Juegos Adolescentes III y IV
La fiesta promete ser solo un juego, pero cuando la botella gira y las prendas comienzan a caer, las fronteras entre amigos y amantes se desvanecen. En esa casa, nadie se irá con las manos vacías ni con la conciencia tranquila.
CAPÍTULO 3: SECRETOS COMPARTIDOS
Tres días habían pasado desde aquel encuentro en casa de Tomás, y Mario no podía concentrarse en nada más. Durante las clases, se sorprendía mirando disimuladamente a su amigo, recordando cada gemido, cada caricia, cada momento de pasión desatada que habían compartido.
Tomás, por su parte, parecía igual de distraído. Sus miradas se cruzaban constantemente a través del aula, cargadas de promesas y deseo contenido.
Era viernes por la mañana cuando Daniel, otro compañero de clase, se acercó a ellos en el patio del instituto. Daniel tenía 18 años, era moreno de piel aceitunada, con ojos oscuros intensos y una sonrisa pícara que siempre parecía esconder algún secreto. Su cuerpo era robusto pero atlético, resultado de años practicando rugby.
"Oye, ¿qué planes tenéis para esta noche?" preguntó Daniel, dejándose caer en el banco junto a ellos.
"Nada especial," respondió Mario, tratando de sonar casual.
"Mi hermana Carla va a hacer una fiesta en casa. Mis padres se van de fin de semana." Daniel sonrió de manera sugerente. "Va a ser algo... íntimo. Solo gente de confianza."
Tomás arqueó una ceja. "¿Qué tipo de fiesta íntima?"
"Ya sabes," Daniel se inclinó hacia delante, bajando la voz. "Sin tabúes. Alcohol, porros, y quien sabe qué más. Carla y sus amigas están muy... abiertas de mente."
Mario sintió curiosidad mezclada con nerviosismo. "¿Quién más va a ir?"
"Alba y Sofía seguro. También he invitado a Marcos y Sergio." Daniel los estudió con atención. "¿Os apuntáis? Creo que os va a gustar lo que tengo planeado."
La manera en que Daniel lo dijo hizo que Mario sintiera un escalofrío de anticipación. Intercambió una mirada con Tomás, quien asintió casi imperceptiblemente.
"Vale, nos apuntamos," dijo Mario finalmente.
Esa noche, Mario y Tomás llegaron a casa de Daniel juntos. Era una casa moderna en las afueras, con un jardín amplio y una piscina que brillaba bajo las luces nocturnas. La música sonaba a volumen moderado desde el interior.
Daniel los recibió en la puerta, vestido con una camiseta ajustada que resaltaba su físico robusto. "¡Por fin! Pasad, ya está aquí casi todo el mundo."
En el salón se encontraron con Carla, la hermana gemela de Daniel. A pesar de ser mellizos, Carla era completamente diferente: rubia platino con mechas rosas, ojos del mismo color oscuro que su hermano, pero con una intensidad más salvaje. Su cuerpo curvilíneo estaba envuelto en un vestido negro muy ajustado que dejaba poco a la imaginación.
"Hola, chicos," ronroneó Carla, acercándose a besarlos en las mejillas. Su perfume era embriagador, y Mario notó cómo sus pechos rozaron su brazo durante el saludo.
Alba estaba sentada en el sofá, una morena de pelo rizado con ojos verdes brillantes y una sonrisa traviesa. Vestía unos vaqueros ajustados y un top que dejaba su vientre plano al descubierto. A su lado, Sofía era su opuesto: pelirroja de piel lechosa, con pecas que salpicaban su rostro angelical, pero con una mirada que prometía travesuras pecaminosas.
Marcos y Sergio completaban el grupo. Marcos era alto y delgado, con pelo negro y una barba incipiente que le daba un aire más maduro. Sergio era más compacto, rubio con ojos azules, y tenía esa sonrisa confiada de quien sabe que gusta a todo el mundo.
"Bueno, ya estamos todos," anunció Daniel, sirviendo copas de un líquido rosado que olía fuertemente a alcohol. "Esta noche va a ser especial. He pensado que podríamos jugar a algo... divertido."
"¿Qué tipo de juego?" preguntó Tomás, aceptando su copa.
Carla se rio, un sonido melodioso pero con matices peligrosamente seductores. "Verdad o atrevimiento. Pero con reglas especiales."
