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Larga batalla por una esposa. 6

No esperaba encontrar ese video en la carpeta oculta. Lo que ve a través de la pantalla no es solo sexo, es la entrega absoluta de su esposa a otro hombre, con la complicidad silenciosa de su mejor amiga. ¿Qué secretos guardaba su matrimonio mientras él trabajaba?

Tayfun26.3K vistas8.3· 23 votos

Larga batalla por una esposa. Capítulo 6.

El archivo tenía la numeración de “bis”, del anterior. Y efectivamente se desarrolla en el mismo lugar, esa cama extra-grande. Se trataba de otro video y comenzaba tan abruptamente como había terminado el precedente. Cámara fija en trípode, me imagino. Rubén sobre Beatriz, en posición de misionero, en el consabido mete/saca. Joana desnuda, por fin, acariciando la espalda, los glúteos y los testículos de su marido con suavidad. ¡Es tuya, cariño, disfruta de esta muñeca! Mi mujer no dejaba de jadear con los muslos recogidos entre los fuertes brazos del partenaire, que abarcaban sus nalgas posesivamente, y así se mantuvo la situación durante minutos, no sabría decir cuantos, pero muchos. A un momento dado, la posición cambió, sin mediar palabra. Ahora mi mujer se puso a cuatro patas, tras ella Rubén, penetrándola mientras la agarraba del pelo para que mantuviera la cabeza alta y se enfrentara a Joana, quien de vez en cuando la besaba en la boca y acariciaba el rostro. No obstante esta hembra hombruna estaba “volante”, tan pronto se situaba por detrás de su marido, para con las uñas corretear la línea media de su columna como palpar dulcemente esos huevos que se veían tersos, rellenos. Tras otro buen rato, Rubén decidió echarse boca arriba. Ambas mujeres se bajaron a los genitales masculinos, formidables. Mi mujer comenzó a besar y lamer las bolsas escrotales. Joana la observaba muy de cerca y la hacia parar unos segundos para a su vez entrelazar los labios de una con otra. A renglón seguido, mientras Beatriz se introducía en la boca el miembro, todo lo que podía, con suma lentitud, dulzura y suavidad, la otra ejercía de guía en la maniobra, gobernándola con firme presión sobre su nuca mientras sostenía la mismísima base del miembro de su marido, tan erecto que parecía a punto de sobre-estirarse. Pasaron a chupar mi mujer el pene y Joana los testículos, al unísono, para intercambiar los papeles, varias veces. Finalmente, Beatriz se quedó en ese “abajo”, engullendo y lamiendo, usando también las dos manos, una abarcando el diámetro y otra cubriendo amorosamente los huevos, en tanto Joana subía “arriba” para sonreír y besuquear al varón. Esa mamada, en tal modo, duró unos buenos cinco-diez minutos, una eternidad.

¿Dónde quieres descargar, cariño? Joana le hablaba así a su marido tras recorrer los masculinos cuello y tórax con la lengua, estando mi mujer en la tarea y posición descritas. Vamos al coño… la voz de Rubén, mientras se incorporaba, sonó autoritaria. Pareció que ya estaba ensayado o reiterado. Beatriz se echó boca arriba y Joana le introdujo debajo de los riñones un gran almohadón, levantando así su pelvis, quedando la vulva casi mirando hacia arriba. Después, ella misma llevó con sus manos la verga hasta esa brillante y mojadísima entrada. Justo antes de que accediera a la algodonosa cavidad, le dio un beso en la punta del glande. Después, sobrevino un empujón fuerte que debió topar con el cuello del útero, Joana abría con los dedos de una mano los labios mayores de la vulva de Beatriz mientras con la otra masajeaba los testículos del macho. ¡Mírale a los ojos mientras se corre en tu coño y dile que eres suya y quieres su semen en el fondo, dilo, preciosa! Mientras aceleraba el ritmo del coito, la voz de mi mujer sonó clara, aunque entrecortada: Soy tuya Rubén, córrete dentro de mi y disfruta, soy toda para ti… Se había clavado hasta el mismísimo fondo y los mujidos de aquel hombre me parecieron brutales, su orgasmo fue completo, de esos en los que te vacías y la explosión de oxitocina y dopamina es estratosférica. Dobló hacia delante y se fundió en un beso con mi mujer, era evidente que tanto la lengua como el pene de Rubén, escupiendo el elixir de la vida, estaban dentro de Beatriz. Tras un minuto, el hombre se dejó caer a un lado. Me pareció ver que Joana cerraba con su palma, la vulva de Beatriz, babeante y entreabierta, como si pretendiera que no se escapara nada del semen. Luego la ayudó a incorporarse y sin que fuera necesario decirla nada, mi mujer cerró las piernas con fuerza y colocó la cabeza sobre el vientre del hombre, acariciando sus testículos, lamiendo el pene hasta dejarlo libre de cualquier resto antes de introducírselo en la boca y mantenerlo así, sin moverse. Joana, también estirada al lado de su marido, le besaba y acariciaba el pecho y la cara, con devoción. Rubén mesaba los cabellos de mi mujer y ronroneaba, creo que estaba soltando los últimos restos de líquido seminal que eran tragados por Beatriz. El video aún dura unos minutos, bastantes, antes de que Joana se levantara y lo apagara.

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