En una boda. Fantasía cumplida
La boda es solo una excusa; la verdadera celebración ocurre entre paredes de mármol y miradas furtivas. Ella busca la chispa perdida y él, la liberación; juntos transforman el ritual nupcial en un encuentro carnal que nadie sospechará.
ARTURO
A medida que se acercaba la fecha, mis ganas de asistir a esa boda se reducían. No me apetecía fingir delante de todos, sonriendo con mi pareja como si nada, cuando en realidad apenas podíamos tener una conversación normal sin que terminase en discusión.
Ella era amiga de la novia; y yo, el acompañante con traje y corbata. Otra fachada.
La ceremonia me resultó eterna: discursos, lágrimas, promesas de amor eterno… En mi mente me estaba descojonando (¿destino? ¿almas gemelas?). Yo sólo estaba pensando en beber lo suficiente para soportar el banquete.
Y entonces la vi.
AITANA
Me excitaba la idea de ir a la boda. Siempre había fantaseado con tener sexo en una, con esa mezcla de celebración y lo prohibido, y estaba dispuesta a cumplirla. Había puesto todo mi empeño en prepararme para la boda: vestido negro ajustado, palabra de honor, tacones, horas de peluquería y maquillaje... unas braguitas de lencería negra de encaje... y sin sujetador. Quería sentirme atractiva y que mi novio me mirase con deseo nuevamente.
Pero no lo hizo.
A mis 26 años, llevaba casi siete con él y la chispa se había ido apagando. La indiferencia con la que me trataba esa noche era otra prueba más. La ilusión que tenía por ir a la boda de mi prima se deshacía minuto a minuto.
Hasta que, entre las mesas, lo vi a él. Alto, fuerte, con gesto serio que le hacía atractivo, me sacaba casi diez años… pero sus ojos se clavaban en mí con una intensidad que sentía en mi propia piel. No apartaba la mirada… me desnudaba a lo lejos.
Y yo dejé que lo hiciera.
ARTURO
Durante todo el banquete no pude apartar los ojos de ella. La tenía en la mesa de enfrente y ese vestido negro ajustado me tenía hipnotizado. Se notaba que hacía deporte: culo respingón y piernas firmes y definidas que me estaban despertando del aburrimiento. ¡Tendría poco menos de 30 años y un cuerpazo!
Yo hacía meses que no follaba y la libido me desbordaba.
Cada vez que se giraba y me pillaba desnudándola con la mirada, sentía un pinchazo de vergüenza, convencido de que se estaba pensando que era un pervertido. Además, estaba con su novio al lado… aunque eso no detenía a mis ojos.
Por fin comenzó el cóctel, y decidí pedir algo en la barra. Ante la negativa de mi pareja a acompañarme, me encontré solo en la barra pidiendo un whisky y agradeciendo ese respiro.
Entonces giré la cabeza… y allí estaba, sonriéndome.
AITANA
Me pasé todo el banquete tratando de calentar a mi novio. Frotaba su muslo bajo el mantel, dejaba que mi mano se acercara a su entrepierna…y cuanto más insistía, más frío se volvía. Me apartaba la mano con gesto serio, parecía indignado, como si pudiera leer en sus ojos “¿qué haces?, ¿estás loca?”.
Yo no estaba dispuesta a dejar pasar esta oportunidad, quería hacerlo en una boda.
Y mientras él me rechazaba, notaba cómo el moreno de traje no dejaba de mirarme con deseo. Varias veces le sorprendí mirándome el culo y las piernas, y mi mente imaginaba cómo sería dejarme llevar por él, aunque solo fuera esa noche.
Terminado el banquete y abierta la barra libre, descubrí a ese desconocido en la barra. De espaldas, su traje se ceñía a sus hombros y espalda fuerte.
Tragué saliva, cogí aire al mismo tiempo que valor, y me acerqué.
ARTURO
—Aitana - se presentó con una sonrisa picante.
Venía a la boda por parte de la novia. Estuvimos charlando un buen rato de todo y de nada. De nuestras parejas, a lo que nos dedicamos, de cómo ambos habíamos empezado a hacer deporte… La chispa se estaba encendiendo, era evidente.
— ¿Te gusta la boda? - me preguntó sonriendo antes de posar sus labios en la pajita.
— Me la esperaba más aburrida, pero me está dando muchas sorpresas - dije notando cómo bajo la tela de su vestido sus pezones comenzaban a endurecerse, casi como si quisieran rasgar la tela.
