Matteo y la parejita de última hora
Matteo creía estar solo en su rincón secreto, pero la llegada de una pareja joven cambiaría sus planes. No se trata de una invasión, sino de un juego de miradas donde el deseo se comparte sin palabras, bajo la mirada ardiente de quien decide no apartar la vista.
Continuó contando historias de Matteo, mi alter ego. Se aceptan críticas constructivas y comentarios.
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Matteo había llegado temprano a su cala favorita. El sol aún estaba alto cuando extendió su toalla sobre la roca cálida, desnudo, con la piel salpicada de salitre y la mirada en el horizonte. Le gustaba esa sensación de libertad total, su pene bamboleando al pasear por la orilla, presumiendo de nalgas ante parejitas y mirones.
Era una cala escondida, poco transitada y naturista. Por eso, al ver aparecer a una pareja tan joven por el sendero lateral, sintió una punzada de molestia. Pero al observarlos con más atención, esa incomodidad se transformó en una especie de morbo.
Él debía rondar los veinticinco: delgado, fibrado, con el cuerpo totalmente depilado, algunos tatuajes cutres y un corte de pelo rapado que lo delataba. Cani. Andaba con chulería. Bajaba caminando completamente desnudo, dejando ver una polla considerable en estado de relajación.
Ella era una chica exótica: morena, piel canela, pelo negro hasta media espalda. Colombiana quizás. Pequeña, pero con un culo redondo que parecía desafiar la gravedad. Las tetas eran pequeñas, redondas, perfectas para el gusto de Mateo. Caminaba descalza, sin prisa, con un bikini tejido tipo crochet. Matteo fijo la mirada en ella instantáneamente.
Se instalaron a unos metros. Lo bastante lejos como para que no molestaran, pero lo bastante cerca como para verlos sin necesidad de fingir. El preparo sus cosas para tomar el sol mientras ella se deshacía del bikini para mostrar al mundo un coñito espectacular. Sus labios eran muy morenos y se había dejado un triángulo de vello púbico justo encima del botón mágico.
Pasaron los minutos. Matteo tomaba el sol boca abajo en su toalla mientras miraba de reojo. A las ocho en punto, como siempre, la cala empezó a vaciarse. Un par de parejas recogieron sus cosas. Una mujer mayor se puso el pareo. Y uno tras otro, fueron desapareciendo.
La pareja joven se quedó. Fue ahí cuando empezó el juego.
Matteo no se movió de su sitio. Fingía seguir tumbado, con los ojos cerrados, pero estaba atento.
Ella estaba sentada sobre su novio, dándole la espalda y él hacía como que le ponía crema en la espalda. Matteo se incorporó, despacio, se escondió tras una roca baja. Observaba. Respiraba cada vez más despacio.
Ella acaricia su miembro situado justo entre sus piernas a escasos centímetros de su sexo. Un miembro impresionante, depilado, palpitaba mientras ella lo acariciaba con las dos manos. Se centraba en acariciar su cabeza apretándola dentro de su puño. Mateo sabía cuánto de satisfactorio era eso.
Luego se inclinó, lo besó, lo lamió de abajo arriba, hasta metérselo en la boca con una entrega que quemaba a distancia.
Su coño ahora estaba justo encima de la cara de su novio y él no perdió oportunidad de devorarlo. La penetraba con la lengua recta, rígida mientras ella se deshacía por meter toda esa carne hasta el final de su garganta.
Matteo sintió cómo se le endurecía la polla. Su glande se asomaba por la piel tensa del prepucio, brillante, pesado, deseando atención. No se tocaba todavía, solo observaba y disfrutaba del olor de su precum. Tomó una gota con el dedo y se lo metió directamente a la boca sin pensar.
Ella paró y montó sobre él, despacio. Le agarró esa polla enorme con la mano y la dirigió directa a su agujero. Se lo metió entero con un gemido contenido. Dejando caer su peso sobre el. El novio solo miraba al cielo tumbado boca arriba mientras disfrutaba la cabalgada.
Empezaron a follar allí mismo, bajo el cielo naranja, creyéndose completamente solos. Las caderas de ella se movían con ritmo, con hambre. El chico la sujetaba fuerte del culo, le hablaba sucio. Primero una cachetada, luego otra… Esas nalgas se enrojecían y bamboleaban sin rumbo. Matteo no pudo más y empezó a tocarse.
La morena se inclinó hacia atrás, dejando su coño en primer plano, mientras él la tomaba por detrás. Embestidas profundas, gemidos ahogados. Fue en ese momento cuando Matteo dio un paso más.
Se levantó apenas, sin esconderse del todo. Ella, con la cara vuelta hacia el mar, lo vio. Se detuvo solo un segundo… y luego sonrió. Una mirada larga, ardiente, directa. No dijo nada. No paró. Siguió cabalgando semejante portento mientras permitía a Matteo disfrutar de la escena.
Matteo se acariciaba ahora sin piedad. Su polla palpitaba con fuerza, dura como el mármol, mientras veía cómo esa mujer lo sostenía en la mirada mientras era follada sin descanso. Matteo estaba totalmente excitado y golpeaba muy fuerte su polla.
Ella cabalgaba con furia. El chico gruñía, a punto de correrse. Matteo también. Se dejó llevar. Sintió su cuerpo tensarse y, sin control, lo soltó todo. Cuatro chorros largos, potentes, salpicaron la roca y su propio abdomen. Jadeó. Se aferró a la piedra, conteniendo un gemido.
Cuando abrió los ojos, ella aún lo miraba. Ella había bajado el ritmo lo que le hizo pensar que el chico también se había corrido.
No quedaron dudas. Ella levantó las caderas y dejando salir al portento. Gran cantidad de semen escurría de su coño buscando una salida y manchando la polla del empotrador cani que empezaba a volver a su estado natural.
Y Matteo, con el pulso desbocado y el sexo aún latiendo, dio un paso atrás y desapareció entre las rocas, como si nunca hubiera estado allí.
Estuvo en la playa hasta que la pareja desapareció por el sendero de vuelta al coche. Se dio un baño desnudo recordando la cantidad de semen que había salido del coño de la morena cuando dejó de cabalgar. Era una imagen realmente excitante.
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