Xtories

Campus Cornudo (Cap. 7 y 8)

El bikini se vuelve transparente con el agua y nadie le advierte. En la piscina, la batalla no es por ganar, sino por ser capturada. Y cuando el masaje termina, la verdadera humillación apenas comienza.

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NOTA DEL AUTOR:

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CAPÍTULO 7

DÍA 4

Nos despertamos temprano y aprovechamos las primeras horas del día para tomar un café relajadamente.

–Creo que hoy deberíamos dedicar el día para nosotros. – dijo Laura sorprendiéndome

–¿Y eso? – pregunté.

–Porque ayer estuve todo el día con las chicas y me apetece estar un poco contigo.

–Claro amor. Lo pasaremos bien.

Cuando el sol empezó a calentar nos refugiamos en el interior del bungalow.

–¿Vamos a ver que tenemos en el armario? Apenas le hemos echado un vistazo – dijo Laura dirigiéndose al dormitorio.

La seguí solícito.

– Pues por lo que vi ayer, apenas tenemos nada. – dije más para mí que para que Laura me oyese.

En efecto, mi parte del armario era muy decepcionante, un par de bermudas, cinco camisetas veraniegas, sandalias y poco más. La parte de Laura no estaba mucho más equipada. Varios bikinis dos de tipo braga, otros dos tangas y dos micro tangas que cuando Laura intentó ponérselos apenas cubrían su clítoris. No dejaban nada a la imaginación. Los sujetadores iban acorde a la parte de abajo, dos normales, dos pequeños que apenas podían sujetar sus enormes pechos y los últimos dos ya no sujetaban nada, sólo tapaban los pezones.

Además de los bikinis, en el armario de Laura había un par de pareos de colores bien plegados y unas sandalias. Aunque lo que más destacaba de su sección, eran los 2 vestidos de noche, uno negro y otro rojo.

Se los probó; le sentaban como anillo al dedo, aunque el negro tenía una falda tan corta que parecía más un cinturón ancho que una falda, y el otro, el rojo, era de falda larga, pero con una raja lateral que subía hasta la cintura dejando a la vista todo el lateral de la cadera incluida la ropa interior.

Como una buena hembra alfa, presumida y coqueta, se lo probó todo y me deleito con un espectáculo impresionante

–¡¡Eso no me lo pongo en la vida!! – exclamó al probarse los micro tangas.

–¡¡Uffff, se me ve todo!! – protestó con el vestido negro.

Y antes de que pudiera quejarse cuando se probó el vestido rojo yo exclamé.

–Este te sienta divino –

–¿Tú crees? – dijo dudando – se me ve la tira de las bragas y está abierto por la espalda, no podré llevar sujetador.

–Ni bragas – añadí acercándome y quitándoselas. – Así queda mejor.

–¡Qué vergüenza! – chilló descojonándose.

–Que delicia. – concluí besándola y agarrando con fuerza aquel culo tan delicioso.

Finalizada la exploración del armario tocó elegir ropa, Laura se puso un bikini blanco, el más recatado de todos y a mí no me quedó más remedio que ponerme las bermudas y una camiseta.

Paseamos por la orilla cogidos de la mano, subimos de nuevo al monte de la cruz y nos sentamos en su cima para recuperar el aliento.

En la ocasión anterior no habíamos tenido la oportunidad de admirar adecuadamente las vistas que nos ofrecía el montículo de la cruz. El mar, aparentemente infinito brillaba con fugaces destellos, una agradable brisa soplaba tierra dentro y el sol nos calentaba sin llegar a ser molesto.

–Ayer sucedió algo que me dejó... perplejo. – le conté a Laura – La esposa de Marcos consiguió su insignia y nosotros lo vimos a través de un espejo trampa.

–¿Sabías que en el edificio azul hay salas de folleteo con espejos transparentes para que los maridos podamos verlo todo?

–Sí. Elisabeth me enseñó las instalaciones y me explicó cómo funciona.

