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PLACER y PELIGRO: La Propuesta Irresistible.

Sabrina no solo quiere a su marido; quiere compartirlo. Y cuando sus ojos se posan en la inocencia de Lara, la propuesta es irresistible: desvirgarla no es un acto, es un ritual. ¿Estás listo para ser el instrumento de su placer?

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Un pequeño inciso antes de entrar en materia: aunque haré un breve resumen, para entender mejor este relato, recomiendo encarecidamente la lectura de "Viaje a la pasión o a la indiferencia". Sin más preámbulo, aquí va un somero resumen de la situación.

Mi viaje me lleva a Colombia, donde tengo la intención de reunirme con un matrimonio español que se encuentra allí por motivos relacionados con unos estudios sobre civilizaciones pasadas. He compartido momentos con ellos en lugares tan diversos como Perú y México. Sin embargo, por razones de fuerza mayor, tuve que regresar a España, pero ahora he vuelto para encontrarme nuevamente con ellos.

En este contexto, es importante mencionar que tengo una relación con Sabrina, la esposa de Waldo, con conocimiento de él. Se conocieron en la universidad, donde él fue su profesor, y su historia de amor despertó cierta controversia, dado que Waldo estaba casado en ese entonces. A pesar de la diferencia de edad, se casaron y llevan juntos entre 15 y 18 años.

Sabrina es una mujer cautivadora: de cabello moreno y ojos azul oscuros, mide aproximadamente 1.65 metros, aunque suele usar calzado que le añade un par de centímetros. Su peso no supera los 50 kg, y tiene labios gruesos y una nariz respingona que le otorgan un aire travieso. Posee un par de leves hoyuelos a ambos lados de la cara que la hacen aún más encantadora. Suele optar por un maquillaje sencillo, limitándose a resaltar sus labios, mientras que sus cejas están cuidadosamente definidas. Su figura es esbelta, con un busto que podría rondar la talla 90 o un poco más.

A sus 38 años, Sabrina está casada y, según se puede apreciar, todavía está enamorada de Waldo. Él, por su parte, tiene 59 años, pero no parece reflejar su edad; físicamente, se mantiene en excelente estado, con un cabello muy canoso, bien afeitado, delgado y midiendo alrededor de 1.78 metros. Sus manos son grandes y cuidadas, lo que también contribuye a su presencia agradable y simpática.

Mientras espero embarcar en el aeropuerto de Madrid, decido aprovechar el tiempo para comprar algo que me acompañe en el viaje, un par de libros. Mis ojos se detienen en dos títulos que han captado mi interés: "Temor a la Luz" de Stella Tack y "En el amor y la guerra (La catedral del mar 3)" de Ildefonso Falcones. Mientras los hojeo, una escena inesperada se desarrolla a mi alrededor.

Una mujer, que no debe de pasar de los 45 años, se acerca a mí. Tiene una presencia encantadora y resulta físicamente agradable a la vista. Con una sonrisa, me dice que no dude en elegir "En el amor y la guerra", asegurándome que, sí ya he leído las entregas anteriores, este también me cautivará. Su amabilidad y su conocimiento de los libros que estoy considerando me sorprenden.

Mientras conversamos, se quita unos auriculares que llevaba puestos, y de repente, la melodía de una canción comienza a sonar con claridad. Reconozco la canción de inmediato: es "Cuando nadie me ve" de Morat. Intrigado, le pregunto si esa es la canción que está escuchando. Ella asiente con una sonrisa, y en ese momento, una sensación de conexión efímera pero auténtica se establece entre nosotros.

Justo cuando estoy a punto de sumergirme más en la conversación, un anuncio interrumpe el ambiente, ya están llamando a los pasajeros para embarcar. Con un ligero apuro, me despido de la mujer, agradeciéndole por su recomendación, dirigiéndome rápidamente a la caja para pagar. Con una mezcla de emoción y un toque de nostalgia por la breve interacción, me llevo los dos libros bajo el brazo, listo para embarcarme en un nuevo viaje literario y, por qué no, en una nueva aventura por descubrir.

La melodía que emanaba de los auriculares de esa mujer me transportó instantáneamente a un rincón del pasado, evocando un recuerdo de una persona que había compartido momentos significativos conmigo. Era un recuerdo acogedor, pero al mismo tiempo impregnado de una leve nostalgia que no deseaba profundizar. Intenté no darle más importancia de la que merecía, así que sacudí mi mente, como si pudiera deshacerme de esos pensamientos.

El avión, a pesar de que apenas acabamos de despegar, se sentía sorprendentemente vacío. Me había imaginado un vuelo más concurrido, pero el espacio a mi alrededor me ofrecía una extraña sensación de calma. Tenía la intención de sumergirme en uno de los libros que había traído, pero el cansancio comenzó a asediarme. Era tarde y la modorra se apoderaba de mí, así que opté por darme un pequeño respiro y cerrar los ojos, aunque solo fuera por unos minutos.

Justo cuando empezaba a caer en un suave sopor, la misma canción de Morat resonó de nuevo en la cabina. En el lapso de una hora, había escuchado esa melodía dos veces, lo cual resultaba inusual. Mis ojos se movieron en busca del origen del sonido y lo encontré: un hombre, de aproximadamente 35 años, enfrascado en la tarea de montar un video, con esa misma canción de fondo. No pude evitarlo; mi mente, rebelde, regresó a aquel momento en el que le había comentado a una mujer que ella me recordaba a la protagonista del video oficial. Su rostro se había tornado en una mezcla de sorpresa y desagrado, lo que me hizo sonreír al recordarlo.

La sonrisa involuntaria disipó la modorra que comenzaba a envolverme, y con ella se desvaneció la idea de tomar otra siesta. Decidí que era hora de hacer lo que realmente había planeado y abrí uno de los libros que había traído conmigo. Con cada página, intentaría dejar atrás la melancolía y sumergirme en nuevas historias, lejos de los ecos de una canción que, a pesar de su dulzura, había despertado recuerdos que prefería mantener en un rincón más profundo de mi mente.

Me levanté para ir al baño y, para mi sorpresa, me encontré con la mujer del aeropuerto que salía del mismo. Ambos nos sorprendimos y, entre risas, intercambiamos un par de palabras triviales. Al salir, la vi allí, esperándome. Decidimos sentarnos en dos asientos vacíos, intentando pasar desapercibidos. De vez en cuando, ella giraba la cabeza para mirar hacia el fondo del avión, y fue entonces cuando me reveló que viajaba con su marido, quien se había quedado dormido.

Desde el primer momento, sentí una conexión especial entre nosotros, algo más que una simple atracción. Era una mujer hermosa, y mientras hablábamos, me confesó que no había tenido tiempo de comprar ningún libro antes del viaje. Iban a Colombia para visitar a un hermano de su esposo que estaba gravemente enfermo y que, lamentablemente, necesitaba ser repatriado.

Cuando ella mencionó que debía irse para no despertar a su marido, que la echaría de menos, le pedí que esperara un momento. Regresé a mi asiento, tomé el libro "Temor a la Luz", sabiendo que el otro libro que pensaba ofrecerle probablemente ya lo había leído, decidí hacer algo más. Cogí un bolígrafo y anoté mi número de móvil en una de las hojas interiores.

A pesar de su resistencia, insistí en que aceptara el libro. Ella, con una mezcla de incredulidad y gratitud, quiso al menos pagármelo, pero me negué amablemente. El resto del viaje transcurrió en un soporífero silencio, y me dormí como un bebé, sin darme cuenta de que el tiempo había pasado volando, nunca mejor dicho.

