Xtories

La urbanización del deseo (Capítulo 9)

Isa cree que necesita ayuda para ducharse, pero Alex tiene otros planes. Al entrar en la bañera juntos, desnudos y resbaladizos, la línea entre el cuidado profesional y el deseo prohibido se desvanece bajo el agua caliente.

Sylke and Friends11K vistas9.4· 38 votos

La Urbanización del deseo

Sylke & Álvaro

Capítulo 9

Isa me mira con su cara de preocupación, pero acaricio su bello rostro con delicadeza y ternura.

− “Isa, somos profesionales, ¿recuerdas?, No tienes por qué preocuparte por nada. Soy tu ángel de la guarda” - le digo con intención de borrar sus miedos.

− “Pero en que lío te meto, Alex”

Ella se preocupa por tener que estar pendiente de ella todo el día, pero ¿qué mejor regalo para mí?

− “En serio, dime ¿tú no lo harías por mí?” - le digo sonriente.

− “Visto así, está claro que yo lo haría por ti sin dudarlo, pero joooo es complicado, ¿me entiendes no?, por ejemplo, necesito una ducha antes de acostarme, menuda forma de empezar a perder la vergüenza.” - digo con una ligera sonrisa.

− “Oye, soy yo ¿vale? No hace falta que te diga que he visto a cientos de mujeres desnudas”

− “Sí, sí, pero...”

− “Recuerda que teníamos una apuesta y que yo mismo te iba a afeitar allá abajo” - digo riendo y provoco que ella suelte esa risa que afloja sus nervios.

− “Eso es cierto, pero no sé…. me siento estúpida.”

− “Oye, de eso nada... eres mi amiga y haré lo que sea por ti”

− “Eres un cielo” - me dice.

− “Isa, te voy a cuidar y no voy a dejar que te pase nada malo, además esta misma tarde acabas de verme medio en pelotas y masturbándome, así que, no me hables de vergüenza”

− “Eso es verdad” - afirma - “con eso estaremos empates”

− “Bueno, estarás dos semanas sin masturbarte tú...”

− “Jajajaja...”

La risa de Isa demuestra que está mucho más tranquila y confiada, aunque en el fondo pienso que lo de masturbarla yo mismo no estaría nada mal.

Mi compañera me pide que le de la información a su cita, esa rubia con la que había quedado, pero parece que la otra chica ha encontrado rápidamente un repuesto y ha quedado con otra mujer en la aplicación.

− “¡Será zorra!” - dice cuando se lo cuento.

− “Bueno, tranquila que pronto te traeré a Mónica... ya verás. Esa rubia se pierde este pedazo de bombón” - añado señalándole.

− “Sí, eso lo dices para consolarme otra vez” - dice con un mohín de enfado.

− “Bueno, ahora, vamos a cambiar esa ropa” - le indico apuntando al vestido que lleva puesto.

Ayudo a Isa a llegar a su habitación y le pregunto qué ropa quiere ponerse, tras elegir un tanga negro y la parte de arriba de un pijama corto me indica donde están. Lo cierto es que mi compañera tiene una buena colección de lencería, de lo más variada y sexy. Saco las prendas que me indica del cajón dejándolo todo encima de la cama.

− “Venga, vamos a la ducha. A ver si te relajas un poco, que estás muy tensa con todo lo que ha sucedido…” - le comento intentando animar un poco a mi compañera.

− “Pero ¿ahora? ¿Me tengo que desnudar entera delante de ti?”

− “Isa... ¿qué hemos dicho?”

− “Ya, pero...”

Veo que es imposible que Isa se relaje, por mucho que yo la anime.

− “Espera un momento” - digo abandonando su cuarto.

Tras decir esto, me dirijo a mi habitación y dejando los prejuicios fuera y me desnudo por completo. Está claro que si quiero ayudar a mi compañera a ducharse tendré que hacerlo yo todo y meterme con ella en la ducha, además, así no estará ella en inferioridad de condiciones frente a mí. Agarro mi polla y mirándola digo: "Tú pórtate bien y no me dejes mal” - le hablo como si tuviera vida propia y el caso es que a veces... la tiene. Miro en el espejo mi cuerpo desnudo y me digo una vez más que soy un tipo con suerte o quizás las cartas otra vez jugaron a mi favor... ya no sé qué pensar.

Sin demorarlo más, me dirijo desnudo al cuarto de mi compañera con dos bolsas de plástico para proteger las férulas. Al entrar en su habitación, Isa se me queda mirando con la boca abierta.

