Tren a Vladivostok
El tren avanza hacia el este, pero la verdadera travesía comienza cuando la puerta del compartimento se cierra. Dos desconocidos descubren que la distancia no es un obstáculo para el deseo, y que la noche rusa tiene mucho más que ofrecer que el frío exterior.
-Buenos dias, ¿está ocupado?, -preguntó el chico al entrar en el compartimento del vagón.
-No, que va, puede pasar. -respondió la chica amablemente.
-¿También va a Vladivostok?
-No, yo me bajaré en Irkustk.
-Bueno, aún así estaremos unas cuantas horas juntos, parece. Por cierto, mi nombre es Aleksander, encantado.
-Liudmila Petrovna, mucho gusto, pero puede llamarme Mila.
-A mi mis amigos me llaman Sasha, -apostilló el hombre.
-Un placer...Sasha.
-¿Viajas por trabajo, turismo…?
-Un poco de todo, mi hermana vive en Irkustk con su marido y hace tiempo que no nos vemos. Yo hace dos años que vivo en España. ¿Y tú?
-Yo voy hasta Vladivostok por trabajo, -repondió el muchacho, -soy oficial de la marina y me han destinado allí.
-¿Qué has hecho de malo, has pegado a un superior o algo así?, dijo Mila sonriendo.
-¡Jajajajaja!...no, por supuesto que no. ¿Porqué dices eso?
-Vladivostok...¿en serio?, pero si es un destierro.
-Si, bueno, es posible. El caso es que tengo una especialidad y allí no hay muchos.
-¿Y es?...si puede saberse.
-Submarinos, seré el Segundo Oficial de un submarino.
-¡Vaaaya!, eres una caja de sorpresas. No me lo hubiera imaginado cuando entraste.
-¿Y tú a qué te dedicas o qué haces en España?
-Realmente soy ingeniera en sistemas de frío, pero como no puedo ejercer allí, doy clases de ruso, y trabajo por horas en una inmobiliaria.
-¿Y en qué parte de España vives?
-En Sevilla.
-Me da la sensación de que muy parecido a nuestro país no es ese sitio.
-¡Jajajajajaja!, para nada. Por lo pronto ya hay veinte grados más de temperatura. -Respondió Mila con una sonrisa, dejando ver una dentadura blanca y perfecta.
Mila tenía el pelo negro cortado hasta los hombros. Sus ojos azules resaltaban en su cara de piel blanca. A Aleks le hubiera gustado ver un poco más, pero Mila tenía un jersey de cuello alto y una falda larga de lana. Las botas altas negras y brillantes tampoco contribuían mucho.
Aleksander se había quitado su chaqueta de cuero marrón forrada de lana de borrego, y se había remangado hasta los codos. Tenía dos botones de su camisa desabrochados, dejando ver un pecho bien trabajado en el gimnasio. Sus brazos se veían fuertes. Tenía ese corte de pelo militar en disminución, rubio, ojos también azules y unos pómulos prominentes. Parecía el típico actor que hace los papeles de malo en las películas de James Bond.
Ambos compartían una estancia en el vagón del tren, sentados uno frente a la otra junto a la ventana. En ambas paredes habían unas puertas que daban acceso a los dormitorios, ya que el trayecto hasta Vladivostock duraba seis días, y cuatro hasta Irkustk. Los dormitorios eran muy sencillos. Una cama plegable, un armario y un pequeño aseo para los pasajeros. Mila no había tenido más remedio que comprar un billete para un camarote doble, ya que había pensado en hacer el viaje a última hora y no tuvo muchas elecciones.
El tren salió de la estación de Kazansky, y la primera hora de viaje se la pasaron nuestros protagonistas charlando animadamente. Hasta que Sasha propuso ir al vagón restaurante.
-¿Te apetece comer algo Mila?, me han dicho que aquí sirven una sopa Borsch y unos Blinis espectaculares.
-Genial, vamos porque empezaba a tener hambre.
El vagón restaurante estaba casi vacío, por lo que el camarero les atendió con prontitud.
-Dos Borsch de primero, por favor, -pidió Aleksander. -Y unos Blinis de salmón y caviar surtidos.
-¿Y para beber?, -preguntó el asistente del restaurante.
-A mí una Báltika fría, por favor, -pidió Aleksander.
-Para mi una Volkovskaya, pero no me traiga el vaso de la nevera si es posible.
-Por supuesto señorita. El menú incluye el postre, ¿lo quieren pedir ahora?.
-Si tienen, yo quiero un poco de ptichíe con una bola de helado de Stractiatella. -Pidió Mila.
-Yo sólo tomaré café, y un poco de Stolíchnaya frio, pero etiqueta roja por favor.
Durante la comida Mila y Aleks hablaron de sus vidas, aficiones y descubrieron que ambos eran oriundos de San Petersburgo, Mila nació en Kolomna, y Aleks en Admiralteysky, ya que su padre había sido también ofiacial de la Armada. A la comida le siguió una sobremesa, y al chupito de Stolíchnaya, le siguieron dos más, y cuatro, y seis, hasta que decidieron levantarse viendo que los asistentes no entendían que pudieran seguir allí tanto tiempo después de comer.