AITANA
Noté cómo me miraba el pecho. Mis pezones se pusieron duros al oír su voz grave y pausada y, sin sujetador, se marcaban en relieve a través de mi vestido negro.
Lejos de incomodarme, me excitaba la situación. Hacía mucho tiempo que no sentía esa mirada de deseo.
Me incliné un poco más en la barra para que su vista no tuviera obstáculos.
—¿Sorpresas buenas o malas? - le pregunté acariciando el borde de mi vaso con mis dedos.
La reacción de sus ojos y su sonrisa me dejó claro que estábamos los dos en el mismo juego.
— Sorpresas… ardientes - me dijo mordiendo su labio inferior- dicen que de una boda sale otra.
Humedecí los labios antes de contestar.
— En mis planes está otra cosa… - Miré al bullicio, todos estaban rodeando a los novios en el baile nupcial, y sentí que era mi oportunidad.
Me acerqué a su oído, y le susurré.
— Quiero cumplir una fantasía, ven al baño de mujeres en dos minutos.
ARTURO
El baño de mujeres estaba vacío. Un mármol impecable se extendía bajo un enorme espejo que multiplicaba los detalles.
Nada más entrar, ella echó el pestillo con una determinación que me hizo hervir. Caminó hacia mí con esa mirada que no pide permiso, exige ser complacida.
Respondí agarrándola fuerte contra la pared, pegando mi cuerpo al suyo, duro, ansioso. Mi lengua invadió su boca explorando, saboreando la suya. Su gemido ahogado fue gasolina para mi.
La giré contra el lavabo, haciéndola apoyar las manos en el mármol frío. Levanté su vestido con virulencia hasta la cintura, descubriendo la lencería negra que me había estado provocando toda la noche.
Con un tiró seco entre mis dedos, sus braguitas se rasgaron y lancé los restos al suelo.
La palma de mi mano recorría su piel desnuda, caliente, mientras con la otra me desabrochaba el pantalón y me liberaba. Alcé la vista para ver a través del espejo sus ojos ansiosos mientras mi polla se frotaba contra su coño depilado e iba entrando la punta, que se descapullaba en su interior.
Sus ojos se abrieron de par en par cuando empujé fuerte y, casi sin poder sostenerse, entré hasta el fondo.
Su larga melena castaña oscura cayó sobre su rostro, cubriéndolo como una cortina.
¡Sí, joder! – gemía con la voz rota.
Agarré su melena con mi mano izquierda mientras aumentaba el furor de mis embestidas, mientras la otra mano sujetaba su cintura, clavándola a mí. Su cabeza arqueada sostenía los gemidos, más intensos cada vez.
Sus pezones comenzaban a abrirse paso con cada sacudida. Con cada embestida se desnudaba poco a poco. Marrones y duros en su pecho terso.
En las paredes del baño resonaba el eco del sonido que producía el choque de mi pelvis contra sus nalgas.
Plas plas plas.
Sus pechos rebotaban y se bamboleaban al compás de mis embestidas.
Fue ahí cuando se incorporó, pegando su espalda a mi pecho, y levantó una pierna colocándola en el mármol. Agarré sus pechos en mis manos, estrujándolos, y adelanté mi pierna para sostener la suya.
Comenzamos a escuchar cómo alguien trataba de abrir la puerta del baño, sin éxito.
Pegada a mi cuerpo, veía en el espejo cómo mi polla entraba y salía en su coño, su monte de venus se hinchaba cada vez que la metía hasta el fondo.
Mis dedos jugaban con sus pezones duros, pellizcándolos y retorciéndolos mientras ella gemía con la boca entreabierta.
Joder!! – yo estaba extasiado.
Ohhhhh, ohhhh – respondía ella.
Mis piernas comenzaron a flaquear y perder fuerza cuando noté que mi polla comenzaba a contraerse y dilatarse dentro de ella, las convulsiones bestiales dejaron paso a un gran chorro de semen que salió disparado dentro de ella.
¡¡Me corro joder!! – dijo ella a la vez.
Noté todo su coño empapado por mi corrida. Yo no paraba de penetrarla y en el espejo ambos nos fijamos cómo el semen se salía espeso, bajando por mi polla y su muslo.
¡¡Joder sí!! – gritó ella.
Fue entonces cuando escuchamos con más fuerza los golpes en la puerta del baño, como si alguien la quisiera tirar abajo.