En el aeropuerto me esperaba Waldo, que, al ver su alegría al verme, disipó cualquier duda que pudiera haber tenido. Me dice que tenemos que parar en un sitio antes de ir con Sabrina. Nos espera un coche con un conductor que llama la atención por lo grande que es; no sé cómo puede entrar en el coche ni cómo puede girar el volante. El hombre sabe dónde vamos y para junto a una pastelería con aspecto muy vintage. Waldo se baja y yo me quedo en el coche. El conductor se pone a hablarme de fútbol, del Real Madrid y del Barcelona. Solo me queda darle la razón en todo, porque no tengo ni idea. Waldo me va contando los problemas que se han encontrado con los permisos y que, si no se solucionan en los próximos días u horas, regresaremos a España. Le he entendido que Sabrina está en una reunión, lo que me viene bien para dar una cabezada. Han sido más de diez horas de viaje y, de pronto, el conductor, que debe de aburrirse escuchándonos hablar, pone música. Por tercera vez, escucho la misma canción de Morat. Mi cabeza está confundida; nunca me había pasado.

Llegamos a nuestro destino y, tras un largo viaje, le menciono que me voy a dar una ducha y descansar hasta que llegue Sabrina. Él, con una sonrisa comprensiva, me dice... “Avísame cuando estés listo y si puedes descansa”. Al abrir la puerta de mi habitación, me encuentro con una inesperada sorpresa, Sabrina está en la cama, con una radiante sonrisa. Se quita la sábana de encima y se acerca a mí, desnuda, moviéndose con la gracia de una dulce gatita. Su presencia llena el ambiente de una energía cálida y seductora, como no podía ser de otra manera y ahora entendía lo que me había dicho Waldo y si puedes descansa.

Sabrina me desnudó en cuestión de segundos y me llevó a la ducha. No pasó mucho tiempo antes de que, bajo el chorro de agua, comenzáramos una intensa batalla con nuestros cuerpos. La pasión continuó en la cama, donde noté que Sabrina estaba especialmente excitada, y supuse que todo se debía a mi presencia.

Sin embargo, pronto comprendí que su entusiasmo iba más allá de mí. Mientras follábamos frenéticamente, comenzó a hablarme de una mujer fascinante que la tenía completamente alborotada. Me decía que quería que la sedujéramos juntos, que estaba convencida de que a ambos nos iba a gustar. "Solo le falta un pequeño empujón, y ahí entras tú", me decía, mientras su voz temblaba de deseo. En ese instante, su excitación era contagiosa, y aunque sus palabras me intrigaban, lo cierto es que mi atención estaba centrada en el frenesí que emanaba de ella, en cómo había alcanzado varios orgasmos solo al imaginar a esa otra mujer.

Nos quedamos agotados y dormidos. Cuando me desperté, Sabrina ya no estaba, aunque su olor impregnaba toda la habitación. Me levanté, me duché y me fui a reunir con Sabrina y su marido. Waldo, con cierta guasa, me dice... "No sé qué le das que la dejas amansada y feliz". Abrí los brazos sin decir nada, con un gesto de complicidad. Me contaban todo lo que había sucedido en mi ausencia y los problemas con los que se habían encontrado, por eso el estar prácticamente con los brazos cruzados, aunque no era así, porque Sabrina estaba aprovechando esa inactividad para poner en orden todos sus apuntes.

Sabrina cambió de conversación, regresando al tema de su amiga, esa que, aunque no lo había expresado claramente, la tenía atrapada en una continua excitación. Con gente alrededor, decidí hacer una pregunta que consideraba necesaria... “¿Pero estás segura de que esa mujer realmente “entiende” lo que sientes, o es solo lo que tú quieres creer?”. Sabrina, después de meditar unos segundos, respondió... “Estas cosas no se saben a ciencia cierta, pero tengo un presentimiento de que al menos tiene curiosidad”. Waldo me miró, dándome a entender que de eso no sabía mucho, pero pronto tendríamos respuestas, ya que al día siguiente teníamos una fiesta en su casa. La idea de asistir no me entusiasmaba; no conocía a esas personas y no me habían especificado qué tipo de fiesta sería.

Así que, a prepararme con un traje y a salir de fiesta. Sabrina y su marido Waldo lucían impecables, y aunque yo también me había esforzado, seguía sin tener claro qué tipo de celebración era. El lugar al que íbamos era más que una casa; parecía un pequeño palacio. Un hombre regordete de 60 y... nos recibió con entusiasmo, abrazando a Waldo y besando la mano de Sabrina. Cuando llegó mi turno, se presentó... “Don Carlos, soy Felipe. Tenía muchas ganas de conocerle. Sus amigos me han hablado mucho de usted y parece que tenemos intereses comunes”. La verdad, no sabía qué intereses comunes podríamos tener, ya que él se dedicaba a las finanzas. Poco después, llegó su esposa, quien me presentó como Carolina.

Carolina era una mujer de unos 50 años que se mantenía muy bien, y era evidente que el bisturí había hecho magia en su rostro. La comida era abundante, casi excesiva, y durante esos momentos de tranquilidad, noté la complicidad entre Carolina y Sabrina. Eso me hizo pensar que la mujer que tanto deseaba y que estaba causando tanto revuelo en su vida era Carolina. Aunque no conocía todos los gustos de Sabrina, me sorprendía esa pasión por Carolina; no parecía ser el tipo de mujer que atrajera a mi amiga.

Mientras hablaba con Felipe sobre negocios, comprendí que su campo no se limitaba solo a las finanzas y descubrí que teníamos algunos intereses profesionales en común. Decidimos dejar la conversación en pausa hasta que tuviéramos más tiempo para hablar con calma. La fiesta era en honor a su hija Lara, quien cumplía 18 años ese mismo día. En ese instante, ella apareció en el salón. Felipe decía que acababa de cumplir 18, pero lucía como si tuviera al menos cinco años más.

Lara, con una altura de 1.67 metros, un peso de alrededor de 50-53 kg, y unas medidas que acentuaban su figura, tenía un pecho atractivo, una cintura estrecha y unas caderas bien definidas. Su trasero, respingón y con forma de corazón, sumado a sus piernas y muslos esculturales, le daban un aire cautivador. Su melena alborotada de color rojizo completaba su imagen. Fue entonces cuando vi la mirada de Sabrina hacia Lara y comprendí que había cometido un error, no era la madre, sino la hija, quien despertaba el interés de Sabrina. Lara era, sin duda, el prototipo de mujer que atraía a mi amiga, a pesar de la diferencia de edad. Fue cuando me miró para que me diera cuenta de que esa era la que quería, que no hubiera sido necesario que me dijera nada.

Al final Sabrina se las arregló y nos quedamos hablando los tres a solas, ella, Lara y yo, se conocían desde hacía varios años y la amistad por lo que podía ver era una amistad fuerte, Entre ellas había mucha complicidad, pero esa complicidad no me decía que Lara quisiera nada especial con Sabrina, solamente complicidad entre mujeres. Y en la conversación salió el nombre de un tal Camilo, que rápidamente deduje que era el novio y de familia cercana a la suya y vi que para ella eso era un contratiempo. Con la excusa de revisar algo de mi trabajo, que también era cierto porque había y se avecinaban problemas, me aparté a revisar el correo electrónico.

Eso no me impidió el poder escuchar lo que hablaban, porque Sabrina que es muy zorra, hablaba de tal manera que no me perdiera ningún detalle y el resumen, que Camilo era un año mayor que ella, poca personalidad, frase textual “El bicho no es bicho, en bichito, pero muy bichito” refiriéndose a la polla y además por lo que se veía la mayoría de las veces era como un estornudo. Remataba su frase diciéndole a Sabrina... “Ya sé que las de las películas de adultos, son un trucaje, no digo ese tamaño, pero sí un poco más grande... ¿Me entiendes lo que te digo Sabrina? Porque mi madre me dice que no todo está en el sexo”, entre que Lara necesitaba contar sus problemas y Sabrina que la hacía soltar todo, la conversación estaba resultando muy interesante.

