Xtories

Menorquina

El mar los separa de la costa, pero no de sus deseos. Con el sonido del motor como única compañía, deciden que la privacidad del agua cristalina es el escenario perfecto para perder el control, sin importar quién pueda estar mirando.

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Huele a diesel en el pequeño puerto de Llafranc, esperamos a Marc, el chico que trabaja llevando a gente a sus embarcaciones que están amarradas a las boyas frente a la playa. Una famila y otra pareja esperan con nosotros.

Subimos a la zodiac que se tambalea levemente cada vez que alguien apoya un pie. Marc, muy pacientemente, nos ayuda a todos a subir.

Dejamos a la familia en su yate, de unos 10 metros de eslora, parece que se van a pescar, hace muy buen día y hay que aprovechar que la mar está bastante calmada.

Por fin llegamos a la "Daniela" y te ayudo a subir, me despido de Marc que sabe que nos tendrá que volver a buscar en un rato, me fijo como te mira de arriba a abajo, luego me mira a mi y me sonríe, es una clara sonrisa de envidia.

Subimos y te quitas las chanclas, me ayudas a sacar las fundas y abrir el tambucho. Entro y te voy dando los cojines de plástico, las toallas, la colchoneta y otros enseres necesarios para nuestra excursión.

Buscas en tu bolsa y encuentras las llaves, que me das para que pueda poner el motor en marcha, y por fin suena ese ruidito tan característico. Ya está casi todo listo pero antes de largar, te cojo por la cintura, y te beso apasionadamente, haciendo que te dobles hacia atrás y me abraces el cuello para no caerte.

Largas los cabos mientras el viento nos separa lentamente de la boya y de las otras embarcaciones, tomo el timón, le doy gas y salimos, poco a poco, de la zona de amarres, me sugieres que vayamos hacia el norte, donde hay muchas más calas pequeñas y suele haber menos gente. Asiento con la cabeza y salimos.

De camino me pides que me quite la camiseta para ponerme crema, sonrio y me la quito para que puedas pasarme tus manos por mis hombros, mi pecho, mi espalda... Con la excusa de la crema. De pie, detrás de mi, vas bajando lentamente por mi pecho, mi barriga, y llegas a mi bañador. Sigues bajando hasta posar tu mano en mi paquete que, obviamente, ya está despierto y tu mano no hace más que endurecerme más. Te miro, me sonríes, y nos volvemos a besar.

Sin sacarme la mano del bañador me dices al oído que hace mucho calor, que porque no nos tiramos un momentito al agua para refrescarnos, que te mueres de ganas de quitarme luego la sal con tu lengua. Y te muerdes al labio inferior de anticipación. Inmediatamente notas como mi miembro crece más y vuelves a sonreír.

Apago el motor y dejo que la barca vaya frenando sola, estamos muy cerca de los acantilados, se ve el fondo de rocas a través del agua cristalina. Casi no hay viento así que no vale la pena lanzar el ancla. Mientras la barca se acaba de detener, me levanto, fijo el timón y bajo la escalerilla, preparo la pequeña plataforma y ato algunos cabos, al darme la vuelta ya estás en top less, mirándome. Me guiñas un ojo y me dices: - al agua patos! Y te tiras de cabeza desde la parte de estribor.

Yo me quito la camiseta y te sigo, zambullendome a tu lado. Saco la cabeza fuera del agua y antes de poder abrir los ojos, siento tus brazos como me rodean el cuello y me besas, nos hundimos un poco pero nuestras bocas no se separan. Con una mano me agarro al borde de la escalera mientras que con la otra te sujeto para que no te hundas, y tú puedas seguir usando tus manos para acariciarme todo el cuerpo y meterme mano debajo del agua.

Sin separar nuestros labios, siento como tú mano se mete debajo de mi bañador, e inmediatamente me la coges, ya muy dura, y me la empiezas a acariciar. A la vez que te muerdo el labio inferior, mi mano libre va directamente a tus pechos, que sabes que me encantan.

Te separas un momento solo para gemir en mi oído, lo cual aún me pone más cachondo. Te gusta mucho notar mi erección en tu mano, pero ahora lo que quieres es notarla en tu boca, así que, asiendote del borde de la plataforma, me empujas hacia la escalera y me dices que suba solo un escalón. No entiendo pero te hago caso y, enseguida me doy cuenta de tus intenciones. Al subir ese escalón, mi cintura ha quedado justo unos centímetros por encima del nivel del agua y,con tu mano libre, me bajas el bañador dejando a la vista mi miembro, rosado, duro como una roca, y mojado y salado para ti.

Abres la boca y te lo metes bien adentro, sin importar quien nos pueda estar mirando desde la costa, a escasos 50 metros. A mí me importa aún menos ya que mi atención está en tus labios y tu lengua, que me están produciendo un placer inmenso en estos momentos.

