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Siervas del hombre: bienvenidas a mi harem 07

Rodrigo siempre tuvo claro que sus siervas eran su propiedad, pero cuando decide comprar a Anahí, la chica que un día lo ignoró por su estatus, despierta algo peligroso en Alejandra. Los celos se transforman en desafío, y Rodrigo decide que es hora de recordarles a todas quién manda de verdad.

Jane Cassey Mourin5.7K vistas9.4· 7 votos
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RODRIGO

Las cosas con Alejandra cambiaron drásticamente a partir de la mañana que siguió a esa charla que tuvimos, en la que le aseguré que no era mi intención compartirla con nadie, que la quería solo para mí, un cambio de ánimo que se hizo evidente desde el momento en el que salí de la habitación y me recibió con un dulce beso en los labios, seguido por una encantadora sonrisa que me alegró el día, antes de que tomara mi mano y me llevara de esa forma al comedor donde la mesa ya estaba puesta, donde me esperaba un desayuno que seguramente le había tomado una considerable cantidad de esfuerzo, porque sobre los platos había wafles, huevos fritos, tocino e incluso preparó café de ese que la gente hacía tiempo atrás con olor a canela y un sabor dulce que no entendí muy bien de dónde provenía, pero que sabía delicioso.

Sí, en definitiva se sentía bien volver a verla tan alegre, admirar la hermosa sonrisa que se dibujaba en sus labios de tanto en tanto, haciéndome pensar que tal vez estaba en el camino de olvidar la clase de cosas que tuvo que vivir desde que la convirtieron en sierva y hasta antes de que yo la encontrara; y no lo voy a negar, era gratificante saber que de alguna manera había encontrado la forma de ser feliz a mi lado, algo que seguramente descansaba en buena medida en el hecho de que no quisiera darle la misma vida que a Ivette, de que no tuviera la más mínima intención de subastarla y alquilarla como un juguete sexual como lo hacía con esa mujer.

- Amo, sé que ayer me dijo que quería que lo acompañara temprano a la galería para buscar una sierva, pero… bueno, es que me preguntaba ¿Cómo la traeríamos a casa si solamente tiene la moto? - comentó con timidez, creo que sin terminar de definir los límites de la libertad que le había concedido al interior del departamento.

- Sí, también lo pensé hace rato y se me ocurrió que tal vez lo mejor sería ir solo, pero luego lo consideré mejor y me parece que tal vez es hora de comprar un auto, pues si las cosas salen como las planeamos, necesitaremos un vehículo más o menos grande para trasladarnos.

- ¿Ha pensado en alguno en especial? Porque los carros no suelen ser baratos, quiero decir, si no se toma una buena decisión, podría tener que invertir una gran cantidad de dinero en ello.

- En realidad el auto también lo compraremos en la galería - contesté de inmediato, viendo cómo Alejandra levantaba la mirada, sin poder evitar mirarme como si creyera que me había vuelto loco - te explico. Hace rato me puse a buscar una agencia de autos usados, porque si, en realidad no quiero desembolsar una gran cantidad de créditos en ello, y por accidente me encontré con que las galerías de La Corporación, tienen a la venta algunos de los vehículos que les son incautados a las mujeres que se convierten en siervas y cuyas propiedades pasa a ser del gobierno, son carros usados, sí, pero según leí se pueden encontrar buenos vehículos a un precio muy bajo, así que, cuando vayamos a la galería, probaremos suerte con eso ¿Qué te parece?

- Bien, supongo, aunque comprar el auto de una chica que se ha convertido en sierva suena… bueno, no sé, un poco perverso - expresó, nuevamente con cierta inseguridad, un detalle que decidí pasar por alto.

- Sí, supongo que tienes razón, pero por ahora es la mejor opción - respondí, tratando de no sonar demasiado autoritario, pero dejando en claro que eso era lo que haríamos, antes de que nos dedicáramos casi exclusivamente a comer, para que luego Alejandra se fuera a lavar los trastes y yo me metiera en la habitación para vestirme, minutos antes de que Alejandra se uniera a mí en la recámara que compartíamos, de que, por primera vez desde que llegó, notara que esa chica se había puesto la misma ropa todos los días, pues era la única que tenía y yo no había cumplido con mi palabras de comprarle más ropa como se lo prometí el día que visitamos al estúpido de su exesposo - ¿Sabes algo? de regreso de la galería visitaremos un almacén de ropa, necesitas tener algo más que lo que llevas puesto y, si encontramos a una chica que cumpla con mis expectativas, quizás resulte útil que ambas puedan tener algo lindo que ponerse.

- Gracias, amo. Eso sería genial - respondió, contagiando su voz con cierto tono de entusiasmo, sonrojándose incluso un poco mientras se calzaba sus tenis y me esperaba a que terminara de vestirme, algo que no tarde demasiado en hacer, que precedió al momento en el que nos salimos de la habitación y nos dirigimos hacia el estacionamiento, donde mi mito ya nos esperaba, notando que todo el tiempo ella me tomó de la mano y me rodeó el brazo con el suyo, tratando de mantener una cercanía conmigo que no había buscado en los días anteriores, como si lo que le dije la noche anterior hubiera sido lo único que necesitaba para liberarse de cualquier clase de impedimento para que pudiéramos acercarnos un poco más, a nivel personal, una idea que por sí misma me hacía sonreír por dentro, provocándome un ánimo que me esforcé por controlar, pues a pesar de lo que sentía, seguía convencido de que no sería bueno que ella notara lo mucho que me atraía y la clase de cosas que estaba sintiendo por ella.

Viajar en moto con Alejandra siempre resultaba una experiencia gratificante, porque era una de las pocas veces que podía sentirla tan cerca sin contar cuando teníamos sexo claro. No lo sé, se sentía bien que me abrazara, que recargara su cuerpo a mi espalda, que se sujetara de mi cuerpo necesitando sentir la seguridad que yo le brindaba. Sí, definitivamente me agradaba viajar de esa forma con ella, aunque solamente fuera a la galería, la cual en aquella mañana parecía estar casi vacía.

- Amo ¿Cree que encontremos a una chica como la que está buscando? Quiero decir, a una mujer conocida, que le inspire la confianza suficiente para mantenerla en casa - preguntó, aunque debo admitir que en aquellas palabras noté un cierto aire de reproche, algo que me hizo pensar que tal vez no estaba tan contenta con la idea de que hubiera otra sierva en casa, a pesar de que fuera ella quien lo hubiera sugerido.

