Xtories

Glory days

Le dio carta blanca para ser quien quisiera, y ella no dudó en aprovechar cada segundo. Mientras él observaba desde la sombra, ella se entregaba a un desconocido con una voracidad que lo dejaba sin aliento. ¿Hasta dónde llegaría su libertad y qué precio tendría para él al volver a casa?

Eric Salazar12K vistas8.3· 12 votos

Llegué a casa y María estaba en la cocina haciendo la cena. Me puse detrás de ella y le dije al oído:

- Este sábado ponte guapa que te voy a llevar a que te comas una polla en un glory hole.

- Mmmmmm. ¿Quieres verlo, ehhh? - Me preguntó con una sonrisa de medio lado en la boca.

- Por supuesto. No me lo perdería por nada. Será al medio día. Te invito a un vermut y después te podrás tomar un dulce de leche, si te apetece.

- Si eso es lo que quieres, eso haré.

Esa noche, cuando nos acostamos para dormir, mi mujer apagó la luz y volvió a hacerme una mamada que no olvidaré en la vida. Fuerte e intensa como nunca antes, pero esta vez, cuando estaba a punto de correrme, saco mi polla de su boca y masturbándome con fuerza, hizo que me corriera encima de sus tetas, que quedaron llenas de mi semen. Se metió mi polla en su boca de nuevo hasta acabar con la última gotita que salía, dejándola bien limpia. Cuando acabó conmigo encendió la luz, y poniéndose delante de mí empezó a extenderse mi semen mientras masajeaba sus pechos y se pellizcaba sus duros pezones, que brillaban al humedecerlos.

- ¿Así es como quieres que acabe tu mujercita el sábado? ¿Llena de leche? Si esto es lo que quieres, esto tendrás. Los ordeñaré para que veas lo buena zorra que puedo llegar a ser.

- Mmmmmm. Si se la chupas igual que me has hecho a mí. Les vas a dejar los huevos vacíos. Y por mí, puedes ser todo lo zorra que quieras ser.

- ¿Todo lo zorra que quiera ser? ¿Y si alguno me gusta mucho y quiero que me folle?

- Pues te lo follas. — Respondí seguro de lo que quería decir. — Es más, el sábado tienes carta blanca para hacer lo que quieras. Eres libre durante todo el sábado.

- Luego no te eches atrás. — Me dijo con los ojos brillantes por la excitación.

El resto de la semana tuvimos sexo todas las noches, un sexo duro y animal, instintivo. Todas esas noches tuvieron un factor común. Nuestros polvos acabaron todos con una mamada impresionante, y con mi leche, en la cara, las tetas o la boca de mi pareja.

Llegado el sábado por la mañana mi chica me despertó sujetando mi polla y dándole tirones para acabar poniéndola dura como una barra de hierro y al final metérsela en la boca para como todos los días de esa semana. Con la boca llena de mi semen.

- Puede que dentro de un rato tengas la boca llena de la leche de otro. ¿Eso es lo que te guardaría, ehhhh, zorrita?

- Quiero probar otra polla y ordeñarla hasta que me dé lo que yo quiero. — Respondió ella, con un hilito brillante que caía desde sus labios hasta la barbilla.

Recogí ese hilito de leche con el dedo y se lo metí en la boca, para que no desaprovechara ni una gota de lo que había sido su desayuno.

Fue a la ducha, y yo aproveché para prepararle la ropa. Cuando salió y la vio, sonrió y me dijo:

- Así que quieres que vaya vestida muy provocativa.

- Si vas a actuar como una zorra. Quiero que vayas vestida como una zorra.

Le había preparado un vestido de tela fina, estampado de serpiente, con la falda justo por debajo del culo y un escote generoso, que dejaba ver casi todos los pechos. Unas medias de rejilla con una tira en la parte de atrás, sujetas con un liguero de cuatro tiras, de encaje negro. No le había preparado tanga ni sujetador. Iría casi desnuda y sintiendo todos sus atributos. Estaba impresionante. Rezumaba sexualidad por cada poro de su piel. Para acabar su atuendo, unas botas de cowboy también de piel de serpiente que sonaban a cada paso que daba, avisando a todo el mundo que llegaba una mujer pisando fuerte.

Nos fuimos a tomar vermut por la zona donde se encontraba el sex shop.

