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Mi cuñado marroquí II (Cap I)

Mientras su matrimonio se desmorona y un peligroso fugitivo acecha a su familia, Marco encuentra un propósito inesperado al presenciar la vulnerabilidad de una mujer atrapada. Lo que comienza como una investigación por celos se transforma en una oportunidad para redimirse, aunque el precio de esa redención sea carnal.

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Capítulo I

“La verdad del Tuercas”

Habían pasado dos semanas desde el famoso incendio…

Y dos días, desde que abandoné el dormitorio de mi esposa, y le instalé la aplicación espía...

Mi relación con Miranda era nula…

La relación entre el Kremlin y La Casa Blanca, era un patio del recreo de parvulario comparada con lo que sentía hacia ese bellísimo diablo pelirrojo…

Cada vez que iba a casa para algo, siempre estaba sola, siempre me miraba con cariño, con anhelo, con una mirada de víctima y de “perra apaleada”, cosa que me parecía increíble…

........

“We-Search”, la empresa que había montado Henry y Lenka (Katia Wolfman), iba viento en popa, me costó dos días mínimo, conseguir que Henry encontrara un hueco para enlazar el programa espía en la aplicación de Móvil que le instalé a Miranda.

Pero el trabajo de “We-search”, siempre va más allá.

-Escúchame Marco, he visto que tanto tu cuñado como tu esposa, tienen un nuevo número frecuente…

Ese número pertenece a un móvil prepago que se ha activado hace dos días justo.

Para tu conocimiento, hace justamente dos días, se ha producido un motín en el centro penitenciario de Albolote. Un funcionario de prisiones, ha resultado muerto y dos, han sido gravemente heridos…

Y a que no adivinas quién es el único que ha conseguido fugarse de allí?-

-¡Joder!…

No me jodas Henry…

¿El hijo de perra de Hakim?…-

-Si tío…

El mismo que viste y calza…

Aquí hay algo que huele bastante mal.

No sé cómo están las cosas ahora mismo entre tu mujer y tú, pero deberías controlar inmediatamente ese programa espía que tienes porque igual, están pasando cosas a tus espaldas que se están escapando a tu control y comprensión-

-Tiene sentido, Henry…

En cuanto me mandes el enlace, me pongo con ello.-

........

Deambulaba por las calles de Granada, el famoso paseo de los tristes, hacía aún más honor a su nombre, miraba hacia abajo, y veía el río Darro completamente seco, solo una pequeña arteria de agua recorría su ancho cauce, y la majestuosidad y la frondosidad de aquella zona, repleta de monumentos arqueológicos abatidos por la ruina y la indolencia de las administraciones, era aprovechada por algunos foráneos que pasaban el estío allí abajo…

Luego, cuando volvían del río, terminaban comidos por los mosquitos.

Allí, no pude evitar observar a una joven que bailaba para otro muchacho mientras sonaba la música del amor brujo de Falla…

Ella danzaba un baile hipnótico en el que mezclaba la danza clásica y el flamenco. En ese instante, lo olvidé todo, me apoyé sobre la enorme y gruesa baranda de piedra, y permanecí varios minutos observando como aquella “menuda y mona” belleza, danzaba alrededor de aquel muchacho, que observaba completamente extasiado esa melena negra, esa piel blanca, y ese delicioso cuerpecito, perfectamente formado, dejándose llevar por aquella magnética sucesión de sonidos…

Por un momento, algo la sacó de su trance y la hizo mirar hacia arriba,

De repente, se detuvo y me miró…

Permanecimos unos instantes observándonos el uno al otro, como si su polo positivo y mi polo negativo se estuviesen atrayendo a través de los apenas cien metros de distancia y altura entre nosotros dos. Aquellos instantes se hicieron eternos.

Y entonces ocurrió lo inesperado…

Ella me lanzó una frase que se me quedó grabada a fuego…

-¡Nunca “el paseo de los tristes” hizo mayor honor a su nombre!-

Esa frase oportuna, concreta, inteligente, además de sorprenderme, me hizo entender que la chica de ahí abajo, además de inteligente, guapa y buena bailarina, era una persona interesantísima…

-¿Pero sabes que?…

Mirándote bailar, se me ha olvidado todo…-

Ella me hizo un gesto de reverencia, acompañando a una sonrisa complaciente para a continuación, continuar danzando, pero esta vez danzaba para mí, porque continuamente miraba hacia arriba…

El maromo imbécil, seguía a su bola.

