me planta un sensual beso saboreando sus carnosos labios y prometiéndole que lo repetiremos, más de una vez, al fin y al cabo, somos vecinos muy cercanos.
- “Te echaría las cartas, para ver cuándo va a ser la próxima vez, pero no quiero tentar a mi suerte” - me dice - “prefiero que la suerte me sorprenda”
- “Suerte la mía, Bea. Eres un sueño hecho realidad”
- “Uf, Alex. Si no estuviera Mónica en casa...” - me dice ronroneando como una gatita.
- “Tranquila, que estaré cerca... y no te olvides que tengo que probar ese culazo que tienes, estoy deseando follarte por ahí” -
Tras decir eso le paso mi mano con suavidad y disimulo a lo largo de su culo, notando como ella se estremece.
- “Uffff, Alex, que cosas me dices, no me olvido, aunque nunca lo he hecho. Me da miedo. “
- “Siempre hay una primera vez” - digo dibujando sus labios con la yema de mis dedos.
- “Ya, pero con algo tan gordo como esto...” -añade apretando mi polla sobre el pantalón con cierto disimulo.
- “Uf, cómo me tienes, vecina” - digo apretando los dientes.
- “Tranquilo, Alex, este culo será para ti, tú serás el primero en follártelo” - dice ruborizada, pero con un brillo especial en sus ojos.
Me encamino hacia mi casa, pero Bea me llama desde su puerta.
- “¡Alex!”
- “Dime...” - respondo girándome.
- “Ha sido una pasada ir de tiendas contigo, cuando quieras vamos otra vez” - añade.
Entre risas me dirijo a casa y al entrar veo que Silvia está a punto de marcharse. Su mirada resplandece al verme, especialmente al fijarse en el bulto que me ha dejado a tope mi cachonda vecina. Yo no puedo evitar fijarme en ese escote que muestra su vestido y que indica que no lleva sostén. Voy de calentura en calentura... pero bueno, que el ritmo no pare...
- “Hola profe… ya me iba a marchar, ¿cómo ha ido la tarde?” - me dice Silvia con una sonrisa cómplice que no sé muy bien cómo debo tomármelo.
- “Bien, ha sido productiva… no me puedo quejar” - contesto cauto.
- “Ya me imagino ya…” - Dice riéndose.
No sé cómo interpretar eso, pero seguramente Isa le haya puesto en antecedentes, bueno, no es ningún secreto y Silvia lo sabe, que Bea es mi musa, pero claro, saber que hemos estado juntos de compras, parece que hasta adivina lo que ha pasado.
- “Bueno me voy que tengo muchas cosas que hacer, te recuerdo que nos tienes abandonadas…y en nada nos vamos de viaje. Tenemos una clase especial pendiente ¿recuerdas?” - dice ella sonriente.
- “Oh, sí, claro... no te preocupes… no me olvido de esa clase especial”- afirmo excitado pensando en lo que puede ser dar una clase desnudos todos, tanto mis alumnas como yo.
- “No sabes las ganas que tenemos… de esta semana no pasa…avisado estás” - dice Silvia acercándose peligrosamente y mirando hacia dentro por un instante, acaba dándome un morreo alucinante.
- “Guau, Silvia” - afirmo cuando nuestras bocas se separan al tiempo que ella me regala una de sus sonrisas.
Me fijo en ella cuando sale de casa pavoneándose, sabiendo que no le quito la vista encima y es que esa mujer es pura pasión y sensualidad, ufffff como me pone esa madurita, con ese cuerpazo que es una tentación.
Nada más cerrar la puerta tras de mí, me dirijo a arriba a las habitaciones y antes que nada, entro en la de Isa a la que me encuentro, medio tumbada con unos almohadones en su espalda vestida únicamente con unas braguitas blancas de encaje y ¡nada más! Está viendo la tele y manejando el mando, algo que me sorprende, pues hace unas horas apenas podía hacer esfuerzo con sus dedos.
- “Pero... ¿Isa? - le digo al verla así de sensual y sobre todo tan repuesta de sus brazos.
- “Hola compi” - dice ella sonriéndome.
A medida que me acerco a ella, veo que esos pechos son preciosos, yo diría que son perfectos o al menos a mí me lo parecen… me encantan, son de un tamaño y de una forma perfecta, me tienen absolutamente loco esas tetas.
- “Hola preciosa ¿Y esa vestimenta?” - le digo poniéndome frente a ella recreándome en esas tetas al aire.
- “Jeje, veo que te mola” - añade señalando mi bulto que no ha bajado desde que me despedí de Bea ni cuando después me encontré con Silvia.
- “Ya sabes, que, a pesar de todo, uno no es de piedra y estás demasiado buena para un mortal como yo”
- “Jajaja.... cómo eres, Alex. Anda que no te faltan a ti candidatas, para que precisamente te fijes en mí”
- “Sabes que en ti me fijo continuamente y ahora... perdona, pero no me puedo contener, viéndote así” - me sincero.
- “Tranquilo, compi, si lo entiendo. A lo mejor para ti es una tortura, pero bueno, lo cierto es que hace calor y habíamos dicho que ahora entre nosotros no hace falta pedir permiso ni nada de eso y que estemos en casa como nos plazca”
- “Para empezar, deliciosa tortura, pero desde luego, por mí, puedes estar así las veces que quieras.”
- “Gracias, eres un sol”
- “Tú sí que eres un sol... Por cierto, ¿No me digas que ha habido tema con...?” - le interrogo.
- “¿Con Silvia? Uf... qué más quisiera yo, pero a esa le gustan las pollas duras”
- “Ah, pensé, que al verte así...”
