Xtories

Cuando una necesita relajarse

La oficina se vacía, pero la tensión no baja. Cuando el jefe deja de mirar y empieza a tocar, el riesgo de ser descubierta se mezcla con el deseo de liberar años de represión. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar para sentirse realmente relajada?

Paty Marina8.6K vistas9.2· 5 votos

Cuando llevas mucha tensión, no hay nada mejor que poder relajarse mirando las estrellas en una noche de cielo despejado, mucho mejor cuando ese relajo viene después de una jornada dura de trabajo y sexo.

Ya el día estaba siendo arduo y tenso debido a la alta cantidad de trabajo, debido a que prácticamente más de la mitad de las personas que trabajábamos en la sección no habían ido, solo habíamos llegado mis 3 compañeras, dos directivos y 3 técnicos del área; la lluvia de ese día había espantado al resto, éramos cerca de 25, así que imaginen la cargo y vacío que estaba eso.

Creo que es ese ambiente el que en definitiva ayudó a que uno de los directivos, Roberto, estuviese algo más juguetón con sus palabras y actos; yo venía de 5 días en que mi esposo no estaba debido a que tubo que trabajar fuera de la región, pero llegaba esa tarde, así que estaba ansiosa por verle.

Una de las veces que debí entrar donde Roberto por una firma, se cae el lápiz con el cual iba a firmar y me agacho a recogerlo, ocasión donde Roberto, luego de varias bromas similares dice.

- Uf, la goma –

- No, fue el lápiz – dije yo mirándole hacia arriba.

- Ah, claro es que me confundí al mirar – señaló mirando sobre mi blusa algo desabotonada y que dejaba entrever un poco el sostén blanco que llevaba ese día.

Me sentí avergonzada, tomé el lápiz y salí rápido diciendo.

- Allí esta su lápiz, por favor deje ese tipo de cosas, ya va casi toda la mañana igual, creo que ud por ser casado y como directivo de acá debería ser de otra forma, permiso – y me fui, logrando escuchar antes de cerrar la puerta que decía.

- De todas formas, todo bello de blanco – era lo que había dicho. Dejándome con una enorme duda, y es que si bien sabía me había visto el sostén, no sé si también había visto mis calzones cuando estuve las otras veces sentada en su oficina, ya que también mi calzón era de ese color.

Pasaron unos minutos y con el enojo que tenía me devolvía a la oficina, para darle a entender mi disgusto y comentarle que lo acusaría al día siguiente con los otros directivos; al entrar sin avisar y de golpe, lo encontré con sus manos bajo la mesa del escritorio.

- Por favor, don Roberto, basta de sus cosas raras, me gustaría que no diga más esos comentarios, de lo contrario le acusaré, ud me cae muy bien y no deseo perjudicarlo ¿ok? – le dije extendiéndole la mano como señal de pacto entre los dos.

- La entiendo Patricia, estoy de acuerdo dejémoslo allí – dijo sin darme su mano.

- Ya pues, como un caballero – le repliqué pidiéndole la mano nuevamente. Ante lo cual se acomodo un poco en si silla y me da su mano riendo.

Nos dimos la mano y noté que esta estaba calientita y con unos cuantos dedos mojados, no todos, pero se notaban, traté de empinarme y ver bajo su escritorio.

- Don Roberto, qué… qué está haciendo – le dije, soltándole la mano y haciendo lo que por instinto me salió, pero que no debí haber hecho; y es haber llevado mi mano a la nariz.

- Huele bien – me dijo risueño.

- Por favor basta, acabamos de hablar y me sale con eso –

- Pero es una pregunta sencilla, y puede que hasta la última… ¿si? – insistió.

- Ya que le ha dado con esto todo el día sabe qué; huele a pico, parece que se la jala seguido – le dije con rabia, y creo que con algo de calentura.

Se levantó de la silla, y el muy sinvergüenza, lo hizo con el cierre abajo y el pantalón abierto, tal como cuando lo estaba haciendo.

- Dígame si se refiere a este pico, así huele su mano – me dijo señalando su miembro algo duro, pero no del todo.

No podía creer que estuviera allí mirándolo sin decir nada y sin ganas de salir de la oficina, me acerqué y sin quitarle la vista de sus ojos me agaché.

- Mmm, sí, a este mismo huele mi mano – le dije, mientras lo tomaba con la mano derecha y lo movía para distintos lados para poder olfatearlo.

- Y no solo huele rico, sabe igual – dijo riendo

Solo lo tomé derecho y lo metí en mi boca, de inmediato hasta el fondo, llevaba días que quería hacerlo, pero no precisamente con Roberto, pero parece que mis ganas ya no daban más, eran mucho 5 días, sin nada; así que lo chupé como una desquiciada, con la otra mano, acariciaba sus bolas, creo que pude tener ese pene gordo unos 10 a 15 minutos sin siquiera sacarlo un poco de mi boca, solo bajaba la intensidad del juego de mi lengua cuando sentía que se endurecía mucho o daba algunos pálpitos dentro de mi boquita.

- Ufff Patita, me tienes recaliente, quiero puro darte – me dijo con un tono de deseo exquisito, tanto que solo abrí los ojos, miré hacia arriba, lo saqué suavemente de mi boca y le dije… -OK-

Mientras me subía la falda, él me tomaba las caderas y me volteaba, y se hacía hacia atrás para apoyarse en su escritorio, no me dí ni cuenta como salió mi calzón de mis piernas, pero en poco tiempo estaba de espaldas a él y con las piernas abiertas, con su pene buscando entrar en mi; con mis dedos tome su cabecita mojada y ayudé a que pudiera entrar, momento en que me tiró hacia atrás, dejando todo ese pico dentro de mi conchita.

