La pendiente resbaladiza 6
Vero tiene el control: su marido, su amante y una nueva aliada. Pero cuando la curiosidad de Marta se desata en el archivo de la oficina, el riesgo de ser descubiertas pone a prueba los límites de su pacto.
José se despertó para ir a trabajar, todavía no se creía lo que le estaba pasando, solo con poder disfrutar del cuerpo de Vero ya se sentía muy afortunado, esa mujer cada vez le parecía más sensual, debajo de esa apariencia recatada y esa moral puritana, había una auténtica bomba sexual, era completamente impredecible lo que podía llegar a hacer cuando se excitaba, no sabía decir porque, pero desprendía morbo por cada poro de su piel y desde luego sabía como calentarle, su único miedo es que ella y su marido se acabaran cansando de él, así que pensaba disfrutar al máximo mientras pudiera. Además había podido follarse a Marta, que estaba buenísima, con la ropa puesta ya se veía que tenía unas tetas tremendas, pero sin ropa eran espectaculares, eran tan bonitas que su buen tamaño era lo de menos, se había hinchado a chuparlas y todavía le quedaban ganas de más, era una pena que seguramente no se volviese a repetir, le habría encantado poder verla sin las bragas, lo poco que había podido apreciar de su sexo, con sus pelos rubios, le producía erecciones de solo recordarlo, también se había quedado con ganas de disfrutar de su culo, no había podido ni verlo ni tocarlo y tenía pinta de ser muy apetecible pero, aún así, se daba con un canto en los dientes de la suerte que tenía, no se imaginaba que cantidad de dinero le hubieran tenido que ofrecer para que se cambiase de trabajo.
Marta en cambio no quería ir a trabajar, no iba a poder mirar a sus compañeros a la cara. Armándose de valor pensó que ya era viernes y solo tenía que aguantar ese día antes del fin de semana, se puso un conjunto de chaqueta-pantalón y se fue a la oficina, se zambulló en su ordenador y rezó para que ni Vero ni José apareciesen por allí.
En la oficina tanto Vero como José notaron que Marta les rehuía, José se preocupo un poco pero Vero, viendo que parecía que no le había contado nada a nadie, estaba tranquila, es posible que la pobre chica estuviera pasándolo un poco mal, pero en unos días estaría mucho mejor, se planteaba si debería tener una conversación de mujer a mujer con ella, o si era mejor esperar a que digiriera un poco lo que había pasado. Tanto ella como José se comportaban con naturalidad, Vero todavía tenía un poco sensible su sexo así que no quería provocar a José y acabar empeorando la cosa. Por la tarde ya le pareció que tenía que hablar con Marta, había estado todo el día sin levantarse de su sitio y a la hora de comer se había ido fuera a comer sola, no la podia dejar asi todo el fin de semana. Pensó que una charla tranquilizadora podía sentarle bien. Antes de salir fue a su sitio y le dijo que si después de trabajar le apetecía un café. A Marta lo que le apetecía era irse a su casa y olvidarse de todo esto, para colmo, cada vez que oía o veía a José sentía cierta intranquilidad ahí abajo. No entendía como no se había dado cuenta antes del potencial de ese hombre, si lo hubiera sabido, se las habría apañado para quedar a solas con él y todo seria diferente. No quiso ser descortés con Vero y acepto la invitación, aunque la aterraba enfrentarse al momento de hablar con ella, por otra parte, tenía un montón de preguntas que hacerle, no sabía si se atrevería, pero se moría de ganas por saber muchas cosas.
Estando ellas dos solas en la cafetería Vero se decidió a ir al grano.
- Marta, te he visto todo el día intentando no hablar con nadie y diría que incluso nos has estado esquivando a José y a mí. Creo que sé lo que te pasa y no tienes nada de lo que avergonzarte. A mí me pareció que lo acabamos pasando muy bien los tres, fue una sesión de sexo entre adultos y ya está.
-Creo que a mí se me fue un poco de las manos, yo nunca había mirado a José de esa forma y lo de ayer fue una sorpresa para mí, no sé como me deje llevar por la situación. Si por mi fuera preferiría no volver a hablar del tema y hacer como si nunca hubiera ocurrido.
-Si es lo que quieres, por mi no hay ningún problema, pero no te sientas culpable ni te avergüences porque tú no has hecho nada malo.
-Si lo sé, pero no puedo evitar sentirme así.
-Solo hay una cosa que me da curiosidad, dices que nunca te habías fijado en José, pero el otro día, estoy segura de que le estuviste provocando con tu escote ¿Por que lo hiciste entonces? A mí me lo puedes contar, no tengas ninguna duda de que te voy a comprender, yo no te voy a juzgar, te tengo que confesar que yo también lo he hecho alguna vez, no estoy orgullosa de ello, pero es así.
-Ya no tiene sentido seguir negándolo, es cierto que intenté provocarle.
-¿Pero si nunca te has fijado en él porque lo hiciste?
-Fue una chiquillada, hace unos días creí que se le abultaba el pantalón mirándome los pechos, no lo podía asegurar pero me pareció muy grande, le ofrecí una mejor perspectiva y le dejé que me mirase un poco más, pero yo desde mi posición no podía ver bien su entrepierna sin ser muy descarada, así que me quedé con la duda, además me parecía increíble que con el sujetador tan sencillo que llevaba se le pudiese dura, así que otro día decidí comprobarlo, no se me ocurrió mejor manera de hacerlo que poniéndome un sujetador que me queda un poco pequeño y un escote grande. Me senté con José poniendo de excusa que tenía un problema y le ofrecí una buena panorámica de mi escote. De verdad que yo no suelo hacer esas cosas.
-Yo tampoco lo había hecho nunca y mira como nos encontraste.
A la mente de Marta llegó la imagen de Vero arrodillada con las tetas fuera y con la polla de José mmetida hasta la garganta. En cuanto recordaba alguna imagen de la tarde anterior sentía cosquillas en su sexo.
-Si llego a saber las consecuencias que iba a tener no lo hubiera hecho.