"¿Qué clase de reglas especiales?" Alba se inclinó hacia delante, claramente interesada.
"Sin límites," dijo Daniel simplemente. "Todo vale. Y si alguien se niega a responder una verdad o hacer un atrevimiento, tiene que quitarse una prenda."
La tensión en la habitación aumentó notablemente. Mario sintió cómo se aceleraba su pulso, especialmente cuando notó la mirada intensa que Tomás le dirigía.
"Yo me apunto," dijo Sofía sin dudarlo. "Hace tiempo que no hago algo realmente emocionante."
Uno por uno, todos asintieron. Se sentaron en círculo en el suelo, las copas en el centro junto a una botella vacía para determinar los turnos.
Daniel hizo girar la botella primero. Cuando se detuvo, apuntaba directamente hacia Mario.
"Mario," sonrió Daniel con malicia. "Verdad o atrevimiento."
"Verdad," respondió Mario, pensando que sería más seguro.
"¿Has tenido fantasías sexuales con alguien de este grupo?"
El silencio se hizo pesado. Mario sintió cómo todas las miradas se clavaban en él. Su primera reacción fue mentir, pero algo en la expresión expectante de Tomás lo detuvo.
"Sí," admitió finalmente, sintiendo cómo el calor subía a sus mejillas.
"¿Con quién?" presionó Daniel.
"Eso son dos preguntas," protesto Mario, pero Daniel negó con la cabeza.
"Son detalles de la misma pregunta. Vamos, dinos con quién."
Mario miró directamente a Tomás, sintiendo cómo su corazón se desbocaba. "Con Tomás."
Un murmullo de sorpresa recorrió el círculo. Carla se relamió los labios visiblemente excitada por la revelación, mientras que Alba y Sofía intercambiaban miradas cargadas de malicia.
"Interesante," murmuró Daniel. "Muy interesante."
Mario hizo girar la botella, que se detuvo apuntando hacia Sofía. "Verdad o atrevimiento."
"Atrevimiento," respondió sin dudarlo la pelirroja.
"Besa a la persona de este círculo que más te atraiga."
Sofía se levantó lentamente, recorriendo el círculo con la mirada. Para sorpresa de todos, se dirigió directamente hacia Alba y se sentó en su regazo, capturando sus labios en un beso profundo y apasionado.
Alba respondió inmediatamente, sus manos encontrando la cintura de Sofía mientras sus lenguas se entrelazaban ante la mirada atónita del resto del grupo. Cuando se separaron, ambas tenían los labios hinchados y las mejillas sonrojadas.
"Joder," murmuró Marcos, ajustándose discretamente la entrepierna.
El juego continuó volviéndose progresivamente más intenso. Sergio tuvo que confesar que se había masturbado pensando en Carla, quien a su vez admitió haber tenido sueños húmedos con varios chicos del instituto, incluyendo Mario y Tomás.
Cuando le tocó el turno a Tomás y la botella apuntó hacia Daniel, la tensión alcanzó un nuevo nivel.
"Daniel, verdad o atrevimiento."
"Atrevimiento."
Tomás sonrió de manera que Mario reconoció como peligrosamente sexy. "Te atrevo a que te quites la camiseta y dejes que Mario te toque el pecho durante treinta segundos."
Daniel arqueó una ceja, pero no dudó en quitarse la camiseta, revelando un torso musculoso cubierto de vello oscuro. Se acercó a Mario y se arrodilló frente a él.
"Adelante," dijo con voz ronca.
Mario extendió las manos temblorosas, tocando el pecho cálido de Daniel. La piel era suave pero firme, y pudo sentir cómo los músculos se tensaban bajo su toque. Daniel cerró los ojos, emitiendo un gemido suave cuando Mario rozó accidentalmente sus pezones.
"Tiempo," anunció Carla después de lo que parecieron horas pero fueron solo treinta segundos.
Daniel no se movió inmediatamente, manteniendo la cercanía con Mario mientras sus respiraciones se entremezclaban. "Esto se está poniendo muy interesante," murmuró antes de volver a su sitio.
Cuando fue el turno de Daniel de nuevo, la botella apuntó hacia Tomás.
"Tomás, atrevimiento."
"No he dicho que eligiera atrevimiento," protestó Tomás.