- No lo sé, la verdad lo estuve pensando, pero por más que me esfuerzo en recordar a alguien, un nombre o algo que pueda darle a Emilio para que me ayude a encontrar a alguna mujer de mi pasado, no se me ha ocurrido nadie. Supongo que si quiero que las cosas funcionen, tal vez debería reducir mis expectativas, aunque me parece que eso significaría que tendría que enrolar a la nueva sierva al mismo ritmo de trabajo en el que se encuentra Ivette, ya sabes, manteniéndola alejada del departamento, saltando de un servicio a otro - expliqué, sin estar convencido de ello, pero lanzando aquel anzuelo para ver cómo reaccionaba ante la idea de que en el departamento siguiéramos estando ella y yo solos, una trampa en la que cayó con demasiada facilidad pues no logró ocultar el atisbo de aquella sonrisa que noté en la comisura de sus labios mientras nos manteníamos ambos parados a un lado de la moto, sin que ella me respondiera, pero notando en el brillo de sus ojos que aquella idea le agradaba.

¿Acaso quería ser la única sierva en casa? ¿De alguna manera se le había metido en la cabeza que existía la posibilidad de que estuviera solamente con ella y con ninguna otra sierva? Si era así, las cosas no serían muy fáciles para ella porque mi intención de comprar más mujeres no radicaba solamente en el hecho de hacer más dinero, sino también en la posibilidad de tener más variedad en mi vida sexual, porque si bien lo que tenía con Alejandra iba más allá de lo físico, al menos para mí, no estaba en mis planes reservarme solamente para ella, después de todo, ella seguía siendo mi sierva y yo no dejaría de ser su amo sin importar la clase de sentimientos que pudiera inspirarme.

Por supuesto que aquellas preguntas se hubieran resuelto con tan solo plantearle tal clase de cuestionamientos, sin embargo, dada mi intención de fingir un cierto nivel de desinterés hacia ella, consideré que hacerlo sería insensato, aunque admito que se sintió bien pensar en la posibilidad de que, por alguna razón que aún no conocía, ella quisiera estuviéramos solos en el departamento, que solo me quisiera para ella.

- Vamos adentro, tenemos muchas cosas que hacer el día de hoy - comenté, caminando de inmediato a la entrada de la galería, sintiendo muy pronto cómo Alejandra se aferraba a mi brazo, llamando de inmediato mi atención por la fuerza con la que lo hizo, la cual se hacía más evidente en la medida en que avanzábamos hacia el interior de la galería, provocando que incluso volteara a verla para preguntarse si estaba bien, algo que no pude hacer antes de que llamara mi atención la amable y ya conocida voz de un trabajador de La Corporación.

- ¡Rodrigo! ¡Qué gusto me da verte de nuevo por acá! - me saludó Emilio tras apenas haber dado un par de pasos en el interior de la galería.

- Hola, Emilio, me alegra verte de nuevo - respondí, sintiéndome un poco aliviado de encontrarme con él, con alguien conocido en ese lugar en el que, a pesar de ya haberlo visitado en un par de ocasiones, no terminaba por sentirme del todo a gusto.

- ¿Has venido a buscar algo en especial? O ¿Tal vez quieres hacerle alguna modificación estética a tu sierva? - dijo, mirando a Alejandra de una forma extraña, como si se tratara de un auto al que tratara de encontrarle alguna falla que pudiera arreglar.

- Quiero encontrar otra sierva, Alejandra se ha convertido en mi sierva de compañía y quiero mantenerla en casa, así que necesito una chica con la que pueda hacer que el negocio prospere - respondí, tratando de no prestar atención a la forma como ese hombre veía a Alejandra ni tampoco al amanera como ella se abrazaba a mi brazo con fuerza desmedida, entendiendo que para ese hombre las mujeres con un brazalete no eran nada más que un activo susceptible de ser comprado y vendido, una actitud que seguramente no le agradaría en lo más mínimo a mi sierva.

- Muy bien ¿Buscas algo en especial o…?

- Bueno, el criterio no ha cambiado, quiero adquirir a una mujer que haya conocido de antes, así que supongo que tendré que lanzarme a la aventura por mi cuenta para encontrar a alguien así.

- Veo que aún no has considerado buscar a alguien en específico.

- Así es, pero no pierdo la esperanza de que hoy pueda salir de la galería con alguien interesante.

- Espero que así sea, de cualquier manera, si quieres alguna novedad, acaba de llegar un lote en la sección que está más cercana al área de estética, la mayoría son mujeres recién capturadas y también hay algunas siervas que participaron activamente en la protesta que están siendo bastante solicitadas por nuestros visitantes, tal vez te convendría verlas, recuerda que las mujeres directamente vinculadas con Aurora son las más solicitadas por militares y miembros de La Corporación - dijo esas últimas palabras en un tono mesurado, como tratando de que nadie más lo escuchara.

- Gracias, amigo, lo tomaré en cuenta mientras camino un rato por la galería a ver qué me encuentro.

- Por supuesto, si necesitas algo más, solo házmelo saber ¿De acuerdo?

- Hecho - respondí, antes de volver a estrechar la mano de ese hombre, de dar media vuelta y disponerme a comenzar el recorrido hasta que escuché de nuevo la voz de Alejandra, sonando muy cerca de mí, con un cierto tono de miedo o tal vez de incomodidad.

- Amo, yo… lo siento, es que no me siento muy cómoda estando aquí, yo… me trae recuerdos no muy gratos, así que… yo… ¿Podría esperarlo en la moto, amo? - dijo, mirando hacia un lugar en específico con mucho detenimiento, haciendo que volteara con curiosidad para saber a dónde dirigía su mirada, encontrándome con una chica que resultaba físicamente muy pequeña, siendo grotescamente manipulada por un hombre alto y fuerte que la penetraba sin compasión, arrancándole gritos de dolor y placer que seguramente se confundían entre sí bajo los efectos de la ambrosía que para ese momento era un hecho que inundaba sus venas.

No pude negarme a su petición en cuanto vi sus ojos llorosos y noté la forma como temblaba casi de cuerpo entero, provocando que sintiera un poco de pena por esa chica, que respondiera solamente con un asentimiento antes de que se me ocurriera que tal vez podríamos ahorrar un poco de tiempo.

- ¿Sabes algo? ¿Por qué no vas a ver los autos que tienen disponibles en esta galería? Tal vez así podríamos ahorrarnos algunos minutos y no pasar tanto tiempo en este lugar ¿Qué te parece?

- ¡Sí, sí, eso me encantaría! - respondió de inmediato, demostrando un cierto alivio ante la posibilidad de poderse distraer con algo que estuviera lejos de aquellas chicas a las que usaban sin descanso en las cabinas de la corporación.

- Bien, le llamaré a Emilio para que te guie en…

- No, por favor, no haga eso amo, ese hombre no me agrada, habla de las mujeres como si… me hace sentir muy incómoda, si me lo permite, buscaré yo misma los autos y luego le digo lo que encontré.

- ¿Estás segura de que quieres hacer esto sola?