Sin dejar de sujetarte al barco con tu mano izquierda, vas utilizando la derecha para masturbarme mientras me la sigues chupando. Yo miro al cielo y gimo de placer, te aparto el pelo mojado de la cara para ver perfectamente como mi polla va desapareciendo varias veces entre tus labios.

Este no era el plan, yo te quería follar en el barco o en alta mar, no correrme a la primera de cambio mientras me la chupas, pero no me puedo aguantar y, separandote un poco la cabeza de mi, y avisándote con unos segundos de antelación, exploto en el agua.

Tu sonríes y te sumerges un poco para enjuagarte y sacarte el pelo de la cara.

Mientras te limpias, yo me quedo sentado en la plataforma, respirando hondo y recuperándome.

Tú subes por la escalera y pasas por mi lado, me das un beso en la mejilla y me susurras al oído lo mucho que te gusta limpiarme la sal de la polla.

- Capitan! Continuamos con la travesía? - me dices medio mofandote.

Yo despierto de mi ensueño, me subo el bañador y enciendo el motor.

Nos sonreímos y, después de subir la escalera, avanzamos hacia las calas del norte.

El sol ya esta muy arriba y el calor se nota, propones que pongamos el toldo y, sin soltar el timón, te ayudo a bajar los palos para que tú puedas colocar la lona. Una vez en su lugar, veo que te metes dentro de la embarcación para sacar la neverita que habíamos traído llena de cervezas.

- quieres una? - me preguntas.

- si porfa, me apetece mucho - te digo

Y me das la Turia fresquita después de abrirmela. Le pego un trago largo y sonrio de satisfacción, mientras tú te abres una Alhambra.

- parece que ya hemos llegado, y no hay nadie - digo mientras le pego otro trago a la cerveza.

Ahora sí te pido que me ayudes a echar el ancla, es fondo de arena así que no hay problema por enrocar o aplastar fauna o flora marina.

Una vez estamos contentos con la fijación del barco, nos relajamos y nos tumbamos un rato al sol.

Vamos bebiendo nuestras cervezas mientras nos reímos y recordamos anécdotas varias, hacemos planes para el día siguiente, o me comentas que ya has visto un restaurante en Calella donde tenemos que ir.

El calor cada vez es más intenso así que te digo que me voy al agua. Dejo la botella de cerveza vacía en su sitio y salto por la borda de cabeza.

Tu te quedas en cubierta medio sorprendida, pero apuras tu cerveza y haces ademán de saltar también por la borda, pero justo te das cuenta de que no hemos bajado la escalera y nos sería difícil volver a subir, así que, acercándote con cuidado a la plataforma de popa, la dejas caer.

En ese preciso momento, aparezco por un lado, te agarro del brazo y te tiro al agua conmigo.

Gritas y me intentas insultar pero tus sonidos quedan ahogados por el agua. Sacas la cabeza pero ahora eres tú la que se encuentra mis labios justo encima de los tuyos, y no puedes decir nada, solo un "que tonto" que enseguida hago callar con mi lengua dentro de tu boca.

Esta vez te has tirado el agua con el bikini, así que lo primero que hago es deshacerte el nudo del sujetador y tirarlo a cubierta. Se oye el "plaf" de la prenda mojada al caer en la madera de teca. Enseguida mi mano va a la parte inferior de tu bikini y se mete por dentro hasta encontrar lo que estaba buscando. Tu levantas la cabeza y gimes de placer, tenías muchas ganas de notar mis dedos en tu entrepierna y ahora por fin, los tienes ahí.

Estamos los dos sujetos a la escalera, para no hundirnos, pero tú ya has apoyado un pie en el ultimo escalón, haciendo que tus piernas se abran, invitándome a seguir jugando. Decido que, aunque tu bikini es muy sexy, te prefiero sin, asi que poco a poco te lo voy quitando hasta dejarte completamente desnuda.

Te encanta esa sensación, toda tu piel acariciada por el agua del mar, esa sensación de libertad, de notar la corriente del agua en cada poro de tu piel, no solo te gusta sino que te pone increíblemente cachonda.

No tardas nada en meterme mano y bajarme el bañador que, en pocos segundos, acaba en tus manos. Lo dejas tirado en la plataforma y te abrazas a mi, soltando tu mano y cogiéndome del cuello. Nos besamos mientras los movimientos de tus caderas van buscando la punta de mi polla, que quieres que roce tu sexo. Y te vas moviendo poco a poco hasta que consigues que tu clítoris choque contra mi miembro, te vas restregando contra mi y, aunque estamos bajo el agua, notas como te vas mojando más y más.

Me sueltas el cuello para, con la mano derecha, cogerme la polla, y lentamente, metertela dentro de ti. Ambos gemimos al mismo tiempo al sentir el inmenso placer que nos produce la penetración, y una vez dentro, no puedes evitar empezar a moverte como una posesa. Yo sigo agarrándome a la escalera pero con la otra mano te cojo el culo, acompañando tus movimientos. Te encanta esta posicion y te encanta notar el frio del agua en tus pezones, que están erectos y también duros como una roca. Te muerdo el cuello y eso es todo lo que necesitabas para correrte en un orgasmo descomunal, convulsionandote entre la escalera de la barca y mi cuerpo.