Continuaba leyendo una especie de panfleto, sin prestar atención a aquel Ángel, que desprendía verdadera magia con su cuerpecito grácil y perfectamente formado.

Finalmente, opté por continuar mi camino. Y mientras caminaba, sentí que tenía que reordenar mis prioridades.

Sabía que, si me metía en los móviles de Miranda y Abdul, aquello sería un trabajo arduo y exhausto. Y habría de consumirme muchísimo tiempo, de manera que opté por llegarme primero al hospital, y comencé a buscar al puto tuercas de los cojones.

No me fue muy difícil hallarlo, porque era el tipo que peor pinta tenía.

Era un tipo canijillo y escuálido, podría medir perfectamente metro sesenta, con muy mala pinta, como si hubiese estado consumiendo heroína durante un par de lustros y ahora, se notaban los estragos de aquel vicio. La cara chupada y oscura, llena de marcas denotaban, que era una persona con la que no habría que jugar en absoluto.

Aquel mote, se lo ganó a pulso, porque cada día aparecía con una motocicleta distinta, con un coche distinto, y todos sabíamos que eran vehículos que había robado y se pasaba por el barrio. Con ellos, siempre los desmontaba, los desguazaba, cualquier cosa que caía en sus manos la desmontaba y vendía las piezas…

-Coño Marco… Cuanto tiempo…-

Me extrañó, que el tuercas se acordara de mí…

Debo reconocer que, por aquella época, yo era un tipo conocido, me gustaba el deporte y solía tener amigos…

-¿Que pasa tuercas?…

Veo que te va bien…-

-No me puedo quejar…

La vida.-

-Oye, ¿Tendrías un ratito para un café?-

-Esto es lo bueno de ser un funcionario…

Que tiene siempre tiempo para un café…-

Al instante, aquel individuo levantó la mirada y le hizo un gesto mandatorio a uno de los que estaban allí, y rápida y temerosamente, se acercó a su puesto para suplirlo.

Salimos de su puesto, y nos dirigimos a la cafetería…

Él, tenía su rincón reservado. Cuando el camarero lo vio llegar, cambió completamente su expresión y se tornó muy seria…

El tuercas al entrar, lanzó una sonrisa de oreja a oreja, complaciente, dominante, la típica sonrisa de Machirulo cagón que se atreve con las personas más vulnerables…

Pero cuando se le pone por delante alguien que le echa un mínimo de cojones, se achanta como el “Jambo cagón” que es.

Nos sentamos al fondo de la habitación, y cuando se acercó el camarero, dubitativamente le pregunto.

-¿Qué vais a tomar?-

-Mi amigo quiere un café y yo, ya sabes lo que tomo…

Ah y que me lo sirva mi Almudena-

El camarero se retiró cabizbajo, en silencio, y al cabo de unos instantes, apareció una muchacha de unos 39 años muy, muy guapa, con un cuerpo medianamente bien formado, no era una mujer para tirar cohetes, pero tenía su encanto…

Detrás de aquel uniforme de trabajo, se preveían unos prominentes, pechos de tamaño medio, pero bien altos, más o menos, una 95…

Pelo largo y negro, recogido con una coleta que le permitía trabajar más a gusto.

Unas caderas bastante llamativas, que terminaban con unas piernas no muy delgadas, pero bien formadas.

Al llegar a la mesa, sirvió un café y un whisky doble.

Ella no era capaz de levantar la mirada, me daba la sensación de que esa chica tenía verdadero pavor a ese individuo.

A continuación, sonriente y victorioso, seguro de sí mismo, levantó el whisky y mostrándomelo, me hizo un gesto de beneplácito, como agradeciéndome la convidada.

Cuando la mujer se iba a dar la vuelta, agarró su brazo y tiró de ella hacia abajo, hasta colocar su cara a su altura, la expresión de miedo de la muchacha, era palpable, y “el Tuercas” le dijo algo al oído.

