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¿El amor es suficiente? (1)

Conociste al chico de tus sueños, ese que te hace soñar con un futuro juntos. Pero el pasado tiene garras, y una noche de alcohol y rencor te empuja a la cama de quien te lastimó, solo para demostrarle que ya no le importas. ¿Podrá el amor perdonar una noche de sucia venganza?

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Prólogo

Elegir, tomar decisiones, plantear un camino a seguir, son potestades de la raza humana. Cada vez que tomamos una decisión, qué elegimos cada una de nuestras acciones, éstas tienen consecuencias, en nosotros y en las personas que nos rodean.

En muchas de ellas acertamos y nos sentimos satisfechos, pero en otras nos equivocamos, e inevitablemente nos afecta o afecta a los demás.

Y el ser humano siempre se equivoca, todos nos equivocamos, con nosotros mismos y con los otros, muchas veces sabiendo lo que eso puede provocar, y otras, sin tener una verdadera conciencia de lo que puede implicar nuestro error.

Y en nuestras equivocadas decisiones, tomamos revancha de algo que consideramos justo, pero no pensamos en que también esto tiene sus consecuencias.

Es humanamente razonable, al menos en las personas de bien, reconocer esos errores, tratar de enmendarlos, y si existe la oportunidad de hacerlo, pedir perdón.

Pero… cuando esas equivocaciones afectan una relación de pareja… ¿el amor es suficiente?

A veces si, a veces no.

¿El amor es suficiente?

Capítulo 1

Mi tía Nancy, la hermana menor de mamá, mi madrina de bautismo, amiga y confidente, con la que tengo una excelente relación, a fines de octubre de ese 2016, me dijo si la acompañaba al show de Guns N' Roses que sería el 4 de noviembre en el estadio de River Plate.

Iba a ir a ese show en Buenos Aires con una de sus amigas, pero unos días antes, le dijo que no podría ir, porque a su suegro lo habían internado de urgencia, y no tenía con quién dejar a sus hijos, ya que su marido, estaba con su padre en el hospital.

Nancy estaba divorciada de su esposo hacía casi cuatro años, no habían tenido hijos, y desde su separación, tenía una vida bastante agitada, con tan solo treinta años, diez más que yo en ese momento, no quería volver a una relación estable, y como ella misma decía, estaba viviendo la vida.

Mi tía tenía su propio auto, pero habían decidido con su amiga contratar una combi que las llevara y las trajera, para no tener que lidiar con el estacionamiento del auto y regresar manejando a esa hora.

Soy Violeta Bilardelli, hija de Mirta Noemí González y de Augusto Bilardelli, mi fallecido padre, hace casi cuatro años.

Tengo una hermana, Mariela, dos años menor que yo, y vivimos las tres en la casa donde lo hemos hecho desde que nací, en La Loma, un barrio de la zona noroeste de la ciudad de La Plata.

En ese entonces, a mis veinte años, estaba estudiando para ser contadora, en mi tercer año.

Detrás de nuestra casa, en la que era de mi abuela, vive mi tía Nancy desde su divorcio, por lo que nuestro contacto es diario.

Ese viernes del show, fuimos en el auto de Nancy hasta la Plaza Italia, dónde nos subiríamos a la combi y dónde nos dejaría al regreso.

Cuando llegamos ya había un par de grupos de personas, la capacidad de la combi era de dieciocho, pero aún faltaban personas por llegar.

Entre esas personas había un grupo a un par de metros nuestro, una pareja, a juzgar por los abrazos y los besos, y un chico, que al verlo me pareció muy lindo.

Mientras esperábamos la combi y al resto de las personas, cruzamos un par de veces nuestras miradas, mi tía se dio cuenta, y me dijo que tenía razón que estaba lindo.

Un poco más alto que mi metro sesenta, de espalda ancha, pelo enrulado y ojos claros, color miel.

Llegó la combi y subimos todos, dentro los asientos estaban separados por un pasillo, de un lado dos asientos y del otro uno.

La pareja que iba con ese chico se sentó en un asiento de dos y el chico lo hizo tras ellos, mi tía caminaba delante de mí y se sentó en el asiento individual, diciéndome que me sentara en el asiento del otro lado del pasillo, justamente donde ese chico estaba sentado.

Tan solo nos saludamos, y en el viaje de ida fui hablando con mi tía pasillo de por medio.