- Sí, amo, lo estoy - dijo, mostrándose nuevamente nerviosa mientras el sujeto con la mujer pequeña retacaba su miembro en la garganta de la pobre chica.

- De acuerdo, si tienes algún problema busca a un empleado y haz que me llamen por los altavoces - dije, antes de ver cómo asentía con la cabeza para luego perderse de mi vista, alejándose de aquello que de la hacía sentirse tan incómoda.

A pesar de que no era la primera vez que estaba en ese lugar, recorrer la galería me seguía resultando algo surreal, porque no era fácil caminar por pasillos donde la mayoría de las chicas en las cabinas se masturbaban imprimiendo una notable desesperación en los movimientos de sus manos, notando que algunas de las mujeres que se encontraban en ese lugar, eran las mismas que ya había visto con anterioridad, pero dándome también cuenta de que otras eran nuevas, muchas de ellas encontrándose en la edad límite para ser siervas, jovencitas que apenas superaban la mayoría de edad, que me daban algo de pena tras haber corrido con la mala suerte de convertirse en siervas en un momento tan prematuro de sus vidas, un estado de ánimo que por fortuna no duró demasiado cuando las mujeres a quienes miraba comenzaron a ser cada vez más maduras, llegando incluso a ver a un par de mujeres de edad avanzada, una de las cuales estaba siendo usada por un tipo más o menos de mi edad que mantenía una mirada perversa mientras la penetraba sin permitir que los ojos de la sierva se desviaran de los suyos, una imagen que por un par de minutos me mantuvo cautivado, hasta que un pequeño tumulto de hombres comenzó a hacer un poco de escándalo al final de aquel pasillo, donde unos pocos hombres hacían fila esperando su turno con una sierva que al parecer lograba atraer a tantos posibles… ¿Clientes? ¿Amos temporales?

- ¡No te metas en la fila! ¡Todos llevamos un rato esperando nuestro turno! - gritaba un tipo con una barriga muy pronunciada, luciendo iracundo mientras miraba a un chico que seguramente no llegaría ni a los veinte años y que lucía un poco asustado ante las palabras de ese gordo que lo amenazaba señalando con el retorcido dedo índice de una de sus peludas y asquerosas manos.

- ¡Cálmese, señor! Dejé apartado mi lugar, solo fui al baño, puede preguntarle al hombre que está ahí adentro - respondió el muchacho, permitiendo que el miedo y la timidez se apoderaran de su voz, mirando al gordo con inseguridad, en un vano intento por defender el lugar que tenía en medio de una escena que resultaba vergonzosa al tratarse de una fila para tener sexo con una sierva, nada que me motivara a intervenir de alguna manera, pero que me dio la oportunidad de aprovechar la distracción que esos dos provocaron para leer la información de aquella chica por la que se estaban peleando, de quien por cierto no podía ver su rostro, pues tenía la cabeza hacia el lado contrario de donde yo me encontraba y a un hombre encima de su cuerpo, bombeando su trasero con mucha fuerza, en medio de los gemidos que emitía sin cesar, que me hacían entender que estaba sedada bajo los efectos de esa droga con la que controlaban a las siervas.

- ¡Carajo! - susurré en un volumen tan bajo que nadie logró escucharme, reaccionando ante la sorpresa que me provocó ver el nombre y la foto de aquella muchacha que en aquel momento estaba siendo violada por ese sujeto que no parecía querer terminar con lo que hacía, porque se trataba de alguien que de hecho conocía, de una chica de la universidad con quien compartí algunas clases, el tipo de mujer que solía hacer uso de su atractivo físico para colocarse a sí misma en un pedestal, para pretender ser inalcanzable, a pesar de pertenecer a una clase social no muy prestigiosa, de que desde muy chica hubiera tenido que hacerse cargo de sus hermanas menores dado que sus padres fallecieron a de manera prematura, dejándole lo que tenían a su hija mayor, lo cual no creía que pudiera ser mucho en realidad.

Por unos segundos o tal vez un par de minutos, no pude apartar mi mirada de la escena que se gestaba frente a mis narices, porque me parecía increíble que la misma chica que en la universidad solo salía con deportistas e hijos de hombres adinerados, estuviera en ese mismo momento siendo usada por un desconocido, sufriendo de su posición como sierva, habiendo abandonado sin remedio sus intentos por convertirse en una mujer de la alta sociedad, por ser algo que jamás fue a pesar de que hubiera dedicado gran parte de su tiempo a intentarlo.

No lo negaré, verla en esa posición me hizo sentir un poco de satisfacción, porque por los días en que compartíamos clases, esa chica solía ser presumida y arrogante, le gustaba hacer menos a quienes creía que no estaban en su nivel y solía pavonearse moviendo el culo por todos lados, provocando a todo el mundo con sus vestiditos cortos y escotados, como si quisiera tentar a los chicos que consideraba en una liga inferior para luego demostrarles que jamás la podrían tener.

Sí, Anahí era ese tipo de chica cuando estudiamos, aquella a la que muchos solían admirar solo de lejos porque temían la rección que pudiera tener si se atrevían a acercársele o a hablarle ante la posibilidad de ser humillados públicamente, la misma que en aquel momento gemía tras haber sido rentada por a ese tipo que la penetraba por insignificante cantidad de 260 créditos, un monto que vi en el monitor de la cabina, antes de observar que su precio de compra era de apenas 5200 créditos, una cuota no demasiado alta en realidad, tratándose de una chica que era considerablemente hermosa y que no tenía un historial violento o que de alguna forma sugiriera que podría ser un peligro tenerla en casa, provocándome una sonrisa al entender que esa chica presumida estaba al alcance de una simple transacción monetaria, que en realidad, estaba a punto de convertirse en mi propiedad.

Cuando la chicharra que anunció el final del tiempo del sujeto que estaba con ella, no tardé más de un segundo en hacer lo necesario para comprarla, mientras los idiotas a mis espaldas seguían discutiendo y algunos cuantos trataban de evitar que el tipo gordo golpeara a ese chico asustadizo que por lo poco que entendí de entre todo lo que se dijeron, había acudido a ese lugar para tener sexo por primera vez.

- ¡Hey, tú! ¡Quítate del monitor! ¡Es mi turno! - gritó el tipo gordo, caminando con un aire de peligrosidad en mi dirección, sin lograr que yo me moviera de donde estaba pues, por un lado, ya había comprado a la chica a la que ese imbécil se quería coger, mientras que por otro lado no creí que ese sujeto representar un verdadero peligro para mí, algo que confirme cuando el tipo se quedó parado a unos pasos de mí, sin atreverse a hacer algo en mi contra o decirme alguna estupidez, quedándose parado como idiota hasta que Emilio se apareció acompañado de dos hombres de seguridad.