- Voy a tomarme un par de vermut para entonarme y perder la vergüenza a hacer estas cosas. — Me dijo ella mientras brindábamos con el primer vermut de la mañana.

- Por perder la vergüenza. — Brinde yo.

Dos bares y tres vermuts después. Ya estaba más animada y fue cuando dijo:

- Vamos a los glory hole. Que quiero ver qué sorpresita tengo.

- No, no vamos. Vas. Entra tú sola y yo entraré a los diez minutos. Ponte en una de las cabinas con glory hole grandes. Por si quieres compañía, y ya sabes… carta blanca.

- Si entró yo sola y me aparece una polla por el agujero y me gusta. Iré a la otra cabina y si me abre un buenorro. Usaré la carta blanca y querré que me folle. Que lo sepas.

- Si llego y te están follando. Ya participaré como pueda o me dejes. Si quieres claro.

- Ya veremos a ver.

- Bueno cielo entra ya, que yo voy a darme un paseo. En diez minutos estaré buscándote por abajo.

Me fui a pasear por las calles cercanas, estaba nervioso pensando en lo que me encontraría al llegar a lugar. Tal vez nada, o tal vez todo. La incertidumbre y la excitación de no saber que iba a pasar y la carta blanca que tenía mi mujer me tenían a cien.

Recibí un mensaje a los cinco minutos de entrar.

- Ya estoy en la cabina. Es la numero 7. Un hombre ha llamado a la puerta y he abierto pensando que eras tú. Me ha dado un susto tremendo. Pero le he dicho que no y he vuelto a cerrar.

- Jajajajaja. Sí que triunfas morena.

Ya no recibí ningún mensaje más. Pasados 12 minutos exactamente abrí la puerta de sex shop, bajé las escaleras y me puse a observar que puertas estaban cerradas. La cabina que comparte glory hole con la siete. La que está a la par. Estaba cerrada y eso significaba que mi chica tenía vecino. Iba a llamar a la puerta de la cabina donde estaba mi mujer cuando me di cuenta de que no estaba cerrada. Mi chica la había dejado abierta para cuando yo llegara.

Abrí la puerta y no podía creer lo que veía. Ni en mis fantasías más morbosas hubiera podido imaginar la estampa que tenía ante mí. Mi chica estaba de rodillas delante del agujero del glory hole, por el cual asomaba una polla enorme. Llena de venas y de un diámetro semejante a un vaso de tubo. María, al verme entrar, cesó en su empeño y volviéndose hacia mí, me dijo:

- Siéntate, siéntate y disfruta de lo buena zorra que soy. Que yo voy a aprovechar mi carta blanca.

- Buffff, como me has puesto. — Le dije yo sentándome en el sillón.

Sin prestarme apenas atención, se giró hacia el agujero de la gloria y continuó con la tarea de darle sexo oral a su vecino, así estuvo un rato hasta que, sacándose la polla de la boca, dijo en voz alta:

- Pásate a mi cabina que quiero que me folles.

La polla desapareció del agujero, y no tardó ni un minuto en aparecer en la puerta un chico de unos treinta años con pintas de militar del este. Mediría más de metro noventa y estaba fuerte, muy fuerte. Nada más entrar se me quedó mirando y mi esposa aclaró:

- Es mi marido, tranquilo, que solo quiere mirar. No te cortes.

- No hay problema. Hola, me llamo Mark. — Dijo el invitado con un acento del este de Europa, posiblemente rumano.

Se bajo la bragueta y sacó la polla. Si por el agujero se veía grande, de cerca era impresionante. María se lanzó a comerle la boca mientras le sujetaba la polla, él bajó su mano buscando el coñito de mi mujer y le empezó a meter dos dedos muy bruscamente, ella se quejó y él le dijo sonriendo.

- Si esto te ha dolido, espera que pruebes mi polla.

- Con tu polla no tendré problemas. Me gustan grandes.

Yo ya me había sacado la polla y la meneaba suavemente, mientras Mark se quitó la camiseta y los pantalones que llevaba, dejando al aire un cuerpo muy cuidado, de atleta, impresionante.

Mi mujer se volvió a mirarme y me dijo:

- Ves cariño, voy a aprovechar mi licencia de un día para follarme a este buenorro. Tus primeros cuernos van a ser de calidad. Y yo voy a disfrutar de este pollón, y no se te ocurra correrte, que después tendrás que disfrutar de mi coñito bien ancho, como a ti te gusta.

