Bruno. El butanero
Acaba de salir de la ducha y el timbre suena justo cuando abre la puerta sin ropa. El repartidor no es el de siempre, y su mirada recorre su cuerpo mojado con una intención que no puede ignorar. Lo que empieza como un trámite se convierte en una tentación que ninguno de los dos puede resistir.
Hoy me llamó un comercial para ofrecerme el servicio de gas natural. Estuvimos charlando un rato mientras intentaba convencerme, pero al vivir de alquiler no es algo que dependa de mí sino de la dueña del piso.
Esto me ha hecho recordar con una sonrisa una de las veces que compre una botella de butano. Acababa de independizarme y era cuando dejaban las botellas abajo en la calle, con el papelito del piso y el repartidor te la subía a casa.
Esto me paso al poco de llegar a mi primer piso de soltera, algo que recuerdo con cariño. Vivía sola y sin nadie conocido cerca.
Alicante fue mi ciudad elegida y me enamoré de ella. Aunque me costó acostumbrarme a su calor pegajoso y en el que era complicado no sentir la ropa sudada. Creo que fue allí donde me enamore de las duchas jajajajajaj me duchaba a todas horas. Nunca antes me había cambiado tanto de ropa, ni me había duchado tantas veces al día… aparte de otras cosas que con el tiempo descubrí que también me gustaba hacer en la ducha.
La verdad es que cuando me mude hacia un tiempo espléndido. Pero lo bueno fue cuando entro el verano. Yo venía más bien de un calor seco en el que cada poro de tu piel no sudaba de esa forma.
Creo que nunca había tenido tanta ropa. Entre la ropa de trabajo y mis básicos, el armario estaba atestado. Que decir de la variedad de sandalias y ropa interior. Ahí también aumento mi lencería.
Otra de las cosas que me costaba al principio, era caminar por la calle sintiendo como las gotas de sudor se deslizaban por mi espalda, por el canalillo y terminaban con el elástico del sujetador completamente empapado. Imagina eso en camisetas ajustadas al cuerpo con las consiguientes zonas mojadas. Y si, una camiseta ajustada a mi 100B de pecho que volvía alguna que otra mirada cuando me cruzaba con algún chico.
Bueno… mejor os cuento mi historia.
Llevaba unos meses en la ciudad y mi nuevo trabajo estaba a unos 15 minutos de casa caminando. Por aquel entonces tenía turno de noche y llegue a casa a eso de las 9 de la mañana. Vi que las vecinas tenían las botellas de butano en la puerta, subí a casa y baje mi botella, ya que me había quedado sin gas el día anterior. Puse una nota con mi piso para que me avisara cuando llegara y subí a casa.
En el trabajo solo tenemos un ventilador que no da el suficiente fresquito para el calor que hace. Y aunque son las 9 am el calor ya hace presencia del día que nos espera. Con lo cual, estoy más que sudada y mi cuerpo me pide una ducha a gritos.
Como aún es pronto, decido darme una ducha para poder ponerme cómoda. Así puedo cenar tranquilamente mientras espero que llegue el repartidor. Al trabajar de noche, llevo los horarios cambiados y ceno cuando llego a casa. Para mi es el final de mi día.
Al hacer calor tengo las persianas un poco bajadas y las ventanas abiertas. Salvo las persianas del salón, que están arriba y solo unas cortinas finitas las cubren para que no se vea el interior. Aunque a ciertas horas, con la luz de la lamparita debo de tener cuidado, porque en más de una ocasión me he dado cuenta que de la misma forma que yo veo al vecino, el me ve… y en ocasiones estoy sin ropa.
Camino hacia la pequeña galería acristalada, esta da a un patio de luces comunitario. Son cristales opacos, no se ve el interior. Al otro lado hay una pareja de jubilados que comparten planta conmigo. Me desnudo y dejo toda la ropa sobre la bancada. Entro en la cocina, cojo un refresco de la nevera y camino por el salón dirección al baño.
Doy un trago y lo dejo sobre el lavabo. Entro en la ducha y dejo caer el agua templada sobre mi piel. Durante un ratito dejo que caiga, sin moverme, sin enjabonarme. Disfruto de ese momento como un gran regalo. Pongo un poco de jabón en mis manos y paso a enjabonarme. La verdad es que no me entretengo demasiado, estoy como unos 10 min, pero son suficientes para relajarme y refrescarme.
Huelo mi piel y me encanta el olor que desprende a naranja y especias, me gusta mucho este nuevo gel. Termino y salgo de la ducha. Justo cuando pongo los pies en la alfombrilla, suena el timbre.
-Joder, espero que no sea el repartidor.