-¿Te arrepientes? ¿No lo disfrutaste? me estoy adelantando, primero me gustaría saber si conseguiste saciar tú curiosidad con el jueguecito del escote.
-Pues si, en muy poco tiempo le empezó a crecer el bulto, yo ya pensaba que estaba completamente empalmado pero vi que seguía creciendo, no te imaginas como se le puso, bueno no necesitas imaginárselo, ya lo sabes.
Vero se acordaba de como le impresionó la primera vez que vio como se marcaba en el pantalón de José y sintió algo parecido a nostalgia por la mujer que era en ese momento al mismo tiempo que notaba cierta humedad en su ropa interior.
-Si, es cierto, ya lo sé, a mí también me impresionó mucho la primera vez que lo vi, incluso te diría que todavía no me he acostumbrado del todo ¿Dejaste ahí la cosa?
-Ya no podía estar segura de que hubiera terminado de crecer, así que intenté darle una mejor panorámica y le dejé mirar un rato más.
-¿Ahí es cuando fui a veros?
-Si, justo un poco después de eso.
-Pues me pareció que todavía le faltaba un poquito.
-¿Asi que te estabas dando cuenta de todo?
-Si, de hecho, fui a confirmar lo que estabas haciendo y me pareció que estabas jugando muy fuerte, hasta yo pude ver como sobresalían tus aureolas por encima del sujetador.
-Que vergüenza, cuando me lo puse en casa las tapaban justito, en mi cabeza era un plan perfecto, se la pondría dura sin enseñarle nada más que mi sujetador, debió descolocarseme un poco ¿Tú crees que alguien más me vio?
-No creo, yo es que estaba muy pendiente de lo que hacía José.
Viendo la complicidad que se estaba generando entre ellas, Marta se decidió a empezar a preguntarle a Vero algunas de las dudas que le rondaban la cabeza.
-Oye, ya que estamos de confidencias, ese día cuando os encontré en el archivo, no viste una rata ¿Verdad?
-No, no vi ninguna rata.
-¿Que paso?
-No puedo contestarte a eso, además todavía te quedan dos preguntas responderme.
-Yo he sido muy sincera contigo, debería haber un intercambio.
-Esta bien, te contaré lo que pueda. Después de que José estuviera viéndote los pechos se quedó muy excitado, cuando me crucé con él todavía estaba algo empalmado y se puso muy pesado para que le ayudara, así que no se me ocurrió nada mejor que ir con él al archivo. Yo pensaba hacerle una paja o como mucho una mamada y que se quedara tranquilo, pero ya has visto lo que cuesta que se corra.
-Si, eso también me sorprendió mucho ayer, no estoy acostumbrada a que los hombres aguanten tanto.
-Bueno pues la cosa es que estuve un rato chupandosela, pero a él no le pareció suficiente e intento metermela, hasta ahí puedo contar. Como llegue a gritar lo dejo para tu imaginación.
-Ya me imagino lo que te hizo gritar ¿Pero te lo has follado hasta el final alguna vez?
-Eso es otra pregunta, primero responde a las mías.
-Vale me parece justo. Me has preguntado si me arrepiento, no sé que contestarte, desde luego no debería haberlo hecho, ahora siento que jamás podré volver a mirar a José a la cara, pensaba lo mismo de ti, pero la verdad es que esta conversación me está sentando muy bien. La cosa es que voy a estar muy incomoda en la oficina.
-No has hecho nada malo, ya te lo he dicho, bueno, lo de enseñarle las tetas a un compañero para ponérsela dura es discutible, pero no deja de ser una travesura. Todavía no me has respondido a lo de si disfrutaste.
-Ni tú a lo de si te lo has follado.
-Si, me lo he follado.
-¿Y tu marido?
-A él también me lo he follado, jajaja.
Las dos se rieron bastante, se estaba creando muchas complicidad entre ellas y ambas disfrutaban de la conversación. A Vero le gustaba mucho poder hablar esto con otra mujer y, además, hacía que se sintiera menos golfa viendo que a Marta le había pasado exactamente lo mismo que a ella, pero eso no quitaba que la siguiera viendo como una amenaza, con lo atractiva que era, podría quitarle a José si quisiera.
-Quiero decir que si tienes una aventura con José a espaldas de tú marido.
-Si te he entendido, era solo una broma. Mi marido lo sabe, con él no tengo secretos.
-¿Y no le importa?
-Bueno, no diría yo que no le importa, dejémoslo en que se ha adaptado a la situación. Además hay cosas que solo comparto con él, por ejemplo, a José nunca le he dado un beso. Pero yo te he respondido a muchas preguntas y tú sigues sin contestar a la mía.
-Tienes razón y además te agradezco muchísimo tu sinceridad, voy a intentar ser todo lo sincera posible yo también. Si disfruté, disfruté como nunca, al principio estaba muy incómoda pero poco a poco me fui excitando y llegué a gozarlo.
-Me pareció que empezaste a disfrutar cuando se la chupaste.
-Si te soy sincera ya me gustó verla, tocarla me dio muchísima vergüenza pero tenías razón en lo de que impresiona como palpita, es verdad que chuparla es toda una experiencia y fue ahí cuando empecé a desinhibirme.
-¿Y no te gustó lo que te hizo José?
-Ya son muchas preguntas, me toca.
-¿Cuando empezaste con José?
-Hace poco, no hará ni un mes que tuve mi primera experiencia con él.
Cuando dijo esto, Vero pensó en lo que había cambiado su vida en tan poco tiempo.
-¿Como fue?
-Me paso algo parecido a ti, aunque fue un poco diferente, yo también aprecie un bulto un día y quise ponérsela dura para comprobar cosas, lo que pasa es que lo que yo quería comprobar era distinto, tenía la autoestima muy baja y no me podía creer que ese bulto hubiera salido por mi culpa, no tengo un cuerpo como el tuyo, así que, aunque tenía un poco de miedo al fracaso, me hice la despistada y le dejé ver más de lo que marca el decoro.
-Cuéntame cómo lo hiciste que no te imagino provocando a José.
