Xtories

El cornudo y el viejo vecino facha

Fran creía conocer a su esposa, hasta que la vio tras el cristal opaco de la ducha. Lo que encontró no fue traición, sino una puerta abierta a un placer prohibido que él nunca se atrevió a imaginar. Ahora, el doctor Cosme tiene la llave para abrir esa puerta, y Fran está listo para cruzarla.

Domadordepalabras28K vistas8.5· 26 votos

Cinta número uno:

He de reconocer, que este caso me fascina sobremanera… Jamás había dado con un individuo con un potencial como Gabriel.

Este concretamente, es un caso que, aunque no es aislado, está volviéndose bastante común con el devenir de las nuevas generaciones.

Se está perdiendo el sentimiento posesivo, arcaico y privativo, del modelo de matrimonio católico y cristiano…

La paulatina pérdida de este tipo de valores, está convirtiendo a la sociedad, en una sociedad más conciliadora, los roles se reparten, y el hecho de que el sentimiento de posesión comience a desaparecer, conlleva una nueva serie de dinámicas, como por ejemplo, la posesión en el matrimonio… El hecho de no considerar a tu pareja como una posesión a la que tengas que subyugar, y que te tenga que guardar una fidelidad rancia y obsoleta, hace que este tipo de relaciones comiencen a abrirse, y afloren una serie de nuevas realidades y sentimientos…

Pues bien, Gabriel es una clara muestra de esta nueva dinámica que estamos viviendo…

En la cinta número uno, Gabi llegaba bastante nervioso, alterado, y muy poco receptivo, a la hora de abrirse a un perfecto desconocido…

Poco a poco fui ganándome su confianza, de manera que ha ido soltándose lentamente y abriéndose a mí de la forma prevista y esperada.

A continuación, doy paso al Play:

Cinta número 1:

-Bien Gabriel… Me gustaría saber cuál ha sido el hecho desencadenante, que ha disparado toda esta vorágine de sentimientos que te abordan.-

-Verá don Cosme…

La semana pasada, Toñi, me pidió por favor que fuera a bajar la basura, ella estaba con un salto de cama que se transparentaba todo, en ese instante no me apetecía bajar la basura, de manera que le dije que por favor que bajase ella, un poco contrariada, por qué no decirlo refunfuñando, se metió dentro del dormitorio y cogió la primera camiseta que encontró, lo cual conlleva que se puso un pantalón que tiene de pijama muy fino, algo gastado, y una camiseta de hilo fino oscura y verde sin sujetador.

Al principio, no le di la mayor importancia…

Pero luego, algo llamó mi atención, llamémoslo una especie de sentimiento de remordimientos…

Veía que tardaba varios minutos en subir y aquello me extrañó. Porque generalmente en tirar la basura se suele tardar un minuto como mucho.

De repente, una sensación recorrió mi espalda, raudo, me calcé las chanclas y me dirigía a la puerta, con la intención de bajar para ver por qué se demoraba.

Abrí la puerta lentamente, y al salir, comencé a escuchar voces, eran voces en voz baja, un tono bastante, inquieto, se notaba que era ella, de repente, asome la cabeza por el hueco de la escalera, y vi su cuerpo agitarse un poco como si intentarse separarse de algo o alguien.

Finalmente, vi que volvía a dirigirse hacia las escaleras y subió.

Lentamente, cerré la puerta para que no pensara que la había estado espiando.

Cuando regresó, la sentí bastante agitada, su respiración era bastante acelerada, y se notaba alterada.

-¿Qué te ha pasado Toñi?

Te veo bastante alterada.-

-N… Nada… sigue viendo la tele.-

En ese momento, mi mujer se fue al baño, y yo me levanté para volver a cuestionarla.

Lo que me encontré, me dejó bastante extrañado.

Verá, Toñi es una mujer muy recatada, muy leal, es la típica esposa, de bien, católica y muy protectora de sus hijos.

Ella tiene un hijo de 25 años. Se llama Dani, y para ella es lo más sagrado…

Siempre lo ha puesto a él por delante de cualquier otra circunstancia. Y a mí, tanto por activa, como por pasiva, siempre me ha dejado claro que me supeditaría a su propio hijo.

Cosa que por otro lado, tampoco me extraña ni me pilla de sorpresa. Porque la conozco bien y sé que es lo que en argot Animal sería una mamá Loba.

