El ascensor, ese divino invento
El ascensor se cierra, el espacio se reduce y la tensión se rompe. No hay vuelta atrás cuando la vecina te invita a subir y el silencio del edificio se llena de sus gritos.
Hola, soy Javier, un hombre de 55 años felizmente casado. Mi mujer tiene 50 y, tengo que decir que sigue estando muy buena por lo que, (salvo algún escarceo hace algún tiempo), no tengo ninguna necesidad de picotear por ahí, le soy fiel y tenemos una vida bastante satisfactoria en todos los sentidos.
Pero eso no significa que esté ciego, lógicamente, y la visión de cualquier mujer que esté buena, pues eso, que a nadie le amarga un dulce.
Y además tengo en mi mismo portal a una de esas mujeres, una vecina rozando la cuarentena, creo que divorciada, aunque tampoco tenemos demasiada relación.
Tiene un cuerpo, para mi gusto, espectacular, no gorda, ni mucho menos, pero con curvas, mejor dicho, con curvas rotundas, y además le gusta lucirlo, es guapa de cara, unos labios que invitan a lamerlos y morderlos, unas piernas y un culo que quitan el hipo con los vaqueros que lleva, y ya no digo con vestido o falda ajustada, uffff, y unas tetas, diosssss, tremendas, se adivinan rotundas bajo la ropa y para nada caídas, siempre bien sujetas y con un suave bamboleo al andar, vamos, un escote de vértigo.
Ya no digo nada cuando la ves ir o venir al gimnasio o a correr con sus mallas apretadas, ahhhhhhhhhhhh!!!, dios como se marca todo!!
Vive justo debajo de nosotros, sola, aunque a menudo tiene visitas, no sabría decir si siempre la misma, o distintas, únicamente un par de veces he coincidido con el mismo hombre.
Esto de las visitas también lo sé porque es muy fogosa y chilla mucho cuando folla, vamos que alguna noche que otra nos ha animado a nosotros, jejejejejeje, solamente por el morbo de estarles oyendo.
Y, claro, pienso que igual que nosotros los oímos, ella nos oirá a nosotros porque mi mujer también es escandalosa.
Un día me dio que pensar un poco porque coincidimos en el portal por la mañana, después de una batallita con mi mujer la noche anterior, y en los escasos segundos de coincidir en la puerta, después de los saludos de rigor y la clásica conversación tonta de vecinos, qué frio hace hoy, y esas cosas, me dijo, "sí, no dan ganas de salir a la calle hoy, mucho mejor en la cama calentita", con una sonrisa, no sé digamos que traviesa, sin más. Quizás fuera mi mente calenturienta, puede ser, pero no sé.
El caso es que después de eso, unas dos o tres semanas después más o menos, un día que fue ella la que tuvo la batallita, volvimos a coincidir, esta vez al coger el ascensor. Iban ella, su amigo y yo, y después de los buenos días, me limité a mirarla y sonreírle yo a ella. Disimulando lo que pudo, sonrió también bajando la cabeza. Salimos del ascensor, nos despedimos y cada uno por su lado, pero ahí ya no tuve duda, los dos sabíamos lo que nos decíamos con la mirada.
Bien, puesta en antecedentes la situación, describo lo que me pasó hace unos días.
Estaba llegando a casa en coche después de un día complicado, llegué a la puerta del garaje, pulsé el mando y entré, aparcando en mi plaza y dirigiéndome para coger el ascensor deseando llegar a casa. Al llegar a la puerta empujé, pero chocó con algo, no dejándome abrir del todo,
--Ayyy, perdón, un segundo que estoy con la compra, contestó una voz de mujer, a la vez que se abría la puerta desde dentro.
Era mi vecina con un carro de estos que alguien "había cambiado de sitio" desde algún supermercado del barrio, y que estaba siempre allí para ayudar a subir las compras.
--Ah, hola, buenas tardes, no te preocupes, te ayudo a meter el carro dentro, dije, empujándolo y metiéndolo dentro con una sonrisa correspondida,
--Muchas gracias!, es que hoy he cargado bastante
--Si, ya veo, sube que yo espero
--No, por favor, sube, nos apretamos un poco, si es solo un momento.
La verdad es que el carro ocupaba casi todo el ascensor, ella se había metido en un lateral y quedaba un hueco minúsculo si entraba yo. La situación iba a ser incómoda, pero....me llamaba la atención, jejejeje...