Después, observó con aire libidinoso, como se alejaba aquella muchacha hacia el interior de la cafetería.

-Necesito saber algo…-

-Dispara-

-¿Recuerdas a Abdul al Aium?-

De repente, el semblante de aquel individuo, se ensombreció aún más de lo que ya venía de serie…

-No lo recuerdo… De hecho, hace mucho tiempo que no sé nada de él.-

-O sea no lo recuerdas, pero hacía mucho tiempo que no sabías nada de él…

Eso significa que lo recuerdas…-

De repente, lo noté extremadamente tenso, y mi poder intelectual, me estaba diciendo que ese hombre ocultaba algo al respecto, y no un evento aislado en los años…

Por un momento, levanté la cabeza y vi como aquel camarero, se dio cuenta de que yo lo había puesto muy nervioso…

Hasta tal extremo que lo tenía contra las cuerdas.

-¿A qué viene esto ahora?…-

-Tranquilo, tuercas que no pasa nada… Es que el otro día me acordé de que de vez en cuando lo veía contigo y con el facha y el Fiti…-

-Pues te voy a dar un consejo, y ese es gratis…

Si por casualidad, lo ves por ahí, aléjate de él…-

-Coño… ¿Tan peligroso es?…-

-Imagino que sabrás que el Fiti y el facha se murieron…-

-Sí… Había oído que murieron de sobredosis…-

-Pues ya te digo yo que murieron de sobredosis…

Pero ese último viaje, no fue por su propia voluntad.-

-¿Como?… ¿A qué te refieres con eso?-

-¿Te lo tengo que explicar más claro?-

-¿Fue el?-

-Digamos que fue el autor intelectual…

Digamos que cuando volvió de su ciudad natal, volvió con nuevos amigos…-

-…Y por casualidad, no sabrás por qué volvió a su ciudad natal…-

En ese momento, su semblante volvió a crisparse aún más…

El camarero, hizo un gesto hacia la cocina para que la muchacha saliese para observar como aquel individuo tan despreciable para ellos, se veía Contra las cuerdas.

-¿Por qué tendría que saberlo?…-

-Porque si me paro a hacer cuentas, si hago un ejercicio de memoria…

Podría recordar un hecho, un momento en el tiempo, un instante en el que pasé por al lado de tres jóvenes, que agarraban a un niño pequeño, y lo adentraban en el interior de un callejón…

Si me paro a analizar, podría llegar a la conclusión de que después de aquel hecho, después de aquel momento en el que esos tres jóvenes introdujeron a ese niño dentro del callejón, no volví a verlo…

Y aquel niño, se fue durante algún tiempo a su ciudad natal…

Y ahora que me pongo a atar cabos, quiero pensar que vino con algún amigo suyo, con alguien que lo ayudó, con alguien que fue el arma de la venganza de aquel niño, y finalmente acabó con la vida de esos dos mierdas… -

-¡¿Qué coño te crees?!…

¿¡Quién coño te cr…?!-

En ese instante, lo mandé a callar…

Sabía que la situación se estaba poniendo bastante peliaguda, y no me convenía primero tener a ese tipo a malas conmigo, y segundo tampoco me convenía montar un espectáculo allí…

Por más ganas que me daban de partirle la cara, por haber sido un mierda toda su vida…

-Vamos a ver tuercas, que no te estoy acusando de nada…

No sé lo que ocurrió en aquel callejón, es más, imagino que, si tú estás vivo y ellos no, tú debes de estar libre de culpa…

Te vuelvo a repetir, que no tienes de qué preocuparte conmigo.

Es más, te voy a decir algo…

Para que veas que puedes confiar en mí.

Ese tipo ha entrado en mi vida, y no me fío demasiado de él. Sé de buena tinta, que cuando era un niño, era distinto. Pero sé que algo ocurrió a partir de aquel momento. Y ahora, tengo que verlo todos los días… Y sé de qué pasta está hecha, y también sé que por algún motivo me tiene inquina…

Y ahora, después de hablar contigo, tengo la sensación de que de alguna manera puede culparme por no haber hecho nada el día que lo metisteis en el callejón.-

-Joder… ¿O sea que lo tienes cerca de ti?…

Pues perdona, pero te compadezco…

Es cierto que yo no tuve nada que ver con aquello, simplemente me dejé llevar por el Fiti y el facha.