- Lo siento mucho, pero el caballero ha comprado a la sierva de esta cabina, así que no será posible… - comenzó a decir Emilio, hasta que ese hombre asqueroso se dio envalentonó y comenzó a despotricar en mi contra, creo yo que dándose valor al ver a esos tipos de seguridad, creyendo seguramente que si intentaba algo, ellos impedirían que le provocara cualquier clase de daño.

- ¡Hijo de puta! ¡Ese cabrón ni siquiera estaba formado! - gritó el tipo obeso, interrumpiendo a Emilio, provocando que mi amigo mirara en dirección de los tipos de seguridad y les hiciera una señal para que intervinieran, una indicación que fue acatada de inmediato por esos enormes tipos quienes de inmediato se aproximaron al sujeto que estaba armando un lío para sacarlo por la fuerza del lugar, en medio de gritos y consignas en mi contra, haciendo que por unos momentos, todos los que ahí nos encontrábamos, lo miráramos al marchare, resultando una escena un tanto penosa, pero considerablemente satisfactoria al tratarse de un patán que merecía el trato que le dieron.

- ¿Mismas indicaciones que con tus siervas anteriores? - preguntó Emilio sin dejar de mirar al tipo obeso hasta que desapareció de nuestro campo visual, al tiempo que otros dos sujetos de seguridad llegaban para llevar a mi nueva sierva hacia el área de estética donde la limpiarían antes de descontaminarla, tatuarla y hacer todo lo que fuera necesario para que finalmente pudieran entregármela.

Cuando Anahí salió de la cabina, su estado era deplorable, físicamente distaba bastante de la hermosa chica que conocí en la universidad, un hecho que me hizo pensar que no la había pasado bien desde que la capturaron, más aún cuando noté que, a pesar de que le hubieran retirado la ambrosía, parecía estar demasiado débil como para sostenerse en pie por ella misma, generándome muchas dudas acerca de la cantidad de hombres que habían estado con ella durante las últimas horas, días o semanas, algo que supongo que de alguna manera notó Emilio, quien de inmediato se apresuró a dar una explicación del deplorable estado en el que se encontraba esa chica rubia.

- Ha tenido una estancia muy movida desde que llegó y, como la trajeron desde otra galería, supongo que no ha gozado de mucho tiempo para descansar - dijo, hablando de nuevo de esa manera fría y carente de emociones, de la misma manera como había hablado de cada sierva que entraba en la conversación desde el día que lo conocí, un estilo que seguramente contribuyó a que Alejandra decidiera alejarse ese lugar y se fuera a buscar el auto en el que regresaríamos a casa - vayamos a la sala de espera para… ¿Dónde dejaste a la sierva que trajiste? - preguntó de pronto, notando hasta ese momento que Alejandra no estaba conmigo.

- Leí que en las galerías vendían autos decomisados, así que la hice que fuera a echarles un ojo, necesito un vehículo para transportar a las siervas cuando venga a comprarlas, porque la moto ya no es suficiente para ello.

- ¡Excelente! ¡Me alegra que estés pensando en expandir el negocio! Pero no deberías dejar que una sierva ande por ahí sin supervisión, recuerda que al ser de tu propiedad, eres responsable por lo que pueda hacer, además, si llegara a escaparse… bueno, eso sería un problema aún mayor.

- No te preocupes, no creo que lo haga - respondí, pensando en lo poco probable que un escenario de esa clase resultaría al tratarse de Alejandra mientras comenzábamos a caminar en dirección del área de estética, una conclusión a la que llegué después de lo que viví con ella en las primeras horas de aquel día, de haberla visto sonreír, de permitirse disfrutar un desayuno habiendo perdido aquella rigidez y el aparente temor que sentía ante la posibilidad de que decidiera darle una vida como la que le obligue a vivir a Ivette, la misma que tenía pensada para Anahí.

- Muy bien. Ya conoces el proceso, así que te pediré que nos esperes aquí mientras procesamos a tu sierva, yo iré a darle instrucciones a las tatuadoras para que marquen a tu nueva adquisición y… ¿Qué pasa? - preguntó de pronto cuando notó que no le estaba prestando demasiada atención, pues justo en aquel momento vi a un tipo que salía de un lugar que no me parecía haber notado con anterioridad, llevando en sus brazos a una mujer desmayada y completamente desnuda - ¡Oh, ya veo! Esa es una zona de cubículos privados, creo que no te la había mencionado. Lo lamento. Es un servicio pensado en quienes adquieren una sierva para que puedan hacer uso de ella en un entorno más privado. Las cabinas son parecidas a las que tenemos disponibles para los visitantes regulares, con la salvedad de que no son transparentes y son a prueba de ruido, claro, además de que están mucho más limpias que las cabinas donde viven las siervas - dijo el hombre, hablando de nuevo de esa forma escalofriante que me hacía entender que aquel discurso ya lo había dicho cientos, o tal vez, miles de veces - como sea, te dejo un momento, iré a preparar a tu sierva. Regreso en unos minutos - se despidió, dejándome en la sala de espera, pensando en cómo sería ese lugar, en la clase de cosas que los hombres les harían a sus siervas al no ser observados por nadie, en medio de la euforia de haber comprado a una mujer, permitiéndose perder el control con ella, creando una situación que me resultaba tan perversa como excitante.

- ¡Tú…! ¡Tú eres Rodrigo! ¿Cierto? - dijo en algún momento una mujer, haciendo que volteara a ver a la autora de aquella voz, encontrándome con Anahí quien, acompañada por Emilio, me moraba con los ojos muy abiertos - ¡Íbamos en la misma universidad! ¡Tomamos algunas clases juntos! ¡Sí me recuerdas! ¿Cierto? ¡Por eso me compraste! ¿Verdad? - dijo, con un tono de voz que vagaba entre la locura, la sorpresa y el entusiasmo, que yo supuse que se debía al hecho de encontrarse con una cara conocida, de una forma parecida a como había ocurrido cuando compré a Alejandra.

Aquellas palabras se quedaron por unos segundos en el aire mientras me limitaba a mirarla, pues en realidad no pude responder de inmediato, porque me abrumó el hecho de que me hubiera reconocido ya que, dada la forma como se conducía por aquellos tiempos en los que la conocí, supuse que no tendría idea de quién era yo, una eventualidad que de alguna manera se sintió bien, que de algún modo me hizo sentir contento al saber que esa chica que antes hubiera sido inalcanzable, sabía quién era el tipo que acababa de comprarla, no obstante, a pesar de lo bien que se sentía estar frente a ella y ver el entusiasmo con que me hablaba, opté por comportarme de la misma forma como lo hice con Alejandra: distante, autoritario y tratando de no demostrar el más mínimo sentimiento con respecto de ella.

