Xtories

Debí echarme novia fuera del grupo 9

La ruta era sencilla, pero el camino hacia el claro del bosque prometía mucho más que vistas. Con la mirada de dos desconocidos posada sobre sus cuerpos desnudos, la vergüenza se disolvió en un placer crudo y compartido.

CMoriarty25K vistas8.7· 41 votos

Laura y Pelayo caminaban delante de nosotros, acaramelados. La ruta era sencilla y tenía unas vistas espectaculares. Adri y yo charlábamos de cualquier cosa, ya nos habíamos dicho todo lo que nos teníamos que decir sobre la aventura de anoche. Adri no sabía tampoco qué plan exactamente tenían su amiga y su novio, pero tras la sesión de intercambio de anoche, había quedado claro que la intención de Lau era cederle el culo de su amiga durante todo el fin de semana.

Adri me dijo que cortábamos cuando yo quisiese, pero lo cierto es que me excitaba la situación, incluido el sometimiento anal de mi chica. Me apetecía seguir en esto, disfrutar del morbo y del cuerpazo de Laura. ¿Cuántas veces más le follaría Pelayo el culo a mi chica? Un escalofrío de celos y excitación me recorría la espalda cuando lo pensaba. Después de un rato en parejas, las chicas acabaron delante juntas y Pelayo y yo detrás. Tras agotarse la conversación sobre los escasos temas que teníamos en común, acabamos llegando a lo único de lo que realmente podiamos hablar: nuestras chicas.

-Vaya vistas, y no lo digo por las montañas. ¡Con esas mallas se les marca todo!

-Están las dos impresionantes -le respondí.

-Y eso que la mía gana más de frente. Ayer lo pudiste comprobar. ¿Qué te parecieron?

-El pecho de Laura siempre nos ha vuelto locos en el grupo. Las tiene bien firmes a pesar de su tamaño.

-¿Verdad que sí? Cuando empezamos a salir estaba deseando tumbarla en una cama y enterrar en ellas mi cara. Me tuvo casi un mes saliendo antes de hacer nada.

Seguimos caminando un rato en silencio, hasta el siguiente comentario de Pelayo: -Buff, me está poniendo malo el culo de Adriana. Pensar que ayer estuve ahí dentro… es una pasada que aceptaseis hacer esto, amigo. A Laura la quiero con locura y creo que es el amor de mi vida pero no quiero pensar en irme al otro barrio sin probar alguna de las cosas que ella no quiere hacer.

-¿Tanta importancia le das a una tontería como esa? -Pelayo me confirmaba que era imbécil, por los segundos que tardó en responder y el tono, deduje que le había molestado mi cuestionamiento.

-Cada uno es como es. Yo basta que no pueda hacer algo para que me obsesione con eso. De todos modos, creo que para ti es fácil decirlo. Tu chica debe de hacer de todo. Estos días pienso mucho en la vez que se tragó la lefa de ese amigo gordo vuestro delante de todos. Vaya pasada. Eso tampoco lo hace la mía.

Tras otro rato en silencio, volvió a la carga:

-Estoy pensando una locura, macho. ¿Qué te parece si nos lo montamos por aquí en la naturaleza? Nos apartamos un poco y listo. Quiero follarle el culo tantas veces como pueda antes de que se acabe este fin de semana.

-Ostia, no sé… ¿tú crees que Laura aceptará hacer algo aquí?

-Laura me va a consentir este fin de semana. Seguro que algo te hace. Venga, vamos a preguntarles.

Y aceleró el paso hasta alcanzarlas y colocarse en medio de las dos, extendiendo sus brazos sobre los hombros de cada una. Yo avancé hasta quedar al lado de Adri, que me dio la mano y me besó en los labios para, a continuación, seguir escuchando al novio de su amiga.

-No veáis cómo se os ve desde atrás. Veníamos comentando la suerte que teníamos.

Las chicas se rieron y Pelayo le pegó un morreo a Laura.

-Estamos bastante calientes viendo cómo se os marcan los culos con las mallas. ¿Qué os parece si nos apartamos en un claro y hacemos travesuras?