-Pues me puse un vestido bastante discreto pero que tiene los botones por delante de arriba a abajo y un conjunto de lencería un poco sexy. Simplemente me desabroche algunos botones para que pudiera ver mi lencería.
-Recuerdo ese vestido tuyo, entiendo que tú estrategia funcionó.
-Funcionó tan bien que no me lo podía creer.
-¿No te podías creer que funcionará o como se la pusiste de grande?
Las dos mujeres volvieron a reírse juntas.
-No me podía creer ninguna de las dos cosas.
-¿Y como fue la primera vez que hicisteis cosas juntos?
-Me toca a mí preguntar, aunque esa pregunta no te la puedo responder.
-Venga, te dejo que me preguntes tú, pero prométeme que me la responderás aunque sea como la de el archivo, que me has dejado a medias.
-Bueno te contaré lo que pueda ¿Repetirías con José?
-Buff, buena pregunta, creo que ahora soy yo la que no te puede responder, son muchas cosas, por un lado no quiero que piense que soy una fresca, además es mi compañero de trabajo, me saca muchos años y también estás tú, que no sé cómo te lo tomarías.
-Vamos que tienes ganas pero no te atreves.
-A ver, no te puedo negar que fue increíble, nunca había sentido algo así, no entiendo como su mujer pudo dejarlo ¿Nunca te lo has preguntado?
-No me has respondido y ya me estás haciendo más preguntas.
-Me gustaría tener una noche para nosotros dos solos, poder disfrutarnos con calma, que me haga y hacerle de todo. Me gustó mucho como me tocó y creo que puede ser un amante muy completo, pero no quiero ninguna complicación.
A Vero le dio mucha ternura Marta, le encantaría que ella probase de lo que es capaz José y después comentarlo juntas, aunque se lo contaba todo a su marido, le gustaría poder compartirlo con una mujer que entendiese lo que la hacía sentir, pero claro, no se lo podía poner en bandeja para que se lo quitara.
-Creo que podemos hacer un trato, yo me encargo de conseguir que José y tú tengáis una noche, bueno, o lo que sea, digamos que un rato de pasión a solas para poder disfrutaros con calma, a cambio de que me prometas que no te interpondrás entre él y yo, bueno te pediré más, si alguna vez te lo pido tendrás que esforzarte para que caiga en mis brazos.
-Pero no entiendo nada, a ver, José es tu amante y ¿Me lo estás ofreciendo a cambio de que permita, o incluso le aliente, a que siga siéndolo?
-Si, lo has descrito muy bien.
-Es una locura, ni siquiera sé si quiero volver a tener algo con él y tampoco entiendo como podría yo hacer que se acostase contigo.
-Voy a hacer un ejercicio de sinceridad que me sorprende hasta a mí. Yo soy muy feliz en mi matrimonio y tanto yo como Antonio queremos seguir juntos, pero ha aparecido José y me ha dado algo que yo no sabía que existía y no lo quiero perder. Sé que algún día José se cansará de mi y lo perderé, pero quiero poder disfrutarlo todo el tiempo posible y me parece que tú me lo puedes quitar. Por eso te ofrezco este trato, es arriesgado, pero creo que es más arriesgado intentar que no tengáis nada y al final acabe sucediendo. Además estoy segura de que sucederá más tarde o más temprano, si tuviera que apostar diría que más bien temprano. Y al respecto de lo que has dicho de que te parece que José puede ser un amante muy completo, te diría que no te haces una idea, no has visto ni la punta del iceberg, yo creo que me he hecho adicta a él.
-Me dejas muda, no sé que decirte.
-No hace falta que me digas nada, está oferta no caduca.
-Vale, gracias.
Se quedaron ambas calladas un buen rato, ensimismadas en sus pensamientos hasta que Marta rompió el hielo.
-Yo todavía tengo muchas preguntas que hacerte.
-Ahh si, me preguntaste cómo fue nuestra primera vez, a ver como respondo a eso, fue en mi casa, digamos que yo le enseñé más de lo que debería y él acabo haciéndome de todo.
-¿Quién dio el primer paso?
-Dificil responder a eso, si tengo que elegir a uno de los dos, yo diría que fue él tocándome las tetas.
-A mí me parece un primer paso muy claro, ¿Porque no lo ves tan claro?
-Preguntas demasiado, pero te voy a responder a esto y lo dejamos ya, que se está haciendo tarde y nos podemos pasar así hasta mañana. Cuando él me tocó las tetas yo tenía mi mano sobre su polla, pero he de decir que no la puse ahí adrede.
-Entiendo, bueno, he de decirte que ha sido una charla maravillosa y me encantaría que lo repitiéramos. Me dejas mucho más tranquila.
-Sabia que te iba a sentar bien que hablásemos, piensa en lo que te he dicho, tú eres una mujer soltera y puedes hacer lo que quieras, no te preocupes por lo que piense José de ti, está curado de espanto y todavía no le he visto juzgar a nadie, si supieras lo que te estás perdiendo estoy segura de que tú única duda sería si quedártelo todo para ti o compartirlo.
Vero se arrepintió de haber dicho eso pero daba igual, solo estaba intentando conservar a José, que Marta y él acabasen liados era inevitable, los dos lo deseaban.
