Mariella - Madura infiel
Llevaban años cruzándose en pasillos y proyectos, pero esa tarde la conversación giró hacia el dolor de una traición. Él vio la oportunidad; ella, la venganza. Lo que empezó como un consuelo mutuo se transformó en una mañana de hotel donde los límites se borraron y el deseo, por fin, se liberó.
Mariella - Madura infiel
Viví una corta e intensa aventura con Mariella, a quien conozco por el trabajo, coincidimos en varios proyectos, en la misma empresa o en el mismo site, desde el primer día nos llevamos muy bien, ella es 10 años mayor que yo, no me fije en ella como mujer sino como compañera de trabajo, siempre atenta con todos, es administradora de profesión.
Compartimos oficina durante año y medio, lo cual afianzó nuestra amistad, incluso estábamos en la misma guardia, ella sabía mis aventuras y desventuras, en esa época andaba de amoríos con Julissa y después con Leticia.
El proyecto termino, pero no dejamos de comunicarnos, siempre estábamos en contacto, una o dos veces al mes hablábamos por celular para ponernos al día o hacernos consultas para despejar dudas del trabajo.
Nos cruzamos en varios proyectos, en distintas empresas y nos reuníamos para conversar y comer o tomar algo, la comunicación entre nosotros siempre fue abierta.
Poco después de que Eli se fuera del país, andaba medio confundido y dando tumbos sin destino fijo, me sentía mal por la forma como había terminado nuestra relación, caminaba pensativo por Saga de San Isidro y alguien me pasa la voz, era Mariella, me dio mucho gusto verla, nos saludamos efusivamente, besos y abrazos, le di su vuelta de rigor a manera de baile (siempre lo hacía, cuando la veía), halagos mutuos y demás, la invite a tomar un café y acepto encantada.
Conversamos de todo un poco, de los hijos, del trabajo. De las amistades en común, amena charla con anécdotas incluidas, hasta tocamos el tema de pareja, Mariella sabia de mi separación y que estaba con Eli, pero no que ya mi relación con ella había llegado a su fin, amablemente tomo mis manos y me dijo – por algo pasan las cosas, sino es para ti no es para ti – sabias palabras, siempre acertada en sus comentarios y eso se valora. Al hablar ella sobre su relación marital, la cosa dio un giro de 180 grados:
- ¿Qué te puedo decir?
- Me estoy volviendo piticlín por falta de uso.
- Ya no recuerdo la última vez que lo hice, hasta telarañas tengo.
- Encima Rafael (su pareja) anda de putas, comprobado amigo.
- Créeme que eso duele.
Al ver que sus ojos se llenaban de lágrimas, me cambie de asiento y la abrace, sin mediar palabras nos quedamos en silencio un rato. Mariella se repuso y mirando la hora me indico que tenía que irse ya que tenía que prepararle la cena a Rafael (su pareja), quede atónito ante esta confesión, me ofrecí en llevarla a su casa; en el camino mantuvimos silencio, hasta que no me contuve y la increpe:
· ¿Eres o te haces?, ese buey no te toca, anda con putas y estas preocupada por prepararle la cena.
- ¿Qué tiene de malo?
· Carajo, cómo no te conocí antes, no te atiendo, me voy de putas y encima estas preocupada porque no he comido, que suerte que tiene ese huevón.
· Mujeres como tú, ¿dónde m… las encuentro?, a mí me tocaron dos que me dejaron.
- Espera, espera, tranquilízate, ya pareces mi marido.
Reflexione, teníamos mucho tiempo sin vernos y no iba a echar a perder una amistad por un exaltado comentario y su amistad la valoraba por encima cualquier situación.
· Tienes razón, ya parezco el marido celoso.
- Jajajaja – ambos nos reímos.
Ella vive en Surquillo, tráfico del mal, embotellamiento por todos lados, como que el destino nos tenía algo preparado, seguimos conversando sobre su tema:
- Lunatacas, estoy pensando seriamente en pagarle con la misma moneda.
