De repente, un polvo
G. llamó para desahogarse, pero él solo quería una cosa. Cuando el consuelo se vuelve demasiado lento, la paciencia se rompe y la cocina se convierte en el escenario de una urgencia que ninguno de los dos pudo ignorar.
Pitpit, sonó el teléfono mientras terminaba la llamada con mi pareja. No suelo ver los mensajes hasta el día siguiente porque habitualmente es algún cliente que necesita cosas, pero lo miré.
¡Coño!, era G. hacía meses que no sabía de ella, es un poco errática y suele desaparecer.
Oye, perdona, necesitaba desconectar de ti, me estaba enganchando de nuevo.
No importa, pero al menos me podías haber dicho algo.
Si que importaba si, me gusta follarmela. Se entrega al cien por cien. El sexo con ella suele ser intenso. La última vez que estuvimos juntos me comía la polla de rodillas. En sus pezones unas pinzas y yo dejando caer vino blanco por mi verga para que ella se lo bebiera. Dejamos el suelo de mi habitación encharcado. Luego me la follé a cuatro mientras gritaba como una posesa. Mis vecinos también la echarán de menos.
Al lío.
Te vienes un rato y te cuento lo que me pasó.
Ok, voy para allá
(que facil soy)
Me volví a vestir y en unos minutos estaba en su casa.
Me abrió en pijama y bata. Nada sexy. Me hizo pasar al salón y al sofá. Se sentó un poco lejos de mi. Empezó con sus cosas, la verdad es que lo había estado pasando mal. Yo en la distancia la consolaba, con lo típico: todo pasa ya veras, tu eres una mujer valiente, etc….
El tiempo pasaba y no veía que aquello tuviera el final deseado por mi y empezaba a ser un poco tarde para no estar en el tema. Así que cuando ví que ya no había posibles y ella entraba en un bucle de contarme sus cosas y sobre todo intentar meterme a una ex la conversación (la de mi historia “Le estrene el culo a mi ex mujer”) le dije que me iba a casa y que ya nos veriamos la semana siguiente.
Hacia la puerta nos fuimos y de camino me dijo que me quería enseñar unos vinos a ver si había hecho una buena compra y a la cocina que nos fuimos. Y si, la verdad es que los había acertado.
Pocas posibilidades veía yo de acabar, asi que le dije:
Dame un abrazo y me voy.
Abrazó y soltó un gemido. Así que le di un beso y luego otro y otro más. Le besaba el cuello y ella gemía un poco más, moviéndonos hasta llegar al banco de la cocina. Nuestras lenguas luchaban por entrar en la boca del otro. La levanté y la senté en el banco, abrió las piernas, me pusé entre ellas. Frotaba su coño contra mi paquete.
Le abrí la bata para llegar mejor a su pechos, por debajo de su pijama. Le apreté los pezones, le gusta mucho ese dolor, la pone muy perra, los pellizcaba hasta que oía sus gemidos.
Baje mis manos hasta el pantalón, intentando introducirlas en él. Llegue a su coño, estaba mojada, muy mojada, frotaba suavemente sus labios y su clítoris, ella gemia mas y mas.
Me devoraba la boca, me metía la lengua.
Le bajé el pijama, y se lo quité
Mientras, seguimos comiéndonos la boca, me desabroche el cinturón y me baje el pantalon y los slips.
Mi polla estaba dura y los dos muy calientes.
Déjame verla porque hace tiempo que no la veo.
Me aparté un poco y ella soltó un mmmm…
Me la cogi y apoye en la entrada de su coño, me dijo al oido:
Follame.
De un golpe se la metí
Aaaagh, joder, que ganas tenia
Y empecé a follar fuerte, sin miramientos, pensando más en correrme yo que en ella.
Rodeaba mi cadera con sus piernas y gemía, gritaba.
aarggggh joder joder follame fuerte mas mas joooder
Y empezó a correrse, esta mas caliente de lo que yo creía.
aaahhh ahhhggg cabron jooooder cabrón me corrooooo
Así que yo también fui a lo mío y me corrí en su coño, llenandolo de leche como le gusta. apretando hasta el fondo con mi cadera.
Cuando pare, saque la verga de su coño, la besé, nos besamos. Mi polla goteaba semen.
Me tengo que ir
Me subí el pantalón y mire su coño, mi corrida empezaba a salirse de su coño, manchando su banco.
La volví a besar y me dijo:
Esta semana iré a visitarte una tarde.
Eso, quizas, os lo cuente otro día.
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