Se había hecho de noche cuando caminaron por el pasillo de regreso a su departamento. Al llegar a la puerta ambos quedaron frente a frente, y después de unos segundos, Aleks se inclinó y besó a Mila. Al principio fue simplemente un escarceo, pero se convirtió en un morreo en toda regla, que Mila se permitió continuar.
-Creo que deberíamos entrar porque aquí estorbamos, -dijo Mila mientras se apartaba a un lado para dejar pasar al revisor.
-Opino lo mismo, -sentenció Aleks.
Una vez dentro ambos se entregaron con desenfreno a continuar el morreo. De ahí pasaron a unas caricias que no tardaron en convertirse en un magreo mutuo descarado e intenso. Sin separarse de ella, Aleks estiró su brazo, y tirando de un cordel, bajó el estor de la puerta. Después de eso, ambos quedaron en la más absoluta intimidad.
-Besas muy bien Mila Mijailovna.
-Tú también... Aleksander Ivánovich.
Mila rodeó con sus brazos el cuello de Aleks, y siguieron besándose con pasión durante unos instantes.
-¿Sabes una cosa Mila?, -le susurró al oído el hombre.
-No, dime. -Contestó la mujer haciéndose la interesante.
-Tengo ganas de follarte.
-Eso tiene fácil arreglo.
Mila cogió de la mano a su acompañante, abrió la puerta de su departamento, y entraron. Cerró la puerta detrás de ella. Mientras caminaba hacia Aleks, se quitó el jersey dejando ver unos bonitos pechos cubiertos con un sujetador negro de encaje. Aleks se quitó la camisa, y sin esperar mucho, el cinturón y se desabrochó el pantalón. Como en un juego a ver quien era más rápido, Mila se quitó la falda, que cayó hasta los tobillos, llevando sus manos hacia la espalda, se desabrochó el sujetador. Aleks se acercó a ella y se arrodilló frente a ella, se deshizo de la falda y del sujetador, que los lanzó a distancia. Bajó la cremallera de las botas, y de una forma sensual se las quitó a la mujer. Pudo comprobar que las piernas esbeltas que había imaginado debajo de la falda, eran en efecto perfectas. Bonitos muslos redondos y tersos, piernas largas y torneadas, caderas redondas...No esperó mucho para quitarle las bragas, y apareció ante él un sexo depilado por completo, rosado y con unos labios perfectos. No pudo aguantar la visión de aquella hembra desnuda ante él, y abriéndola ligeramente de piernas, se dispuso a regalarle unos lametones. Mila sujetó la cabeza de Aleks, mientras suspiraba y echó su cabeza hacia atrás al sentir la lengua de su compañero rastrear su sexo. El hombre pudo comprobar que el culo de su amante era también perfecto como toda ella. Redondo, duro y respingón. El hecho de que Mila hubiera tenido tapadas hasta las ideas, le añadió más sorpresa y agrado al momento.
-Por Dios Aleks, que bueno, me encanta que me comas.
-Estás mojada Mila, me gusta ver este coño chorreando.
-Sigue, joder.
Aleksander continuó explorando con su lengua el sexo de su amiga. Con la punta tocó el clítoris, lo que provocó un gemido de placer en la chica.
-¡Oooooh, ебать!... Боже мой!
Aleksander se levantó y quedó frente a ella. Mila sin dejar de mirarle a los ojos fijamente como una loba en celo, terminó de quitarle los pantalones. Imitando al chico unos minutos antes, se agachó delante de él, se puso de rodillas y bajó los slips hasta quitárselos por completo. Aleks lucía una bonita erección. Su verga tenía una buen tamaño. Recta y mirando hacia arriba, un glande rosado y brillante, y una piel estirada donde se podían ver venas y pliegues. Sin dudarlo lo más mínimo, Mila sujetó el miembro y le regaló al chico una felación. Al principio lo hizo despacio, recreándose en las medidas y sintiendo como el falo llenaba su boca. Sintió el calor en su boca, los pliegues de la piel en sus labios, el glande tocando el paladar. Acompañó el movimiento de su cabeza, con la mano masturbando a su amante. Llegó hasta casi la base del falo, lo que le provocó una ligera arcada. Con la otra mano palpó los testículos de Aleksander que no dejó se suspirar y gemir. La polla del chico no tardó en estar embadurnada con la saliva de ella, lo que facilitó la mamada. Ninguno tenía prisa por terminar, tenían todo el tiempo del mundo.
Aleks llevó de la mano a Mila hasta donde estaban las camas plegadas. Bajó la que estaba más abajo de la litera, y sentó a Mila. Después de agacharse, abrió las piernas de la chica y su vagina quedó otra vez a la vista. Mila se recostó y esperó a recibir los lametones de su amante. No tardaron en llegar. Aleks subió ligeramente las piernas de la chica y la abrió. Pasó su lengua por la vagina de la chica, y se atrevió cuando vió que ella estaba totalmente entregada, a mojarle también el perineo y el esfínter del ano. Mila no opuso resistencia ni protestó. Sintió como la lengua húmeda estimulaba su culo, su coño, y llegaba hasta el clítoris. Arqueó la espalda, se agarró con fuerza al edredón y jadeó con fuerza.