- Sí, te recuerdo, eras la chica presumida que solo salía con jugadores y con hijos de padres bien acomodados - dije, tratando de ser tan frío como pude, sorprendiéndome aún más de lo que ya lo estaba cuando esa chica se abalanzó hacia mí y me abrazó con mucha fuerza a pesar de lo que le dije, de haberme esforzado por hacerle entender que por aquellos días no había sido de mi agrado, una reacción ante la cual respondí poniéndole algunos límites de inmediato, tomándola de los hombros para alejarla de mí, a pesar de lo bien que resultó sentir sus senos casi desnudos aplastándose contra mi cuerpo.

- No te confundas, el que me conozcas no cambia en nada el hecho de que a partir de ahora soy tu amo y tú eres mi sierva, así que desde este instante espero que te dirijas a mí como amo y que no pretendas asumir que somos iguales porque no lo somos - la interrumpí mientras la obligaba a verme a los ojos, nada que la hiciera retroceder en la aparente alegría que le había provocado saber que yo sería su dueño - además, debes saber que planeo usarte para ganar dinero, pienso prostituirte, por lo que creo que tal vez tu alegría esté un poco fuera de lugar - dije, viendo como de inmediato la sonrisa se borraba de su rostro, observando ese brillo de miedo en sus ojos que me hizo excitarme de una forma placentera tras haber dejado claras las cosas frente a esa chica a quien acaba de comprar - ¿Entendido?

- Sí… sí… amo - respondió titubeando, con la boca temblorosa, desviando la mirada, provocándome esa satisfacción que me indujo el hecho de haber doblegado a una chica como ella, haciéndome sonreír por dentro antes de que mirara en dirección de las cabinas privadas y luego intercambiara una fugaz mirada con Emilio, quien sonrió con algo de malicia y complicidad.

- Funcionan más o menos como las cabinas públicas, solo que en lugar de escoger si rentas o compras a la sierva, escoges la cantidad de tiempo que quieres pasar en la cabina; el rango mínimo de tiempo que puedes pagar es de una hora por 150 créditos, aunque si quieres irte antes de que termine la hora, puedes hacerlo.

- Entendido, entonces nos vemos en un rato - dije sonriente, antes de que me detuviera un momento y mirara de nuevo a ese hombre - una última cosa ¿Podrías por favor buscar a Alejandra y asegurarte de que todo va bien con ella?

- Por supuesto, me encargaré de ello mientras disfrutas de tu nueva sierva, amigo y, por si no te veo cuando salgas, recuerda que si se te ocurre el nombre de alguna chica a la que quieras buscar en los registros de La Corporación, solo tienes que hacérmelo saber y haré lo posible por encontrarla, porque supongo que tras haber dado con tu nueva sierva, tal vez algunos nombres puedan surgir en tu cabeza - dijo, con una sonrisa maliciosa, provocando inmediatamente que la mirada de Anahí volviera a concentrase en mis ojos, que notara cómo los suyos se abrieron de nuevo como platos después de haber escuchado las palabras que Emilio pronunció.

- Gracias, amigo, lo tendré en cuenta - respondí, fingiendo que no me di cuenta de la reacción de Anahí mientras la tomaba del brazo con algo de fuerza y la llevaba a las cabinas privadas, sin que opusiera la más mínima resistencia, caminando con la mirada perdida, mostrándose pensativa, sin decir una sola palabra, haciendo que me preguntara ¿Qué demonios había pasado por su cabeza después de que escuchó las palabras de Emilio?

El pasillo al que entramos estaba muy oscuro y era considerablemente largo, bordeado por puertas de las que no salía un solo ruido, un entorno que hacía que uno tratara de caminar en silencio, como si el hacer ruido fuera algo prohibido, provocando que nos moviéramos con cierto sigilo hasta que encontré una cabina libre y pulsé la opción de una hora antes de firmar la transacción con mi huella digital para luego acceder en ese espacio, donde había una cama matrimonial y un olor a limpio que llamó considerablemente mi atención, antes de que ver que mi nueva sierva estaba derramando algunas lágrimas, una escena que por un momento me conmovió, hasta que recordé aquello que quería proyectar, la actitud que debía conservar frente a la sierva que acababa de comprar.

- No me gusta tener sexo con una mujer que llora, así que tranquilízate para que podamos hacerlo antes de ir a casa - le espeté con frialdad, sintiéndome un poco culpable por hacerlo mientras ella se limpiaba las mejillas y asentía con la cabeza.

- Lo siento, Rodrigo… quiero… quiero decir, amo… es que recordé a mis hermanas, nos separamos después de que nos capturaron y no he sabido nada de ellas desde entonces, así que cuando escuché a ese hombre decirle que podía ayudarle a encontrar a otras mujeres en mi condición… bueno, yo… - su llanto se desató cuando su mirada suplicante se encontró con la expresión fría que demostraba mi rostro, una que ciertamente no correspondía con lo que estaba sintiendo, pues entendía la desesperación y la preocupación que estaría experimentando esa chica al no saber cuál había sido la suerte de sus hermanas.

- ¿Entiendes que si encuentro a tus hermanas voy a rentarlas una y otra vez a quien quiera pagar el precio de su compañía?

- Sí, lo sé, pero si ellas están pasando por la misma clase de cosas que yo viví aquí, estoy segura de que estarán mejor contigo, porque a pesar de que te comportes tan frío como lo estás haciendo, sé que eres un tipo de buen corazón, te veía en la universidad, ayudabas a quien te lo pedía, nunca te metías con los demás e incluso alguna vez defendiste a ese chico pequeño cuando se metieron con él así que…

- ¿En serio? ¿Crees saber cómo soy? - le pregunté, cargando aquellas preguntas con algo de escepticismo pues en realidad dudaba que esa chica me conociera realmente, que de verdad hubiera puesto atención en un muchacho insignificante como el que fui en el tiempo en el que estuve en la facultad.

- Sí, claro que sí, eras el tipo serio que llamaba la atención de muchas chicas, el tipo misterioso y por supuesto que no podía dejar de observarte, pero… - suspiró, como si aquello que estaba por decirme fuera algo particularmente difícil de contar - a ver, no era que me gustaras ni nada parecido, pero eras el tipo de muchacho que una quería tener cerca, a pesar de que no hablaras mucho, porque… bueno, es cosa de mujeres; una se da cuenta de los hombres que valen la pena ¿Sí? Así que…

- ¿Y entonces por qué contantemente evitabas estar cerca de chicos como yo? ¿Por qué siempre andabas con deportistas tarados o hijos de papá mimados? - reunté, si poderme mantener ecuánime por más tiempo, respondiendo a la curiosidad que me provocaba el tener a esa chica frente a mí y escuchar su versión de los hechos.

