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Orgíasabr 2025

Fui de DJ a una fiesta y resultó ser una orgía

Te contrataron para tocar, no para mirar. Pero cuando la música sube y la ropa cae, te das cuenta de que tu papel ha cambiado. La dueña de la casa no acepta un 'no' por respuesta: o te unes al juego, o te vas. Y en esa casa, nadie se va sin dejar algo de sí mismo.

Goxu17K vistas9.0· 8 votos

La casa era espectacular. Ubicada en una de las zonas más caras de Galicia, toda la planta baja se abría al jardín trasero que miraba directamente al Atlántico, al atardecer. Tanto la estructura como la decoración reflejaban el gusto, la clase y el dinero de sus propietarios. El jardín estaba ya preparado con mobiliario de distinto tipo que creaba diferentes ambientes: mesas altas cerca de la barra, sofás y mesas bajas mirando hacia el atardecer, tumbonas alrededor de la piscina, varios pufs desperdigados por aquí y allá, y mi esquina, mi rincón, cerca de la barra y con una zona amplia despejada delante para que la gente pudiera bailar.

Llevaba ya varios años pinchando en bodas y eventos, pero esta era la primera vez que iba a pinchar en un chalé de lujo, en un ambiente en el que no me suelo desenvolver. Y el extraño requisito de tener que dejar el móvil en la entrada durante todo el evento me daba un poco de respeto, la verdad. Aunque tenía lógica, probablemente a la fiesta acudiera algún famoso, y seguro que habría varios tipos de drogas. Esta gente se quiere divertir, como todo el mundo, pero con la tranquilidad de que no se vayan a hacer virales al día siguiente.

Me recibió un chico que se presentó como el coordinador del evento, me pidió el móvil y me llevó hasta mi pequeño escenario. El equipo de música ya estaba instalado, y la verdad es que sonaba de maravilla, nunca había trabajado con tan buen equipo. Enseguida conecté mis ordenadores empecé a pinchar.

La fiesta empezó como todas, con la llegada paulatina de los invitados. Se notaba que muchos eran buenos amigos por la forma en que se saludaban y entablaban conversación. Y a los nuevos los recibían con calidez y se integraban fácilmente en los distintos grupitos que se iban formando. La gente se movía con libertad por los distintos ambientes del jardín mientras una buena legión de camareros distribuía pinchos que se veían sofisticados y bebidas de todo tipo. El sol se iba acercando al horizonte, el día se iba terminando y el ritmo de la fiesta no paraba de aumentar. Yo iba subiendo el nivel de la música, aumentando bpm mientras evolucionaba de un ambiente digamos de “terraceo chill”, pasando por un “beach house” con el que la gente ya se empezaba a mover y hasta llegar al momento “temazos” con el que la gente ya se vuelve loca.

Cuando se hizo de noche la gente estaba ya dándolo todo, se veía que estaban disfrutando. Mucha gente bailaba, algunos encima de las mesas, muchas parejas se morreaban sin ningún pudor y mucha gente empezaba a estar ligera de ropa, se metían mano e, incluso, a lo lejos me pareció ver a una tía haciendo una mamada a algún afortunado, y nadie parecía escandalizarse por ello. Empecé a fijarme y me di cuenta de que había cada vez más gente follando abiertamente, sin esconderse. Ahora entendía bien lo de los móviles en la entrada… Se trataba de una orgía! Yo intenté mantenerme profesional, procuraba no levantar demasiado la mirada, pero era imposible no querer ver, algunas situaciones eran casi mejores que las de las webs porno. Lo que más me ponía es no eran actores, ni putas ni gigolós contratados, era gente normal, de más de 45 o 50 años, gente normal y corriente que estaban montándose una orgía, bisexual y swinger, porque era evidente que muchas de esas personas eran pareja, o al menos habían llegado a la fiesta en pareja. Eran gente normal, con cuerpos normales, desde luego no había ninguna tía que se pudiera considerar cachonda, pero sí que había algunas maduritas que no estaban mal. Eso sí, el verlos follar a todos de esa forma me puso más palote que todas las actrices porno de la red.