Terminado el show volvimos caminando entre la multitud de personas, a donde la combi nos esperaba, pero tardamos casi media hora en salir, porque aún faltaban un par de personas.

Una vez que estábamos todos, subimos y nos ubicamos en los mismos asientos que a la ida.

No alcanzamos a hacer diez cuadras, cuando mi tía ya estaba dormida, y yo me puse a mirar mi teléfono.

Ese chico sentado a mi lado, tampoco hablaba con sus amigos, que supongo estarían dormidos también, y minutos después me dijo:

-Qué buen show, ¿no?

-La verdad que sí! Aunque no es mi banda favorita, me encantó! Vine para acompañar a mi tía, que iba a venir con una amiga, pero tuvo problemas y no pudo.

-Soy Cristian, por cierto...

-Yo soy Violeta!

-Como mi abuela! Un hermoso nombre, supongo que así me parece por el excelente recuerdo que tengo de ella, la mujer más dulce y cariñosa que hubo en mi vida!

Creo que tan solo en esas pocas palabras me enamoré de ese chico, la forma en que lo dijo, su cara al recordar a su abuela...

Hablamos durante todo el camino de regreso, y yo quería que ese viaje no se terminara.

Me contó que estaba en el último año de medicina, y yo le conté que estaba en tercero de ciencias económicas.

Nos contamos algunas otras cosas de nuestras vidas y cuando me quise dar cuenta estábamos entrando a La Plata.

Faltando unas pocas cuadras para llegar a Plaza Italia, desperté a mi tía.

La combi paró y comenzamos a bajar.

Ya en la vereda, le presenté a Cristian a mi tía, y con esa sonrisa que ya le conozco, lo saludó con un beso.

Antes de despedirnos me miró y me dijo:

-Fue un gusto conocerte!

-Fue un gusto también!

Y con una sonrisa, me entregó un papelito con su nombre y su número de teléfono.

-Ya no tenía batería en mi teléfono…

Nos despedimos con un beso y de camino al auto de mi tía, me dijo:

-Ya te veo nena! ¿Te gustó el rulito de ojitos claros…?

-No empieces Nan!

-Se te nota en la cara mamita! No me podés decir que no, que te conozco como si te hubiera parido!

-Bueno… un poco sí!

-Andá!

Subimos a su auto y fuimos para casa, al llegar mamá aún estaba despierta y le conté como nos había ido, aunque no le conté de Cristian.

El sábado ya tenía ganas de llamarlo, pero me aguanté, tampoco quería parecer desesperada, pero solo hasta el martes, que a eso de las cuatro de la tarde, entre dos clases de la facu le envié un mensaje.

-Hola Cristian, soy Violeta! De la combi…

Pero no hubo respuesta y ya pensé que ni se acordaría de mí.

Recién me contestó casi tres horas después.

-Hola Violeta! Qué bueno que me escribiste! Perdón que no te contesté antes, estaba en clase, haciendo un parcial! ¿Cómo estás?

-Bien! ¿Y cómo te fue?

-Creo que bien! La semana que viene sabré! ¿Te pinta que nos encontremos a tomar un café? Decime que día, a qué hora y donde y ahí estaré! Bueno si no estoy en clase!

Hasta nerviosa me puse, fue directo al grano, y aunque quería volver a verlo, me hice un poco la interesante.

-Dale! Esta semana la tengo media complicada con la facu, te parece el sábado a la tarde?

-Claro! Me viene bárbaro! Tengo que preparar un final pero puedo el sábado! Decime donde y a qué hora, y puntual estaré ahí!

-¿Te parece en el café de 51 entre 4 y 5 a las cinco de la tarde?

-Dale!

Después que terminó la clase de ese día, me arrepentí de decirle de vernos el sábado, con el entusiasmo que mostró y las ganas de volver a verlo, le tendría que haber dicho de encontrarnos antes, pero me aguanté.

Ya ese sábado me levanté pensando en él, y sobre todo en que ponerme, era un día de calor y no sabía si vestirme como siempre o arreglarme un poco más.

Finalmente me decidí por una minifalda, no muy corta, apenas por sobre las rodillas, una remera y zapatillas.

