La Batalla de las Vergas Monstruosas
Patricia sabe que su cuerpo es un campo de batalla. Mientras los hombres luchan por dominarla, ella decide que la única forma de ganar es perdiendo el control por completo.
Mutombo está hasta las pelotas de ver a Samil pavonearse con su polla. "Esa puta de Patricia aún me lleva en el coño," piensa, recordando cómo la hacía aullar. Decide jugar sucio, usar esa conexión que Samil nunca tendrá.
Se planta en casa de Patricia con una botella de tequila del barato y una cara de cabrón. "Patri, mi zorra favorita, ¿te acuerdas cuando te partí el culo en el sofá de tu vieja?" dice, echándole un trago directo al gaznate.
Patricia se ríe, el coño ya empapado. "Joder, Mutombo, cómo olvidarlo. Me dejaste cojeando una semana," responde, relamiéndose.
"Samil puede tener una pinga gorda, pero yo te hago sentir viva, ¿o no?" dice él, metiéndole la mano por el escote y pellizcándole un pezón.
Patricia gime, dudando. "Samil me revienta, pero tú… tú tienes algo, cabrón," admite, mientras Mutombo le arranca las bragas y le mete dos dedos en el chocho, sacándolos chorreando.
"Te voy a recordar quién manda," gruñe, sacándose la verga, no tan larga como la de Samil, pero gorda como un puto tronco. Patricia se lanza a chuparla, tragándosela hasta las bolas. "¡Joder, qué rica pinga!" gime, con la baba colgándole.
Mutombo la agarra del pelo y la folla en la boca, sus huevos rebotando contra su barbilla. "¡Traga, zorra, traga mi leche!" ruge, antes de ponerla en cuatro y clavarle la polla en el coño hasta el fondo. "¡Sí, Mutombo, rómpeme!" chilla ella, mientras él le da nalgadas que le dejan el culo rojo. Se corre dentro, gruñendo: "Esto es solo el principio, puta."
Pero Mutombo no es estúpido. Sabe que follar no basta. Esa noche, le manda un audio a Samil, imitando la voz de Patricia: "Samil, tu pinga es puro show, no me llena como Mutombo." Samil, al escucharlo, se pone como loco. "Voy a destrozar a ese hijo de puta," jura.
Samil escucha el audio y suelta una carcajada de macho alfa. "Esa zorra miente. Mi polla es la ley," piensa, acariciándose el paquete. Decide que Patricia será suya y de nadie más.
La cita en su penthouse, con champagne y un jacuzzi hirviendo. "Patri, tú y yo somos el puto cielo," dice, desnudándose para mostrar su verga suprema, un monstruo de 28 centímetros que parece un bate.
Patricia se moja al verlo. "Joder, Samil, eso es una obra maestra," murmura, acercándose.
"Mírala, zorra, esto es lo que te hace feliz," dice él, agarrándola del cuello y metiéndole la polla en la boca. Patricia apenas puede con el tamaño, pero chupa como desesperada, gimiendo: "¡Es enorme, papito!"
Samil la tira al borde del jacuzzi, le abre las piernas y se la clava de una estocada brutal. "¡Ay, me estás partiendo, cabrón!" grita ella, mientras él la taladra como un animal, el agua salpicando por todos lados. "¡Sí, Samil, hazme tu puta!" chilla Patricia, corriéndose tan fuerte que tiembla.
"No necesitas a esos perdedores, Patri. Solo mi pinga te basta," dice él, mordiéndole las tetas mientras se corre dentro, llenándola de leche caliente.
Pero Samil no se fía. "Voy a encerrarla conmigo, que no vea a nadie más," piensa, planeando llevársela a una casa en las afueras. Lo que no sabe es que Patricia ya está pensando en la próxima polla.
Braulio, con su nueva verga de 30 centímetros, se siente un titán, pero en el fondo tiene miedo. "Patricia es una puta insaciable, ¿y si me cambia por otra pinga?" piensa, mirando su reflejo.
La invita a casa, con velas y una cena de mierda que apenas cocina. "Patri, mi amor, quiero que volvamos a ser como antes," dice, con voz de perro apaleado.
Patricia lo mira, medio enternecida. "Braulio, tú eres mi hombre, pero… joder, hay tantas pollas ricas por ahí," responde, riendo.
Braulio no se rinde. La lleva al cuarto y se baja los pantalones, enseñándole su polla monstruosa. "Mira esto, zorra, esto es para ti," gruñe, meneándola.
Patricia se queda con la boca abierta. "¡Hostia, Braulio, qué bestia!" dice, arrodillándose para chuparla. Apenas le cabe la cabeza en la boca, pero lo intenta, lamiendo como perra en celo. "¡Joder, es la pinga más grande que he tenido!" gime.
Braulio la levanta, la pone contra la pared y le mete la verga despacio, centímetro a centímetro. "¡Ay, me estás desgarrando, papito!" chilla ella, pero su coño se traga todo, y pronto está pidiendo más. "¡Fóllame duro, cabrón!" grita, mientras él la embiste como toro, sus huevos golpeándole el culo. "¡Eres mía, Patricia!" ruge, corriéndose tan fuerte que le chorrea por las piernas.
