Xtories

Por unas bragas en mi balcón 6 - Fin

Después de meses de abstinencia y tensión acumulada, Carlos y Tesa están solos. Él sabe que esta noche no solo va a hacer el amor, sino que va a ganar su corazón de una vez por todas. Pero ella tiene miedo, y él tiene una urgencia que apenas puede contener.

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En la piscina tuve un problema. Al no ser alumno no podía participar en las competiciones deportivas. Como algo excepcional me dejaron entrenar con el equipo. El entrenador me dijo los nombres de varios clubs, fuera del recinto universitario, que siempre necesitan gente.

Ocurrió que me disponía a cambiarme y se acercó una chica. Saludos. Estaba muy bien con el bañador hasta que después de dejar que la mirase se cubrió con una bata similar a la que empleo.

Con esa sonrisa, con esas palabras sobre qué hacer después estaba claras sus intenciones. Pero yo había cambiado.

- Bueno, perdona. Tengo algo de prisa. He quedado con mi novia.

Era la primera vez que podía decir algo así ante una muchacha y me sentí extrañamente triunfal.

A última hora de la jornada Alicia me anunció.

- Chico. He hecho lo que he podido. A partir de ahora no depende de mí.

Señaló mi ordenador. Asentí y pulsando el recuadro “recibir” con el cursor me llegó un mensaje. Alicia dijo que era.

- Es mi aportación al caso de tu suegro. También lo he remitido al fiscal que llevó el caso. Espero que sea útil. Bueno, si es como espero, la familia de tu novia no necesita abogado. La fiscalía se ocupará de todo.

Me levanté de un salto y la abracé mostrando así mi agradecimiento. Durante unos segundos consintió hasta que ya me empujó.

- Chico. Lo siento. Estoy casada y sé que tienes novia. Así que esto no debe repetirse.

- Gracias. – Murmuré cerca de su oído.

- Te digo que lo dejes. - Me empujó con más decisión: - Venga, niño, que tenemos trabajo.

Realmente el trabajo consistió en despedirnos hasta el día siguiente.

Unas semanas más tarde, a finales de noviembre, los padres de Tesa recibieron una notificación del juzgado anunciando que la causa sobre el accidente de su hijo era revisada al aparecer nuevos testimonios. Añadía detalles de la sala y de la jueza al cargo.

Los días pasaban veloces si estás con algo que te distrae y agrada, o tremendamente lentos si esperas.

* Dejémoslo. Lo mío no es la filosofía.

Tesa me besaba nerviosa ante lo que acontecía en su casa. No quería hablar de eso alegando que eran cosas de sus padres y para nada repercutían en mí.

- Perdona cariño. Te amo. Estoy muy distraída.

Eso decía mientras me hacía una paja dejándome que acariciara sus tetas por debajo de su ropa. Algo de verdad hay en lo que decía porque su cuerpo no reaccionaba, sus pezones no estaban duros.

En un gesto de caballerosidad debía decir que lo dejáramos, pero no soy un caballero, voy en moto. Continué acariciando sus tetas hasta que me corrí en sus manos.

Son cosas que un hombre de mi edad, sano, etc. y todo eso que sirve para justificar el estar siempre cachondo y necesitado.

- ¿Estás bien? – Se preocupó. – Has soltado poco.

- Bueno. Es que me falta que tú también lo disfrutes.

- Te quiero.

* ¡Qué bien he quedado! Doblemente, con la paja y con la frase.

En dos semanas fue la vista preliminar en el juzgado. La jueza le dio un trato preferente en un accidente mortal en el que estaban implicados un conductor que pagó mucho dinero en la alteración de pruebas, ocultación de testimonios y perjuro para que todo fuera a su favor.

Juicio, alegaciones. Se escucharon a los testigos. Una semana antes de navidad se dictó sentencia. Durante el juicio el ahora acusado acumuló varios delitos que supuso muchos años de cárcel. Luego estaban los colaboradores: El policía perdió la placa. Y aquel que redactó el falso informe fue multado y despedido.

Teniendo en cuenta que murió un niño, esos cargos me parecían insuficientes.

El seguro de ese tipo se ocupaba de una parte de la indemnización y del resto por vía judicial, hubo confiscación de cuentas al acusado. No quedó en la ruina, tan solo suponía un pellizco a su fortuna. Y del tiempo transcurrido durante su condena, su buen abogado lo fue reduciendo mediante alegaciones. En total fueron cinco años de cárcel por matar a un niño estando hasta el culo de drogas.