Por lo visto, tenían algo contra él, por no sé qué de una consola que les vendió…

Yo puedo ser un hijo de puta…

He podido ser un ladrón, un chorizo, un mangante, un drogata…

Pero nunca me han gustado los hombres, y menos los niños… -

En ese instante, mi mirada me delató, la expresión de horror de mi semblante, hubo de dejarlo bastante descolocado.

-Joder, no me juzgues, yo simplemente me limite a ayudarles a meterlo dentro del callejón, pero viendo que le estaban pegando una paliza, y le habían arrancado la ropa, tuve que intervenir, y decirles que qué cojones hacían…

El Fiti me miró y me dijo que hoy iban a probar “culo de moro”.

Y yo les dije que no contaran conmigo. Es más…

(Joder qué es un niño) les dije, pero ellos tenían sus propios planes…

De manera que me largué de allí, imaginé lo que habría ocurrido…

Al cabo de algunas semanas, volvió a la ciudad con varios amigos o familiares, eran mayores que él, y tenían una pinta que ríete tú de la mía…

A los pocos días apareció primero el Fiti muerto por una sobredosis…

Y el facha me pasé al menos una semana sin verlo, una noche apareció en la puerta de mi casa, y me dijo lo que le había pasado al Fiti, que había tenido un encuentro con esos tipos, y que le habían dicho que tenía las horas contadas…

Al día siguiente, el facha apareció muerto también de una sobredosis…

Yo pasé varios meses completamente acojonado, pero seguramente Abdul me borraría de la lista por algún motivo.

De todos modos, cuando lo he visto, me he cambiado de acera, o me he cambiado de dirección…

Ese tío, cuando volvió, lo hizo completamente cambiado. -

“Ya te digo”… Pensé para mí.

Mientras observaba como el tuercas, se bebía tranquilamente el whisky patrocinado por mí.

-Oye, espérame unos minutos que tengo que decirle algo a la esposa del “cagao” del camarero-

Con un aire socarrón, se levantó del asiento, se agarró el paquete de manera ostentosa e impúdica, de manera que el camarero pudiese observarlo y se metió dentro de la barra de la cafetería. Lo vi entrar dentro de la cocina al mismo tiempo que el camarero, adoptaba una expresión de ira y resignación…

Imaginé que el mierda ese no iba a la cocina por azúcar, y vi que el aseo estaba en la misma dirección que la cocina.

Me dirigí en dirección al aseo, pero lo sobrepasé, hasta llegar a la ventana de ventilación de la cocina, esta estaba entre abierta, imagino que sería para dejar escapar los olores de la cocina.

Con mucho cuidado, me asomé un poco y empecé a escuchar voces…

-Escúchame puta, quiero lo que me prometió tu marido…-

-Por favor… Es la hora de los bocadillos, tengo que trabajar…-

-¡Me importa una puta mierda!…

Vamos a hacer una cosa, ponte en la mesa a preparar los bocadillos, que ya me apañaré yo solo contigo…-

Ella dejó escapar un par de lágrimas, y asintiendo, se colocó frente a la mesa, y empezó a cortar las vienas del pan, mientras aquel individuo levantaba su falda y la enredaba sobre su cintura, dejando expuesto su exuberante trasero y sus ampulosas y generosas piernas.

A continuación, bajó sus bragas, y aquella imagen era auténticamente brutal, un espectáculo morboso sin parangón, aquella muchacha, cortaba las vienas sin dejar de llorar, mientras aquel individuo se bajaba los pantalones y dejaba escapar un pequeño, negruzco pero duro falo…

A continuación, le soltó cuatro cachetadas fuertes, que hicieron rebotar el trasero de aquella mujer, el tuercas se agachó, y comenzó a lamer el trasero de aquella mujer que, sintiendo aquella lengua invasiva, acariciando el ano y sus labios vaginales, no pudo por menos que apoyar sus Brazos y sus codos sobre la mesa y dejarse hacer ante el avance de aquella lengua que, sin compasión y sin permiso, la estaba forzando a sentir placer.