No soy una chica que sobresalga por ningún lado, delgada, de tetas normales, culo normal, ni grande ni chico, un metro sesenta de estatura y cincuenta y tres kilos de peso, pelo castaño claro hasta media espalda, y en mi forma de vestir, soy más bien recatada, normal digamos.

Llegué al café cinco minutos antes de la hora y Cristian ya me estaba esperando sentado en una de las mesas.

Entré y se le dibujó una sonrisa y me mató, que linda sonrisa por Dios.

Nos saludamos con un beso en la mejilla, nos sentamos y pedimos café para los dos con un tostado.

Hablamos de muchas cosas, me contó de su familia, yo de la mía, de nuestros estudios, de nuestros gustos, de música, de películas, series y mil cosas más.

A cada momento, cada mirada y cada sonrisa, ese chico me gustaba más, me estaba enamorando de él, y por su interés en mis cosas, podía imaginar que también yo le gustaba.

Se hicieron las ocho de la noche y le dije que ya tenía que irme, y me dijo que si aceptaba, podía llevarme a casa o donde fuera en su auto, acepté y me llevó a casa. Y como si lo supiera, mi tía Nancy justo que llegábamos, estaba en la puerta conversando con una vecina.

Nos despedimos dentro del auto con un beso en la mejilla, quedando en seguir comunicados para volver a vernos.

Fue bajar del auto, y mi tía me tomó del brazo, se despidió de la vecina y me dijo:

-No me dijiste guachita que te veías con el rulito! Ahora venís y me contás todo!

-Hablamos en la semana y quedamos en vernos hoy, pero no sabía qué onda Nan, tan solo habíamos hablado una hora y pico en la vuelta del show!

-¿Y qué onda nena?

-Es un divino Nan!

-¿Te enamoraste boludita...?

-Ay no sé, pero tiene una sonrisa tan linda, es tan simpático y amable, y me mira tan lindo!

-Te enamoraste nomás!

Conversamos por casi una hora, contándole lo que sabía hasta ahora de él y de su vida, y luego me fui a casa a cenar, pero en ese momento a mamá decidí no contarle nada.

A ese sábado le siguieron todos los sábados de noviembre, los dos estábamos en los últimos días de facultad, bastante atareados con exámenes y entregas.

Nos volvimos a encontrar el primer sábado de diciembre, habiendo terminado las cursadas, aunque ahora tocaba preparar exámenes finales, en su caso, los últimos cuatro para llegar a su título de médico, y en el mío, tan solo los tres que me quedaban de ese tercer año.

Cruzábamos mensajes casi todos los días, y el miércoles, luego de ese último encuentro, me escribió:

-Hola Violeta, ¿cómo estás? Supongo que estudiando, contéstame cuando puedas.

Para que me iba a engañar, no dejaba el teléfono ni a sol ni a sombra, esperando algún mensaje suyo, lo leí y le contesté.

-Hola Cristian, todo bien, ¿y vos? Y sí… estudiando!

-Me encantan los sábados de café por la tarde, pero... ¿te podré cambiar el programa? ¿Te puedo invitar a cenar el viernes? El sábado es mi cumpleaños, y me gustaría empezar con vos ese día, ¿qué decís?

Me tomó por sorpresa, pero me encantó la idea.

-Dale! Pero esta vez te dejo elegir a vos el lugar!

-Perfecto! Reservo en algún lugar y te aviso!

Intercambiamos un par de mensajes más hablando de nuestros estudios, y quedamos en que me avisaba del viernes.

No terminé de hablar con él, y ya estaba pensando que ponerme, y también qué le podría comprar para su cumpleaños.No podía ser nada demasiado ostentoso, pero teniendo la deferencia de comenzar su cumpleaños conmigo, le quería hacer un lindo regalo.

Como no, se lo comenté a mi tía Nancy, y le pedí su consejo para el regalo.

Llegó el viernes y no sabía qué ponerme, había quedado en pasarme a buscar a las nueve de la noche, y la reserva era en un restaurante de City Bell.

Ese día no pude evitar el contarle a mamá que salía con un chico, y me ametralló a preguntas, la primera de ellas fue si era mi novio, y le tuve que reconocer, que aunque aún no, no descartaba esa posibilidad.

Luego le conté dónde lo había conocido, y los encuentros que habíamos tenido.

Su última pregunta fue si lo podía conocer cuando me viniera a buscar, pero le dije que todavía no, qué esperara un poco.