No respondí, y sin parar de meneármela me dispuse a ver cómo un adonis nórdico se follaba a mi mujer delante de mí. Mark le dio la vuelta a María y la puso mirando hacia mí, la empujó para bajarle la espalda, de manera que quedara en cuatro, con su cara delante de la mía y sus manos apoyadas en mis rodillas. Le remangó la falda del vestido hasta quedar en su espalda. Se puso un condón y agarrándole el pelo a mi chica, le dijo:

- Prepárate que te voy a romper por dentro. Te voy a abrir el coño como nunca te lo han abierto.

- Vamos semental. Menos palabras y más follar. Que tengo ganas de sentirte dentro.

Mark bajo una de sus manos a la cadera, mientras la otra dirigía su enorme falo hasta la vulva de mi chica. De repente la cara de ella cambio, abrió mucho los ojos y se mordió los labios para no gritar, hasta que no pudo aguantar más y retorciéndose tratando de acomodar ese pollón en su interior dijo:

- Más despacio cabrón que me vas a reventar.

- Esto querías y esto vas a tener. Así que aguanta. — Le dije yo mientras veía su cara de sufrimiento.

Mark dejó de empujar y saliendo un poco, empezó a bombear, entrando y saliendo, dejando que el coño de Maria se fuera acostumbrando poco a poco a ese calibre. Ella empezó a gemir como nunca antes la había visto. Podía sentir los empujones de su amante en la fuerza con la que ella se agarraba a mis rodillas, y podía ver en su cara el placer que estaba sintiendo.

María tuvo un orgasmo enorme, cosa que Mark aprovechó para empujar todo su miembro hasta adentro, enterrando así todo ese trozo de carne en el interior de mi chica, que ahora sí, soltó un grito desgarrador que hizo que su amante sacara su polla inmediatamente.

- Ahhhhhhhhh. Animal, que me vas a desgarrar. Vamos a cambiar de postura. Que quiero controlar yo. Levanta del sillón, y tú siéntate en ahí.

Cuando me levanté, ella misma cogió a Mark y empujándolo lo sentó en el sillón. Se puso delante de él, y agarrando con una mano su cuello y con la otra ese pollón que casi la desgarra por dentro, se sentó en la punta, paso esa mano al cuello y sujetándose así, se dejó caer engullendo esa barra de carne casi por completo. Ahora ella tenía el control y empezó un sube y baja rítmico y rotundo, pudiendo ver yo desde donde estaba cómo se le estaba abriendo y dilatando el coño. Cada vez estaba más húmedo y receptivo. Y mi mujer cada movimiento bajaba un poco más abajo, hasta que se paró en la parte de arriba con casi toda la polla fuera y se puso a comerle la boca a su amante mientras se dejaba caer poco a poco hasta que se sentó del todo, haciendo tope y con toda la polla dentro. Esta vez no gritó, pero dijo:

- Dios que bueno. Me llenas del todo. No puedo parar de correrme. Joder que pollón. Me tienes abierta del todo.

- Sigue corriéndote zorra, que te voy a llenar de leche. Donde quieres que te lo eche? - Le dijo Mark sonriendo, sabedor de su potencia.

- Quiero que te corras dentro, quiero notar como se te hincha y como te palpita la polla dentro de mi justo antes de correrte y notar tus espasmos corriéndote.

- Pues prepárate que estoy a punto.

María se volvió a mirarme y sonriéndome con la mayor cara de morbo que había visto hasta la fecha, me dijo:

- Prepárate que cuando acabe con él, el siguiente eres tú. Que me voy a quedar con ganas de más.

Se puso cara a cara con su semental y empezó a subir y bajar de manera salvaje, sabía lo que quería y lo que tenía que hacer.

Le agarro el pelo a su semental, le estiró de la cabeza hacia atrás y le dijo:

- Vamos lléname de leche, párteme en dos. Quiero que te corras para mí.

Se puso a comerle la boca mientras saltaba encima de esa polla, que no tardó ni diez segundos en empezar a hincharse y palpitar, soltando chorros de semen que quedaban atrapados en la punta del condón.