Tapé su boca con la palma de mi mano y ella aprovechó para meter en su boca mi pulgar y chuparlo.
¡Metemelo en el culo! – me ordenó.
Sonreí lascivo, y lo hice.
La incorporé contra el mármol de nuevo y jugué con mi dedo en su culo antes de entrar. Lo moví en círculos dentro de ella.
¿Así te gusta, eh zorra?
Azoté sus nalgas con la otra mano.
UFFF… ¡Me encanta! ¡Qué bien lo haces!
AITANA
Le empujé hacia atrás. Su polla salió de mi coño chorreando y, rápidamente, me giré y me agaché para chupársela.
¡Quiero más! – le dije mirándole desde abajo mientras metía su polla en mi boca.
La tenía aún muy dura y notaba sus venas en mi lengua. Chupaba y se la dejaba llena de babas, sosteniendo su mirada.
La coloqué hacia arriba y lamí desde la base a la punta.
Qué boquita tienes… - me dijo, arqueando la cabeza atrás y colocando su mano en mi cabeza, agarrando mi melena.
Tomó el control de la mamada y empujó mi cara contra su cuerpo. Mi nariz se dobló contra su pubis. Noté la punta de su polla gorda y venosa en mi garganta.
La saqué y escupí en su polla, para recoger la saliva con mi lengua.
OHHH JODER!! – gritó, parecía que eso le encendía más.
Repetí: volví a escupir, esta vez en sus huevos, y me los metí en la boca.
Así… esto es el paraíso..
Siéntate en el váter – le ordené mientras le empujaba allí.
Me coloqué encima de él y, remangando bien el vestido, agarré su polla para llevarla a mi culo.
Subí un poco…
…bajé…
Se empieza abrir mi culito para ti – le sonreí.
Subí…
…bajé…
Y su polla comenzó a entrar… hasta que la metí entera. Su cara era el éxtasis personificado.
Empecé a cabalgarle a la vez que él agarraba mis nalgas con fuerza.
Mi coño se frotaba contra su pubis. Y él besó mi pezón para aspirarlo en su boca, sentía su lengua jugar dentro.
Tócame el coño – le ordené mientras agarraba su cabeza y pegaba nuestras frentes.
Con mi culo cabalgando su polla y sus dedos en mi coño haciendo círculos… comencé a chorrear!!
Uno….
Dos…
Tres chorros empaparon nuestras pieles…
Y él terminó de nuevo. Sentí su pulso en mi culo, noté su polla palpitar y el semen llenarme entera…
Con nuestras frentes pegadas, sudorosas, llegamos al segundo orgasmo en la boda…
Tratamos de calmarnos tras la excitación… y pactamos salir del baño con minutos de diferencia. Nadie sospechó nada (o eso creíamos).
Salí bien mansa de la boda, y me quedé con su número para quién sabe si tenemos más amigos en común que se casen…
_
Gracias a mi "Musa del sur" por su ayuda e inspiración.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
María, cuernos virtuales hechos realidad
María creía segura su doble vida: el marido aburrido en casa y el amante digital en la pantalla.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion clandestinaSumision como liberacion
- Hetero: Infidelidad
Solo de paso
El error de un tren equivocado lo dejó atrapado en la nada. Allí, Maruja no solo le ofreció un techo, sino una noche que superaba cualquier fantasía…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion clandestinaFantasia cumplida
- Hetero: Infidelidad
Lunes de amantes y de saliva...
Los lunes son sagrados. Después de semanas de fantasías por mensaje, él llega a su puerta y ella no espera otra cosa que devorarlo.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion clandestinaSumision como liberacion
- Hetero: Infidelidad
Viaje al chiquito de la amiga de mi esposa I
La noche de luna de miel se arruinó cuando su esposa canceló el sexo por su periodo. Frustrado y encerrado en la habitación, Carlos descubre a través…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion clandestinaFantasia cumplida
- Hetero: Infidelidad
Clara, mi esposa 2 Final
La traición de Clara lo dejó destrozado, pero el regreso de Samira encendió en él un deseo que creía extinguido.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion clandestinaFantasia cumplida
- Hetero: Infidelidad
Cariño, salgo a correr, parte 2
Sabe que su marido la ha traicionado y que su vida sexual es un desierto. Esta noche, en el silencio del ascensor, decide tomar lo que le fue negado,…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion clandestinaRiesgo y excitacion