Vi que ya había bajado una mano hasta el culo de su novia y que la otra la tenía en la espalda baja de mi chica. Adri me miró y me preguntó, en voz baja, íntima, si me apetecía que lo hiciésemos. Y lo cierto es que ya tenía una erección. Le respondí con un beso con lengua. Laura buscó hacer contacto visual con Adri y, cuando esta asintió, le dijo a su novio que vale, que le apetecía. Tuvimos que caminar un poco hasta encontrar un claro con piedras y arbolitos. Durante el trayecto, Pelayo había bajado la mano hasta el culo de Adri, que apretaba con ansia. Ella me besaba, muy excitada. Nos apartamos a una zona ideal para merendar, con piedras lisas para sentarse y un par de árboles que daban un aspecto acogedor. Según llegamos, dejamos las mochilas y nos empezamos a liar cada pareja por su lado, pero muy juntos. Adri me metió la mano en el pantalón y me masturbaba mientras yo le sobaba el culo. Pelayo se comía a Laura pero a cada poco clavaba la vista en el culo de Adri.

-¿Cambiamos? -dijo al poco, impaciente.

Con cierta timidez, Laura se acercó a mí y empezó a besarme. A nuestro lado, Pelayo no tardó en meter sus manos dentro de las mallas de Adri, mientras se liaban. Yo llevé mis manos a los pechos de Laura por encima de la ropa, y me lancé a su cuello y a sus orejas, sabía que eso la volvía loca, nos lo había dicho muchas veces. Ella me correspondió acariciando mi polla por encima del pantalón. Pelayo iba a toda velocidad con Adri. Cuando giré mi cara para observar, vi que las nalgas de mi novia ya estaban al aire, tenía el pantalón bajado casi hasta las rodillas. Ella ya había llevado su mano a la polla de Pelayo, y él, mirándonos a su chica y a mí, llevó el dedo corazón a la boca de Adri, que lo chupó sensualmente. Después, bajó esa mano hasta el culo de mi chica y, separándole las nalgas con la otra mano, vimos cómo se lo introducía lentamente en el ano. Laura suspiró un “joder”. Yo me volví a lanzar a su boca y llevé una mano a su coño, por dentro de la malla. Estaba bien mojadita. Ella metió una mano en mis pantalones y empezó a pajearme.

Por cada paso que dábamos nosotros, mi chica y Pelayo daban dos. Él tenía un brillo casi animal en los ojos. Ya estaba con los pantalones bajados y su polla tiesa, agarrada por la pequeña mano de mi chica. Caminando como pingüinos, la llevó hasta el árbol más cercano. Era un árbol delgadito. Le dio la vuelta a mi chica y la abrazó desde atrás, ella apoyada en el tronco y con el culo ligeramente hacia afuera. Él se arrodilló y enterró la cara en la raja de Adri. Laura y yo nos fuimos a una roca que estaba al lado del árbol. Yo me senté y Laura se me subió encima. A la vez que nos excitábamos juntos, ambos estábamos pendientes de nuestras parejas, que sabíamos que tendrían el plato fuerte. Pelayo pegó unos cuantos lametones de abajo a arriba, desde el coño de mi novia hasta el final de su culo, y entonces se llevó una mano al bolsillo. Yo pensé que sacaría un lubricante pero sacó una navaja. Por un momento me sobresalté. Con la navaja, cortó las bragas de mi chica. Se guardó la navaja y, ante la excitada expectación de Adri, la empujó contra el tronco, se fue hacia el otro lado del mismo y, cogiéndole las muñecas, se las ató con las bragas rotas, obligándola a estar abrazada al árbol. Ella no estaba asustada. Tenía las mejillas coloradas y, cuando cruzamos miradas, vi en el brillo de sus ojos que se moría de cachonda. Yo agarré a Laura de la nuca y le comí los morros. Le abrí la chaqueta y le subí la camiseta por encima de las tetas, que aguardaban inmensas dentro de su sujetador. Enterré en ellas mi cara mientras ella me acariciaba la nuca. Pelayo se había colocado de nuevo tras mi chica y, tras un par de azotes en su culo, vimos cómo se la metía de golpe. No podíamos ver por dónde se la metía pero, para haberlo hecho de golpe, no podía ser por el culo, mi chica no estaría gimiendo de placer de ser así. Yo le subí el sujetador a Laura y me comí sus inmensos tetones, con sus pezones rosados en punta, toda la carne de sus pechos apretada por la presión del sujetador, que tenía justo en la parte superior de sus tetas. Tras dejarme comérselas un rato, se arrodilló entre mis piernas y me bajó los pantalones. La piedra se sentía fría bajo mi culo.

Laura apenas había empezado a chupármela cuando Pelayo se salió de mi novia y se hurgó de nuevo en el pantalón. Está vez sacó el bote de lubricante y echó un buen pegote en el ano de Adri. Metió dos dedos en su culo directamente, la penetró un poco con ellos y enseguida se dejó de tonterías.