María, al notar como se hinchaba la polla justo antes de eyacular, tuvo un orgasmo brutal, se puso a gritar.

- Sí, sí, así. Córrete vamos lléname de leche. Vamos fóllame más. Joder que polla, ahhhhhh me has llenado entera.

Cuando notó que Mark había terminado de correrse, se sentó hasta el fondo, atrapando toda la polla en su interior.

- Me has exprimido la polla como nunca lo habían hecho, tienes un coño único. — Le dijo en tono de agradecimiento el empotrador del este.

- Gracias, ha sido la mejor polla que me ha follado. Me has llenado entera, ahora que hemos terminado ya puedes salir.

Yo observaba todo desde un rincón mientras me masturbaba lentamente para no correrme. La verdad es que estaba impresionado de cómo mi mujer había manejado esa polla. Cuando la polla de Mark salió de su interior se veía el condón a rebosar de semen. Le había sacado la leche bien sacada.

Se quitó el preservativo y lo arrojó a la basura.

- Gracias por todo pareja. Ha sido un placer. Si algún día queréis repetir, suelo venir bastante por aquí. Hasta la vista. — Se despidió y salió por la puerta.

María se sentó en el sillón exhausta y mirándome me dijo:

- Vamos para casa para que se me vaya cerrando el coño, que así no me puedes follar porque no voy a sentir tu polla. Me ha dejado la vagina muy dilatada. Me la noto enorme.

- Lo que tú quieras morena.

Subimos las escaleras y a mi mujer le costaba cerrar las piernas, andaba un poco raro. A llegar a la planta superior, en la que estaba la tienda, mi mujer se acercó al expositor donde estaban los diodos realísticos y llamando al vendedor le pidió uno de veinticinco centímetros por seis de diámetro, este lo envolvió en papel de regalo y lo metió en una bolsa.

Compramos también un bote de gel lubricante dilatador y pagando todo salimos a la calle.

- Me gusta la sensación de tener el coño así de abierto. Y a partir de ahora serás tú quien me lo abra con esto. — Dijo levantando la bolsa, refiriéndose al enorme dildo que habíamos comprado. —A no ser que me vuelvas a dar otra carta blanca.

- Algún día disfrutarás de otro día así. Pero creo que tú tb te has ganado unos buenos cuernos. Así que ve pensando que fantasía quieres que cumpla y qué día eliges para darme una carta blanca a mí también.

Llegué a casa y María estaba en la cocina haciendo la cena. Me puse detrás de ella y le dije al oído:

- Este sábado ponte guapa que te voy a llevar a que te comas una polla en un glory hole.

- Mmmmmm. ¿Quieres verlo, ehhh? - Me preguntó con una sonrisa de medio lado en la boca.

- Por supuesto. No me lo perdería por nada. Será al medio día. Te invito a un vermut y después te podrás tomar un dulce de leche, si te apetece.

- Si eso es lo que quieres, eso haré.

Esa noche, cuando nos acostamos para dormir, mi mujer apagó la luz y volvió a hacerme una mamada que no olvidaré en la vida. Fuerte e intensa como nunca antes, pero esta vez, cuando estaba a punto de correrme, saco mi polla de su boca y masturbándome con fuerza, hizo que me corriera encima de sus tetas, que quedaron llenas de mi semen. Se metió mi polla en su boca de nuevo hasta acabar con la última gotita que salía, dejándola bien limpia. Cuando acabó conmigo encendió la luz, y poniéndose delante de mí empezó a extenderse mi semen mientras masajeaba sus pechos y se pellizcaba sus duros pezones, que brillaban al humedecerlos.

- ¿Así es como quieres que acabe tu mujercita el sábado? ¿Llena de leche? Si esto es lo que quieres, esto tendrás. Los ordeñaré para que veas lo buena zorra que puedo llegar a ser.

- Mmmmmm. Si se la chupas igual que me has hecho a mí. Les vas a dejar los huevos vacíos. Y por mí, puedes ser todo lo zorra que quieras ser.

- ¿Todo lo zorra que quiera ser? ¿Y si alguno me gusta mucho y quiero que me folle?

- Pues te lo follas. — Respondí seguro de lo que quería decir. — Es más, el sábado tienes carta blanca para hacer lo que quieras. Eres libre durante todo el sábado.

- Luego no te eches atrás. — Me dijo con los ojos brillantes por la excitación.