· ¿Estás segura?
- Claro, para que sienta lo que es que te pongan los cachos.
· Esa es una decisión netamente tuya.
- ¿El problema es que no se con quién?, ¿ni dónde buscar?
· En un momento de lucidez – pero que falta de confianza, para que están los amigos
- ¿Te me estas ofreciendo?, ¿Te parezco atractiva?
· Sí y eres una mujer muy atractiva, muchos quisieran estar contigo.
- Mira que me lo tomo en serio.
Desabroche mi cinturón y me acerque a ella, tome su barbilla y mirándola fijamente a los ojos, bese su frente. Sus manos tomaron mi rostro, cerro los ojos y ofreció sus labios, nos besamos por largo rato, pero los cláxones nos volvieron a la realidad,
- ¿Lunatacas vas a ser mi colágeno?
· Gustoso de serlo, tú serás mi sugar mami.
- Jajajaja, estás loco.
· Para nada, eres toda una MILF.
- ¿Qué es eso?
· (traduciéndolo) Madre que me gustaría follar, en cristiano, madre que quiero cachar.
- ¿Ah?, suena raro; tú siempre directo, pero aún no estoy preparada para dar ese paso.
· La oferta está hecha, ¿piénsalo?
- Si, tengo que pensarlo y mucho.
La dejé y me fui a mi departamento, pensando en que no había logrado nada con esa propuesta, pasaron varios días y nos mensajeábamos con normalidad, sin tocar el tema, estaba de salida de la oficina, recibí una llamada:
- Lunatacas, acepto tu propuesta,
- Lo he pensado mucho y quiero que seas tú quien me haga sentir deseada.
- ¿El sábado tienes tiempo? ¿me recoges temprano?, espero pasarla bien contigo.
· Claro, estaré puntual y no te defraudare.
Llego el sábado y estaba nervioso, me cambié y salí a recogerla, Mariella estaba vestida con un jean, polera y llevaba una pequeña mochila, nos saludamos de beso en la mejilla y salimos rumbo al Hotel Pacifico, notaba su nerviosismo, posé mi mano en su muslo para tranquilizarla.
Mariella, en ese entonces de 53 años, de 1.70 m, delgada, cabello pintado de castaño claro, no se apreciaba un cuerpo despampanante y menos voluptuoso, digamos que normal, a pesar de los años todo en su sitio, pechos normales, barriga plana, trasero nada despreciable y piernas torneadas. Vestida con lo que sea se le ve bien y nunca pasa desapercibida. Esa era la apreciación que tenia de ella, la cosa fue distinta cuando la tuve desnuda ante mí, ufffff, pechos hermosos y firmes, figura moldeada y pies cuidados, barriga plana y piel suave.
Nos registramos y antes de ingresar a la habitación la cargue en vilo (como si fuera mí novia). Nos dieron una habitación con sillón tántrico, el cual fue la vedette en nuestra mañana.
Besándonos, nos sentamos sobre la cama, caricias mutuas, sin mediar palabra alguna, Mariella se dirigió al baño, mientras yo me acomodaba, grande fue mi sorpresa, al verla enfundada en lencería roja, bragas y sostén de encaje y detalles, cubierta con una salida de satén rojo con mangas negras, ufffff, esbozando una picara sonrisa;
- Lunatacas, ¿te gusta?
· Me encanta – me puse de pie extendiéndole la mano para hacerla girar y apreciar su belleza.
Sin más palabras, nos besamos, nuestras lenguas se entrelazaron, mis manos recorrían su hasta ahora ocultas curvas, su suave piel y el perfume que emanaba me encandiló además endulzaba el ambiente, tendiéndola suavemente sobre la cama. Ella comenzó a besarme por las orejas, bajando por mi cuello, retirando mi camisa, para bajar por mi pecho, mirándome fijamente me desabrocho la correa y el pantalón, metió la mano en mi bóxer para liberar mi ariete, mmmmm, que buena herramienta tienes – su mano se encargó de pajeárme largo rato, me besaba, pero no se atrevía a más, como que aún le quedaba duda de lo que si hacia estaba correcto.