-Uff… te amo, mi vida -dijo él, mirando a Laura, arrodillada entre mis piernas.

Ella le lanzó un beso y él se lo devolvió. Se giró y llevó una mano a la nuca de Adri, con la que hizo presión para que ella se pusiera más a cuatro, ayudándose del tronco al que estaba abrazada. Laura y yo nos quedamos quietos mientras veíamos cómo, nuevamente, la polla de Pelayo se abría paso dentro del recto de mi novia. Esta vez, él no se tomó tanto tiempo para metérsela entera, su pelvis no tardó en chocar contra el gordo culo de mi chica. En cuanto chocó, se detuvo un momento contemplando su gesta y, tras esa pequeña pausa, la sacó disfrutando de cada milímetro de carne que emergía, tomándose su tiempo. La sacó por completo y volvió a clavársela, sin necesidad de guiarla con la mano. Adri suspiraba con esfuerzo. Esta segunda penetración fue más rápida. Después ya no volvió a sacarla por completo, pero casi. Liberaba casi toda la polla y se hundía cada vez con más fuerza en el culo de mi novia. Laura me la chupaba mientras miraba cómo su novio le daba por el culo a su amiga.

Otra vez la escena de anoche, morbosa, enfermiza. Yo sentía la imperiosa necesidad de penetrar. No me valía la boca. Le dije a Laura que esta vez quería follar con ella. Ella se levantó y me dio la espalda. Yo le bajé las mallas y besé su culo desnudo. Laura entonces me agarró la polla y, bajando lentamente, se sentó sobre ella. Su coño ardía y prácticamente chorreaba. Empezó a darme sentadas mientras, a nuestro lado, Pelayo ya embestía con dureza a mi chica. Ahora la tenía agarrada del pelo, girada hacia nosotros. No podía ni tocarse el coño por culpa de la atadura de sus muñecas. Y Pelayo estaba más concentrado en él. Como para compensar en Laura la necesidad de mi novia, una de las manos que tenía aferrando los pechos de Laura la llevé a su clítoris. Anoche ella no se había corrido y desconocía si habían hecho algo al irse a su cuarto. Su cuerpo pronto empezó a agradecerme el contacto. Con la banda sonora de los bufidos salvajes de Pelayo y de los gemidos de Adri, el cuerpo de Laura fue llegando a su orgasmo. Cuando, concentrada en correrse, sus movimientos se volvieron descoordinados, llevé mi otra mano a su cintura y la ayudé a botar con ella y con los movimientos de mi pelvis. Sentirla convulsionar encima de mí, con ese coño ardiente apretando mi polla mientras mi chica era follada por el culo a mi lado, provocó que yo también me corriese. Me abandoné con gusto dentro de la vagina de la rubia más impresionante que conocía. Laura ya descansaba de su orgasmo, sentada sobre mí, cuando aparecieron por la senda, enfrente de nosotros, dos ciclistas. Ella se levantó nerviosa y se recompuso la ropa y yo me subí los pantalones, pero Pelayo no había acabado todavía y ni siquiera se había dado cuenta.

-Chicos…-les llamó la atención Laura.

Pelayo se giró y miró en la misma dirección que su novia. Los ciclistas se habían detenido y observaban la escena. El claro no era demasiado grande, así que estaban a menos de diez metros de nosotros. Eran dos hombres delgados que superaban los 40 años, uno completamente afeitado y narizón, el otro con perilla de candado. Miraban sorprendidos y comentaban entre sí. Pelayo había detenido las embestidas y mantenía la cabeza de Adri agarrada por el pelo, ella no podía girarse a mirar. Él, tras ver a los ciclistas, miró a Laura, con la cara colorada por la follada que le estaba pegando a mi chica, se rio, se encogió de hombros y siguió con la follada anal a Adri. Laura y yo alternábamos nuestras miradas entre los ciclistas y nuestras parejas. Ellos, afortunadamente, no hicieron amago de acercarse, solo contemplaban con deleite cómo el culo abundante y blanco de esa chica era golpeado por la pelvis de ese joven, que sabía de su presencia y aún así continuó con la follada. Pelayo, sabiendo que tenía la atención de cuatro personas, penetraba a mi chica todavía con más fuerza, le daba sonoros azotes y se complacía del sonido de palmadas que daba su cuerpo al chocar con la carne de Adriana. Pude ver en el lenguaje corporal de Pelayo que se aproximaba su eyaculación. Tiró más del pelo de Adri y le giró la cara. Se inclinó para besarle la boca y le dejó la cara de costado. Por unos segundos, ella abrió los ojos, nos miró a nosotros y siguió nuestra mirada, fue entonces que vio a los dos hombres. Sus ojos se abrieron por la sorpresa.

