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Fany, la cornuda, capítulo 5. Segunda saga

Fany escuchaba pasos acercándose y enseguida corría lejos de la puerta, se sentaba en el sillón y Mario, usando solo los boxers, abría la puerta de golpe y cerraba rápidamente cuando Fany apenas ponía sus flacas nalgas en el mueble, él no…

Homelander7.3K vistas9.2· 5 votos
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Fany escuchaba pasos acercándose y enseguida corría lejos de la puerta, se sentaba en el sillón y Mario, usando solo los boxers, abría la puerta de golpe y cerraba rápidamente cuando Fany apenas ponía sus flacas nalgas en el mueble, él no lo notó o no le importó.

—¿Todo bien? —decía Fany fingiendo hacerse idiota con el celular.

—Sí, necesito papel higiénico, le dejé un desastre en la cara a tu amiguita —respondía Mario con sorna y Fany reía un poco solo por compromiso.

—Oye ¿a qué hora tienes que irte? —le pregunto su chica acercándose lentamente a él.

—En una media hora —dijo él rápidamente entrando al baño.

—Oh —expresó decepcionada.

—No te preocupes, también te daré a ti tu dosis, ¿ok? —le dijo él saliendo del baño con algo de papel en mano, besándola en los labios con lujuria, ella le sonrió.

—Tómale fotos con tu lefa en la cara, quiero ver su cara de mensa así —le dijo Fany sonriendo lujuriosamente, antes de que él entrara ahí de nuevo sin responder nada.

Fany esperó en la sala de su casa por otros eternos 10 minutos, dando vueltas de aquí a allá y pensando molesta en si Mario se estaba follando de nuevo a Eliza ahí dentro “mal gastando” la media hora que le quedaba. Ya llevaba 2 rounds con su amiga y ella seguía esperando, no se decidía si eso era jodidamente retorcido o patético. Él había dicho que se iría en apenas media hora y no había pasado tiempo con ella esa tarde, no se acostumbraba a qué Eliza fuera ahí.

Ella aceptó que serían 2 veces por semana, habían pasado ya 3 semanas y Eliza no había desaprovechado ni un solo de sus “turnos” por semana. Al menos la muy puta ya había quemado sus 2 veces de esa semana y apenas era martes, su hombre le pertenecía al 100% el resto de la semana, sonreía al pensar en eso.

Pero enseguida miraba la puerta molesta, se acercó dispuesta a poner la oreja de nuevo ahí, pero se abrió la puerta casi golpeándole la cara.

—¿Ibas abrir? —preguntó Eliza con una sonrisa extraña, entre curiosidad y terror.

—No, solo… No sé, es que ya tienes que irte —le dijo firmemente, Eliza sonrió con malicia.

—Ya te dejo a tu hombre, no te preocupes.

Dijo la aperlada más guapa, le dio un beso profundo a Mario frente a ella a propósito, como todas las demás veces antes de irse en esas semanas. De ella se despidió de beso en la mejilla y Eliza misma salió de la casa sin que Fany la llevara, se había puesto muy cómoda muy pronto con esa dinámica, como si fuera su propia casa. Perra.

—¿Cuántas veces te la follaste hoy? —le decía Fany a Mario abrazándolo por el cuello y besándole profundamente.

—Una —dijo él rápidamente.

—No es cierto —le recriminó ella sonriendo torpemente.

—Dime tú entonces, no creas que no me doy cuenta de que te la pasas escuchando en la puerta… Cochina —dijo él sonriendo, ella se sonrojó.

—¡N-no es cierto! —dijo casi molesta.

—Jajajaja.

—¿Ella se ha dado cuenta? —preguntó avergonzada.

—No sé —respondió con desinterés y absoluta honestidad, llevándola al sillón donde ella estaba sentada hace 30 segundos.

—Solo escucho en ratos porque luego no sé ni qué onda, a veces me aburro esperándolos, mira que hora es y apenas se está yendo —argumentaba ella, la mitad era verdad. Solo la mitad.

Mario la ignoraba, le daba la vuelta contra el sillón, Fany se preguntaba que hacía, pero él le levantaba la falda escolar y la empinaba de culo contra él y Fany se sostenía instintivamente del sillón, reía nerviosa.

—Espérate, prim-

Decía Fany, quería un poco de juego previo, pero él bajaba sus panties de golpe con una mano y sus propios boxers con la otra.

—Mario —dijo ella más firmemente, reincorporando medio cuerpo.

—Cállate —le dijo él con sencillez, haciéndola empinarse de nuevo usando solo una mano con autoridad sobre su espalda.

Ella asumió la posición, pero pensaba profundamente, él no era así antes. A veces incluso ella misma tenía que parar el juego previo para que él le metiera la verga de una vez, Mario le separó las piernas violentamente usando sus pies y ella espabiló.

—¡Mario, esper-!

Decía ella, pero gimoteó de golpe cuando él entró en ella violentamente, la tenía bien tomada de la cintura, estaba completamente erecto y ella iba demasiado húmeda por espiar en la puerta. Entró por completo sin problemas. Fany se dobló de todo el cuerpo, ya dominaba la gran talla de Mario, pero ESO de golpe seguía siendo demasiado incluso para ella. Se dobló, gimoteó, las piernas le temblaron y casi se cae, él la sostuvo fuertemente y comenzó a follarsela rápidamente.

—¡Ma-Mario! —manoteaba inútilmente hacia atrás y su novio ya tomaba ritmo.

—Tengo que irme pronto —le decía clavándole la verga de golpe, ella se retorcía y gemía—. No quería irme sin follarte a ti también.

Mario no paró.

Comenzó a aplaudir el culo de su chica y ella pasó del dolor absoluto al placer abrumador muy pronto y se dejó querer. Mario no duró más de 5 minutos, pero solo porque él quiso hacerlo rápido, no tenía problemas de resistencia como ya sabemos. Le ensartaba entera la verga desesperado a su chica cuando eyaculaba y gemía en su oído.

—Me encanta tener 2 putas para mí.

Le dijo él al oído mientras la verga aún le palpitaba violentamente dentro de ella. Se vistieron, se besaron y él se fue.

Fany pensó mucho durante esa tarde, se había negado a hacerlo, no quería atormentarse, odiaba hacerlo. Pero los pensamientos invasivos siempre ganan al final y ganaron esa tarde. Pensaba que cuando Eliza iba a su casa para follar con su Mario, él se follaba a esa chica como un semental implacable, no parecía haber momentos románticos o calmos, todo el tiempo que su novio estaba ahí dentro con su amiga, ellos 2 solo hacían ruidos sexuales histéricos con pocas pausas, eso estaba bien, ¿correcto? Mejor eso a que pasaran tiempo románticamente, ¿no? ¿cómo carajos saberlo? La situación era tan retorcida aún, y la peor es que se volvía la norma. Es aterradora la capacidad del humano de adaptarse a todo.

Luego Mario salía del cuarto y se follaba a Fany como a un pedazo de carne barata que solo merecía 10 minutos de su verga a toda velocidad y nada más, luego está eso que le dijo al oído esa tarde, ¿ahora la consideraba solo una de sus 2 putas?

Se ponía melancólica, pero intentaba ser justa y objetiva, pensar claramente. Ok, las veces que Eliza no fue ahí, las demás veces que tuvieron toda la tarde para ellos 2 solos, él era el mismo de siempre. Con todo el juego previo, el buen sexo oral, el coito duradero y a varios ritmos, también estaban los descansos tiernos y amorosos, dónde veían algo en Netflix, comían, reían y le seguía diciendo que la amaba tanto. Ni siquiera se había atrevido a mencionar a Eliza esos días mientras se la follaba, a menos que ella lo hiciera estando jodidamente cachonda en el momento clímax cuando él iba a toda velocidad… él seguía siendo el mismo cuando Eliza no se aparecía por ahí ese día.

Cómo si hubiera 2 Marios, tan diferentes uno del otro. Y aunque no le gustaba como le trataba el Mario que se follaba a Eliza primero que a ella; en su propio cuarto, odiaba admitir que no estaba ni un poco dispuesta a renunciar a ese Mario tampoco. Quizá era un peaje que estaba dispuesta a pagar.

No sabía si podría acostumbrarse a esa “nueva normalidad”, Eliza no parecía que se fuera a aburrir, le hizo aquel comentario “cómico” sobre que si ella terminaba con Mario, por favor la dejara seguir follando con él en su casa, tremenda hija de puta. Lo peor es que parecía de esos comentarios de “es broma, pero si quieres no es broma”. El muy cornudo de Julián tampoco parecía que fuera a detener nada. Incluso a veces lo veía platicando con su Mario por ahí en el receso, o después de los entrenamientos. Riendo y viendo cosas en el celular, ¿cuántas veces habrán sido videos/fotos de su Mario follándose a Eliza? Presumiéndole, “mira como se la metí ayer a tu vieja jajaja”. ¿Quién era el más enfermo? Ella y Julián que lo permitían y disfrutaban? ¿Mario y Eliza que aprovechaban la situación con gusto? El más patético era Julián, ¿correcto? Hay algo más patético en que otro se la meta a tu mujer a qué tú cómo mujer permitas que tu semental le de placer a otra chica, placer que ese otro hombre no puede, ¿verdad? Hasta ella sabía que se engañaba con eso.

Estaba tan absorta en sus pensamientos mientras estaba con su grupo de amigas que no escuchó a Paulina llorar hasta que la pequeña chica gimoteó fuertemente. Espabiló de golpe, Gabriela; la culona alfa, abrazaba a la más pequeña del grupo.

—Es un pendejo, él se lo pierde —decía la nalgona puta consolando a la pequeña Pau.

—¿¡Cómo pudo hacerme esto!?

Respondía la pequeña y castaña adolescente gimoteando melodramáticamente, Paulina es de esas personas que se regodean en su dolor y desgracia.

—¿Qué sucede? —preguntó Fany asustada y espabilando, Eliza la miraba y torcía la boca.

—Jonathan la engañó —le dijo su socia de cama.

—¡¿Qué?!

Expresó Fany más con sorpresa que como pregunta, no lo creía, literalmente no lo creía posible, por muchas cosas, que Jonathan fuera un tarado inofensivo era la mayor, ¿cómo un menso así es infiel? Todos son unos cabrones, hasta los que se ven pendejones.

—Mira, el wey ni es la gran cosa, él se lo pierde, neta, tú estás bien bonita, tienes un trasero precioso, eres súper tierna y ese wey tiene cara de lelo —dijo Gabriela con firmeza, las 4 reían, incluida Paulina con lágrimas en las mejillas. Todo era verdad.