El resto de la semana tuvimos sexo todas las noches, un sexo duro y animal, instintivo. Todas esas noches tuvieron un factor común. Nuestros polvos acabaron todos con una mamada impresionante, y con mi leche, en la cara, las tetas o la boca de mi pareja.

Llegado el sábado por la mañana mi chica me despertó sujetando mi polla y dándole tirones para acabar poniéndola dura como una barra de hierro y al final metérsela en la boca para como todos los días de esa semana. Con la boca llena de mi semen.

- Puede que dentro de un rato tengas la boca llena de la leche de otro. ¿Eso es lo que te guardaría, ehhhh, zorrita?

- Quiero probar otra polla y ordeñarla hasta que me dé lo que yo quiero. — Respondió ella, con un hilito brillante que caía desde sus labios hasta la barbilla.

Recogí ese hilito de leche con el dedo y se lo metí en la boca, para que no desaprovechara ni una gota de lo que había sido su desayuno.

Fue a la ducha, y yo aproveché para prepararle la ropa. Cuando salió y la vio, sonrió y me dijo:

- Así que quieres que vaya vestida muy provocativa.

- Si vas a actuar como una zorra. Quiero que vayas vestida como una zorra.

Le había preparado un vestido de tela fina, estampado de serpiente, con la falda justo por debajo del culo y un escote generoso, que dejaba ver casi todos los pechos. Unas medias de rejilla con una tira en la parte de atrás, sujetas con un liguero de cuatro tiras, de encaje negro. No le había preparado tanga ni sujetador. Iría casi desnuda y sintiendo todos sus atributos. Estaba impresionante. Rezumaba sexualidad por cada poro de su piel. Para acabar su atuendo, unas botas de cowboy también de piel de serpiente que sonaban a cada paso que daba, avisando a todo el mundo que llegaba una mujer pisando fuerte.

Nos fuimos a tomar vermut por la zona donde se encontraba el sex shop.

- Voy a tomarme un par de vermut para entonarme y perder la vergüenza a hacer estas cosas. — Me dijo ella mientras brindábamos con el primer vermut de la mañana.

- Por perder la vergüenza. — Brinde yo.

Dos bares y tres vermuts después. Ya estaba más animada y fue cuando dijo:

- Vamos a los glory hole. Que quiero ver qué sorpresita tengo.

- No, no vamos. Vas. Entra tú sola y yo entraré a los diez minutos. Ponte en una de las cabinas con glory hole grandes. Por si quieres compañía, y ya sabes… carta blanca.

- Si entró yo sola y me aparece una polla por el agujero y me gusta. Iré a la otra cabina y si me abre un buenorro. Usaré la carta blanca y querré que me folle. Que lo sepas.

- Si llego y te están follando. Ya participaré como pueda o me dejes. Si quieres claro.

- Ya veremos a ver.

- Bueno cielo entra ya, que yo voy a darme un paseo. En diez minutos estaré buscándote por abajo.

Me fui a pasear por las calles cercanas, estaba nervioso pensando en lo que me encontraría al llegar a lugar. Tal vez nada, o tal vez todo. La incertidumbre y la excitación de no saber que iba a pasar y la carta blanca que tenía mi mujer me tenían a cien.

Recibí un mensaje a los cinco minutos de entrar.

- Ya estoy en la cabina. Es la numero 7. Un hombre ha llamado a la puerta y he abierto pensando que eras tú. Me ha dado un susto tremendo. Pero le he dicho que no y he vuelto a cerrar.

- Jajajajaja. Sí que triunfas morena.

Ya no recibí ningún mensaje más. Pasados 12 minutos exactamente abrí la puerta de sex shop, bajé las escaleras y me puse a observar que puertas estaban cerradas. La cabina que comparte glory hole con la siete. La que está a la par. Estaba cerrada y eso significaba que mi chica tenía vecino. Iba a llamar a la puerta de la cabina donde estaba mi mujer cuando me di cuenta de que no estaba cerrada. Mi chica la había dejado abierta para cuando yo llegara.