Llegó el muchacho en cuestión, Camilo podía ser un par de centímetros más bajo que ella, de físico chupado, demasiada delgadez, la cara era bonita, no hay que negarlo, barbilampiño y tratando de llevar bigote pero que era una simple pelusa. Era muy agradable, algo que me llamó la atención, que cuando le di la mano la suya era una mano flácida y que me miraba embelesado. Sabrina y yo buscamos quedarnos solos diez minutos para poder hablar.

- ¿Que te ha parecido Lara?

- La verdad que la muchacha está muy bien, no me extraña que te gustara, aunque al principio pensé que ibas por la madre, que tampoco está mal.

- La madre es demasiado religiosa, aunque tiene que ser pura dinamita entre unos brazos expertos.

- Que has visto en Lara que te indique que puedes tener algo con ella?

- Conmigo sola no, porque para eso había que disponer de mucho tiempo. Pero está loca por tener a un hombre de verdad que le haga sentir lo que sienten otras de sus amigas, que le han contado de todo. Y ya has visto a Camilo, que sí, que es muy buen chico, pero te digo que “patina” JAMÁS me ha mirado las tetas, y eso no es normal.

Dejamos la conversación en ese extremo y decidí llevar mis averiguaciones a mi manera. Me lo puso a huevo Lara que se manchó y se fue a cambiar, colocándose unos pantalones de piel ajustados que parecen su propia piel y sin ninguna marca. Observo que Camilo bebe bastante o eso me parece, se sale al jardín a fumar y aprovecho para encontrarme casualmente con él y nos sentamos a dialogar. Hablamos de España y Colombia, pero rápidamente cambia el tema para tratar de saber cómo he logrado tener el cuerpo que tengo y hablamos de o más bien hablo de los distintos tipos de ejercicios que hago. Se está quejando de su cuerpo cuando sale al jardín su novia y Sabrina junto a la madre de Lara. Decidido ir a por todas salvo que me corte o me llame la atención.

- Hombre Camilo lo del cuerpo está bien pero no es lo fundamental y si no fíjate en la novia que tienes, que menudo cuerpazo se gasta, seguro que algo habrá visto en ti.

- Eso sí es verdad, he tenido suerte con Lara, pero lo mismo ella no ha tenido la misma.

- No sé por qué puedes decir eso. (Y se abrió como un libro)

- Porque físicamente soy güeón.

- ¿Y eso que quiere decir? (Aunque lo sabía de sobra)

- Que soy flojo, débil... y otros pensarán otras cosas.

- Pasa de ellos y pasa de tonterías. Más de uno, incluido yo, quisieran tener a mano un culazo como el de tu novia, eso sí que es tener suerte. Que de locuras se me ocurren... ufff...

- ¿A qué es bonito? (No se enfadó, todo lo contrario, tenía que ir un poco más allá)

- Bonito no, lo siguiente. Lo que no me imagino cómo son sus tetas, porque parecen grandes, pero... (Me interrumpió muy animado)

- Ni te lo podrías imaginar, no te caben en las manos y ni en las tuyas que se ven grandes, lo mejor que están bien sujetas y los pezones son casi negros y como misiles a punto de ser lanzados.

- Pues quién lo diría. Porque no se le notan.

- Lleva su sostén especial.

- Pues os lo pasareis muy bien y te lo repito con ese culo, locuras haría.

- Aunque no me dice nada, sé que ella no se lo pasa muy bien. ¿Y qué harías con su culo?

- No te lo digo, que una cosa es pensarlo y otra decirlo, que además te molestaría.

- Qué va, puedes decirlo que te aseguro que no me molestara.

- (Quise ser bestia, pero con un pequeño toque de moderación) Pues, por ejemplo, en esa mesa de piedra del jardín, la apoyaría, para que se quedara a cuatro patas y le follaría el culo, hasta que tu vieses como sonreiría.

La cara de él era un verdadero poema, si sigo diciendo cosas hubiera acabado corriéndose, Ya tenía todo claro y me levanté dejándole a medias. Antes de empezar la fiesta, pocos minutos antes, Sabrina estaba nerviosa porque me decía que esa era la noche ideal para que su fantasía se hiciera realidad, pero que teníamos que ver cómo quitarnos de en medio a Camilo, algo que era muy difícil y que se me tenía que ocurrir algo. No le respondí nada porque ya lo tenía todo pensado. Hable con Waldo para que preparase donde nos hospedábamos una buena movida, pero sin decirle nada a Sabrina, que quería que fuese una sorpresa. A los tres cuartos de hora me levanto un pulgar.

Durante la fiesta baile varias veces con Lara y sin ser muy descarado de cara a los demás, si lo fui con ella, sobándola bastante y sobre todo dejando que notara a la perfección mi potente erección. No protestó en ningún momento, pero sí creo que fue la vez que más resoplidos ha dado. A Sabrina se le estaba agriando la cara por momentos y sobre todo al ver que yo estaba de cachondeo con Camilo, lo que no sabía era que ya había convencido a Camilo de que se vinieran con nosotros, aunque había mochila porque vendrían algunos más, pero eso para mí no era problema. Cuando le hago una señal a Waldo dice de irnos y se apuntan los que ya estaban previstos en total vamos once personas. Cinco parejas y yo. Iremos nueve en un Land Cruiser 250 VX-L y dos en una moto.

En el Toyota van delante el que conduce y Waldo. En los asientos de detrás cuatro, Camilo con un chico encima de sus piernas, un chico, Sabrina y yo, yendo encima de mi Lara y detrás del todo en asientos que son más bien para niños, una chica. Hay muchas risas, hablando alto y Lara sentada con su culito abrazando mi polla que se marca en el pantalón de tela. Ni se mueve ni respira lo mínimo. En varios meneos que da el coche, mi polla hace de las suyas clavándose con más detalle entre las suculentas nalgas de Lara. Que ya no se está forzando por no tocar, ya está bien sentada y es más sospecho que se mueve más de lo necesario. Aprovecho para rozar sus tetas y en verdad que son grandes, aunque los pezones más que notarse se intuyen, por lo que me hace sospechar que debe de llevar pezoneras si es verdad lo que me dijo Camilo.

En la respiración se nota que está cachonda y me lo certifica Sabrina guiñándome un ojo. Llegamos a donde estamos residiendo y empieza la juerga, lo único que sin tanto escándalo. La cosa no está yendo tan bien como esperaban y de eso se trata, al final se van marchando todos menos Camilo que dice de quedarse. Una vez estamos las dos parejas y yo solos, todo cambia. Propongo bailar con música suave, Sabrina anima a Lara y Camilo también, dejamos todo en semi penumbra.

Ahora, con una determinación renovada, acerco mis manos lentamente hacia sus nalgas, tocándolas con una mezcla de confianza y descaro. Ella permanece en silencio, sin decir una palabra, pero su mirada se dirige rápidamente hacia donde está su novio. Es evidente que nos ha visto, aunque intenta disimularlo, manteniendo la atención en Waldo, con quien charla distraídamente. Para evitar que nos detecte con claridad, Lara realiza un pequeño giro, orientándose de modo que su espalda quede parcialmente oculta. Este movimiento me brinda una mejor oportunidad para aprovecharme del momento, actuando con mayor descaro y sin que ella pueda advertirlo claramente. Llevo al final mis manos por debajo de su falda, toco sus muslos, su respiración se agita, pero en cuando mis dedos suben en dirección a su coñito se pone más nerviosa y está a punto de dejar de bailar.

