Nos conocimos en una APP
Llevaba la ropa interior en el bolso, esperando que la química fuera lo suficientemente fuerte para justificar el riesgo. Él no sabía que ella ya había dado el primer paso, ni que esa noche el juego cambiaría de reglas.
Nos conocimos a través de una APP. Las personas necesitamos conectar, sentirnos valoradas, escuchadas pero también requerimos un poco de atención. Podríamos decir que es como ir de compras a un centro comercial, hay de todo y para todos los gustos. Puedes encontrar personas de tu misma edad, más jóvenes, más mayores. En el catálogo también encontramos personas con gustos parecidos a los tuyos, o eso dicen, o totalmente diferentes. Las hay que buscan amistad, el amor o solo desfogarse.
Descubrí la APP y me inscribí por pura curiosidad. No buscaba nada de nadie, solo era un pasatiempo, leías la descripción que las personas hacían de sí mismas, miraba las fotos e ibas pasando y deslizando el dedo por la pantalla como quien elige ropa.
Es curioso y también pasa cuando vas de tiendas, si sales de casa con la intención de comprar algo concreto, porque lo has visto y te gusta. Como si es algo que necesitas para un evento concreto, hagas lo que hagas no lo encontrarás, o bien no te quedará como te imaginabas. Lo mismo pasaba con la aplicación, veía a personas interesantes, pero nada más profundizar un poco en la conversión, sabía que no iba conmigo.
Una noche me quedé estudiando hasta tarde, me conecté un rato intentando despejarme navegando por la APP. Ahí saltó la alerta de mensaje, faltaban 5 minutos para volver a ponerme a tope a estudiar, podría haber dejado pasar el mensaje, pero no lo hice. Respondí con un tímido ¡Hola!, y así empezó esta historia.
Me niego a escribir palabra por palabra todo lo que nos escribimos. Creo que sin pretenderlo hubo conexión, al menos creo que no la buscaba, aunque si soy sincera conmigo misma, hoy te diría que sí. No hablamos de nada, pero podríamos decir que sabíamos un poco de todo, acerca del otro. A los pocos días se convirtió en una costumbre, conectarse a determinada hora para saber algo del otro. Él tenía su vida y yo la mía, no convergía en ningún punto, solo a esa hora en la que habíamos pactado escribir.
Pasaron unas semanas y nos dimos cuenta, que muy poca distancia nos separaba de conocernos en persona y hablar sin necesidad de pantallas ni teclados. Así que generamos la oportunidad de hacerlo posible.
Quedamos en un bar, habíamos buscado alguno que quedase cerca, pero no demasiado de ninguno de nuestros barrios. Un sitio donde poder pasar desapercibidos. Hablamos de varias opciones y finalmente nos decidimos por uno que tenía una zona de billar, varias dianas y al fondo un futbolín; una pequeña zona con mesas y taburetes al pie de la barra.
Fui una hora antes con una amiga. Necesitaba conocer el sitio y practicar un rato al billar. Le había dicho que sabía jugar y no quería que se notase que hacía mucho que no lo hacía. Estaba nerviosa, mi estómago daba brincos y aún quedaba una hora por delante.
Había elegido cuidadosamente mi ropa. Arriba un suéter rojo con un escote en V y abajo una falda negra con una raja en medio y la ropa interior en color rojo. Me puse unas botas altas con un poco de tacón. Me sentí satisfecha con el resultado, hacía poco que había descubierto que el rojo me hacía sentir muy bien y lo disfrutaba.
Mi amiga se había marchado dos minutos antes de que él llegara. Cenaba con otras amigas en un local cercano. Mi cita no se hizo esperar, llegó 5 minutos antes. Sorprendida de que se pareciera a las fotos de la APP, me quedé un minuto observando desde el fondo del local. Se quitó la chaqueta, comenzó a buscar sitio con la mirada, nos miramos y levanté mi botellín en señal de saludo. Sonrió y se acercó hacia donde estaba yo. Me levanté y nos saludamos. Un hola era poco para todo lo que habíamos escrito en el chat. Nos dimos dos tímidos besos en las mejillas sin dejar de sonreír. Él tenía el rostro helado, así que me salió acariciar suavemente su mejilla para infundirle un poco de calor. Su mano sujetó la mía, que estaba pegada a su cara. Nos quedamos así más segundos de los necesarios, para dos personas que se ven por primera vez.