- Muévete y dóblate hacía a delante – me dijo mientras empujaba de mi espalda para que me doblará más; lo hice tanto y fue tan delicioso que termine casi en ángulo recto.

- Uuuuf, así mejor, listo para el cambio de hoyito – me dijo intentando sacar su pene para ponerlo en mi trasero.

- No, sigue allí no más – le dije agarrando sus bolas por entre nuestras piernas para que no la sacara.

Pasaron pocos minutos y Roberto se vino dentro de mi con tal fuerza que el escritorio se movió hacia atrás, su semen caía dentro y fuera de mi concha, estaba toda chorreada.

- Parece que venía cargado – le dije mientras pasaba mis manos por mis nalgas sacando algo del moco que dejó en ellas.

- La verdad que sí, me la jugué hoy y resultó, muy rica la culeada que nos mandamos, me encantó Paty, eres muy rica – dijo mientras se subía sus pantalones.

- Ah, pero no voy a salir ahora, claro ud me moquea y listo… Paty, gracias, ándate; no está equivocado, tiene algo por hacer – y me subí a su escritorio con las piernas abiertas y tirada hacia atrás.

- Pero tu… - dijo mirando como asustado mis piernas.

- Si pues, yo también quiero terminar. Le tomé su mano, poniéndola en mi clítoris, y hasta yo se la moví para que lo hiciera; cuando acercó su cabeza, solo la tome y lo empuje contra mi concha para que la lamiera.

Entre su legua y el movimiento que hacia con sus dedos, no sé como ni cuando, uno de sus dedos fue a dar dentro de mi trasero, pero no era tema ya, solo quería poder terminar y sacarme las ganas que tenía hace un tiempo; y así fue efectivamente, uno de mis movimientos, mientras su lengua estaba profundamente moviéndose en mi conchita, me hizo explotar.

- Si, si siiii, uuuy que – fue lo único que podía decir mientras mordía mis labios y rempujaba su cabeza más y más adentro, sabiendo que parte de mis jugos podían estar sobre su rostro… la verdad eso me ponía más caliente.

Quedé tendida en ese escritorio, por unos segundos, como si el mundo no existiera, me sentía desahogada y en paz; de repente volví en mi y recordé que era un escritorio, la oficina, mi trabajo, don Roberto, quien terminaba por ordenarse ya la ropa. Me enderecé, me acomodé la falda, la blusa, el pelo y me pare muy derechita.

- Don Roberto, muchas gracias, espero quedé entre nosotros – le dije mientras me despedía con un suave beso en los labios e intentando guardar mis calzones entre unas hojas y carpetas que pretendía sacar de allí para disimular el enorme tiempo que había estado allí dentro.

- Así será, pero esto… esto se queda conmigo – dijo mientras me quitaba el calzón de las manos y lo ponía en su nariz – esta pasado a pico… al mío - me dijo mientras me iba.

Cuando llegue a casa, mi marido había salido de compras cerca, me cambié rápido de ropa para que no notase que estaba sin calzones, y me vino todo ese remordimiento que a veces nos queda, me serví un poco de jugo en un vaso y me fui al balcón a pensar en lo que había hecho, la culpa por mi marido; pero a ratos sentía tranquilidad y paz.

Cuando llegó mi esposo se acercó a mi me besó el cuello y de inmediato tomó mis pechos e intentaba subir mi enagua.

- Para, estamos en el balcón – le dije, mientras sujetaba su pene con mi mano. La verdad tener sexo con mi esposo me encanta, así que igual quería hacerlo, además tenía claro que él venía muy acumulado (eso creo).

- Y qué, estamos en un sexto piso así que, nadie mira para acá – me dijo afirmándome al barandal y son la enagua como si no existiera, pues la subió por sobre mi cintura, y de tanto tocar mis pechos, desde arriba se había bajado toda.

Sentí como se mojó la mano y se la pasó por el pene, tomándolo para apuntar a mi trasero.

- No Roberto – le dije, sin darme cuenta de ello.

- Qué… ah, ok, weno seré Roberto - me dijo, creyendo que era un juego de rol mientras me perforaba el trasero, tan fuerte y duro como le fuera posible, a tal punto que mi calentura era de otro mundo, tenía en mi cabeza las imágenes de la tarde y ahora a mi esposo empujando dentro de mi trasero salvajemente delicioso, de esto comencé a quejarme por placer, no sé si suave o fuerte, pero pude notar que algunas personas de edificios cercanos, incluso en la calle, miraban hacia nuestro balcón.

- Salé, sale, están mirándonos – dije tratando se salir del balcón.

- No, dale filo – me dijo mi esposo, empujando su pene más y más adentro.

Me separó más las piernas, como exhibiéndolas y tomó mis tetas con fuerza, parecía me mostraba o mostraba como gozábamos en ese balcón, lo terrible, fue cuando ya acabábamos, pues yo estaba con toda una calentura física y mental, a tal nivel que si…

Fue un orgasmo enorme, sentía como una pequeña lluvia caería sobre quienes miraban debajo de nuestro edificio, y como la tibieza de un acumulado semen bajaba y bajaba lentamente por mi trasero y piernas, era otro mundo de nuevo, sentía el cansancio de mis piernas, mi respiración y como sudaba mi marido.

Me dí vuelta, sin vestirme, sin limpiarme y lo besé, no sé si por culpa aun o por pasión de lo vivido; lo único que sé es que esa noche dormí sensacional y profundamente, más relajada que nunca, y mi esposo aun cree que él fue el que motivo todo ese relajo.