Sabrina, que siempre está perfectamente atenta y alerta, se levanta con rapidez y agilidad, moviéndose con una soltura que denota seguridad. Sin perder tiempo, se coloca justo detrás de Lara y en un gesto que muestra complicidad y cariño, los tres se abrazan en un abrazo cálido y protector. En ese instante, Sabrina susurra con una sonrisa suave... “La pareja que mejor baila en este mundo”. La situación prácticamente los ha convertido en un sándwich, con Lara en medio, sosteniendo a Lara con ternura y confianza.

Se nota claramente que Lara está en un estado de excitación, y Sabrina, con su presencia segura y su actitud confiada, la supera con creces en ese aspecto. La conexión entre ellas es evidente, y la complicidad en sus gestos lo confirma. Sabrina, sin necesidad de que yo le diga nada respecto a lo que hablamos con Camilo, ha captado la esencia de la situación al instante. Con un movimiento natural y lleno de cariño, aparta suavemente la melena que cubre el rostro de Lara y le da pequeños besitos delicados en su cuello, como si quisieran comunicarle que todo está en orden.

Luego, en un tono susurrante y lleno de ternura, le dice al oído... “No te preocupes, todo está bien. Solo déjate llevar, solo haz lo que deseas”. Mientras pronuncia esas palabras, la veo lamerle suavemente la oreja, en un gesto que refuerza la intimidad y la confianza entre ellas, creando un momento cargado de sensibilidad y complicidad.

Pero eso parece que no tranquiliza a Lara en absoluto. Se nota en su expresión, en la forma en que sus ojos se mueven inquietos, reflejando su confusión y desconcierto. Todo lo que está sucediendo es completamente nuevo para ella, y claramente no sabe con precisión qué está ocurriendo, qué significan las palabras, qué sentimientos están aflorando en su interior. La tensión crece en el ambiente cuando, finalmente, Lara rompe el silencio con una voz temblorosa y cargada de incertidumbre.

“Pero, Sabrina, ¿qué está pasando?”...pregunta, con un tono de desesperación contenida... “No entiendo nada. ¿Tu marido... Camilo...?” En ese momento, Sabrina, que había comenzado a decir algo, la interrumpe suavemente. Su expresión es tranquila, casi apacible, pero en sus ojos brilla una chispa de excitación y morbo que no pasa desapercibida. Con un susurro que parece más un roce que una palabra, se acerca a Lara, y con voz suave, pero llena de intención, le dice... “Cariño, esto es algo natural. Mi marido es un hombre que me consiente, es un cornudo y me ama, y el tuyo... Está claro que también lo es. Cuando no podemos obtener lo que necesitamos de manera convencional, buscamos el fruto prohibido”, se produjo un leve silencio.

La frase, cargada de doble sentido, se desliza en el aire, dejando un silencio cargado de tensión. Lara, sin embargo, no parece tranquilizarse con esas palabras. Al sentir las manos de Sabrina acariciándole los pechos, una sensación incómoda y de vulnerabilidad la invade. Sin pensarlo mucho, se aparta bruscamente, dejando a Sabrina sola junto a mí. Se aleja unos pasos, como si buscara un espacio para procesar lo que acaba de suceder.

Luego, se sienta en una silla cercana, junto a Waldo y Camilo, toma una copa para beber, intentando calmarse. Desde su asiento, nos observa con atención mientras nosotros, sin apartar nuestros labios, seguimos besándonos. Aunque su expresión muestra una mezcla de emociones —confusión, deseo, quizás un poco de rechazo—, no dice nada, ni intenta marcharse. Simplemente nos mira, observando la escena que se desarrolla ante ella, sin intervenir ni poner fin a la situación. La tensión en el ambiente se mantiene, palpable, mientras Lara lucha con sus sentimientos y la incertidumbre que le invade.

Bajo los tirantes del vestido de Sabrina, que acaba cayendo al suelo y quedando solo con medias, unas braguitas estilo culotte y sin sujetador, donde se ven perfectamente sus pezones erectos y con sus grandiosos y habituales tacones altos. Me hace colocarme de lado, se inclina sin doblar las piernas, de tal manera que su culito se ve más majestuoso y lo sabe. Desabrocha mi pantalón y los deja caer, no tardo nada con mis pies en echarlos fuera. Ahora si se pone de cuclillas con mucho arte y ante la mirada atónita de Ella y de Camilo, me baja el bóxer, saliendo mi pene disparado hasta mi tripa como si tuviera un muelle. El bóxer dura menos tiempo entre mis piernas que el pantalón.

Sabrina realiza una demostración en su arte como una de las reinas del sexo oral de lo que es verdaderamente impresionante. No dejó ningún milímetro de mi polla sin explorar, ni un solo espacio sin recorrer ni lamer. Su actuación es una exhibición auténtica y genuina, que resulta imposible que pase desapercibida o deje a alguien indiferente. La intensidad y la pasión con la que hace la mamada deja ver que Sabrina se entrega a su arte, cautivando a todos los presentes.

Mientras tanto, la expresión en los rostros de los demás espectadores refleja diferentes emociones. La cara de Camilo muestra una sorpresa genuina, como si no pudiera creer lo que está viendo. Por otro lado, la de Lara refleja una mezcla de asombro y maravilla, como si estuviera maravillada con la destreza y entrega de Sabrina en la manera de mamar, sabiendo que en parte se la está dedicando a ella, como si la estuviera animando.

En medio de esa atmósfera, Sabrina parece esperar el momento justo para actuar. De repente, me agarra de la polla, como si se tratase de un gran trofeo. Me lleva a sentarme en un sillón cercano. Con una sonrisa maliciosa, le dice a Sabrina... “¿Ves? Como si las hay igual que las de las películas”. Me siento y ella continúa con su demostración volviendo a mamarme la polla, pero sin dejar de mirar a Lara.

Luego, Sabrina hace una pausa, se vuelve hacia nosotros y, con una sonrisa pícara, depravada y licenciosa se dirige a Lara comentándole... “O te vienes tú a comer este pollón que difícilmente vas a encontrar uno igual, o estos dos cornudos ya mismo se lo están comiendo. Que tienen cara de glotones, y aunque a mí marido no le gustaban mucho los pollones, ahora se me ha aficionado mucho a ellos y a la leche merengada”. Añadió que, aunque Carlos también hace muy buena la leche merengada, se agota y hay que esperar.

La atmósfera en la habitación está impregnada de una complicidad palpable, un silencio cargado de tensión y deseo que parece envolver a todos los presentes. La escena es extremadamente excitante, y esa sensación se refleja claramente en el rostro de Lara. Sus ojos permanecen fijos en nosotros, con una intensidad que revela una mezcla de nerviosismo y anticipación. Su expresión es inmóvil, casi hipnótica, y en su mano sostiene con firmeza un vaso, que parece ser un símbolo de lo que está por suceder.

Sabrina, observando la situación con atención, percibe que el momento ha llegado. Su respiración se hace más profunda, y un brillo decidido en sus ojos la impulsa a actuar. Con el pecho henchido de confianza, dejando ver sus pezones que están completamente erectos y una sonrisa sutil que revela su determinación, se levanta lentamente, permitiendo que su presencia llene el espacio. Con pasos seguros, se acerca a Lara, que aún permanece en silencio, absorta en la escena.