—Pero… ¿cómo? ¿con quién o qué? —Fany insistía.

—Le dijo la muy piruja de Alejandra. Ella misma, o sea, con ella y ella misma se lo dijo, ¿puedes creerlo? —dijo Gabriela torpemente, también parecía aturdida.

Y sin dejar acurrucar a Pau en su pecho, le sobaba la cabeza tiernamente. Rara vez esa chica perdía los nervios, pero sentía alguna clase de amor maternal hacía la más inocente del grupo, ella era la matriarca, asumía ese rol con Paulina siempre.

—¡Qué hija de puta! —expresó Fany.

Y en ese momento vio venir a Jonathan a lo lejos, las otras lo notaron de inmediato y voltearon también, le dejaron caminar hacia ellas, pero cuando estuvo lo suficientemente cerca…

—Te juro que si te acercas un paso más, le diré a Roberto que te de una paliza tan culera que vas a necesitar un popote para comer por 6 meses —le dijo Gabriela al chico sin titubear.

Jonathan se detuvo en seco, completamente aterrado. Era rumor común que Gabriela le daba de manera regular su magnífico traserote a ese rudo y gigantesco chico, rumor para el 90%, las ahí presentes sabían bien que era verdad. Roberto sí que le patearía el trasero al torpe Jonathan apenas lo dijera la nalgona.

—¡Lárgate! ¡no quiere hablar contigo! —remató Eliza con mirada de fiera, Jonathan balbuceó algo, miró a las chicas viéndole fijamente y se fue.

—Tengo que irme, pero me cuidan a mi niña ¿ok? —dijo Gabriela mirando su celular cuando Jonathan ya no estaba a la vista, las otras 2 asintieron.

Estuvieron con ella toda la tarde en casa de Fany, nada de verga para Eliza ni para la cornuda esa tarde, la más pequeña del grupo las necesitaba. Platicaban intentando normalidad en momentos, incluso Paulina reía en ocasiones, luego todo se invadía de un asqueroso silencio incomodo cuando la tierna chica engañada parecía ver el infinito, pensando obviamente.

—Me dijo que se la chupó, así, con los ovarios en la mano fue y me lo dijo, la muy perra —dijo de pronto la más inocente de las 3.

Era raro que usara palabrotas, Eliza y Fany se miraron con melancolía, Paulina seguía mirando la pared.

—Es mi culpa —dijo torciendo la boca y le rodaba una lágrima.

—¡Claro que no! —dijo Eliza furiosa.

—¡Él es un pendejo! —remató Fany, Paulina la miró.

—¡Sí es mi culpa! Lo buscó porque nosotros casi nada de eso —dijo yendo más despacio con cada palabra, avergonzada.

—Él debió esperarte, ellos deben esperar a que nosotras queramos —dijo Eliza con seguridad.

—¡Tú accediste a chupársela a Julián cuando te lo pidió! —le dijo Paulina a modo de reproche—. ¡Y tú a follar con Mario cuando él quiso! —le repitió la dosis a la más fea de la habitación.

—¡Pero yo sí quería! —dijo Eliza excusándose, avergonzada por la pequeña hipocresía.

—¡Y-y yo también quería que Mario me follara! —agregó la más fea.

—¡Yo también quería experimentar ya! ¡pero me tardé! —decía Paulina pasándose las manos por la cara desesperada—. Me tardé y por eso él hizo eso —remató melancólicamente.

—Aún así no es excusa —decía Eliza abrazándola.

—Ahora tengo ganas y ya no tengo ni con quién ¡jajajaja!

Decía Paulina, y reía con esa risa lunática, irónica y desesperada que todos hemos hecho alguna vez, cómo riendo para no llorar, las chicas la abrazaban en silencio una de cada lado.

—Me la pasaba jalándosela nomás jajajaja —agregaba aún riendo como loca—. Qué pendeja fui —finalizaba derrumbándose en un abrazo con Fany.

—Es su culpa, de nadie más —le decía la más guapa.

—Incluso lo tenía planeado y listo —dijo Pau, parecía ignorarlas, sumida en su soliloquio histérico.

—¿Cómo? ¿qué cosa? —preguntó Fany.

—Nuestra primera vez… —respondió débilmente, avergonzada, tomó aire—. Compré lencería y todo jajaja ¿pueden creerlo? ¡reserve en un motel! ¿¡quien hace eso!? Jajaja hasta yo sé que eso es estúpido.

—Tenias la ilusión, no es nada estúpido, Pau. Lo siento mucho —dijo Fany, dándole un peso tan devastador a todo que Paulina comenzó a llorar como una niña otra vez.

La consolaban.

Se quedaban con ella abrazándole en silencio y limpiándole las lágrimas. Les rompía el corazón y ellas mismas lloraban contagiadas. Y así pasaron 2 horas solo llorando con la chica, consolándole y abrazándole, hasta que por fin la pobre Pau pareció quedar seca e intentaba levantarse.

—Le diré que me pague la reservación jajaja.

—¿Para cuándo era? —preguntaba Fany sonriendo dulcemente.

—En 2 semanas, cumplíamos 18 meses, un aniversario y medio, una fecha rara ya sé, pero quería que significara algo… yo qué sé —respondía Paulina.

—Está mejor así, porque si vuelven ya no podrá presionarte a nada, tú tendrás el control —agregaba Eliza.

—¡No volveré con él! ¡nunca! ¡qué se pudra! —respondió agresivamente—. Y… no me estaba presionando a nada, en serio yo también quería ya.

—Bueno, Eliza tiene un punto, ya tendrás algo con que doblegarlo si se pone gallito alguna vez —agregó Fany nerviosa ante la sorpresiva actitud agresiva de Pau.

Y la más chica le regresó una mirada furiosa, luego a Eliza, ellas le miraron confundidas, esperando y algo asustadas.

—¿¡Ustedes creen que estoy idiota o qué!? —dijo poniéndose de pie, las otras le miraban con los ojos abiertos—. ¡Me tratan como si fuera una bebé! —agregó aún furiosa.

—¡Te estamos consolando porque estás triste, es todo! —respondió Fany.

—¡Sí, gra-gracias! —decía torpemente bajando la revoluciones—. No es eso, o sea, no hoy —decía y se sentaba en medio de nuevo, le miraban dejándole continuar—. Yo sé que ustedes; las 3, me ven como si fuera la bebé del grupo, como si estuviera chiquita, ¡ja!

—Tenemos la misma edad ¿de que hablas? —decía Eliza.

—Sabes perfectamente de que hablo. La otra vez llegué, estaban hablando de vergas y se quedaron calladas, escuché clarito a Gaby decir que "la tenia enana, pero gorda”, ustedes 2 se reían, pero tú me viste —apuntó a Eliza—, y le lanzaste la mirada a Gaby para que se callara.

—¿Cuál mirada? ¡no es cierto! —respondió la agraviada.

—¡Aaaarrrrgh! —expresó con desesperación mirando el techo—. ¡Sabes perfectamente cuál mirada! La de “la niña pequeña se acerca” —decía la pequeña Pau desesperada, sentía que la trataban de loca—. O me hacen bromas sexosas, pero como para molestar, como de a ver cómo reacciono para reírse de mi incomodidad, nunca en serio.

—No queremos pervertirte, es todo —dijo Fany después de un segundo.

—¡Pues no lo hacen! Me incomoda más que me traten como lela —dijo mirando el piso.

—¡O-ok, ok! Lo lamento —dijo Eliza débilmente, miró a Fany—. Lo lamentamos.

—Yo… —empezaba lentamente Pau—. Yo ya tengo esas ideas hace tiempo ammm se me antoja y eso —intentaba ser firme, pero miraba el piso y le temblaba la mano con la que hacía aspavientos.

—¿De sex- hacer el amor? —preguntó la cornuda.

—Sexo, sí —dijo Pau mirándola con fastidio—. Sí, de sexo.

—Bueno, sí, es normal ammmm —decía Eliza mirando a Fany como pidiendo ayuda desesperada.

—En serio tienen que parar de hacer eso —dijo Paulina aún molesta, pero reía al final con nervios—. No soy una niña ya ¿ok? Sé de eso y quiero hacerlo, platicarlo, experimentarlo. Son mis amigas, ¿sino con quién voy a hablarlo? —dijo desesperada.

—Ok —dijo Eliza asintiendo con satisfacción—. Llama a las cosas por su nombre entonces —dijo mirándole fijamente, a punto de sonreír, evidentemente retándola.

—¿O-o sea? —tartamudeó nerviosa— ¿Cómo?

—Platícanos —dijo Eliza aún con ese tono sobrado— ¿Qué querías hacer exactamente ya? Sexualmente hablando.

—Bu-bueno yo que sé, ya sabes, follar —dijo intentando ser firme, Eliza le sonrió con dulzura—. Tienen razón, estoy bien tarada, no sirvo para esto —dijo derrumbándose en sus propios hombros, Eliza la abrazó por encima de los hombros.

—Fany, ¿tu papá aún tiene como que mil botellas de todo? —preguntó la linda aperlada.

—Sí —respondió Fany sonriendo.

Fueron a la cocina. Pau miraba con curiosidad como Fany sacaba botella tras botella de alcohol de su padre. Tequila, vodka, anís, también un par de bebidas de esas que venden ya preparadas para viejos, como medias de seda, piñas coladas y otras 2, incluso había una botella verde, decía “absenta”, no recordaban haber probado esa. La cornuda las formaba en fila, Eliza sonreía ansiosa y tecleaba en su celular, Fany comenzó a tomar vasos y servir pequeños tragos de cada botella, solo de las abiertas y solo un poco para que su padre no pudiera notarlo, aún así más que suficiente para 3 chicas de su peso.

—¿O sea toman de todo? —preguntó Paulina, mirando aterrada.

—Nos ponemos hasta la verga de pedas rapidísimo, está chido la neta —decía Eliza riendo.

—¡No! ¡mis papás me matarían! —dijo Paulina rápidamente.

—Haz como yo, diles que te quedarás a dormir aquí, es viernes ¿qué importa? —le dijo sonriendo.

—No, es que…

Balbuceó Paulina y miró su celular, ya eran más de las 4pm, ya tendría problemas por llegar una hora y media tarde. Les diría que no… Pero pensó. Recordó todas las fiestas que se fue la primera, todas las anécdotas divertidas que le contaron y ella no vio, ni vivió. Menos fue a dormir a casa de Fany después de ninguna de esas fiestas, ni siquiera quiso pasar por la pesadilla de preguntarle a sus padres, para que al final como quiera le dijeran que no, como siempre. También estaba aquel viaje a esa casa de campo de Esteban, todos hablaron solo de eso durante un mes. UN MALDITO MES.