Llamé lentamente y despacito, porque no quería molestar, pero escuchaba el grifo de la ducha y me ha adentre sin hacer ruido.

La ducha, tiene los cristales, algo opacos, lo que significa que desde dentro no se ve absolutamente nada, pero al caer el agua sobre el cristal, yo puedo ver la silueta de lo que está haciendo. Y allí estaba Toñi, con el agua de la ducha, enganchado al soporte de la pared y ella con el gel de baño, enjabonándose todo el cuerpo. Pero su forma de enjabonarse, me estaba dejando un poco sorprendido, porque esa forma de acariciar su piel no era la forma en la que estoy acostumbrado a verla lavarse.

Ella acariciaba sus pechos, enjabonados, los apretaba, más bien los estrujaba. De repente, vi como se pellizcaba sus pequeños pezones. Su mano izquierda comenzó a recorrer sus caderas, hasta bajar por sus ingles y llegar a su parte Pudenta.

Su mano comenzó a perderse entre sus piernas y comenzó a flexionarse levemente. Escuchaba tras la mampara, pequeños gemidos ahogados, como si no quisiese delatar lo que estaba aconteciendo dentro. Su mano derecha llegó a la alcachofa de la ducha y la manipuló de manera que el agua salió en modo presión.

Y con la presión del agua de la ducha (que, podemos presumir que es bastante fuerte), comenzó a masturbarse, apuntando con el fuerte chorro en su clítoris.

Verla allí, contra la pared, con las piernas abiertas y la presión del agua de la ducha, golpeando continuamente en su coño, me puso tan cerdo que comencé a acariciar mi polla de manera frenética.

1000 sensaciones, recorrían todo mi ser, desde mis mofletes, que sentí completamente colorados por la vergüenza y la excitación hasta llegar a mi bajo vientre y terminar en mi verga que se había puesto durísima.

La parte de mi mujer que estaba descubriendo, era completamente desconocida. Aquella persona que se estaba masturbando de la manera más vil y más guarra posible, no era mi esposa, no era la recatada y abnegada, esposa y madre trabajadora que me tenía acostumbrado.

Aquella era una guarra y una furcia que utilizaba cualquier elemento para proporcionarse placer, asimismo. Y lejos de asquearme, lejos de sentir algún tipo de repulsión, comencé a imaginarme la escena escaleras abajo.

Verás, justo en la planta de abajo y en la posición, por donde mi esposa estaba interactuando, vive un viejo vecino nuestro que conocemos desde hace bastante tiempo. Se llama Ramón, y es un viejo ex militar, con muchísima mala leche, y un genio terrible. Yo he tenido ya Algún que otro altercado con él y nos llevamos bastante mal. Pero él, lejos de sentir cualquier tipo de animadversión hacia mí.

Me ignora por completo, es más, creo que para él soy como una mosca en un cristal, algo insignificante…

Hasta tal extremo que, cuando bajo por las escaleras, con mi mujer, es individuo, hace como si ni siquiera existiera y se fija solamente en Toñi. Más de una vez se le ha escapado alguna mirada curiosa, alguna palabra bonita cargada con doble intención hacia ella, y esa cantidad de elementos, me han dado a entender que a ese hombre, le excita mi pareja.

De manera que, mientras la veía masturbarse, frenéticamente, de la forma más guarra y soez posible, me imaginaba la situación en aquel rellano, con ese viejo verde asqueroso y SIBO, saludando a mi esposa, y agarrandola del brazo, tirando de ella para introducirla dentro de su casa. Y ella, tirando de su brazo hacia atrás…

Probablemente jamás sabré lo que ocurrió en ese instante, pero conociendo a las dos personas, muy posiblemente, el viejo intentaría cualquier tipo de avance con ella, y ella consiguió repelerlo apartándose de él.

Pero en lugar de sentir asco, al verla masturbarse con la alcachofa de la ducha, comencé a sospechar, que de alguna manera, a ella le había puesto muy cachonda esa situación.

Y por eso mismo se encontraba allí, ahora mismo, contra la pared de aquella ducha, con el agua a presión de esa alcachofa, golpeándole frenéticamente en el coño y haciéndola gemir de una manera que a mí me había vuelto completamente loco.