Sin palabras, Sabrina toma suavemente el vaso que Lara tiene en su mano, con cuidado de no perturbar esa tensión eléctrica en el aire. Lo deja sobre la mesa con delicadeza, dejando que el sonido del cristal al posarse sirva como un pequeño impulso en el momento ya de por sí cargado de emociones. Los ojos de Lara se fijan en ella, sorprendida, pero también expectante.

Luego, Sabrina extiende sus manos con suavidad y las coloca sobre las de Lara, haciendo que ésta la mire con una mezcla de curiosidad y sumisión. Lentamente, con movimientos firmes pero cuidadosos, Sabrina la ayuda a levantarse. La cercanía entre ambas se intensifica, mientras los ojos del marido y el novio permanecen atónitos, sorprendidos por la espontaneidad y la confianza de Sabrina en ese acto.

La escena se convierte en un momento de conexión profunda, donde las emociones y las intenciones se cruzan en un juego de miradas, gestos y silencios que prometen algo más allá de lo evidente. En ese momento, Sabrina se acerca por detrás de ella con una intención clara. Sin hacer ruido, sus manos se mueven con destreza hacia el cierre de su vestido, que se desliza suavemente hacia abajo, dejando al descubierto parte de su espalda y parte superior de su cuerpo.

El vestido, ahora sin su cierre, cae con gravedad, revelando que probablemente no estaba completamente ajustado o que fue diseñado para facilitar su retirada en esa situación. La prenda se desliza hasta llegar a la cintura, permitiendo una vista más cercana de su ropa interior.

En cuanto al sujetador, su apariencia no destaca por su belleza. La tela parece simple y sin detalles llamativos, sugiriendo que quizás no fue pensado para exhibirse, sino más bien para funcionalidad o comodidad. Esto indica que la intención de la persona que lo llevaba puesto no era mostrarlo, sino simplemente usarlo como parte de su vestuario habitual.

Por otro lado, el tanga sí es notable por su belleza y diseño atractivo. Los laterales del tanga suben muy alto en las caderas, resaltando esa zona y dando un toque de sensualidad y elegancia a la vestimenta. La elección de este tipo de ropa interior sugiere una preferencia por prendas que destaquen la figura y aporten un aire de sofisticación.

Desde donde estoy colocado, que es de frente a Lara, puedo apreciar claramente que debe de estar depilada completamente sus piernas que se realzan como las de Sabrina por esas sandalias de altura imposible, que hacen que sean dos gotas de agua con lo que se refiere a sus piernas y muslos. Esbeltas, armoniosas, muslos firmes y tonificados, se ven fuertes, pero a la vez se intuyen suaves. Ambas con piernas de piel luminosa y brillante, pura armonía. Se quedó corto cuando Sabrina se deshace del sujetador. Dos pechos potentes y reunía algo que era la primera vez que veía, los pezones eran casi negros como dijo Camilo, pero eran como una galleta, pero lo más a sombroso que sus pezones eran como pulgares tiesos, dos cosas que juntas no las había visto nunca. Pocas veces me han tenido tan cachondo y porqué no decirlo, tener dos espectadores lo hace más excitante.

Se acerca con ella, hace que se arrodille junto a ella y para guiarle el camino se pone a mamar a un palmo de Lara, que tiene fijos sus ojos y lo único que hace es jugar con sus labios, se los moja, le pasa la punta de la lengua a sus labios. Sigue sin decidirse, pero no por falta de ganas, por eso no. Es de suponer que la frena su novio, aunque a estas alturas eso ya no debía de importarla. Sabrina estaba loca por dejar mi polla y comerse a la dulce, tierna y virginal o casi virginal Lara. Por eso para y dice... “Chicos, se requiere de vuestra presencia de manera urgente”, no hubo que repetirlo y cuando estuvieron de pie junto a nosotros Sabrina con tono de reproche... “Pero que hacéis que no estáis ya desnudos, venga desnudaros rápidos y comerle el pollón a Carlos que se anime esta zorrita”, Waldo sabía que estaba en el juego desde el minuto uno, pero ni Camilo dijo nada ni Lara tampoco.

Lara miraba como se desnudaban o más bien como su novio obedecía y se desnudaba. Me llamó la atención el tono de sorpresa de Sabrina... “Pero mi niña, eso no es un bichito, es una puta lombriz, ¿Seguro que no eres virgen? Porque con eso... ya da igual esta noche Carlos te va a inaugurar bien inaugurada, ya verás que semental” fue cuando me fije y tampoco es que fuera una lombriz, pero sí que, sí había sido el primer hombre de Lara, posiblemente fuera virgen, aunque ellos creyeran lo contrario. Camilo ni se inmuto, pero su novia si se ruborizo. Aun así, todavía no se decidía y muy astutamente Sabrina se puso detrás de Lara, las dos de rodillas. Waldo se acercó a comerme la polla y una vez que lo hizo unos segundos, le dije que se quitara y que dejara a nuestro invitado.

No hubo que explicarle nada a Camilo, se agacho y con su carita de imberbe, como si fuera un gatito mamando, ni lamer ni nada, se metió la polla en la boca y dale que te pego. Mientras podía ver a Sabrina acariciando el brazo derecho de Lara, diciéndole... “Mira como mama el putito de tu novio, no vas a tener mejor marido, harás lo que quieras y él te obedecerá en todo, solo tenéis que ser inteligentes y que nadie lo sepa ni se dé cuenta” mientras le susurraba todo esto, no dejaba de acariciar su brazo y con la otra mano ya acariciaba uno de sus pezones, que cuando lo agarró Sabrina casi se corre del gusto. Estaba esperando para quitar a camilo, pero Lara no me dio tiempo, se puso de rodillas con el culo en pompa y agarrando del pelo fuertemente a su novio le dijo potentemente... “PATOCHÍN QUÍTATE Y MIRA BIEN CÓMO TE EMPIEZO A HACER CACHUDO” y todo cambio.

Porque se entregaba con una pasión que parecía que le fuera la vida en ello. Lo hacía con una dedicación meticulosa, perfeccionando cada movimiento, cada gesto. Al principio, le costó un poco adaptarse al tamaño de mi polla, experimentando cierta inseguridad y dudas, pero no se rendía. Con paciencia y perseverancia, fue logrando que todo encajara perfectamente hasta el fondo de su garganta. Y cuando finalmente se sintió cómoda con su cuerpo y el proceso, la experiencia se convirtió en una verdadera locura, una explosión de emociones y ganas que la impulsaban a seguir adelante con entusiasmo.

Mientras tanto, Sabrina, con una sonrisa suave y llena de complicidad, iba quitándole lentamente el tanga, facilitándole el proceso, como si ambas compartieran un secreto especial. La confianza y la cercanía entre ellas se reflejaban en cada movimiento, creando un ambiente de intimidad y deseo que las envolvía por completo.

Una vez que logró quitarlo, podía reconocer claramente en qué momento le metía los dedos, pues cada vez que lo hacía, ella se clavaba hasta la garganta mi polla de una forma salvaje, al punto de la arcada, una reacción que parecía involuntaria pero que revelaba la intensidad de la sensación. Paró unos segundos, respirando con dificultad, y entonces se volvió hacia mí y Sabrina, con una expresión de deseo, de necesidad, de angustia y urgencia en los ojos... “No me puedo aguantar más (susurró con voz entrecortada). ¡Necesito este vergón dentro de mí!” Nos miramos en sus palabras había una mezcla de desesperación y deseo que nos dejó sin palabras. Sin más, ella se levantó y nos indicó con una mirada que era hora de ir a la cama. Nos levantamos y la acompañamos, sabiendo que todo había cambiado en solo segundos.

