La urbanización del deseo (Capítulo 8)
Isa llega a casa con el cuerpo listo para el placer, pero una caída inesperada la deja completamente indefensa. Ahora, Alex no solo es su compañero de piso, sino su único apoyo para las necesidades más íntimas. La barrera entre amistad y deseo se desmorona cuando él debe asistirle en la ducha y en lo más privado.
La Urbanización del deseo
Sylke & Álvaro
Capítulo 8
Al salir de la casa de Tamara, sin creerme todavía lo que ha pasado, dirijo los pasos a la mía dándole vueltas a todo lo que ha sucedido en esa mañana tan especial y en la tarde que me espera y por un momento me había olvidado del tema de la socorrista, no sé muy bien cómo afrontar el reto de mi compañera, pero me sonrío pensando “¿y si realmente las cartas juegan a mi favor?”
Me siento frente al sofá y me quedo allí pensativo, frente al televisor, aunque está apagado, cuando de pronto, aparece Isa en braguitas y tapando sus pechos desnudos con su antebrazo y hablando por teléfono. Si ya de por sí, vengo caliente de casa de Tamara rememorando cada detalle, ver así a mi compañera, mucho más atrevida y desenfadada que nunca, no resulta sencillo y noto como mi pene vuelve a cobrar vida bajo mi pantalón.
Cuando ella cuelga se me queda mirando de frente y es escandaloso ese cuerpo al que no puedo dejar de mirar y ella continúa así, tapando sus pechos, pero esa pose resulta todavía más morbosa que si me los enseñara directamente y para colmo abajo esa braguita cubriendo su pubis deja al descubierto su cuerpo prácticamente desnudo.
− “¿Qué tal las clases con Tamara?” - me pregunta como si tal cosa.
− “¿Qué? ¿Cómo?”
− “Si, hombre, tenías clase, ¿no?” - me insiste, aunque estoy aturdido mirando como sus dedos tapan sus pezones y esa braguita que cubre el abultado monte de venus.
− “Ah sí... muy bien” - digo escuetamente, dibujando con disimulo ese cuerpo armonioso que tengo delante.
Me habría encantado contar a Isa con pelos y señales lo ocurrido unos minutos antes en casa de Tamara, como prometimos en contarnos todo, pero claro, no quiero dejar mal a nuestra vecina y me siento algo avergonzado, como si hubiera hecho algo inadecuado o me hubiera aprovechado de la situación... todavía me complica contarle a mi compañera esa vivencia única y menos me acostumbro a su cuerpo, por mucho que hayamos llegado a un acuerdo de sentirnos como dos buenos amigos, que ya somos, pero ahora con total sinceridad y sin pudores.
− “Ok... por cierto, hoy necesito la casa, tengo un plan” - me dice Isa.
− “¿Una morenita socorrista?” - le digo a modo de broma.
− “jajajaa.... Ojalá... pero no, esa me la vas a conseguir tú, ¿recuerdas?”
Por un momento me señala con su mano y ha dejado al descubierto sus pechos, pero ella se siente algo incómoda y se vuelve a tapar. Me ha encantado ver esos pezones por unos segundos.
− “Haré lo que pueda” - le digo refiriéndome a un plan con Mónica.
− “Bueno, de momento he quedado con una rubia, ya sabes, a través de la aplicación de ligues”
− “Entiendo... tranquila yo no estaré en casa, porque he quedado con otra”
− “¿Otra rubia?”
− “Bueno, sí, Silvia, nuestra vecina”
− “¿Te vas a follar a Silvia?” - me pregunta abriendo los ojos como platos.
− “No...no...sólo clases” - digo algo cortado, pues entre las palabras de Tamara y ahora las de Isa, parece que quieren que realmente lo haga.
− “Bueno, con Silvia nunca se sabe. Ya sabes cómo es...” - dice ella y sale del salón dirigiéndose a su cuarto y yo me quedo observándola mientras desaparece.
Comemos juntos y en ese momento me cuenta que ha quedado con esa chica con la que lleva chateando unas cuantas noches. Me enseña la foto y algunas conversaciones bastante íntimas, pero a priori parece maja y está realmente buena. Es, sin duda de su tipo y han quedado para conocerse. Tenemos un pacto en el cual, si uno de nosotros necesita la casa para una cita, el otro la dejará libre si esto es posible y si se avisa con antelación. En mi caso, al tener clases con Silvia, no me supone ningún problema y así se lo hago saber.
