Leche Templada
En la pista de baile, el contacto se vuelve insoportable. Cuando el baile termina, la verdadera intensidad comienza en la intimidad, donde cada movimiento busca superar al anterior.
La cosa es que el sábado se me complicó bastante. Una amiga me llamó para ir a una sala de baile de bachata en el centro de Madrid y allí que nos plantamos.
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Había decenas de personas pero la mayoría eran expertos en el asunto. Especialmente un grupo de dominicanos que se movían como dioses en aquella pista.
Sara, mi amiga, no tardó en acercarse al que más bueno estaba y empezar a bailar con él. Ella hacía lo que podía, pero el que llevaba el ritmo y marcaba todos los movimientos era el dominicano.
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Mientras los veía subir cada vez más el ritmo y la calentura, un amigo del chico se me acercó. Era bajito pero muy fuerte y ágil. Se movía de puta madre y a mí me estaba encantando aquella experiencia.
Los pasos de bachata que yo conocía no eran los que me estaban enseñando en ese momento. El chico se puso detrás mía y me abrazó, pegando su polla a mi culo y moviéndola en círculos.
Yo notaba como cada vez estaba más dura y yo más caliente, así que miré para decirle a Sara que me iba a casa a comérmelo.
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No estaba.
Me preocupé un poco y le dije al dominicano que me esperara, que iba al baño un segundo. Y para sorpresa de nadie en el baño estaba mi amiga pegándole una lamida de huevos a su pareja de baile que le iba a sacar el alma.
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Ya más tranquila le dije que me iba y sin soltar un testículo que tenía en su boca me hizo un gesto de “OK”. Así que Uber y para casa.
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En el coche ya estuvimos manoseándonos, como me gusta hacer a mí. El morbo de que haya un conductor que pueda descubrirnos me pone demasiado cachonda.
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Dedos dentro y dedos fuera, llegamos a mi portal y subimos a casa.
No tardamos en empezar a follarnos como perros en celo. Yo intentaba llegar al dormitorio pero Miquel —que así me dijo que se llamaba— me agarraba por detrás, me subía la falda y me penetraba varias veces en cada rincón.
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Nada más llegar a la cama me dio un empujón algo violento, que casi me cortó el rollo, la verdad. Pero en definitiva, un empujón que me puso a cuatro patas en la cama de un solo golpe. Mi culo estaba a su merced y no tardó ni dos segundos en estar detrás, follándome como si fuera una maquinita a pilas.
Qué cosa más violenta. Qué rico.
No paró en una hora y media. Me embestía y me embestía sin correrse hasta que me temblaban las piernas a mí.
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Yo me ayudaba con mis manos para llegar antes al orgasmo, pero de todas formas ese pollón abriéndome mi coño y deslizándose a toda velocidad por las paredes de mi vagina me habría hecho soltar todo mi flujo sin tocarme.
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Un catálogo de posturas después, y con la cama llena de fluidos y sudor, caímos rendidos y nos dormimos.
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Por la mañana me desperté algo antes que él y pude observar que su polla estaba erecta. Es lo que más me gusta de los hombres: su despertar con la bandera izada siempre.
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Ni se la chupé.
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Me eché saliva en mi castigado coño y lubriqué lo justo y necesario para sentarme encima de su polla y clavármela hasta en fondo.
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Él ya estaba despierto, pero sorprendido de que ya tuviera a su bailarina convertida en jinete. Lo cabalgaba sin sacarme mucho su tronco. Solo lo movía en una dirección para estimular mi clítoris y punto G y correrme de nuevo.
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Y así lo hice. Apreté fuertemente mis labios y abracé su pene con contracciones hasta que poco a poco fui relajando mi chochito. Él me puso las manos en la cintura y me hizo una señal de que ahora le tocaba correrse.
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Yo me tumbé sobre sus pectorales empapados en sudor y me dejé follar. Con sus brazos rodeándome por la cadera levanté un poco el culo para dejar que su miembro pudiera salir y entrar con facilidad y lo dejé seguir.
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Comenzó a penetrarme desde abajo como el que hace hip-thrust en el gimnasio. Me daba unos pollazos que casi me dejaba caer hacia un lado. Agarrándome más fuerte subió el ritmo y aguantó más de 2 minutos follándome a toda velocidad.
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Mi coño estaba exhausto y yo solo podía dejarme hacer. Le besaba el cuello y apretaba sus brazos con mis manos indicándole lo cerca que estaba de correrme otra vez.
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Pero…
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Se corrió él.
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Noté cómo sus huevos se contraían y su pene daba golpes contra mi interior. Todo indicaba que estaba descargando su corrida dentro. Y yo feliz.
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Terminó de expulsar hasta la última gota y allí estaba yo, tumbada sobre mi compañero de baile y con mi vagina llena de leche de un “desconocido”.
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—¿Quieres desayunar? —Le dije.
—Sí, tengo hambre.
—Pero me gustaría darte un desayuno especial. —insistí.
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Su cara mostraba desconcierto. Pensaba que se la iba a chupar o algo así, pero yo quería otra cosa. Quería darle la leche templada.
Me di la vuelta y me puse como en la postura del 69. Mi culo estaba a la altura de su pecho, por si goteaba leche de mi coño que no le cayera en la cara sin su permiso.
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Miquel me agarró los muslos y bajó un poco su cabeza, para ponerla a la altura de mi coño. Eso indicaba que sí, que quería desayunar.
—Dame la leche templada. —Me pidió.
En ese momento relajé mi vagina y comenzó a caer todo el chorro de semen que tenía en mi interior. Él sacó la lengua y fue guardando la descarga en su boca hasta que dejé de gotear.
Noté cómo tragaba y me dijo: —Qué rica la leche templada.
Me empujó un poco hacia abajo y pegué mi culo a su nariz. Su boca abrazó toda la pipa de mi coño y relamió los restos de semen que había en él, mezclados con mi flujo.
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Me dejó el coño bien limpio y vacío, listo para seguir recibiendo descargas.
Es curioso, pero el semen sabe mucho mejor cuando cae de dentro de un coño. Normalmente me lo trago sin rechistar pero confieso que el sabor no es lo mejor que he probado. Pero cuando viene del coño de una amiga o del mío…. uf. Es auténtica lechecita templada.
Pero ahora sí que tocaba desayunar algo para coger fuerzas, porque el domingo iba a ser duro. Y así ha sido.
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Desayunó y merendó leche templada. Luego he merendado leche fresca yo, directamente de su polla y he de decir que me gusta el género dominicano. La bachata no sé. Pero el género sí.
Así que luego llamaré a Sara para decirle que cuándo repetimos. Oye, si quieres recibir todos los relatos tienes que suscrbirite. Tienes el enlace en mi perfil o buscando "laura mina substack" en google. Si dejas tu correo te llegarán todas las semanas los que no se publican aquí.
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Un beso,
Laura.
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