Llama de nuevo y sin coger la toalla me acerco al telefonillo. Nada más entrar en casa está el baño a la derecha, mi cuarto a la izquierda y se entra directamente al salón. El telefonillo queda entre la puerta de casa y la del baño. Lo descuelgo y pregunto.
-¿Quién es?
-Soy el repartidor del butano. ¿Puede abrirme por favor?
-Si claro.
Pulso para abrir y agarro la toalla de baño antes de dirigirme a mi habitación para coger un vestido y ponérmelo. Vivo en un primero y lo voy a tener arriba llamando a la puerta en nada. No me pongo ni ropa interior, porque no me da tiempo. Mientras me pongo el vestido, corro al baño y me cepillo el pelo. Pongo un poco de orden en mi cabeza y justo en ese momento suena el timbre. Camino descalza hasta la puerta y abro, no me da tiempo ni a coger las zapatillas.
-Buenos días.
-Buenos días.
Lo primero que hago es sorprenderme al ver al repartidor. No es el señor de siempre de 50 o 50 y algo años que acostumbra a venir, este es un chico más joven que yo. Rubio, pelo corto, ojos azules, piel morena y sobre 1´80. Lleva la ropa de trabajo, pero le queda más bien ajustada. Digamos que al señor que viene siempre no le queda tan bien como a él.
Creo que tiene como mucho 21 o 22 años, yo tengo 28. Botella al hombro, la camiseta se ajusta tanto a su cuerpo que puedo apreciar todos los músculos que se le marcan. El pantalón también es ajustado y no he podido evitar recorrerlo con la mirada cuando le he visto. Y mi descaro no ha pasado desapercibido, porque dibuja una sonrisa en su boca.
-¿Dónde quiere que le deje la botella?
Me dice mientras me recorre con la mirada. En mi caso es mi 1´57, tengo los ojos marrones, pelo largo rubio y lacio. Tengo el pelo mojado, un vestido sin nada debajo, descalza y si hubiera tenido tanga, creo que lo hubiera mojado cuando lo he visto al abrir la puerta. No está bueno, está buenísimo. No quiero ni mirar hacia abajo, pero siento que mis pezones deben marcarse bajo la tela del vestido. Es un minivestido de tirante fino y por medio muslo con escote en V, tanto que se ve un canalillo generoso. Digamos que ya podía haber escogido un vestido más discreto para abrir la puerta a un desconocido, pero las prisas son lo que tienen. Tierra trágame.
Antes de poder decirle que deje la botella en la puerta, ya está caminando hacia adentro, por lo que me aparto y entra hasta ponerse en medio del salón.
-Puedes dejarla aquí si quieres, yo la guardo después.
Baja la botella y la deja caer delante de él. Yo me siento bastante incomoda por estar así por las prisas.
-No me importa. ¿La dejo en su cocina o galería?
-De verdad, no te preocupes ya la paso después.
Busco el monedero mientras intento convencerle de que la deje aquí. Me acerco a él y le doy el dinero para que se cobre. Me mira mientras coge el dinero.
Tiene unos labios que invitan a besar, bonitos y carnosos. Debo reconocer que me ha puesto y mucho la situación.
Siento como me gotea el agua del pelo y se desliza desde mis hombros hacia el canalillo y la espalda. Sentir como se desliza por mi espalda, hace que mis pezones se pongan duros sin poder evitarlo. Me parece una situación bastante morbosa. Mira que habían traído botellas a casa de mis padres y nunca me había pasado algo igual.
Le paso un billete para que se cobre y le miro como busca el cambio en la riñonera que lleva a la cintura.
-Tome el cambio
Me dice alargando la mano y dejándolo caer sobre la mía.
-Gracias
Las gotas que caen de mi pelo me están torturando. Tengo una mezcla de nerviosismo y excitación. Aunque la excitación predomina por encima del nerviosismo.
-¿Vas a decirme dónde puedo dejar la botella? No puedo dejarla aquí
-Está bien, puedes dejarla en la galería.
Me giro y le digo que está dentro de la cocina a la derecha.
-¿Puede indicarme?
Camino delante de él y entro en la galería.
Me siento incomoda caminando delante de él. Creo que mi vestido esta mojado por el agua que cae de mi cabello. Si me mira de la misma forma que me ha mirado al abrir la puerta, debe de estar desnudándome con la mirada y recorriendo mis curvas.
Entro en la galería y me giro señalando donde puede dejarla. Al ver el hueco donde va la botella, agarra el regulador y lo pone. Veo como sus músculos se marcan al apretarlo y no puedo evitar recorrerlo con la mirada.
-¿Tiene para dejarme un mechero?
-Claro, un momento.