Nuestra conversación mientras comemos, es fluida y ella me cuenta lo enganchada que está con esa chica y cómo está de loca con querer impresionarla. Veo a mi compañera eufórica con ese encuentro con la rubia y por primera vez confesamos los gustos sobre mujeres de una forma desenfadada y muy abierta, como nunca... que acaba, por qué no decirlo, encendiéndonos por momentos. Tras el cafelito, me encargo de recoger la mesa y de fregar los platos mientras Isa se prepara para su cita.
Oigo la ducha en el piso de arriba y es inevitable imaginar el cuerpo desnudo de mi compañera bajo el agua y anhelando que llegue ese momento de verlo, especialmente el de depilar su chochito, cuando de pronto, suena el timbre de la puerta.
− “Hola vecino”. - me dice la despampanante Bea que me sonríe en la puerta de mi casa, con un atuendo deportivo, compuesto de mallas ajustadas y top a juego de color negro.
− “Ah, hola, Bea...” - digo sin poder evitar una mirada a la rotundidad de sus curvas y ella hace lo propio conmigo, mirando especialmente mi paquete, o al menos eso me parece.
− “Perdona, que te moleste, pero, ¿podrías hacerme un favor?”
Eso, dicho por mi vecina Bea, es cuando menos un aliciente en mi mente calenturienta.
− “Sí, claro. ¿Qué necesitas?” - le pregunto.
− “Una opinión masculina.”
Sin darme tiempo a contestar, tira de mi mano y me lleva a su casa, mientras yo admiro ese culazo que me impresiona a cada paso y que esa madurita cachonda luce como nadie. Mi cabeza no para de dar vueltas, pero por un momento creo que quiere que me la coma y saber mi opinión... ¿pero qué demonios estoy pensando? Me imagino que después de lo vivido con Tamara se me está yendo la cabeza.
Al llegar a su chalet y entrar, veo que Mónica, su sobrina, se está probando un modelito frente al espejo. Está realmente espectacular, con ese vestido floreado, algo ajustado, con un busto que resalta con su piel tan morena, lo mismo que las de sus piernas ensalzadas con unos tacones de plataforma.
− “Hola Alex.” - dice esa preciosa chica, que además luce su pelo rizado recogido en una especie de moño.
− “Hola Mónica.” - digo admirando ese cuerpo juvenil.
− “¿A qué está guapa?” - me pregunta su tía, que está a mi lado y yo la miro y vuelvo a admirar de nuevo sus curvas.
− “Sí, claro, muy guapa, estás preciosa.”
− “¿En serio?, ¡Ay gracias, Alex!” - responde la chica halagada de forma tímida.
Bea apoya su busto en mi hombro, lo que hace despertar a mi polla bajo mi pantalón de deporte y ella me dice:
− “Si, es que es boba, tiene una cita y dice que quiere deslumbrar. ¿A que está rompedora?”
− “Claro, es evidente… ¿Tienes una cita, Mónica?”
Es inevitable pensar en Isa, que tiene otra cita precisamente, aunque no es Mónica, pues su chica es rubia y no una morenita sexy de piel oscura y que mi compañera está loca por devorar... bueno, ¿y quién no? De algún modo siento una especie de celos o envidia, porque me encantaría ser el protagonista de esa cita con la preciosa Mónica.
− “Si, dentro de un rato. En realidad, la cita es con mi pareja, je,je... pero quiero estar deslumbrante.”
− “Creo que lo vas a conseguir... lo de deslumbrar, quiero decir”
− ¿En serio, Alex? dime la verdad ¿Estoy bien?” - me pregunta Mónica dando un giro.
− “Estás increíble. Si yo fuera tu chico, te pediría hoy mismo casarte conmigo” - le comento con total convicción y es que esa chica es el sueño de cualquiera, entre ellos, el de Isa y el mío.
Mónica deja el espejo para girarse frente a mí, como si esa frase mía la hubiera pillado fuera de juego y se me queda mirando fijamente.
− “Bueno suponiendo que tu pareja sea un chico” - digo para romper ese momento de tensión evidente.
− “Claro... no va a ser con una chica, je,je. ¿No?” - responde ella sin dejar de mirarme.
− “No... claro, bueno, no sé, hoy en día esas cosas no...” - intento decir y en cierto modo, por su respuesta, veo que va a ser imposible que pueda liarla con Isa y al mismo tiempo miro a su tía, a la que podría devorar yo mismo si consiguiera ese difícil objetivo.
− “¿Te has quedado mudo?” - me pregunta Bea.
− “No, sí... que estás preciosa, sea para un chico o para una chica.”