"Lo estoy eligiendo por ti," sonrió Daniel de manera predadora. "Te atrevo a que le hagas a Mario lo que realmente quieres hacerle en este momento."
El silencio fue absoluto. Tomás miró a Mario, quien asintió casi imperceptiblemente. Sin más dilación, Tomás se acercó a Mario y lo besó con una pasión que dejó a todos sin aliento.
No era un beso tímido ni experimental. Era el beso de dos personas que se conocían íntimamente, que habían explorado el cuerpo del otro, que compartían secretos que nadie más conocía. Sus lenguas se entrelazaron mientras las manos de Tomás se enredaban en el pelo de Mario.
Cuando se separaron, el resto del grupo los miraba con una mezcla de sorpresa, excitación y admiración.
"Joder," susurró Carla, apretando los muslos. "Eso ha sido realmente caliente."
CAPÍTULO 4: FRONTERAS ROTAS
La atmósfera en el salón había cambiado completamente después del beso entre Mario y Tomás. Las inhibiciones comenzaban a desvanecerse bajo el efecto del alcohol y la tensión sexual creciente que llenaba el aire.
Carla fue la primera en romper el silencio, acercándose a los dos chicos que permanecían muy cerca el uno del otro. "Eso ha sido increíble," murmuró, sentándose junto a ellos. "¿Cuánto tiempo lleváis juntos?"
"No estamos juntos," respondió Mario rápidamente, aunque su mano aún descansaba en el muslo de Tomás.
"Pero habéis follado," afirmó Daniel, no era una pregunta.
Tomás se sonrojó pero no lo negó. "Una vez. Hace tres días."
Alba se levantó del sofá, acercándose al círculo con una sonrisa traviesa. Sofía la siguió, ambas claramente excitadas por la revelación. "¿Y qué tal? ¿Os gustó?"
"Fue..." Tomás buscó las palabras adecuadas, "increíble."
Marcos, que hasta ahora había permanecido relativamente callado, se aclaró la garganta. "Esto se está poniendo muy intenso muy rápido."
"¿Te molesta?" preguntó Carla, dirigiéndose hacia él con movimientos felinos. "Porque si es así, puedes irte. Pero creo que todos los que estamos aquí queremos lo mismo."
"¿Y qué es eso?" preguntó Sergio, aunque su voz ronca sugería que ya conocía la respuesta.
"Experimentar," respondió Daniel, levantándose y comenzando a quitarse los pantalones sin previo aviso. "Probar cosas nuevas. Sin juicios, sin límites."
Su polla semi-erecta quedó visible a través de los bóxers negros, creando una silueta que hizo que varios del grupo contuvieran la respiración.
Carla siguió el ejemplo de su hermano, deslizando lentamente su vestido por sus piernas hasta quedarse en ropa interior: un conjunto de encaje negro que resaltaba sus curvas generosas. Sus pechos abundantes presionaban contra el sujetador, y Mario pudo ver cómo sus pezones ya estaban duros bajo la tela.
"La regla es simple," anunció Carla. "Todo el que se sienta incómodo puede irse. El que se quede, acepta que esta noche no hay tabúes."
Nadie se movió.
Alba y Sofía se miraron cómplicemente antes de comenzar a desvestirse mutuamente. Alba deslizó el top de Sofía por encima de su cabeza, revelando unos pechos pequeños pero perfectos, coronados por pezones rosados que contrastaban hermosamente con su piel lechosa salpicada de pecas.
Sofía, por su parte, desabrochó los vaqueros de Alba, ayudándola a quitárselos junto con las bragas de un solo movimiento fluido. El coño depilado de Alba quedó expuesto, ya brillante de humedad.
"Joder," murmuró Marcos, finalmente decidiendo unirse y quitándose la camiseta, revelando un torso largo y definido.
Sergio lo siguió, y pronto todos estaban en ropa interior o completamente desnudos. Mario y Tomás se desnudaron juntos, sus cuerpos ya familiares el uno para el otro, pero la presencia de los demás añadía una dimensión completamente nueva a la experiencia.
*
Daniel se acercó a Mario con una sonrisa depredadora. "¿Puedo?" preguntó, extendiendo la mano hacia la polla ya erecta del chico.
Mario miró a Tomás, quien asintió con los ojos brillantes de excitación. "Adelante."