En una de los sofás había dos matrimonios que se estaban magreando los cuatro a la vez. Primero se besaron cada pareja, luego se besaron las mujeres mientras los hombres miraban, y luego se besaron los hombres mientras las mujeres miraban. Uno de ellos bajó su mano al paquete del otro y se lo empezó a acariciar, hasta que le bajó los pantalones y los calzoncillos. Luego se bajó los suyos y se sentó a su lado. Ambas pollas tiesas apuntaban al cielo y sus mujeres se agacharon para comérselas. Desde mi posición podía ver las cabezas subir y bajar casi al unísono, parando de vez en cuando para besarse entre ellas. Se quitaron los vestidos dejando las tetas al aire, y se las acariciaban y estrujaban mutuamente. Empezaron a magrearse entre ellas con lujuria mientras miraban a sus maridos, recostados en el sofá, haciéndose una mamada mutua en un 69.

Las escenas de sexo se repartían por toda la fiesta. El jardín entero se había convertido en un club de swingers sin ningún tipo de límites, aunque también había gente que seguía como si nada de esto fuera con ellos, seguían vestidos, bebiendo y hablando. En una mesa alta había una mujer totalmente desnuda, yo creo que tendría más de 50 años. Estaba sentada en la mesa abierta de piernas mientras una pareja le comía el coño. El hombre y la mujer se iban alternando para darle lengüetazos mientras le apretaban las tetas con fuerza. De vez en cuando uno de los dos subía hasta su cara a besarla, o bien le daba a chupar dos dedos impregnados con sus propios fluidos recogidos de dentro de su coño.

En una tumbona de la piscina había una pareja follando, él tumbado y ella cabalgando encima, con las tetas botando locas hacia arriba y hacia abajo. Otra señora estaba sentada sobre la cara del hombre y disfrutaba de una buena comida de coño mientras besaba a la que se lo estaba follando. Alrededor, tres hombres se pajeaban sin disimulo contemplando la escena, uno de ellos estaba bastante cerca y las chicas aprovechaban para ayudarle a menear su polla tiesa. Se corrió al poco rato y se fue tan contento a la barra, con la polla todavía medio empalmada y goteando, a pedir una copa. Mientras el camarero le servía su gin-tonic aprovechó para saludar a un amigo que estaba desnudo sentado en un taburete, y con total naturalidad le dio la mano, seguida de una palmadita en el hombro y unas caricias en la polla, que tenía floja. Siguieron hablando con total normalidad, como si estuvieran vestidos en un pub cualquiera.

Volví al grupo de la tumbona donde los dos de antes seguían follando igual, solo que ahora ambos se afanaban en mamar las pollas de los que antes se estaban pajeando. La que recibía la comida de coño estaba ahora en otra esquina, follada por detrás a cuatro patas mientras se trabajaba con esmero otra polla con su boca. Al poco tiempo el tío se corrió dentro de su boca, pude ver su cara de satisfacción cuanto terminaba el orgasmo y a la señora limpiándose la comisura de los labios con la mano para luego pasar a acariciarse el clítoris.

En otra zona había un hombre follándose a otro por el culo. El que recibía estaba de pie, con el culo en pompa, y le comía la polla a otro señor, que acompañaba los movimientos de cabeza con sus manos. De vez en cuando apretaba fuerte hacia su polla, para que el que hacía la mamada aguantara la polla dentro de su boca. Más allá, dos tías en bragas se sobaban y besaban las tetas, embelesadas se regodeaban con las curvas de sus cuerpos, y también se acariciaban los coños. Y al lado había otras dos señoras haciendo la tijera.