Me decidí finalmente por un vestido de verano hasta las rodillas, con dos tirantes en los hombros, nada revelador, pero me gustaba cómo me quedaba. A juego una sandalias blancas de taco medio, y una cartera blanca.

Me maquillé, cosa que pocas veces hacía, me recogí el pelo, dejando dos mechones a los lados de la cara, y me puse unos aros grandes en forma de argolla. Me miré al espejo y me vi bien.

A las nueve en punto me envió un mensaje diciéndome que estaba en la puerta de casa, me despedí de mamá y salí, sabiendo que mamá estaría mirando por la ventana.

Caminando hacia su auto, del que se había bajado para abrirme la puerta, nos saludamos con un beso y me dijo:

-Permítame decirle señorita, que está usted hermosa esta noche!

-Gracias caballero! Está usted también muy mono!

Cristian tenía un pantalón azul, una camisa blanca arremangada, y zapatillas blancas, para que mentir, estaba para comérselo, y su perfume quedó en mis fosas nasales.

El restaurante era un lugar muy lindo, y la cena estuvo estupenda, para las once de la noche habíamos terminado de cenar, Cristian pagó la cuenta, no permitiéndome poner un centavo, y cuando salimos del restaurante, me propuso ir a tomar algo a algún bar, y acepté, al menos para estar con él hasta después de las doce, ya siendo su cumpleaños, y poder darle mi regalo, un libro con la historia de los Guns n' Roses, la banda que había permitido que nos conociéramos.

Volvimos a La Plata y entramos en una de las cervecerías más concurridas de la noche platense en el diagonal 74.

Pidió cerveza para los dos, y nos sentamos en una mesa.

Cada momento que pasaba junto a él, me enamoraba más, y si por mí hubiera sido, si esa noche me propusiera algo más, le hubiera dicho que sí.

Faltaban minutos para las doce, y levantándome de la mesa fui a la barra a pedir dos nuevas cervezas, cuando volví a la mesa, miré mi reloj y faltaba un minuto para su cumpleaños.

Me quedé mirando mi teléfono y en el momento que dieron las doce, levanté el vaso y le dije:

-Feliz cumpleaños Cris! Que todos tus deseos se hagan realidad!

-Muchas gracias!

Chocamos los vasos, dimos un trago, y poniéndome de pie me acerqué a él y le di un sonoro beso en su mejilla.

Luego saqué su regalo de la cartera y se lo di, lo abrió, me dijo que le encantaba, y me preguntó si tenía una lapicera, le dije que no, y yendo hasta la barra pidió una prestada, volvió y me dijo:

-Me encantaría que me lo dediques!

Me tomó por sorpresa y no sabía que escribirle, pero finalmente lo abrí y en la primer hoja le puse, "Feliz cumpleaños Cristian, me encantó conocerte" y abajo puse, "Viole" y la fecha. 10/12/2016

Miró la dedicatoria, me miró a los ojos, y me dijo:

-A mí me encanta conocerte más en cada encuentro!

Creí que diría algo más, en verdad me lo esperaba, no dijo más nada, pero su forma de mirarme a los ojos me bastó.

Casi a las tres de la mañana me dejó en casa, y deseándole que tuviera un excelente día de cumpleaños, nos despedimos con un casto beso en las mejillas, que duró unos segundos más de lo acostumbrado.

Entré a casa y estaba todo a oscuras y en silencio, fui a mi habitación, me saqué la ropa y el maquillaje y me acosté pensando en ese chico, me había enamorado de él como nunca antes.

*

Tengo dos amigas de toda la vida, Clara y Evangelina, para mí, Clari y Eva, hicimos juntas la primaria y la secundaria, y a pesar de que las tres hacemos carreras diferentes, Clara el profesorado de historia, y Evangelina estudia abogacía, estamos todo el tiempo en contacto, claramente tenemos un grupo, que yo armé y se llama “Las insufribles”, así nos decía papá, por el alboroto que hacíamos en casa cada vez que nos juntábamos.

Teníamos horarios dispares, Evangelina además de estudiar también trabajaba, y quedamos en que al menos una vez por mes, un viernes, nos encontraríamos a cenar o a tomar una cerveza.

Y acordamos juntarnos ese viernes 16 de diciembre, antes de las ajetreadas fechas de las fiestas de fin de año.