-¡Aaaaah!...cabrón vas a conseguir que me corra, ¡joderrrrr!, ¡mmmmm!
-Me encanta cuando hablas y te comportas como una puta, -le dijo Aleks como respuesta.
-Estoy a mil..Уф!! трахни меня!!...¡mmmm!
Pero Aleks se hizo de rogar, quería ver como la chica se desesperaba y se retorcía de placer en la litera. Mientras comía con descaro el culo y el sexo de la chica, sorbía los líquidos que ella expulsaba.
El chico se levantó y ayudó a poner a Mila a cuatro patas, apoyada en la cama. Se humedeció la mano con su saliva y encaró su verga hacia el coño de Mila. La penetró despacio al comienzo, y le dio un cachete en una de sus nalgas. A Mila eso la excitó aún más. Aleks la sujeto por la cintura y se dispuso a embestir a la chica. El cuerpo de ella se estremecía con cada embestida.
-Тебе нравится, как я тебя трахаю?, -repetía Aleks con cada arremetida.
-¡Mmmmm!..Daaa!...¡ah!, ¡ah!, ¡ah!, ¡ah!, продолжай!!, продолжай!!, ¡ah!, ¡ah!
-Estás chorreando zorra, tienes ese coño mojadísimo.
Aleks quitó sus manos de la cintura de la chica, bajó la litera superior, y se agarró a ella sin dejar de mover sus caderas, y acometiendo con fuerza a Mila. El orgasmo no tardó en llegarle. Sacó su miembro del sexo de la chica, y eyaculó con fuerza sobre la espalda de ella. Mila sintió la calidez del líquido en su espalda.
-¡Aaaaaaaah!…¡jodeeeeerrr!….¡aaaaah!
Mila se dio la vuelta y limpió el miembro de Aleks metiéndolo en su boca. El chico no se esperaba aquella reacción, pero tampoco hizo nada por evitarla. Sin soltarse de la litera, fue moviendo la verga en la boca de la chica.
Aleksander se recostó en la litera mientras Mila se daba una ducha en el minúculo cuarto de baño del departamento. Pasados unos instantes, salió y comprobó que a su amante no se le había pasado la excitación y todavía lucía una polla con un buen tamaño.
-Creo que me toca a mi Sasha, es mi turno.
-Lo que tú digas, -le replicó él sonriendo.
Mila volvió a subir la parte superior de la litera, liberando espacio en la cama de abajo para ambos. Se subió sobre Aleks, y manipuló el miembro para estimular a su amante. Cuando comprobó con el tacto que todo volvía a estar en orden, guió hasta su ano la polla del chico. Lentamente el miembro fue abriendo el esfínter, con una mezcla de placer y dolor en la cara de Mila. Ella se inclinó hacia adelante, y se apoyó con sus brazos en el pecho del muchacho. Sus caderas parecían moverse solas introduciendo la verga en su culo. Cuando Mila consideró el momento adecuado, de un golpe seco bajó las caderas hasta el final, consiguiendo que el miembro de Aleks se intodujera entero.
-¡Oh, Dios mío!, ¡joder!...la ostia, que bueno, acertó a decir ella en ese momento.
-Joder Mila, ¡aaaaah!…
Mila pasó de estar sentada sobre su amante, a ponerse en cuclillas para facilitar el movimiento.
Verdaderamente Aleksander no se imaginaba que aquella chica que había conocido hacía unas pocas horas, fuera una auténtica zorra en la cama. Pero en lugar de retraerse, eso le excitó aún más, si que eso fuera posible. Nuevamente un orgasmo en forma de latigazo recorrió la espalda de Aleks, que volvió a correrse, esta vez dentro de su amante. El orgasmo de Mila coincidió con el de Aleks, y ambos estallaron en gemidos de placer durante unos segundos.
-Joder Aleks, menudo semental, me has dejado empapada.
-¿Y tú a mi?, me has puesto a mil portándote como una zorra.
-Me gusta entregarme cuando follo.
-Y a mi que no te cortes.
Los días que restaron hasta el final del viaje para Mila, transcurrieron follando por cualquier rincón del departamento que se prestara a ello. No se percataron siquiera que durante una parada en una estación remota, unos chavales se pusieran a aplaudir desde el andén.
-Bueno Aleks, me tengo que bajar aquí, -dijo Mila mientras el tren enfilaba la estación de Stantsiya Irkutsk, y se abrochaba el abrigo.
-Ha sido todo un placer Mila, -dijo Aleks mientras besaba la mano de la chica.
-¿Volveré a saber de ti Aleksander?
-Tal vez si vas a Vladivostock. ¿Y yo a ti Mila?
-Tal vez si vas a Sevilla.
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