Degeneración veraniega de un matrimonio (2)
El sol quema la piel, pero la verdadera tentación está en la sombra. Jose cree que solo observa, pero Elena sabe que él ya ha cruzado la línea. Mientras las vecinas juegan con el fuego, el matrimonio se desmorona bajo la mirada de todos.
Esta serie tiene relación con el relato “Dile a tu hermana que venga desnuda a casa” (en https://www.todorelatos.com/relato/232576/) y con la serie “Mi hermana quiere vivir con nosotros” (el primero en https://www.todorelatos.com/relato/229791/). ¡No es imprescindible para entenderlo, pero puede ayudar a mejorar el rato!
Espero que os guste el “viaje” que comienza este matrimonio;)
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— 1 — https://www.todorelatos.com/relato/241351/
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El sol cae en línea recta sobre la piscina comunitaria, intensificando el calor, haciendo brillar los cuerpos y marcando las sombras tanto como las corta. Antes de levantarse de la tumbona, Jose se dirige a sus hijas, que saltan al agua y vuelven a salir para lanzarse desde un punto distinto.
— Niñaaas! ¿Queréis agua? Lleváis un rato sin tomar nada.
Y mientras se dirige a ellas, caminando despacio, sus ojos viajan a la izquierda, unos metros más allá de las niñas, a la esquina de la piscina en la que María se moja los pies, sonriendo mientras observa a su hermana y su marido en las tumbonas.
María tiene las piernas abiertas y los brazos apoyados a ambos lados de sus muslos. Su coño está básicamente expuesto a todos los presentes, tapado únicamente por una línea de perlas que brillan entre los labios vaginales. Jose observa desde su coño hasta sus tetas mientras María, sonriendo al darse cuenta, coge un poco de agua y se lo hecha por el cuello y en las tetas, haciendo más transparente aún el bañador.
Jose se ha parado en el lado opuesto de la piscina al que ocupan sus hijas y María, dejando atrás a su mujer. Pone sus brazos en jarras e insiste a las niñas en que vengan a beber, en un gesto que él considera cuidadosamente elaborado para que parezca que se dirige a ellas mientras observa a María a placer.
En ese momento, escucha la voz de su mujer en una expresión de claro desagrado por el descaro de la vecina.
— Pff! Joder…
María sonríe a Jose y a las niñas, y mira a Elena mientras se levanta, muy despacio, y tira de las del tanga hacia arriba.
Elena la mira y mira hacia su marido, intentando comprobar si hay alguna reacción de incomodidad. Ya los conoces suficiente como para saber que no, pero aún así lo hace. Mira a su marido con las cejas levantadas y saca de la nevera dos pequeñas botellas de agua.
La esposa de Jose se recoloca el bikini y lo estira observando cómo María pasea por el borde de la piscina dirigiéndose a sus tumbonas. Adrián está recostado boca arriba con los brazos cruzados tras la cabeza y los ojos cerrados. Gloria, tumbada boca abajo, sonríe al ver venir a su hermana y mete la mano en la bolsa de playa que hay junto a ella.
Jose escucha un “clac” a su espalda que le hace girarse hacia su mujer para mantener las formas, mientras piensa cómo sentarse para poder observar a las vecinas si ese sonido es lo que cree: un bote de crema solar abriéndose.
Cuando María llega a las tumbonas se sienta pegada al culo de Gloria, y, mientras coge el bote de crema que esta alarga hacia atrás, apoyándolo en su culo, se asegura de tener la atención de la audiencia y dar a Jose una excusa para mirarlas tranquilamente.
— Elena… — dice, con voz bien proyectada para no tener que gritar mientras calienta entre sus manos la crema, apretando sus tetas una contra la otra — ¿Te vas a venir a comer algún día con nosotras? ¡Te has quedado con ganas ya dos veces!
— Hija, no sé, me tienen absorbida las pequeñas arpías todo el tiempo que no estoy trabajando.
— Uuu… ¡que vergüenza, Jose! Trabajas en casa y es tu mujer la que tiene que hacerlo todo.
Jose sonríe incómodo mientras María, dirigiéndose a él, posa sus manos directamente sobre el culo de su hermana, expandiendo la crema, para después continuar hacia sus muslos.
Elena observa la leve sonrisa ladeada del cerdo de su vecino, tumbado boca arriba, con los ojos cerrados pero, a buen seguro, perfectamente atento a lo que ocurre.