-Van a ser testigos de cómo te lleno el culo de leche -exclamó Pelayo, sin detenerse.

Ella gimió, como si experimentase un escalofrío de placer ante las palabras de su amante. Y Pelayo empezó a bramar mientras se corría dentro de su caliente y estrecho culo. Con embestidas más pausadas pero firmes, Pelayo se aseguró de que toda la carga le quedaba bien adentro. Se salió de ella y todavía le frotó la punta en una nalga, limpiándose el pene. Se hizo a un lado y le dio un azote. Los ciclistas pudieron ver cuál era el agujero por el que esa joven acababa de ser follada. Adri descansaba contra el tronco, sus muñecas todavía atadas, sin poder taparse. Los dos hombres, entonces, se pusieron en movimiento, trazaron un arco acercándose a nosotros y detuvieron otra vez sus bicis, comiéndose con la vista el culo de mi novia. Antes de emprender su camino, el primero de ellos le dio un fuerte azote a la vez que le decía “Vaya culo, niña” y añadía, dirigiéndose a Pelayo: “enhorabuena, máquina. Gracias por el espectáculo”. El segundo, el de la perilla, le pasó una mano por el coño y le apretó una nalga, esquivando el ano pringoso pero mirándolo fijamente. “Fua, cómo se lo has dejado, colega” le dijo a Pelayo, y siguió a su amigo por la senda. Pelayo se enzarzó con su novia en un tierno abrazo y yo liberé a mi chica, que si fuera por el novio de su amiga, seguiría abrazada al tronco, completamente olvidada tras haber cumplido su función. El trozo de tela que eran ahora sus bragas, se quedaron al lado del árbol, tras haber servido escasamente como pañuelo con el que mi chica se secó lo que pudo.

Ya de vuelta en la casa rural, tras ducharnos y cenar, decidimos jugar a algo travieso, ya que sí o sí la noche iba a acabar con otro intercambio. Aunque ya nos lo habíamos visto todo, nos pusimos a jugar al strip poker mientras bebíamos. Aparte de eso, las conversaciones eran también picantes. Ellas recordaban anécdotas y se lanzaban pullitas amistosas, nosotros también contamos cosas o les preguntábamos a ellas detalles, sensaciones, deseos… me sorprendió comprobar que, si bien no le había contado todo, Laura tampoco ocultaba su sexualidad a su pareja. Hablaban bastante abiertamente y ella no se hacía pasar tampoco por una princesita inocente. Creo que, ya que no le salía consentirle cualquier capricho, al menos sí se esforzaba por mostrarle a su novio que no se quedaba muy atrás. Habíamos conseguido dejar a Laura con las tetas al aire, quedándole solo su braguita. Adri todavía llevaba la camiseta de pijama que le marcaba los pezones y se había quitado el pantalón, quedándose únicamente con el tanga. Pelayo decidió que las primeras prendas que iba a dar serían las de abajo, así que se quedó, por voluntad propia, con la polla al aire antes de tiempo. Yo, había perdido solo la parte de arriba.

-¿Chicos, qué pensasteis que iban a hacer los ciclistas? -preguntó en un momento dado Lau.

-No sé, tía, pero tu amorcito me había dejado ahí atada con el culo en pompa y por un momento pensé que me follaban -respondió mi chica.

-¿Te habrías dejado? -se interesó Pelayo.

Adri me miró y yo, divertido y curioso elevé mis cejas invitándola a responder. Ella bebió un trago y respondió:

-Si os soy sincera, yo en momentos como ese me pierdo mucho. Pero no… no quería que pasase. Aunque yo no me había corrido y en esas situaciones la mente me juega malas pasadas… No sé qué habría hecho, la verdad -sentenció riéndose.

Yo también bebí. Conocía su respuesta antes de que la diese. Me generaba sentimientos encontrados, ella estaba siendo sincera y la amaba por ello, esa es la que creía que era la verdad, pero yo sospechaba que la verdad real era que se habría dejado follar, si lo hubiésemos permitido.