–Joder. Fue.... fue... joder... nunca había visto algo parecido, ni en las pelis porno.

–Nosotras no podemos entrar a mirarlo; pero estaba claro que iba a pasar. Durante toda la mañana María y Juan estuvieron coqueteando. Juan le puso crema solar y le dio un masaje de los pies a la cabeza, sin olvidar ningún rincón. Además, esté fuerte el cabrón y con esos tatuajes en el pecho consigue una imagen de badboy… ¡¡¡Ummmmmm!!! muy excitante. Se pegaron un buen morreo hasta que María le agarró con la mano esa enorme polla y dijo “ya no aguanto más” y se lo llevó. Así, sin más. ¡Ale! ¡A follar! – dijo con un impostado tono ofendido, pero quedaba claro que también había un indeterminado porcentaje de envidia.

No tardamos en bajar, pero hoy, en lugar de ir a la piscina con los demás nos quedamos en la orilla y nadamos en el mar. Poco después aparecieron por la orilla Silvestre y David que al vernos se acercaron y se sentaron en la arena a esperarnos.

Yo salí primero del agua, me sequé y me senté a su lado. Al poco de salir yo, me siguió Laura, pero apenas salió del agua pude ver, atónito, que el bañador que había elegido Laura, en seco, era el más casto de todos; pero mojado era, virtualmente, transparente. Y ella sin darse cuenta se acercó a nosotros y saludó con sendos besos a Silvestre y David, los cuales, no se perdieron detalle.

Nos situamos en un improvisado corro y comentamos animadamente lo hermoso que era el entorno del campus. Laura quedaba sentada en frente de Silvestre mientras David estaba a su derecha y yo a su izquierda. Desde esa posición sólo podía intuir lo que mostraba el bañador transparente de Laura, pero sin duda, Silvestre, disfrutaba de unas vistas inmejorables.

–Me apetece una cerveza – dije interrumpiendo la conversación – ¿vienes Laura?

Cuando nos alejamos, le dije en voz floja directamente a su oreja.

–Tu bikini es completamente transparente.

–¿¿¿CÓMO??? – exclamó estupefacta mirándose el bikini y comprobando la magnitud de la tragedia – ¿Como no me lo has dicho antes?

–No pude. – me excusé. Por suerte, el bikini empezaba a secarse y ya no era, ni de lejos tan transparente como cuando salió del mar.

Roja como un tomate, Laura y yo, regresamos con las cervezas junto a nuestros amigos y las repartimos. Poco después, el bikini de Laura se secó completamente y todo volvió a la normalidad.

CAPÍTULO 8

DÍA 5

El quinto día amaneció como los anteriores, con un sol espléndido y un cielo despejado de un azul intenso.

Esta vez fuimos los primeros en llegar a la piscina, aunque no tardaron en aparecer el resto de los clientes, aunque no sé si ese nombre es el adecuado... “clientes”; tal vez deberíamos identificarnos como “pacientes” o mejor aún “parejas cornudas”.

Como ya era habitual, las chicas se situaron en la zona chillout con los machos alfa atendiendo todas sus necesidades y nosotros nos quedamos en las tumbonas de la piscina.

Pero mientras las chicas formaban un grupo compacto, los hombres, estábamos más dispersos; por un lado, Silvestre, David, Marcos y yo; ligeramente alejados dos hombres jugando a cartas y, al otro lado de la piscina, otros dos hombres más leyendo.

–¿Y esos? ¿No se juntan? – pregunté.

–Pues poco sabemos de ellos, de momento nosotros tres siempre vamos juntos, bueno, ahora nosotros cuatro contándote a ti.

–Los dos que están jugando a cartas llegaron el mismo día, no sabemos nada de ellos, nunca se han acercado a hablar y cuando hemos intentado iniciar una conversación han sido muy parcos en palabras.

–El que está leyendo con gafas de sol es un terraplanista conspiracionista. Está todo el día leyendo libros de pseudociencia sobre la tierra plana, extraterrestres y extravagancias como esas.