Los padres de Tesa volvieron a llorar por el hijo perdido. Al tiempo que la tenaza sobre sus hombros se diluía. Podían vivir sin agobios dando una mejor educación y bienestar a los hijos.

Tanto madre como hija dejaron de limpiar casas. Con una excepción, María Jesús, continuó en una donde la apreciaban, al parecer de varios años. No solamente suplicaron su continuidad si no que incrementaron la paga.

Mientras. Tesa acudió a mi casa.

- ¡Has sido tú! ¿Verdad?

Interrumpí el movimiento de acercarme a su rostro para el beso de bienvenida.

- No. Solamente leí unos papeles.

Me delaté al no pedir una aclaración o simplemente mostrar ignorancia.

* Es lo que pasa al querer ser Superman y Clark Kent, Spiderman y Peter Parker, a la vez.

- Ya veo. - Se mostró sarcástica. - Y a partir de ahí todo se combinó para nuestro bien. – Tenía los puños cerrados a la altura de su cintura. Dijo en un grito: - ¡Qué casualidad!

- De verdad que no fui yo. No tengo los conocimientos ni la autoridad en la empresa para remover nada. - Insistí. - Recuerda que soy un novato.

Otra vez le di más información que Tesa aprovechó en mi contra.

- Sí. ¿Pero a quién se lo pediste? ¿A cambo de qué favor?

Tocaron a la puerta.

* ¡Salvado por la campana! O no.

Sorpresa. Eran los padres de Tesa. Era muy pronto, seguramente no trabajaron esa tarde. No se extrañaron de ver a su hija en mi casa. Fueron breves. Abrazos, besos, palmadita en la espalda y agradecimiento.

- De verdad que nada he hecho. – Ese era mi pobre argumento.

Tesa dijo que debí pedir un favor a alguien. Y que desde luego debían estarme agradecidos.

Adriano mostró satisfacción.

- Ahora los pequeños no pasarán tantas privaciones.

- Los regalos de reyes serán algo más que ropa.

María Jesús se acercó a su hija y murmuraron. Tesa se ruborizó al asentir. Se dieron un beso.

Adriano, actuando como padre de Tesa, me miró fijamente preguntando si íbamos en serio. Al saber mi respuesta se acercó un poco. Con el índice ordenó que me inclinara y al hacerlo me cogió por la nuca para murmurar a mi oído.

- Bien, muchacho. - Su voz era tan clara como amenazante. – Escucha. Te advierto que si haces daño a mi niña te arranco las pelotas. ¿Te queda claro?

La mencionada parte de mi anatomía en ese momento no estaba en su sitio, la tenía en la garganta. Debían estorbar a las cuerdas bocales porque tan apenas puede murmurar:

- Totalmente.

Luego miró a su hija, le sonrió. Y solamente dijo:

- Ya sabes a qué hora cenamos en casa. No llegues tarde.

- Sí, papá.

Se marcharon.

Fuimos al salón del ordenador donde antes de sentarme en el sofá me ocupé de conectar el radiador.

* Los inviernos ya no son tan fríos, pero tenía la buena intención de desnudar a mi novia.

Y Tesa se quedó mirando el nuevo poster sustituyendo al de la mujer desnuda. Era una playa lejana con aspecto paradisíaco gracias al color del cielo y el agua. Había unas palmeras.

- Veo que has hecho cambios en la decoración.

- No es esa mujer la que quiero ver sin ropa.

Se ruborizó.

Nos sentamos en el sofá. Pronto se subió a mis piernas y comenzamos a besarnos. Al poco, y sonriendo me dijo:

- Te recuerdo que tengas cuidado al pellizcarme las tetas o le diré a mi papá que me haces daño.

- Vale. Y ahora dime. ¿Le contarás esto?

Levanté su ropa, retiré el sujetador sin fijarme que otra vez no era infantil y chupé sus pezones.

- Vale. – Me acariciaba la cabeza. Murmuró: – Le diré que no me haces daño, pero que eres muy malo.

Al poco estábamos desnudos. Se sentó sobre mí y noté la humedad de su sexo en mis piernas. No le iba bien. Se levantó para ordenarme que me tumbase sobre el sofá. Con ganas de saber qué pretendía así lo hice. Se inclinó sobre mí para besarnos.