Sin darle opción a que se desanime, retire su salida y la hice echarse boca arriba, mis manos recorrieron sus largas piernas, hasta llegar a su zona púbica, me percaté que sus bragas tenían abertura central, comencé a besar sus muslos, subiendo y pasando de largo, sus manos se perdían entre las almohadas, este acto le arrancaba pequeños gemidos de placer, observando el panorama, encontré una zona púbica depilada por completo, debajo una hermosa almeja de labios carnosos y oscuros, cerrada aun, no dude en besarla y comérmela a placer, ahhhhhh, ¡qué rico!, mmmmm, ¡qué rico!, mmmmm – gemía de placer, mis labios jugaban con sus labios mayores, degustando su interior aun sin emanar fluidos vaginales, mi lengua ingresaba en su vulva a su antojo, mis dedos separaron los labios para encontrarme con un inmenso botón, que ya estaba erecto y lustroso, mmmmm, ¡sigue!, mmmmm, ¡sigue!, ¡no te detengas!, inmerso en mi acción continue con el cunnilingus de rigor.
La zona estaba depilada, sin ningún rastro de vellos, suave al tacto, después me comentaría que lo mantenía siempre así, mis manos instintivamente amasaban sus tetas. Me esforcé dándole una buena sopeada, como para que recuerde quien era yo, luego la gire y ella en acto reflejo puso el culo en pompa, abrí sus nalgas para poder meter mi lengua entre ellas y poder degustar el sabor de su arrugado ano, ufffff, vaya que le gusto ya que su reacción fue inmediata – ahhhhhh, ¿qué haces?, mmmmm, ¡qué rico!, mmmmm – gemía Mariella a cada paso de mi lengua por su arrugado agujero, infinidad de besos negros calaron en su interior, sin dejar de lado su perineo, mi lengua recorrió sus dos agujeros, tratando de sacar todo el provecho posible, volví a hundirme de lleno en su sexo, labios gruesos y oscuros, recibieron infinidad de lamidas y besos; sus manos liberaron sus hermosas tetas de su prisión y se las amasaba suavemente.
Se volteó repentinamente para besarme lujuriosamente, ahora no había la menor duda estaba entregada, baje desando sus lóbulos y cuello, me entretuve largo rato en sus bellas senos, aureola marrón grande, sus pezones erectos como una nuez, fueron succionados y mordisqueados incontables veces, amasaba su circunferencia deleitándome a mi antojo con ellos, para continuar mi camino por su abdomen plano, jugando con la hendidura de su ombligo, recogí sus piernas a la altura de las rodillas para pegarlas sobre su torso, teniendo su vulva expuesta, lamiendo sus labios, succionando su rosado, duro y pequeño botón, ufffff, mis dedos invadieron su vagina, mmmmm, ¡qué rico!, mmmmm, ¡qué rico!, mmmmm, la fricción fue incrementando, arrancándole más gemidos, me percate del sillón tántrico y la tome de la mano para posicionarla sobre el mismo, la lámina pegada al costado del mismo me ayudo a saber cómo usarlo, con su espalda arqueada hacia abajo dejaba su vulva expuesta, me acomode en el suelo y me apodere de su sexo una vez más, ufffff, tenía a mi disposición ese delicioso manjar, se me enfrió el trasero y la reacomode para seguir con el cunnilingus.
Mariella se tensaba continuamente a cada estimulo, mis dedos siguieron entrando y saliendo de su interior, un par de minutos bastaron para que alcanzara el primer orgasmo de la noche, silencioso, solo temblaba, recogió las piernas y atrapo mis dedos en su interior, sus manos trataron de detener mi movimiento, al percatarme me acerque a sus pechos para succionar y lamer suavemente sus pezones, esto la conduciría a una nueva andanada de espasmos, su expresión era de asombro, soltando largos suspiros y pequeños gemidos, un beso sello ese nuevo clímax.