En la barra quedaba un grupo de señores todavía vestidos, hablando de manera entretenida. Miraban lo que pasaba a su alrededor, pero parecía que no tenían prisa por follar. Se acercó una señora, que venía de dentro de la casa, y le dio un beso a uno de ellos, supuse que sería su marido. Se agachó y le sacó la polla del pantalón y empezó a hacerle una mamada en medio del grupo. Los otros seguían hablando, como si fuera lo más normal del mundo, hasta que ella les fue sacando las pollas a todos. Se pusieron en corro, eran 5 señores con sus 5 pollas fuera, y la señora las fue probando todas. A veces se concentraba durante unos minutos en una de ellas y otras veces se encargaba de 3 a la vez, una en cada mano y otra en la boca. Mientras los otros esperaban, con sus pollas en la mano, a que les llegara su turno.

El marido de la señora le dio un trago a la copa que estaba bebiendo y se agachó con ella. Le bajó el vestido hasta la barriga, dejándole las tetas al aire, se dieron un morreo y la mujer le acercó una de las pollas, y se la empezó a comer como un experto. Luego su mujer se le unió, y empezaron a comerse esa polla juntos, para deleite del afortunado que tuvo que apoyarse en la barra. Mamaban muy sincronizados, cada uno por un lado, con labios y con lengua. Al llegar al glande se besaban y se pasaban la polla el uno al otro. Así siguieron un buen rato, chupándoselas a todos, los cuatro tíos recibieron su buena mamada a dos bocas. Al matrimonio se les veía felices compartiendo tantas pollas, y de vez en cuando se besaban entre ellos con pasión. Mientras se la chupaban a uno, los otros se iban tocando cada vez más, incluso uno aprovechó para pajear a los otros dos. Ahora sí estaban ya todos completamente excitados, y pude escuchar a uno gritar que se quería correr.

Rápidamente, la pareja de mamadores se dirigió hacia él y empezaron a trabajarle con manos y bocas la polla. Cada vez gemía más alto y se convulsionaba más fuerte, hasta que todos vieron que estaba a punto de explotar. El señor se metió la polla entera en la boca y le cogió el culo con las dos manos, apretando con fuerza mientras se corría. La mujer miraba con los ojos fuera de las órbitas, llena de morbo, deseo y lujuria, y cuando el marido se sacó la polla de su boca pude ver que la tenía llena a rebosar de lefa, tanto que se le empezaba a caer mientras se abalanzaba sobre su mujer para morrearla. Se besaron en un éxtasis de placer, compartiendo la lefa caliente recién exprimida, pasándosela de una boca a otra. De vez en cuando les caía algún chorretón y el marido aprovechaba para restregárselo por las tetas a su mujer, dejándoselas bien embadurnadas.

Mientras tanto, los otros tres se estaban pajeando ya a buen ritmo sin quitarles ojo al beso blanco de la pareja de mamadores hasta que uno llamó su atención porque estaba a punto de correrse. En este caso, el marido agarró la polla con fuerza y la pajeaba con velocidad para exprimirla sobre la cara de su mujer, que se preparó para recibir la corrida con la boca bien abierta y la lengua fuera. El hombre estalló en un orgasmo que lanzó enormes chorros de lefa contra la cara de la señora para deleite de su marido. Ella se abalanzó sobre la polla para recoger con su boca las últimas gotas se leche mientras se marido seguía ordeñando ese rabo recién corrido.

Cuando este tío hubo terminado, se retiró dejando paso al tercero. En este caso se intercambiaron los papeles, la mujer se encargaría de provocar el orgasmo y el marido recibiría la lefa en su cara. Mientras ella se afanaba en mamar esa polla, metiéndosela entera en la boca, el marido acariciaba los huevos y el culo del que estaba recibiendo la mamada. Poco duró esta mamada ya que el tío no podía más, y se corrió echando cinco o seis chorrazos de semen sobre la cara y boca del marido, que la recibió con un enorme placer. Cuando terminó de correrse, la pareja se miró riéndose, ya que ambos tenían chorros de lefa por toda la cara. El marido empezó a lamer a su mujer, recogiendo toda la corrida con su lengua y compartiéndola con ella. Luego la mujer hizo lo mismo con él, aunque más que limpiarse se estaban embadurnando más todavía.