Al llegar a la habitación, Lara empezó a preparar el espacio. Con la ayuda de su novio y de Sabrina, colocó varios almohadones debajo de su culo, elevándose cuidadosamente para encontrar la posición perfecta. Luego, se tumbó encima de ellos, en una postura que parecía pensada para maximizar su comodidad y placer. Desde esa posición, nos miraba fijamente, sus ojos brillaban con deseo y anticipación, como si estuviera lista para dejarse llevar por la pasión que había estado acumulando.

Sentí que casi temblaba, una sensación que mezclaba nervios, excitación y un profundo deseo por lo que estaba a punto de suceder. La incertidumbre me invadía, pero también una chispa de anticipación. En ese momento, me preparé para colocarme un preservativo, consciente de la importancia de la protección, de la responsabilidad que implicaba el acto. Justo cuando estaba a punto de hacerlo, ella estalló en una risa suave, diciendo con una dulzura que parecía contener un mensaje más profundo... “Sin nada, por favor... si me protejo, estoy sanísima, no soy promiscua... y Camilo... ya lo ves” Esas palabras parecían una declaración de sus límites, una especie de afirmación de su decisión y de su autoestima, como si quisiera dejar claro que su deseo de protección no era por falta de confianza, sino por respeto a sí misma. Lo que dijo, “ya lo ves”, llevaba un tono de resignación o quizás de autoafirmación, como diciendo: “¿Quién querría con lo que tiene?”

Camilo, atento y respetuoso, me pidió que tuviera mucho cuidado. Tomó con suavidad su mano y la sostuvo con firmeza, transmitiéndole tranquilidad y confianza. Sin intentar apurarse ni aprovecharse de la situación, se dedicó a tranquilizarla, a crear un espacio de seguridad y respeto mutuo en medio de la tensión del momento. Por un instante, parecía que ambos compartían un entendimiento silencioso: que lo más importante era el consentimiento, la protección y la dignidad de cada uno. También agarra la mano de Sabrina, que la tranquiliza, de momento no se aprovecha de ella, ni intenta nada.

No me lanzo directamente a la ansiada follada, primero quiero saborearla, disfrutar cada instante previo. Nos besamos con pasión, algo que ella hace muy bien, dándole igual todo lo que nos está rodeando. Dejando que nuestros labios se encuentren y exploren suavemente y a ratos con furor. Su boca sabe a mi polla, una sensación que me enciende. Sus besos cada vez son más apasionados, intensos, se entrega sin reservas, haciendo que todo lo que nos rodea desaparezca, que solo existamos nosotros en ese momento.

Mientras nos besamos, comienzo a lamer y mordisquear sus hombros, recorriéndolos con ternura y deseo. Bajo lentamente, siguiendo el camino de su piel, y no puedo dejar de pensar en lo increíbles que son sus pechos. Cada uno de ellos parece una perfecta creación, una obra de arte que deseo explorar más a fondo. Pero, sobre todo, no puedo dejar de pensar en sus pezones, esas zonas que parecen tener un poder especial sobre mí, que hacen que mi interés se intensifique aún más. Porque resulta sumamente fácil atraparlos con los labios, jugar con ellos, hacer que se estremezca y que sienta que por su especial tamaño puedo hacer con ellos lo que quiera.

Su cuerpo se contorsiona cuando le castigo suavemente los pezones, una reacción que me vuelve aún más fascinado. Es maravillosa, una de esas mujeres que tienen una resistencia admirable, que aguanta y necesita que la follen con dureza, en potencia, en intensidad. Aún no he calibrado del todo hasta dónde puedo llegar, pero la idea de descubrirlo me enloquece, me llena de deseo y anticipación.

Bajé lentamente por su abdomen, siguiendo con atención cada uno de sus movimientos, después de haber disfrutado en profundidad de sus dos pechos, esos momentos de tensión y placer que habíamos compartido. Mi mirada se detuvo en su área más íntima, donde llegué a su pubis, un pequeño y delicado pliegue que apenas se distinguía, marcado por una estrecha línea de vello oscuro que hacía un hermoso contraste con el brillo de su melena rojiza, que caía en ondas sedosas sobre su piel.

Mientras mordisqueaba suavemente los alrededores, Lara buscaba que llegara exactamente donde ella quería, pero no lograba hacerlo en ese preciso momento. Su cuerpo, sin necesidad de palabras, comunicaba claramente sus deseos a través de sus movimientos... un ligero arqueo de caderas, una respiración acelerada, pequeños gestos y cambios en su postura que revelaban su ansiedad y sus anhelos. Cada señal era como un lenguaje propio, un diálogo silencioso que ambos entendíamos sin necesidad de pronunciar una sola palabra.

Me voy hacia la cara interior de sus muslos, que cuanto más subo más la hago enloquecer. Sin intención de otra cosa, salvo provocarla paso la lengua por su coñito y de manera sorpresiva yo creo que, para todos, Lara se corre sin haber dado ninguna señal, ha sido con el mismo ritmo de una traca, empezó a correrse y con distintos gritos, gemidos hasta llegar a la máxima expresión de su corrida. Cuando me di cuenta de lo que sucedía que fue algo inmediato, me apodere de su clítoris que, en tamaño y dureza hacia juego con sus pezones, hasta me podrian parecer más grande que la pollita de su novio, aunque exagere un poco. Una fuera de serie es esta muchacha.

Estaba llena de ansias, una sed insaciable que parecía consumirla por dentro. Lentamente, apretaba sus dientes, separando ligeramente sus labios en un acto casi involuntario, como si quisiera contener un torrente de emociones que la sobrepasaban. Sus ojos brillaban con una intensidad ardiente, reflejando una mezcla compleja de deseo, atracción y pasión que se manifestaba en cada centímetro de su ser.

Su mirada, profunda y penetrante, parecía comunicarse sin palabras, transmitiendo un interés ardiente y una provocación sutil que despertaba en mí una sensación de expectación. La forma en que se movía, cómo su respiración se aceleraba, hacía que su pecho se hinchara cada vez más, elevándose con cada inspiración profunda, evidenciando su excitación y su deseo palpable.

En ese instante, me colocó delante de ella, y sin un solo gesto que rompiera el silencio, nos miramos fijamente. Yo, de rodillas entre sus piernas, podía sentir la calidez de su cuerpo, la suavidad de su perfume y el ritmo acelerado de su respiración. Nuestros ojos se encontraron en un intercambio silencioso pero cargado de electricidad, una comunicación que trascendía las palabras y que solo nosotros podíamos entender en ese momento.

La tensión en el aire era palpable, cada uno de nosotros consciente del magnetismo que nos unía, alimentado por la intensidad de nuestras miradas y por la energía que emanaba de nuestros cuerpos. La pasión en su mirada y en su respiración me invitaban a explorar más allá de las palabras, a dejarme llevar por ese deseo mutuo que se había encendido entre nosotros.

Me coloque encima de ella la penetre suavemente y aunque me costaba, sentí como me topaba con algún impedimento, lo que hizo que ella que estaba excitada, pero sin más preocupaciones se tensara. Lo primero que me vino a la cabeza es que su himen estaba todavía intacto o parcialmente intacto. Al posar mis ojos en los suyos, percibí claramente que ella compartía las mismas emociones y pensamientos que yo en ese momento. La intensidad de esa conexión fue tan evidente que Sabrina, que estaba observando todo desde cerca, captó la misma sensación. Lara, con una expresión tímida pero decidida, mordió suavemente su labio inferior y, manteniendo la mirada fija en mí, asintió ligeramente con la cabeza. Fue una señal clara y sutil de que continuara, de que no había vuelta atrás, que todo debía seguir su curso sin reservas. Lo haría con mimo, ternura y paciencia.