Nunca accedió a salir de puntitas de su casa por la madrugada para encontrarse; con su ahora exnovio, Jonathan. El jovencito le rogó cada vez que se atreviera, que podían verse frente a la casa de él y entrar por detrás e ir al cuarto de servicio que ya llevaba un tiempo sin ocupar, “para estar a solas”, era lo más que se atrevía a decirle él. Jonathan vivía tan solo a 2 cuadras y vivían en un buen barrio, estaría bien. Incluso él se ofreció a ir por ella hasta su casa y esperarla en silenció afuera.

La vida la rebasaba y ella lo permitió cada vez, cada maldita vez. Apretó la boca.

—Llamaré a mis papás —dijo decidida y las otras 2 festejaron con ruiditos ridículos.

Le escucharon a medias desde la cocina mientras, ella discutía en la sala por el celular.

“¡En la casa de Fany!”, escucharon claramente en algún punto, sonreían nerviosas.

“¡Qué noooo! ¡con Fany!”, discutía más y las de la cocina paraban oreja.

“Sí, ok… les mando mi ubicación”, dijo casi al final.

Dijo mil veces más que sí y por fin, colgó. Las 2 de la cocina se hacían idiotas fingiendo estar en lo suyo, Fany terminaba de servir y Paulina aparecía lentamente, como si no quisiera llamar la atención, igual le miraron expectantes.

—Me dejaron —dijo sonriendo torpemente y las otras 2 aullaron emocionadas.

Fany tomaba todos los vasos y los ponía en una charola amplia, tomaba delicadamente la charola y la llevaba en ambas manos al cuarto. Pau miraba atentamente con curiosidad, sus padres no quedaron exactamente contentos, pero lidiaría con ellos luego, por el momento quería vivir, sonreía ampliamente y las otras 2 le regresaban la sonrisa cuando Fany colocaba la charola sobre un mueble en su cuarto.

—Quiero ponerme peda ¿ok? —decía Pau mirando la charola de nuevo

—Lo harás. Funciona así —decía Eliza tomando un vaso—. Si quieres hacerle una pregunta o reto a una, te bebes un shot y dices tu pregunta o reto, si la otra no quiere cumplirlo o responder, ella es la que bebe —decía Eliza sonriendo con naturalidad.

—Es demasiado nos pondremos súper pedas —decía la más chica mirando la charola con terror, contando mentalmente los vasitos de plástico.

—Es la idea —decía Fany tomando otro y le apuntaba con los ojos a la charola.

Paulina miró la charola con miedo, ni siquiera sabía que estaba servido en todos esos vasos y por los tamaños y formas diferentes ni siquiera se distinguía bien cuales tenían más bebida que otros. Las miró de reojo y le sonreían nerviosas, tomó uno que le pareció inofensivo, líquido cristalino y no parecía demasiado.

—¿Y ahora? —preguntó emocionada la pequeña.

—Exactamente… —comenzaba Eliza—. ¿Exactamente qué quieres hacer en la cama? —terminaba y las 3 sonreían como idiotas.

—Bu-bueno, ya saben ammm follar —respondía torpemente y las otras 2 reían—. Sí, eso —intentaba ser firme.

—Ella preguntó EXACTAMENTE —insistió Fany remarcando la palabra.

—¡Sí! Beberé, pero tienes que darnos detalles —agregó Eliza rápidamente.

Paulina las miró algo aturdida, de pronto toda esa atención era abrumadora, no estaba acostumbrada, miró su vaso y lo bebió de golpe. El aparentemente inofensivo líquido cristalino era vodka, que le bajó violentamente quemándole la garganta todo el camino, hacia caras divertidas de sufrimiento, sacaba la lengua y exhalaba con fuerza. Las otras 2 se le quedaron viendo decepcionadas, pensando que usaba la regla de beber para no responder.

—Quiero experimentar chupársela en un lugar público y que me folle… Él acostado sobre mi espalda, yo boca abajo —dijo rápidamente, dejando claro que lo de beber fue para el coraje y no porque no hubiera entendido las reglas.

—¿¡O sea que te folle en un lugar público también!? Jajajaja —dijo Eliza con los ojos bien abiertos.

—Noooo, solo la mamada en un lugar público, la cogida en un motel o algo, son 2 cosas distintas —respondió rápidamente Pau.

—¡Qué guarra! ¡lo haz pensado bien, eh! —dijo Fany y las 3 reían, Eliza bebía, pagando su parte, sin hacerle gestos al alcohol.

—¿Pero te tragarías su corrida? —preguntaba Eliza al terminar de beber.

—Ammm pues sí ¿no? Eso se hace también —dijo confundida la más pequeña.

—Solo si tú quieres— dijo Fany rápidamente—. Los vatos son los que tienen que acoplarse a nosotras, no al revés. Ellos harán lo que tú les digas y pidas —finalizaba con seguridad.

—Mmmm Jonathan sí haría lo que tú le pudieras, pero no todos, otros hacen lo que quieren, los mejores toman el control, te dominan… Toman lo que quieran aunque no sea suyo —agregaba Eliza, sonreía, y le lanzaba una miradita fugaz y de reojo a Fany—. ¿Verdad, Fany?

—Te toca, Pau —dijo nerviosa la más fea rápidamente.

—Sí —dijo rápidamente—. ¿Cada cuando…? —miraba a Fany—. ¿Cada cuando te folla Mario?

—Diario —dijo con sencillez la más fea, aunque había una pequeña sonrisita orgullosa al final.

—¿¡De verdad!? ¡wow! ¿no se aburren o no se cansa él? ¿cuántas veces? —preguntó Pau a súper velocidad.

—Mmmm 2 o 3 —dijo Fany con sencillez.

—Mario nunca se cansa de coger, es una máquina sexual —dijo Eliza riendo, Fany la pateó por debajo de la mesa.

—¡Debe serlo! ¡diario 3 veces, qué locura! —agregó la ingenua Paulina sin notar la patada, con los ojos bien abiertos.

—Bebe —le dijo Fany y la pequeña bebió otro vaso que ya tenia en la mano de quién sabe cuándo.

—Voy —dijo Eliza tomando un vaso, miraba a Fany—. Reto. Enséñanos una foto de la verga de Mario —dijo mirándole intensamente.

Paulina negó con la cabeza rápidamente. Fany miraba furiosa a Eliza, un pequeño silencio de 2 segundos.

—¡Estás loca! Ya estás peda, wey —le dijo Pau a Eliza, hasta ella notó como se puso denso el ambiente—. Solo bebe y ya, Fany —propuso nerviosa.

—¿Tú quieres verla? —le dijo Fany a Paulina mirándola de pronto, la más pequeña abrió los ojos de golpe.

—¡N-no, no! ¿¡para qué!? ¡no mames, no! Esas son cosas privadas —dijo Pau aterrada, Eliza también la miraba ahora.

—Porque es muy buena verga, te aseguro que mejor que la de tu Jonathan —dijo Eliza.

—¿¡Y-y tú cómo sabes!? —le preguntó Pau.

—Bu-bueno, me enseñó fotos, a veces, algunas nomás, en retos como este y así —respondió Eliza, casi molesta.

—¡Están locas! Yo ni crean que voy enseñarles las fotos de Jonathan ni nada así. Además, ni tengo —dijo también molesta la más ingenua.

—Ok, no pasa nada jajaja no te aceleres —dijo Fany, miró su vaso y bebió.

El silencio era tan denso que se podía escuchar como el trago bajaba por la garganta de la fea. Cuando les regresó la mirada, ambas le esquivaron los ojos y miraban bajo. Fany alzó los ojos con fastidio. Se paró sin decir nada, tomó el control de ese lindo estéreo que le compró su madre por sacar 9 en álgebra. Ese que se conectaba automáticamente a su playlist en Spotify y lo puso a todo volumen. La música tronó de golpe, tan alto que hizo vibrar ligeramente las ventanas de la recámara de Fany y Pau dio un saltito por el susto. El reguetón se coló por cada rincón, disolviendo en ritmo el silencio incómodo que había dejado la última ocurrencia de Eliza. Una carcajada medio fingida de Fany acompañó su grito.

—¡A bailar y cantar, perras! ¡Jajaja!

Eliza sonrió aliviada y se sumó de inmediato, alzando los brazos como si estuviera en un antro y moviendo las caderas con soltura. Pau parpadeó un par de veces sin saber si reír o preocuparse, pero igual se paró para unirse al tonto baile. Se veía preciosa en su uniforme, falda arriba de las rodillas, calcetas dobladas a media pierna, el suéter escolar abierto y la camisa blanca algo desarreglada debajo. Sus mejillas se habían puesto rojas, no por el alcohol, sino por el ambiente que dejó la turbia petición de Eliza. Las imágenes llegan a tu mente aunque no quieras, incluso para Pau.

Fany brincó sobre el colchón sin preocuparse por su falda, que subía y bajaba sin disimulo, enseñando la parte baja de su lindo trasero. Llevaba una licra negra debajo, gastada, y el moño de su uniforme colgaba chueco del cuello. Se reía fuerte, con ese tono un poco chillón que la caracterizaba, mientras agitaba un vaso de quién sabe qué en una mano cuidando de no tirarlo.

—¡Pau, súbete! ¡ya no estés de mamoncilla! ¡tú dijiste que ibas a loquear! —le dijo Fany subiéndose a la cama también.

Pau sonrió con vergüenza, escondiendo la boca detrás de sus manos.

—Ay no, así como estoy de pendeja, y ya medio peda, me voy a caer.

—¡Cállate y súbete! —dijo Eliza, jalándola suavemente del brazo.

Pau se dejó llevar, tropezando un poco al subir al colchón. La cama se hundió bajo el peso de las tres, pero resistió. Ahora las tres saltaban, brincaban, se empujaban riendo mientras cantaban a gritos la letra de una canción de Karol G.

—¡Tú no me vas a hundir, noooo! —gritaban desafinadas al unísono.

El cuarto era un desastre encantador, con las mochilas abiertas sobre el suelo, vasos tirado sobre el buró, el espejo empañado por el calor del lugar que ellas emanaban. Se hacía tarde y las luces blancas del techo contrastaban con el foco rosa que Fany había instalado, dándole al cuarto un ambiente entre pijamada y cuarto de streaming improvisado, con los bailes tontos, la ebriedad incipiente de las chicas y la música.