Me cogió la polla y la movió a los lados. Tartamudeando por los nervios o el deseo expuso:

- Carlos, cariño. Perdona. No vamos a… eso. ¿Vale? Pero quiero notarte. ¿Te parece bien?

No tenía muy claro qué quería. Acepté.

* Mientras haya sexo…

Se puso encima. Cogió mi erección poniéndola sobre mi pubis y se sentó encima. Seguro que su ano estaba sobre mis cocos y toda su vulva sobre la erección.

Los dos gemimos por el contacto. Calentito, suave, sabroso.

- ¡Te noto! ¡Uf! – Me miró. Sus ojos brillaban. - ¡Estás duro! Me gusta. ¿Te gusta así?

- Sí. ¿De dónde…?

No pude preguntar cómo se le ocurrió ponernos así, porque se puso a mover su cadera. ¡Me estaba pajeando con el coño!

- ¡Qué bueno!

- ¡Sí!

Realmente lo pasamos bien. Su rostro mostraba el placer que sentía. Mis manos lo mismo la sujetaban por el culo que intentaba acariciar sus tetas.

Al poco se precipitó su orgasmo.

- ¡Ah! – Quedó paralizada. - ¡Oh, dios!

Notaba su vagina palpitar sobre la polla y una oleada de flujo que me mojaba el pubis y llegaba hasta los testículos. Creo que también noté la dureza de su clítoris.

Abrió sus ojos. Me miró. Su rostro todavía mostraba deseo. Su respirar era sonoro. Sin dejar de mover su cadera preguntó:

- ¿Me amas?

- Sí, cariño. Mucho.

Me miró sonriendo. Dejó de moverse, necesitaba saber más.

- ¿Cuánto es mucho?

- Somos novios. – Dije serio mientras mis manos apretaban su culo con la intención que continuara moviéndose. Me sentía los testículos cargados. Con ganas de vaciarlos. - El siguiente paso es vivir juntos o casarnos.

Volvía a moverse, volvía a ser agradable.

- ¿Lo harás? ¿Te casarías conmigo?

* Hay a quienes les ponen una pistola en la sien para conseguir que prometan algo. No fue el caso. Yo tenía un coño sobre mi polla.

- Es lo que he dicho.

- Bien. Pues vamos a… a un poco más. – Su voz sonó bronca al preguntar. - ¿Tienes condones?

Sin salir de debajo de su cuerpo di un salto de alegría que toqué las estrellas. ¡Iba a follar con la mujer que más me gusta del mundo! ¡Con la que amo! Intenté no mostrar mi impaciencia.

- Sí. Me lo pondré después.

- ¿Qué? ¿Después?

La cogí por el culo para tirar de su cuerpo y mover mi cadera. El glande se situó en la entrada de la vagina. Tesa lanzó un gemido. Comprendió.

- ¡Ah! ¡Bien!

Tesa tenía el control de su cuerpo y el mío al meterse mi polla al ritmo que mejor le iba. Movió su cadera y el glande entró un poco en su vagina. Gimió diciendo que le gustaba. Se movió más y tensó su cuerpo. Volvió a gemir cuando dio un empujón moviendo la cadera.

- ¡Ya! Estoy con mi novio. – Empezó a moverse. - ¡Mi cuerpo es tuyo, Carlos! ¡Dios! Me gusta.

Ya no cesó de moverse hasta volver a correrse.

- ¡Ah! Es… Es… ¡Oh!

Su cuerpo se agitaba entre mis brazos, gemía. No podía entender sus murmullos. Noté una oleada de calor en los testículos.

Respiraba con dificultad contra mi pecho.

- ¡Oh! ¡Dime que me amas!

- Te amo. – Obedecí. - Cariño. Te amo. Siempre estaré a tu lado.

Notaba que su cuerpo se agitaba por partes, lo mismo eran sus brazos, que su cadera, o la apretaba contra mi erección.

- ¡Uf! ¡Ha sido fuerte!

Iba a moverse para continuar follado y con gran pesar recordé la necesidad de un condón.

- ¡Sí, sí! – Me miró ruborizada. Y a continuación giró la cabeza. – Tienes que retirarte tú, yo… no puedo moverme.

* Un segundo antes iba a mover su cadera para follar y ahora no podía moverse.

Asentí. Con una mano en su axila y la otra en las nalgas tiré al mismo tiempo que movía mi cadera. Me salí de su cuerpo y volvió gemir.

