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La hija de Don Falcone - Cap 3

Despierta atada y con el cuerpo destrozado, Kenzie solo tiene una opción: obedecer. Cada latigazo y cada palabra de humillación la acercan más a su destino como la esclava de Maine. ¿Podrá resistir el dolor o su mente ya está rota?

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Capítulo 3

Kenzie Falcone, había permanecido despierta en esa incómoda posición por al menos veinticuatro horas, lo sabía porque sus captores habían puesto una cuenta atrás en un reloj digital, que finalmente había llegado a cero.

Tenía los ojos rojos y ardiendo, no sentía el paladar, y le dolían las piernas y la espalda, sin mencionar el terrible dolor en su culo y pezones, la boca se le había secado y todo el cuerpo temblaba.

Las descargas eran verdaderamente dolorosas, pero ya no podía soportar tener los ojos abiertos por más tiempo, los cerró y la descarga fue nuevamente brutal, el dolor que estaba sintiendo en ese momento era superior a cualquier otra cosa que hubiese sentido antes.

Artículo cuatro. La vida de la perra blanca es propiedad del amo negro, y el amo negro podrá disponer de ella cuando quiera.

Artículo cinco. El único deber que tiene el amo negro con la perra blanca es el de marcarla como propiedad del BNWO, una perra blanca sin marcas será castigada con brutalidad.

Artículo seis. La perra blanca es el eslabón más bajo en la cadena evolutiva, y en la casa gobernada por el AMO NEGRO su valor será menor que el de la basura.

Las diez reglas de la banda habían estado retumbando sus oidos a todo volumen durante todo el tiempo que estuvo atada, la puerta se abrió, Jackson se movió en su dirección, con un largo y amenazante latigo negro, al observar eso, Kenzie se angustió bajo la cabeza y empezo a llorar, ya no había electricidad, pero la tortura iba a seguir.

—Tu padre ya vio los videos, cerda. —Ella tenía la cabeza gacha, como respuesta su torturador la tomó por el flequillo y le hizo levantar la mirada. —Los policías de su nómina han estado capturando a nuestros soldados.

La despojo de ambas pinzas del pezón. Comenzó a gritar de dolor, mientras recuperaba la circulación.

—Adivina quién va a pagar por los pecados de su padre. —Comenzó a acariciar el maltrecho pezón de la hermosa rubia, ella gritaba intentando que se detuviera, pero él seguía masajeandola.

Le quitó la restricción en la lengua y luego los fierros que mantenían su mandíbula abierta.

Le costó volver a cerrar la boca, por lo menos cinco minutos, en el entretiempo, su torturador iba prolongar el brutal castigo, pues forzó sus delicados pies a entrar en una especie de zapatos hechos con hierro, que la obligaba a mantenerse apoyada sobre los metatarsos y los dedos.

La tortura no acabo ahí, sin nigún tipo de piedad, Jackson desato sus brazos para atarlos por la espalda y desde los codos, y flexionando sus manos, hacía arriba en una posición horrible, que hacia que sus hermosas tetas se alzarán aún más, luego le ató una soga al cuello y la paso por una de las vigas del techo, tirando hacía arriba para limitar el aire que recibia al minimo.

Luego pasó a su culo, le quitó el butt plug, Kenzie suspiro aliviada, pero solo por un par de segundos, porque justo después le insertaron dos enormes bolas chinas, para darle el toque final, jackson le ató a la cintura una especie de cinturón de castidad hecho de acero, que le fijaba una placa negra, que cubría por completo su vagina.

—Sabemos que eres una virgen. —Jackson acariciaba su abdomen y su culo. —Vamos a mantenerlo así por orden de Maine, así que ¿Adivina qué partes vamos a tener que usar más?

—Te estamos entrenando para Maine, el es el líder de BNWO en este estado, y tu vas a ser su cerda. ¿Entiendes?

—Si, amo.

—A partir de ahora y hasta nueva orden sólo usarás el collar y los “zapatos” hasta que consideremos que puedes caminar sobre las puntas de tus pies sin ayuda, dormirás en el suelo, y comerás usando tu boca y manos, si es que decidimos darte comida. ¿Es claro?

Kenzie sentía un nudo en la garganta, antes la perspectiva de una vida como esclava sexual, rogaba que su padre la encontrará rápido, pero si no les seguía el juego iba a ser peor para ella, se iba a someter, rogando por ser salvada.

—Sí amo, dijo con la voz quebrada y a punto de llorar.

—Vamos a tener una pequeña sesión de estudio. Cerda.

Jackson comenzó a desenrollar el látigo.

—No, por favor, amo se lo suplico.

El látigo golpeó su abdomen, y luego su espalda dándole toda la vuelta. Kenzie chilló de dolor, mientras las lágrimas se le salían por los ojos, respiraba frenéticamente intentando evitar el dolor.

—La palabra “no” está prohibida en tu vocabulario, Cerda. — Un segundo latigazo, esta vez en sus piernas.

—¿Acaso no entendiste las diez reglas, cerda?

