Xtories

Acompaño a mi mujer a un glory hole

Desde la oscuridad, el marido observa cómo su mujer es penetrada por un desconocido en un glory hole. La humillación se mezcla con la excitación cuando él se une a la escena, participando en actos sexuales con ambos. ¿Qué pasará cuando la mujer proponga repetir la experiencia sin barreras?

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de que me había dejado la puerta abierta, ofreciendo a estos desconocidos una vista clara y tentadora de lo que ocurría dentro.

Mi mujer, completamente absorta en el placer, no se había percatado de nuestra audiencia. Estaba usando una mano y su boca para mamar la enorme polla negra, sus movimientos rápidos y desesperados. La otra mano de mi mujer estaba frotándose el coño de manera compulsiva, sus dedos entrando y saliendo de su húmeda excitación con un ritmo frenético.

"Joder, qué buena está," murmuró uno de los hombres, su voz ronca de deseo. "Mira cómo se la traga entera."

"Y mira cómo se toca," añadió el otro, su mano ahora dentro de sus pantalones, acariciándose con más intensidad. "Está completamente empapada."

Mi mujer, ajena a la presencia de los espectadores, continuó su performance, sus gemidos y jadeos llenando la cabina. El sonido de succión, mezclado con el ruido húmedo de sus dedos en su coño, creaba una sinfonía de lujuria y deseo.

Me acerqué a los mirones con una mezcla de autoridad y deseo. "Se acaba el espectáculo," les dije, mi voz firme pero con un toque de picardía. "Gracias por disfrutar del show."

Cerré la puerta del cubículo, aislándonos del mundo exterior y creando un espacio íntimo y cargado de expectativas. Me volví hacia mi mujer, que me miraba con una sonrisa traviesa y llena de lujuria.

"Amor, aquí tienes los condones," le dije, entregándole el paquete con una mano ligeramente temblorosa. Mi corazón latía con fuerza, una mezcla de excitación y nerviosismo recorriendo mi cuerpo.

Mi mujer, con una sonrisa de satisfacción, abrió el paquete y sacó un condón, desenvainándolo con habilidad. "Ponle el condón a la polla que follará a tu mujer en breve," me ordenó, su voz llena de dominio y deseo.

Asentí, mi respiración entrecortada, y me acerqué al glory hole. Con manos temblorosas, tomé la enorme polla negra y comencé a desenvainarla con el condón. La sensación de tener esa polla en mis manos, sabiendo que estaba a punto de penetrar a mi mujer, aumentó mi excitación de manera insoportable.

"Así, así, mi amor," susurró mi mujer, animándome, su voz ronca de deseo. "Asegúrate de que esté bien puesto."

Con el condón en su lugar, me retiré y miré a mi mujer

Mi mujer, con una sonrisa de anticipación, tomó el bote de lubricante y vertió un poco en su mano, aunque sabía que probablemente no le haría falta, dada la cantidad de humedad que ya había en su cuerpo. Se untó la polla del desconocido con el lubricante, asegurándose de que estuviera bien cubierta.

Con una mezcla de nerviosismo y excitación, comenzó a meterse la polla poco a poco. Suspiró profundamente, deteniéndose un momento para adaptarse a la sensación. "Dios, nunca he sentido algo así," murmuró, su voz llena de asombro y placer.

Se detuvo, gimió suavemente, y luego avanzó un poco más, moviéndose con cuidado para acomodar la enorme polla dentro de ella. "Cariño, esto lo he de repetir," dijo, mirando hacia atrás con una sonrisa traviesa. "Lo siento. Vas a ser un buen cornudo."

Sus palabras me golpearon directo en el ego, pero también aumentaron mi excitación. La humillación mezclada con el deseo creaba una sensación embriagadora. "Sí, por favor," respondí, mi voz ronca de deseo. "Quiero verte disfrutar de esa polla como nunca antes."

Mi mujer, completamente entregada al placer, continuó moviéndose, sus caderas comenzando a balancearse al ritmo de las embestidas del desconocido. El sonido de sus cuerpos chocando, mezclado con sus gemidos y jadeos, llenaba la cabina, creando una sinfonía de lujuria y deseo.

"Sí, así, más fuerte," gemía, sus uñas clavándose en la pared, animándolo a seguir. "Fóllame como si no hubiera un mañana."