Tras varios minutos de besos y rechupeteos de lefa, cogieron la polla del que faltaba por correrse y se la pusieron en medio de sus bocas, acariciando con sus labios todo el glande del afortunado, cada uno por un lado. Con dos manos empezaron a pajear la cuarta polla, que sin duda era la más grande de todas, mientras le daban lametazos en la punta hasta que empezó a bombear litros de lefa. Parte les entró en las bocas, otra parte fue a parar a sus caras y algunos chorros cayeron directamente sobre las tetas de la señora, de donde las recogió el marido sediento de más corrida.

Yo tenía la polla a punto de reventarme dentro del pantalón, aunque hay que decir que me mantuve muy profesional, pinchando mi música sin que se notara que una gran parte de mi atención estaba dedicada al bukake que acababa de presenciar. Ahora sí, mirara a donde mirara, todo el mundo estaba medio desnudo, follando, corriéndose o recién corrido. Los cuatro del sofá estaban follando dos a dos, uno de los hombres le estaba dando por el culo al otro mientas las mujeres se cabalgaban mutuamente. En una de las tumbonas de la piscina estaba una tía tumbada con las piernas en alto y varios hombres y mujeres la masturbaban con distintos tipos de consoladores. Y cerca de mí había una pareja follando de pie. Ella tenía una pierna subida sobre un puf y él la penetraba a buen ritmo mientras le amasaba las tetas con fuerza.

A pesar de mi música, llegué a escuchar cómo ella le pedía que la follara por el culo. El tío le sacó la polla y ella se giró mirando hacia mí, y como no vio nada en donde apoyarse, se acercó a mi mesa y se agarró al borde, y se agachó ofreciéndole el culo a su pareja. Era una señora bastante madura, yo creo que tendría más de 50 o incluso 55 años, pero el brillo de folladora en su mirada y su cara de lascivia me puso a mil. Vi cómo el hombre se escupía en la polla y cogía líquido de su coño para lubricarle el ojete, por donde le metió el rabo con mucha facilidad mientras ella me miraba fijamente a los ojos. Tras las primeras embestidas me dijo:

- Dame tu polla, quiero comerme una polla mientras me revientan el culo

- Es que estoy trabajando… yo no puedo- dije tímidamente

- Yo soy la dueña de esta casa, y te ordeno que te saques la polla!

No pude hacer otra cosa más que obedecer. Me senté en el borde de la mesa justo delante de la señora y me desabroché el pantalón, y por fin me saqué la polla que ya me dolía después de contemplar tanto sexo, tantas mamadas y tantas corridas, ya era hora de que yo también me corriera, porque si no iba a llegar a casa con un dolor de huevos descomunal. La señora se abalanzó sobre mi polla y me la comió como si no hubiera un mañana. Entre gemido y gemido, le daba lametazos, la besaba y se la metía bien adentro, hasta el fondo. Me la agarraba con la mano con fuerza, yo podía notar cada embestida que le estaba dando su pareja porque ella apretaba más mi polla y mis huevos.

El hombre que se la estaba follando aumentó el ritmo hasta que se corrió dentro de su culo. Yo estaba a punto de explotar pero ella lo notó y sacándose mi polla de la boca me dijo

- Ni se te ocurra correrte. Éste acaba de terminar, así que ahora me tienes que follar tú

Se sentó en la mesa a mi lado, y mientras yo reaccionaba y me preparaba para follármela, se iba sacando lefa de su culo con dos dedos y se los metía en la boca, saboreando la corrida que su anterior amante le había dejado dentro. Abrió las piernas y me dijo: “a qué esperas? Fóllame!”