Abrí la puerta y no podía creer lo que veía. Ni en mis fantasías más morbosas hubiera podido imaginar la estampa que tenía ante mí. Mi chica estaba de rodillas delante del agujero del glory hole, por el cual asomaba una polla enorme. Llena de venas y de un diámetro semejante a un vaso de tubo. María, al verme entrar, cesó en su empeño y volviéndose hacia mí, me dijo:

- Siéntate, siéntate y disfruta de lo buena zorra que soy. Que yo voy a aprovechar mi carta blanca.

- Buffff, como me has puesto. — Le dije yo sentándome en el sillón.

Sin prestarme apenas atención, se giró hacia el agujero de la gloria y continuó con la tarea de darle sexo oral a su vecino, así estuvo un rato hasta que, sacándose la polla de la boca, dijo en voz alta:

- Pásate a mi cabina que quiero que me folles.

La polla desapareció del agujero, y no tardó ni un minuto en aparecer en la puerta un chico de unos treinta años con pintas de militar del este. Mediría más de metro noventa y estaba fuerte, muy fuerte. Nada más entrar se me quedó mirando y mi esposa aclaró:

- Es mi marido, tranquilo, que solo quiere mirar. No te cortes.

- No hay problema. Hola, me llamo Mark. — Dijo el invitado con un acento del este de Europa, posiblemente rumano.

Se bajo la bragueta y sacó la polla. Si por el agujero se veía grande, de cerca era impresionante. María se lanzó a comerle la boca mientras le sujetaba la polla, él bajó su mano buscando el coñito de mi mujer y le empezó a meter dos dedos muy bruscamente, ella se quejó y él le dijo sonriendo.

- Si esto te ha dolido, espera que pruebes mi polla.

- Con tu polla no tendré problemas. Me gustan grandes.

Yo ya me había sacado la polla y la meneaba suavemente, mientras Mark se quitó la camiseta y los pantalones que llevaba, dejando al aire un cuerpo muy cuidado, de atleta, impresionante.

Mi mujer se volvió a mirarme y me dijo:

- Ves cariño, voy a aprovechar mi licencia de un día para follarme a este buenorro. Tus primeros cuernos van a ser de calidad. Y yo voy a disfrutar de este pollón, y no se te ocurra correrte, que después tendrás que disfrutar de mi coñito bien ancho, como a ti te gusta.

No respondí, y sin parar de meneármela me dispuse a ver cómo un adonis nórdico se follaba a mi mujer delante de mí. Mark le dio la vuelta a María y la puso mirando hacia mí, la empujó para bajarle la espalda, de manera que quedara en cuatro, con su cara delante de la mía y sus manos apoyadas en mis rodillas. Le remangó la falda del vestido hasta quedar en su espalda. Se puso un condón y agarrándole el pelo a mi chica, le dijo:

- Prepárate que te voy a romper por dentro. Te voy a abrir el coño como nunca te lo han abierto.

- Vamos semental. Menos palabras y más follar. Que tengo ganas de sentirte dentro.

Mark bajo una de sus manos a la cadera, mientras la otra dirigía su enorme falo hasta la vulva de mi chica. De repente la cara de ella cambio, abrió mucho los ojos y se mordió los labios para no gritar, hasta que no pudo aguantar más y retorciéndose tratando de acomodar ese pollón en su interior dijo:

- Más despacio cabrón que me vas a reventar.

- Esto querías y esto vas a tener. Así que aguanta. — Le dije yo mientras veía su cara de sufrimiento.

Mark dejó de empujar y saliendo un poco, empezó a bombear, entrando y saliendo, dejando que el coño de Maria se fuera acostumbrando poco a poco a ese calibre. Ella empezó a gemir como nunca antes la había visto. Podía sentir los empujones de su amante en la fuerza con la que ella se agarraba a mis rodillas, y podía ver en su cara el placer que estaba sintiendo.

María tuvo un orgasmo enorme, cosa que Mark aprovechó para empujar todo su miembro hasta adentro, enterrando así todo ese trozo de carne en el interior de mi chica, que ahora sí, soltó un grito desgarrador que hizo que su amante sacara su polla inmediatamente.

- Ahhhhhhhhh. Animal, que me vas a desgarrar. Vamos a cambiar de postura. Que quiero controlar yo. Levanta del sillón, y tú siéntate en ahí.