Finalmente, sentí que soltaba un gemido más intenso, una especie de berreo ahogado, un sonido gutural que jamás había escuchado de su garganta, y finalmente se dejó caer de rodillas en la ducha, el agua de aquella alcachofa caía sobre su piel, humedeciéndola aún más, y yo me había quedado allí, paralizado, horrorizado y a la vez admirado de lo que acababa de presenciar. Y lejos de ofenderme, me sentí el hombre más afortunado del mundo, porque algo, en ese instante, en mí despertó.

Desde aquel día, no hago más que imaginarme que mi pareja, baja las escaleras, y ese viejo asqueroso, la agarra del pelo y la obliga a entrar por la fuerza dentro de su piso.-

-Entiendo Fran, aunque no lo creas, es una sensación más extendida de lo que piensas, y por más extraño que te parezca, no has de sentirte como un bicho raro, o como alguien enfermo… Últimamente, el estereotipo del modelo patriarcal de la pareja, ha cambiado, ha evolucionado ostensiblemente. Unos, dirán que a peor, y otros dirán a mejor… Eso, ni siquiera la historia lo podrá determinar.

Y finalmente ocurrirá lo que pasa siempre. Lo que ha ocurrido toda la vida, cada uno tiene sus propios gustos sexuales y nadie debería de meterse en los gustos de los demás mientras no hagan daño a nadie.-

-Entonces doctor, no cree usted que esté enfermo por excitarme al pensar que otro individuo se folla a mi propia esposa?-

-no lo creo Fran, ese tipo de gustos sexuales son tan válidos como cualquier otro, son la antítesis de la posesión, el hecho de querer que otro regale placer a tu esposa, no es ni mejor ni peor, simplemente es diferente. No sé la confianza que tienes con ella, no sé si conseguirías en algún momento hacerle ver tus gustos, pero lo que sí sé es que ni estás enfermo ni estás roto ni hay nada extraño por ahí en tu mente, simplemente tienes ese tipo de gustos sexuales…-

Lógicamente, intentaba minimizar la situación, intentaba ocultarle que, en la actualidad, en una sociedad, muy patriarcal aún, muy anclada aún en el pasado, a una persona así, aún podrían denominarla como cornudo consentido, como un cabrón, como un enfermo…

Y no tendría porque serlo.

Pero lo que se veía claro, es que ese caso, ese hombre, me parecía un claro ejemplo de la evolución de la sexualidad en la actualidad.

-Mira Fran, te propongo que nos veamos periódicamente. Creo que te haría bien hablar conmigo, y que con mi consejo, comprendas, que no es nada raro, ni nada malo…

Si quieres, aunque no te prometo nada, te podría dar algún consejo para hacer ver a tu mujer que eso es una variante sexual tan lícita y normal como cualquier otra…-

-Lo veo buena idea doctor. Creo que estaría bien el consejo de una persona que entienda y que me pueda ayudar y guiar…

Entonces…

¿Usted cree que algún día mi mujer podría llegar a entender lo que siento?-

-Si sabes guardar los tiempos, si consigues que ella confíe y entienda, si consigues llevarla a tu terreno, lo veo posible y factible…-

-¿Cree usted, doctor, que algún día yo podría conseguir que mi mujer follase con otros hombres?-

De repente, vi en su mirada que se estaba dejando llevar por la lujuria y la pasión. La mirada de Fran había cambiado a una expresión completamente ida por la excitación.

Y ahí supe que tenía que saber más sobre aquel hombre y sobre aquella esposa abnegada, católica…

Y ahí, en ese instante, con esa expresión, despertó algo en mí… Algo que ni siquiera yo mismo, analizándome, llegué a comprender… Pero uno de los ingredientes fue, el despertar de una vena Voyeur…

Una necesidad de adentrarse en sus vidas, como si de un espectador de televisión se tratase, como si estuviese fuera del televisor de un Gran Hermano creado exprofeso para mí…

Y lo tenía ante mí. Solo para mí. Fran y Toñi, su vecino Ramón y su hijo Daniel… Los habitantes de aquella casa de el Gran Hermano, creado solo para mí. Solo para satisfacer mi vena Voyeur…

-Nos vemos el martes a las 5:00 de la tarde-

-Don Cosme, el martes a las 5:00 de la tarde me va a ser complicado…-

-Nos vemos el martes a las 5:00 de la tarde-

Dije con una voz autoritaria, y Fran, observándome detenidamente, asintió…

En ese instante, no medí la dimensión de aquello en lo que me estaba metiendo…

Y la mera satisfacción de mi lado Voyeur, era el menor de los líos en los que me metería.