Sin que se recupere aun, baje nuevamente esta vez para saborear sus jugos vaginales, ufffff, se había venido copiosamente, mojando prácticamente el sillón, ahora su almeja estaba completamente abierta, sus carnosos labios mostraban el interior de su sabroso agujero y eran coronados por la lustrosa nuez de su clítoris, deje la zona totalmente limpia y volví a meter mis dedos en su cavidad, Mariella recibía gustosa mis incursiones - mmmmm, ¡qué rico!, mmmmm, ¡qué rico!, mmmmm – murmuraba tenuemente.
Me había embelesado con su vulva, no podía dejar de probarla, posicionando a su dueña en todas las variables posibles que ofrecía el dichoso sillón, para poder degustarla, perdí la noción del tiempo en este accionar, pero su vulva era adictiva, en mi mente no podía entender como su marido desperdiciaba semejante manjar, en fin, gajes del oficio. Mi accionar provoco un par de orgasmos más en Mariella, dejándola exhausta, agitada y complacida, tras mi última incursión me recosté en el respaldar del sillón.
Ella recupero el aire y me desvistió, con todo lo acontecido no me había percatado que aún estaba con ropa, pidió que me acomode y masturbándome suavemente me comía a besos, bajo besando mi cuello y pecho, succiones mis tetillas dejándolas rígidas, siguió bajando – ahora me toca a mi devolverte el favor – dicho esto su lengua recorrió mi ariete en toda su extensión hasta la base de los testículos, succionando uno por uno, ufffff, su hábil lengua hizo y deshizo con mi ariete, jugueteando con la cabeza, envolviendo y lamiendo, Mariella conocedora del arte de la felación, me brindo una mamada inolvidable, ufffff, mordía suavemente toda la extensión de mi ariete, pajeaba con suavidad y ensalivaba mi herramienta; fue muy agradable, su lengua era experta en las artes mamatorias, me tomo por las nalgas para deleitarme con una serie de gargantas profundas que me llevaron al paraíso, ufffff, escuchar el glup, glup, glup de cada engullida que hacía y más aún su mirada clavada en mis ojos, me dejaron al borde de una inminente explosión, sintiendo como la corriente eléctrica recorría mi columna, ella lo noto y en un hábil movimiento me dio una suave mordida, haciendo que la sensación se vaya, irguiéndose para besarme con lujuria, volvió a bajar dejando un rastro de saliva en el camino y con sus labios propinarme una nueva gran mamada, a este ritmo no iba a durar mucho, hizo un alto – cuando te vayas a venir me avisas – asentí con la cabeza, al sentir la electricidad le avise y ella volvió a mordisquear mi ariete esta vez a la altura del glande, ocasionando que la sensación se vaya, su mano atrajo la mía y la posiciono en su vulva, ambos empezamos a pajearnos mutuamente, me hubiese gustado tener una cámara en ese momento para inmortalizar lo vivido.
Nos acomodamos sobre el sillón y seguimos masturbándonos y besándonos, ufffff, lleve mis dedos empapados con sus jugos a mi boca y ella hizo lo propio, nos besamos, bajo nuevamente, se acomodó para que la siga dedeando, inclino el cuerpo y su lengua y boca demostraron de lo que eran capaces, ufffff, a punto de explotar le avise y esta vez tiró con fuerza de la base de mi ariete, haciendo que este pierda la erección casi de manera inmediata, Mariella resultó ser una caja de Pandora.