Daniel rodeó el miembro de Mario con su mano callosa, estableciendo un ritmo lento y firme. La sensación era diferente a las manos de Tomás; más ruda, más dominante.
"Está muy dura," comentó Daniel, aumentando el ritmo. "¿Te gusta que otros chicos te toquen?"
"Sí," jadió Mario, sintiendo cómo su autocontrol se desmoronaba rápidamente.
Mientras tanto, Carla se había acercado a Tomás, presionando sus pechos contra su pecho mientras susurraba en su oído. "¿Quieres tocar a una chica mientras tu amigo disfruta?"
Tomás dudó un momento, pero la curiosidad pudo más. Sus manos se deslizaron hasta los pechos de Carla, masajeándolos suavemente mientras ella gemía de aprobación.
"Más fuerte," rogó Carla. "No soy frágil."
En el otro extremo del salón, Alba y Sofía habían progresado mucho más. Alba estaba tumbada en el sofá con las piernas abiertas mientras Sofía se devoraba su coño con pasión desesperada. Los gemidos de Alba llenaban la habitación, mezclándose con los sonidos húmedos de la lengua de Sofía explorando cada pliegue.
"Joder, Sofía, ahí, justo ahí," gritaba Alba, sus manos enredadas en el pelo pelirrojo de su amiga.
Marcos y Sergio observaban la escena mientras se masturbaban mutuamente, sus pollas hinchadas goteando pre-semen mientras disfrutaban del espectáculo.
"¿Has probado alguna vez una polla?" le preguntó Daniel a Mario, quien negó con la cabeza sin dejar de gemir por las caricias.
"Solo la de Tomás."
"¿Quieres probar la mía?"
Mario asintió sin dudarlo. Daniel se colocó de pie frente a él, su polla gruesa y venosa apuntando directamente hacia la cara de Mario. Era más grande que la de Tomás, con una cabeza púrpura que ya goteaba.
Mario abrió la boca, dejando que Daniel se deslizara lentamente entre sus labios. El sabor era intenso, masculino, ligeramente salado. Daniel estableció un ritmo suave al principio, permitiendo que Mario se adaptara al tamaño.
"Así, muy bien," murmuró Daniel, sus manos encontrando el pelo de Mario para guiar sus movimientos. "Tienes una boca increíble."
Tomás observaba la escena mientras Carla había comenzado a chupar sus pezones con intensidad creciente. La mezcla de placer y celos que sentía al ver a Mario con otro chico era embriagadora.
"¿Te pone celoso verlo así?" le preguntó Carla, notando su expresión.
"Un poco," admitió Tomás. "Pero también me excita."
Carla sonrió maliciosamente. "¿Quieres hacer algo que lo ponga celoso a él?"
Antes de que Tomás pudiera responder, Carla se había arrodillado ante él y había tomado su polla en la boca. La sensación era completamente diferente a la boca de Mario: más experimentada, más intensa, con técnicas que Mario aún no conocía.
Tomás gimió fuertemente, el sonido haciendo que Mario apartara la mirada de la polla de Daniel para observar la escena. Sus ojos se encontraron por un momento cargado de tensión sexual y competencia.
Alba había alcanzado el orgasmo con un grito desgarrador, sus piernas temblando mientras Sofía continuaba lamiendo y succionando su clítoris hinchado. Pero en lugar de detenerse, Alba empujó a Sofía para cambiar posiciones.
"Mi turno," jadió Alba, colocándose entre las piernas abiertas de Sofía.
El coño peludo de Sofía contrastaba con el de Alba, pero brillaba igual de húmedo por la excitación. Alba se sumergió inmediatamente, su lengua explorando los pliegues rosados mientras Sofía arqueaba la espalda de placer.
Marcos y Sergio se habían acercado al grupo central. Sergio se colocó detrás de Mario, quien aún tenía la polla de Daniel en la boca, y comenzó a masajear sus nalgas.
"¿Puedo?" preguntó Sergio, un dedo ya trazando círculos alrededor del agujero de Mario.
Mario asintió lo mejor que pudo con la boca ocupada. Sergio escupió en su dedo y comenzó a penetrar lentamente el culo de Mario, quien gimió alrededor de la polla de Daniel.
La habitación se había convertido en una orgía total, con cuerpos entrelazados, gemidos llenando el aire, y los límites entre orientaciones sexuales completamente desaparecidos.
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