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APP sexo con mi cita parte I

La cita comenzó con una cena y un juego de billar, pero la verdadera aventura comenzó cuando ella se quitó la ropa interior antes de subir a su coche. Ahora, en la oscuridad del patio, la tensión se rompe y la noche promete ser inolvidable.

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Lo conocí a través de una aplicación de citas. Al principio me uní por curiosidad, sin buscar nada serio, solo para entretenerme leyendo perfiles y viendo fotos. Una noche, mientras estudiaba, respondí un mensaje casi por impulso, y desde entonces comenzamos a hablar cada día. Sin planearlo, se creó una conexión especial; esperábamos con ilusión nuestra hora de conversación.

Después de unas semanas decidimos vernos en persona. Elegimos un bar con billar y llegué antes, nerviosa, cuidando cada detalle de mi ropa y mi aspecto. Cuando llegó, me sorprendió lo mucho que se parecía a sus fotos. Desde el primer momento hubo química: las miradas, las sonrisas y la cercanía nos delataban. Jugamos al billar, cenamos juntos y la noche fue fluyendo con complicidad. Al final, la atracción fue tan fuerte que ambos supimos que queríamos continuar la historia más allá de la cena.

Minutos antes de pagar la cuenta y salir por la puerta, había ido al baño, lo hice con la intención de quitarme la ropa interior y las medias. Lo hice, me las guardé en el bolso, esperaba que ocurriera la magia y no me equivoqué. Salimos del local, paseando llegamos hasta donde estaba su coche y la decisión estaba clara.

Al llegar junto a su coche, me apoyé contra él y le enseñé lo que llevaba en la mano. Era mi ropa interior. Y le dije que a partir de ese momento era toda suya.

Nos besamos junto a la puerta del coche. Me acarició la espalda, me estrechó mi cintura, me sujetó la cara con sus manos y me abrió la puerta.

Ahora mismo no sabría explicar cómo ocurrió del todo, pero lo hizo de forma tan natural que parecía que la historia debería continuar así. Así que entré en el coche, me senté, me puse el cinturón y me dejé llevar. Arrancó el coche y nos fuimos hacia su casa. Y en cada semáforo subía y bajaba su mano a través de mi muslo hasta tocar mi humedad.

En el camino, más de 10 semáforos nos fuimos encontrando, así que por suerte o por desgracia para mí, pude alargar ese momento mucho rato. Cada vez que yo iba anticipando que el semáforo iba a cambiar a rojo, me tensaba, pensando y anticipándome a lo que iba a pasar. Ese creciente deseo, hacía que el momento valiera la pena. Cada vez me encontraba más excitada. Cada vez mi pulso se aceleraba más.

Cuando lo pienso ahora, ese momento en realidad lo creé yo, o eso quiero pensar. Si no me hubiera entregado mi ropa interior antes de subir al coche, quizás hubiera sido un trayecto......ameno, pero no tan divertido y bueno ese momento lo tengo grabado a fuego, como si cada sensación y cada detalle se hubieran quedado impresos en mi memoria para siempre.

Al detenernos y aparcar frente a su casa, salió del coche, abrió mi puerta y me invitó a levantarme para salir de él. No lo esperaba. Lo cierto es que no lo vi venir. Sin pensarlo dos veces, primero atacó mi cuello, besando, mordiendo, y luego su mano entró por mi hendidura para ser consciente de cuánto me había excitado esa escena en el coche.

Lo cierto es que era pleno febrero y yo estaba ardiendo sin chaqueta y eso me lo provocaba él.

Era evidente que esa situación también le excitaba. Pude notar cómo su sexo iba aumentando de tamaño debajo de sus pantalones. A cada roce, a cada beso, a cada mordisco, su excitación y la mía iban creciendo.

Nos besamos, nos devoramos, atrapando y tocando, hasta llegar a la puerta del patio y con más torpeza que otra cosa, consiguió abrir. Ya dentro del patio, en la oscuridad, no pudimos contenernos. Empezó a masturbarme, más y más deprisa. Y yo no pude hacer otra cosa que dejarme llevar en ese primer orgasmo delicioso que hacía presagiar muchos más.

Yo comencé a tocarle también, desabrochando primero el cinturón, bajando esa cremallera y hundiendo mi mano dentro de su boxer. Hacía tiempo que no había visto una erección tan grande. Me apetecía disfrutarla poco a poco, igual que él me estaba haciendo disfrutar a mí en ese momento. Pero sostuvo y aguanto mi mano, me besó y entramos en su casa.

Cuando entramos en su casa, ya no habían prisas, aunque sí una gran pasión encendida entre los dos. Así que, le pedí que quedase apoyado junto a la puerta, porque en ese momento quería atrapar su erección con mi boca, con mi lengua, absorberlo, devorarlo, lamerlo, hacer lo mío.

Comencé a besar su mandíbula y su cuello. Empecé a bajar por su pecho y fui desabotonando poco a poco los botones de su camisa. Desabroché su pantalón y empecé a bajarlo. También me detuve en el elástico de su boxer y comencé a bajarlo lentamente hasta liberar completamente su erección.

Me gustó admirar su erección. Era mejor de lo que me había imaginado. Era mucho mejor que en las fotos. La tenía delante de mí e iba a ser toda mía. Me arrodillé frente a él, cogí una goma que tenía en la muñeca y me hice una coleta de la forma más sexy que pude en ese momento.

Cuando lo pienso ahora, creo que ha sido una de las escenas más sexys y excitantes que he vivido hasta el momento. Verlo ahí, de pie, totalmente expuesto, con el deseo cargado en sus ojos, y a mí, de rodillas, hambrienta por devorarlo, hace que ese recuerdo vuelva a mí muchas veces, y me toque y me masturbe pensando en él y en ese momento.

Comencé a lamer su pene desde el tronco, pasando mi lengua en toda su longitud. Primero por un lado, por el otro, hasta que mi lengua llegó a su glande. Lo acariciaba con ella haciendo pequeños círculos, primero hacia un lado y luego hacia el otro. Él empezó a estremecerse, a suspirar, a gemir.

Con una mano comencé a masajear sus testículos, mientras con mi boca iba profundizando en la felación. Iba salivando, haciendo que cada vez su miembro entrara un poco más dentro de mi boca, hasta abarcarlo por completo.

Irremediablemente, él quiso controlar el ritmo de las embestidas en mi boca. Comenzó sujetándome con una mano, hasta finalmente hacerlo con las dos. Una a cada lado de la mandíbula.

Verlo disfrutar del momento, empujando su miembro dentro de mi boca, atrapándolo con los labios, saboreándolo con la lengua, devorando cada centímetro de él hacia que yo estuviera muy excitada, notaba que estaba empapada y con el sexo latiendo entre mis piernas.

Mentiría si dijera que no lo disfruté. Quise que se derramara en mi boca. Pero en ese momento él tuvo un punto de cordura y frenó el momento. Me pidió que me levantara, que lo besara y que lo acompañara a su habitación.

Continuará…..