Nos acomodamos sobre el sillón, para tener una posición que nos permita desfrutar del sexo oral, tomo mi ariete con ambas manos para pajearme suave, una vez que ya estaba medio erecto su lengua hizo el resto del trabajo, lamiendo en todo su recorrido, succionando cada uno de mis testículos, besando y mordisqueando mi glande, le daba suaves beso y la punta de lengua se restregaba en el orificio, ufffff, estaba en el cielo, sus manos se apoderaron de mis nalgas y creo que el cuarto o quinto garganta profunda sentí como mi espina dorsal era recorrida por electricidad, le avise, hizo caso omiso, termine descargando varias veces en el interior de la boca de Mariella, ufffff, ella recibió gustosa mi esencia, sin asquearse y menos tener arcadas, no dejo de comerse mi ariete en momento alguno, ni dejo escapar nada, ufffff, que tal vaciada que tuve en ese momento, ella prosiguió en lo suyo y no se detuvo hasta que dejo lustroso y sin rastro de semen, al momento de soltar mi ariete ya estaba medio erecto.
Mirándome con lujuria, me halo hacia ella para besarla, no rechace, no era la primera vez que una mujer me pedía esto, además no considero asqueroso el hacerlo, al final es producto que sale de ti, antes de que mis labios toquen los suyos sus dedos se introdujeron en mi boca, humedecidos con sus jugos vaginales, nos besamos y nuestras lenguas se entrelazaron.
Recostados sobre el sillón, descansamos unos minutos, acariciándonos sin mediar palabra alguna, al cabo de unos minutos, Mariella señaló el cartel sugiriendo un 69, nos posicionamos, fue de otro nivel, ya que a cada estimulo que le daba ella reaccionaba con una succión descomunal en mi ariete y testículos, ufffff, eternos minutos estuvimos dándonos placer mutuamente; contadas veces me he encontrado a una mujer tan afecta al sexo oral prolongado, mis dedos encharcados de sus jugos vaginales ya jugaban con si arrugado orificio posterior, al comienzo ella reculo, pero al no sentir amenaza alguna cedió, poco a poco fue ganando terreno y ya dos de ellos entraban y salían de su arrugado ano, al igual que mi lengua.
La habitación retumbaba con el glup, glup, glup propio de la mamada que Mariella me daba, continuamos en nuestra labor, sus gargantas profundas me pusieron al borde de la explosión otra vez, le avise y ella mordisqueo mi glande para evitar la inminente vaciada, la acomode contra el sillón para darle innumerables besos negros y de paso meter mis dedos en su arrugado ano. Volteándola para hacer un misionero alto (según el cartel), sus manos bajaron acariciando mi pecho para terminar agarrando mi ariete y restregarlo en la entrada sobre sus labios mayores y clítoris, interrumpí mi accionar:
· Espera que me pongo el pre.
- No, no quiero que uses eso, quiero sentir como me llenas con tu leche.
· Está bien.
- Mmmmm, que bien se siente
Penetrándola suavemente, ufffff, que calidez sentía, a pesar de la lubricación su estrechez era notoria, ahhhhhh, ¡qué rico!, mmmmm, ¡qué rico!, mmmmm, ¡cáchame Lunatacas!, mmmmm, ¡cáchame Lunatacas! – nuestras caderas chocaron y el frenesí de la penetración empezó, un misionero cargado de intensidad, ufffff, con espalda arqueada por la posición la sensación es distinta, es más placentera.
Guiándonos por el cartel hicimos las variantes de misionero, colocando a Mariella en la zona alta o baja del sofá, definitivamente es una experiencia más sensorial y conecta a la pareja de una manera distinta, más aún cuando ella se acomodó encima mío para demostrar que es una amazona hecha y derecha, ufffff, sus caderas sacudieron mi cuerpo a su antojo, mientras yo aprovechaba para amasar, morder y besar sus hermosas tetas, a cada movimiento sentía el roce de su clítoris sobre mi zona pélvica, mis manos recorrían además de sus tetas su espalda y brazos, ahhhhhh, ¡qué rico!, mmmmm, ¡qué rico!, mmmmm, era cada vez más elocuente; bastaron pocos minutos para que ella acelere sin control el movimiento de sus caderas, contrayendo su vulva, la misma que emanaba abundantes jugos vaginales; cada espasmo evidenciaba la llegada de un nuevo orgasmo, ufffff, mi boca atrapo una de sus tetas para succionarla suavemente, ¡no qué haces!, mmmmm, ¡estoy muy sensible!, mmmmm, ¡no qué haces! – sin hacer caso, atendí la otra teta, desencadenando una descontrol total en Mariella, ya que no dejaba de moverse, producto del accionar alcanzaría otro clímax.