-Lo siento si te parece mal pero ojalá lo hubieran hecho. Habría sido alucinante -dijo Pelayo.

-Ya que estamos siendo sinceros, os confieso que me mojo al pensarlo, pero insisto, menos mal que no pasó. Como fantasía está bien pero como realidad...

-Tía, es que a veces eres muy puta -añadió, riéndose, Lau, con intención de picarla un poco.

-Ya, y tu novio lo disfruta -respondió mi chica, rimando.

Pelayo asintió, riendo. En realidad nos reímos todos y, a continuación, me tocó perder prenda, ya que seguíamos jugando. Me quedé solo con el calzoncillo. Llevaba un rato con una erección a causa de las conversaciones y las tetas al aire de Lau.

-La verdad es que, cuando te veo recibiendo el pene de mi chico por el culo, me jode no ser yo capaz de satisfacerle. ¿No te duele muchísimo? -le preguntó Laura a Adri.

-No tanto. Con cuidado, si estoy excitada y usando lubricante, entra bien. Hay momentos de molestia, eso sí, y yo no disfruto lo que es la penetración por ahí. Lo que sí me excita del sexo anal es la idea de estar siendo usada y sentirme una guarra.

Pelayo me miró y gesticuló para expresar que le estaba poniendo a saco la conversación. Disimuladamente vi que se acariciaba la polla.

-Es increíble tenerla ahí dentro. Ojalá un día te animes a ello, amor -le dijo Pelayo a su chica, dándole un pico en los labios.

Laura me preguntó si a mí también me alucinaba tanto. Le respondí, con sinceridad, que no tanto, que me daba morbo y me gustaba, pero que en cuanto a sensaciones, prefería la vagina. Mientras charlábamos, Adri perdió prenda y se quedó solo con el tanga. Laura también había apostado por encima de sus posibilidades y se tuvo que desnudar completamente.

-Adriana, ¿puedo saber con cuántos chicos has hecho sexo anal? -se interesó Pelayo.

-Sí... Solo vosotros dos. De hecho con Ángel solo he hecho una vez, quería que fuera él quien me lo desvirgase antes de este fin de semana.

-¿O sea que ya ha estado mi polla en tu culo más veces que la de tu chico?

-Sí…

-Todavía va a coger tu forma, cielo -dijo Laura.

Qué cabronazo era él y qué complaciente ella. Qué gusto le debían dar esas palabras. Me estaba excitando mucho la conversación mientras nos íbamos desnudando. Laura, leyendo la mente de su novio, llevó una mano a su polla y le pajeó suavemente. Adri hizo lo mismo conmigo. Sus pequeños pechos, ya al aire, se movían de forma encantadora.

-Si alguna pregunta te incomoda, nos dices, pero es que soy muy curioso -continuó Pelayo.

-Preguntadme lo que queráis, me excita hablar de sexo -respondió ella.

-Bien pues también me pregunto, puesto que Lau eso no lo hace, a cuántos chicos les has tragado la lefa. ¿Solo a Ángel y a vuestro amigo gordito? -Pelayo insistía con el tema, se veía que le obsesionaba esa imagen.

-Jolín, cariño, vaya interrogatorio le estás haciendo a Adri…-le respondió Lau, sin dejar de pajearle y sin que fuera tanto un reproche como un gesto hacia su amiga.

-No pasa nada, Lau. La verdad es que no te sabría decir. Lo he hecho con muchos chicos, además de Alan y, por supuesto, mi novio. ¿Te gustó verme hacerlo?

-Muchísimo. ¿Y te gusta hacerlo? ¿Te gusta el sabor? -Pelayo insistía en saber detalles.

-Bueno… el sabor, no. Tampoco me desagrada, es sabor a semen. Me gusta hacerlo porque os encanta, y me pone que os encante verme así.

-¿Cómo es que tú no lo haces, Lau? -le pregunté-. Cuanto más guapa es la chica, más excita verla hacer eso. Con Adri es un morbazo y contigo tiene que ser similar.

-Lo he intentado, en serio. Lo más a lo que llego es a retenerlo en la boca, después, lo tengo que escupir. Es la consistencia o algo, no sé. No puedo.

-Chicas, yo sé que esto no estaba acordado, pero a raíz de todo esto que estamos hablando, me preguntaba si sería posible que hoy, en lugar de acabarle dentro del culo a Adri, podría acabarle en la boca y… bueno, ver cómo se lo traga. A ella creo que no le importa mucho, por lo que dijo.