El desconocido, respondiendo a sus peticiones, aumentó el ritmo y la intensidad de sus embestidas, sus gemidos de placer llenando la cabina. Observé cómo mi mujer se movía, sus movimientos cada vez más desesperados, su respiración entrecortada y jadeante.

"¿Te gusta ver cómo otro hombre me da placer?" preguntó, mirando hacia atrás con una sonrisa traviesa. "¿Te gusta ser mi cornudo?"

Asentí, mi respiración entrecortada, mi polla dura y palpitante

Cornudo, comeme el culo mientras me revientan el coño," ordenó mi mujer, su voz llena de dominio y deseo.

Me arrodillé detrás de ella, mi corazón latiendo con fuerza, y comencé a besar y lamer su culo, sintiendo cómo su cuerpo temblaba de anticipación. El contraste entre la humillación y la excitación era embriagador, y me perdí en el momento, saboreando cada segundo.

"Dios, qué placer," gimió mi mujer, su voz llena de éxtasis. "El negro lleva el ritmo ahora."

Mi mujer dejó de moverse, entregándose completamente al placer que le proporcionaba el desconocido. Estaba pegada a la pared, sus manos agarrando las barras con fuerza, sus piernas abiertas al máximo para permitir que la enorme polla negra la penetrara tan profundamente como fuera posible.

El hombre negro, ahora al mando, comenzó a moverse con embestidas fuertes y rítmicas, sus gemidos de placer llenando la cabina. El sonido de sus cuerpos chocando, mezclado con los jadeos y gemidos de mi mujer, creaba una sinfonía de lujuria y deseo.

"Sí, así, más fuerte," gemía mi mujer, su voz llena de éxtasis. "Fóllame como si no hubiera un mañana."

El desconocido, respondiendo a sus peticiones, aumentó el ritmo y la intensidad de sus embestidas, sus manos probablemente agarrando sus caderas con fuerza, asegurándose de que cada movimiento fuera profundo y placentero.

Observé cómo mi mujer se entregaba completamente, su cuerpo temblando de placer, sus gemidos llenos de éxtasis. La visión de ella siendo tomada con tanta fuerza y pasión aumentó mi propia excitación, mi polla dura y palpitante, rogando por liberación.

"¿Te gusta ver cómo otro hombre me da placer?" preguntó, mirando hacia atrás con una sonrisa traviesa. "¿Te gusta ser mi cornudo?"

"Sí, cariño. Me encanta. Soy feliz," respondí, mi voz ronca de deseo mientras recorría su ano con la lengua, saboreando cada centímetro de su piel. "Me encanta verte así, completamente entregada al placer."

Pude ver, entre sus piernas, cómo la enorme polla negra la penetraba profundamente, estirando su coño de una manera que nunca había visto antes. La visión de esa polla entrando y saliendo de ella, brillante de lubricante y sus propios fluidos, era hipnotizante y excitante.

"Dios, aún me sorprende que le quede tanto," murmuré, más para mí mismo que para ella, asombrado por la resistencia y el tamaño del desconocido.

Mi mujer, completamente absorta en el placer, respondió con un gemido profundo y gutural. "Sí, cariño, así, así," jadeó, sus palabras entrecortadas por el éxtasis. "Me está llenando por completo. Nunca había sentido algo así."

El hombre negro, con un ritmo implacable, continuaba embistiendo, sus manos probablemente agarrando sus caderas con fuerza, asegurándose de que cada movimiento fuera profundo y placentero. El sonido de sus cuerpos chocando, mezclado con los jadeos y gemidos de mi mujer, creaba una sinfonía de lujuria y deseo.

"Sí, así, más fuerte," gemía mi mujer, su voz llena de éxtasis. "Fóllame como si no hubiera un mañana."

Observé cómo mi mujer se entregaba completamente, su cuerpo temblando de placer, sus gemidos llenos de éxtasis. La visión de ella siendo tomada con tanta fuerza y pasión aumentó mi propia excitación, mi polla dura y palpitante, rogando por liberación.Continué lamiendo desde el culo de mi mujer, recorriendo cada centímetro de su piel con mi lengua. Pasé por su ano, su perineo, y finalmente llegué al inicio de su vagina, donde la enorme polla negra entraba y salía de ella con un ritmo implacable. Sin querer, y medio queriendo, mi lengua rozó la polla negra, sintiendo su calor y su dureza.