Marta se quedó asombrada por como había ido la conversación, había descubierto que Vero era mucho más que la mujer casada y aburrida que aparentaba, pensó que podía ser una amiga estupenda. Lo malo es que le había dejado la cabeza en ebullición, tenía todo el fin de semana para pensar y prefería tomárselo con calma pero no podía parar de darle vueltas, esa propuesta suya la había descolocado completamente, según lo pensaba más, se iba convenciendo de que era una locura, prácticamente tenía decidido no aceptarla, bueno más bien no responderla, ya que no caducaba, lo dejaría así, nunca se sabe las vueltas que da la vida y cerrarse puertas sin necesidad era tontería. Al llegar a casa seguía dándole vueltas a la conversación, era tarde y tenía que darse prisa si quería acostarse temprano, se metió en la ducha a ver si conseguía despejar la cabeza, tal y como había ido la conversación ella entendía que Vero estaba segura de que acabaría liada con José y, en el fondo, lo que le proponía era que ella le facilitaría liarse con él a cambio de que permitiera a José seguir siendo su amante, ella se consideraba una mujer medianamente liberal pero Vero rompía el molde. Al enjabonar sus pechos le vino el recuerdo de como se los tocaba José, lo siguiente fue recordar la imagen de su pequeña mano agarrando esa polla tan grande y dura, eran increíbles las sensaciones que transmitía solo con tocarla, cuando se quiso dar cuenta ya estaba masturbándose bajo la ducha pensando en metérsela en la boca, cuando revivió el momento en que José se la clavaba a través de sus bragas se comenzó a acariciar el esfínter y cuando recordó como entró a traición en su interior, ya estaba metiéndose dedos en sus dos agujeros mientras se maltrataba el clítoris, alcanzo un orgasmo muy placentero evocando lo vivido el día anterior.
Vero llegó muy tarde a casa y su marido le preguntó muy contento si hoy también había echado horas extras, Vero tuvo que destruir sus esperanzas diciéndole que se había quedado hablando con Marta para tranquilizarla, pero que está noche podía contarle porque llegó ayer con las bragas llenas de semen, eso le devolvió la ilusión.
Ya metidos en la cama Vero comenzó su historia.
-Tengo que contártelo un poco rápido que si no se nos va a hacer muy tarde. Ayer me levanté con ciertas ganas de hacer de rabiar a José, así que me pase toda la mañana chinchandole un poco, de vez en cuando le dejaba ver partes de mi anatomía e incluso en alguna ocasión le dejé tocarme y, aunque a ratos se puso un poco pesado, me resistí a que pasara nada más.
-Seguro que se la pusiste dura varias veces.
-Me infravaloras, lo que hice fue no dejar que se le bajase, a ratos me dio hasta pena, pero no cedí. Eso sí, tampoco quería que se volviera loco y le propuse ir a comer fuera juntos. Tenías ver como se le iluminó la cara.
-Has descubierto tú poder y te encanta usarlo ¿Verdad?
-Me asombra tenerlo y lo disfruto muchísimo. Bueno, sigo, en el coche me subí un poco el vestido y le dejé que metiera la mano entre mis piernas, también le sobe un poco por encima del pantalón. Me llevo a un descampado y se abalanzó como un loco sobre mi, yo me resistía aunque le dejaba que hiciera algunos avances, a veces le permitía sacarme una teta y luego yo me la volvía a guardar o le dejaba tocarme a gusto hasta que le quitaba la mano, pero parece que ese juego me estaba gustando más a mí que a él y perdió la paciencia, se sacó el miembro e intentaba clavármelo incluso con las bragas puestas.
La pareja ya estaba masturbándose mutuamente y Antonio alucinaba con la seguridad que había ganado su esposa en tan poco tiempo.
-Le dejé, varias veces, que la apuntara a mí entrada y presionase sobre las bragas intentando metérmela, me gustaba mucho sentir su desesperación, bueno y también como se introducía la punta o como me rozaba el clítoris la tela hiper tensa de mis bragas. Llegué a temer que consiguiera atravesar las bragas y clavármela hasta el fondo de un solo golpe, pero no ocurrió. Cuando yo no aguantaba más la calentura me escape y salí del coche buscando un lugar más adecuado para que disfrutáramos, pero me cazo, y ahí se acabo el juego, me puso contra el capo con el culo en pompa y me apartó las bragas para meterla con furia.
-Ya me la has puesto dura, déjame penetrarte por favor.
El concepto de dura de su marido no tenía nada que ver con al que la tenía acostumbrada José, pero podía ser suficiente.
-¿Por donde la quieres hoy? pillín.
-Por detrás, es que te siento muchísimo.
Vero consiguió metérsela por el culo aunque le costó que mantuviera la dureza imprescindible para entrar y le cabalgó muy despacito.
-Desde que me la metió, puso un ritmo muy alto y muchísima fuerza, yo no sé cómo no me corrí más veces. Tenias que haber visto como se puso, me follo con furia hasta que le faltó el aliento y en ese momento me dio la vuelta mientras él aprovechaba a respirar un poco. A esas alturas yo era un juguete en sus manos aunque hubiera querido, no me habría podido resistir, estaba como poseido. Me la volvió a clavar sin miramientos y se lanzó a por mis tetas, sentía su fuego dentro de mi.
Recordando esos momentos, Vero se estaba excitando bastante, además llevaba todo el día sin correrse y eso empezaba a ser raro en ella, involuntariamente estaba acelerado el ritmo y su marido cada vez tenía más ganas de llenarle el culo de semen. Comenzó a sobarle las tetas y a masturbarla, al principio solo le hacia pequeños círculos en el clítoris, luego se lo empezó a frotar con energía y finalmente le fue metiendo los dedo en su interior.
-No te imaginas el placer que me ha hecho sentir, creo que he estado en el nirvana. No sé cuánto tiempo estuvo follándome hasta que llegue a un orgasmo infinito, a él le dio un poco igual que yo me corriera, o eso me pareció a mí, y seguía marcando un ritmo endiablado. Antonio para, que vas a hacer que me corra.
-Si, quiero que te corras con mi polla en tu culo.
Con la mano que tenía en las tetas agarró a su mujer por el culo y comenzó él a moverse metiéndosela todo lo que podía.
-Para que me corro, de verdad, para ahhh...
Vero cayó sobre su marido, el seguía penetrándola y masturbándola, además ahora tenía sus tetas al lado de la cara y engancho su boca a un pezón.
-Aaarrrg, me corro...
Antonio aguanto casi todo el orgasmo de su mujer embistiéndola hasta que él también se corrió llenándola el culo de semen, como tanto les gustaba a ambos.
-Cariño me voy a comprar un dildo para metértelo por el coño mientras te follo el culo.
A Vero le pareció tan buena idea que sintió cosquillas por su sexo.