Nos sentamos en una mesa alta que había junto a la mesa de billar. Pedimos una ronda y para romper el hielo, le propuse jugar una partida. Creo que los dos estábamos nerviosos, jugar nos permitiría hablar de manera distendida, observar a otro y acercarnos si queríamos. Me dió una lección de humildad en el primer minuto de juego.
Me agaché para disponerme a tirar y su mirada le delató. Sus ojos se dijeron a mi escote, lo miré, sonreí y decidí jugar mi ventaja. A partir de ahí, la partida fue lo de menos. No fue mi mejor golpe, pero salí airosa metiendo una bola. Para el siguiente tiro le pedí ayuda, le dije que parecía muy difícil y que sí tenía un truco para salvar la situación. Cómo no podía ser de otra manera, se acercó, me indicó cómo colocarme, pero fingí ser un poco torpe para que me colocara él y puedo decir que funcionó.
Lo tuve tan cerca que podía oler su perfume sin dificultad, notaba el calor que irradiaba su cuerpo y mi ritmo cardíaco iba un poco más deprisa. Desde entonces puedo reconocer ese perfume casi en cualquier parte, cuando lo hago me transporta en el tiempo y el espacio.
Mientras jugábamos nuestra partida de billar, surgió un juego paralelo de miradas, roces, sonrisas que nos delataban. Había feeling, había conexión y casi a la vez, propusimos ir a otro sitio más tranquilo. Caminamos unos metros y encontramos un pequeño local donde cenar algo y hablar tranquilamente. Podría resumir la cena en un montón de risas, pequeñas confesiones, y la clara intención de continuar la cita en un lugar más íntimo.
Minutos antes de pagar la cuenta y salir por la puerta, había ido al baño, lo hice con la intención de quitarme la ropa interior y las medias. Lo hice, me las guardé en el bolso, esperaba que ocurriera la magia y no me equivoqué. Salimos del local, paseando llegamos hasta donde estaba su coche y la decisión estaba clara.
Relatos similares
- Hetero: General
Las vacaciones de la amiga de mi novia. Parte 1.
Ana siempre supo cómo encenderlo, pero esta vez su juego va más allá de las fantasías nocturnas.
Comparte:CuckoldDeseo reprimidoPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Mi novia y un gran miembro ajeno
Él siempre fue celoso, pero esta vez decidió abrir la puerta a su propia tortura. No para perderla, sino para verla perder el control con otro.
Comparte:CuckoldFantasia cumplidaPoder y control
- Hetero: General
Duelo de palabras (1)
Ella solo quería relajarse, pero él la miraba como si ya la hubiera desnudado. Ahora, entre el agua y la toalla, la lucha por el control ha…
Comparte:Primera vezDeseo reprimidoPoder y control
- Hetero: General
Tu culito de regalo (Especial de navidad)
Llevan meses calentándose con fotos y mensajes, pero esta Navidad la promesa se vuelve realidad.
Comparte:CuckoldPrimera vezDeseo reprimido
- Hetero: General
Morbo cuento 2
Sophie sabía que su profesor Miguel la observaba, pero nunca imaginó que él también la deseaba con tanta intensidad.
Comparte:Primera vezCuckoldDeseo reprimido
- Hetero: General
La urbanización del deseo (Capítulo 1)
Las cartas no mienten: tu suerte cambia hoy. Mientras Bea te observa con intención y Isa no puede evitar notar lo que provocas, la urbanización se…
Comparte:CuckoldTrio fffDeseo reprimido