Mariella se dejó caer sobre mi pecho, extasiada, ya sin movimiento alguno, mis manos dibujaban sus curvas y acariciaban su muslo y nalgas hasta encontrarse en la separación de las mismas, por instinto uno de mis dedos se introdujo en su arrugado ano, ella reculo, yo mirándola:
· Ahora toca por atrás.
- ¡Estás loco! Por ahí nadie ha entrado.
· Me concedes el honor de ser el primero.
- Tienes que hacer muchos méritos.
· A las pruebas me remito – sonriendo.
- Está bien, pero si me duele paras
· Trato hecho – nos besamos.
La acomode boca abajo, apoyada sobre la giba baja del sillón, dejando su culo en pompa, empecé besándola en esa posición, para ir bajando por su cuello y espalda, dándole suaves mordiscos, levante la mirada para admirar una vez más el panorama, no es la pera perfecta pero tiene su toque peculiar, plop, plop, plop, azote cada una de sus nalgas, dejándoles mis manos marcadas – no seas tosco, ahhhhhh, despacio, ahhhhhh – mientras hundía su cabeza entre los hombros, su cabellos caían por su espalda incitándome a mordisquearla, terminen hundiendo mi rostro entre su hermosas nalgas, enrojecidas por la azotada, ella procedió a abrirlas ayudando que mi lengua pueda profanar más profundamente su interior, ufffff, a este punto mi ariete ya estaba listo para la acción.
Una andanada de besos negros, mi dedo entraba y salía de su virginal cavidad, mientras sus dedos restregaban su clítoris, estimulándose, poniéndola en sintonía, ensalivé dos de mis dedos y procedí a hundirlos, ella reculo un poco, pero se fue acostumbrando al invasor, un par de minutos y Mariella se incorporó para reclamarme:
- ¡Métemelo ya!, que esperas
· Aun no estas lista.
- ¡Cáchame!, ¡rómpeme el culo por favor!
· Falta dilatar.
- No importa, quiero sentir como me llenas.
Antes de que reaccione, Mariella se había volteado y dejaba ensalivado mi ariete, acto seguido volvió a la posición anterior, levanto un poco más el culo y moviendo las caderas me invito mirándome pícaramente.
Al ver su almeja abierta y jugosa, la penetre de un solo envión hasta el fondo, chocando nuestras caderas, ufffff – no seas tosco, ahhhhhh, despacio, ¡qué rico!, mmmmm, ¡qué rico!, mmmmm – agarrado de sus caderas, luego enrede su cabello en una de mis manos para tirar hacia atrás, ufffff, ahhhhhh, despacio, ahhhhhh – nuestras caderas chocaban abruptamente, unos minutos más y saque mi ariete.
En un momento de lucidez recordé que tenía un tubo de lubricante en mi casaca, por fortuna estaba a mi alcance, embadurne mi ariete e hice lo propio con el arrugado oficio de Mariella y de paso mis dedos, metiendo tres esta vez, entraron sin que ella se queje, ya estaba lista, golpee mi ariete contra su entrada posterior un par de veces, y comencé a introducir el glande lentamente, Mariella solo resoplaba, estaba quieta, su mano apenas se movía para estimularse, poco a poco mi ariete fue ingresando, ufffff, la estrechez era notable, la calentura, ese orificio estaba ardiendo, me costó ingresar un poco más de fuerza y sentí como cedia, a medida que ingresaba sentía como los pliegues de su esfínter iban cediendo a su invasor.
