Trio en vacaciones
La mirada fija en la piscina desató una fantasía prohibida. Cuando la esposa le confiesa que ya contactó a la chica, el límite entre el deseo y la realidad se desdibuja. Ahora, solo queda ver si él podrá soportar el espectáculo sin perderse a sí mismo.
Estábamos en Playa D’Aro de vacaciones, pleno mes de agosto con ola de calor. Ya el primer día hicimos snorkel en cala Sa Cova, comimos ligero en un chiringuito y nos fuimos a la piscina del complejo de apartamentos donde nos alojamos.
Un sitio precioso, con mucha zona ajardinada y una piscina grande con una seta de metal enorme donde cae una cascada de agua.
Después de una rato en la piscina nos fuimos a las tumbonas, a penas a un par de metros de la piscina. Yo soy incapaz de estar tumbado al sol más de 5 minutos, me senté y empece a mirar a todo el mundo.
En ese momento llegaron dos chicas, eran las animadoras para los niños, se pusieron de pie al borde de la piscina justo delante nuestro. Pusieron música y empezaron a hacer bailar a todos los que estaban en la piscina.
No pude apartar la vista de una de ellas, era una chica de unos veinti pocos años. Llevaba unos pantaloncitos deportivos elásticos totalmente arrapados a su culito que era redondito no muy grande pero muy bien puesto y un top a conjunto que dibujaba sus pechos voluptuosos y tersos.
Empecé a imaginarme a mi mujer y esa chica completamente desnudas, besándose, acariciándose y dándose placer mutuamente mientras que yo, yo…, yo no se más, porque en ese momento escuche la voz de mi mujer: “Cariño!!!, estas empalmado?”.
Ostia si lo estaba y mucho.
Me cubrí con la toalla, y le expliqué la verdad, que me estaba imaginando un trio con esa chiquilla.
Me dijo que era un obseso que estaba todo el día pensando en sexo y se volvió a tumbar.
La verdad es que tenia razón, con esas calores y todas las mujeres, incluido la mía, con poca ropa, uno va cachondo todo el día.
Decidí ir al bar del complejo a buscar un par de cervezas fresquitas, para mi mujer y para mi, a ver si me bajaba el calentón.
Al volver a la piscina no pude creer lo que vi, mi mujer estaba al borde de la piscina hablando con esa chica!!
Decidí no entrometerme y me fui a las tumbonas. Noté que la chica me miró un par de veces mientras hablaban.
Al volver mi mujer, le pregunté: “Que le has dicho?”
Ella me respondió: “Que tenga cuidado contigo, que eres un pervertido”.
Me exalté y le dije “No será verdad?”.
Ella se rió un buen rato y me dijo: “No tonto, acaba la cerveza y en el apartamento te lo explico”.
Al llegar al apartamento lo primero que hice fue ponerme un whisky para no parecer muy ansioso, pero me moría de ganas de saber de que habían hablado. Entonces mi mujer me dijo: “No querías saber que le he dicho?”. Se me escapó un “Si, si, si” que denotaba mis ansias por saber.
“Le he dicho que tiene un cuerpo precioso y muy apetecible, que si quería que jugásemos los tres”.
Ufffffff, casi me caigo de culo, mi mujer me sorprende cada día más, no me la merezco. Yo rápidamente le pregunté: “Y que te ha dicho?”.
Me explicó que la chica me miró un par de veces y que le dijo: “tu marido no me atrae mucho.”
Lo entiendo perfectamente, un cincuentón, calvo y con barriguita no es el prototipo para una chica de su edad.
Pero mi mujer continuó: “Entonces yo le dije, que podríamos jugar nosotras y que tu solo mirarías”.
- “YYYYYY?????”, me moría por saber la respuesta.
- “Vete a duchar, llegará en 20 minutos.”.
Estrujé a mi mujer por la cintura y le di un besazo. Le dije: “Gracias cariño”.
Ella me respondió: “No me des las gracias, lo hago más por mi que por ti. A mi también me pone muy cachonda la niña”.
La volví a besar y me fui rápidamente a la ducha.