-Cómpralo del tamaño de la polla de José por favor.
Antonio sonrió y la abrazó.
-¿Esta vez no quieres saber cómo acaba?
-Ya me lo imagino, sacó su polla y te puso perdidas las bragas. ¿No crees que podrías decirle ya, que no eres fértil? Asi se podra correr donde quiera.
-Me gusta mucho ver como eyacula, sobre todo cuando lo hace sobre mi y e me pringa de semen, además, me parece bien reservarte el derecho de correrte en mi vagina, que para algo eres mi esposo, y si, has adivinado el final, eres un chico muy listo, jaja. En serio fue maravilloso, tanto que tarde mucho en poder hablar o moverme por mi misma, bueno, tarde mucho en poder volver a pensar. Creo que la excitación de que nos puedan pillar me altera mucho.
-Pues tendremos que irnos al campo a que te meta el dildo
-Ummm, buena idea.
Al lunes siguiente Marta fue al trabajo mucho más tranquila, la presencia de José seguía perturbándola pero podía llevarlo sin mayor problema que la humedad de sus bragas. Aunque evocaba cada poco rato como José la había follado sobre su mesa, pudo incluso mantener una conversación de trabajo con él con total normalidad. Vero la veía y se sentía orgullosa de lo buena psicóloga que era. Aunque el sexo con su marido no hacía más que mejorar, tenía ganas de algo más salvaje y el fin de semana se le había hecho un poco largo, así que se fue al baño, se quitó la ropa interior y se sentó al lado de José a decirle, con la voz más sensual que pudo, que sus agujeros le estaban echando de menos, mientras le decía esto, se levantaba la falda para que pudiera ver su sexo directamente. José se empalmo inmediatamente, Vero cogió la mano de José y la llevó a su sexo, José lo tocó discretamente mientras Vero le sobraba la polla por encima del pantalón.
-Vamos al archivo, necesito sentirte en mi interior.
Sin decir nada más se levantó y se dirigió al archivo.
Marta la vio y se quedó con la mosca detrás de la oreja hasta que, apenas un minuto después, vio pasar a José intentando disimular su erección. Marta sintió que un río salía de su interior y decidió seguirles con mucho cuidado, dejó pasar unos instantes y se dirigió al archivo, no oía ningún ruido así que no sabía donde estaban, fue moviéndose cautelosamente por el archivo hasta que los encontró. Parecía que no habían perdido el tiempo, ambos estaban de pie, José con una mano levantaba la falda de ella que ya no tenía bragas y veía como la otra estaba introducida en el sexo de Vero moviéndose, mientras tanto ella sobaba a José por encima del pantalón. Marta busco un buen sitio desde el que ver sin ser vista y se acomodo en él. Vero ya doblaba el cuerpo con pequeños espasmos de vez en cuando debido a los tocamientos de José, le sacó la polla del pantalón y comenzó una masturbación en toda regla. Él soltó la falda para desabotonar la camisa y descubrir que tampoco llevaba sujetador, su polla dio un brinco. A Marta le estaba pareciendo la escena más erótica de su vida. José se lanzó a por lo pechos de Vero aprisionándola contra la pared y acercando la polla a su coño mientras ella seguía masturbándole y se subía la falda. Marta se estaba planteando si quitarse las bragas porque las estaba dejando como si las hubiera metido en agua. José estaba rozando el clítoris de Vero con su polla, e incluso se notaba a través de la tela, como se abrían sus labios al presionarla contra ellos.
-José sabes que no me la puedes meter, nos oirían.
-Necesito follarte, me vas a volver loco con tus juegos.
Vero se arrodillo y se la metió en la boca. Marta no pudo más, e introdujo la mano dentro de la falda y las bragas para comenzar a tocarse al tiempo que observaba como casi toda la polla de José desaparecía rítmicamente en la boca de su compañera, fue una mamada tranquila, se veía que Vero disfrutaba cada centímetro que entraba y salía. Pasado un rato, José se apartó y Vero se levantó.
-¿Por qué te quitas?
-No puedo más, necesito metértela.
José la puso el cuerpo boca abajo sobre la única mesa que había, dejándola con el culo en pompa, le levantó la falda descubriendo su trasero desnudo, agarro sus nalgas mientras se las abría y acercó su miembro a la entrada del sexo de Vero rozándose contra ella, frotaba la punta contra los labios abriéndolo.
-Por ahí no, nos van a oir.
José se había acostumbrado tanto a las protestas/súplicas de Vero que ya ni las escuchaba. Introdujo la punta e inicio el vaivén, se tomó con mucha calma ir metiéndosela más y más, le apretaba las nalgas, se las separaba, las masajeaba....
Marta había introducido un par de dedos en su vagina, los movía al ritmo de las penetraciones de José a Vero, sentía que era a ella a la que se estaba follando, tenía ganas meter una mano en su sujetador para pellizcarse los pezones pero se contuvo por no descolocar demasiado su ropa, pero cuando José soltó las nalgas de Vero y se agarró a sus tetas, necesito sentir algo en las suyas y comenzó a sobárselas por encima de la ropa.
Al soltar las nalgas de Vero para sobarle las tetas, José introdujo más su polla, metiendo más de la mitad.
-Umm, José para, no puedo más, ahhhh.
Vero no podía contener por más tiempo los gemidos, José bajo más el ritmo pero aún así seguía gimiendo, no podía correr tanto riesgo, la sacó de un agujero y la apuntó al otro, Vero levantó la cabeza arqueando la espalda y sacando el culo, lo presiono tanto contra la polla que casi consiguio que se introdujera. Al levantar la mirada Vero vio la cabeza de Marta en un reflejo.
-Para José que nos ve... aaaarrrgggg...