Pero mientras ella duerme, Braulio piensa: "Tengo que atarla a mí, o esta puta se me escapa."
En un bar de mala muerte, Norma y Benito conspiran entre tragos de cerveza tibia. "Esa puta de Patricia no puede quedarse con todas las pingas," sisea Norma, con los ojos encendidos de rabia.
"Siii, mami, es una zorra egoísta," dice Benito, con su vocecita de marica. "Samil tiene que ser nuestro."
"Vamos a joderla, pequeño. Si le quitamos a Samil, se queda sin nada," dice Norma, con una sonrisa de víbora.
Empiezan por liar a los machos. Norma le manda un mensaje a Mutombo: "Patricia me dijo que Samil es un fraude, que no la hace correrse como tú." Mutombo, ya picado, se enciende más.
Benito, mientras, le escribe a Braulio: "Patricia dice que tu verga es grande, pero que Samil la folla mejor." Braulio lee y aprieta los dientes. "Voy a reventar a ese cabrón," murmura.
Luego, Norma y Benito van por Samil. Lo citan en un motel cutre, con la excusa de "hablar negocio". Cuando llega, lo reciben en tanga. "Samil, papito, nosotras te vamos a dar lo que Patricia no puede," dice Norma, arrodillándose para chuparle la polla.
Benito se une, lamiéndole las bolas. "¡Ay, qué rica pinga, papi!" gime, mientras Samil los mira con cara de rey. Norma se monta encima, metiéndose la verga hasta el fondo. "¡Sí, fóllame, cabrón!" grita, cabalgándolo. Benito, celoso, se pone en cuatro: "¡Dame por el culo, Samil!"
Samil los folla a los dos, corriéndose en la cara de Benito. "Sois unas putas ricas, pero Patricia es la reina," piensa, limpiándose.
Leo, escondido en las sombras, huele la oportunidad. "Si no puedo follarme a Patricia cuando quiera, la voy a joder bien jodida," piensa, recordando cada secreto que sabe de ella.
La encuentra en el parque, paseando al crío. "Patri, hablemos," dice, con voz de serpiente.
"¿Qué mierda quieres, Leo?" pregunta ella, sudando frío.
"Tengo fotos tuyas con Mutombo, Samil y Braulio. Hasta con el niño mirando. Si no quieres que todos las vean, vas a ser mi puta personal," dice, sacando el móvil con una foto falsa que armó.
Patricia traga saliva. "Eres un hijo de puta, pero está bien," murmura.
Esa noche, en el almacén de Leo, él la desnuda y la pone de rodillas. "Chúpamela, zorra," ordena, sacándose la verga. Patricia obedece, mamándola con asco y deseo a la vez. "¡Joder, Leo, qué pinga sucia!" gime, mientras él la agarra del pelo y se la mete hasta la garganta.
Luego la pone en cuatro y la folla por el culo, dándole nalgadas brutales. "¡Esto es lo que te mereces, puta!" gruñe, corriéndose dentro. Pero Leo no para ahí. Planea usar las fotos para joder también a Norma y Benito, y así tenerlos a todos en su mano.
Patricia está en su salsa, con los machos peleando por su coño. Una noche, los reúne a todos en su casa. "Vamos a follar como cerdos, cabrones," dice, quitándose la ropa.
En el salón, Mutombo, Samil y Braulio se desnudan, sus pollas listas para la guerra. Patricia se arrodilla y las chupa una por una, gimiendo: "¡Qué ricas pingas, joder!" Norma y Benito se meten, tocándose entre ellos, mientras Leo mira y se pajea.
Patricia se monta en Braulio, tragándose su verga monstruosa. "¡Ay, papito, me estás matando!" chilla, mientras Samil le mete la polla en la boca y Mutombo le revienta el culo. "¡Fóllenme toda, hijos de puta!" grita, con tres vergas dentro.
Norma le chupa las tetas, y Benito se corre mirando. Pero Patricia, en su cabeza, solo piensa en Braulio. "Joder, esta pinga es mi vida," murmura, corriéndose como loca.
De repente, la puerta se abre de un golpe. Un tipo enorme entra, con una polla que cuelga como un puto brazo. "¡Sorpresa, cabrones!" ruge, riendo.
"¿Quién mierda eres?" grita Samil, sacando la verga del culo de Patricia.
"Soy César, el primo de Samil," dice, desnudándose. Su polla mide 33 centímetros, un monstruo venoso que hace palidecer a todos.
Patricia lo mira con ojos de loca. "¡Virgen santa, qué pinga!" exclama, corriendo a chuparla. César la agarra del pelo y la folla en la boca, mientras los demás miran, entre celos y ganas.
"¡Es mía, cabrón!" ruge Braulio, pero César lo ignora, poniendo a Patricia en cuatro y clavándole la verga por el coño. "¡Sí, rómpeme, papito!" chilla ella, mientras él la destroza, su culo temblando con cada embestida.
La orgía se desmadra, con César follando a Patricia por todos lados, y los demás uniéndose en una maraña de semen y gemidos. Pero al final, exhausta, Patricia se pega a Braulio. "Tú sigues siendo mi rey, papito," susurra, aunque su coño ya sueña con César.
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