- Sí, bueno, tenía que ver por mis hermanas y por mí. Mis papás murieron demasiado pronto y me tuve que hacer cargo de ellas, así que no podía estar con la clase de gente con la que hubiera querido estar, tenía que hacer lo necesario para obtener alguna clase de beneficio al estar con ellos y así fue, gracias a las conexiones que hice pude mantener a mis hermanas, terminé la carrera y también pude conseguir un buen empleo, en realidad logré todo lo que me propuse hasta que… - el silencio que se apoderó de la habitación fue lo bastante explicativo como para que no tuviera que terminar aquel relato, algo que se extendió por un par de minutos en los que se quedó de pie a un metro de mí, mostrándose avergonzada, con la cabeza agachada, acariciándose los brazos como si de pronto sintiera mucho frío, quedándose en completo silencio, sin mirarme a los ojos, como ya no tuviera nada más que decirme.

- ¿Estás segura de que quieres que las busque? Porque la vida que llevarán conmigo no será como caminar en el campo en un día soleado - le pregunté, viendo de inmediato cómo levantaba la mirada, buscando mis ojos con los suyos, componiendo una expresión que interpreté como una súplica desesperada - porque las voy a tratar como siervas, no como amigas ni como conocidas, voy a coger con ellas cada vez que me venga en gana al igual que lo voy a hacer contigo, las voy a subastar para que sirvan como juguetes sexuales de quien quiera pagar por ustedes; haré lo mismo una y otra vez y, si me hacen enojar, voy a venderlas al mejor postor, sin importarme que tú y tus hermanas vuelvan a separarse; así que te lo voy a preguntar de nuevo ¿Estás segura de que quieres que las busque? - pregunté, viendo cómo la duda se apoderaba por un segundo de Anahí, observando cómo me miraba, como si no pudiera creer que aquello fuera cierto, como si pensara que solo le decía aquellas cosas para asustarla o algo parecido. Para sorpresa mía, mi nueva sierva asintió enérgicamente tras unos pocos segundos de titubeo.

- Sí, por favor, búscalas y… quiero decir, por favor, amo, quiero estar de nuevo con ellas, quiero saber que están bien - rectificó, logrando que yo asintiera en su dirección.

- Muy bien, pero primero tendrás que ganártelo, tendrás que demostrarme cuánto quieres que estén de vuelta contigo y te advierto que cada crédito que me gaste en adquirirlas saldrá de tu trasero ¿Entendido? - le advertí, tratando de ser duro, pero sin lograr que esa chica dejara de verme con esa expresión llena de agradecimiento, mientras asentía con mucha energía y comenzaba a quitarse la destruida ropa que llevaba encima, desnudándose frente a mí en un segundo, antes de acercarse, de que me abrazara pegando su cuerpo al mío, de que la sintiera rodeando mi cuello con sus manos, besando mi barbilla, dándome algunos picos alrededor de mi boca para finalmente besar mis labios, despacio, con mucha suavidad, abriendo un poco la boca para invitarme a entrar en ella, logrando que en segundos recuperara la excitación que había perdido con toda esa charla, que deslizara mis manos por su espalda, notando la suavidad de su piel, la forma como se estremecía ante mis caricias mientras mis manos se deslizaban suavemente hasta apoderarme de sus nalgas.

- Amo, le aseguro que no se arrepentirá nunca de haberme comprado - me dijo al oído, impregnando sus palabras con toda la sensualidad que pudo desplegar al hablar, antes de morder mi oreja con suavidad, de que sus manos se dirigieran a la parte delantera de mi pantalón y comenzara a desabrocharlo, de sentir cómo lo bajaba un poco, descubriendo mis genitales para luego experimentar la forma como metió sus manos por debajo de mi camiseta y acariciando mi cuerpo con movimientos suaves, sacándome después esa prenda por encima de la cabeza antes de que llevara sus labios a mi cuerpo, de que comenzara a chupar y lamer mi piel, despacio, deteniéndose por un momento en cada uno de mis pezones, haciendo luego que mi piel se erizara en su camino a arrodillarse frente a mí, a terminar de bajarme los pantalones para luego lanzarlos junto con mis tenis a la cama, dejándome tan desnudo como ella lo estaba, mirándome desde abajo con esos hermosos ojos azules mientras manipulaba mi miembro con su mano, escupiéndole a mi glande de vez en cuando para lubricar mi pene, sin dejar de cautivarme con su mirada, permitiendo que su labios acariciaran la punta de mi verga con suavidad, volviéndome loco ante la clase de escena que me estaba obsequiando - ¿Sabe algo, amo? Ser tan popular me permitió aprender muchas cosas, necesitar el dinero de los hombres me hizo esforzarme para saber cómo complacerlos y hacer que no quisieran separase de mí, así que, estoy segura de que le haré ganar muchos créditos con mi cuerpo y, si quiere que haga algo con el suyo, solo tiene que ordenarlo y me encantará complacerlo con cualquier cosa que me ordene - dijo, de una forma sumisa, antes de que se metiera la punta de mi verga en su boca, de sentir cómo su lengua me acariciaba a una velocidad enloquecedora, de disfrutar de esa forma como acariciaba la apertura de mi glande, succionando tan solo lo necesario para hacer que perdiera la cabeza, para obligarme a cerrar los ojos y tomarla del cabello con fuerza.

- ¡Mételo todo en tu boca! ¡Quiero sentir tu garganta! - le ordené, enloquecido, antes de disfrutar de esa forma tan abrupta como de pronto hizo que mi verga la penetrara, manteniendo todo mi miembro hasta el fondo de su garganta, quedándose ahí, sin quejarse, sin arcadas que me molestaran, moviendo la cabeza para menear mi verga en su interior y obsequiarme un placer delicioso, motivándome a mover mis caderas en círculos por unos segundos, antes de que echara la cadera para atrás y comenzara a moverme como si me la estuviera cogiendo, sin que se quejara ni hiciera el más mínimo intento por detenerme, por el contrario, aprovechando el tiempo para sobarme los huevos con una de sus manos mientras se masturbaba con la otra, obsequiándome deliciosos gemidos que se ahogaban en la punta de mi pene hasta que me cansé de moverme y le cedí a ella el control, observando sus movimientos de cabeza, la forma como chupaba mi verga con ese vicio que pude notar en su mirada mientras me miraba fijamente, induciendo una situación tan morbosa que no pude soportar por mucho tiempo la excitación que corroía mis entrañas y, en contra de mi voluntad, me terminé corriendo en su boca, viendo de inmediato cómo ella se tragaba toda mi leche, cómo limpiaba mi verga cuando dejó de salir semen de ella, haciendo lo mismo con mis testículos hasta no dejar el mínimo rastro de lo que ahí hubiera ocurrido algo, antes de que se levantara, respirando ansiosa, mostrándose más excitada de lo que creo que ella misma lo hubiera esperado al no encontrarse bajo los efectos de la ambrosía.