Cuando me levanté, ella misma cogió a Mark y empujándolo lo sentó en el sillón. Se puso delante de él, y agarrando con una mano su cuello y con la otra ese pollón que casi la desgarra por dentro, se sentó en la punta, paso esa mano al cuello y sujetándose así, se dejó caer engullendo esa barra de carne casi por completo. Ahora ella tenía el control y empezó un sube y baja rítmico y rotundo, pudiendo ver yo desde donde estaba cómo se le estaba abriendo y dilatando el coño. Cada vez estaba más húmedo y receptivo. Y mi mujer cada movimiento bajaba un poco más abajo, hasta que se paró en la parte de arriba con casi toda la polla fuera y se puso a comerle la boca a su amante mientras se dejaba caer poco a poco hasta que se sentó del todo, haciendo tope y con toda la polla dentro. Esta vez no gritó, pero dijo:

- Dios que bueno. Me llenas del todo. No puedo parar de correrme. Joder que pollón. Me tienes abierta del todo.

- Sigue corriéndote zorra, que te voy a llenar de leche. Donde quieres que te lo eche? - Le dijo Mark sonriendo, sabedor de su potencia.

- Quiero que te corras dentro, quiero notar como se te hincha y como te palpita la polla dentro de mi justo antes de correrte y notar tus espasmos corriéndote.

- Pues prepárate que estoy a punto.

María se volvió a mirarme y sonriéndome con la mayor cara de morbo que había visto hasta la fecha, me dijo:

- Prepárate que cuando acabe con él, el siguiente eres tú. Que me voy a quedar con ganas de más.

Se puso cara a cara con su semental y empezó a subir y bajar de manera salvaje, sabía lo que quería y lo que tenía que hacer.

Le agarro el pelo a su semental, le estiró de la cabeza hacia atrás y le dijo:

- Vamos lléname de leche, párteme en dos. Quiero que te corras para mí.

Se puso a comerle la boca mientras saltaba encima de esa polla, que no tardó ni diez segundos en empezar a hincharse y palpitar, soltando chorros de semen que quedaban atrapados en la punta del condón.

María, al notar como se hinchaba la polla justo antes de eyacular, tuvo un orgasmo brutal, se puso a gritar.

- Sí, sí, así. Córrete vamos lléname de leche. Vamos fóllame más. Joder que polla, ahhhhhh me has llenado entera.

Cuando notó que Mark había terminado de correrse, se sentó hasta el fondo, atrapando toda la polla en su interior.

- Me has exprimido la polla como nunca lo habían hecho, tienes un coño único. — Le dijo en tono de agradecimiento el empotrador del este.

- Gracias, ha sido la mejor polla que me ha follado. Me has llenado entera, ahora que hemos terminado ya puedes salir.

Yo observaba todo desde un rincón mientras me masturbaba lentamente para no correrme. La verdad es que estaba impresionado de cómo mi mujer había manejado esa polla. Cuando la polla de Mark salió de su interior se veía el condón a rebosar de semen. Le había sacado la leche bien sacada.

Se quitó el preservativo y lo arrojó a la basura.

- Gracias por todo pareja. Ha sido un placer. Si algún día queréis repetir, suelo venir bastante por aquí. Hasta la vista. — Se despidió y salió por la puerta.

María se sentó en el sillón exhausta y mirándome me dijo:

- Vamos para casa para que se me vaya cerrando el coño, que así no me puedes follar porque no voy a sentir tu polla. Me ha dejado la vagina muy dilatada. Me la noto enorme.

- Lo que tú quieras morena.

Subimos las escaleras y a mi mujer le costaba cerrar las piernas, andaba un poco raro. A llegar a la planta superior, en la que estaba la tienda, mi mujer se acercó al expositor donde estaban los diodos realísticos y llamando al vendedor le pidió uno de veinticinco centímetros por seis de diámetro, este lo envolvió en papel de regalo y lo metió en una bolsa.

Compramos también un bote de gel lubricante dilatador y pagando todo salimos a la calle.

- Me gusta la sensación de tener el coño así de abierto. Y a partir de ahora serás tú quien me lo abra con esto. — Dijo levantando la bolsa, refiriéndose al enorme dildo que habíamos comprado. —A no ser que me vuelvas a dar otra carta blanca.

- Algún día disfrutarás de otro día así. Pero creo que tú tb te has ganado unos buenos cuernos. Así que ve pensando que fantasía quieres que cumpla y qué día eliges para darme una carta blanca a mí también.

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