Tenía razón, pero que se atreviese a decirlo así, me jodió. Adri me miró, buscando mi opinión.

-Eso tienes que ser tú quien lo decida, amor. Estaré de acuerdo con lo que sea. Lo único malo es que Lau tampoco en eso me va a poder compensar.

-Bueno, entonces vale. Me lo trago. ¡Vaya chollo de fin de semana para ti, chico! -dijo, con humor, mi novia- ¿Entonces, esta noche descanso de sexo anal?

-No, no. Me refiero a follarte el culo igual, pero en lugar de correrme dentro, salirme y echártelo en la boca. No quiero renunciar a la última noche de sexo anal...

Yo lo había entendido a la primera.

-Bueno, está bien. Es un fin de semana especial -respondió mi chica.

Su expresión fue absurdamente infantil o inocente. Toda la suerte que tenía yo de tenerla como novia, la estaba gozando ese pijo este fin de semana. En la siguiente ronda, Adri perdió el tanga y Pelayo la camiseta. Quedaba yo como ganador del textil, todavía con el calzoncillo. Bajo el cual, Adri acariciaba mi pene. Decidimos que yo también me desnudaría y que podíamos jugar de una forma más libre, charlando y proponiéndonos preliminares. Pelayo les preguntó si alguna vez se habían besado entre ellas. Ellas respondieron que sí, riéndose traviesas. Les pedimos que se morrearan delante de nosotros y ellas accedieron. Laura se sentó en el regazo de Adri, pasándole las tetas por la cara en el proceso, y se empezaron a liar. Lo hacían bien, pero se veía que no había pasión, que no era lo suyo.

-¿Y si lo hacéis más baboso, más húmedo? -las incité.

Pelayo apoyó mi demanda. Ellas entonces empezaron a sacar mucho más la lengua, a lamerse los labios y a cazarse las lenguas mutuamente. Adri atrapó la de Laura entre sus labios e hizo movimientos como de hacerle una mamada. Los chicos nos miramos y nos acercamos a ellas. Pelayo se enredó con la boca de Adri y yo con la de Laura, permaneciendo las dos como estaban: sentada una encima de la otra. Intentamos convencerlas de que una le comiese el coño a la otra, pero ellas se negaron y pidieron que las complaciésemos nosotros. Se abrieron de piernas, cada una en una silla, y nos reclamaron cada una al novio de la otra. Yo me enganché al dulce coño de Laura con un hambre voraz. Se dejaba crecer el poco vello que le salía, rubio y muy cortito. Estaba muy húmeda y olía de maravilla. Adri jugó un poco con Pelayo antes de dejarle comerle el coño. En su lugar, le había metido un pie en la boca y él lo lamía con cara de cerdo. Tras un rato así, se sumergió por fin en la humedad de mi chica. Cuando llevábamos un rato comiéndonos cada uno a una, pidieron que cambiásemos. Mi chica me metió a mí también en la boca, antes de nada, el otro pie. Yo lo degusté encantado, le lamí cada dedito y entre los dedos, donde sé que le encanta, y entonces me puse a comerle el coño, cuya humedad debía ser una mezcla de sus fluidos y de las babas de Pelayo. Él se había encontrado lo mismo pero tampoco le hizo ascos. No podíamos quejarnos, las habíamos convencido de morrearse entre ellas y ni siquiera intentaron que lo hiciésemos nosotros. Cosa que nunca habría pasado.

Después, Pelayo dijo que quería intentar una cubana de Adri, ya que sus tetitas eran adorables. Yo me coloqué entre los tetones de Lau, que me hizo una cubana como dios manda, mientras Pelayo se frotaba contra el pecho de mi chica, le golpeaba los pezones con la polla y trataba de unir sus tetas con sus manos, con lo que obtenía un ligero canalillo que se follaba hasta pasar a repetir algo de lo anterior. Adri estaba colorada, con sus manitas en el culo de él, ayudándole a frotarse contra ella. De vez en cuando miraba, envidiosa, la paja que me hacía su amiga con las tetas. Cuando paramos, Lau preguntó a Adri qué podían hacer ahora, a lo que ella respondió:

-Yo necesito meterme una polla en la boca, ¡YA!

Pelayo no dudó un instante, se fue hacia ella y le golpeó la cara con el miembro. Le estaba cogiendo afición a tratar de forma denigrante a mi chica, por lo que parecía.

-Toma esta, preciosa- le dijo.