Ella no podía casi ni hablar, se sentía cansada, adolorida y rota.

—Te explicaré las reglas una sola vez, cerda. Te diré un número y tú me dirás que regla es, si pasas te diré otro número si fallas te daré un latigazo, y si aciertas, te diré un número distinto hasta que me hayas dicho las diez reglas. Si fallas una vez comenzaremos de nuevo. ¿Es claro?

Kenzie estaba nerviosa, había escuchado esos mandamientos una y otra vez en toda la noche a todo volumen, pero estaba aterrorizada y agotada mentalmente.

—Si, amo.

—Dime el artículo siete cerda.

Kenzie cerró los ojos con fuerza, concentrándose.

—A la cerda blanca, le queda prohibida cualquier actividad de escritura, uso de celulares computadores o cualquier comunicación exterior, solo podrá usar sus palabras para comunicarse y solo cuando el amo así lo desee.

Jackson se quedó quieto un segundo, Kenzie palideció, sabía que la norma se trataba de eso, pero los detalles no los tenía del todo claros, Jackson le dio un potente latigazo que impactó de lleno en sus preciosos senos.

La esclava chillo y se retorció de dolor, eso no le importó mucho a Jackson que vio con placer como se le trazaba una línea roja en medio de la blanca y tersa piel de sus tetas.

—Dime el artículo ocho cerda.

Kenzie se quedó en blanco, el dolor y el cansancio no la dejaban pensar claramente se tomó mucho tiempo para recordar, y Jackson le dio un latigazo en el culo.

La rubia para ese momento ya temblaba y gritaba suplicando piedad.

—Te voy a despellejar con el látigo si no aciertas puta cerda, así que será mejor que empieces a usar esa estúpida cabeza de blanca de mierda para pensar. Dime cual es la octava regla.

Respiro para calmarse.

—La perra blanca… obedecerá a la esposa del amo negro en todo, y reconocerá su inferioridad frente a este, realizará las labores domesticas del hogar y vivirá para servirle.

Jackson silvó impresionado.

—Parece que por fin encendiste el cerebro puta. —Un latigazo la impactó en la parte baja de la pantorrilla haciéndola gritar desprevenida, los zapatos eran terriblemente pesados y ella no podía ni levantar los pies. —Aunque no tanto.

—!Dije todo lo que querías! —Por un impulso de su vida pasada se rebeló a su entrenador, como respuesta recibió dos latigazos uno en el culo y otro en los senos.

Estaba llorando desconsoladamente, mirando con súplica a Jackson que sonreía divertido.

—¿Que olvidaste?

—No, no lo se.

Un nuevo latigazo.

—¿Que olvidaste cerda?

—Terminar la oración con amo.

Kenzie estaba desmayándose, pero el entrenador le arrojó un balde de agua helada.

—Dime el número diez.

Respiraba entrecortadamente, mientras temblaba, su cuerpo estaba entrando en shock.

—El amo negro, esta por encima… por encima de cualquier cosa en la vida de la perra blanca que esta en la obligación de dar la vida por el amo negro si llegará a presentarse la ocasión, si el amo negro muere, constará el destino de la perra blanca si llegaré a morir. Amo.

—Dime el noveno.

—El… cualquier…

—Jackson levantó el latigo.

—Cualquier acto de violencia con… tra el amo negro, contra la esposa del amo negro, contra un hijo del amo negro o en general contra cualquier ser humano, será castigado con mutilación, el amo negro siempre tendrá la razón, y cualquier cosa que el amo negro diga será la única verdad para la perra blanca, contradecir al amo negro será castigado con violencia. a-mo.

—Te equivocaste.

Kenzie levantó la mirada mirando con asombro y terror a Jackson, sabía que no era así, lo había dicho bien, pero la estaba poniendo a prueba.

—Si, amo. —Dijo tristemente.

—¿En que?

Empezó a temblar.

—No… no lo se am-o.

Activo el control de su collar electrico. Kenzie empezó a retorcerse, mientras su cerebro cedía más y más al dominio de Jackson.

—Te equivocaste en vivir toda tu vida creyendo que eras un ser humano, eres un animal patético y repulsivo.

Empezó a llorar otra vez.

—Sí amo.

—Dilo.

—Soy… soy un animal patético y repulsivo.

—¿Cómo es tu nombre?

—Cerd…a.

—Dime la primera regla… Cerda.

Durante dos hora Jackson estuvo probando la memoria de Kenzie, le ponía trampas, la engañaba para fallar, recibió treinta latigazos más, Jackson la obligó a repetir las normas una y otra vez, comenzando por el primer artículo y luego por el último, hasta que Kenzie sucumbió y cayó desmayada.

Su destino estaba sellado con los negros, si no se sometía por completo a su entrenamiento la iban a despedazar, y la esperanza de que don Falcone la salvará cada vez era más lejana, en sus sueños Kenzie cada vez estaba mas sometida y pronto, el nombre de Cerda empezó a grabarse en su personalidad.

Continuará

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