Mariella estaba tensa, podía sentir como temblaba, la expresión de su rostro reflejada en el espejo era de dolor, relájate linda, ya casi tienes todo adentro – mierda, duele – mientras me bajaba para besar su espalda y de paso acariciar sus tetas, sin moverme para que su orifico se acostumbre, ufffff, introduje un poco más y continue con la acción de relajarla, hasta que llegue a la raíz de mi ariete, hice que gire su cabeza para besarla, pero su rostro era desencajado:
- ¡Lunatacas, creo que no fue idea aceptar esto!
· ¿Quieres que te lo saque?
- No para nada, ¿ya está todo adentro?
- Ufffff, que dura que siento tu pinga, puedo sentir hasta las venas.
Dicho esto, comencé el mete y saca lento y pausado, tomándola por las caderas, poco a poco fui incrementado el ritmo, ayude la acción echando más lubricante en la entrada de su ahora desvirgado ano, ufffff, que bien se siente encular a una mujer y más aún romperle e inaugurarle el culo. Mariella se sintió más estimulada y cómoda al punto que dejaba escapar: ¡duele!, ahhhhhh, pero que bien se siente, ahhhhhh, ¡despacio!, ahhhhhh, disfruta de mi culito, ahhhhhh, soy tu mujer, ahhhhhh, ¡soy tu puta! – al escuchar estas palabras aproveche el momento y comencé a taladrar con fuerza y velocidad, ufffff, el golpe de sus nalgas chocando contra mi pelvis es indescriptible, melodía para mis oídos, no recuerdo cuanto tiempo estuve profanando su desvirgado ano, pero lo disfrute mucho, el reflejo en el espejo mostraba a Mariella disfrutando la incursión.
Mariella me detuvo y me hizo sentar en el sillón, para acomodarse a horcajadas, cogió mi ariete se lo restregó en el clítoris y luego acomodarlo en su entrada anal, sentándose suavemente., auchhhh, ¡duele!, auchhhh, ¡qué bien se siente! – ella misma empezó a subir y bajar hasta llegar a sentarse del todo y tragarse mi ariete por su recién inaugurado ano, me beso presurosa y emitiendo palabras incomprensibles, sus caderas comenzaron su trabajo, enderezo la espalda y atrape sus tetas para chuparlas y succionarlas, atendiendo sus erguidos pezones, ufffff, ella domino la posición y al cabo de unos minutos termine inundando su cavidad con mi esencia, ufffff, no sé si llego a alcanzar el clímax, mi mente estaba nublada y termine recostado sobre el sillón, mientras trataba de recuperar el aliento, ella no dejaba de contornear sus caderas.
Recuperamos el aliento, besos y caricias mutuas, nos soltamos, para meternos a la ducha, donde todos sus huecos fueron explorados, aun adolorida dejaba que meta mis dedos en su ano. Nos dimos un duchazo y al salir nos tumbamos en la cama, pedimos algo de picar y tomar, aun teníamos el resto del día para disfrutarlo y faltaba lo mejor.
- Lunatacas, hace mucho tiempo que no me venía tantas veces
· Tú eres toda una caja de Pandora.
- Cachas rico – regalándome una sonrisa y besándome después – bajando la mano sutilmente a mi entrepierna.
· Vas a hacer que se levante otra vez.
- Eso es lo que quiero – acto seguido ya estaba pajeándome otra vez.
Mariella mordía su labio inferior y con una expresión lujuriosa, me retaba con la mirada. Como les comenté el sillón tántrico se convirtió en la vedette de la mañana, hicimos todas las posiciones sugeridas en el cartel, disfrutamos como novios apasionados, hice venirse a Mariella infinidad de veces, ella me hizo venir tres veces más, situación que no pasaba en años.
Quedamos totalmente agotados; dormitamos, la jornada fue completa, total, la habitación estaba pagada; por la mañana su respetico mañanero y decidimos que pasaríamos juntos el resto del día, así que pague y disfrutamos mutuamente de nuestros cuerpos.
Tuvimos sexo durante todo un mes, por cuestiones de trabajo nos distanciamos, Mariella es una mujer muy entregada y en la cama no tienen límites ni restricciones, es muy sensual, lástima que se acabó, pero mientras duro fue algo especial.
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