- “No, qué va, me ha dado unos cuantos masajes, que por cierto me ha puesto mojadísima y me ha ayudado con los ejercicios de rehabilitación en la mano. La tía aparte de estar muy buena, es también muy buena con sus manos... Mira”
En ese instante mueve sus dedos abriendo y cerrando la mano de una forma increíble, pues por la mañana casi no podía hacer nada.
- “Eso es genial, cómo me alegro, te vas a recuperar enseguida. ¿Cómo lo ha conseguido?”
- “Pues a base de ir agarrando unas pelotas de tenis y luego unos masajes en los dedos... esa mujer, aparte de preciosa, tiene unas manos...”
Yo pienso... “y una boca, unas tetas y un coño, que son una maravilla...”
- “La verdad es que cuando me puse así delante de Silvia, pensé que quizás ella... ingenua de mí...” - me comenta mi amiga.
- “¿Entonces no hubo ni la más mínima?”
- “No, porque no dejaba de hablar de ti, de esa polla que hace maravillas y que está esperando una clase especial tuya de inglés”
- “Sí, jejeje.”
Ella no entiende mucho de qué va el tema, pero me pregunta.
- “Bueno, Alex, ven, siéntate conmigo, ¿y tú qué tal la tarde con Bea?”
- “Uf, sin comentarios” -digo suspirando.
- “¿Cómo que, sin comentarios?, quiero pelos y señales. Túmbate aquí anda y cuéntame qué has hecho…que por la cara de satisfacción que tienes, creo que no lo has pasado precisamente mal.” - dice mi compi risueña.
- “Espera que me pongo cómodo y te cuento” y tras decir esto me quito las zapatillas, el polo y el pantalón y me quedo únicamente con el bóxer puesto.
- “Eyyy pervertido, ¿ya te estas despelotando?” - comenta Isa entre risas….
- “Es para no manchar la colcha... además ¿en qué habíamos quedado? Hay confianza, ¿no?”
- “Que sí, bobo, que ya sabes que yo no voy a asustar por eso, te estaba tomando el pelo” - dice señalando mi bulto.
- “Bueno, yo con esas sí que me asusto” - digo y acaricio una de sus tetas suavemente.
- “¡Guarro!” - me dice retirando mi mano.
Me tumbo junto a esa preciosidad y se me queda mirando, esperando que le dé noticias y por mi cara, debo estar sonriendo maliciosamente.
- “Ufffff malo, cuando te pones en plan misterio……eso es que ha habido tema, que te conozco muy bien, serás cochino……estas más salido que el pico de una plancha…je, je, je “- dice ella sin parar de reír.
En ese momento suena mi móvil, un mensaje en la aplicación de mensajería ha entrado, me dirijo a mis pantalones y veo en el teléfono quién ha sido, es un número desconocido, pero cuando abro el mensaje, sé de quien es: Helena.
Su foto en el perfil es una pasada, está vestida con un pequeño biquini, con una exótica playa tras ella y su cuerpo resulta impresionante. Está realmente espectacular en bikini. Sólo recordar que me voy a follar a ese bombón, mi polla empieza a cobrar vida de nuevo. No me había equivocado en absoluto, sus largas y torneadas piernas parecen no tener fin y compruebo que no tiene ni una gota de grasa en todo su cuerpo y lo más llamativo son sus tremendas tetas, las cuales lucen perfectas cubiertas con esa mínima tela. La belleza de esa pelirroja es increíble, menos mal que me di cuenta a tiempo y así se lo hice saber.
Mi compañera no me quita ojo y se pregunta por qué tengo esa cara de bobalicón.
- “Alex, ¿quién es? Te veo muy misterioso hoy… ¿Y esa montañita?”” pregunta ella señalando mi bulto bajo mis bóxer
- “Oh, sí” - respondo viendo cómo se nota esa prominencia bajo mi slip.
- “¿Es Bea?”
- “No, qué va, es una nueva amiga”- digo mientras leo su mensaje
- “Uy, uy, don amistades….madre mía últimamente no se te puede dejar suelto, estás desatado”.
Veo que Isa está intrigada, pero sigo leyendo el mensaje de Helena que me dice que debido a la longitud del video no puede enviarlo por esa app y ha tenido que hacerlo a través del correo electrónico, que mire a ver si me ha llegado y se lo haga saber. Compruebo la aplicación del correo y veo que efectivamente tengo un mensaje de entrada, con un link hacia un sitio con más capacidad, lo descargo en mi móvil y veo que está el video en su totalidad. Una enorme sonrisa brota en mi cara.
- “¿Qué estarás tramando tú con esa nueva amiga?, ¿Está buena?” - Pregunta mi compañera impaciente.
- “Ponte cómoda, espera unos segundos, ahora vengo voy a por el Chromecast a mi habitación, tengo que enseñarte algo y prefiero que sea a lo grande” - afirmo señalando su televisor.
- “Madre mía, sí que estás misterioso últimamente… Me pongo cómoda entonces...”
Vuelvo de mi habitación con el dispositivo en la mano, lo conecto a la tele y me tumbo junto a Isa. Cojo el teléfono, abro mi correo y le doy a enviar. Mientras se carga el video, le enseño el perfil de Helena a mi compañera.
- “¡Madre mía, qué pibón!” - dice.
- “¿Te gusta?”
- “Es muy joven, ¿no?”
- “22, aunque aparenta menos”
- “Ya veo, es preciosa. ¿Es sólo amiga?”
- “Bueno, es la que ha hecho este video” - le digo señalando la pantalla grande de su habitación.
- “¿En serio?”
Continuará...
Sylke & Álvaro
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