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Dominaciónjun 2025

Cornudo al borde del deseo

Javier siempre imaginó verla con otro, pero nunca pensó que la realidad superaría sus peores miedos y sus más oscuros deseos. Esta noche, la regla es simple: él solo mira, él solo sufre, y ella toma lo que quiere. ¿Podrá soportar el peso de la humillación sin romper?

Liam Bennet11K vistas9.1· 7 votos

La chispa prendió una noche tras follar, con Paula y Javier todavía sudados entre las sábanas. Ella le arañó el pecho y dijo: “Quiero que me veas con otro. Que te la pongas dura mientras me follan.” Javier se quedó mudo, pero su polla dio un salto. Durante días hablaron sin parar: en la cocina, en el coche, susurrando antes de dormir. Paula lo pintaba claro —un desconocido abriéndola mientras él miraba—, y Javier se pajeaba en secreto, imaginándolo. Al final cedió. “Tú eliges al tipo,” dijo ella, con una sonrisa que prometía caos.Lo planearon para el viernes. Paula se puso una minifalda negra que apenas le tapaba el culo y una blusa ajustada, ambas piezas super ajustadas. "Parece que no lleves ropa interior", dijo Javier, a lo que Paula respondió levantandose la falda para para enseñarle su rasurado coño a Javier, riéndose—. “Tú miras, Javi. Solo miras mientras él me hace suya.” Él asintió, con la garganta seca, ya duro de pensarlo.

Fueron a un bar muy pijo al que iban a veces. Paula señaló a su presa desde la barra: era un tipo alto, musculado, con cara de sobrado, el típico que siempre gana. “Ese,” dijo, y Javier sintió un nudo en las tripas. Ella se acercó al tipo, y le preguntó su nombre, coqueteando sin disimulo mientras Javier fingía mirar el móvil. "Me llamo Marcos", respondió él, acercandose y pasándole un brazo por la espalda, que bajó sin disimulo hasta palpar el culo de Paula. "Tu no has venido acompañada?" le preguntó él. A lo que Paula respondió, "éste? es mi marido pero hoy sólo será nuestro chofer". A los 10 minutos, los tres estaban en el coche, rumbo a casa. Paula y Marcos se sentaron detras, comiendose la boca. Marcos, en un momento fugaz se cruzó con Javier, con una mirada que decía que iba a tomar lo que quisiera.

Llegaron a casa y Marcos se apoltronó en el sofá como si fuera el dueño. Antes de que Javier pudier ofrecer un trago, Paula ya estaba encima de él, dejándose manosear las tetas por encima de la blusa.

“Voy a follarme a tu mujer, ¿lo pillas, cornudo?” dijo Marcos, mirándolo con desprecio. Javier se congeló, pero Paula se rió y le metió la lengua a Marcos en un beso húmedo y sucio. “Dile cómo lo quiero,” le ordenó a Javier, y él, con la cara ardiendo, balbuceó: “Duro. Quiere que la folles duro.” Marcos soltó una carcajada. “Qué patético. Mira cómo se la clavo.”

Paula se puso de rodillas frente a Marcos, con la minifalda subiéndole hasta las caderas, dejando su coño a la vista. Le bajó la cremallera y le sacó la polla, gruesa y tiesa. “Míralo, Javi,” dijo antes de metérsela en la boca, chupando con fuerza mientras Marcos le agarraba el pelo y la follaba por la garganta. Los ruidos húmedos llenaron la sala, y Javier, sentado enfrente, se retorcía con la erección apretándole los jeans.

Pronto Paula se subió encima de Marcos, con la minifalda arrugada en la cintura. Él la agarró por las caderas y la bajó de golpe sobre su polla, arrancándole un grito. “¿Ves cómo la abro, cornudo?” gruñó Marcos, embistiéndola sin parar, haciendo que las tetas de Paula saltaran bajo la blusa mientras ella gemía y miraba a Javier con ojos encendidos. El choque de piel contra piel era brutal, y Javier no aguantó: se desabrochó los pantalones, sacó su polla y quiso pajearse.

“Ni se te ocurra tocarte,” siseó Paula, con un tono que cortaba como un cuchillo. “Déjatela fuera, pero no la toques.” Javier, rojo de vergüenza, obedeció, dejando su polla dura expuesta, palpitando sin alivio, mientras miraba cómo Marcos seguía follándose a su mujer.