Salgo de la cocina y agarro el encendedor que tengo sobre la mesa del salón. Al regresar, veo como desliza la mano por encima de su entrepierna y al girarse no puedo evitar mirarlo. Está marcando… como yo con los pezones.
-Toma, le digo pasándole el encendedor.
Lo coge y enciende el calentador, comprobando que todo está bien. No puedo evitar recorrerlo con la mirada. Esa espalda, esos brazos, del culito ni hablamos… esas piernas. Este chico es una tentación. Al girarse me pilla mirándolo y al subir la mirada, veo como sonríe.
-¿Todo bien? Creo que me tiembla la voz por la excitación.
-Bastante bien.
Sale de la galería y camina hacia el salón. Suspiro detrás de el al repasarlo de nuevo. Joder como está el chico, que peligro. Se gira un momento y sonríe.
-Que tengas un buen día.
-Gracias.
Cierro la puerta y se marcha. Entro en el baño, agarro el refresco que deje sobre el lavabo y le doy un trago. Camino al salón y me siento un momento en el sofá.
Bajo la mirada y veo mis pezones en punta, apretando la tela del vestido. Mi piel esta erizada y la tela del vestido mojada. No me he secado bien y el agua que suelta el pelo ha hecho que la tela se moje.
Siento mi coñito mojado. Abro las piernas y deslizando un par de dedos por encima de él, arrastro los flujos que mojan mis labios. Llevándolos a la boca, los chupo y me excito aún más. Bajo la mano de nuevo y comienzo a tocarme. Mi clítoris se endurece al rozarlo y gimo. No puedo dejar de tocarme. Subo y bajo con mis dedos entre los labios de coñito, suave, despacio, pero sin parar. Al llegar a la entrada aprieto un poco mis dedos y los hundo. Ufffffff que placer, joder.
Comienzo a mover mis dedos presionando la parte de arriba de mi clítoris y balanceándolos sobre él. Gimo, sigo masturbándome con fuerza, no puedo parar. Mis piernas se abren, mi cuerpo se arquea, mi piel se eriza al igual que mis pezones. Tengo la respiración disparada y mis dedos no me dan tregua. Gimo sin parar hasta que siento como mi cuerpo se tensa y estallo en un orgasmo largo e intenso. Sin aun recuperarme, suena el timbre de nuevo. Mi respiración esta disparada, mi pecho se hincha con fuerza y mis pezones están como piedras.
Descuelgo el telefonillo y pregunto.
-¿Quién es?
Alguien golpea la puerta y la miro. Abro y me encuentro al butanero de nuevo frente a mí.
-Disculpa, pero creo que me he dejado el móvil.
Con la respiración disparada, contesto como puedo.
-¿En la galería?
-Creo que si
Camino hacia el salón y escucho como cierra la puerta. Camina detrás y al llegar a la galería veo el móvil sobre la encimera. Antes de poder darme cuenta, él está detrás de mí empujándome contra la encimera y con mi tanga en la mano.
-Creo que cogí esto por equivocación en lugar del móvil.
Me dice susurrando en la oreja y dejándolo caer. Mis manos se apoyan contra la bancada y dejo el móvil sobre ella. Veo que toda la ropa que me quite esta justo bajo la parte del calentador.
Siento como su rodilla se cuela entre mis piernas abriéndolas y seguido su mano acaricia mi coño desde atrás. Mojado, hinchado, excitado y aun sensible.
-¿Te acabas de correr, verdad? Te he escuchado gemir desde fuera y me he esperado, no quería cortarte el rollo.
-¿Te ha gustado escucharme?
-No veas como me ha puesto escucharte.
Muerdo mi labio y siento como sus dedos empujan en la entrada de mi coño. Los hunde mientras su boca muerde mi lóbulo y me besa el cuello.
-¡Joder!
Suelto sin poder evitarlo al hundir sus dedos hasta el fondo.
-Estas empapada ufffffff, ¿ese orgasmo era mío?
-Digamos que sí.
Digo entre gemidos mientras me folla con sus dedos. Mis pezones están como piedras empujando la tela del vestido. No puedo mentirle, porque creo que ambos hemos sentido lo mismo al abrirse la puerta por primera vez, y algo me dice que no se dejó el móvil por descuido.
Saca los dedos de mi coño y agarra mi barbilla. Me besa mientras huelo sus dedos mojados de mi corrida. Con la otra abre el pantalón. Suelta mi barbilla y agarrando el bajo de mi vestido lo sube a mi cintura. Sus manos agarran mis nalgas y de pronto siento su polla deslizarse entre mis labios. Sube y baja por ellos hasta colocarla en la entrada de mi coño. Agarrándome de las caderas tira un poco hacia atrás para arquearme un poco más y empujando su polla, entra en mi coño sin problema. La hunde hasta el fondo.