Pau intentaba seguirles el paso, saltando tímidamente, pero cada vez más suelta. Su falda se le subía con cada movimiento, dejando ver la parte inferior de sus lindas nalgas, envueltas en unas esperables bragas blancas enormes. Fany y Eliza no decían nada, pero se lanzaban miradas y risitas rápidas que no eran exactamente amables. Ese tipo de complicidad que nace de saberse más atrevidas que la otra, alguna clase de superioridad sexual. Complicidad en eso, y ya sabes, en el pequeño detalle de que compartían la verga de Mario.

Las tres iban entrando en esa etapa donde el alcohol ya no solo se nota en las risas, sino también en la forma en que el cuerpo se va abandonando. No sabían cuántos vasos llevaban ya, pero la charola se iba quedando vacía. Había uno con vodka y refresco de manzana, otro con un fondo de cerveza caliente, uno más con mezcal a la mitad y un shot de algo dulce que ni siquiera recordaban que Fany lo hubiera servido. Ninguna bebida sabía bien, pero todas pasaban. Entre canción y canción, los brincos se hacían menos altos y los movimientos más sueltos, porque se cansaban en ratos y porque él ritmo variaba. La cosa empezaba a ir más de cuerpo flojo y sonrisa ladeada.

—¡Pásame el rojo! —gritó Fany, agachándose torpemente a buscar uno de los vasos sin dejar de menearse.

—¿Cuál rojo? Todos están rojos —respondió Eliza, dándole uno al azar.

—Este sabe a medicina —se quejó Pau tras probar el suyo, haciendo una mueca.

—¡Pues dátelo rápido para que no lo sientas, el chiste es empedar! —le dijo Fany riéndose.

La ropa empezaba a estorbar. Fany fue la primera en arrancarse el suéter escolar y aventarlo a un rincón, con gesto exagerado de liberación.

—¡Ya me está dando calor, no mames!

Pau la imitó enseguida, dejando el suyo sobre la silla. Eliza, más coqueta y sin decir nada, se arrancó el suéter, luego llevó las manos al cuello de la camisa escolar y comenzó a desabotonar lentamente mientras bailaba, con una ceja levantada. Intentando hacerlo cómico, cómo si las sedujera en una mala peli porno.

—Jajajaja pendeja —dijo Pau, entre divertida y asustada.

Alejándose de Eliza, cuando ella la tomó desprevenida de la cintura y simulaba penetrarla una vez con todos los botones ya abiertos.

—¿¡Qué haces!? —le preguntó con el mismo tono al girarse y ver qué se quitaba la camisa.

—¡Me estorba! —dijo Eliza.

Girando sobre sí misma y dejando que la camisa resbalara por sus brazos. Debajo llevaba un brasier de encaje rosa pálido, firme, bonito, que realzaba sin necesidad de relleno. Sus pechos se movían apenas con el ritmo, y sus hombros brillaban por el sudor. Fany soltó una risa burlona, pero no se quedó atrás. Y aunque dudó un segundo, también se quitó la camisa escolar. Su brasier era morado y liso, con las tiras flojas y algo torcidas.

—¡Chichis pa’ la banda! —gritó.

Comparadas lado a lado, la diferencia era clara como ya sabemos. Eliza con el pecho lleno, bien formado. Fany, huesuda, casi sin curvas, intentaba compensar con actitud lo que no tenía en forma.

Ambas miraron a Pau.

—¡Te toca!

—¡No! —Pau alzó las manos enseguida, protegiéndose el pecho como si pudiera verse a través de la tela—. ¡Ustedes porque están bien loquitas!

—¡Ay, ya, wey! —dijo Fany, pero sonriendo.

—¡Está bien, está bien! —dijo Eliza, levantando las manos—. Cada quien a su ritmo, dale chance.

Siguieron bailando así, bajando al piso para no caer de la cama, empujándose y riéndose, chocaban los vasos al beber una vez más. Pau se caía al piso, las otras 2 reían, luego carcajeaban cuando intentó levantarse y volvió a caer de nalgas. La tristeza se iba con la música a todo volumen, los vasos a medio llenar rotando de mano en mano, y la atmósfera cada vez más tibia, más espesa. Más increíble.

Entre vasos tirados, envoltorios de papas y calcetas quitadas; incluso las de Pau, brincaban, se empujaban, giraban entre carcajadas, sudor y luces parpadeantes del estrobo barato que Fany había pegado junto a la repisa. Fue entonces cuando Eliza, con una sonrisa que decía “vean esto”, subió otra vez a la cama. Lo hizo con estilo, lenta, como si caminara hacia un escenario improvisado. Fany fue la primera en saber de que iba.

—¡Esooo, mamonaaaa! —gritó riendo.

—¡Jajajaja ahí vas otra vez! —dijo Pau, riendo como niña en show de payasos.

Eliza se giró de espaldas al borde de la cama, bajó las rodillas y empezó a hacer twerk. Primero con movimientos suaves, apenas insinuados. Luego fue tomando ritmo, bajando más, sacando la lengua y moviendo de manera hipnótica las nalgas.

Fany se llevó las manos a la boca, fingiendo un micrófono.

—¡Damas y caballeros, con ustedes, la fabulosa, la escandalosa, la rompehogares de la zona norte… ¡Elizaaa! —cantó, con ese tono de sonidero que todos sabemos cómo es.

—¡Ay no, ya wey! ¡Jajajaja! —gritó Pau.

Eliza se agachó “hasta abajo”, como decía la canción que sonaba de fondo. Bajó perfectamente alzando bien el culo, manteniendo la espalda recta y levantando su falda con un firme movimiento de ambas manos, revelando sin pudor unos cacheteros rosas que hacían juego con su brasier. Pegados, bien ajustados, de tela elástica con un bordado pequeño en la parte trasera. Su trasero, firme y redondeado, se movía con ritmo controlado, como si realmente hubiera practicado ese paso.

—¡Noooo mames! —gritó Fany, dando manotazos exagerados como si se desmayara.

Pau chillaba de risa, sin poder mantenerse en pie.

—¡Elizaaaa! ¡Qué osooo! ¡Jajajaja!

Pero no podía dejar de mirar. Ninguna de las 2 podía. Eliza sabía moverse, y un buen culo moviéndose así atrae todos los ojos, incluso las de chicas seguras de su heterosexualidad. Y Eliza seguía moviéndose, segura de su cuerpo, de su efecto. Una mezcla de burla, juego y sensualidad apenas disfrazada. Se giró un momento, le guiñó un ojo a Pau y se arrojó de espaldas al colchón como si hubiera terminado su número. Las otras dos aplaudieron riendo el gran final.

—¡Cualquier oportunidad es buena para putear! —dijo Fany, levantando su vaso.

—Vas, pendeja —le dijo Eliza a Fany, levantando la cara, aún jadeando con una sonrisa triunfante.

Fany rio, nerviosa, pero animada. Eliza bajó de la cama con naturalidad, y al hacerlo, reveló que ya no llevaba la falda. Pau no pudo evitar bajar la mirada y quedarse un segundo de más en su firme trasero, cubierto solo por esos cacheteros rosas que parecían hechos a la medida.

Fany subió entre risas, tambaleándose un poco ya por el alcohol. Comenzó a bailar con energía, moviéndose con entusiasmo aunque sin la misma gracia de Eliza. Se quitó la falda con torpeza, arrojándola a un rincón. También llevaba cacheteros lindos, color lila con moñito al frente, pero su cuerpo flacucho no causaba el mismo impacto. Aun así, Eliza le aplaudía como si fuera la estrella del show.

—¡Esooo! ¡agítalo, perra!

Pero Fany no se sentía tan cómoda en su piel como Eliza, prefirió terminarlo pronto y le estiró un brazo hacia abajo a Pau, con una sonrisa traviesa.

—¡Vente, Pau, te toca!

—¡Nooo! ¡qué oso! —dijo Pau, retrocediendo.

—¡Ándale, wey, puteaaaa! —insistió Eliza alargando con la garganta cómicamente.

Pau dudó. Pero recordó aquel tik tok que no quiso grabar con Fany, Eliza y Gaby. Las 3 con esas licras de shorts que casi toda adolescente lleva debajo de la falda por precaución. En el vídeo estaban las 3 moviendo el culo a cámara, de un lado a otro con ritmo, riendo como idiotas, como si fuera juego, pero alzando bien las nalgas. Fue una pequeña sensación en la escuela durante un par de días, vio a Eliza hablando con un par de chicos que no ubicaba de nada, que seguro le hablaron solo por ese morboso tik tok. Aquella foto de un beso de 3, también de sus 3 amigas y que también recibió buena atención. Se había quedado fuera siempre de ser el espectáculo, y aquí era un ambiente seguro. Subió.

Fany bajó con un salto, dándole una nalgadita rápida al pasar. Pau se quedó de pie, tiesa en medio del colchón, riéndose con nervios. Luego empezó a moverse, tímidamente, girando los hombros y las caderas.

—¡Esoooo! ¡putea, putea! —gritó Fany.

Pau, entre risas, se desabrochó la blusa y la dejó caer. Debajo, un brasier blanco con bordes de encaje dejaba ver unos pechos firmes, redondos, preciosos, que contrastaban con su cara sonrojada y su sonrisa infantil. Su tono de piel alabastrino con tonos melón era una delicia. Eliza intentó jalarle la falda entre bromas, pero Pau se la sostuvo con ambas manos.

—¡No, pendeja! Jajaja.

—¡Jajajaja buuuu! —abucheó la nalgona riendo, pero dejándole ir fácilmente.

Y Paulina se giró para intentar un twerk. Apenas podía coordinar el movimiento, pero lo intentaba con tanta inocencia que parecía más adorable que sensual. En eso, Eliza, sin avisar, le levantó la falda.

—¡¡Oye!! —gritó Pau, cubriéndose.

Unos calzones blancos enormes quedaron a la vista, bien planchados, bien puestos… y bajo ellos, un trasero redondito y bien firme, precioso, de bastante bien tamaño y mejor forma, que hizo que ambas soltaran gritos aunque solo miraron un segundo.

—¡No mames, Pau! ¡qué buen culo! —gritó Fany.

—¡Sííí, wey, no mames! ¡traes buenas nalgas, eh! —asentía Eliza.

Pau se tapó, riendo sin poder parar, y bajó de la cama como pudo, con las mejillas ardiendo terminando su momento.

—¡Ahora un brindis! —dijo Fany levantando un vaso medio lleno, apenas tambaleándose.

Eliza y Pau no tardaron en tomar unos, como reflejo automático, todavía sonriendo, todavía sudadas, con la música de fondo más baja ya, pero suficiente para cubrir silencios.

—¡Por el pendejo de Jonathan, que se va a perder las buenas nalgas de la Pau! —gritó Fany con una risa rasposa.

