Xtories

La nueva compañera de piso 6

Ana y Noe no solo comparten piso, comparten el deseo. Pero cuando la confianza se convierte en juego, las reglas cambian: ya no se trata de compartir, sino de rendirse.

Naira Rose10K vistas8.9· 22 votos

Los días siguientes fueron un delicado equilibrio entre la rutina y lo inesperado. Ana y Noe se fueron acostumbrando a compartir espacios, miradas y silencios que antes no existían. Yo, por mi parte, aprendía a escuchar con más atención, a contener mis impulsos y a abrirme a la posibilidad de un vínculo más complejo y rico.

Una tarde, las encontré en la cocina, preparando la cena juntas. Ana cortaba verduras con cuidado, mientras Noe mezclaba una ensalada. Me detuve en la puerta, observándolas sin querer interrumpir.

—¿Quieres ayudar? —preguntó Ana, sonriéndome.

Asentí y me acerqué, tomando un cuchillo para pelar unas papas. La cercanía era distinta, menos tensa, como si la verdad que nos había unido nos hubiera liberado de una carga invisible.

Más tarde, ya en la sala, sentados los tres, Ana rompió el silencio:

—Quiero que nos prometamos algo —dijo con voz firme—. Que cualquier cosa que pase, lo hablamos. Sin miedo, sin juicios.

Noe y yo asentimos al unísono.

—Porque esto no es solo una aventura —continuó Ana—, es un aprendizaje. Y para que funcione, necesitamos confianza.

Sentí cómo esa palabra, confianza, resonaba en mí como un ancla.

La noche avanzó entre conversaciones sinceras y risas suaves. Empezamos a compartir nuestros miedos, expectativas y deseos. Ana confesó que le asustaba perder lo que teníamos, pero también que la idea de abrirse a Noe la hacía sentir viva. Noe admitió que no sabía exactamente dónde nos llevaría todo esto, pero que ya no quería escapar de lo que sentía. Y yo, por primera vez, pude decir sin reservas que quería intentarlo, que quería ser parte de esa posibilidad sin esconder nada.

Antes de despedirnos para ir a dormir, Ana me tomó de la mano y susurró:

—Gracias por confiar. Esto no será fácil, pero juntos podemos hacerlo.

Sentí que, a pesar de las dudas y las sombras del pasado, estábamos construyendo algo verdadero, un espacio donde los tres pudiéramos ser.

………

Esa noche, la atmósfera en la sala cambió sutilmente. Las luces bajitas y el aroma tenue de un incienso creaban un espacio cálido y acogedor. Ana se acercó a Noe con una mirada que mezclaba deseo y ternura, mientras yo la observaba, con el corazón latiendo fuerte, consciente de cada movimiento.

Ana deslizó su mano por el brazo de Noe, quien no se apartó, sino que correspondió con un leve temblor en sus dedos. Entonces, Ana giró hacia mí su mirada, invitándome a acercarme. Sin pensarlo, di un paso y sentí cómo la tensión que había estado acumulando explotaba en un cosquilleo que me recorrió la piel.

Noe se sentó entre Ana y yo en el sofá, sus cuerpos rozándose apenas. Ana comenzó a acariciar el cuello de Noe con delicadeza, bajando sus dedos por la curva de sus hombros, mientras yo me inclinaba para besar suavemente la clavícula de Ana. El roce de sus labios despertó un fuego que parecía prenderse en cadena.

Con un movimiento lento, Ana tomó mi mano y la llevó hasta la cintura de Noe, invitándome a tocarla, a explorarla sin prisa. La piel de Noe estaba tibia y suave bajo mis dedos, y su respiración se volvió un susurro que me envolvía.

Nos miramos, y en esa mirada se mezclaban la curiosidad, el deseo y la confianza. Ana se inclinó hacia mí y me susurró:

—Esto es nuestro. Lo que sentimos, lo que queremos... no hay reglas, solo nosotros.

Noe se apartó un poco para desabrochar lentamente la blusa, revelando su piel brillante bajo la luz tenue. Yo sentí cómo se me hacía un nudo en el estómago, pero también una calma inesperada. No era solo deseo; era conexión, una invitación a descubrirnos.

El sofá se volvió el escenario de caricias y besos que subían y bajaban en intensidad, cada uno encontrando su ritmo. Ana y Noe se alternaban en mis labios, en mis manos, y yo me dejaba llevar, sin miedos, sin prisas.

Las caricias se intensificaron con una urgencia suave, pero constante. Ana deslizó sus manos por la espalda de Noe, bajando lentamente hasta llegar a su cintura, apretando con ternura y deseo. Noe arqueó la espalda hacia nosotros, susurrando un gemido bajo que se mezcló con el mío.

Mi mano recorrió la curva firme y cálida de sus caderas, sintiendo la piel vibrar bajo mis dedos. Ana bajó sus labios por el cuello de Noe, mordisqueando suavemente, mientras yo besaba la piel descubierta de Ana, bajando desde su mandíbula hasta el escote, sintiendo el calor de sus pezones endurecerse.

Noe se apartó apenas para desabrochar mi camisa, dejando al descubierto mi pecho. Con delicadeza, sus manos acariciaron y presionaron, explorando con curiosidad y deseo. Ana me miró y, con un gesto casi imperceptible, me invitó a deslizar mi mano bajo la blusa de Noe, descubriendo su abdomen liso y la suavidad de su piel.

Sentí cómo la respiración de Noe se aceleraba, y sus dedos entrelazados con los míos se apretaban con fuerza. Ana me susurró al oído:

—No hay prisa. Solo déjate llevar.

Nuestras manos comenzaron a desvestir lentamente, descubriendo cada parte, cada rincón, cada curva. La sensación de piel contra piel nos envolvía, creando una energía que no podíamos ni queríamos detener.