- ¿Y bien, amo? ¿Le gustó lo que le hice con mi boca? ¿Me ayudará a encontrar a mis hermanas, amo? - dijo, con un tono que a la vez sonaba coqueto y seductor, pero también suplicante y un poco desesperado, mientras una vez más rodeaba mi cuello con sus manos, haciendo que no pudiera apartar la vista de sus labios, invitándome a besarla de nuevo a pesar de que sintiera de inmediato el sabor de mi leche dispersándose por mi lengua.

- Lo haré, pero no me hago responsable de que las cosas no resulten bien para ti o para tus hermanas - le advertí de nuevo, viendo cómo ella asentía una vez más, mirándome a los labios, pegándose de nuevo a mi cuerpo, creo que con la intención de continuar con aquello que inició con mi verga en su boca; sin embargo, yo ya había tenido suficiente de aquella habitación, por lo que, si iba a hacer algo más con ella, sería en mi departamento, en la intimidad de mi propia cama - es suficiente. Vístete, tenemos que reunirnos con mi otra sierva, nos está esperando afuera - le ordené, recuperando la firmeza en mi voz mientras me alejaba de ella para recoger mi ropa y vestirme - por cierto, debes saber que ella es mi sierva de compañía, siempre está en la casa y no pienso prostituirla, así que tendrás que esforzarte para que te acepte y para que las cosas entre ustedes dos funcionen de la mejor manera, ¿Entendido?

- Sí, amo, me esforzaré - respondió, pero en su tono de voz pude notar que aquella noticia no le había resultado tan agradable, nada que me sorprendiera, pues como esa chica acababa de sugerirlo, sabía cómo hacer que un hombre le diera cualquier cosa que ella quisiera obtener, y seguramente a esa idea no le caía en nada bien que hubiera en casa un poco de competencia.

Cuando al fin salimos de aquel sitio privado y regresamos a la parte pública de la galería, de inmediato busqué a Emilio para que Anahí le diera los nombres de sus hermanas, recibiendo de vuelta la promesa de que haría lo que pudiera para conseguirlas, a pesar de que en aquel momento no estuvieran en el sistema.

- Muchas gracias, Emilio, ahora necesito encontrar a Alejandra así que…

- No te preocupes por ella, está en tu nueva camioneta - dijo el hombre con la seguridad de alguien que sabe que no podría equivocarse, mientras me entregaba su tableta donde aparecía la imagen de una enorme camioneta de color blanco, con los vidrios polarizados y que parecía estar en perfecto estado - sí, supuse que te gustaría, y en realidad es una muy buena compra, siete plazas, 2500 kilómetros recorridos, el motor está perfecto y la estética del auto es impecable. Debo decir que a tu sierva le encantó, me dijo que era justamente lo que estabas buscando y quedó tan convencida de que te gustaría que de inmediato me pidió las llaves y se subió en la camioneta. Te está esperando en el estacionamiento, solamente tienes que autorizar la transacción y será toda tuya. En cuanto a tu moto, no tienes que preocuparte por eso tampoco, la dejaré en tu departamento cuando salga de trabajar - dijo el hombre, sin poder evitar el codicioso brillo que destellaron sus ojos mientras imprimía mi huella digital, antes de que me despidiera de él estrechando su mano y dándole las gracias, para luego retirarme de la galería, con Anahí tomada de mi brazo, de una forma similar a como lo hizo Alejandra cuando llegamos a ese lugar, la misma chica que me miró con una expresión de sorpresa al notar que me acercaba a la camioneta con una nueva sierva, antes de que nos abriera las puertas para que Anahí se subiera en uno de los asientos traseros y yo lo hiciera en el asiento del conductor.

- Emilio me dijo que llevaría la moto al departamento cuando saliera de trabajar - dijo con una voz rígida, con la cual me demostró lo poco que le agradaba tener a otra sierva en nuestras vidas.

- Sí, hablé con él antes de dejar la galería. Por cierto, la nueva sierva se llama Anahí, es una antigua compañera de estudios y será parte de nuestras vidas a partir de ahora, así que espero que se lleven bien y que no me den problemas ¿Entendido?

- Sí, amo - respondieron las dos al unísono, antes de que echara la camioneta a andar, de que sintiera la fuerza de su motor y una sonrisa se dibujara en mi boca, sabiendo que aquel auto me había costado menos de una décima parte de lo que habría tenido que pagar por él si lo hubiera comprado en una agencia de autos usados.

Fue Alejandra quien hizo el primer movimiento una vez que nos pusimos en marcha, acariciando mi brazo hasta colocar su mano sobre la mía que en aquel momento descansaba sobre la palanca, haciendo que la mirara, que notara aquel destello de celos en sus ojos, que sonriera por dentro al saber que la presencia de otra mujer la hacía sentir insegura, algo que la hizo tratar de imponer una jerarquía cuando me besó en los labios y me apretó el pene, un gesto con el cual marcaba su territorio y que se sintió muy bien al notar que estaba celosa ante la presencia de Anahí en nuestras vidas, pero que también me alertó acerca de la posibilidad de que Alejandra se estuviera concediendo un poder que no tenía, pues al final del día, ella seguía siendo solo una sierva, sin importar lo que sintiera por ella ni lo mucho que me atrajera, algo que en ese momento entendí que debía dejar claro antes de que el día terminara.

- Es hora de ir de compras chicas - dije en voz alta, pensando en que tal vez de esa forma podrían relajarse un poco las cosas, sin tener idea de que durante nuestra visita a los almacenes, Alejandra trataría una y otra vez de marcarle a Anahí ciertos límites en cada ocasión que se acercaba a mí, llegando incluso a interponerse entre los dos para evitar que me tocara o se me acercara más de lo que ella consideraba permisible, hasta el momento en el que su actitud me fastidio y me metí con Anahí en uno de los probadores, haciendo que se cambiara conmigo delante de ella, tocando su cuerpo mientras lo hacía, sabiendo que con ello provocaría a Alejandra a la vez que marcaría los límites de lo que le estaba permitido hacer y lo que no.

Sí, las cosas no salieron como las planeé cuando pensé en llevarlas de compras, porque al regresar al departamento no noté la misma alegría que mantuvo Alejandra durante la mañana, algo que resultaba lógico después de la manera como intervine para ponerle un alto a su comportamiento, pero que aún así me molestaba, porque de alguna manera parecía querer retar mi autoridad con esas rabietas, como si fuéramos una pareja, como si tuviéramos un noviazgo entre los dos, perdiendo de vista que ahora era mi sierva y yo era su amo.