Las dos mujeres se ríen por mi comentario y me agradecen mi opinión masculina, pero me siento un poco desilusionado por ver que mi objetivo está demasiado alejado y mientras Bea me acompaña a la salida, veo sus tetas con el rabillo del ojo. Cuando se despide me dice:
− “Ah, Alex... te puedes llevar cuando quieras el cortacésped.”
− “¿Ya no lo necesitas?”
− “No, pues lo uso para poder tomar el sol en el jardín, ya sabes, todos los días a la misma hora, aprovechando para ponerme morenita.”
Su tono suena raro, al menos eso creo y no dejo de pensar en si me habría visto cuando me estuve pajeando desde mi ventana y ella estaba en su jardín, pero su sonrisa, su frase y esa insinuación suena casi a invitación, como si quisiera decirme que puedo repetir.
− “Vale, ya me paso en un rato.” - digo y me giro nervioso y excitado, con mi polla bastante morcillona.
− “¡Alex!” - me llama antes de darme la vuelta agarrando mi mano.
− “Dime, Bea.”
− “Lo de las cartas del otro día ¿Ha funcionado?”
Creo que enrojezco, pues no sé hasta qué punto esas cartas han acertado de lleno, en muchos sentidos.
− “Bueno, no hace falta que contestes, tu cara lo dice todo. Que sepas, que sacaste una buena mano y que los astros están a tu favor. Creo que hoy, si todo se cumple, se va a repetir tu suerte.”
− “¿Ah sí?”
− “Ya verás como sí. Aprovecha cualquier oportunidad, no la eches por tierra.” - añade y acercando sus labios a mi mejilla me da un beso muy cerca de mis labios.
Me dirijo a casa con una calentura descomunal, dando vueltas a esas palabras de Bea y a saber si me estaba lanzando la caña, era un juego de seducción o simplemente acertaba con lo de que las cartas jugaban a mi favor y eso sonaba bien, teniendo en cuenta de que tenía clase de inglés con Silvia.
Al abrir mi puerta me encuentro en el salón a Isa, que ya está preparada. Cuando la veo casi me da un infarto……está preciosa, se ha maquillado lo justo y está divina, lleva un vestido moderno, con la espalda al descubierto y con un gran escote en uve que apenas cubre sus perfectas tetas. Sus bonitas y esbeltas piernas lucen al máximo, gracias a unos tacones de aguja infinitos y es que está realmente impresionante.
− “Guauuuu, que guapa Isa, estás increíble” - digo con sinceridad.
− “Huy, gracias, pero no creo que sea para tanto” - dice ella.
− “Madre mía, cuando te vea la chica va a flipar”- afirmo dibujando esas curvas de mi compañera.
− “Ya veremos, ji, ji, aunque me gustaría que fuera otra la que se metiera en mi cama, ya sabes....“- me contesta.
Está claro que se refiere a Mónica, pero no me atrevo a contarle nada de la conversación que acabo de tener con ella y su tía hace apenas unos instantes, ni por supuesto que Mónica tiene una cita con su chico y que lo de las mujeres, ni de lejos. Desde luego, el proyecto de ver el chochito de mi compañera, también está demasiado remoto, mientras admiro esas piernas que tengo delante.
− “¿Estás bien?” - me pregunta, al verme pensativo.
− “Ay, no, bueno, sí, voy a recoger unos libros y me voy a casa de Silvia, ya desaparezco de aquí” - le digo
− “Gracias y siento haberte avisado con tan poco tiempo, Alex. Eres un cielo”- añade y me da un beso del mismo modo que hiciera Bea, volviendo a crear esa tensión bajo mi pantalón.
− “No pasa nada, tú disfruta de la cita, ya me contarás” - respondo titubeando.
Ella se ríe viendo mi reacción y supongo que sabe que estoy cachondo y que ella me vuelve loco a pesar de que tengo muy poco que hacer con esa mujer, primero porque no le gusta la carne, sino el pescado y segundo porque viendo la actitud de Mónica, ni tan siquiera voy a tener la suerte de ver su coño y mucho menos de poder palparlo. Me quedaré con las ganas...
Me voy a mi habitación excitado, sí, pero algo rabioso, pues no parece eso de que las cartas jueguen tan bien, al menos en esta mano. Recojo un par de libros de inglés y diversos apuntes para ir a mi segunda clase particular, aunque quiero pensar, que, haciendo caso a las cartas de Bea, no me van a hacer falta. Me imagino que Silvia al final le habrá sonsacado todo a Tamara y pienso que puede estar esperándome desnuda, para recibir ella también unas clases como las que ha recibido su mejor amiga. Mi cabeza no para de darle vueltas a todo lo que en tan breve espacio de tiempo me ha sucedido…las cartas, las vecinas, la socorrista, mi compañera, uufffff parece que mi vida ha dado un vuelco en nada, ayer era una persona normal y hoy parece que estoy en boca de todo el mundo, las vueltas que da la vida. Al fin y al cabo, no puedo ser negativo y es que me están saliendo cosas maravillosas y quiero hacer caso a las cartas y sueño que mi cita con Silvia será muy particular. De ilusiones vive el hombre...