Al cabo de unos instantes, y sin lubricar ni nada, penetró el coño de aquella mujer…

Con sus dos manos libres, desabrochó la camisa de la mujer, liberando sus preciosos y opulentos tetones, comenzó a apretar aquellos pezones duros y prominentes, y mientras la penetraba, los pellizcaba y le soltaba leves tortazos que las hacía rebotar…

A continuación, tiró fuertemente de su trenza hacia atrás, obligándola a levantar su carita llena de lágrimas.

Después de unos segundos, viendo como aquella mierda seca, penetraba, violentamente a esa mujer, volví a la mesa, y observaba como aquel hombre continuaba fregando los platos mientras un par de lágrimas se escapaba de su cara.

Algo se cruzó en mi mente, una chispa, un brote de violencia, aquella maldad intrínseca en mi subconsciente que me hacía saltar cuando veía algo que no estaba bien…

Una injusticia…

Al pasar por el baño, vi que en el pasillo había un detector de incendios, cogí mi encendedor y lo apunté directamente para quemarlo.

Lo primero que pensé fue, menos mal que existen este tipo de artilugios, porque ya me han servido de más de una…

Cinco segundos más tarde, habían saltado todas las alarmas de aquel hospital, y los detectores de incendio comenzaron a tirar agua de la manera más violenta posible. Rápidamente volví a asomarme a la ventana, para descubrir que aquel mierda, se había acojonado y se había puesto los pantalones rápidamente, abandonando aquella cocina, y dirigiéndose a su puesto de trabajo, para ver qué ocurría.

A continuación, me acerqué a la barra del bar…

Aquel camarero me miró de manera sorprendida, como si de alguna manera, hubiese adivinado que podría haber sido yo el causante de aquel acto.

-No sé cuál es el tejemaneje que tiene este tío con ustedes, pero yo me voy a encargar de que no vuelva a molestar a tu mujer…-

Me miró con una expresión de alivio, y la muchacha, que acababa de salir de la cocina, había escuchado lo que yo le dije, y me lanzó una sonrisa de gratitud.

La mirada de aquella pareja, lo dijo todo, sus miradas bien valdrían lo que estaba a punto de hacer.

Me asomé al balcón del bar del hospital, cogí mi teléfono móvil, y lo puse en modo oculto, marqué el número de teléfono que me había proporcionado Lenka cuando estuvo stalkeando la cuenta de aquel mamón.

-¡Dígame!-

-Tu Cabroooon…-

Dije, disimulando mi voz, poniéndola, mucho más ronca, y dándole un acento hispano marroquí.

-¿Cómo?…-

-Ya sabes quién soy…

Tengo tu número de teléfono desde hace mucho tiempo…

Abdul me había pedido que no te hiciera daño, no sé por qué motivo…

Pero ahora, y tampoco sé por qué, tengo vía libre para hacer lo que quiera contigo-

-Por favor… Por favor…-

-Sé dónde vives violador de niños…

Sé que trabajas en el hospital desde hace tiempo, te llevo vigilando mucho tiempo…

Sé que chantajeas y te aprovechas de las personas…

Pero esta noche te haré una visita…

Y mañana habrá otra persona muerta por sobredosis -

-Por favor… Por favor… Haré lo que quieras…

Te daré todo lo que tengo…

Tengo dinero guardado en el escritorio…

Es tuyo si me dejas vivir…-

-Haremos un trato…

Deja tus llaves en la cafetería, vuelve a tu puesto de trabajo, y yo me llegaré a recogerlas.

Haré una visita a tu apartamento.

Me llevaré lo que me dé la gana de allí. Y cuando salgas de trabajar, recoge lo poco que tengas y te vas de esta ciudad para no volver jamás…

Espero que lo hayas entendido -

-Si… Lo he entendido…-

-Ya estoy alrededor del hospital, si te veo la cara fuera de tu puesto de trabajo, no llegarás a esta noche…-

Colgué el teléfono, y volví a sentarme en mi mesa.