A José la queja de Vero le enardeció más y se la clavo con ganas iniciando unas penetraciones robustas. Vero solo pudo apretar los dientes y tensar todos los músculos mientras se le ponía la cara roja. Ya no podía hablar, solo aguantar como esa polla la iba abriendo el culo, la encantaba esa sensación. Sabía que su compañera lo estaba viendo todo, pero ya no podía hacer nada, Marta ya había visto como José se la follaba y ahora como se la estaba clavando en el culo, se abandonó al placer, con un poco de suerte esto podría ayudarla. Marta metió su otra mano dentro de sus bragas para acariciar su esfínter hasta introducirse un dedo. No podía creerse lo que estaba viendo, ¡José y Vero no podían follar en el archivo por los gemidos de ella, así que se la metía por el culo! Jamás hubiera dicho que esa mujer practicaba sexo anal y para meterse esa polla debía tener experiencia. Marta sentía las embestidas de José como si se las estuviera dando a ella, acompasaba el movimiento de su dedo en el culo con el ritmo de José, podía ver que ya se la había metido suficiente como para rebotar contra sus nalgas, tenía unas ganas enormes de aumentar el ritmo de sus dedos pero ella tampoco quería gemir y tenía que hacerlo lentamente. José ya había conseguido metérsela completamente, Marta veía como Vero bufaba sordamente con esa polla en el culo y se moría de envidia, cada vez le veía más virtudes a José. Vero ya estaba desbocada, el morbo de saberse observada en una situación comprometida estaba pudiendo con ella, decidió dar un buen espectáculo, se agarro las nalgas y se las separó, este gesto volvía loco a José y no se resistió a aumentar la energía de su bombeo. Vero sentía como le taladraba el culo con furia, la estaba reventando por dentro, ya estaba muy cerca del orgasmo y José seguía clavándosela hasta el fondo, no se podía imaginar lo que estaría pensando Marta de ella en ese momento, emitió un chillido enorme y comenzo a correrse, José también estaba al borde del orgasmo, siguió penetrándola con energía hasta notar como Vero relajaba su cuerpo, hizo uso de toda su fuerza de voluntad y paro.
Sacando la polla palpitante del culo de Vero dijo:
-Vamos vístete rápido, seguro que han oído ese grito y vienen a ver que pasa.
Marta, viendo que iba hacia ella al tiempo que se guardaba la polla, salió corriendo mientras se colocaba bien la ropa, estaba a punto de llegar al orgasmo y le fastidio mucho dejarlo a medias. Justo en la escalera se encontró con un compañero que bajaba a ver que pasaba.
-¿Has sido tú la del grito?
-Si, he sido yo, me he torcido un poco el tobillo bajando las escaleras y casi me caigo rodando, es que con estos tacones...
-¿Estás bien?
-Si, si, ha sido solo el susto.
-¿Quieres que te acompañe?
-Estoy bien, de verdad, solo bajaba a por unos documentos, no te preocupes los cojo en un momento y subo.
-Vale, si estás bien me subo a trabajar.
-¡¡¡Muchas gracias!!! ahora nos vemos.
Marta se dio la vuelta y bajó por las escaleras, apenas había bajado unos pocos escalones cuando vio a José y a Vero mirándola, le dio muchísima vergüenza pero no podía darse la vuelta y subir sin que a su compañero le pareciese raro.
Vero se dirigió hacia ella y la cogió de la mano llevándola hacia el interior del archivo, tenía que conseguir que Marta participara de alguna manera, después de verles tenía que estar súper caliente y no debería ser difícil.
-Tenemos que hablar, nos has visto ¿Verdad?
La cara de Marta enrojeció en un instante.
-Si, un poco.
-Entonces entenderás que tenemos un problema bastante grande.
-¿Que?
-Si, mira y le señaló la polla de José.
Ahora el que se avergonzó fue José, seguía con la erección y las dos mujeres estaban mirándole. Vero abrió el pantalón de José y libero su miembro, sacó unas toallitas húmedas del bolso y se dedicó a limpiarlo de la forma más sensual que pudo, Marta no quitaba ojo del movimiento de su mano por todo el tronco, cuando estuvo bien limpio, Vero le dio una toallita a Marta.
-Toma, termina tú que yo voy a guardarlas.
Marta estaba con la toallita en la mano, mirando la polla erecta de José y una calentura tremenda, había estado muy cerca del orgasmo, además, había comprendido que significaba el grito que había oído el otro día, jamás se le hubiera pasado por la cabeza que fuera por eso, la había puesto muchísimo, también ver salir esa polla palpitante del culo de Vero la había impactado. No podía resistirse a sentirla y la agarró mientras la "limpiaba", Vero espero para que tuviese tiempo de disfrutarla y luego dijo.
-Ves el problema que tenemos, no podemos dejar que suba así, venga tú le motivas y yo le pajeo.
La condujo a la misma mesa en la que había estado ella hacia unos instantes y le pidió que se sentase, después le abrió las piernas hasta que se le vieron perfectamente las bragas. Marta no tenía ni voluntad ni ganas de resistirse, su coño le cosquilleaba tremendamente. Vio como Vero se situaba detrás de José y le empezaba a masturbar, José tenía la mirada clavada en sus bragas, menos mal que aunque había venido con un vestido muy normalito se había preocupado por ponerse una ropa interior bonita. Había escogido un conjunto blanco un poco pequeño en el que todas las piezas eran triángulos.
José puso la mano sobre su muslo y comenzó a subirla lentamente, llegó hasta sus bragas y la acaricio suavemente por encima de la tela, fue aumentando la presión y centrándose en el clítoris.
-Marta déjale devorarte, te va a encantar.