-Ufffffff joder que gruesa, como abres mi coñito
Empuja hasta llevarla hasta el fondo y chocar contra él. Me arranca un grito y en ese momento lleva sus manos a mis hombros. Me agarra con fuerza y empieza a bombear, marcando el ritmo y sin darme tregua.
Mi respiración se acelera de nuevo y me contraigo en su polla cada vez que llega al fondo de mi coñito. Cada vez embiste con más fuerza, tanta que me hace gritar. Me va a reventar el coño, a partir en dos.
Sigue marcando el ritmo, cada vez más fuerte, más intenso, mas descontrolado.
-Joder que bueno, me vas a destrozar.
Gruñe, resopla sin parar como un toro.
-Ufffffff que coñito joder, como aprieta
Mis muslos están mojados de mis flujos, sus huevos no dejan de golpear mi coñito
-¿Tomas la píldora? ¿Puedo correrme dentro?
-Sí, le contesto como puedo
Mis gemidos se unen, cada vez más intensos e intercalados con gritos. Qué manera de follar.
-Ahhhhhh joder me voy a correr, no aguanto mas
-Córrete conmigo, vamos lléname, dámela toda
Me tenso y gruño con fuerza, tanto que estallo en un orgasmo intenso
-Joder me corro. Joder, joder, joder
Estallo a gritos mientras me corro en su polla. Sus dedos se agarran de las caderas y empuja con tanta fuerza que me estampa contra la bancada. Sus huevos golpean sin parar en mi coño. Su polla se hincha, siento más fricción al contraerme en ella y estalla con fuerza mientras me llena de leche. No para de gemir.
-Ufffffff me corro joder
Nos corremos juntos. Cada pequeño movimiento o fricción hace que gima alargando mi orgasmo. No paro de gemir y el sigue duro aun habiéndose corrido. Saca su polla y agarrándome de la mano, me saca de la galería, cruzamos la cocina y una vez en el salón señala las dos puertas que dan a él.
-¿Cuál es tu cuarto?
Señalo la puerta de la derecha y abriéndola, entramos dentro. Me quita el vestido y se desnuda. Me tumba sobre la cama y colocándose entre mis piernas, me besa. Siento como se mueve dirigiendo su polla a la entrada de mi coño y una vez enfilada empuja hasta meterla hasta el fondo.
Gimo en su boca mientras empuja sin parar, aunque ya no entre más.
-No puedo quedarme mucho tiempo, pero te juro que me quedaría toda la mañana follándote.
Tiene su cara pegada a la mía. Siento su aliento tan cerca que me excita muchísimo cuando jadea, gime o hasta cuando gruñe. Comienza a bombear, a marcar el ritmo.
Empiezo a recuperarme del orgasmo y ya la tengo dentro otra vez dandome caña. No me cuesta volver a estar arriba, gimiendo sin parar.
-Que placer joder
Sigue bombeando más y más. Su respiración se acelera de nuevo. Me embiste con fuerza, sin remilgos. No quiere perder ni un segundo y busca mi segundo orgasmo con saña. Sus caderas se mueven con premura, con fuerza, con rabia.
Paso de los gemidos a los gritos. Es gruesa y la siento llenarme por completo, es demasiada la fricción y el placer se dispara. Mis manos aprietan su culo con fuerza. Sube el ritmo aún más y esta vez no me da tregua. Me lleva a no retorno y comienzo a gritar, a gruñir. Me tenso con fuerza y sabe que voy a correrme de nuevo.
-Joder como aprietas, me vas a hacer correr contigo.
-Ahhhhhh joder me corre, joder, joder, joder
Estallo a gritos y al apretarle con tanta fuerza, él se corre conmigo y me llena de nuevo. Bombea sin parar hasta que descarga hasta la última gotita de su leche y besándome, se queda quieto dentro de mí.
-¿Sabes que es mi primer día de trabajo?
-Bueno, pues ahora no lo olvidaras nunca. Jajajajajaj
Sonríe y me besa. Sale de mí y agarrando mi móvil me dice.
-Desbloquéalo.
Lo hago y se lo paso. Veo como teclea y me lo pasa.
-Por cierto, soy Bruno.
-Fue todo un placer conocerte.
Veo como se viste y mirándome me dice.
-Te escribiré y espero volver a verte. Ahora tengo que irme.
Sale de mí cuarto y escucho como cierra la puerta. Yo aprovecho a darme otra ducha y cenar algo antes de irme a dormir. Es tarde y necesito descansar.
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