A los tres minutos, apareció el tuercas, visiblemente alterado, dejó las llaves en el mostrador de la barra del bar, y salió corriendo a su puesto de trabajo.

Antes de que se fuera, le pegué una voz desde la mesa.

-Pero tuercas… ¿Dónde estabas?…

Llevo esperándote en la mesa un buen rato…

Venga, ven y siéntate y termínate la copa. -

El tuercas me miró completamente ido y sin hacerme ni puto caso, salió de la cafetería.

Entonces me dirigí a la barra del bar y me recibió el camarero y su mujer…

-Hoy voy a hacer algo bueno por ustedes, pero creo que merezco una explicación-

-Mi mujer, cometió un error, tenemos un hijo que consume drogas, y mi ella se vio obligada a entrar dentro del almacén del hospital, y este pedazo de mierda la descubrió. Desde entonces, hace lo que quiere con nosotros, viene a nuestro hogar, se aprovecha de ella y la obliga a tener sexo, come bebe hace y deshace a su gusto...

Nos tiene chantajeados y a su merced-

-Pues eso va a terminar ahora, y os va a dar una generosa recompensa antes de irse…

¿Almudena me acompañarías?-

Ella que no me conocía de nada, me miró de manera recelosa, pero finalmente, mirándome los ojos asintió.

.........

El apartamento de aquel mierda, era una verdadera porquería, era lo que yo denominaría una pocilga, pero no veníamos de guía turística.

Almudena me observaba detenidamente, su mirada era escrutante, como si esperase que fuese a dar un paso en falso, que fuese a cometer algún acto contra ella, imagino que ella estaría acostumbrada a que los hombres intentasen aprovecharse de ella, pero pasaban los minutos, y ella no veía que yo diese ningún paso en falso, ni cometí ningún acto que pudiese atentar contra su integridad.

-Oye Almu… ¿Eres feliz con esta vida?-

-Si te soy sincero, no es que lo sea especialmente… Pero hay que aceptar en la vida como viene…-

En ese instante, llegué al aparador del salón, y comencé a registrar los cajones. Allí encontré varias joyas, parecía que habían sido robadas.

Pero aparte, tenía tres fajos gordos de billetes de 50 €. Perfectamente podría tener 50 o 60.000 euros allí. Agarré el dinero, y se lo entregué.

-Toma Almu… Esto te lo has ganado por haber soportado todo lo que has soportado…-

De repente, ella comenzó a mirarme con sus grandes ojos negros, eran grandes y expresivos, su cara era una cara netamente andaluza, sus grandes y expresivos ojos, delataban una gratitud inusual…

-¿E… Esto es para…?-

-Si… Para ti…-

-¿Solo para mí?-

-Como tú decidas, Almu, todo este tormento lo has padecido tú, por tanto, la beneficiaria tendrías que ser tú, pero tú decidirás lo que haces con esto, si lo das la mitad a tu marido o te lo guardas solo para ti, ahí no voy a entrar yo, porque posiblemente esta sea la primera y la última vez que os vea…-

De repente, esa mujer se abalanzó hacia mí, me agarró de mi cuello y me soltó un abrazo de gratitud infinita.

Entonces, extrañamente, me soltó una mirada felina…

-Te diré algo, no sé tu nombre, pero me gustaría agradecértelo de alguna manera…-

La muchacha, de repente, se agachó y comenzó a desabrocharme la cremallera del pantalón, siempre mirándome con sus enormes ojos negros…

Mi primera reacción fue levantarla y negar aquel regalo, pero entonces me acordé de Miranda, de lo zorra que había sido, de mi cuñada y de mi suegra, y de todas las mujeres que me rodeaban, y de cómo eran de traidoras y traicioneras, y de repente, me dejé llevar…

Aquella joven liberó mi pantalón bajando y dejando mi erecto falo, apenas a tres centímetros de su preciosa boca, con su lengua, comenzó a dar caricias sobre mi glande, caricias acompañadas de besos, entonces, con su lengua, comenzó a recorrer toda la extensión de mi tronco, desde la base hasta la punta, hasta desembocar en mi ultra sensibilizado capullo, que de repente envolvió con sus bonitos labios, y comenzó a acariciarlo con ellos, como si se tratase de un delicioso helado.