Un espasmo de placer recorrió el cuerpo de Marta al oír esas palabras y echo la cabeza hacia atrás, José lo entendió como una invitación y se arrodillo lentamente entre sus piernas, movió a un lado sus braguitas y contemplo el manjar que se iba a comer, era precioso con sus pelitos rubios. Vero notaba como daba brincos la polla de José y temió que se corriera en ese mismo instante, no apartó la mano, pero dejó de masturbarle. José finalmente introdujo la cabeza entre las piernas de Marta y comenzó a lamerla, primero le daba pasabas con la lengua por el clítoris recogiendo su sabor y luego se lo succionaba, Marta apoyada sobre los brazos curvaba su espalda hacia atrás ofreciéndole más su sexo, José comenzó a penetrarla con sus dedos, Marta gimió bajito, Vero reanudó la masturbación a José, este aumento la succión y la intensidad con la que le metía los dedos, Marta le agarro por la nuca y comenzó a correrse, mientras gemia, apretaba la cabeza de José contra su sexo y arqueaba la espalda levantando su coño como si quisiera meterlo entero en la boca de José. Vero dejó la masturbación y fue a tapar la boca de Marta, José seguía succionando como podía mientras oía los gemidos ahogados por las manos de Vero hasta que sintió que Marta se relajaba y dejaba de hacer fuerza con sus manos contra su cabeza. José se levantó para contemplar a su compañera con cara de felicidad,totalmente relajada, casi tumbada, el vestido subido, las bragas movidas y las piernas abiertas, era una imagen por la que hubiera pagado mucho, le volvía loco ese coñito rubio. Estaba planteándose metérsela, estaba a huevo, solo tenía que avanzar un paso cuando Vero dijo:
-Yo creo que para devolverle el favor a José, se la podías chupar un poco.
Esas palabras fueron como vitaminas, Marta se incorporo lentamente, se levantó y se arrodillo frente a él, agarró su polla y se la metió en la boca, seguía sin ser una experta pero está vez estaba mucho más relajada y disfrutaba cada trozo que se introducía. Seguía con la falda subida y las bragas corridas así que José podía disfrutar de la vista de su coño mientras se la comía, además Vero se colocó detrás de Marta y le bajó la cremallera del vestido para descubrir todo el torso de Marta, ante José apareció su sujetador, pero por poco tiempo, Vero se lo bajó dejando sus preciosas tetas al aire. José se moría de ganas de chupárselas, estaba a punto de levantarla para poder disfrutar de sus pechos cuando noto que Vero se colocaba detrás de él y volvía a masturbarle, está vez mientras la tenía dentro de la boca de Marta. Ella le estaba cogiendo mucho gusto a chupar la polla de José, pero tenerla mientras estaba completamente excitado, al borde del orgasmo le parecía delicioso, esa forma que tenía de palpitar y dar pequeños saltos le encantaba, pero cuando Vero le empezó a masturbar mientras ella se la comía, le volvió loca, estaba deseando que eyaculase sobre ella. En poco rato Vero sintió que José estaba a punto de correrse, le daba mucho morbo que se corriera en la boca de su compañera pero pensó que era mejor que Marta se llevara el recuerdo de una buena penetración. Paro la masturbación y sujeto un poco a Marta para que se levantara, la volvió a sentar de nuevo en la mesa y está vez fue Marta la que abrió las piernas ofreciéndose, estaba deseando sentir dentro esa polla, José dio el paso que le faltaba y restregó su sexo contra el de Marta mientras le agarraba las tetas y se las metía en la boca, estuvo restregándose un poco hasta que apunto su polla a la entrada y comenzó a penetrarla, en pocos segundos Marta estaba gimiendo bajito y según aumentaba la profundidad iba subiendo el volumen, Vero volvió a taparle la boca a Marta y José pudo metérsela entera, no podía aumentar el ritmo porque si no, sus gemidos eran incontenibles, estaba tan cerca del orgasmo que podía llegar en cualquier momento a pesar del ritmo lento con el que la sacaba casi hasta el final e iba introduciéndosela de nuevo, una y otra vez. Marta sentía descargas de placer saliendo de varias partes de su cuerpo a la vez, José seguia penetrandola lenta y profundamente, ella notaba como cada vez iban subiendo en ella las sensaciones que el producia, hasta que estalló su orgasmo, volvió a arquearse, Vero le tapaba fuertemente la boca y aún así se la oía más de lo aconsejable, empezaba a destensarse y Vero le libero la boca. José no pudo aguantar más y la sacó para llenarla los pelitos de semen pero Vero estuvo rápida, toda la escena la habia vuelto a calentar, cuando vio que José la sacaba pensó que era su oportunidad y se lanzo a por ella, llevo su boca hasta esa polla que ya empezaba a eyacular sobre el sexo de Marta y la engullo con ansia, las dos primeras descargas habian caido sobre el vello púbico de Marta pero la tercera ya consiguió recibirla en la boca, succiono y trago todo lo que quedaba por salir, se la incrusto hasta que no aguantaba más en la garganta, por fin pudo disfrutar sintiendo como daba brincos al descargar en su paladar y su faringe hasta que dejo de brotar semen.
Marta se dejo caer totalmente relajada, José dio un paso hacia atrás, sacandola de la boca de Vero, y la observo, si antes le había parecido una visión maravillosa, ahora que estaba en la misma posición, pero tenía todo el vestido arrugado en la cintura mostrando los pechos y con sus pelitos llenos de semen, le pareció lo más erótico que había visto en la vida, esperaba poder conservar esa imagen para siempre. Lo único que le fastidiaba es que había dejado escapar ese culo de nuevo sin haberlo tocado, ni siquiera lo había visto.
Vero estaba excitadísima de nuevo, le parecía que ahora mismo Marta era la viva imagen de la derrota en la lucha contra el deseo. Hacia nada que estaba teniendo un orgasmo monumental y si por ella fuera seguiría comiendose esa polla sin pensárselo, pero era consciente de que la fiesta había terminado, sentía que su sexo necesitaba más acción, su culo estaba plenamente satisfecho pero apenas había podido disfrutar de la polla de José en su vagina.
Marta se incorporo, a José le dio una pequeña descarga eléctrica al ver como se recolocaba las bragas atrapando el semen fresco contra su sexo. Cuando estuvieron listos fueron conscientes de que tenían que darse prisa o no tendrían tiempo para comer, subieron y vieron la oficina vacía, todos estaban en el comedor y seguramente empezarían a terminar de un momento a otro.
A Marta la tranquilizo mucho que no hubiera nadie en la oficina, tenía miedo de que alguien la pudiese haber escuchado.