Eliza le lanzó una mirada rápida, con los labios tensos, como si fuera demasiado, recriminándole por quizá poder arruinar el buen mood… pero no alcanzó a decir nada, porque Pau, con las mejillas encendidas y una carcajada medio nerviosa, levantó el vaso más alto.

—¡Se va a quedar sin mis nalgas el muy pendejo!

—¡Qué se joda! —agregó Eliza, riendo aliviada.

Las tres chocaron los vasos con el sonido hueco del plástico y bebieron de golpe. El alcohol ya bajaba ligero, sin quemar la garganta ni golpear tan rápido, pero sí fuerte. Los brincos ya se habían detenido. La música seguía, pero el ritmo había cambiado, más denso, más bajo, con una cadencia grave que movía las caderas sin tanto escándalo.

Fany se acercó por detrás de Pau, abrazándola desde la cintura, pegándose a su espalda como si fuera a bailarle. Pau rio, intentando zafarse, pero sin fuerza.

—¡Ya te agarré, pirujilla! —le susurró Fany al oído, juguetona.

Eliza no se quedó atrás. Se acercó por el frente, deslizando las manos por los brazos de Pau, bailando más lento, más insinuante. Pau quedó atrapada entre ambas. Las risas se convirtieron en sonrisas entrecortadas, miradas largas y contactos cada vez menos accidentales.

Fany deslizó las manos por el abdomen de Pau, jugando con los bordes de su brasier. Eliza dejó que sus dedos acariciaran sus costados, apenas por debajo de los brazos. Pau se reía, sí, pero ya no era la misma risa de antes. Era más baja, nerviosa, casi jadeante. Cerraba los ojos a ratos, dejándose llevar.

—¿Ya ves, Pau? —murmuró Fany—. No necesitas pendejos, podemos “lesbianar” —decía y reían las 3, aunque bajito.

Pau no respondió con palabras. Solo se quedó ahí, respirando entrecortado, con el cuerpo caliente entre las dos. Las manos de Fany le apretaban suavemente la cadera, mientras Eliza jugaba con su cabello, peinándolo con los dedos.

Entonces Pau abrió los ojos. Y se encontraba con Eliza de frente, MUY cerca, sus brasieres se rozaban. Eliza también la miraba. No sonreía ya, solo la observaba con la cara medio en sombra, los labios entreabiertos, el pecho subiendo y bajando con lentitud. Algo en esa mirada detuvo todo.

Pau la besó.

Fue torpe, rápido, sin aviso. Se estiró hacia adelante y presionó sus labios contra los de Eliza, con una necesidad repentina, como si su cuerpo hubiera decidido solo. Sus ojos estaban cerrados con fuerza, su cuerpo rígido como una tabla. Un mal beso, un mal movimiento, un terrible avance mal ejecutado.

Eliza no se movió. No respondió, pero tampoco retrocedió. Por la sorpresa repentina e inesperada, más viniendo de Pau. Pero tampoco es que fuera un cuarentón asqueroso de la calle que se le acercó de golpe a tocarle las tetas, fue cálido, no agradable, pero tampoco repelente. Solo se quedó ahí, con los labios tensos bajo el beso de Pau, sorprendida.

—¿¡Qué pedo, Pau!? —susurró, apenas separándose, los ojos abiertos como platos.

Pau echó la cara atrás enseguida, con la mirada desencajada, aterrada.

—¡Perdón! ¡perdón! ¡perdón! —dijo una y otra vez, cubriéndose la boca—. ¡No sé por qué hice eso, perdón! ¡Yo…!

Parecía a punto de llorar por la vergüenza que la aplastaba, los ojos vidriosos mirando a Eliza, la voz quebrada, temblando como si todo se le hubiera salido de las manos. Eliza respiró hondo, confundida, no quiso retroceder para que Pau no saliera corriendo y llorando. La tocó apenas en el brazo, con voz suave.

—Estamos pedas, no pasa nada… ¿ok? Tranquila —dijo, forzando una pequeña sonrisa.

Fany miraba desde atrás, sin entender del todo, pero sin juzgar. Pau asintió con la cabeza rápido, apretando los labios, sin atreverse a mirarla más. El cuarto entero pareció quedarse en pausa por un segundo, como si todo se hubiera movido demasiado rápido para alcanzarlo.

Pero pronto lo superaron.

Entre el alcohol que ya les nublaba las ideas y la noche que se alargaba como una sábana tibia, el momento incómodo fue tragado por el tiempo. Sin saber bien cómo, ni en qué orden, ya estaban las tres tiradas en el cuarto. El ventilador giraba lento, las luces tenues aún encendidas, y la música ahora era apenas un murmullo en algún teléfono olvidado entre almohadas.

Ninguna se vistió más. Seguían con la poca o mucha ropa que les quedaba encima, las 2 morenas en ropa interior con naturalidad y Pau con la falda y el brasier. Piernas al aire, brasieres mal abrochados, faldas regadas. El sudor seco les pegaba mechones al cuello. Se hablaban en voz baja, como si compartieran secretos o sueños, con risitas ya sueltas, sin energía.

—Ya me voy a jetear, pendejas. Ya no aguanto —murmuró Eliza con voz ronca, arrastrada.

Sin más, se giró y se dejó caer boca abajo sobre el colchón. Sus cacheteros rosas se le habían subido un poco, dejando su precioso trasero moreno apenas cubierto, la tela se metía bien en esa raya divisoria dónde a Mario le encantaba pasar la lengua. Se acomodó entre quejidos suaves, abrazando una almohada, y en segundos parecía completamente fuera de este mundo.

Pau la miró por medio segundo. Como si algo en la forma de su cuerpo expuesto le robara la atención sin pedir permiso. Luego, como descubierta en falta, volteó rápido… y se topó con la mirada directa de Fany.

—No la estaba viendo —dijo en seco, tiesa.

Fany soltó una risa baja, burlona.

—Jajaja, tiene buena nalga la wey —y sin más, le dio una nalgada sonora a Eliza.

Con buen agarrón al final, más confianza que morbo, solo para romper la obvia tensión. El cuerpo de Eliza apenas reaccionó con un quejido leve, arrastrado, sin moverse.

Pau no dijo nada. Se quedó seria, los ojos bajos, como atrapada entre vergüenza, cansancio y algo más. Fany la observó de reojo, luego se levantó con un poco de esfuerzo.

—Ayúdame con esto, ¿no? Vamos a tirar los vasos y llevar la charola a la cocina.

Pero no quería limpiar. Solo quería quedarse un rato a solas con Pau.

Ambas salieron del cuarto, recogiendo cosas al paso, y ya en la sala, Fany se dejó caer en el sillón de golpe, estirando los brazos.

—Ah… ya no regreso, me da hueva.

Pau, sin que se lo pidieran, se sentó a su lado. Se quedó callada unos segundos, con las piernas juntas, abrazándose a sí misma.

—¿Crees que se enoje…? Eliza. Por el beso —dijo en voz baja.

Fany giró la cabeza hacia ella, como si la pregunta no la sorprendiera, pero sí la hiciera pensar.

—Nah —respondió con tranquilidad, sin mucho interés—. Pero ammm… ¿eso te da curiosidad? Las viejas.

La pregunta se quedó en el aire, flotando como el calor pegajoso de la madrugada.

—N-no sé, ¡No! No sé… —dijo tapándose la cara melodramáticamente, Fany esperó—. Es que a lo mejor por eso yo nada con weyes, ¿no? —miró a su amiga con mirada suplicante, la otra solo se encogió de hombros con sencillez—. Digo. A lo mejor por eso no me llaman mucho. Amo a Jonathan, sé que sí, pero… Me manosea y eso y me pongo súper nerviosa. Pero mal, no “nerviosa bien”, creo… —se echaba al frente.

—Mira, yo también preferiría cogerme a Eliza que a Jonathan, eso no significa nada —reían con fuerza, Paulina le golpeaba el hombro.

Y quizá la idea ya estaba en el fondo del subconsciente de Fany. Quizá le surgió en ese instante cuando estaba a punto de hablar. A veces no sabes que es primero las palabras o la idea, como el huevo o la gallina. Como cuando dices una respuesta a una pregunta que te hacen con prisa, sale de tu boca, a veces te sorprendes de que lo sabías. Algo así le pasó a Fany en ese momento cuando comenzó a hablar.

—A lo mejor necesitas un hombre de verdad —dijo sintiendo como se le humedeció la concha.

E imaginando de inmediato involuntariamente a su Mario bombeando sin piedad a la pequeña Pau y haciéndola gemir como perra. Pero aunque un pensamiento involuntario, no fue para nada desagradable.

—Jajaja ándale, un wey mamado y más guapo —dijo Pau riendo, miraba al frente, sin saber la que se le venía.

—Ajam. Con una vergota y que te la meta sin piedad, que te destruya la panocha, pero te deje feliz —dijo Fany riendo para intentar despistar su morboso tono.

—¡Jajaja cállate!

—¡En serio! Cómo a mí me hace mi Mario.

—Jajaja eres afortunada. Ojalá Jonathan se hubiera puesto más las pilas.

—Yo no creo que seas lesbiana, creo que simplemente necesitas calarte con alguien que sepa lo hace. Como tratar a una mujer, me refiero…

—En la cama… —dijo Pau, como completándole la frase, de pronto hablando con cuidado, casi como si fuera una pregunta, esperando respuesta, le miró.

—¡Exacto! Pero no solo en la cama, también que sepa hacerte sentir cómoda antes de, y fuera de la cama. Qué sepa controlar la situación por ti.

Pau pensó. El corazón de Fany iba a mil por hora, la boca seca, se agarraba del sillón con fuerza para que no viera como su mano izquierda temblaba.

—Jonathan está bien menso en eso. Creo que se ponía más nervioso él que yo cuando ammm hacíamos cosas —decía avergonzada, pero queriéndose abrir.

—Cuándo se la jalabas jajaja.

—¡Sííí! Jajaja no me veía a la cara, no me decía nada, ni hacía ruidos ni nada, nomás se la jalaba en silencio al menso, y luego me quitaba y ya.

—¿Ni siquiera se venía?

—Nop. Me decía que así estaba bien o se le bajaba, no sé, demasiado raro e incómodo. Aunque yo tampoco ayudaba, cuando nos fajábamos a veces, él me manoseaba emocionado y yo sola me alejaba. Todo un desastre en serio jajaja no servimos para eso.

—¿Pero sí te ponías cachonda?

—Demasiado —dijo con arrolladora honestidad, reían fuerte ambas.

—¿Por qué no se la mamaste entonces? Cuando se la jalabas.

