Xtories

La amiga embarazada de mi amigo

Nunca esperó que la mujer que pasaba por su calle todos los días terminara en su sofá. Con una barriga que delata un secreto y una mirada que invita al peligro, Fer no solo busca compañía, sino que está dispuesta a explorar el deseo prohibido de un embarazo que aún no ha nacido.

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Ese día yo salía de casa y para mi sorpresa la vi pasando por el otro lado de la calle. Me sorprendió verla por allí, ya que nunca antes la había visto pasar por delante de mi casa. Me fui al trabajo y cuándo volví por la tarde, allí estaba ella otra vez. Entré en casa sin darle importancia.

Cómo hago siempre al llegar a casa, fui a cambiarme de ropa y ponerme cómodo. Cuándo suena el timbre. Voy a ver quién llama y veo por la cámara que es ella.

¿Quién és?

Hola. Soy Fer ¿Eres Juan?

Sí ¿Nos conocemos?

Sí. Un día coincidimos en casa de Sebastián Gómez.

Es verdad. Pasa, pasa.

Le abro la puerta y entra.

Fer es morena de ojos azules, mide 1,60m, pechos grandes llenos de leche y una barriga muy grande, calcúlo de unos 8 meses y un culo también grande, pero proporcionado a su cuerpo.

Viste una camiseta sin mangas de color blanco ceñida al cuerpo dado su estado avanzado de embarazo, sin sujetador y pantalones holgados de verano color azul con unas sandalias marrones.

Una vez dentro le ofrezco un vaso de agua, el cuál acepta y la invito a sentarse en el sofá. Bromeando le digo:

Veo que vienes acompañada.

Ella sonríe, pone sus manos en su barriga y Sonriendo dice:

SÍ. Ya estoy casi al final del embarazo.

Muchas felicidades - Le digo y me siento a su lado y le doy el vaso de agua.

Empezamos a charlar de eso y aquello y en un momento de la conversación le pregunto por el padre de la criatura y me dice que decidió ser madre soltera y que se quedó embarazada gracias a un donante anónimo.

No me esperaba esa respuesta y ella lo vió en mi reacción. A lo que me preguntó:

¿Te sorprende que decidiera ser madre soltera?

Pues la verdad es que sí - Le contesté.

Ella inclinó un poco el cuerpo hacia dónde yo estaba y añadí.

Estoy seguro que muchos hombres desearían ser el padre de tus hijos.

¿Sí? - Y se acercó un poco más a mí - ¿Conoces alguno de ellos?

Me armé de valor y le dije:

Ahora mismo tienes a uno delante tuyo.

Y añadí:

Cuándo te vi por primera vez me pareciste una mujer muy guapa, con las cosas claras y eso me gustó mucho. Ahora con el embarazo estás aún más guapa. Si se puede.

Ella dió un pequeño salto y se puso las manos en su barriga. Acto seguido agarró mi mano derecha y la llevó hacia su barriga y dijo:

Se está moviendo ¿Lo sientes?

En mi rostro se dibujó una sonrisa y contesté:

SÍ.

Nuestras miradas se cruzaron, ella se acercó a mí, me lancé y la besé. Nos fundimos en un beso largo y apasionado. No sé cuánto duró, pero disfruté cada segundo de ese beso. Con la mano derecha le agarré su pecho derecho y ella soltó un pequeño gemido.

Apreté un poco más su pecho y sentí cómo su pezón se ponía duro en mi mano. Ella con su mano izquierda buscó mi pene y lo empezó a acariciar por encima de los pantalones. No tardó en ponerse muy duro.

Puso su mano dentro de mis pantalones. Lo agarró y empezó a masturbarme muy lentamente. Aproveché para quitarle la camiseta y liberar sus pechos y poder contemplar su barriga. Acaricié su barriga mientras acercaba mi boca hacia su pecho derecho.

Empecé a succionar su pecho y jugar con su pezón con mi lengua. Se le escapó un pequeño jadeo y salió un poco de leche de su pecho, que degusté con gran placer. Bajé la mano con la que estaba acariciando su barriga y la puse por dentro de sus pantalones.

Me llevé una doble sorpresa. No usaba ropa interior y llevaba la vulva totalmente depilada. La acaricié y pasé uno de mis dedos entre sus labios vaginales, estaba completamente mojada y no me fue difícil poder penetrarla con mi dedo.

Sus jadeos cada vez eran más fuertes. Le quité los pantalones y puse mi cabeza entre sus piernas. Qué vista tenía. Su vulva completamente depilada, con sus labios vaginales envolviendo los labios menores y su barriga de embarazada. No pude aguantar más y enterré mi cara entre sus piernas, besando y lamiendo cada milímetro de su vulva.

Metía y sacaba la lengua de su interior. Su respiración se aceleró, me agarró la cabeza y me empujó contra ella, yo no paré de lamer en ningún momento. Empezó a apretarme la cabeza con sus piernas y se arqueó un poco y explotó en un gran orgasmo llenando mi boca de sus fluidos y se dejó caer en el sofá.

Le quité los pantalones y me desnudé. Agarré mi pene con la mano izquierda, lo puse justo en su entrada, contemplé su hermoso cuerpo y empecé a penetrarla muy lentamente disfrutando de cada milímetro de su interior.

Cuándo la tuve toda dentro empecé con un mete saca muy lento. Acariciaba sus pechos sin dejar de moverme. Salieron unas gotitas de leche que esparcí por sus pechos dejándolos brillantes. Pasé las manos por su barriga y fui bajando con la mano derecha hasta su clítoris y lo acaricié dibujando círculos a su alrededor.

Sus jadeos eran ya casi gritos. Aumenté mis movimientos y tuvo su segundo orgasmo. Sentí cómo sus paredes vaginales apretaban mi pene. paré y esperé unos segundos quieto dentro de ella y lo saqué.

Ella se incorporó, me hizo tumbarme en el sofá y se puso encima mío. Agarró mis manos y las puso sobre sus pechos. Se levantó un poco, me agarró el pene, lo puso justo en su entrada y poco a poco fue bajando hasta sentarse en mi pelvis quedando todo mi miembro dentro de ella.

Fer cerró los ojos y se mordió el labio inferior. Se inclinó hacia mí, puso sus manos en mi pecho y empezó a moverse. Acariciaba su barriga mientras veía el vaivén de sus pechos y sentía su vagina apretar mi pene. No tardó en tener su tercer orgasmo. Sentí que apretaba mucho más fuerte mi pene con su vagina. No pude aguantar más y me corrí descargando toda mi leche en su interior. Ella al sentir mi descarga dentro empezó a temblar y tener otro orgasmo.

Se levantó y toda mi leche salió de dentro de ella cayendo en mi pene y mi pubis. Me limpió con su boca y no dejó ninguna gota.

Nos dimos una ducha. La ayudé a limpiarse, a secarse y justo antes de ponerse la camiseta le di un beso en su barriga. Nos dimos los números de teléfono, nos despedimos con un gran beso y abrazo y se fue.

Unos días más tarde me mandó una foto de ella en una cama amamantando a su bebé y con el otro pecho sin cubrir. El texto de pie de foto ponía:

Aquí estoy alimentando a mi bebé Arturo. Si quieres también tengo para ti.

En mi mensaje le dije:

Muchas felicidades. No veo el momento de volver a disfrutar contigo. Siempre con hambre de ti.