Mientras me duchaba me volví a imaginar las dos juntas en pelotas y me di cuenta que la chica apreció lo buena que está mi mujer, con casi cincuenta años, tiene un tipazo de infarto, muy guapa, delgaldita, con una piel fina y unas enormes tetas.
El sonido del timbre me sobresaltó, cogí una toalla para cubrirme y salí del baño acelerado.
Delante de mi estaban las dos, que par de preciosidades pensé.
Mi mujer la cogió de la mano y la acercó a mi. “Preciosa, este es mi marido” dijo. Nos dimos dos besos y yo me fui a poner otro whisky, ahora lo necesitaba de verdad.
Mi mujer llevaba tan solo un tanga y una camiseta de tirantes no muy apretada, pero si le marcaban sus grandes pechos, la chica llegó con la misma ropa deportiva elástica que dejaba poco a la imaginación.
Me senté en un sillón con el whisky en la mano y mi mujer cogió a la chica por la cintura y empezó a besar muy delicadamente sus jovenes labios. Ella puso sus manos en el culo de mi mujer y giró su cabeza ofreciéndole el cuello. Mi mujer le clavó la boca como si fuera un vampiro y empezó a chupárselo mientras que deslizaba una mano por debajo del top elástico de la chica. Lamia y besaba el cuello mientras le acariciaba el terso pecho. La chica cogía con fuerza las nalgas de mi mujer, denotaba que estaba disfrutando de esas caricias.
Yo estaba totalmente empalmado pero no quería tocarme, me hubiera corrido rápidamente y no quería perderme ni un instante de ese increíble espectáculo.
La chica le quitó delicadamente la camiseta a mi mujer, dejando al descubierto esos enormes pechos que a mi me vuelven tan loco. Empezó a lamerlos y a dar pequeños mordisquitos en los pezones, le puso la mano en la entrepierna y empezó a frotarle el coño por encima del tanga, mi mujer hacia profundos suspiros de placer.
Mi mujer le quitó el top, la chica tenia unas preciosas y firmes tetas, algo más pequeñas que las de mi mujer. Le cogió de la mano y la tumbó en el sofá, se puso encima de ella y empezó a chupar y lamer esos firmes pechos a la vez que metió la mano por debajo de los pantaloncitos deportivos. El movimiento de la tela elástica revelaba que mi mujer le estaba introduciendo un o dos dedos en su vagina. La chica gemía con unos suspiros prolongados.
Mi mujer se acercó a su oreja y le susurró alguna cosa, la chica asintió con la cabeza, mi mujer entonces le quitó los pantalones y la abrió de piernas, se giró hacia mi y me dijo:
“Cariño, le he dicho que tienes unos dedos y una lengua de oro, que le ibas a dar el mayor placer que va a experimentar en la vida. No me hagas quedar mal”.
Tuve que darle un buen trago al whisky para comprobar que no estaba soñando. Fui hacia el sofá y me arrodille entre sus jovenes piernas, tenia unos labios exteriores tiernos y voluptuosos, los abrí con las manos y empecé a lamer los interiores hasta el clítoris. La chica estaba ya muy húmeda por el placer que le había dado mi mujer, empezó a gemir con más intensidad.
Entonces mi mujer se sentó encima de su cara y cogiéndole los pechos dejo que la chica le diera placer con la lengua.
Cuando la chica empezó a temblar y gemir fuertemente, mi mujer izo lo propio, las dos estaban teniendo un orgasmo. La chica arqueó la espalda y mi mujer le apretaba los pechos fuertemente, fue un momento increíble ver como aquellas dos preciosidades llegaban al clímax al mismo tiempo.
Después de recuperar el aliento y chica nos pidió si se podía duchar en nuestro baño, cosa que no tenia ni que pedir.
Mientras ella se duchaba, mi mujer me empujo hasta el sillón y se sentó encima mio, empezó a cabalgarme y me dijo:
“Cierra los ojos y piensa que te estás follando a esta chiquilla”.
Yo no le hice caso, seguí mirándola a ella, aunque la chica era preciosa, a mi quien más me excita en este mundo es mi mujer.
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