Aprendiz de hot wife 1
Susana siempre creyó que el sexo era algo ajeno a ella, hasta que los ojos de Jesús la comenzaron a devorar. Vestida con minifaldas y escotes, descubre que excita al hombre que cena cada viernes en su casa, y que su madre lo ve todo con una mezcla de enojo y silencio.
Me llamo Susana y entonces era una chica de dieciocho años muy conservadora educada en un internado femenino extricto y muy ingenua. Mis padres gente conservadora y puritana me enviaron a un colegio interno en Inglaterra para hacer el bachillerato y mi experiencia sexual en ese momento era nula. Estaba convencida de que el sexo era algo ajeno a mi. En realidad no ocupaba mis pensamientos en absoluto. Me interesaba el deporte, la moda y viajar. Mi alto nivel de inglés me permitía desenvolverme en los viajes que hacía todos los veranos con mi tía, la hermana de mi padre que era soltera y muy reprimida para el sexo.
Así las cosas había convivido poco con mis padres en los últimos años. Solo les veía en navidades y algunos días en verano y a lo largo del año ya que todos los veranos viajaba con mi tía, como he dicho.
Me gustaba mucho la moda y vestía sexy pero sin tener conciencia del efecto que podía causar a los hombres. Lo veía como algo estético y de elegancia, sin más. Mi físico entonces era delgado, no en demasía, con pechos puntiagudos pequeños y duros. Los pezones muy marcados como la aureola. Tenia un culo bien redondo y mido 1.67 m. Pesaba unos 50 kilos.
Cuando acabe el bachillerato volví a convivir con mis padres y empecé a estudiar derecho en Madrid. Vivíamos en una zona residencial que no voy a identificar por privacidad. Mi padre era un empresario de cierto nivel y mi madre se dedicaba a organizar el servicio a jugar al tenis y a cuidar su estética. Ella tenía 41 años entonces y mi padre 52 años. Mi madre tenía un pecho espectacular para su edad, duro y firme y pequeño como el mío. Nada de celulitis. Mide 1.69 m. Y pesaba entonces unos 55 kilos.
Vivíamos en un casa unifamiliar con piscina y algo de césped,además de una zona de aparcamiento. Soy hija única y siempre he sido mimada. Mi habitación estaba en la parte de arriba y la de mis padres en la planta baja, en la zona del salón la cocina y el despacho, además de dos baños. El servicio no era interno y llegaba a las nueve de la mañana. Una cocinera, una limpiadora y un hombre que hacía de chofer y se encargaba de la piscina, el césped y todo tipo de recados y reparaciones.
Mi madre y yo somos de pelo castaño, tez clara y ojos verdosos. Mi madre que se llama María vestía sexy y juvenil muy a la moda.
Todos los viernes y sábados venís a cenar un amigo de la familia al que conocía desde pequeña, Jesús. Entonces tenía 44 años y hacía deporte, soltero, de 1.80 m y 80 kilos. Atractivo culto abogado de pelo castaño. Mi padre Antonio, estaba calvo y mide 1.75 m y delgado pero no atlético.
Estaba acostumbrada a ver a Jesús por casa desde pequeña por lo que no me estrañaba que viniera a cenar todos los viernes y sábados y que se quedara a dormir en la habitación de invitados que estaba abajo, junto a la de mis padres. Sin embargo ya me iba haciendo mayor y veía que Jesús me miraba con deseo, y que a mi madre esto le molesta aunque no dijera nada. Mi padre parecía no darse cuenta. Lo cierto es que me gustaba coquetear y vestirme sexy para las cenas. Así lucía mis minifaldas y mis escotes. Empece a excitarme dejando que mirara mis piernas con deseo. En realidad era algo muy inocente. Simplemente me gustaba llamar su atención y jugar a un juego al que realmente no sabía jugar, pero me mojaba al ponerme las braguitas pensado en que a él le gustaría levantar mi faldita para verlas.
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