--¿no te importa?
--No, no, para nada, entra, de verdad, respondió con una sonrisa.
Lo hice, me puse un poco de lado y entré, quedándonos los dos aprisionados en el lateral, a centímetros uno de otro y mirándonos sin hacer nada. Sin poderlo evitar dirigí mi mirada a esos labios sensuales durante un segundo y, subrepticiamente, a su escote. Llevaba puesta una camisa con un botón de más desabrochado, con lo cual su canalillo era de lo más sugerente. Al levantar la vista me encontré con sus ojos clavados en los míos y una sonrisa burlona.
--Ehhhh, perdona, no he podido evitarlo
--No pasa nada, ¿te gusta lo que ves?
--Bueno, no está mal, mejor dicho, está muy bien, contesté sonriendo yo a mi vez. Su respuesta fue desabrochar un botón más, ahuecando un poco la camisa,
--¿así mejor?, preguntó sin dejar de mirarme.
Yo sostuve su mirada, ella bajó la suya a mis labios y acercó su cara a la mía, su olor era delicioso, acerqué mi cara y nuestros labios se rozaron mientras nuestros ojos se miraban fijamente a dos centímetros uno de otro, notaba su aliento en mi boca, su respiración que se empezaba a agitar. Levemente puse una mano por debajo de la abertura de su camisa, abrí mi boca y busqué esos labios que saboreé despacio, sintiendo como su boca se abría y me respondía con su lengua buscando la mía, diosssssssssssss, nos comimos la boca uno a otro mientras mi mano subía a la apertura de su camisa, buscando la turgencia de sus tetas que acaricié con mis dedos, mientras me gemía en la boca hablándome al oído,
--eres un cabronazo que me enciende muchas noches y me alegra cuando estoy sola!, volviendo a mis labios a morderlos, ahora con desesperación. Nos comíamos la boca como podíamos en la estrechez del ascensor, con mi mano apretando una de sus tetas, sintiendo la dureza de sus pezones por encima del sujetador,
--y tú a mí zorra!, chillas más fuerte cuando follas para que te oiga, ¿verdad?
--Si…, gimió mordiéndome los labios y con su mano por abajo restregándose en mi paquete donde mi polla ya estaba totalmente tiesa,
--joderrrrrrr, que rabo tienes cabrón, sube a mi casa ahora!
Me lo pensé, juro que me lo pensé, en un segundo pasaron por mi cabeza miles de condicionantes que me decían que no, eran las ocho de la tarde, la hora de volver todos los días, existía la posibilidad de que mi mujer estuviera en la terraza y me hubiera visto entrar al garaje, era nuestra vecina con la que coincidiríamos los dos en infinidad de ocasiones, esto era un calentón que no tendría que haber pasado, pero....¿qué hubierais hecho vostros?. Pues eso, lo mismo que yo, morder su boca, apretar el botón y arrinconarla contra la pared,
--diosssss, te voy a romper zorra, hoy sí que vas a chillar!!
Llegamos a su casa y metimos hasta el carro dentro, nada de sacar la compra, cerré la puerta y contra la pared me eché encima de ella la lamiendo toda su cara, apretando sus tetas, y metiendo mi mano entre sus muslos arrugando su falda para coger su coño por encima del tanga con la palma de mi mano,
--ahhhhhhhhhhh, joder diossssssssssssss, ven, vamos a la habitación!!
--si, vamos, joder, dije tirando mi chaqueta al suelo y desabrochando mi camisa. Llegué a la habitación ya prácticamente desnudo, mientras no dejaba de besarla, rasgué los botones de su camisa y se la quité tirándola también al suelo, ella se sacó como pudo la falda quedándose únicamente con el sostén y un tanga de infarto. Nos dejamos caer en la cama comiéndonos enteros, restregando nuestros cuerpos, mi lengua ávida por todas sus tetas con el sujetador ya por debajo de ellas. Ella dejándose hacer con una mirada turbia de deseo, apretando mi cabeza contra ella,
--muérdeme, muerde mis tetas, muerde mis pezones, fuerte...fuerte...!!!!. No hizo falta que me lo dijera, mis dientes se apropiaron de sus pezones, ahora uno, y después otro, con toda la furia que podía clavándolos en ellos,
--ahhhhhhh, siiiiiii, diosssssss, siiiiiiii, así, más, más, más fuerte!!!, joderrrrrrrrr, quiero más!!!