—No sé… Él se pone así, serio sin verme, viendo al frente y no me atrevo a ir más allá yo sola.

—Te digo que necesitas alguien más aventado y seguro.

—Sí, la verdad si él me lo hubiera pedido, lo hubiera hecho.

—Además, Jonathan ha de tener una verguilla jajaja —reían, Pau le golpeaba el hombro otra vez.

—¡No la tiene tan chiquita!

—¡¿Tan!? —reían más.

—Seguro que hay vatos que la tienen más grande, pero la de él, o sea ammm está bien —dijo nerviosa, balbuceando, haciendo una pésima defensa de su hombre.

Fany carcajeaba por la situación, revolcándose en el sillón. Reía tan fuerte y de manera tan burlona que Paulina comenzó a sentirte estúpida y enfadada, pero la morena flaca reía de una manera tan natural y libre que le contagiaba la risa y reían ambas al final. Reían como idiotas, el alcohol aún las dominaba y luego se seguían riendo porque la otra seguía riéndose y para cada una era más gracioso eso, y el círculo de risa estúpida siguió un par de minutos.

Luego se calmaban con dolor de estómago, suspirando, y lanzando unas risas finales. Fany se reincorporó en el sillón, con miraba determinada y semblante difícil de leer.

—¡Qué mala eres! —le decía Pau.

—Jajaja ¿te cuento algo? —dijo con sonrisa pícara, como de chisme… O de algo más.

—¿Qué? —preguntó Pau aún sonriendo.

—Mi Mario la tiene enoooorrmeee —dijo abriéndole los ojos, cambiando el tono por completo, Pau reía torpemente—. Pero en serio, grandota y gorda —sonreía con orgullo y morbo, Paulina con nervios.

—Sí dijiste que como un kimbap, ¿te acuerdas? Jajajaja sí dio risa —era evidente que reía falsamente, se negaba a caer en el tono serio y turbio que Fany tomaba.

—¿Quieres verla? —dijo tomando su celular de detrás de ella, menos mal que lo llevó.

—N-no, ya dijimos que no, bebiste ¿te acuerdas?, ya no tienes que cumplir ese reto —decía nerviosa, a súper velocidad, viendo cómo Fany le ignoraba tecleando en el celular.

—Nadie lo sabrá —dijo levantando la mirada, Pau se negaba a mirar lo que Fany tenía en la pantalla de su celular.

—¿Pa-para qué? Me da pena, Mario ni en cuenta y yo viéndole la verga.

—Su verga te va encantar, créeme —dijo acercándose a ella, poniendo su discreto trasero en bragas a lado del de Pau aún en falda.

Le rodeó la cintura con una mano, con la otra, colocaba el celular en medio de ellas 2 para que mirarán juntas. Pau miró, con el pecho retumbando y la boca seca. Fany le dio al play y en pantalla, un baño. La toma era algo baja, alguien acomodaba el aparato torpemente en los primeros segundos.

—¡Es un vídeo! —dijo Pau aterrorizada.

—Ajam —respondió con sencillez sin dejar de ver la pantalla.

Pau siguió mirando. Mario acomodaba el aparato y comprobaba mirando a la cámara selfie, sonreía con picardía. Pau sentía una punzada en el coño, ¡él era tan jodidamente sexi!, con el cabello algo desarreglado, claramente acabado de bañar, la sonrisa perfecta, los ojos profundos y el mentón cuadrado. Se alejaba para dar perspectiva, iba desnudo y Pau sintió vértigo.

Ella nunca había visto siquiera porno. Vamos, no es que fuera tan estereotípicamente inocente e idiota como en una mala novela rosa. Simplemente no le llamaba la atención. Jonathan se ganó su corazón, no su cuerpo. Nunca se fijó en sus brazos, espalda, trasero ni bulto cuando fue enamorándose de él. Se fijó en qué era atento, lindo y detallista. Se fijó en qué reía como un niño tonto, sin censura ni vergüenza.

Se fijó en qué era como ella. Podía “verlo” realmente, y él a ella.

Se fijó en qué nunca lo atrapó mirando su trasero como el asqueroso mal peinado de Diego, el entrenador del equipo de basquetbol o su tío. Se fijó en qué ni siquiera intentó robarle un beso, hasta que le pidió que fuera su novia, y hasta que ella dijo que sí, solo entonces él le preguntó si podía darle “un besito” y eso derritió su corazón.

Quien sabe. No todos somos iguales, hay compañeras de la escuela que son igual o más guarras que uno de hombre. Qué ven porno, suben tik toks subidos de tono y hacen chistes sexuales. Qué le ven el bulto incluso a los profesores y se meten la primera verga que pueden a la boca. Pero también están las que son como Pau, que no es qué sean idiotas o taimadas, simplemente su interés en el tema despierta más lentamente y por factores externos, no por ellas mismas.

Cuando se fajaba con Jonathan su corazón se aceleraba, se ponía nerviosa, pero tampoco quería parar, ¿eso era ponerse cachonda? Igual la torpeza de él y los nervios de ella no les permitió avanzar demasiado nunca. Cuando le llegó a jalar la verga; que fueron muchas menos veces de las que les insinuó hace un par de horas a sus amigas, ella quería hacerlo, y lo hacía con gusto, pero el pudor de él y la inseguridad de ella ni siquiera les dejó terminar esas actividad como se debe ni una sola vez.

Igual parecía que ambos querían tomárselo con calma. Nunca presionaban ni insinuaban nada, él nunca maquinó para quedarse más veces a solas con ella de manera aprovechada y ella jamás se desesperó con eso, ni fue a ver porno, buscar consejo en sus amigas, ni a leer foros turbios.

Y cuando todo eso le pasaba por la mente y estaba a punto de retirarse y decirle firmemente a Fany que no vería eso, que no le parecía correcto, ni por Mario, Jonathan ni ella misma. Entonces recordó precisamente la razón de porque estaba ahí. Medio ebria, con los ojos irritados de tanto llorar ese día y con el corazón roto. Había sido idiota o demasiado buena, no más, que se joda Jonathan. Qué se jodan todos.

Mario apareció completamente desnudo en cámara. Los ojos de ella fueron por toda la pantalla, incluso evitando lo obvio primero. Se distrajo 2 segundos con el lindo pecho bien formado del chico, los pectorales sobresalían de manera agradable y sus hombros estaban redondos y tenía un par de rayas por ahí, se veían bien. Sus piernas lucían fuertes y ejercitadas, lo estaban. Y en su abdomen ese cuadro grande enmarcando lo que debería ser un six pack se veía muy agradable. Notó la espalda gruesa del chico por primera vez, nunca se había fijado en eso, hasta parecía más alto. Abrió un poco la boca sin querer.

Y bueno, lo vio. Vio lo que Mario sostenía en una mano firmemente. Lo tomaba con fuerza de la base, apretándolo con fuerza como si tuviera propia y pudiera escaparse. Pau no miró a ningún otro lado una vez que vio eso bien.

Era grande. Bastante. Quedó más claro cuando Mario lo soltaba y ella podía ver bien el tamaño. Se alzaba con fuerza, esa madre podría ir más allá de su ombligo seguramente. Abría bien los ojos y se le dilataban las pupilas, esa anaconda le hipnotizaba de una manera que casi no era sexual, de una manera que no la dejaba apartar la vista, como si viera un evento cósmico o un horroroso vídeo de esos de Twitter de una horrenda desgracia que sufres, pero no puedes dejar de ver. La verga de Mario le pareció horrorosa de una manera cautivadora, con lo gorda que estaba, lo larga que se erguía, lo dura que parecía, casi como si le doliera esa erección tan firme. Con las enormes bolas pálidas que colgaban en su largo saco escrotal y esa vomitiva vena tan marcada en todo lo largo de su falo.

Le horrorizaba. Igual no podía dejar de ver.

Mario comenzaba a puñetearse la verga, acercando eso a la toma, haciéndolo todo más abrumador y asfixiante, Pau se hacía al frente inconscientemente y Fany le acercaba un poco más el aparato, mirándola de reojo, disfrutando morbosamente la atónita expresión de su amiga.

Mario tomaba ritmo rápidamente y se la jalaba con furia, usando toda la mano, con fuerza desmedida como si fuera a arrancársela. Gemía y los violentos jalones que se daba sonaban húmedos. Pau sintió que se chorreaba, literalmente. Hiperventilaba, apenas parpadeaba, y antes de que pudiera ponerse incómodo, él gemía aliviado en pantalla. Se recorría el pellejo con fuerza para atrás por completo, revelaba bien la rosada cabeza de su enorme verga, la soltaba, y esa cosa; como con vida propia, saltaba violentamente en pantalla, echando chisguetazos histéricos de semen.

Paulina no perdió detalle de como ese falo se retorcía con furia, se ponía al parecer aún más firme y se vaciaba al aire brincando por sí sola varias veces. Una muy buena corrida, digna de haber sido grabada y guardada, por eso Fany conservaba ese vídeo, por eso se lo mostró obviamente.

Al final del video, Mario tomaba el celular, enfocaba el espejo frente a él que estaba fuera de toma, y su enorme corrida, espesa y blanquecina, escurría profusamente en el espejo y el chico reía un poco terminando el vídeo ahí. Se le revolvió el estómago a Paulina con un sentimiento parecido al asco viendo cómo esa enorme flema blanca escurría. Quizá sí era asco, pero no estaba segura, aunque sintió algo fuerte en el estómago que le hizo sentir vértigo, no estaba tan segura de que le hubiera desagradado.

—¿Qué tal? —dijo Fany retirando el celular una vez acabado el show.

—No mames… —balbuceó sin pensar, miraba la nada. De esas veces que tu mente no ve imágenes, solo piensa conceptos abstractos sin enfocarse.

—Esa verga te haría muy feliz —le dijo Fany, Pau sentía un escalofrío, espabilaba, le miraba.

—¡¿Qu-qué?! ¡no, obvio no, es tu Mario!

—Jajaja ¿sabes que más se me ocurrió?

—¿Qué? —preguntó aterrada.

—Que es justo como tú ya lo viste, qué él te vea también —dijo mirándole fijamente.

—¿¡O-o sea!? No…

—Un videíto nomás, no pasa nada, él no se lo va pasar a nadie.

—¡Estás loca! Además, parezco mensa ahorita así —dijo mirando su cuerpo, tapando su brasier un poco con una palma instintivamente.

Hasta ese instante se sentía cómoda, libre, no había pensado que seguía en brasier y Fany solo iba en ropa interior y nada más. De pronto notó todo eso y le abrumó. La ropa interior de Fany algo morbosa con esas transparencias y sus propias lindas tetas tan cerca de ser vistas. Fany estaba muy cerca, podía sentir su calor. Y aunque sumamente abrumador la ponía nerviosa y aterrada, de algún modo la atmósfera no le desagradaba ni un poco.