Me planto frente a mi armario y dudo que prenda elegir, con tanto calor los pantalones largos están descartados, pero los cortos me jugarán una mala pasada, de eso estoy convencido. Al final me pongo un polo camisero y unos pantalones cortos de lino junto con unas zapatillas casual. Recojo mis cosas y cuando voy a disponerme a salir de la habitación oigo un tremendo golpe y un lastimero lamento de mi compañera en el piso de abajo. Me asusto, pues el sonido es muy fuerte.
Dejo las cosas y salgo rápidamente de la habitación, al final de la escalera me encuentro a Isa tirada en el suelo, su gesto de dolor y su cara desencajada lo dice todo: se ha caído por las escaleras.
− “Isa, ¿estás bien?” - digo asustado, mientras bajo corriendo para intentar auxiliarla.
− “Alex, me he caído……¡¡¡ayyy!! cómo me duelen los brazos” dice medio llorando, mientras yo la coloco sentada y ella sigue quejándose de sus muñecas.
− “Tranquila que no pasa nada, estoy aquí”
− “No puedo mover las manos, algo me he roto” - exclama en un lamento con lágrimas en los ojos y bastante dolorida.
Agarrado a su cintura, logro asirla y levantarla del suelo, su cara es un poema, unos lagrimones corren por sus mejillas, está con muchos dolores y me muestra sus brazos abiertos, dejando sus manos a la vista, las cuales están inflamadas por el golpe. Entonces es cuando soy consciente de que puede ser que se haya roto los brazos, puesto que, no puede moverlos, al menos las manos.
− “Ay, me los he roto, Alex” - se queja cuando intento tocarlos.
− “No, déjame verte” - le digo buscando la posible fractura.
Mi experiencia de varios años en medicina deportiva me ha permitido ver toda clase de roturas y no parece que en este caso lo sea, pero sí que hay algún tipo de esguince o fisura.
− “No parece que haya nada roto, pero te lo tiene que ver un médico” - le digo para tranquilizarla mientras la reviso palpando con cuidado.
− “Me he caído por culpa de los tacones, dios... qué torpe” - dice a modo de justificación.
Debido a la postura y ese vestido tan fino, Isa deja a la vista sus hermosas piernas al completo, rematadas con esos zapatos de aguja que son los culpables de haberle provocado la caída. Luego mis ojos se van a ese escote en uve, que la hacen tan deseable. Es tan linda... Veo que ella sigue con quejidos.
− “Bueno, no te preocupes por nada... además, ¿sabes? estás preciosa con los tacones.
− “Ay, joder, tú siempre animándome” - dice con media sonrisa.
− “Tranquila mujer, no te alarmes, es un accidente, lo importante es que estés bien”
− “No estoy bien Alex, me duele mucho y mira cómo se han hinchado” - dice mostrándome las manos.
− “Vamos al médico ahora mismo, te llevo”
− “Espera, que igual no es nada, luego si acaso… además tienes clase” - dice ella.
− “No vamos a esperar, nos vamos a urgencias ahora mismo”
− “Pero ¿y tú clase?”
− “Mi clase puede esperar a otro día, tú no, así que dime donde tienes tu documentación que la recojo y nos vamos” - digo enérgicamente.
Mientras dejo a mi compañera sentada en el sofá, algo más serena, recojo sus papeles en su habitación, junto con unas zapatillas de deporte y le ayudo a cambiarse de calzado, ya que, no puede mover sus manos. Al coger sus tobillos y sacarle el primer tacón siento como una especie de escalofrío por todo mi cuerpo, si ella supiera la de veces que imaginé con desnudarla. Ella me mira y me dedica una sonrisa, viéndome que estoy tan dispuesto y a la vez preocupado, aunque lo intente disimular. Algo más serenado, voy al garaje saco el coche y lo coloco en la puerta donde ayudo a Isa a montar en él, después nos vamos a urgencias.
Llegamos al centro médico, que está bastante cerca y allí permanecemos toda la tarde en medio de un mogollón de gente que también está esperando atención médica.