- ¡Ah! ¡Uh! Es enorme. ¡Eso estaba ahí!

La empujé a un lado. Me levanté de un salto y corrí al lavabo. Regresé con una toalla con un extremo mojado para que se limpiara.

- ¡No mires! – Ordenó al pasar la toalla por su intimidad.

Yo permanecía quieto, ligeramente girado. Observando el suave movimiento de sus tetas.

Cuando terminó dejó la toalla en el suelo doblándola de tal modo que no se viera la mancha de sangre.

- Luego me la llevo. ¿Vale?

No sé qué contesté. Tenía ganas de hondear la toalla, como si fuera un estandarte, desde mi balcón.

Por fin había follado tras varios meses de casta abstinencia.

* Eso de casta… pero no vamos a analizarlo.

La cogí en brazos, dije que la amaba y me dirigí a mi habitación.

Abrazada a mi cuello no preguntó. Sabía bien mis intenciones.

La dejé al pie de la cama. Abrí las sábanas y de un cajón preparé un preservativo. Dejándolo sin abrir sobre el mismo mueble.

Volví alzarla para situarla bien en la cama, me puse a su lado y nos cubrí con el edredón. Nos abrazamos.

- Te amo, cariño. – Murmuré. Estaba de lado por lo que podía acariciarle la espalda, el culo. – Ahora tenemos que ahorrar para nosotros. Buscar un piso que nos guste y todo eso.

- Sí. Te amo.

Mi mano pasó a sus tetas. Sus pezones estaban duros. Nos dimos otro beso y pregunté:

- Cariño… ¿Puedo acariciarte?

Rio. Su voz parecía una reprimenda. Con una suya cogió mi mano sobre sus tetas.

- ¡Si ya me estás acariciando!

- Ya sabes a qué me refiero.

* ¡Ahí estaba la desesperación!

Se giró para estar de espaldas sobre la cama y ofrecer mejor su cuerpo.

Me cogió la polla y la sacudió.

- Sí, cariño. En cuando estés listo.

* Llevaba varios meses listo.

Aún no me había corrido por lo que ya estaba más que preparado para follar. Volví a empujarla para que quedase en el centro de la cama. Me puse encima.

Su rostro. ¡Qué guapa y cuánto miedo contenía a la vez! Por eso, empleando otras palabras, pedí.

- Cariño. Te amo.

Creo que se dio cuenta de mi desesperación por follar.

- Sí, ven. Despacio.

Me puse el preservativo ante su atenta mirada.

Situándome mejor sobre Tesa, separó más las piernas para recibirme, parecía tan impaciente y nerviosa como yo. Nos besamos.

Al separarnos noté su respirar agitado. Estaba con ganas de empezar y en sus ojos mostraba temor a que le hiciera daño.

- Puedes venir. Te amo.

Me cogí la polla. Moviendo la cadera me acerqué más y en lugar de buscar la entrada a su cuerpo restregué el glande por la vulva.

Tesa gimió, seguramente pensaba que ya iba a penetrarla porque su cuerpo se tensó. Fue cuando me puse a jugar con su clítoris. Con el glande lo frotaba a los lados.

Sí. Tesa debió pensar que buscaba la entrada de su cuerpo porque indicó por donde, al tiempo que me empujada de la cadera:

- Es más abajo.

- Ahora. Lo que busco está aquí. ¿Lo notas?

Ya comprendió y me ordenó que dejara de jugar.

- ¡Basta! ¡Ven!

Creo que lo conseguí. Había aumentado sus ganas de follar superando su miedo.

Entré en su cuerpo intentando contener mi desespero o habría sido brusco. Los dos gemimos de placer.

- ¡Ah! ¡Carlos!

- ¡Cariño!

Y fue la mejor vez de mi vida. Y ella: tenía los ojos cerrados hasta que espoleada por el placer, los abrió al agitar su cuerpo.

- ¡Oh! ¡Parece más grande!

No sé si eso es posible. Mis ganas de follar sí que lo eran. El movimiento deslizándome en su vagina era delicioso.

Unos minutos y Tesa tenía el segundo orgasmo follando.

- ¡Es…! ¡Es…! ¡Uf!

Sus manos me cogieron con fuerza de mi cadera. Su cuerpo se agitó y creo que sus pezones arañaron mi pecho.