Estamos los dos desnudos bajo el agua, una lancha se aproxima y pasa muy cerca de nosotros, con lo transparente que está el agua, seguro nos han visto, y pero eso, también seguramente, han pasado de largo.

- subimos? Te digo, aún con la polla durísima y con ganas de seguir follandote.

- vale - me contestas, al mismo tiempo que te giras y empiezas a subir por la escaleras.

Mueves el culo a propósito al subir ya que sabes que estoy justo detrás de ti, hago ademán de morderte una nalga pero te me escapas por los pelos.

Subo justo detrás de ti y ya me estás esperando bajo el toldo, tirada en la lona, mirándome con cara de leona en celo.

Me sonríes y te muerdes el labio inferior invitándome a tumbarme a tu lado.

Me lanzo sin pensarlo hacia ti, caigo de rodillas sobre la madera de teca y comienzo besándote los tobillos y subiendo lentamente hacia tu rodilla. Tu pie libre se acerca a mí entrepierna y tus dedos se mueven juguetonamente con mi miembro, que cada vez está más duro.

Sigo besando tu pierna, subiendo lentamente por tu muslo. Tu te dejas caer de espaldas y suspiras sabiendo lo que va a venir... Y viene, mi lengua en tu mojadisimo sexo, practicando movimientos rápidos y certeros en tu clítoris. Tus gemidos vuelven a oírse a varios metros a la redonda. La sensación de placer es casi inaguantable e intentas separarme la cara de ti. Te tengo bien cogida por la cintura y mi lengua ya está en marcha, no hay salida, lo sabes y te dejas llevar, de nuevo, por esa ola increíble de placer.

Me incorporo, de rodillas en cubierta. Te tengo en frente, tirada en la colchoneta, aún jadeante, mirándome con los ojos medio abiertos, aún incrédula de lo que te acaba de pasar.

La barca se mueve un poquito y a lo lejos vemos un velero que se aleja con las velas extendidas. Apoyas los codos para levantarte un poco y me miras, totalmente desnudo, ante ti, mirándote aún con lascivia, pues tu cuerpo desnudo me pone cachondísimo, sabes que tecla tocar y te muerdes el labio inferior al mismo tiempo que me miras directamente a los ojos, eso activa un resorte escondido en mi y me abalanzo de nuevo sobre ti, cayendo a peso sobre tu cuerpo y besándote apasionadamente. Se oyen gaviotas a lo lejos mientras nuestras lenguas se encuentran y se hacen el amor, tus manos se mueven por mi espalda, por mi culo, que aprietas bien, y tus piernas finalmente me rodean la cinturas, atrapandome sin dejarme salir.

Muevo mis caderas un poco, intentado buscar de nuevo tu sexo con mi miembro, nuestra posición ahora me permite encontrarte y penetrarte sin necesidad de ayudarme con la mano, asi que, casi sin darnos cuenta y sin separar nuestras bocas, entro dentro de ti. Gemimos a la vez y nos sonreímos levemente, al tiempo que me empiezo a mover y a follarte suavemente.

Estamos muy pegados, lo cual me impide moverme bien, me separo un poco de ti estirando mis brazos contra la colchoneta. Me dejas de apretar el culo y te agarras fuerte a mis brazos, que aprietas cada vez que te penetro. Me pongo se rodillas en la cubierta a la vez que te arrastro un poco hacia mi, dejando tus caderas al borde de la zona de la colchoneta, haciendo que ahora sí, te pueda follar mejor, empotrarte mejor.

Te cojo las piernas por la parte interior de las rodillas y las separo bien, tu te aprietas los pechos a la vez que vuelves a gemir de placer con cada embestida. Me pone muchísimo verte frente a mi, desnuda, gozando. Ves mi cara de placer y te pones aún más cachonda, más mojada. Te voy follando cada vez más fuerte, más duro, más rápido, tu también lo sientes y me pides que no pare, que siga. Ahora te cojo de los tobillos y te separo aún más las piernas, tu aullas de placer mientras mis respiraciones se hacen cada vez más intensas. Crees que puedes volver a correrte y con la mano derecha te empiezas a acariciar el clítoris, notando también con tus dedos mi polla, durísima y mojada de tus jugos. Estoy ya con la boca abierta, mandíbula casi desencajada, tus gemidos ahora asustan a los peces, la barca se mueve pero no por las olas, sino por nuestra culpa. Seguimos follando como fieras hasta que por fin, con un fuerte rugido, nos corremos a la vez.

A los 5 segundos caigo muerto sobre ti, de nuevo, y tú me acaricias el pelo y me das besitos cariñosos en la cara. Me dices que descanse, que me lo he ganado, y nos quedamos un rato así, des

nudos, bajo la lona, y sintiendonos el uno al otro.