Mientras nos encontramos en la sala de espera, le pregunto:
− “¿Quieres que avise a tu cita?”
− “Si, por favor, Alex, ¿le puedes mandar un mensaje? Yo no siento ni los dedos.”
− “Claro, mujer”
Naturalmente ella no puede escribir, así que cojo el móvil de su bolso y le tecleo un texto contándole el accidente a la chica con la que había quedado, para que se quede tranquila. También aproveché y envié un mensaje a Silvia explicándole la situación y la anulación de la clase particular. Es tal la incredulidad de mi vecina que hasta tengo que sacar una foto y enviársela para que me crea. Me pongo a pensar que quizá estaba ansiosa por recibir una clase al menos tan divertida como la que había recibido su amiga por la mañana. Pero en ese momento no me preocupo más de que mi compañera se ponga bien.
Al final nos atiende el traumatólogo de urgencias y tras varias pruebas radiológicas se confirman los temores de Isa, aunque el diagnóstico resulta favorable: esguince y leve fisura de ambas muñecas. No hay rotura.
El médico le coloca unas férulas en ambos antebrazos hasta que baje la hinchazón para mantener la inmovilización de los mismos. Después vendrán las escayolas si la cosa empeora, pero la buena noticia es que no hay fractura y las fisuras curan antes, aunque debe de estar con ellas al menos veinte días. La cara de Isa es un poema… llora de impotencia y el dolor ha pasado a un segundo plano, gracias también a los calmantes.
− “¿Que voy a hacer ahora Alex? no puedo valerme por mi misma…..” - dice llorando amargamente una vez que salimos de la consulta.
− “Ey, no llores por favor… tienes que estar contenta, no es tan grave como creías. La verdad es que después de la aparatosa caída, has tenido hasta suerte, te podías haber abierto la cabeza por las escaleras”
− “Ya, tenías razón, Alex, pero... ¿Qué voy a hacer ahora?”
− “Pues relajarte. Me tienes a mí, tú tranquila que yo me ocuparé de todo” - digo acariciando su mejilla.
− “No puedes estar en todo… ¿no lo entiendes?” - me dice sin dejar de llorar.
− “He dicho que me ocuparé y lo haré… sabes lo mucho que me importas y cuanto te quiero” - dicho lo cual la abrazo con ternura.
− “Gracias, “- responde tras entregarse al abrazo totalmente derrotada por la situación y eso parece tranquilizarla un poco más.
Salimos del centro médico ya bien entrada la noche y volvemos a casa con un silencio sepulcral en el coche por parte de Isa, intento animarla, pero el esfuerzo es en vano, su cabeza es un hervidero y se dedica a mirar por la ventanilla sin apenas mostrar interés por mis palabras. Al llegar a casa nos damos cuenta de la dimensión real de la lesión, al tener ambas manos inutilizadas hay que ayudarla en todo y cuando digo todo es todo. Isa sigue preocupada y así me lo hace saber:
− “Alex no puedo hacer nada sola, ¿te das cuenta?”
− “Lo sé, pero si confías en mí será todo más fácil y llevadero”.
− “Ya, pero absolutamente nada...” - insiste preocupada.
Entiendo que no sólo es que esté de baja durante estas semanas, sino que, además, no va a poder realizar sus tareas básicas, como vestirse, asearse...
− “Mira Isa, sé que no va a ser fácil y tendrás que vencer muchos prejuicios, miedos incluso vergüenzas…. pero nadie mejor que yo para ayudarte, intentaré hacerlo lo mejor que pueda y voy a poner toda mi alma en ello. Sabes que es mi trabajo y además, van a ser poco más de dos semanas.
Ella parece conforme en principio, pero su cara sigue con preocupación.
− “¿Qué pasa Isa? - digo retirando un mechón de pelo sobre su cara.
− “Llevo dándole vueltas todo el rato desde que salimos del médico…Alex ¿te das cuenta de que no puedo ir al baño sola?”
− “Me hago cargo de la situación, no será fácil, pero tenemos la suficiente confianza como para hacer estas cosas el uno por el otro, estoy seguro que si hubiera sido al revés lo habrías hecho por mí, ¿a qué sí?” - digo con seguridad.
Se queda en silencio y yo también. Porque alguien la tiene que desnudar, que, ayudar a sus necesidades básicas... y no tiene a otra persona más que yo para eso, algo que inevitablemente me lleva a tener otra especie de escalofrío por todo mi cuerpo. Voy a ver desnuda del todo a Isa, la voy a bañar, a asear... a ayudar a vestirse... ¿no es un sueño?
Continuará...
Sylke & Álvaro
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