— Bueno nena, tú cuando tengas un rato tú simplemente te apareces y te ponemos un festín.
El generoso culo de Gloria y sus muslos, masajeados lentamente por su hermana, hacen que Jose no pueda separar la vista por unos segundos.
— Eh, que Adrián dice que él no hace nada, no os metáis conmigo.
Elena, atenta, ve la sonrisa de Adrián y cómo, por toda respuesta, niega con la cabeza, sin abrir los ojos, hasta que María interviene.
— Este se cree que la lavadora es un monstruo y hay que protegerle. Termina de trabajar y se sienta en el sofá a que las señoras atiendan su polla. Menos mal que vienen a limpiar.
Y diciendo esto, mete la mano entre los muslos de su hermana, llegando con claridad a su coño y sacándole una risita nerviosa.
“Esto no es normal, joder”, piensa Jose.
María se gira levemente en el borde de la tumbona, echa más crema en sus manos y se la unta en los brazos. El líquido gotea levemente, cayendo un poco sobre las tetas cuando pasa por sus hombros. Después, toca directamente sus pechos, cubriendo de nuevo el pezón tras pasar la mano, primero una, luego la otra.
Elena mira a su marido mientras María se tumba y Gloria se levanta, cogiendo ella la crema para calentarla y dirigiéndose directamente a los muslos de su hermana. Jose desvía la cabeza hacia las niñas y su esposa suelta una risita burlona ante un gesto nervioso que entiende perfectamente. Gloria está untando la barriga de María y sus muslos, acariciando los labios del coño de su hermana a cada pasada y sacándole suspiros, hasta que resopla fuerte y le da un manotazo suave en la mano diciendo “Para, guarra, que soy tu hermana”.
Elena abre un libro, intentando abstraerse y pensando que quizá, sin su atención, el juego de las vecinas disminuya de intensidad. Está claro que les gusta el espectáculo también fuera de la webcam. Vuelve a preguntarse, como tantas veces, si realmente tendrán una relación incestuosa o son simplemente guarras que disfrutan de calentar a su marido.
Unos minutos después, María está en el agua, a veces continuando la exhibición y a veces charlando inocentemente con Sofía y Lucía, las niñas. Elena saca los ojos del libro por momentos, observando los avances de su marido, que se vuelve especialmente atento a las niñas en cuanto estas empiezan a jugar al pilla pilla en el agua con María.
La algarabía aumenta y Elena apoya el libro sobre sus tetas para observar. Y comprueba que el juego continúa. Su marido, el imbécil, está observando justo cuando un movimiento de la refriega hace que los mínimos triángulos del bikini de María se salgan de su posición, mostrando las tetas mojadas y saltarinas a Jose con toda la intención.
Elena empieza a resoplar cuando, en las tumbonas, observa un movimiento. Gloria y su culo surcado por un hilo está tumbada de costado en la tumbona de su cuñado, inclinada sobre él, con la cabeza pegada a su barriga y el brazo sobre su bañador. Jose está muy ocupado babeando a la vecina que juega a exhibirse con la excusa de juegos infantiles, y no se da cuenta de lo que pasa a su espalda.
Gloria mete una mano bajo el bañador negro de Adrián y la polla de Adrián salta dentro del bañador. Elena lleva sus ojos hasta comprobar que las niñas no pueden verlo desde esa distancia y ángulo.
“Vale, ahora a sobarle los huevos al chulo de putas delante de todo el mundo”
Pero en pocos segundos el bulto crece del todo, Gloria se asoma a la piscina y sonríe, antes de bajar el bañador y engullir el capullo enorme de Adrián, con los ojos cerrados. Sigue tragando hasta encontrarse con el bañador y lo vuelve a bajar, mostrando un camino que a Elena le parece interminable, y recolocando su cabeza para tragar una polla enorme y gorda. El bañador acaba bajo unos huevos gordos que Gloria atrapa con la mano una vez ha engullido el monstruo completo.
Adrián empuja la cabeza de Gloria contra su polla, gruñendo y entreabriendo los ojos para mirar a Elena, que no se da cuenta de que María ha ido andando hasta alcanzar a su marido y, recolocándose los triángulos sobre los pezones, le susurra.
— Si me quieres follar tendrás que hacer algún esfuerzo.
Continuará, claro;)
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