A lo que Adri correspondió agarrándosela con la mano y metiéndosela en la boca con ansia. Mientras tanto, yo me había colocado al lado de Laura para que también me la chupase, mientras con una mano le sobaba las tetas. Ella lo hacía como una princesita, daba tímidos lametones e iba in crescendo hasta empezar a mamarla entera.

-Y los huevitos también, cariño -escuché que le decía Pelayo a mi novia.

Y ella obedeció, lamía y se pasaba la bolsa escrotal y el tronco del pene por la naricita, la frente...

-Eso si lo harás, ¿no? -pregunté a Laura con algo de recochineo.

Ella puso un mohín, me sacó la lengua y se metió uno de mis huevos en la boca, donde le daba lametones.

-Si así como estoy, vinieses también a chupármela, Adri, sería una fantasía cumplida -le dije a mi novia.

Pelayo se apartó, sonriendo y tocándose la polla. Adri entonces se levantó, se sentó en el regazo de Laura y empezó a lamerme ella los huevos mientras Laura me chupaba la polla. Era el paraíso, aquello. Después, las dos empezaron a lamerme el tronco y a hacer contacto accidental pero no rehuído con sus lenguas. Adri se metió entonces mi polla entera en la boca y empezó a mamar con intensidad, mientras Laura se había bajado a mis huevos. Sin poder seguir controlando la situación, noté que me iba a correr. Le pedí a Adri que parase pero ella, con un brillo en los ojos, aumentó aún más la intensidad y me agarró el culo para que no me saliese. Yo no pude aguantar más y le llené la boca de leche. Me dejé ir, disfrutando de la mejor mamada de mi vida, por más que eso implicase que ahora me tocaría ser espectador. Adri se sacó mi polla de la boca tras asegurarse de que se lo echaba todo dentro. Nos enseñó el semen dentro de su boca e incluso le dijo a Laura, como podía con la boca llena, si quería probar. Lo dijo para reírse de su respuesta negativa. Miró a Pelayo a los ojos unos segundos y, después, me miró a mí fijamente. Fue entonces que cerró la boca y tragó.

-Espero que no te hayas llenado, que luego va la mía -le dijo Pelayo.

Ahora yo quedaba fuera de juego y Pelayo ya estaba deseando cobrarse su premio. Le preguntó a su novia si le ayudaba a preparar a Adri. Laura, excitada, dijo que sí, pero que dependía de lo que le pidiese. Pelayo le pidió que le preparase ella el culo follándoselo con sus dedos.

-Ve a por el lubricante, amorcito -le pidió.

Cuando Laura volvió al salón, se encontró a su novio con la cara enterrada en el culo de Adri. La cual estaba subida a una silla, de rodillas. Pelayo, en concreto, le había empezado a follar el ano con la lengua.

-Qué marrano eres -le dijo ella.

Él se apartó, sonrió y le respondió:

-¿Quieres probar?

-No, gracias. Pero los dedos sí se los meto.

Pelayo todavía le plantó un sonoro beso en el ojete antes de apartarse del todo para que Laura echase un pegote de lubricante sobre su orificio y empezase a acariciarlo. Después, empezó a introducirle uno de sus dedos, con cuidado de no dañarla con su uña larga. Yo me acerqué a mi chica de frente. Me parecía que solo necesitaría un poco de estimulación en el clítoris para correrse como pocas veces. Acaricié su mejilla, ardiente, me miró, amorosa, y nos besamos.

-¿Cómo te sientes con el dedo de tu amiga en el culo? -le pregunté.

Ella miró hacia atrás, como para inmortalizar esa perversa imagen, su amiga penetrando su ano y el novio de esta mirando, deseando que llegase su turno para enterrar su barra de carne ahí. Giró de nuevo su cara hacia mí:

-Muy cachonda, mi amor, me podría correr ahora mismo -la voz le temblaba.

Laura ya había introducido un segundo dedo y mi chica seguía en ese estado de hipersexualidad.

-Dios, Lau, deja que me folle de una vez -le imploró.

Había muchísima tensión sexual en el ambiente. Laura se levantó y Pelayo le tendió una mano a Adri, que se levantó de la silla. Se dieron un beso con lengua y Pelayo la empujó contra la mesa. No necesitó indicar a mi novia que pusiese su culo en pompa. Pelayo se puso tras ella pero no la penetró.

-Te vas a follar el culo tú sola. Quiero ver cómo te clavas en ella.

-Pobrecita -comentó Lau.