Cuando la hora de dormir llegó, entré en mi habitación y me recosté en mi cama donde Alejandra ya me esperaba, acomodada de tal forma que me daba la espalda, usando una de mis camisetas, mostrándose muy tensa desde el momento en el que me reuní con ella y más aún cuando la abracé desde atrás, porque desde luego que quería que tuviéramos sexo, sin importar lo que hubiera pasado con Anahí, porque tenía que aprender que esa clase de berrinches no le servirían para controlar lo que yo hiciera o dejara de hacer con mis siervas.

Para sorpresa mía, Alejandra tensó aún más su cuerpo cuando sintió mi mano sobre su cintura e incluso hizo el intento por resistirse a que la tocara, aventándome la mano con la que traté llegar a sus senos, provocando que me enojara, incentivando el deseo que ya tenía por poseer su cuerpo, así como la intención de dejarle claro que era mi sierva, que me pertenecía, que yo era su amo.

Tener que someterla no fue por completo de mi agrado, pero era necesario hacerlo, por lo que la obligué a recostarse boca abajo, cargando mi peso sobre el suyo, no sin que esa mujer combativa se resistiera a mis deseos, tensando todo su cuerpo mientras yo le levantaba la camiseta descubriéndole las nalgas para luego abrirle las piernas a la fuerza y meter mi mano entre ellas, escuchando la forma como se quejaba cuando comencé a tocarla hasta provocar que sus labios se humedecieran, hasta tenerla lista para lo que haría con ella a pesar de que Alejandra no lo quisiera.

- ¡Ahhh! - un sonoro gemido escapó de su boca cuando la sujeté del cabello y la obligué a enderezar la cabeza, para decirle algunas palabras al oído, mientras escuchaba cómo se esforzaba por respirar, a la vez una multitud de gemidos eran expulsados desde su garganta, sonando aterrada ante un comportamiento que evidentemente jamás hubiera esperado de mí.

- No te confundas al creer que tienes alguna clase de poder sobre mí o sobre lo que pase en este lugar. El que te haya dado tantas libertades y te escogiera como mi sierva de compañía, no significa que no pueda cambiar de decisión ni que tu lugar no pueda ser tomado por alguien más si me llegas a fastidiar - un nuevo gemido aterrado se le escapó cuando sintió que empujaba mi miembro en su vagina, acompañado por la forma como su cuerpo respondió al sobresalto y la manera como sus manos se aferraron a las almohadas bajo su cabeza - así que será mejor que no desafíes mi paciencia ni tu suerte, porque no dejaré de coger con otras siervas cada que me plazca y no voy a soportar esta clase de desplantes ni tus caras de fastidio cada vez que lo haga ¿Entendiste, sierva? - pregunté, levantando la voz a pesar de estar muy cerca de su oído, escuchando cómo comenzaba a llorar mientras lo hacía, al tiempo que sentía su vagina envolviendo mi miembro por la fuerza, junto con los temblores que esa mezcla de temor y tal vez de dolor, provocaban en su cuerpo - ¡Te hice una pregunta, sierva! - grité con más fuerza, provocando sus sollozos al mismo tiempo que comenzaba a mover mis caderas para cogérmela de una manera que resultaba tan salvaje como desconsiderada.

- ¡Sí, amo! ¡Lo siento! ¡Ahhh! ¡Lo siento! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Por favor! ¡Ahhh! ¡Despacio! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Duele! ¡Ahhh! ¡Ahhh! - gritó entre gemidos, dejándome sentir la forma como su cuerpo temblaba, permitiéndome disfrutar de una manera perversa y morbosa del miedo que había impregnado en sus palabras, sintiéndola nuevamente sometida ante mis deseos mientras lloraba de una forma violenta y que en cualquier otro momento me hubiera resultado difícil de escuchar, pero no en ese instante en el que pretendía demostrar algo con ese comportamiento, un momento en el que nada me haría disminuir el ritmo y la brutalidad con la que la estaba penetrando, mientras la sujetaba con fuerza del cabello y disfrutaba del sonido producido por el choque de mi cuerpo son su trasero, dejando que los minutos pasaran de esa forma, sin que yo desistiera en mis esfuerzos por castigarla ni ella dejara de gemir, sollozando de tanto en tanto hasta que sus gemidos cambiaron de ánimo después de algunos minutos de haberla estado torturando, supongo que cuando al fin su vagina se acostumbró de nuevo a mi miembro, demostrando un placer que ya sabía reconocer muy bien en la forma como gemía, algo que se confirmó cuando sentí aquellos seductores movimientos que comenzó a ejecutar con sus caderas, incitándome a que acompañara su ritmo, a ceder un poco al notar que se había sometido a mi voluntad.

- ¡Ahhh! ¡Lo siento, amo! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡No volveré a ser una mala sierva! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Lo prometo! - dijo con una voz seductora, mientras su mano me tomaba de la nuca y giraba un poco su cabeza para que mis labios y los suyos se encontraran, para que nos comiéramos la boca de esa forma desenfrenada como me encantaba hacerlo, incitándome a cogérmela de una manera diferente, a relajarme un poco tras escuchar esas palabras con las que mi sierva se había sometido de nuevo a mis deseos.

Venirme en su vagina fue como fumar la pipa de la paz entre los dos, en medio de gemidos, de la manera como le acariciaba el clítoris para hacer que ella también se viniera, poco después de que yo le hubiera llenado el coño de leche, sin que dejara que mi miembro abandonara su cuerpo incluso después de que tuviera su orgasmo, abrazándola por unos instantes más, acariciando su cuerpo, sintiendo el sudor que humedecía su piel, algo que me dio una idea con la que logré poner las cosas en el lugar que correspondía.

- Ven conmigo - le ordené, haciendo que ambos nos levantáramos hacia la salida de mi recámara, abriendo luego la puerta para encontrarme a Anahí justo a un lado de la puerta, notando con cierta alegría que había escuchado cada cosa que pasó entre los dos, observando con satisfacción el miedo que destellaban los ojos de esa chica - me alegra encontrarte aquí, Anahí. Alejandra se dará un baño y quiero que seas tú quien lave su cuerpo, haz lo que ella te ordene - le indiqué a la asustada muchacha, quien no hizo nada más que asentir apresurada - cuando terminen te espero en mi cama Alejandra, tómate el tiempo que necesites - dije al final, mirando a la mencionada a los ojos, dándole un pico en los labios antes de que me metiera en mi cuarto y me tirara de nuevo sobre las cobijas, sonriendo complacido ante mi nueva vida, siendo el amo de un harem que poco a poco iba engrosando sus filas.

Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie ya ha llegado hasta el capítulo 18) o adquiriendo el segundo tomo de esta serie en AMAZON (capitulos 7 - 13) (links en mi perfil) Gracias por leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.

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