De repente, ella rompió el silencio con una voz muy suave, casi susurrante, que parecía flotar en el aire... “Pero bésame”. Esas palabras resonaron en mi interior y, sin pensarlo demasiado, me lancé a besarla con profundidad y ternura, cuidando de no dejar que nuestras lenguas se enredaron en una vorágine de locura, sino más bien manteniendo un ritmo suave y delicado, que permitiera que cada beso fuera una expresión de deseo contenido y respeto mutuo.

Mientras nuestras bocas se encontraban, ella, con una determinación inesperada, cruzó las piernas en mi espalda, usando la fuerza de esas piernas bien entrenadas para hacer un movimiento brusco. Ese movimiento rompió cualquier reserva que pudiera haber quedado en mí, y en ese instante, sentí cómo una exhalación contenida escapaba de su cuerpo, entrando en mi boca en un intercambio cargado de emoción y energía.

Nos quedamos así, inmóviles, con los labios unidos en besos suaves y tiernos, dejando que el silencio y la cercanía hablara por nosotros. Poco a poco, esa calma se fue transformando en algo más ardiente. Ella empezó a besarme con más intensidad, con una pasión que parecía crecer en cada instante, y nuestros movimientos se volvieron más coordinados y naturales, dejando atrás la timidez inicial para sumergirnos en una corriente de deseo mutuo que empezaba a tomar cuerpo en cada roce, en cada caricia, en cada respiración entrecortada.

Después de llevar un rato en esa posición y ya estando todo claro, la hice cambiar de posición lo que le gusto a Sabrina por la cara que puso, estando a cuatro vi por un espejo el motivo de la satisfacción de Sabrina, era una imagen de lo más explosiva y sugerente. Sus grandes tetas están coronadas por esos pezones en movimiento. No lo hice por eso, lo hice por manejarme a mi gusto, por usar mis manos más libremente y por ayudar a Sabrina, pero en esto último nos ganó la jovencita, porque una vez que estaba así dijo... “Vamos pájara ponte delante de mí, que me llevas deseando mucho y yo también, que nunca te decidias y no sabía si me estaba equivocando”, la cara de felicidad de Sabrina era indescriptible.

Sabrina no tardó en empezar a lanzar gemidos profundos y con lo escandalosa que es ella y con lo que lo soy yo, no sé si nos llamarían la atención. Sabrina mirándome mientras he empezado a azotar el culito, que lo puedo llamar culazo de lo duro y hermoso que es, decía con voz entrecortada... “ES ÚNICA, UNA MARAVILLA, DONDE LO HABRÁ APRENDIDO SIENDO TAN JOVEN Y POR LO QUE VEO TAN... TAN... PUTA” y ella también con la voz entrecortada con tono cachondo respondía... “Es lo que tiene seis años de internado de señoritas. Y tú tampoco es que seas monja, porque por lo que he visto eres más puta que yo, menudo grupo dos cornudos que son además unas locas, dos buenas pájaras y un macho ALFA”, Sabrina montó su escandalazo corriéndose y se fue como si estuviera hambrienta por el coñito de Lara, que estoy convencido que deseaba eso más que el que ella se lo comiera.

Sabrina no tardó en lanzar una exclamación de sorpresa al ver el tamaño descomunal del clítoris que poseía Lara. Sus ojos se abrieron ampliamente, sorprendidos por la magnitud del dulce, y sin poder resistirse, empezó a saborearlo con entusiasmo. Era como si estuviera disfrutando de una piruleta o un pirulí, pero en una proporción mucho mayor de la que ella se hubiera imaginado e incluso visto. La forma en que se lo comía reflejaba su impaciencia y alegría; se escuchaban claramente las ganas y el entusiasmo en cada lamida, en cada absorción, como si quisiera devorar todo el clítoris en un solo instante. La escena estaba llena de energía, y la forma en que Lara disfrutaba de aquella comida que le estaban haciendo no hacía más que contagiarme la excitación y me llevaba a penetrar ese culito ya con tres dedos y como siempre lo digo cualquiera de mis dedos es más grande que muchas pollas.

Hicimos lo posible por corrernos los tres a la vez y lo conseguimos, fue como una banda de rock, pero gritando cada uno a nuestro ritmo, contagiados por escuchar a los demás. Cuando terminamos estaban como dos corderitos Waldo y Camilo, querían lamer los restos del coñito de Lara, que se tumbó abrió bien las piernas y dejó primero a su novio y luego a Waldo. En ese momento Camilo se dio cuenta de que había un hilillo de sangre sobre la sábana y le preguntó a su novia si por ser tan grande mi polla le había causado algún daño. La contestación de ella fue de nota... “Jajaja... Jajaja... Patochín, patochín... que Carlos con su vergón ardiente, porque mira que quema, me ha desflorado de verdad, no mires así, que para mí también ha sido una sorpresa mayúscula” y luego como para tratar de dar una normalidad, le dijo que se alegraba que se lo hubiera pasado bien y que le tenía que haber dicho antes esos gustos peculiares, porque le habíamos visto hacer un 69 con Waldo, además de masturbarse mutuamente.

Se marcharon felices y contentos, aunque a Sabrina le entraron los remordimientos. Porque lo mismo rompían y era un problema familiar, porque eran dos familias super influyentes y que tenían todo estudiado para sus hijos. Nosotros seguimos follando hasta que nos quedamos dormidos y por la mañana nos despertó Waldo a toda prisa. Porque habíamos quedado a comer de manera tranquila con los padres de Lara, sin invitados, sin fiestas posteriores e imagine que para tratar de “enredarme” en algún negocio. Cuando llegamos era todo un caos, el personal alterado, gente del servicio de un sitio para otro y no nos enteramos hasta que apareció la madre.

Comemos con los padres de Camilo también, ya que los niños han dicho que quieren formalizar su compromiso y que la boda sea cuanto antes mejor. Me acerqué a Sabrina y le dije algo de lo que estoy muy convencido... “Matrimonio que folla unido, aprende a comunicarse mejor, se reinventan constantemente y comparten sueños, metas, complicidades y son invencibles en su amor”. La comida fue de lo más divertida y como no podía ser de otra manera corrió la bebida a raudales, incluso para mí, con unos vinos excelentes y un café que me llevaba al cielo. Es cuando Camilo me pide el favor de ayudarles a él y a Lara con un problema informático. Los padres de ambos les dicen que no es el momento y digo que mejor así, que me hace falta despejarme un poco que no estoy acostumbrado a beber tanto.

Al levantarme, me dirijo a Sabrina y le digo con entusiasmo que venga también conmigo, argumentando que seguro que nos vendría bien su compañía y ayuda. Ella, sonriendo, asiente y se levanta de la cama, mientras Waldo la anima con una sonrisa cómplice. Sin perder tiempo, todos nos dirigimos hacia la habitación de Lara.

Al entrar en el cuarto, Lara rápidamente echa el pestillo para asegurarse de que nadie pueda interrumpirnos. Sin darme tiempo a reaccionar, ella se lanza con pasión a besarme, aprovechando el momento para besarme con intensidad y sin reservas. La cercanía y el deseo parece envolvernos en ese instante, haciendo que todo lo demás desaparezca por unos momentos.

Luego, con una sonrisa pícara, Lara le pide a Camilo que traiga “eso”. La expresión “eso” se refiere a un tubo que es importante para ella. Camilo asiente y se retira rápidamente a buscarlo, dejando que la tensión en el ambiente siga en aumento. Hasta que reaparece con un tubo de lubricante.

