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Un delegado muy persuasivo folla a mi mujer

María nunca imaginó que un simple congreso en Málaga terminaría con ella desnuda bajo el peso de un hombre que la deseaba desde hacía años. Pero cuando sus labios se encuentran con los de Javier, el límite entre la cortesía profesional y el deseo carnal se desvanece. Y lo más peligroso: su esposo está al otro lado del teléfono, dándole luz verde para que no se detenga.

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Mi mujer y yo vivimos el sexo con escasísimos límites, juntos casi siempre en todas nuestras aventuras, pero a mí me gusta que ella disfrute de cualquier oportunidad que se presente, aunque yo no esté y eso es lo que sucedió en esta ocasión.

Una de las marcas comerciales con las que trabaja, la había invitado a un congreso de dietética deportiva en Málaga y allá que se fue porque creía que no era algo meramente publicitario, sino que habría ponencias interesantes, de hecho, ella misma tenía programada una charla de media hora el sábado por la tarde.

Tras su exposición, quedó cerrada la jornada y se dirigieron a un restaurante cercano, primero a tomar algo, después a cenar y, por último, algunos de ellos marcharon al paseo marítimo en busca de algún local chulo en el que rematar la noche.

Javier, un delegado de la marca, no se separaba de ella desde el desayuno. Tendría unos 45 años, alto y fuerte, bien parecido, muy sonriente y correcto, con don de gentes, que sabía cuándo callar y cuándo hablar. Se conocían desde hacía un par de años y aunque nunca hubo nada entre ellos, él siempre había buscado su compañía cuando había tenido ocasión.

En el local bailaron juntos, bebieron y hablaron de la vida y de las oportunidades que dejamos ir, del tiempo y su fugacidad, del deporte y los cambios a los que debemos adaptarnos a medida que cumplimos años…. Y de lo bien que se conservaban los dos.

Fue en uno de esos bailoteos, cuando Javier la agarró por detrás de la cintura, pegó sus labios entre su cuello y su oreja y le susurró:

-Cuánto te deseo María.

Y no es por romper el encanto de un momento tan romántico, con la luz suave que les rodeaba, la música ambiental bien elegida, el puntito que les habían dado las copichuelas que llevaban y la brisa que les llegaba desde ese mar imponente que se encontraba a escasos cien metros de ellos…. Pero María no pudo dejar de notar en su culo una potente erección de Javier que le puso a mil.

Ella no dijo nada y siguió moviendo sus caderas, sin mover la cara y dejando la de Javier pegada, un minuto más, hasta que él buscó su boca y comenzó a besarla, primero muy suave, lamiéndole los labios y después frenéticamente, comiendo su lengua que se enredaba con la de ella mientras sus jugos se mezclaban y ambos los saboreaban.

A la media hora estaban en el hotel, María tumbada en la cama con él encima, que comenzó a besarla mientras le sujetaba los brazos por encima de la cabeza, las orejas, el cuello, los labios muy suavemente, el cuello otra vez y a bajar mientras le desabrochaba la camisa y comía sus tetas por encima del sujetador.

Le sacó una teta y se deleitó en ella, en su pezón, que respondió rápidamente adquiriendo gran sensibilidad. Pasó a la otra despacio, como haciéndola sufrir e hizo lo mismo, sin dejar de mantener firmemente agarradas sus manos, por encima de la cabeza, casi inmovilizándola, lo que a María le estaba produciendo un morbo desconocido y muy excitante.

Bajó más, hacia el vientre, que recorrió con su lengua y ahí tuvo que bajar los brazos, pero no dejó de aprisionarla; ahora la tenía como en cruz, lo que le permitía, por sus largos brazos, acceder a su coño, por encima del pantalón que vestía y allí lo besaba, por encima, en círculos, lo que arrancaba de ella unos gemidos bastante sonoros.

Con una mano se las apañó para bajarle el pantalón y quitárselo y, además, las bragas, lo que la dejó desnuda mientras él seguía totalmente vestido, pues simplemente se había desabrochado la camisa y sus pechos estaban en contacto, piel con piel.

Subió la mano izquierda, sustituyó a la derecha en la presa a los brazos de ella y con la derecha se desabrochó la cremallera y sacó el miembro, con dificultad por el tamaño y la tremenda erección que tenía en esos momentos.