De repente, Paula hizo un movimiento extraño: se inclinó hacia adelante, arqueando la espalda más de lo normal, y soltó un gemido grave, casi animal. Javier frunció el ceño, confuso. Ella se quedó quieta un momento, con la polla de Marcos dentro, y lo miró con una sonrisa torcida. “¿Sabes dónde me la he metido, Javi?” dijo, levantándose la minifalda para mostrar cómo la polla de Marcos estaba hundida hasta la base en su culo, estirándola de una forma que hizo que Javier tragara saliva.

Marcos rió, dándole una nalgada que resonó. “Le gusta por el culo, cornudo. Mira cómo le rompo el ojete a tu puta.” Paula gimió más fuerte, moviendo las caderas para metérsela más profundo, mientras Marcos la embestía con un ritmo salvaje. El sonido era crudo, seco, y Javier, con la polla al aire, sentía cada embestida como un latigazo. Paula se corrió primero, gritando, tocándose el coño con una mano mientras Marcos seguía dándole por el culo. Él acabó poco después, rugiendo, llenándole el culo con chorros calientes que desbordaron cuando ella se levantó, con la minifalda aún en la cintura.

Paula se acercó a Javier, sudorosa, con el semen de Marcos goteándole por el interior de los muslos. “Límpiamelo, Javi,” dijo, girándose y abriendo las nalgas para mostrar su culo abierto, chorreante. “Saca la lengua y come toda la corrida de mi culo.” Javier, temblando, se arrodilló y hundió la cara entre sus nalgas, lamiendo el semen espeso y caliente que escurría, saboreando la mezcla salada mientras Paula gemía suavemente y Marcos se burlaba: “Joder, qué asco das, cornudo.”

Cuando terminó, Paula lo miró con desprecio. “Quiero volver a follármelo,” dijo, señalando a Marcos. “Pero primero, ponle la polla dura otra vez. Chúpasela.” Javier se quedó helado, pero la mirada de Paula no admitía réplicas. Se acercó a Marcos, que lo esperaba con una sonrisa cruel, y tomó su polla flácida en la boca, chupando torpemente mientras Paula y Marcos le escupían en la cara, riéndose. “Qué patético,” dijo Paula, y de pronto se puso en cuclillas sobre él, orinándole en el pecho sin avisar. El líquido caliente le empapó la camisa, pero Javier no rechistó, perdido en su humillación.

Marcos, ya duro otra vez, levantó a Paula y la puso a cuatro patas en el sofá, con la minifalda todavía arrugada. Se la metió por el coño esta vez, follándola con un ritmo lento pero profundo, mientras ella gemía y lo besaba con una pasión que Javier nunca había visto. “Tráeme agua fresca, Javi,” dijo Paula entre jadeos. Él, con la polla aún fuera, obedeció como un autómata, trayendo un vaso de agua que ella bebió mientras Marcos la embestía, sus lenguas enredadas en un beso feroz. Javier los miraba, servil, mientras ellos se corrían juntos, Paula gritando y Marcos gruñendo, llenándole el coño de semen.

Paula se levantó, con el semen de Marcos chorreándole del coño, y se acercó a Javier. “Si quieres, ahora te puedes masturbar viendo cómo me han follado,” dijo, abriendo las piernas para mostrarle el desastre pegajoso. Javier, al borde de la locura, se pajeó furiosamente, corriéndose en segundos mientras Paula y Marcos se reían. “Mira qué poca cosa,” dijo Marcos. “Ni para correrse sirve,” añadió Paula, escupiendo al suelo.

Marcos se fue poco después, con una palmada en el culo de Paula y una última burla a Javier. Cuando la puerta se cerró, Paula y Javier se miraron en silencio. Ella se acercó, ya fuera del rol, y lo abrazó con fuerza. “Te quiero, Javi,” susurró, besándole la frente. “Ha sido increíble, ¿verdad?” Él asintió, todavía temblando, y la apretó contra sí. “Te quiero tanto,” dijo, con la voz rota. “Y sí, joder, me encantó.” Rieron juntos, exhaustos, sabiendo que habían cruzado una línea que los unía más que nunca.