Mientras tanto, Lara me mira con una expresión de voz de jovencita consentida y traviesa, y dice... “Ya que ayer me desfloraste tan bien, que fuiste perfecto, ahora quiero que me desflores mi chiquito, que mis amigas ya hace mucho que se lo hicieron y estoy cansada de tener que mentir. Pero no tenemos mucho tiempo, así que me gustaría que no perdiéramos tiempo y lo hiciéramos YA”. Intento convencerla de que lo dejemos para otro día, sugiriendo que quizás podría esperar un poco más, pero ella no cede fácilmente. Aunque parece que ya estaba casi convencida para aplazarlo, Sabrina interviene rápidamente con una sonrisa astuta y dice... “Seguro que tampoco te llevaría tanto tiempo. Eres un auténtico maestro en esto, digo maestro... catedrático incluso, y además cuentas con mi inestimable ayuda”. Al escuchar esto, la expresión de Sabrina y Lara se vuelven ladinas. La complicidad entre ellas se nota claramente, y el ambiente se llena de excitación, promiscuidad y mucha tensión sexual.

A pesar de que intento, de manera efímera y pasiva, poner resistencia a lo que se avecina, sus besos, caricias y manoseos logran rápidamente poner mi polla a punto. Es un esfuerzo que dura muy poco, porque en un abrir y cerrar de ojos, ellas me desnudan de manera rápida y sin complicaciones. La rapidez es tal que ni siquiera puedo reaccionar con calma; en un parpadeo, ya estoy completamente descubierto.

Ellas tampoco pierden mucho tiempo en desvestirse, ya que Lara solo llevaba puesto lo que ella llamaba un "saco", una especie de prenda que, en realidad, no cubre mucho y bajo la cual ella estaba completamente desnuda. La escena se desarrolla con naturalidad y rapidez, casi como si fuera algo rutinario. Por supuesto, las sandalias no las contamos como ropa; aunque están puestas, no representan ninguna barrera para lo que sigue.

El ambiente se llena de una tensión que se va intensificando, mientras las manos y labios de ellas exploran mi cuerpo con rapidez y decisión. La espontaneidad y la comodidad con la que se despojan de sus prendas crean un clima de cercanía y deseo que hace que todo suceda en un abrir y cerrar de ojos, dejándome sin tiempo para pensar, solo para sentir.

Nos ponemos de frente Lara y yo, nos empezamos a besar mientras Camilo va lubricando el culito de su novia y Sabrina lubrica mi polla. Nosotros mientras nos besamos cada vez más apasionadamente y en cuanto acababan Sabrina y Camilo, Lara se pone de rodillas en su cama y le digo que de eso nada. Me siento sobre un gran sillón y le digo que va a ser ella quien lo haga. Me miran con cierto temor, aunque no debe de tenerlo, porque pude comprobar con mis dedos el día anterior, que, si bien ningún hombre había entrado por ese orificio, ella si había jugado con él. Para hacer participar en algo a Camilo, le digo que me agarre bien la polla, porque ahora resbalara mucho y quién mejor para encajarla y entregarme el culito de su novia. Se nota muchísimo que a Lara le gusta esa situación con respecto a su novio, la pone mucho, aunque trata de disimularlo.

El tío trabaja bien, porque bien que la ha agarrado con las dos manos, sosteniéndola, hasta que la encajo en su culito. Esta abrazada Sabrina que está desnuda, va bufando, respirando con intensidad, se morrea con Sabrina y ella le come las tetas a Sabrina, cuando ya está un poco más que encajada, quiere que sea su novio quien la sostenga. Cuando lo hace empieza a “manipularlo” cariñosamente, pero lo “manipula”, es un juego entre los dos.

- ¿Me amas amor?

- Claro que te amo pequeña, eres mi vida.

- Como me arde dentro, cariño, es una pena que tu no me puedas hacer esto. Lo hago por ti, porque me lo pediste ayer noche y sabes que no te puedo negar nada.

- Me gusta verte feliz, ya podrás contar con detalle cómo se siente, no tendrás que inventarte nada. ¿Como lo llevas, que sientes?

- Siento como arde dentro de mí, hasta donde me llega, como me abre mi chiquito es bestial. No sé si seré capaz de meterme todo este vergón dentro. ¿Tú crees que seré capaz? (El tono era de ser una zorra provocadora)

- Tú puedes eso y más, que tienes un culo muy tragón. Ya verás cuando la tengas toda dentro, le voy a decir que te encule salvajemente.

- Como puedes ser tan malo... quien te oiga pensara que me gusta el sexo violento. (Se expresaba zorramente y a la vez indicaba que le gustaba la dureza)

La demostración palpable fue que se metió ella sola más de media polla de un solo envión, que era una de las cosas que quería comprobar. Sabrina se puso entre sus piernas y le comía el clítoris, todos nos volvíamos locos y lo único malo que nos teníamos que contener. Pero todo tiene su momento y el momento mío era ese. Me levanté levantándola a ella a la vez y sin dejar de tenerla enculada. Hice que se apoyara en un tocador con espejo y ahí empecé a darle una de mis mayores enculadas de mi vida. Su cara reflejada en el espejo era de pura felicidad, del éxtasis en su mayor exponente. Sabrina no dejaba de hacerle dos dedos a la vez, de vez en cuando se los chupaba, esa joven le había encantado. Cada vez que se iba a correr avisaba con segundos y Sabrina se encargaba de tapar su boca, no sabemos las veces que se corrió porque ese día ella y nosotros descubrimos que era multiorgásmica. Le llené el culo y cuando le saque la polla el culito estaba que era un culazo por el agujero que le quedó, para susto de Camilo, lo que no le impidió comérselo.

Me asee en su baño, abrimos tanto la terraza de la habitación como las ventanas del vestidor y del baño. Nos bajamos primero Sabrina y yo. Media hora después bajaron ellos y dijeron que habían estado viendo de paso, donde ir de viaje de luna de miel. Cuando los padres preguntaron, los dos dijeron al unísono que a España que, si no, no sería una luna de miel. Los padres lo achacaban a que Camilo ya había estado varias veces en España y le enamoró las fallas y las procesiones de Sevilla y Málaga con la Legión. Como no podía ser de otra manera les ofrecí alojamiento para acudir a las fallas o cuando quisieran.

Waldo había apagado mi móvil porque justo cuando nos subimos al rato, empezó a sonar y quisieron subírmelo y él dijo que eran unos pesados que llevaban todo el día igual. Me lo dijeron al rato y miré el número, era de España y tantas llamadas seguidas no eran normales, pensé que podía ser la viuda que ya tenía los papeles en orden para venir, pero suena de nuevo y es Victoria. Era lo que parecía un gran problema, o solo rumores, pero ya se sabe en los negocios los rumores son la antesala de los problemas. No quise pedir un ordenador ni nada parecido, pero lo primero que hice al llegar al hotel fue coger mi portátil y después de unas tres horas llegué a la conclusión que se avecinan tiempos oscuros, había que volver a España sin prisa, pero sin pausa.

Este viaje me ha dejado un mal sabor de boca por tener que volverme antes, ya que estaba empeñado en los días libres que iba a tener en encontrar a una bellísima mujer en una universidad que me da un morbazo terrible y que por circunstancias ajenas a mí no he pude encontrarme en España con ella y pienso volver y si tengo que hacer de Sherlock Holmes lo hare.

Y tampoco me quite en toda mi estancia el sonido de la canción "Cuando nadie me ve" de Morat. ¿Por qué me persigue? Porque en España la he vuelto a escuchar en la radio del coche. ¿Qué me estará diciendo? Porque hay algo que me dice que nada bueno. Dejemos al hilo rojo que actúe e indique el camino.