− “¡Alex!” - exclama en un pequeño grito, observándome.

− “¿Qué pasa?” - digo yo con naturalidad.

− “Pero, estás en pelotas ¿Dónde vas así?”

− “Pues contigo a la ducha, o ¿es que te vas a duchar vestida?” - añado seguro. - “Venga ponte en pie que te quito la ropa y te protejo los brazos para que no se mojen”

− “Está bien… pero esto es muy fuerte” - añade meneando la cabeza sin creerse que vayamos a entrar en la ducha juntos y desnudos.

Mi compañera se pone de pie y con cuidado empiezo a desnudarla por completo, primero le quito el vestido, sacándolo con cuidado por su cabeza. Luego comienzo con las zapatillas de deporte, mientras ella lo observa todo y me repite:

- “En qué lío te he metido, Alex”

- “Oye, ningún lío, ¿vale?” - respondo sacando la última zapatilla, “te recuerdo que este es mi trabajo”

Me levanto y pienso en cosas que no hagan que mi miembro se despierte, es una técnica milenaria china que aprendí en yoga y que suele funcionar, pero ver a Isa en ropa interior negra de encaje y tan reducida, es algo complicado y empiezo a notar cómo la sangre llega a mi entrepierna. Giro su cuerpo y le quito el sostén con lentitud, para luego bajar ese bonito tanguita de encaje que lleva arrastrándolo por sus interminables piernas.

Ver a mi compañera desnuda es algo alucinante, pues contemplo por primera vez y desde bien cerca, la rotundidad de su trasero y las curvas que forma su estrecha cintura, ensanchando a sus caderas. He tenido la oportunidad de ver muchas mujeres desnudas en la consulta y con alguna he pasado mal rato, pero estar en pelotas y frente al cuerpo desnudo de Isa, es demasiado.

Ella se gira lentamente y me ofrece la maravillosa desnudez de su cuerpo, esta vez de frente, quedándome mudo observándola. Sus tetas, que he visto esporádicamente alguna vez, están frente a mí, rotundas y perfectas, tanto por su tamaño como por su forma, redonditas, erguidas, de una talla noventa. Isa no tiene ni una gota de grasa corporal, es inevitable ver la forma de su tripita plana, para llegar con mi mirada su sexo bordeado con un mechoncito de pelo negro.

- “Bueno, por fin me lo has visto” - comenta todavía algo nerviosa.

Intento concentrarme y no soy capaz de decir nada, pues tener a Isa tan cerca y absorber su aroma corporal es algo sublime… tanto es así que mi polla ha ido de por libre, para empezar a ponerse dura sin mi permiso. La cara de Isa es un poema, pues está súper cortada, con todo esto y supongo que ver mi polla en ese estado no ayuda nada. Yo también me siento cortado, a pesar de pretender normalizar todo.

- “Uf, cómo se te pone eso” - dice mirando cómo va creciendo mi miembro inexorablemente.

- “Perdona, Isa” - digo cuando ella se queda con la vista fija en mi entrepierna.

- “No pasa nada, Alex, supongo que es normal” - responde ella queriendo quitar importancia a eso.

Nos dirigimos al baño de su habitación y entramos tras la mampara con dificultad, porque a pesar de que Isa tiene un plato de ducha más grande, no está pensado para dos personas y más cuando pongo el agua en marcha y nos retiramos del primero chorro frío, nuestros cuerpos desnudos se rozan ligeramente, pudiendo notar sus tetas blanditas en mi espalda.

- “Ah” - suspira y noto que ella intenta retirarse, pero hay poco espacio y yo he podido notar hasta la protuberancia de su pezón.

- “¿Todo bien?”

- “Si, lo que pasa es que es extraño. Es la primera vez que me ducho con un hombre”

Cuando el agua está a la temperatura adecuada, me giro y esbozando una sonrisa, que mi compañera me devuelve, comienzo a mojar ese precioso cuerpo. Isa, al sentir el cálido líquido empieza a relajarse y a dejarse hacer a pesar de que vez en cuando su vista sigue fija en mi polla, ya que es algo a lo que no está, precisamente acostumbrada. ¿Quién le iba a decir a ella, que íbamos a estar ahí metidos?

− “¿No tienes esponja?” pregunto, mientras miro la estantería que hay dentro con los geles y champús.