Mi mujer, completamente absorta en el éxtasis, gemía sin parar, sus sonidos llenos de placer y deseo. "Sí, así, cariño," jadeaba, su voz entrecortada. "No pares, por favor."

Noté cómo se sostenía por las puntas de los pies, sus piernas temblando con cada embestida. Cuando se dejaba caer del todo, sus gemidos se volvían más profundos, llenos de un placer casi insoportable. Pero también percibí un leve gesto de dolor en su rostro, indicando que la profundidad y la intensidad de las embestidas eran casi demasiado para ella.

"Dios, qué placer," gimió, su voz llena de éxtasis. "Me ha llenando"

Observé cómo mi mujer se entregaba completamente, su cuerpo temblando de placer, sus gemidos llenos de éxtasis. La visión de ella siendo tomada con tanta fuerza y pasión aumentó mi propia excitación, mi polla dura y palpitante, rogando por liberación.

Con dificultad, mi mujer se bajó de la enorme polla negra, sus piernas temblando y su respiración entrecortada. Se apartó lentamente, liberando al desconocido, y pude ver cómo el semen se había acumulado en la punta de su polla, brillante y viscoso. "Dios, casi parece que vaya a reventar," pensé, asombrado por la cantidad y la intensidad de su liberación.

Mi mujer, aún jadeante y con una sonrisa de satisfacción en su rostro, se volvió hacia mí. "Cariño, ha sido increíble," murmuró, su voz suave y llena de éxtasis. "Nunca había sentido algo así."

En ese momento, sentí una cálida humedad en mis calzoncillos. Miré hacia abajo y me di cuenta de que me había corrido sin siquiera tocarme, la excitación y la humillación de ver a mi mujer siendo tomada de esa manera habían sido demasiado para mí.

"Lo siento, mi amor," dije, mi voz ronca de deseo y vergüenza. "No pude contenerme."

Mi mujer, con una sonrisa traviesa,

Mi mujer, aún jadeante y con una sonrisa de satisfacción en su rostro, suspiró profundamente. "Esto lo he de repetir," murmuró, su voz llena de deseo y anticipación. Ahora estaba de rodillas en el suelo, sosteniéndose contra la pared, agotada y vencida, pero completamente feliz.

Yo, mientras tanto, sentía la humedad expandiéndose en mis pantalones, la excitación y la humillación de ver a mi mujer siendo tomada de esa manera habían sido demasiado para mí. La visión de ella, completamente entregada y satisfecha, aumentaba mi propio deseo y mi sensación de ser un cornudo.

La enorme polla negra desapareció del glory hole, y escuchamos una voz de hombre desde el otro lado. "Buena follada," comentó, su tono lleno de satisfacción.

Mi mujer, con una sonrisa traviesa, respondió: "Lo quiero repetir, sin paredes, deja pasar unos segundos, sin paredes por en medio."

El hombre replicó: "Me parece bien."

Tras unos segundos de silencio, una mano negra entró por el glory hole, sosteniendo un papelito. Era un fragmento de un periódico, pero en el borde había un teléfono apuntado. Lo cogí con cuidado, sintiendo la textura del papel y la anticipación de lo que estaba por venir.

" Ahora voy a ser un cornudo feliz, lo sé," pensé, una mezcla de excitación y humillación recorriendo mi cuerpo. La idea de repetir esa experiencia, pero sin las barreras del glory hole, era emocionante y aterradora al mismo tiempo.

Mi mujer, aún recuperándose, se volvió hacia mí con una sonrisa pícara. "Cariño, parece que vamos a tener más aventuras," dijo, su voz llena de promesa y deseo.

Asentí, incapaz de formar palabras, mi mente y mi cuerpo completamente consumidos por la anticipación de lo que estaba por venir. "Sí, mi amor," respondí finalmente, besándola profundamente, nuestras lenguas entrelazándose en un baile de pasión y deseo.

Al besarla, siento el sabor de semen. el sabor de otro hombre. Ella lo sabe, se esfuerza en meterme la lengua hasta el fondo. ahora sabes a que sabía esa polla. La proxima vez, quizás la pruebes directamente. sonrie. Y ordena, dame el telefono, no quiero que se pierda. Ya me entiendes. yo se lo doy, obediente.