Adri no se lo pensó. Echó la mano hacia atrás, agarró la polla de Pelayo para posicionarla correctamente y, echando su cuerpo haciá él, empezó a enterrarse ella sola esa polla en su culo. Él siguió sin moverse, disfrutando de la sumisión de esa mujer de culo hermoso que obedecía sus caprichos. Adri entonces comenzó a echarse hacia adelante y, con más velocidad de la que ninguno nos esperábamos, se echó hacia atrás de nuevo hasta tocar con la pelvis de él. Pelayo tuvo que llevar sus manos a las caderas de mi novia para no perder el equilibrio.

-Eso es. Te encanta sentirte llena, ¿verdad?

-Fóllame, cabrón, no me hagas hacer esto.

-Si lo estás haciendo muy bien...-ronroneó él, disfrutando de las sensaciones en su polla.

Yo, apiadándome de Laura, me había pegado a ella y la había estrechado contra mí con una mano en su cintura. Con la otra, tras acariciarle el cuello, las clavículas y sus pechos, fui hasta su vulva, húmeda y caliente, y la acaricié, metiendo y sacando mi mano entre sus piernas, los dos de pie, haciendo círculos a cada poco entorno a su abultado clítoris. Adri seguía follándose el culo ella misma, desesperada. Llevó una mano hacia su coño y, sin parar de echarse hacia atrás con toda la fuerza que podía, empezó a masajear su clítoris.

-Vale, para, te la metes tan rápido que vas a hacer que me corra dentro, y no quiero.

Y entonces fue él quien tomó el control, follándola analmente con mucha suavidad.

-Más fuerte, que me corro -le pidió ella.

-Ni hablar, o me correré yo. Acaba así.

Para ayudarla, no obstante, volvió a agarrarle fuertemente del pelo y a echar su cabeza hacia atrás, como una yegua, pero siguió follándola lento. Aún así, era tal la calentura de ella que empezó a convulsionar y a gemir a voces, arrancándose ella sola su orgasmo con su mano, con la única ayuda de esa polla enterrada en su culo y esa mano que, con fuerza, tiraba de su pelo para hacerla sentir una cerda. Pelayo se la sacó del culo y, la hizo arrodillarse delante de él.

-¿Te la vas a tragar toda?

-Sí cabrón, aunque no te lo mereces -respondió ella.

Él se rió y miró hacia su chica, que, con los ojos entrecerrados, estaba cerca de alcanzar también su orgasmo con mi ayuda.

-Saca la lengua -ordenó a Adri.

Adri abrió la boca y sacó la lengua, como una guarra. Pelayo empezó a pajearse con fuerza y Laura temblaba entre mis brazos. En cuanto los bufidos de la eyaculación salieron por la boca de él, Laura liberó su orgasmo, corriéndose a la vez que su amado novio. Pelayo apuntó para que todos sus disparos diesen en la boca y la lengua de Adri. Cuando consideró que ya lo había soltado todo, se soltó el pene, pero mi chica se la agarró, reteniendo la carga dentro de su boca, y, metiéndose la punta en la boca, se aseguró de ordeñársela bien. Después, tragó y nos enseñó, orgullosa, su boca vacía.

Al día siguiente, dejábamos la casa rural por la mañana. Mientras recogíamos, Pelayo imploró una última vez con el delicioso culo de Adri, alegando que todavía estábamos en la casa rural y seguía siendo el fin de semana especial. Noté que a mi novia le halagaba ese deseo desesperado del novio de su amiga. Laura también accedió, así que, mientras ella y yo recogíamos, Pelayo se sentó con los pantalones bajados en un sofá y consiguió que, con la debida lubricación, mi novia se lo follase analmente sentada sobre él, dándole la espalda. Nuevamente le tocó a ella hacer casi todo el trabajo de su penetración anal, botando sobre él mientras este se aferraba a sus tetas. Todavía estaban follando cuando llamó por teléfono la propietaria de la casa, que esperaba fuera, en su coche, hasta que nos marchásemos. Salimos Laura y yo a la calle a hablar con ella y a pedirle unos minutos más para acabar de recoger. Mientras ella nos preguntaba si habíamos estado agusto, Pelayo le llenó por última vez de semen el culo a mi chica. Acabamos de recoger y volvimos a casa. En el viaje de vuelta, Adri iba abrazada a mí, adormilada.

-Me siento super rara, cariño. Me escuece un poco el culo y noto cómo se va saliendo la leche de Pelayo. Qué finde más loco...

Y se durmió sobre mi hombro.

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