Xtories

Cuidado con lo que deseas

Nunca imaginó que su esposa pudiera ser tan sumisa, ni que él terminara a cuatro patas, observando cómo la mujer que ama es poseída por otro. La línea entre el deseo y la humillación se desdibuja cuando la dueña de la situación decide que él no solo mire, sino que sirva.

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"Cuidado con lo que deseas, tu zorrita podria desear lo mismo".

Ahi estaba yo, a 4 patas delante de la puerta de su casa, expuesto ante cualquier vecino que con solo abrir la puerta o mirar por la mirilla me vería, como un perro. Al otro lado de la puerta escuchaba risitas de mi Ama y de su sumiso. Cuando al final se decidió a abrirme la puerta, tuve que demostrar mi felicidad por verla y poder servirla, moviendo mi trasero como un perro, y con mi lengua afuera y mis dos patas delanteras en alto. Cuando veo que se agacha hacia mi sonriendo y me dice que así quería verme, como un perdedor, un inútil, como un perro para ser su mascota para siempre, acabando con una fuerte bofetada en mi cara, dándole las gracias por ello.

Al entrar al hall de su casa me ordena desnudarme totalmente, colocándome un cb en mi porquería de pito bien prieto, y una cola de zorra metida en mi ano. Seguidamente me coloca un collar de perro, pero no uno cualquiera, era un collar especial. Tenía un dispositivo eléctrico que emitía descargas eléctricas en mi nuca, a través de un mando a distancia, era especial para perros peligrosos, aunque yo sea muy dócil, obediente y moldeable.

Durante la tarde recibía a menudo múltiples descargas aún sin haber cometido ningún tipo de fallo, para diversión de mi Dueña y que a mí me resultaban muy dolorosas. Me tiraba la pelotita y tenía que devolvérsela en la boca junto a sus preciosos pies. Me hacía ladrar, comer y beber de cuencos para perros. También me ordenaba hacer la croqueta sobre mi para demostrarme que era una simple mascota a la que estaba adiestrando muy bien a su gusto.

Me hacía orinar levantando mi pata trasera como un perro en su plato de ducha, siempre pidiéndolo como lo haría un perro, gimoteando y acariciando mi cabeza en sus pies, para acabar lamiendo mis propios meados del plato de ducha hasta dejarlo todo bien limpio. También era su retrete y orinaba en mi boca, no desperdiciando ni una sola gota de ese manjar y tan cotizado premio. Me escupía en mi cara y dentro de mi boca, acabando con más bofetadas y dándola las gracias por sus escupitajos y sus bofetadas. Me hacía lamer sus plantas de los pies y sus suelas de las botas, provocándome esto ultimo arcadas de lo seca y sucia que se me volvía mi asquerosa lengua. En ningún momento me podía expresar como un humano, debía hacerlo como el perro que era.

En un momento dado escucho como mi Ama le dice a su sumiso Alfa que si ya ha quedado con esa putita, que no la falle y que cumpla con lo ordenado. Respondiendo su sumiso que si, que así será, que se la ve muy receptiva. Como a las dos horas y ya de noche, escucho como regresa su sumiso. Venía acompañado de una mujer, parecía guapa, venía con un vestido corto de PVC y taconazos. Para cuando pude subir un poco la vista pude observar que venía con un collar de perra en su cuello y una cadena tirando de ella, con sus ojos vendados. Dios mío, no me lo podía creer, esa mujer es…. No puede ser…. Esa mujer…. Es…. ¡Es mi mujer!. ¿Desde cuando era sumisa?, ¿desde cuando lo conocía?. Ay estaba, ¡totalmente dócil e indefensa!, y yo estaba acojonado, aterrado de que me descubriera. No me atrevía a ladrar.

Mi Ama me ordeno que le diera la bienvenida, así que tuve que olfatearla, por sus piernas, coño y culo. Ella ni se movía, aunque se notaba que se estremecía al no ver lo que pasaba pero sí sentirlo. Y luego lamí sus zapatos, esos que me costaron tan caros. Mi Ama le ordenó que disfrutase de la putita, y así fue. Observaba atónito como le retiraba el vestido y se quedaba en tanga y en tacones, era mi tanga preferido.

Mientras mi porquería de pito me dolía al querer crecer en mi minúscula jaula, recibía por parte de mi Ama descargas eléctricas y latigazos, que trataba de acallar para no ser descubierto. Observaba como podía como su sumiso se apoderaba de esas tetas, que hasta ese entonces solo disfrutaba yo, comiéndoselas y mordiéndoselas. Mi mujer chillaba de dolor y de excitación. Y allí estaba yo, como un perro a 4 patas y deseando que no la quitasen la venda. Observaba acojonado y excitado a la vez como se apoderaba de su culo y de cómo la colocaba en L apoyándola en la mesa, y le retiraba poco a poco ese tanga que yo la regale y el cual siendo mi preferido, se lo metía en la propia boca de mi mujer, para luego apuntar con su rabazo en su coño y clavársela.

Mi ama en ese instante me retiro mi plug de cola de zorra de forma brusca, para proceder a clavarme en mi culo su precioso dildo, penetrándome sin compasión y haciéndome mirar hacia su sumiso y mi mujer, susurrándome al oído “Mira como se follan a tu putita, perdedor, eres un puto cornudo, y solo sirves para ser mi mascota”. Yo me mordía mi muñeca para evitar dar chillidos en exceso y que mi mujer me descubriera que el otro sumiso era yo. Mi ano me ardía, mi Ama me follaba como a una perra sin piedad y dándome múltiples azotes en mi culo, mientras veía como se follaban a mi mujer, la cual bramaba y gemía loca de placer, conmigo nunca la vi así. El la cogía por sus caderas y otras veces de su pelo y la follaba bien duro, sin contemplación, azotándola fuertemente en sus nalgas. Ella no paraba de pedir más, y al rato se corrieron juntos, como una pareja perfecta, el dentro de mi mujer, y ¡sin protección!. En ese momento mi porquería de pito empezó a disparar leche a través de mi jaula, ordenándome mi Ama limpiarlo, para luego ir a lamer el coño de mi mujer para dejárselo bien limpio, y luego limpiar con mi boca la polla de su sumiso. Me asusto ver el estado del coño de mi mujer, lleno de leche, muy rojo e hinchado de tal tratamiento, se lo dejo muy abierto, si se la metiera yo seguro que no notaba sus pareces de abierto como estaba.

Al acabar mi Ama me retiró mis artilugios de mi cuerpo con desprecio, y me echo a la calle a patadas, teniéndome que vestir en el portal y quedándose mi mujer dentro con ellos e indefensa.

Ya en mi casa, duchado y nervioso, como a la hora vi aparecer en casa a mi mujer saludándome como si nada, eso si, se la veía con un brillo especial en sus ojos, mas guapa que nunca y muy feliz, y acabando metiéndose a dar una ducha. No me lo podía creer, pero estaba muy excitado y contento, por todo lo que había logrado mi Ama.