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El Mafioso novato IV

Llevaba diez años siendo la prometida de otro hombre, y ahora, en su noche de bodas, descubre que su nuevo esposo no es el monstruo que temía. Pero cuando la virginidad choca con el deseo de un hombre que tiene todo el poder, la verdadera prueba no será el altar, sino la paciencia.

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Estaban los cuatro de pie en el vestíbulo, el último miembro del Consejo, acababa de despedirse de ellos. Cuando vieron su coche a alejarse, cerraron la puerta. Pietro se giró hacia Clarissa puso las manos sobre sus hombros y la miró con un brillo de admiració y algo más que no supo identificar en su mirada

Cara… Has estado… — busco la palabra adecuada — Bravissima!— se inclinó y besó su cabeza en un gesto fraternal.

Durante la adolescencia Pietro sabía que estaba enamorado de Augusto y había desarrollado un cariño fraternal hacia la pequeña que se suponía que sería su esposa. Había ocultar su amor hacia Augusto y el cariño hacia su hermana por temor a empeorar la situación que estaban viviendo y despertar aún más el desprecio de su padre, pero ahora que ya tenía libertad para expresarse, parecía como si un dique se hubiese roto y sus sentimientos lo inundaran de forma incontrolable.

Clarissa le miraba perpleja, hasta hacía un año no había tenido mucho contacto con Pietro y siempre se había comportado de un modo distante, educado y correcto, pero frío. Pero desde las últimas semanas estaba descubriendo en su hora cuñado, una faceta tierna, amable y divertida, que no encajaba con su fama de jefe de la Mafia. Tal vez era verdad que el amor transforma a las personas..

Tiene razón, sabes? — Augusto abrazó a su hermana —. Les has dejado impresionados con tu aplomo.

Qué aplomo? — de qué hablaba su hermano? —. Todavía estoy temblando.

Puede que sí — intervino Alonzo, rodeando su cintura, estrechándola con suavidad y posando un beso en su mejilla, —. Pero desde luego lo has disimulado muy bien. Y ahora qué? — vino a Pietro y Augusto arqueando las cejas en un gesto dubitativo.

Pues ahora tendremos que planear una boda, lo antes posible — miró a Clarissa fijamente —. Cuánto tiempo necesitas para preparar todos lo necesario?

Depende. Encontrar Iglesia, Las invitaciones… los arreglos…. La recepción, todo eso suele llevar varios meses. Todo depende si encuentro proveedores que estén dispuestos a acelerar las cosas.

El dinero no es problema, si hay que pagar más, se hará. Pero cuanto antes pasemos el trámite mejor. Olvídate de la Iglesia, la boda tiene que celebrarse aquí por motivos de seguridad.

Entonces supongo que en un par de semanas, a lo sumo tres, si esperamos por la confirmación de la asistencia.

Desde que había soñado con ella,Alonzo aprovechaba cualquier oportunidad para rozar el cuerpo de Clarissa. No de forma lasciva, solo para ir acostumbrándose a su cercanía. Haciéndose a la idea de que sería su esposa.

Apenas se conocían y con sus nuevas responsabilidades, muchos se temía que no dispondría de tiempo para hacerlo hasta iniciar la luna de miel.

Clarissa, ya en su dormitorio, se sentía nerviosa. Era la primera vez, desde que conocían qué Alonzo la besaba, y aunque, por supuesto, había sido un beso inocente, había sentido un escalofrío cuando él la rodeó con su brazo, pensó ruborizándose.

**************

Los jardines de la mansión principal de los Zanoli, se habían adornado con esmero, el día anterior, los operarios habían montado una pérgola cubriéndola de rosas y jazmines, que trepaban hasta su cúpula, formando una improvisada capilla vegetal, en cuyo centro se levantaba el altar.

En su dormitorio, ya vestida de novia, con el traje que debió llevar el día de su boda con Pietro, la maquilladora y peluquera ultimaban su arreglo.

Una ligera llamada la puerta la sacó de sus pensamientos. Dió permiso y la puerta se abrió suavemente. Augusto entró. Vestía un traje de color perla una corbata de color coral su tono de piel. El sería el padrino de su boda..

Una boda que oficiaría el mismísimo obispo de Palermo, el poder que ejercía la familia Zanoli sobre la ciudad había logrado aquello, los padrinos de la boda seguían Augusto y Pietro, a pesar de que era abiertamente un matrimonio contra natura, según la Iglesia.

Los invitados comienzan a llegar, tienes una media hora está lista, cómo te sientes?

Nerviosa — me da mucho más que, pero no sabría explicárselo a su hermano.

Estás segura de todo esto? — Clarissa asintió con la cabeza —. Te estaré esperando en el jardín. — apretó suavemente el hombro de su hermana para infundirle ánimo y salió despacio, dejándola a solas con las otras dos mujeres.