Noe se recostó sobre el sofá, y Ana se acomodó a su lado, mientras yo me arrodillaba entre las piernas de Noe, para recorrer con mi lengua su abdomen, bajando lentamente hasta su clítoris.

Ana recorría con sus manos las firmes tetas de Noe, apretando sus pezones suavemente con sus dedos.

Ahora tocaba cambiar los roles, Ana se arrodilló frente a mí y comenzó a chuparla mientras Noe me besaba.

-Quiero verlos haciéndolo dijo Ana

Noe me tomó de la mano y fuimos hasta el cuarto juntos, me acosté en la cama y Noe se subió sobre mí, mientras Ana nos observaba desde el sofá que estaba frente a la cama, se sentía excitante.

Las tetas de Noe rebotaban de una forma sexy y la expresión de su cara revelaba el placer que estaba sintiendo. Podía ver a Ana tocándose mientras nos observaba.

Le pedí a Noe que parara, me estaba excitando demasiado y aún no quería terminar el momento.

Noe fue con Ana mientras yo me quedaba acostado en la cama, mirando como ellas se besaban, Noe recorría el cuerpo de Ana con sus labios suaves.

-Ponte en cuatro sobre la cama le dijo Noe a Ana

Ella obedeció, Noe trajo el lubricante y comenzó a pasarlo por el culo de Ana, mientras esta gemía, comenzó lentamente a meter sus dedos, la cara de Ana era una mezcla entre dolor y placer

-Ya te entran tres dedos enteros, tenes práctica le dijo Noe

Yo me pare al lado de Noe, viendo cómo sus dedos entraban en el ano de mi novia, no pensé ver una escena más excitante.

-Está lista para vos me dijo

Me puse detrás de Ana y metí mi grueso pene en su culo, la excitación me llevó a hacerlo un poco brusco, Ana soltó un pequeño gritó pero me pidió que siguiera.

Comencé a aumentar el movimiento de mi cadera escuchando los gemidos de Ana y viendo a Noe sobre la cama, tocándose, recorriendo sus tetas suavemente con sus manos, era una escena perfecta, como ella.

No pude aguantar más y me vine en el culo de Ana, que quedó ligeramente dilatado y rojo.

Después de aquella noche, la dinámica entre nosotros se volvió más intensa, cargada de una electricidad nueva que nadie se atrevía a nombrar en voz alta. Una tarde, mientras estábamos los dos en la sala, Ana rompió el silencio con una pregunta que no esperaba.

—Martín —dijo con esa voz baja que me erizaba la piel—, ¿a quién preferís más, a Noe o a mí?

Me miró fijamente, como desafiándome a ser honesto, pero también dejándome claro que no era solo una pregunta inocente, sino un juego que ella disfrutaba.

Sentí el corazón acelerado y me acerqué lentamente, sin apartar la mirada de sus ojos.

—Te prefiero a vos —le dije

Ana sonrió con complicidad y una chispa traviesa iluminó su rostro.

—¿Y preferís mi culo o el de ella?

La tensión creció en el aire. Ana siempre había tenido esa manera de mezclar el poder y el deseo, y ahora parecía que quería que la contradicción fuera parte de nuestro vínculo.

—Me gusta más el de Noe. En este punto ya no me daba miedo responder, sabía que a Ana le excitaba ese mezcla entre celos y deseo

-Me excita que me lo digas- Me dijo

Me agarró de la mano y me llevó al cuarto, donde estaba Noe esperandonos, estaba atada a una silla, sentada con el pecho sobre el respaldo, dejando sus hermosas nalgas abiertas y expuestas para mi, de su culo sobresalía un dilatador anal con una gema rosada.

Me acerqué a ella, jugué con el dilatador sacándolo y volviendolo a poner, jugando con sus sentidos.

Ana nos miraba con atención, mientras desprendía los botones de su camisa para revelar un bonito conjunto de lencería de encaje blanco. Me miraba fijo mientras sacaba del cajón una mordaza con una bola roja, se acercó a Noe y se la puso.

-¿Te vas a cojer su culo? me preguntó

-Sí, voy a meterlo todo, en su perfecto culo

-Quiero verte

Me acerque a Noe, agarré su cabello negro y lo deslice hacia al frente para poder ver su espalda, saqué el dilatador, observando su depilado ano abrirse para mi y lo metí de forma lenta disfrutando como se abría paso por su estrecho y apretado ano.

Disfrute cada momento, primero lo hicimos lento hasta que no pude aguantarlo más y comencé a aumentar el ritmo, escuchando los gritos ahogados de Noe a través de la mordaza

Ana me miraba desde el borde de la cama mientras jugaba con su clítoris. Acabé en el culo de Noe y disfruté ver como se deslizaba mi semen por sus nalgas.

Ana desprendió la mordaza

-Ana, desátame, por favor. Le pidió Noe

Pero mi novia tenía otros planes, sacó un pequeño látigo del cajón de su ropa interior, se acercó a Noe y dejó caer el látigo sobre su piel.

La escena era muy excitante, el culo dilatado de Noe y sus nalgas rojas por los latigazos.

Noe soltaba pequeños gemidos cada vez que Ana la golpeaba con el látigo. No terminó con ella hasta que su piel quedó totalmente roja. En ese momento la desató. Noe cayó rendida sobre la cama.

Yo solo podía seguir contemplando la escena. Ana se acercó a Noe y pasó una pequeña toalla para limpiar el semen de su culo, cuando terminó, metió sus dedos en el culo de Noe.

-Ahora me toca a mí disfrutar de tu culo, zorra. Le dijo.

Por los gemidos de Noe se notaba que su culo ya estaba dolorido pero no dijo nada, solo se dejaba hacer, mientras Ana disfrutaba de dominarla.

Continúa en