–¿No es una contradicción la tierra plana y los extraterrestres? – pregunté con mala intención.

–Pues sí, debería serlo, pero también lee sobre reptilianos, Tartaria y no sé cuántas “burradas” más.

–Cuando llegué – dijo David que era el que más tiempo llevaba en el Campus, –intentó convencerme de un montón de sandeces. Soy incapaz de recordarlo de lo absurdas que eran. Le dije que no me interesaba y me fui; desde entonces no ha vuelto a acercarse a mí.

–Imagina cómo esta de “ido” que ni se acerca a mirar cómo se follan a su mujer; cada día Alberto le da mandanga de la buena y él sólo está pendiente de sus libros.

–El otro – dijo Marcos – en cambio, es un cornudo sumiso con insignia; está todo el día pendiente de su esposa para asistirla cuando folla con los alfa.

–¿Insignia de cornudo sumiso? ¿Qué es eso? – pregunté extrañado.

–Forma parte de la terapia – respondió David – la verdad es que hay muchas insignias y cada una de ellas define el tipo de cornudo que es el marido.

–O de hotwife. También ellas tienen insignias extra – añadió Marcos.

–Mira, ¿ves el panel de clasificación? Detrás del nombre de algunas mujeres hay el símbolo del AS de picas y espacio para diez estrellas, corresponden a las diez insignias posibles. También los hombres pueden obtener sus diez insignias.

–Por un lado, las esposas cuando cornean a sus maridos obtienen la insignia de “Hotwife”, vaya, el As de Picas; es la insignia básica y necesaria para superar la terapia, pero si participan en sesiones de sexo más extremas como orgías, bukakes, sado maso, etc.… pueden obtener insignias extra como slutwife, bukake wife, etc.

–O la peor, la insignia prostitute wife – añadió Silvestre con un ligero escalofrió – son las más extremas, cobran por follar y no pueden rechazar ninguna petición. Espero que ninguna de los nuestras sea de este perfil. O nos espera un futuro muy aciago.

–No – interrumpió David – La peor insignia es la golden rain wife... esa sí es extrema. ¿Sabes lo que significa? ¡¡¡¡Que se les mean encima!!!!

–Pues para mi– dijo Marcos – la peor es la insignia inseminated wife... las mujeres se quedan embarazadas de sus corneadores y los cornudos deben adoptar y criar a sus hijos como si fueran suyos.

–Por lo que hace a los hombres, obtenemos la insignia “cuckold” cuando nuestras esposas nos hacen cornudos.

–Pero hay muchos tipos de cornudos: El “cornudo sumiso” que participa en las sesiones de sexo como un sumiso atendiendo las peticiones de la esposa o del corneador; el “cornudo humillado” que entrega a la esposa pero luego no participa ya que se le obliga a esperar en su casa, o detrás de la puerta o, o atado a una silla, a veces de espaldas para que sólo pueda oír los jadeos de su esposa; también hay el cornudo limpiador o cleaner que debe limpiar con la lengua el semen que el corneador ha echado en el coño de su esposa.

–Y hay más, como el cornudo esclavo o slave, o el cornudo femboy que se feminiza y se viste como una mujer.

Tras aquellas explicaciones me quedé completamente aterrorizado; parece que nuestro perfil psicológico va más allá de una esposa alfa y un macho beta que debe aceptar la infidelidad consentida. Sólo la palabra prostitute wife me helaba la sangre. Más me habría valido no preguntar.

El sol ya había alcanzado el zenit cuando, tras aquellas escalofriantes confesiones me centré en buscar a mi esposa. Tenía la imperiosa necesidad de conectar visualmente con ella.

La localicé rápidamente; estaba tomando un refresco. Hoy había elegido el tanga blanco, porque los dos bikinis normales se volvían transparentes al mojarse; se aseguró de ello antes de salir para no llevarse más sorpresas inesperadas; y cubriéndole los pechos un bikini que apenas podía sujetárselos.