− “No, no me gustan, son un foco de bacterias”

− “Sí, es cierto. Yo tampoco uso. De eso sabemos un poco tú y yo”

Me echo un buen chorretón de gel de baño en mis manos y comienzo a enjabonar su cuerpo con delicadeza. Lo hago primero en su tripita, sus caderas, su cintura, pero llega el momento de enjabonar sus tetas. Mi compañera al sentir mis manos en esa parte deja salir una sonora exclamación.

− “Ufffff…..”

− “¿Estás bien?” - pregunto y veo al mismo tiempo mi polla dar un respingo.

− “Sí, sí, perdona…es que es una sensación rara, ¿me entiendes no?” contesta ella.

− “Sí, tranquila, para mí también resulta extraño”

− “Bueno, ya sé que tú has enjabonado a más de una” - dice ella queriendo tener una conversación en esa situación tan surrealista.

− “Sí, claro”

− “Bueno, pues en tu caso, eres el primero, siempre han sido manos femeninas, las que han tocado mis tetas, bueno... salvo mi ginecólogo”

− “Espero estar haciéndolo bien.” - comento.

− “Muy bien, Alex”

Mis dedos, gracias al jabón y a la gran cantidad de espuma que ha producido, se deslizan por su piel con facilidad. Le digo que se gire, enjabonando esa bonita espalda para acabar deslizando mis dedos en su bonito culo y a pesar de que no le gusten los hombres, mis masajes hacen que ella suelte un leve jadeo. Eso siempre me ha estimulado y a mi pene ni digamos, pues está totalmente tieso.

- “Gírate, Isa” - le ordeno.

Al hacerlo y quedamos frente a frente, ella con sus manos levantadas dejándose hacer está con la vista en mi empalmada y su cara de susto, mientras yo procuro mostrar naturalidad. Mis dedos acarician sus perfectas tetas de nuevo, con mucho cuidado, haciendo que sus pezones se endurezcan al sentir el contacto de mis yemas. Aparte de ser masajista y enfermero, sé que tengo buena mano con eso, nunca mejor dicho y sigo amasando esos pechos, esmerándome en los pezones hasta notarlos bien duros.

Desde luego que esta situación es súper excitante para mí, a pesar de que Isa es lesbiana y no le gusten los hombres, a mí las mujeres sí que me gustan y tener a una belleza en esa situación es algo fascinante, increíble y muy erótico y para corroborarlo, ahí está mi erección haciendo de las suyas ya que con esa distancia tan corta es inevitable y esta vez no puedo disimularlo en absoluto, como suelo hacer en la clínica, ahora estoy desnudo como ella.

- “Bueno, ahora... voy a...” - le aviso embadurnado el gel en mis dedos con intención de lavar su sexo.

Me mira, extiende en su rostro una sonrisa algo nerviosa y responde con la voz entrecortada:

- “Adelante”

Mis dedos recorren sus ingles, luego sus labios vaginales con mucho cuidado, pero gracias al jabón se deslizan sin problemas, recorriendo cada pliegue y entonces noto que mi compañera gime levemente…

- “¡Ahhhh! “

− “¿Todo bien?” - pregunto, retirando mi mano un segundo.

− “Sí, sí, Alex... es que ufffff sentir tus dedos por esa zona es algo…”

Noto sus pechos moverse con su respiración agitada, su cara enrojecida y su voz temblorosa.

− “¿No me digas que te está gustando?” - digo sonriendo maliciosamente como si fuera de broma.

− “Bueno, unos dedos, son unos dedos... continúa” - me anuncia.

Está claro que aunque no le gusten los tíos, unos dedos le están tocando en puntos erógenos muy vulnerables. Sigo ya mucho más suelto, acariciando ese precioso coño de mi compañera, frotando con cada dedo, incluso pasando mi pulgar por la rajita blanda que lo acoge fugazmente.

− “A ti sí que te está gustando…” - me dice mirando a mi polla que está apuntando alto.

− “Oye que uno no es de piedra… lo siento Isa.”

− “No lo sientas... al final has obtenido tu pago antes de tiempo. Y creo que te lo has ganado”

Es inevitable recordar el acuerdo, en el que yo me comprometí a rasurar su pubis, lo que no me imaginaba, ni de lejos, es que todo fuera a suceder tan de improviso... y es entonces cuando vuelvo a pensar en Bea y en sus cartas. ¿Tendrá algo que ver? Desde luego, escuchar los gemidos de Isa es algo que no me esperaba para nada.