Fuimos a comer unas hamburguesas, y luego nos fuimos a un bar a tomar a unas cervezas.

Cristian me había dicho de cenar ese viernes, pero como ya se lo había contado, entendió que me juntara con mis amigas.

Llegamos temprano a ese bar, pero poco a poco se fue llenando de gente, y a eso de las doce de la noche lo vi entrar con un par de amigos.

Era Matías, mi ex novio, con el que había estado casi dos años, y con el que había terminado hacia como ocho meses, luego de enterarme casi por casualidad, que se acostaba con una de sus compañeras de estudio desde hacía varios meses.

Él estudiaba arquitectura, y hacía trabajos con varias compañeras y compañeros, que yo fui conociendo.

Una tarde lo fui a buscar a la facultad, pero llegué antes de que terminara su clase, y le mandé un mensaje diciéndole que lo esperaba en el buffet.

Dio la casualidad que me senté detrás de dos chicas, que luego me di cuenta que eran sus compañeras, y las escuché que una de ellas le comentaba a la otra qué Paola, otra de las compañeras, hacía un par de meses que venía cogiendo con mi Matías.

Las dos chicas salieron sin verme y casi media hora después lo vi a Matías entrar al buffet.

Quiso saludarme con un beso en la boca como siempre, pero corrí la cara y le dije que se sentara.

Supongo que debe haber visto mi cara de mala leche, y me preguntó que me pasaba. Lo único que le pregunté, fue cuánto hacía que se cogía a Paola, y supe que era verdad por la cara que puso y porque no supo que contestarme.

Intentó poner alguna excusa, pero le dije que se fuera a la mierda, él y Paola, me levanté y me fui de allí, diciéndole que lo nuestro se había terminado porque era un hijo de puta.

Quiso venir tras de mí y decirme no sé qué mierda, pero me di vuelta y a los gritos lo mandé a la concha de su madre, ante la mirada de un montón de gente.

Casi dos meses después, una tarde en el centro, los vi venir caminando de frente, muy de la manito los dos, Matías me miró a la distancia, creo que no sabía dónde meterse y bajó la vista, pero Paola me miró con cara de forra, con esa sonrisita sobradora como diciendo “ahora está conmigo”, pero de eso habían pasado ya unos meses.

Conversábamos y tomábamos cerveza con las chicas, Clara cómo era su costumbre, a la media hora ya estaba hablando con un chico, y Evangelina me dijo que se iría temprano, porque al día siguiente se iba a Tapalqué a visitar a su familia.

Pensé en irme yo también, pero le dije a Eva que me quedaba un rato más.

Fui hasta el baño, y a propósito pasé delante de la mesa donde estaba Matías con sus amigos, y cuando me miró le sonreí, luego del baño, volví a mi mesa.

No pasaron ni cinco minutos, cuando fue él quien se acercó a saludarme. Hablamos tres boludeces, y haciéndome la borracha, se me acercó con esa sonrisita que ya conocía y me dio un beso en la boca, que no rechacé, y a ese le siguió otro.

Ya embalado, me dijo si no quería que nos fuéramos del bar, y pensando en vengarme de él y de Paola, le dije que hacía tiempo que no estaba con un hombre, pisó el palito, y me dijo que nos fuéramos a su departamento.

Quizás fue una decisión irracional, sin pensarla demasiado, sin dudas envalentonada por lo que había tomado y por un deseo de revancha, pero me llevó a su casa, y entre besos nos fuimos desnudando y en su cama, en la que seguramente cogería con Paola, echamos un polvo.

Él estaba más borracho que yo, tanto que le costó ponerse el forro, y luego de ese polvo pedorro, en el que ni siquiera llegué al orgasmo, se quedó dormido.

Tomé su celular, hice una selfie de los dos en su cama, se la envié a Paola y apagué el teléfono, por si Paola llamaba o escribía, para que Matías no se despertara hasta que yo me fuera de allí.

Que se jodan los dos, pensé.

Habiéndome vengado, me vestí y me fui de su departamento sin que Matías se enterara.

Me fui a casa en un taxi, y aunque me vengué de ellos me sentí para la mierda, me dejé llevar como una boluda por ese arranque de resentimiento, cuando en mi vida ya había otro hombre del que me había enamorado.

Y sí, me arrepentí de ese estúpido sentimiento de venganza.

Continuará…