Casi todas las demás esposas tenían los pechos al aire, excepto la mujer de Silvestre que también llevaba puesto un bikini. Sólo una estaba completamente desnuda.

Justamente en aquel momento todas las chicas salieron corriendo como locas en todas las direcciones mientras los alfa las perseguían. Era una especie de carrera para capturar a las chicas, ya que cuando un alfa capturaba a una esposa la agarraba por la mano y se metían en la piscina.

Cuando todas las chicas estuvieron emparejadas, se sentaron sobre el cuello de su captor y dio inicio una batalla de derribo. Las chicas debían agarrarse entre ellas con el objetivo de desmontarse unas a otras de sus machos alfa.

Era una batalla sin cuartel. Se oían risas y gritos de todo tipo. La primera que cayó fue la esposa de Silvestre, ya que la agarraron del sujetador y la desmontaron de su macho alfa sin mucha dificultad. Luego, entre dos, atacaron a mi Laura también buscando su punto débil; el sujetador. Pero Laura se agarró con fuerza y cuando vio que o la tiraban o se desprendía del sujetador, optó por lo segundo.

Ahora, todas con los pechos al aire se organizaron en dos equipos de cuatro chicas y se lanzaron al ataque. Pero a traición, una cambió de equipo y por la espalda atacó a su compañera desmontándola. El combate continuó entre gritos y risas hasta que sólo quedaron dos chicas que se aliaron contra Laura. Atacaron simultáneamente y mientras una agarraba por el brazo a Laura, la otra la sujetaba por la cintura hasta que consiguieron derribarla.

Mientras duró el combate nosotros nos acercamos vitoreando a las chicas y aplaudiendo cuando una lograba derribar a su contrincante.

Agotadas, todas las chicas se retiraron a sus tumbonas. Durante unos instantes, Laura buscó infructuosamente su sujetador, pero José se lo había quedado como trofeo y no aceptó devolvérselo. Resignada, Laura se tumbó a descansar con sus pechos al aire.

Tras ver el espectáculo, los hombres nos retiramos a nuestra zona, aunque intenté no perder de vista a mi Laura, sobre todo cuando José, detrás de ella, untó sus manos con crema solar y delicadamente le masajeó los hombros, para luego, descender por el lateral hasta las axilas; sujetó los pechos de Laura por los laterales y, rodeándolos, los agarró por la base levantándolos ligeramente. Finalmente, con las manos abiertas masajeó libremente las tetas de Laura repartiendo, uniformemente, la crema solar por toda su superficie.

Laura parecía extasiada, su pecho se levantaba cada vez que inspiraba aire y descendía al expirar. Permanecía tumbada mientras José, desde atrás, le masajeaba los pechos. Entonces me percaté de que, en aquella posición, la polla de José se apoyaba sobre el cuello de Laura que sin duda debía notar aquel miembro que, por momentos, adquiría firmeza.

Y cuando mi corazón parecía que iba a detenerse, José dio por finalizado el masaje y se retiró detrás de la barra para preparar una bebida que sirvió a otra chica dejando a Laura completamente confundida.

–Ummmmmm... se pone interesante – me dijo Silvestre que no se había perdido ningún detalle de la tórrida escena.

* * * * *

Ya de noche, tumbados en la cama, Laura me acarició delicadamente el cuero cabelludo haciéndome sentir un relax absoluto.

–Hoy José me ha masajeado los pechos – confesó.

–Lo vi. Pero luego se fue sin decir nada. ¿Qué pasó?

–Que son unos cabrones. Saben cómo jugar con nosotras. Poco a poco van derribando nuestras defensas... ahora me regala un masajito relajante por toda la espalda, ahora apoya su monstruosidad en mi brazo, ahora me masajea los pechos... ¿que será lo siguiente?

–Follarte cariño... lo siguiente será follarte... cómo se follaron a María. – dije con el corazón en el puño.

Laura me miró con cara de pena. Un par de veces parecía que iba a decir algo, pero al final se mantuvo callada y simplemente siguió masajeándome la cabeza hasta que me dormí.