Entonces lo abrazó completamente con sus labios, y se lo introdujo casi por completo en su boca, comenzó a practicarme una mamada lenta, pausada, intensa y excitante, de vez en cuando la sacaba de su boca, y con la lengua, comenzaba a acariciar mis testículos que estaban sobre excitados…

Y nuevamente volvía a abrazar con su boca mi excitadísima verga…

Comenzó a afanarse imprimiendo velocidad a la mamada, mientras me miraba con esa sensación, con esa mirada felina…

Pero yo quería más...

Aún recordaba sus ampulosos muslos... Esas generosísimas caderas, y ese trasero grande y espectacular...

Levanté su carita y la miré, y ella entendió al instante...

-Me viste... ¿Verdad?-

-Por eso mismo actué. No podía permitir que te obligase a mantener sexo con él por sin quererlo...-

-Y sin embargo...-

-Me encantó verte... Me quedé prendado de sus caderas... De tus piernas... De tu cintura...-

Almu, me miró fijamente y se incorporó. A continuación, se dio la vuelta y mostrándome sus curvas, se levantó la falda remangándola a la cintura y bajando sus bragas, comenzó a mover sensualmente su generoso trasero...

-Pues ahora lo deseo...-

Sin pensarlo, escupí sobre la punta de mi endurecido pene y acercándoselo a su raja, comencé a acariciarla, de arriba abajo, lentamente, consiguiendo humedecerla aún más...

Almudena, comenzó a gemir ostentosamente, en ese instante, entendí la diferencia entre cuando la forzaban a tener sexo y cuando ella lo deseaba...

Finalmente, la penetré despacio, sintiendo como mi verga, avanzaba centímetro a centímetro por su precioso y generoso coño, arrancando de su pecho un suspiro liberador, Y comencé a imprimir ritmo a las embestidas, arrancando de ella cada vez mayores gemidos, hasta que finalmente, acabó corriéndose entre gritos de placer u lágrimas...

Permanecimos unos segundos en esa posición, hasta que ella volvió a arrodillarse para continuar con la felación...

Me estaba transportando al séptimo cielo, y no quería alargar mucho aquello, de manera que me dejé llevar y en cuestión de pocos minutos, le dije que me iba a correr…

Ella asintió con la mirada y se dispuso a que me corriera, cuando pensaba que me iba a masturbar, vi que continuó felándome la verga, mientras soltaba chorros de semen que iban directamente a su garganta, esa joven debería de estar completamente acostumbrada a ello, porque se lo tragó absolutamente todo, yo me quedé Completamente extasiado, relajado, y como nuevo. Ella me subió los calzoncillos, y me abrochó los pantalones…

Me dirigí al frigorífico y vi que tenía un par de cervezas del águila sin filtrar, nos sentamos a la mesa, y nos la tomamos tranquilamente mientras charlábamos.

-¿Qué vas a hacer con el dinero?-

-Voy a coger a mi hijo y lo voy a meter en una clínica de desintoxicación…

Tengo la extraña sensación, de que el haberte conocido, me va a servir de repulsivo para darle el cambio que mi vida necesita… -

Le di mi número de teléfono, y le dije que, si alguna vez necesitaba ayuda de algún tipo, contara conmigo…

Nos despedimos en la puerta de la casa de aquel mierda, ella se fue en una dirección, y yo me fui directamente a mi casa, contento, satisfecho, y lo más increíble de todo, sin el menor sentimiento de culpa…

Mientras caminaba, no quería pensar ni en Miranda, ni en Sol, a la que había mandado yo mismo a casa de su tía en Valencia, para alejarla de todo esto…

Ni en Abdul, y menos en Hakim…

Esos eran problemas a los que le prestaría atención tranquilamente, cuando llegara a casa, cuando descubriera toda la información que guardaban en los teléfonos…

Pero ahora solo quería pasear tranquilamente.

Me sentía bien, algo bueno había salido de todo esto… Y por una vez, todo estaba en orden.