− “Espero que no estés incómoda, pero es inevitable, ya sabes, con lo buena que estás y yo aquí enjabonándote…” - digo señalando mi polla para querer quitar hierro al asunto, intentando ser ocurrente en esa surrealista situación.

− “Anda que ya te vale……aprovechándote de tu compañera impedida, jjjj”

Ella se deja hacer por mis manos, una en su entrepierna y la otra en sus pechos. En un momento que me giro para coger más gel, mi erección roza su cadera.

− “Madre mía que dura la tienes… ¿entonces está así por mí? - me pregunta.

− “¿Tú qué crees?… tenerte aquí así es como un sueño cumplido, con la de veces que me he masturbado pensando en ti.” - digo enrojeciendo.

Ella se queda sorprendida.

− Alex, ¿Te has masturbado pensando en mí? - pregunta entrecortadamente con mi mano acariciando esa rajita.

− “Bueno, sí... yo... perdona mi sinceridad, pero hemos quedado que...”

− “Al contrario, me encanta que me lo digas y no te sientas mal, es todo un halago, aunque sea un hombre quien me lo diga. Pero entiendo que esto sea excitante para ti. Me pongo en tu lugar.”

− “Uff, Isa, ahora aquí los dos juntos en la ducha, esto no lo voy a olvidar en la vida” - afirmo sin dejar de hurgar con mis dedos en esa maravillosa vulva.

− “Vete terminando anda, que eres capaz de violarme aquí… o a lo mejor te explota ese trozo de carne antes, que parece que va a reventar, ufff”. - afirma entre risas y emitiendo jadeos nerviosos.

Creo que Isa, en realidad a lo que tiene miedo es a correrse gracias a mis dedos.

− “Perdona, es que me emociono. Ya termino, anda date la vuelta que te aclaro” - digo intentando serenarme.

A pesar de que se me ha hecho corta esa ducha, disfrutando del cuerpo de mi amiga y compañera, no quiero abusar de mi momento, ni de las circunstancias. Una vez aclarada, ayudo a Isa a salir de la ducha y con suavidad empiezo a secar con la toalla todo su cuerpo con delicadeza y le quito las bolsas de plástico que protegían sus brazos.

- “Gracias, compi. Eres muy cuidadoso. Ahora, si no es mucha molestia, ¿me podrías aplicar algo de crema hidratante?”

- “Por supuesto”

Ella se ríe al verme tan ilusionado y nos dirigimos a su dormitorio, en el que me señala la mesita de noche, para que abra el cajón y saque la crema. Al abrirlo, me encuentro, algunas de sus pertenencias y dos consoladores, uno de ellos con dos puntas, que imagino que se meterán las chicas al unísono, un aparato estimulador de clítoris y algunos otros dildos, desde luego juguetes no le faltan. Nos miramos, pero ninguno decimos nada, cuando vuelvo a dejar esos "utensilios” donde estaban.

El “problema” llega al aplicar la crema hidratante, ufffff sentir ese cuerpazo con mis dedos embadurnados de crema es algo muy sensual y erótico. Mi polla empieza a dolerme por la tremenda erección y con Isa así es imposible que la cosa baje ni un ápice. Ella vuelve a sonreírme y mira mi polla que oscila con mis movimientos alrededor de su cuerpo embadurnándolo completamente con esa crema. En alguna ocasión, al estar tan cerca, es inevitable que mi glande roce su piel y noto que todo mi cuerpo tiembla.

- “Gracias... supongo que hoy te harás otra buena paja a mi salud” - me dice cuando termino.

- “Yo...”

- “Perdona, no quería importunarte, pero imagino que tienes que bajar eso”

- “No, si es que tienes razón, Isa. Estoy demasiado caliente después de tocarte”

Mi preciosa compañera me regala una sonrisa y a pesar de mi excitación, sigo manteniendo el tipo cuando le pongo el tanga que había elegido y a continuación el pijama, compuesto por una fina camiseta y pantalón corto y regreso a mi habitación para vestirme. He de confesar que entra en mis planes hacerme una buena paja pensando en lo que acaba de suceder en la ducha, pero decido que mejor no, que viendo que esto se puede repetir a menudo, tengo que ser fuerte y controlarme, al fin y al cabo, soy un profesional. Miro el teléfono y compruebo que tengo un montón de llamadas perdidas y mensajes, de Tamara, de Silvia, del trabajo...