—Para nada, tú eres bonita natural —dijo la morena tocándole un muslo, le miraba intensamente, Pau sintió electricidad—. Te ves increíble así, súper sexi, pero bonita, de muy buen gusto.

—Tú también te ves muy bien —la miraba al cuerpo cuánto podía sin verse como una “lesbiana hambrienta”.

El cuerpo de Fany ya sabemos que no era la gran cosa. Con las tetas algo pequeñas, las piernas algo flacas, el culo un poco plano, pero su piel estaba lisa y tersa, su ropa interior lucía linda, y tenía una figura delgada estética. Y Paulina estaba ebria y psicológicamente abrumada con tanto estímulo de ese día. De llorar por el pendejo de Jonathan, enfrentar a sus padres, el miedo de beber y luego la euforia de beber precisamente, lo confusamente agradable que fue ver a sus amigas con poca ropa, ella misma desnudarse al menos un poco, los bailes cercanos de las chicas y aquel extraño beso con Eliza que honestamente ni ella sabía de dónde salió aunque ella misma la besó. Nunca había pensado “así” en chicas, pero la verdad es que básicamente nunca pensaba “así” sobre ninguna persona. Ese vídeo tan jodidamente explícito de un chico que ella misma conocía, no un desconocido random de internet, y la repentina cercanía con Fany.

Fue demasiado para la pequeña e inocente Paulina. Su cerebro no supo que más hacer más que besarla.

Cerró los ojos melodramáticamente, fue al frente despacio y juntó sus labios con los de Fany. La morena tuvo tiempo para esquivar, también para quitarse cuando el beso comenzó. No se decidía si le agradaba como tal besarse con Paulina, el lesbianismo nunca fue algo que le quitara el sueño, pero tampoco le causaba asco. Porque normalmente las mujeres son mucho más “naturalmente bisexuales” que nosotros. Pero algo sí tenía clarísimo y era su objetivo, y si era necesario soportar las mariconadas de Pau para lograrlo… que así fuera.

Le tomó el rostro y Paulina le tomó la cintura instintivamente. La pálida chica sentía extraño la diferencia tan grande entre su Jonathan y lo que vivía ahora, sosteniendo la delicada cintura taaaaan suave y pequeña de su amiga, sus labios sedosos y el ritmo tan lento. No le desagradaba en lo más mínimo.

Se besaban despacio, disfrutando la pequeña nueva experiencia ambas. Fany pensó en ponerle prisa al asunto, y tomó de la cintura a Paulina y se la montó encima. La delicada chica reía nerviosa y

Fany le regresaba una sonrisa. La morena echó sus manos atrás de su amiga para quitarle el brasier y ella dudaba nerviosa, pero no la detuvo.

—Tú también —le dijo Pau cuando Fany retiraba su bra y Fany reía nerviosa.

Se retiró el brasier con sencillez. Ambas chicas miraron las tetas de la otra, Pau intentando forzarse a sí misma a decidir si eso le gustaba o no, aunque las pequeñas tetas de Fany no emocionarían a muchos la verdad. Sin embargo, Fany admiraba los preciosos pechos de Paulina, bien redondos y más grandes de lo que hubiera imaginado, con sus diminutos lindos pezones rosados. Con una forma perfecta, le sostuvo ambas tetas a 2 manos y Paulina hiperventiló, cerraba los ojos intentando disfrutar las delicadas y rotatorias caricias de Fany, mientras la morena perversa solo pensaba morbosamente en cuanto se divertiría su hombre con esas tetas.

Metía la cara ahí y le chupaba las tetas y sorbía sus pezones, Paulina abrió los ojos y le miró histérica, Fany le pasaba la lengua por todo el canalillo con las lengua de fuera y se sonreían nerviosas. Se besaban de nuevo y Fany tomaba el buen culo de Paulina, siempre pensando en cuanto disfrutaría eso su Mario, un buen par de nalgas que le llenaban las manos.

—¿Hacemos un trato? —le dijo la morena.

—¿Cuál? —preguntó sonriendo nerviosa la pálida.

—Teee… Te hago lo que quieras, si me dejas grabar ese vídeo que te digo para Mario.

Paulina le miró confundida, no lo había pensado bien, cuando se le propuso hace algunos minutos solo era una pendejada que no haría, una pendejada de esas que haces precisamente por estar ebria, o qué incluso solo dices, pero que realmente no harías. Solo desmadre. Pero ahora Fany incluso negociaba, no tenía sentido, y de pronto le caía como balde de agua fría.

—¿¡Por qué quieres mandarle eso a tu wey!? Es tu novio… yo jamás le enseñaría fotos de ustedes a Jonathan, me darían demasiados celos —dijo elocuentemente.

Fany sonrió, pudo elucubrar, manipular, bromear, elaborar una compleja mentira que pareciera al menos coherente para Paulina, siendo así de ingenua y estando así de ebria no sería tan difícil, pero decidió que la verdad era más poderosa y divertida.

—Porque quiero que te la meta.

Lo dijo con determinación, con voz baja, pero perfecta dicción, eligió esas palabras específicamente para causarle algo. Paulina parpadeó con fuerza. Sabía lo que había escuchado, pero no quería creerlo, era demasiado retorcido.

—Es-estás bien peda, wey —dijo nerviosa. Fany le acariciaba el trasero con ambas manos.

—Él sabría hacértelo mejor que el pendejo de Jo-

—¡Eso no va pasar, wey, no mames! —le interrumpió nerviosa.

Pero solo le interrumpió en lo que decía, no en lo que hacía. Fany intentaba doblegarla besándole el cuello profundamente y acariciando su lindo culo con ambas manos. Le comía las tetas y contraatacaba.

—No te enojes, ¿ok? A lo mejor sí estoy muy peda —le decía dándole un pico.

—Pues no digas tonteras —decía Paulina sonriendo, se besaban.

Fany le apretaba bien el culo, le lamía el cuello y la linda Pau se retorcía. La morena le daba pequeños chupetones y ahora le acariciaba las tetas en círculos exactamente como sabe que le gusta a las chicas porque obviamente es una. Le chupaba los pezones, jugaba con su culo, le lamia el cuello y la besaba profundamente. Y al final, se atrevió a acariciarle el coño por encima de sus horrorosas bragas blancas, Paulina se retorcía, gimió ligeramente y se miraron profundamente.

—¿Lo-lo que sea, wey? —preguntó torpemente.

—Sí.

—Pe-pero solo un video y ya, ¿ok? No haré nada con él obvio.

—Ok —dijo mirándole, saliendo de sus tetas. Se sonreían nerviosas—. ¿Qué es lo que quieres?

—Bueno, emmm ¿te acuerdas lo que dijo Eliza aquella vez? Qué quería que le hiciera su novio.

—Comerle el coño… —dijo Fany débilmente.

—S-sí, eso, estaría bien, solo si quieres, claro, si te da asco no, está bien, ¿ok? —dijo a súper velocidad, mirando la pared detrás de Fany y no directamente a ella—. No sé, es solo una curiosidad, ¿no crees? Mejor no, también estoy demasiado peda.

La morena sonrió nerviosa, no era precisamente algo que le emocionara. Eso del lesbianismo flexible entre mujeres también tiene límites. Qué a la mayoría de ellas no le desagrade ver a una sexi mujer desnuda y mirarla bien, besarse con alguna estando especialmente peda en alguna fiesta o sobarle las tetas, no significa que les encante la idea de chuparle el coño a una amiga suya.

—Bájate —le dijo Fany nerviosa.

—Sí, perdón, puras pendejadas se nos ocurrieron a las 2, perdón —dijo Pau derrotada, horrorosamente avergonzada y nerviosa mientras bajaba de su amiga.

Buscaba su brasier con la mirada, se tapaba las tetas con ambas manos, sintiéndose una completa imbécil y Fany se ponía de pie.

—Ponte en cuatro, wey —le dijo la morena, Paulina la miró atónita.

—¡Era broma! ¡JAJAJA! —dijo medio segundo después, rio de una manera dolorosamente falsa—. Para molestarte por lo que dijiste de Ma-

—No es cierto —le interrumpió—. Ponte, también te voy a comer el culo, pero te vas encuerar toda para el vídeo.

Paulina se le quedó mirando. Fany se puso de rodillas frente a ella y le quiso jalar la falda, Paulina se resistió.

—Ponte, wey —insistió con semblante severo más no enojada.

Paulina dudó. Y podría aburrirte otra vez con una introspección de ella recordando todas las veces que se acobardó y después se arrepintió, pero ya ha quedado claro. Pensó en todo eso y en que "¿qué carajos?", no iba ser una desgracia sino lo disfrutaba, pero quizá sí un cruel tormento si se acordaba de nuevo. Asintió sin mirarle.

Se levantó torpemente, se empinó en el sillón sin alzar bien el culo, con miedo y pudor, pero la hormona le podía más, y Fany le levantó la falda. Se encontró con sus horrendos calzones enormes y blancos, la morena los jaló hacia abajo y forcejearon riendo un poco mientras ella se los quitaba y Paulina alzaba una rodilla y luego la otra. Los revisó medio segundo y le tranquilizó que estuvieran tan impolutos, después de todo iba comerse todo eso, mejor que estuviera bien limpio. Y debajo había un culo simplemente precioso, con una forma de corazón inmejorable, las hermosas nalgas pálidas de Paulina eran un manjar incluso sin estar bien empinada del todo. Un tamaño comparable al de Eliza, pero la piel pálida con tonos melón, la forma tan delicada y su piel que lucía sedosa, mejoraban todo. Acarició sus nalgas con ambas manos sin pensarlo, le separó sus lindos cachetes pálidos y redondos, se sentían bien al tacto, firmes y agradables, tibios. Y sus agujeros rosados con un poco de vello claro no le causaron asco.

Le pasó la lengua por el coño primero, estaba viscoso y caliente, Paulina se retorció y mordió los labios para no gemir. Fany le tomó el culo con ambas manos y decidió que si lo haría, lo haría bien, era mejor para ella mientras más cachonda la pusiera.