Sin pensarlo dos veces le metí mi polla en su coño empapado y empecé a follármela. Inconscientemente yo bombeaba al ritmo de la música y eso pareció gustarle mucho a la señora, que gemía con placer acoplada a mis movimientos. El señor que se la acababa de follar volvió con una copa de whisky en la mano, seguía con la camisa abierta y sin pantalones, con la polla medio flácida colgando y todavía goteando. Se acercó y le dio un beso en la boca, todavía con restos de su propia corrida

- ¿Te gusta, cariño? ¿Qué tal te folla este chavalito?

- Muy bien, tiene la energía de un potro joven.

Se giró hacia mí y me dijo

- Vamos potro, empótrame bien, venga, dame más fuerte, que se note esa juventud!

El señor se acercó a mis equipos de música y cogió el micro, lo encendió y nos lo puso al lado retransmitiendo nuestros gemidos. La señora se encendió todavía más y empezó a gemir más fuerte, con más descaro, con la excitación de estar exhibiéndose ante todos sus invitados. Cada vez se acercaba más gente a mirar, atraídos por nuestros gemidos amplificados por los altavoces que había por todo el jardín. Algunos, como su pareja, ya corridos estaban con las pollas flojas, pero no nos quitaban ojo de encima. Otros estaban empalmados y se acariciaban los rabos pero sin intención de correrse. También había mujeres mirándonos, una completamente desnuda se puso a nuestro lado y empezó a hacerse un dedo mientras le susurraba a mi folladora:

- Qué tal este joven? Tiene pinta de estar fuerte…

- Tiene una buena polla, me está follando con mucho gusto…

- Ummh, pues luego que me folle a mí…

Se metió los dedos en el coño y me dio a probar su líquido delicioso, que me puso a mil. Las señoras empezaron a besarse mientras la nueva le agarraba una teta a la otra. Por el otro lado, apareció otro tío también completamente desnudo con la polla enorme y empapada, chorreando preseminal y saliva mientras se pajeaba a todo ritmo. En cuanto lo vieron, la señora que se estaba haciendo el dedo se agachó a la altura de las tetas de la mía, y empezó a lamerlas mirando con lujuria y complicidad al que se estaba haciendo la paja. Éste entendió el mensaje y se acercó a ellas, con la polla apuntando directamente a las tetas de mi señora y a la boca de la otra.

- Vamos córrete, dame toda tu leche

El señor aceleró el ritmo. Yo no podía dejar de mirar y, haciendo un gran esfuerzo con los abdominales, también aceleré el ritmo de mis embestidas. El tío empezó a gritar y a convulsionarse mientras su polla disparaba chorrazos de lefa directamente a la cara y la boca de la nueva. Yo no pude aguantar más, me salí del coño de mi amante y me corrí casi a la vez que el otro, soltando toda mi leche sobre la cara de una tía y las tetas de la otra. Me salió muchísima cantidad, pero sobre todo me sorprendió la presión a la que salió disparada mi corrida, para deleite de ambas mujeres. La que tenía toda la cara llena de lefa se metió mi polla en la boca para exprimirme hasta la última gota mientras yo recuperaba el aliento, estaba agotado y completamente bañado en sudor. Cuando me soltó, se fundió en un beso de lefa con su amiga mientras otros dos tíos que no había visto llegar se afanaban por rebañar todo el semen que embadurnaba las tetas de la dueña de la casa. Estaban desnudos, pajeándose mientras relamían mi lefa, y al terminar se empezaron a pajear mutuamente y se corrieron a la vez, dejando de nuevo a la magnífica anfitriona cubierta de leche calentita.

Yo seguía de pie delante de ella, recuperando el aliento, viendo su cuerpo bañado en corrida y con su coño empapado, palpitando tras habérmela follado, abierto para mí, así que me agaché y se lo empecé a comer hasta que explotó en un orgasmo espectacular, retransmitido por todos los altavoces del jardín.