Con sus piernas, abrió las de María y restregó la verga erecta por el coño, de arriba abajo, muy suavemente y apoyó el glande brillante en la entrada a la vez que le comía la lengua y la boca, ahora sí, con gran frenesí, habiendo devuelto cada mano a una de María, por encima de la cabeza y a esa especie de presa que la mantenía inmovilizada.

Por primera vez María se acordó de mí y le dijo a Javier:

-Déjame un segundo que tengo que llamar a mi chico.

-Ahora no, replicó él mientras movía casi imperceptiblemente las caderas y empujaba un pelín la polla hacia adentro.

-¡Nooo!. No sigas, no seas malo, que es un minuto y ya.

-Por favor, dijo mientras volvía comerle la boca y empujaba lo suficiente para que el capullo rosado entrase casi entero en el chocho de mi mujer, que lanzó un gemido y le apretó las manos, no me pares ahora.

-Es un minuto. Con voz más bajita y entrecortada por la excitación, liberando su mano izquierda y apoyándola en el culo de él, lo que fue el primer contacto físico entre sus manos y una parte del cuerpo de Javier.

Él, al notar las yemas de los dedos en su culo, experimentó como si fuese un fusil al que han accionado el gatillo y empezó a empujar hacia adentro, lenta pero continuamente hasta que se la clavó entera y sus huevos gordos y peludos chocaron contra ella, que abrió las piernas completamente y apretó contra él con fuerza, buscando la boca de Javier y su saliva.

Javier comenzó una follada muy poderosa, con embestidas en las que sacaba la polla casi por completo y se separaba de ella, para dejarse caer penetrándola con una energía que ella no conocía, lo que la arrancaba unos jadeos y gritos de placer que a él le iban acelerando cada vez más.

-Me voy a correr, dijo Javier.

-No, no pares, estoy apunto, respondió María.

Pero Javier no aguantó más y se corrió llenando su coño de leche caliente y espesa. Durante unos segundos se le hinchaba y lanzaba otro chorro que ella recibía con placer, pero contrariada. Él sacó la polla y le metió tres dedos a modo de cuchara, sacando gran cantidad de semen que introdujo en la boca de ella y acto seguido su lengua, compitiendo ambos al entrelazarlas por ver quien chupaba mejor esos dedos.

Mientras, María ya le había desnudado y masajeaba su polla y en cuanto vio que recuperaba su dureza, se sentó encima comenzando una cabalgada, lenta al principio y cada vez más profunda y frenética.

Javier tenía los ojos cerrados, una mano en el culo de María y la otra en las dos tetas, exprimiéndolas y su polla llegaba hasta lo más profundo de ella, que tenía también los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás.

Él buscó su clítoris y se lo masajeó, lo que aceleró la cabalgada hasta que María arqueó su cuerpo y se corrió entre gemidos espectaculares, Javier la volteó, le abrió las piernas al máximo y continuó, ahora con él encima, la follada hasta correrse otra vez en el mismo sitio y caer sobre ella, exhausto.

María estaba sin fuerza, pero se levantó y fue al baño y ahí sacó fuerzas para enviarme un mensaje de audio que dio inicio a una breve secuencia de más audios:

-Cariño, he conocido a un chico que me pone muchísimo y estoy a mil… ¿qué quieres que haga?

-Adelante amor, disfruta de esa polla.

-Amor, lo siento, pero…..

-¿Pero qué?, respondí, adelante.

-Ya he empezado a disfrutarla….. ¡lo siento!

-Has hecho muy bien…. Lo sabes, no hacía falta que llamases, bastaba con contármelo todo mañana.

-Te quiero mucho.

Volvió y se metió la verga de Javier, ya blanda, en la boca, chupándola como solo ella sabe, mientras él le acariciaba el culo y los labios del chocho y su polla fue recuperando su firmeza. Él se incorporó como un resorte, se puso detrás y le pasó la lengua por el ano hasta que estuvo bien engrasado, se acomodó en un sillón y la sentó sobre él, de espaldas, metiéndosela hasta el fondo del culo mientras que con una mano le masajeaba el clítoris, con la otra las tetas y le besaba el cuello. La enorme polla ejercía una presión en su interior que la mataba de gusto.

No tardaron en correrse, ella primero y justo a continuación, sobreexcitado por lo que estaba viviendo, él, cayendo sobre el suelo como muñecos.

Javier acompañó a María a la cama, tapó su cuerpo con una sábana, de dio varios besos muy suaves por las mejillas y cuello, se vistió y se fue a su habitación, que estaba al lado.