Con el lindo culo de Paulina bien agarrado, hundió la cara y le hizo empinarse bien presionando con sus manos, Paulina le restregó sus preciosas nalgas en la cara ya con los ojos cerrados, pudor ausente y la boca semi abierta. Fany le comía bien el coño con su cara bien metida en su trasero. Estaba viscoso y aceitoso, sabía extraño y fuerte, aunque no precisamente mal. Paulina gemía delicadamente y le restregaba más las nalgas, aunque más inconscientemente que de manera premeditada. La morena le pasaba la lengua desde el coño hasta la raya divisoria de sus preciosas nalgas, lamiendo profundamente entre sus lindos cachetes y quedándose unos segundos chupándole el ojete, se sorprendió a sí misma al no sentir ni un poco de asco, no estaba nada mal comerse ese culo tan lindo. Paulina se retorcía fuertemente y salía de su sopor. Se movió violentamente, golpeándole la cara a su amiga con su lindo trasero.

—No, eso, no jaja se siente demasiado extraño —dijo sentándose y sonriendo nerviosa.

Fany solo le sonrió. Le abrió las piernas, metió la cara entre sus piernas y comenzó a darle sexo oral así sentada. Paulina alzaba las rodillas poniendo los pies sobre el sillón, disfrutaba la deliciosa sensación de la lengua de Fany acariciando su coño, esa lengua cálida y húmeda le daba demasiado placer. Gemía delicadamente con el rostro hacia el techo, y cuando bajó la mirada y se encontró con la de Fany comiéndole el coño, se le electrizó la panocha y comenzó a sentirlo más intenso. Le tomó la cabeza delicadamente con una mano, aunque sin atreverse a restregarle el coño en la cara. Gemía con fuerza y no soportó mucho más.

Sus rodillas se tambalearon un poco, el coño le palpitó y de pronto era demasiado. Cerró las piernas con fuerza, Fany salió de ahí riendo nerviosa, mientras Paulina se retorcía con las rodillas bien juntas y los ojos cerrados, acostada de lado, disfrutando su intenso orgasmo.

—No mames… —balbuceó delicadamente, aterrizando de su orgasmo.

La morena la morboseaba, a cada segundo le gustaba más lo que veía, le acariciaba delicadamente una nalga y le daba un besito en la otra. Luego Paulina abrió los ojos. Fany le sonreía nerviosa, se limpiaba las comisuras de los labios y Paulina sintió un morbo extraño y delicioso al ver cómo tenía los alrededores de su boca llenos “de ella”.

—Estuvo… No mames, estuvo cabrón —dijo aún recuperando la respiración, Fany reía con fuerza y ella le acompañaba.

—Te toca —le dijo Fany sonriendo con su celular en mano y Paulina sonrió más ampliamente.

¿Y qué más da? Se había perdido de tanto, le quedaba claro que no había disfrutado como una desgraciada porque fuera Fany quien le hizo eso, no sumó que fuera Fany, ni tampoco restó, solo había sido que le comieron el coño bien y le encantó. No pensaba perderse nada más.

Se puso de pie de inmediato. Se iba a quitar la falda con decisión, pero Fany la detuvo.

—Primero así, wey. Sin quitártela —le dijo morbosamente ya sentada y enfocándola, Paulina reía—. Ya estoy grabando —dijo con más seriedad y Paulina desvió la mirada del aparato.

Su rostro seguía sonrojado, sí, pero ya no había titubeo en sus pasos. Solo llevaba la falda puesta y sus preciosas tetas al aire. Sus piernas bien rellenas, la piel blanca expuesta al aire tibio de la madrugada.

Paulina sonrió. No esa sonrisa nerviosa de antes. Una sonrisa más tranquila, más segura de lo que hacía, una sonrisa divertida, lo disfrutaba, y disfrutaba muchísimo el disfrutarlo, sentirse libre. Empezó a moverse al ritmo de la música que apenas salía del teléfono que puso Fany, balanceando las caderas lentamente al principio, subiendo los brazos, dejando que su castaño cabello le cayera a un lado del rostro, mostrando bien sus tetas.

Fany no dijo nada de momento. Solo grababa, el sonido tenue de su respiración detrás del aparato.

Paulina bailaba como entre juego y provocación, sin perder ese tono de “desmadre”, de fiesta, pero moviéndose cada vez con más intención. Y de pronto pensó en que eso lo vería Mario, no era solo los bailes tontos del cuarto de Fany y el coño le escurría otra vez. Se giraba para mostrar el trasero cubierto solo por su falda, y la curva que hacían sus nalgas en la falda era simplemente deliciosa, se notaba que no llevaba nada debajo. Se reía, coqueta, pero no por torpeza, disfrutaba el papel, la mirada de Fany y el pensamiento de que lo vería Mario. Se inclinaba un poco al frente ofreciendo las tetas en ambas manos y Fany acercaba un poco la toma, enseguida se enderezaba, giraba sobre un pie, dejando ver su silueta desde todos los ángulos.

—Haz como que te estás quitando la falda, pero no la bajes de golpe —dijo Fany al fin.

Paulina asintió sin dejar de moverse. Agarró los bordes de la falda con los pulgares y los fue bajando apenas, centímetro a centímetro, como si fuera parte de una coreografía bien pensada. Su mirada iba de Fany al celular, como asegurándose de que no dejara de grabar.

—Ahora sí… quítatela —murmuró Fany.

Paulina obedeció. Desbrochó el botón lateral y dejó que la falda resbalara por sus piernas, hasta quedar completamente expuesta por completo desnuda y no se daba la vuelta. Su precioso culo era un vicio, Fany pensaba en el poco favor que se hacia la chica vistiéndose tan recatada siendo que tenía ese culo. Se giró, pasó las manos por los muslos, giró una vez más y bajó un poco la espalda, empinando un poco el trasero.

—Así, ahí quédate… —dijo Fany, casi en un susurro.

Paulina se quedó en esa pose, sin saber del todo qué estaba pasando en ella, pero disfrutando, por primera vez, del poder que llevaba encima. Fany puso su mano sobre su espalda, la linda Pau se empinó bien, mostrando bien las nalgas y Fany se enorgullecería por años de la fantástica toma final que hizo. Enfocando bien el precioso culo pálido y redondo de Pau en primer plano, sin dejar nada fuera, incluyendo un poco de su espalda y piernas para dar buena perspectiva. Y antes de que se pusiera incómodo, fuera "demasiado largo” o Paulina se cansara, acercó lentamente, le separó delicadamente una nalga y enfocó bien y de cerca los deliciosos agujeros rosados de la chica. El poco vello adornando todo le daba un buen toque.

Salió de ahí, Paulina se reincorporaba sonriendo nerviosa, Fany le enfocaba el rostro.

—Saluda a mi wey —le dijo riendo desde atrás del aparato y Paulina; riendo también, le manoteó eso.

El celular caía al piso entre las risas de Paulina y los reclamos leves de Fany. Lo levantó y acabó el vídeo. Paulina se agachó a recoger su falda del suelo y buscaba sus calzones con la mirada, todavía con las mejillas encendidas, el cabello algo alborotado, y una sonrisa tímida colgando de los labios.

Se empujaban y se nalgueaban por juego, por reflejo. Manos rápidas en la cintura, en las piernas, empujoncitos en las nalgas, como si todo lo anterior hubiera aflojado la última vergüenza que quedaba. Reían aún con la voz espesa por el alcohol, enredadas en la torpeza de vestirse a medias.

Entraron en silencio al cuarto de Fany.

Eliza dormía profundamente, boca abajo aún, una pierna colgando del borde de la cama, con las cobijas apenas cubriéndole la espalda y dejando su agradable trasero a la vista. Su cuerpo parecía hundido en el colchón, vencido. Su trasero seguía ahí, redondo, moreno, relajado, cubierto apenas por los cacheteros que no se habían movido en toda la noche, cada vez más metidos entre sus lindas nalgas.

Paulina la miró sin ocultarlo esta vez. Como si no hubiera sentido ya la necesidad de pretender otra cosa. Sus ojos la recorrieron con lentitud, sin culpa. Fany no dijo nada, pero supo. Se notaba en cómo cerró y abrió los labios antes de hablar, en cómo evitó mirarla.

—Pues ya nos fregamos —dijo al fin, casi en un susurro—. Se quedó con toda la cama la pinche Eliza.

No hubo reclamos. Solo un suspiro y una resignación ligera.

Fany tiró un par de cobijas gruesas en el suelo y las acomodó como pudo. Una encima, una debajo. Le pasó una almohada a Paulina y cuando la más blanca se acostó, Fany se acomodó detrás de ella. Riendo bajito cuando ambas batallaban por acomodarse en tan poco espacio.

Al final, Fany se pegó por detrás, en cucharita. Su brazo descansó sobre la cintura de Pau sin apretar, solo sintiéndola respirar. No hablaron más. Solo dejaron que el silencio llenara el hueco y disfrutando la calidez del cuerpo de la otra.

Paulina no sabía si era por el calor o el alcohol, por el magnífico orgasmo que le dio o porque esa noche en general había sido increíble, porque eran sus queridas amigas y sentía que había salido de su capullo de algún modo, al menos un poco. Pero no quería que se separara ni ella lo hizo. Fany tampoco quería que eso terminara. La mano de la morena se quedó un rato sobre el vientre de Pau, luego bajó un poco, por accidente, pero enseguida regresó, peligrosamente cerca, pero no se atrevió. Ninguna se movió.

—Oye… ¿neta se lo enseñarás a Mario? Jajaja estás loca, quédatelo tú y ya, o bórralo —dijo Paulina en voz baja, de algún modo sabiendo que no colaría.

—Ya se lo mandé —le dijo Fany con sencillez.

Porque era verdad, lo hizo mientras caminaban hacia ahí, un sencillo mensaje, “¿Qué tal?”, acompañado de muchos emojis de durazno, diablos, fueguitos y el vídeo. Quiso hacerlo antes de que alguna de las 2 se arrepintiera. Y para rematar, también le envió el vídeo de Mario a Paulina, sin decir nada, solo el vídeo y ya está, sabía que la chica se había quedado sin batería y no lo notaría hasta el día siguiente, probablemente no lo borraría si lo recibía en la seguridad anónima de estar a sola.

—Oh, ok —respondió Paulina sintiendo un escalofrío.

Y durmieron así. Pensando. Repasando sin querer cada momento. No había remordimientos. Tal vez un poco de pudor… de ese que aparece cuando todo lo que hiciste se siente demasiado real de pronto y sabes que no puede deshacerse. Cuando te quedas a solas con tus pensamientos; aunque estuvieran ahí juntas físicamente, en su mente cada una estaba a solas, pensando, recordando, negándose a sentirse mal o culpables de ningún modo. Decidiéndose aún cuánto habían disfrutado o no.

Meh, el lesbianismo no estaba tan mal.

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Espero que hayan disfrutado. Me estaban pidiendo unos por ahí la continuación de esta saga, aquí tienen.

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Gracias por leer.

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