Aprovecho para llamar a Silvia y contarle lo ocurrido con detalle, pero entiende perfectamente mi ausencia en la clase y me ofrece su ayuda en lo que pueda necesitar. Le tomo la palabra, pues a pesar de que suena bien eso de bañar a mi compañera, vestirla o lo que sea, no voy a poder hacer todo, principalmente cuando tenga que mi turno de trabajo, además serán un par de semanas más o menos... y no puedo dejarla sola, ya que necesita atención continua.

Se me ocurre crear un grupo de mensajes con Tamara, Silvia y Bea y les explico en un texto lo que necesito de cada una de ellas. Esas mujeres se muestran displicentes y me contestan que podemos organizarnos en horarios y que vaya haciendo una especie de cuadrante, pero hay una cosa que me llama la atención del mensaje de Bea:

- “Por cierto, Alex, podemos avisar a Mónica, mi sobrina, ya sabes, que es socorrista y puede ayudar a Isa en todo lo que necesite”

Casi doy un grito de alegría al leer eso y es que otra vez todo llega de la nada y parece que mi destino me marca el camino de forma inmediata, sin tener que hacer nada. Para empezar, poder tener cerca a Mónica ya es todo un regalo, pero saber que remotamente hay una aproximación a mi trato.... ¿Será todo fruto de las famosas cartas? Mónica vendría a casa y podría duchar a Isa. Es cierto, que yo aprovecharía para hacerlo otros días, pero eso me daba juego a nuestro acuerdo.

También llamo al trabajo para contarles lo sucedido y enviarles la baja y poder sustituir en alguna tarea a Isa.

− “Alex, ¿puedes venir?” - oigo la voz de Isa desde su habitación.

− “Voy” - contesto al momento.

Al entrar veo a mi compañera tumbada torpemente encima de la cama.

− “Ayúdame porfa, quiero acostarme ya, estoy muy cansada”

− “Espera que te ayudo a levantarte y te abro la cama... Pero ¿cómo has acabado así?” - le pregunto mientras ayudo a que se acueste correctamente.

− “Pues iba a coger las pastillas que me han recetado, pero es que no puedo con estas manos, soy una inútil” - me dice levantándolas con cara de apuro.

− “Oye, de inútil nada... además, ¿en qué hemos quedado? Yo te ayudaré en todo lo que necesites, ¿vale? Y no hagas nada por tu cuenta o será peor. Si necesitas cualquier cosa, me das un grito y vengo al momento”

− “¡Qué buen enfermero eres...! “

− “Casi tan bueno como tú”

− “Además estoy feliz de ser tu compañera y tu amiga... bueno ahora confidente, jiji.”

Los dos reímos mientras la voy arropando en la cama y mirando esas tetas bajo su pijama que unos minutos antes he tenido la suerte de sobar a base de bien. De pronto, ella me mira fijamente y cuando pongo cara de preguntar qué pasa, me dice:

− “¿Alex, te importaría dormir conmigo? Si no quieres, lo entiendo, pero es que, si necesito algo, será más fácil y creo que todavía estoy algo dolorida”

Creo que no soy capaz de reaccionar, cuando ella levanta los hombros esperando mi respuesta.

− “Claro mujer, cuenta con ello, venga hazme sitio que ahora vuelvo, voy a apagar las luces y estoy contigo” - respondo ilusionado como un niño

Tras apagar las luces de la casa vuelvo a su habitación y me meto en la cama con ella, vestido únicamente con un bóxer, que es lo único que uso para dormir. Isa por suerte duerme hacía el lado opuesto al mío, así que, me coloco en mi sitio con la intención de abrazarla como estoy acostumbrado a hacer cuando no duermo solo, aunque francamente, hace mucho de eso.

− “¿Te importa si te abrazo?” le pregunto.

− “No, está bien, Alex, pero ten cuidado con mis muñecas”

− “Claro, tendré cuidado”

Y tras decir esto, me acerco a ella, pego mi cuerpo al suyo y mis brazos la rodean con mucho cuidado, quedando mis manos a la altura de su cintura, aunque cualquier movimiento me lleva a tocar sus pechos. Es inevitable el contacto corporal y mis manos quedan acopladas bajo los pechos de mi compañera. Me siento el hombre más afortunado del mundo y es que han pasado tantas cosas en tan poco tiempo. ¿Realmente han sido las cartas?

Continuará...

Sylke & Álvaro