Apretaba mis dientes en ellos mientras le quitaba el tanga ayudado por sus piernas que pataleaban para que saliera y hundiendo mis dedos en ese coño que estaba encharcado, ¿encharcado?, nooo, esa no es la palabra, eso era un rio de líquidos que ya fluían por sus piernas,
--joder qué zorra eres, estás empapada joder!!!!, estás deseando polla, ¿verdad?, quiero este coño, lo quiero para mí, le hablaba al oído mientras mis dedos percutían en él como pistones y la habitación se llenaba de ruidos animales. Su cuerpo no dejaba de moverse buscando que mis dedos entraran más dentro, yo no dejaba de comerme su boca y sus tetas indistintamente, esos tetones que me tenían loco, desatado, cuando hundía mi cara en ellos, joder, eran un puto manjar y ella cuanto más fuerte los mordía, más perra se ponía.
Me incorporé un poco quedando de rodillas a su lado, con mis dedos follándola sin compasión, y con la otra mano azotando sus tetas, ahora de arriba hacia abajo, ahora de abajo hacia arriba, cogiendo sus pezones con mis dedos como pinzas y tirando de ellos hacia arriba obscenamente. Quedaban como una tienda de campaña pero ella no paraba de pedir más,
--diosssssssssssss, siiiiiiiiiiiiiii, siiii, joder, así, sigue cabronazo que me corro, dios, que me corrooooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!, chilló como nunca la había oído, y sabiendo que mi mujer lo estaría oyendo también, ese pensamiento cruzó fugazmente por mi cabeza, no había manera de que no la oyera, y eso me produjo el efecto contrario del que debería,
--córrete perra, chilla que te oiga todo el bloque, vamos, joder, vamossssssssssssss, chillé yo también a mi vez, reventándola el coño con mis dedos y metiendo mi polla en su boca, que abrió con avidez, tragándosela entera,
--mmmgsggsgsgsgsgg!!!!; aggggggggggggggghhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!, chilló sacándose mi polla de la boca sin dejar de agarrarla con su mano que parecía que me la iba a arrancar.
Su coño fue un rio en unos segundos meándose literalmente con su corrida en cuanto saqué los dedos de su coño, explotó en un squirt que dejó todo perdido, su cuerpo convulsionando sobre las sábanas, su cara totalmente desfigurada con los ojos idos, momento que aproveché para meterme entre sus piernas y clavar mi polla dentro echándome encima de ella, levantando mi torso apoyando mis manos una a cada lado de su cuerpo y bombeando como si me fuera la vida en ello, una y otra vez, una y otra vez, ella clavando sus uñas en mi cuerpo y mirándome con esos ojos que no voy a poder olvidar en mi vida sin poder articular palabra, solo hablándome con los ojos, solo, gimiendo, suspirando como podía, mirándome, intentando hablar,
--así, más, más, sigue por favor, sigue, dame más, córrete, lléname, dios, me vuelvo a correrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!!!!!!!!!!!!, ahhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!, estalló en un nuevo orgasmo al tiempo que yo me hundí en ella hasta donde ya no podía más, y arqueando mi espalda estallé también,
--ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, tomaaaaaaaaaaaaaa!!!!!, te voy a llenar joder, te voy a romper el coño, traga toda mi leche con ese coño de putaaaaaaaaaaaaa!!!!, chillé, dejándome caer sobre ella, mientras mi polla inundaba su coño. Me agarró la cabeza y se comió, literalmente, mi boca, nuestros cuerpos pegados, empapados en sudor, mi polla dando sus últimos estertores. Los dos jadeando, uno encima del otro con nuestras respiraciones totalmente entrecortadas. Me giré un poco dejándome caer a su lado con mi polla babeando semen y su coño rezumándolo.
Nos miramos de lado, con una sonrisa los dos,
--¿esto que ha sido? ¿cómo subo yo a mi casa ahora así?
--no sé, tendrás que esperar un poco por lo menos a recuperar la respiración, ¿no? Bueno, y si tu mujer me ha oído y se ha puesto cachonda, entonces, jajajajajajajaja!!!!!!!.......
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