Por la tarde cada uno estuvo trabajando en sus cosas. Marta no podía quitarse de la cabeza el enorme placer que había sentido y notar el semen de su compañero en las bragas no la ayudaba para poder concentrarse en el trabajo, estuvo dándole vueltas, decidió dejar a un lado sus reservas y lanzarse, no sabía si tendría más oportunidades en la vida de sentir algo así. Se fue al sitio de Vero, le soltó un escueto "Acepto el trato" y se fue. Vero le sonrió, ahora tenía que pensar como lo iba a hacer, le pareció muy sencillo pero tenía que hacerlo bien, hablaría esa tarde con su marido para que le diese ideas. Aunque esa misma tarde, ya en casa, a Marta le volvieron a asaltar las dudas, desde luego el sexo con José era una pasada pero era su compañero de trabajo, pensó en llamar a Vero y decirle que se echaba para atrás, pero al final decidió que se permitiría una noche de pasión y no se volvería a repetir.
Al llegar a casa, a Vero la estaba esperando su marido con una sonrisa de oreja a oreja, no la dejo casi ni hablar antes de enseñarle los dos dildos que había comprado, ambos del tamaño aproximado de la polla de José, uno era normal y el otro venía enganchado a un arnés. Con lo caliente que seguía, a Vero le entraron unas ganas enormes de probarlos, se fue con su marido a la cama y ambos se desnudaron.
-Túmbate, que hoy voy a ser yo el que lleve las riendas.
-¿No quieres que te cuente lo que ha pasado en el trabajo?
-No, ya me lo contarás otro día, hoy quiero hacerte disfrutar.
Vero le hizo caso, Antonio se metió con ella en la cama y se fundieron en un largo beso mientras llevaba la mano al sexo de su esposa comprobando que estaba perfectamente lubricada, inicio unos suaves masajes sobre su clítoris.
-Antonio vengo muy caliente, no te andes con rodeos necesito probarlos.
Antonio comenzó a restregar el dildo por el sexo de Vero y le presionó los pezones como sabía que le gustaba, mientras, seguía besándola. Vero abría las piernas y movía las caderas intentando introducirse el dildo.
-Por favor, metemelo ya, lo necesito.
Antonio fue introduciéndolo en su interior mientras continuaba con los besos y caricias por todo el cuerpo de Vero, ella cerraba los ojos y se imaginaba que era José el que la penetraba, sentía su vagina ensancharse igual que cuando se la metía él, su marido se sintió orgulloso al conseguir que gimiese. Antonio veía en la cara de su mujer como disfrutaba con semejante cacharro en su interior, la veía retorcerse y mover las caderas mientras gemía. Decidió ponerse el arnés y follarla, cuando saco el dildo Vero abrió los ojos y se disponía a protestar, pero vio lo que hacía su marido y espero. Ella le miraba ansiosa de que terminase de atarselo y volver a sentir llenarse su vagina. Se coloco sobre ella y la fue penetrando, Vero volvió a cerrar los ojos para dar rienda suelta a su imaginación, Antonio no tardo mucho en sentir que el orgasmo de su mujer era inminente y aumento el ritmo, Vero estuvo tentada de agarrar el otro dildo y metérselo en la boca pero los besos de su marido ocuparon ese lugar. Vero se corrió entre espasmos y jadeos, Antonio salió de ella y se quitó el arnés.
-Ver como disfrutabas me ha calentado bastante, noto unas cosquillas terribles en la polla.
-Métemela en la boca, quiero que tú también disfrutes de esto.
Antonio se arrodillo al lado de la cabeza de su mujer y se la introdujo. Vero recibido esa polla que no estaba del todo flácida y la engulló, la mamada de su esposa le supo a gloria, ella no dejó de acariciarla con la lengua y succionarla hasta conseguir que escupiera en su boca, era la segunda vez en el día que probaba el sabor del semen, y para colmo de dos hombres distintos, le encantaba aquello.
Ambos se quedaron en la cama descansando.
-Me parece que estos dos cacharros nos van a dar mucho juego. -dijo Vero
-Ya se me están ocurriendo cosas para probar con ellos.
Antonio se imaginaba metiéndosela por el culo a su mujer mientras le clavaba el dildo en la vagina, pensó que a lo mejor tenía que volver a comprarse viagra para que todo fuera perfecto, le encantaría ver como su mujer se retorcía de placer con su polla dentro de ella. Vero se imaginaba que José le follaba la boca, no que ella se la comia, si no que ella se quedaba tumbada boca arriba, inmovil, mientras José le follaba la boca metiéndosela hasta el fondo de su garganta al tiempo que Antonio la penetraba con el dildo. Estaban derribando muchos tabús y redescubriendo el sexo entre ellos, era maravilloso y lo único que les faltaba como pareja.
Continúa en
- Relato #232308— title-regex: contiguous parts (5 -> 6)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Luna de miel
La luna de miel de mi primo y yo no fue lo que esperaba. Mientras él luchaba contra su propia insuficiencia, su esposa, Keyrah, descubrió que yo…
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveSoledad y deseo
- Hetero: Infidelidad
Demasiado puta para no ser infiel
Nuria no es una mujer cualquiera; tiene un cuerpo que desarma y un secreto que guardarle a su marido.
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Mi Nuevo Amante Josè
Yanny nunca imaginó que su soledad se rompería con el sonido de los gemidos de su empleada. Pero cuando el deseo se apodera de ella, decide no ser…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoSoledad y deseo
- Hetero: Infidelidad
Segunda vez que mi peor enemigome coje por el culo
El taxi pasa de largo, pero la camioneta vieja de Ivan se detiene. Ella sabe que no debería subir, pero el uniforme que lleva y la promesa de…
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveVoyeurismo oculto
- Hetero: General
Leire, azafata de vuelo
Con solo 95-62-92 y una sonrisa profesional, Leire es el objeto de deseo de miles de pasajeros.
Comparte:Bdsm suaveTrio mfmVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Lujuriosa Violencia
Luis sabe que su fantasía es prohibida, pero el deseo de ver a Sara con otro lo consume. Cuando el desconocido del chat aparece en la discoteca, la…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoTrio mfm