- ¡Carlos! ¡Cariño!

Por fin quedó quieta. Mientras que yo estaba tan lanzado, disfrutando tanto de su cuerpo que no podía parar el movimiento de mi cadera. Hasta que me fijé en su rostro y me contuve.

Mostraba una placidez total. El sosiego tras la agitación. Una leve sonrisa mientras mantenía los ojos cerrados. No podía perturbarla. No en ese instante, contuve mis ganas de continuar.

* Tenía la polla en su coño y no debía moverme. Sabía que no podía perturbar la recién galaxia de placer que habían creado sus sentidos.

Venciendo mis dudas besé sus labios. Y con todo el cariño que pude murmuré su nombre. Abrió los ojos. Sus labios se estiraron ampliando la sonrisa y murmuró:

- ¡Lástima del condón!

Parecía que iba a decir algo más, y en lugar de eso me empujó con las manos para que continuásemos.

* Menos mal. Estaba que explotaba.

Parecía que ya saciada se ocupaba más en darme placer. O que me animaba porque continuamente me hablaba entre jadeos y sin dejar de moverse.

- Así, cariño. Te toca. Soy tuya. Te amo.

Avisé que me faltaba poco.

- Bien, sigue. – Animó. - ¡Sigue!

* No necesitaba de su ánimo. Mi cuerpo se movía jaleado por esa única neurona: ¡Arre! ¡Galopa y corta el viento caminito de…! ¡Ahí! ¡Bien al fondo!

Poco después los borbotones de semen llenaron el condón. Tesa abría y cerraba los ojos a cada descarga.

- ¡Lo noto! – Admitió en un gemido. – Lo noto. Es… es. Me gusta saber que lo pasas bien. Que yo... te. ¡Eso!

Sus manos apretaron mi cadera con renovada fuerza, agitó su cuerpo mientras gemía mostrando que ahora disfrutaba de su orgasmo.

- ¡Ah! ¡Hui ¡Te amo!

- Cariño.

Retiré el condón dejándolo debajo de la cama.

Nos abrazamos. Sus rodillas abrazaban mi muslo y sobre la cadera notaba el pelo mojado de su sexo. Su respirar contra mi cuello se normalizaba.

Hubo besos hasta que se puso a hablar.

- Cariño. De momento será así. – Se ruborizó. – Con un preservativo. Ya iré al médico.

Dije mil veces que la amo. Y que por mi parte debíamos plantearnos vivir juntos ya.

- Los dos tenemos trabajo. Estaremos bien.

Curioso. Follando hablaba mucho y de repente quedaba callada, por eso también me callé.

Diez minutos, quizá fueran quince, y ya tenía ganas de hablar.

- ¿No crees que mis padres están muy cerca?

- No tienen llave. Y por eso dije de buscar otro piso.

- No sé. Ahora están caros.

* Nunca están baratos.

Interrumpiendo la conversación la empujé para que quedara a mi lado bocarriba. Situándome a su lado le pellizqué un pezón. Y me dispuse a chupar el otro que quedaba más cerca de mi boca.

- ¡Ah! ¿Qué haces?

- Jugar.

- ¿Qué? ¿Quieres más?

- Lo quiero todo.

Me acarició la cabeza. Agitando los hombros se ofrecía dejándome hacer. Mientras que con una rodilla presionó la polla contra mi barriga. No estaba erecta en ese momento y sabía que no tardaría en ponerme en condiciones de volver a follar.

- ¡Eres malo! – Protestó sin impedir que jugara con sus tetas. – Si te portas bien… te… te daré un regalo.

- ¿No me porto bien ahora?

No contestó por lo que continué con la caricia. Pregunté:

- ¿Puedo escoger?

- Pues… ¿Qué quieres?

- Unas braguitas.

Movió su cuerpo acercando el otro pezón a mi boca. Se apretaba la teta para que destacara más.

- ¿Braguitas? – Sonrió: - ¡Ah! Ya sé cuáles. La de los tréboles.

- Esas. Sí.

Le di un mordisquito y ese quejido me hizo dudar si le gustaba o me pasé. Que se cogiera las tetas apretándolas para que quedase más juntas me dio la respuesta. Siguiendo la conversación preguntó:

- Y qué… ¿Qué harás con ellas?

- Enmarcarlas.

* ¡Por dios! ¡Qué complicado es hablar y chupar pezones a la vez!

Fin.