Sin que fuera notorio para los invitados, los hombres de Marco, se situaban, armados, de forma estratégica por la propiedad, el jefe de seguridad permanecía, discretamente, a tan solo unos metros del altar, el arma imperceptible, oculta por su traje hecho a medida a tal efecto.

Clarissa avanzaba, pausadamente, por la alfombra extendida hasta el altar del brazo de sus hermano, siguiendo el ritmo de la marcha nupcial. Las cabezas de los invitados se giraban a su paso. De espaldas al altar, dos figuras imponentes.

Pietro, como siempre, vestido de negro, su cuerpo musculoso destacaba al lado del novio, quien, aunque le igualaba en altura, era menos fornido, menos intimidante, pero no por ello menos atractivo.

Los invitados no podían apartar la mirada de la novia, su esbelto cuerpo, su juventud, el cabello rubio recogido en un, engañosamente, desaliñado moño rodeado por un tocado floral del que partía el etéreo velo, la falda de su vestido simulaba la espuma del mar, su piel, pálida y sus ojos color esmeralda le hacían parecer una ninfa. Afrodita, surgiendo de las aguas.

Alonzo la observaba boquiabierto, notando como el deseo que hacía en su interior. Cuando llegaron al altar tomó la mano de Clarisa entre suyas y se la llevó a la boca, besando sus nudillos y la ayudó a situarse a su lado

Aún estás a tiempo de echarte atrás — susurro al oído, inclinándose ligeramente hacia ella. El altar.

Tú también,… puedes cambiar tu opinión.

No te dejaré plantada en el altar — una mirada traviesa asomó a sus ojos y la acompañó con una sonrisa burlona —… una vez ya es demasiado para cualquiera.

La ceremonia de comienzo, Pietro y Augusto se miraba intensamente uno a cada lado de los novios escuchaban las palabras del oficiante, como si fuera dirigida a ellos mismos. Con las últimas palabras de la ceremonia resonando en sus oídos. “lo que Dios ha unido que dios que no lo separe el hombre”. Pietro artículo en silencio, “Mío…para siempre” sin apartar la mirada de los ojos de Augusto, quién cerró los párpados durante un segundo con una sonrisa de serena, felicidad en el rostro y respondió en silencio “…Por siempre”. En el mismo instante en el que Alonzo alzaba el rostro de Clarissa depositando un ligero beso en la comisura de esos labios. Había pretendido darle un beso algo más profundo, pero ella lo había esquivado girando levemente el rostro antes de que sus labios se rozara.

Contrariamente a lo ocurrido en la boda de Pietro y Augusto, en esta ocasión los invitados asistieron a la recepción posterior al enlace.

Alonso aprovechó que ellos debían iniciar el baile para estrecharla entre sus brazos, acercándola a su cuerpo, acariciando con suavidad su mejilla con sus labios., Deslizando la mano hasta la base de su espalda

Durante las últimas tres semanas había intentado que ella se acostumbrase a su presencia, que se sintiese cómoda estando con él, En definitiva facilita las cosas entre ellos.

Unas horas más tarde, solos en el coche, aunque discretamente escoltados por Marco y tres de sus hombres, se encaminaban al Hotel donde iniciarían su luna de miel, apenas disponían de cinco días antes de tener que volver a la rutina. Alonzo aún vestía el traje que había usado en la ceremonia, en cambio Clarissa se había cambiado de ropa para estar más cómoda durante el viaje. De vez en cuando miraba de reojo a su esposo. Una extraña sensación la invadía. No era exactamente nerviosismo. Tal vez una mezcla de duda, excitación y miedo a lo desconocido.

Alonzo se percató de ello, pero no decía nada para no alterarla. Conversaba de trivialidades con ella, tranquilizándola.

Entraron en la suite de la mano, cerrando la puerta tras ellos. Alonso la rodeo con sus brazos, girándola, encarándose a ella. Con una mano bajo su barbíllale al rostro y se inclinó para besar sus labios. Suave, incitante, acariciando su mejilla con el dorso de la mano, mientras, con la otra apoyada la base de su espalda, la acercaba más a él, haciendo la nota, el calor que mandaba de cuerpo, deslizó la boca por su mejilla, bajando por su cuello, enredando los dedos entre su cabello, sujetándola

El ligero temblor que recorría el cuerpo de Clarissa, el modo en que sus dedos se crispaba en los antebrazos de Alonzo le decían sin palabras, que, a pesar de las muchas emociones que se percibían en ella la principal era miedo.

Tanquila… Cara — susurro en su oído, mordisqueando su lóbulo y deslizando la lengua hasta la delicada piel de detrás de su oreja, y descendiendo con suaves besos por su cuello hasta llegar al punto en que se unía a su hombro, deslizando las manos para tomar sus nalgas, acercándola aún más a él —… iremos despacio, vamos a disfrutar mucho de esta luna de -miel

Es que no sé si… — cómo decirle que era su primera vez? Se ruborizó tan solo de pensarlo. —… cómo…

No tienes de qué preocuparte — la miró con una sonrisa sensual en sus labios y ojos que brillaban divertidos —… todo irá bien, me gusta mucho y sé que no te soy indiferente, solo relájate no pasará nada que no hayas hecho antes.

Clarissa apoyó la cabeza en el torso de Alonso, con los ojos cerrados y las mejillas ardiendo por la vergüenza.

Es que yo… yo nunca he… — se detuvo, no podía continuar.

Tú nunca has.. — el señor sin comprender por qué se detenía… de repente, como un rayo, una idea cruzó su mente, dejó de acariciar la, y la miró fijamente a los ojos —. Intentas decirme que eres virgen? A tu edad?

Yo…— agachó la cabeza, una risita nerviosa se escapó de sus labios, las palabras se negaban a salir de su boca —. Durante diez años he sido la prometida de tu hermano… tú qué crees? Piensas que algún chico ha tenido el valor de tan siquiera rozarme una mano?

Alonzo estaba, estupefacto, ni siquiera se había parado un segundo a pensar en ello. Pero tenía razón. Ida imposible que nadie hubiese tenido el valor de tocar a la prometida de Pietro… no si sentía estima por su propia vida. Lentamente soltó a Clarissa y se alejó un par de pasos de ella.

Alonzo? — le miró insegura, una muda pregunta y sus ojos.

Esto no está bien, — cerró los ojos y se pasó una mano por la cara, frustrado.

Qué quieres…?

La primera vez… tu primera vez no debes ser así — negaba con la cabeza —… no debe ser por obligación, por cumplir con un contrato, sin desearlo, sin que entre nosotros exista, al menos, un poco de…— no supo cómo describirlo.

Entonces, qué haremos?

Yo voy a darme una ducha, lo necesito — y cuanto más fría mejor, se dijo a sí mismo, desviando la mirada hacia la impresionante cama que dominaba el dormitorio —, mientras tú te cambias y te preparas para dormir — se acercó a ella y tomó su rostro entre las manos, inclinándose hasta apoyar la frente en la de ella —. No te preocupes, esta noche podrás dormir, tranquila sucederá cuando tenga que ser, no dudo que pasará, pero solo cuando tú lo desees tanto como lo deseo yo. — la soltó despacio, con ternura y girándose, se dirigió hacia el baño, cogiendo por el camino su bolsa de aseo.

Se desnudó despacio, dejó su traje de bodas dentro del cesto de la ropa sucia y se metió en la ducha.

Su cuerpo estaba tenso y caliente por el deseo contenido, un escalofrío no recorrió con el contacto del agua fría, tío, un poco de gel en una de sus manos y lo frutó con la otra creando espuma, llevó la mano a su miembro, y comenzó a deslizarla por él, masturbándose con los ojos cerrados la cabeza hacia atrás, apoyándose contra la mampara de la ducha. Sabía que si no conseguía correrse esa noche, podía resultar muy dolorosa para él. Imaginó el suave cuerpo de Clarisssa en contacto con el suyo, su bien cálida y sensible de excitación arqueándose hacia él, buscando el contacto. Su intimidad prieta abrazándole, su abdomen se tensó, imaginando el momento en que le haría suya unas pequeñas gotas de precum humedecían su glande. Aceleró el ritmo de su mano sobre su erección, arqueando la cadera hacia ella. Se mordió el labio inferior conteniendo los gemidos que escapaba de su boca. Y explotó, derramándose sobre sus dedos. Cuando recuperó el aliento, se duchó con el agua tan fría, como pudo soportar. Salió del baño vestido únicamente con un boxer elástico y una camiseta.

El dormitorio estaba en penumbra. Apenas se distinguía la figura de Clarissa acostada de lado y cubierta por las sábanas.

Se acostó junto a ella, la abrazó desde atrás y la pegó a su pecho, apoyó la barbilla en su cabeza y susurró:

Sé que estás despierta, no necesitas fingir conmigo. Ya te he dicho que no sucederá nada, entre nosotros hasta que tú no estés preparada — sabía que si su primera vez era una obligación para ella, ese recuerdo permanecería para siempre y no tendrían ninguna oportunidad para ser felices en el futuro. Aunque nunca existiera amor en su matrimonio, estaba seguro de que podrían ser felices, si podían confiar uno en el otro y respetarse mutuamente.

Y qué haremos durante esta luna de miel? — Preguntó con un hilo de voz.

Aprovecharemos para conocernos mejor, para aprender a estar cómodos el uno con el otro. Para que yo pueda intentar seducirte. — le dijo por último con un tono divertido en la voz —. Duérmete y sueña con nosotros,… mi esposa