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Fornicaciones existenciales de un ingeniero (I)

Fran siempre supo que Edmundo era un hombre de gustos refinados, pero nunca imaginó que su hospitalidad incluiría una audiencia tan íntima. La invitación a cenar con Miranda, la esposa de Edmundo, parecía un simple gesto de cortesía, hasta que la mirada de ella cambió el juego. Ahora, Fran debe decidir si aceptar el desafío de una noche prohibida bajo los ojos de un amigo que no solo permite, sino

Nexusman7K vistas8.8· 10 votos

Edmundo siempre me invitaba a su casa, era hospitalario cuando yo trabajaba en esa zona. Por teléfono me dijo que tenía ganas de verme, que había estado en Xia Pasun, un país asiático independiente en busca de inversiones. Tenía muchas ganas de verme. Estaba solo con el servicio ya que su mujer estaba de visita en casa de sus padres. Que yo podía hospedarme esos dos días allí o los que hiciera falta. Para eso tenían el cuarto de invitados y pagaba los servicios del personal -esto último dicho con la acritud de los sobrados hacía los modestos asalariados.

Edmundo era hijo de un padre millonario, a sus 54 años poseía una gran fábrica heredada de su padre ya octogenario. Era hombre de oficina y buena vida, digamos. Nos unía una buena amistad. A mis 32 años soy ingeniero y viajo por motivos de instalaciones.

Nada más llegar me invitó a cenar, vivía en una gran casa de campo a las afueras. Me recibió su asistenta y cocinera, una cincuentona robusta. Edmundo elogió mi buen aspecto:

-Siempre has sido alto y con esa mata de pelo, como se nota que te mantienes en forma, ehhh – dijo mirando mi bragueta-. Espero que la familia bien, tenías...a

-Un hijo, ahora hace un mes hemos tenido la parejita.

-Lastima que vivamos tan lejos, o mejor, casi mejor así…

-Bueno, en cuanto al proyecto…

-Ahora no hablemos de eso Fran, vamos a tomar algo de aperitivo.

Edmundo era de estatura mediana, calvo, de bigote cano, algo barrigudo sin ser descarado, tenía una cara porcina. Nos sentamos a tomar un aperitivo.

-¿Qué tal la industria en Xia Pasun?

-Bien, he invertido un poco, pero prefiero ver como reaccionan los mercados en ese país. Nunca se sabe.

-Veo que es gente de idiosincrasia diferente.

-Si, pero se folla de cojones -dijo en tono triunfal buscando en su móvil y poniéndome un video.

En ella se veía una diminuta chica con rasgos asiáticos, muy delgada, de cabello muy muy negro, que se esparcía exuberante, cayendo por su espalda como una celebración. Unos pechos como limones. Cabalgaba una pollaza y estaba de frente. El video iba girando y después mostró la perspectiva trasera, ese entrar y salir la polla, incluso en la imagen se oía el zumbido de las culadas de la chica. Hay un movimiento brusco de la imagen y después se ve a Edmundo desnudo dando polla en la boca de la chica.

-¡Brutal! -dije, y lo era- supongo que es Fabio, el de abajo -sabiendo que tenían negocios juntos y eran amigos.

-Si, la boca y el coño de esas miniaturas de mujeres son la corona de la gloria, Fran.

Seguí mirando y vinieron las descargas. Fabio, el que estaba abajo parecía que estaba en trance, sus gruñidos eran evidentes. A Edmundo ahora le comían los cojones mientras se pajeaba, después la chica de forma enérgica cogió su polla y le hizo descargar. La lefada llegó a su pelo. Se oyeron unos “Uauuuuuuuuu” de otra persona que estaba filmando. Al levantarse ella la lefa le goteó del coño, entonces se ve como devuelven el móvil a Edmundo y en breves momentos se ve una señora mayor bastante gorda, esa era la tercera persona.

-¡Sensacional! -volví a decir- ¿putas?

- Sí, digamos que a tiempo parcial. Y esa es solo una de las yeguas que nos cepillamos. Y tú, supongo que aún follas como antes. Eres de lo mejor que he visto.

-Estoy programado para ello, Edmundo, un día sin follar es un día perdido -contesté con orgullo.

-Lo vales, basta mirarte. Tu apostura, tu potencia y tu pollaza te avalan.

Sabía de lo que hablaba, ya nada más conocerlo había corneado a Edmundo, a petición suya, incluso la última vez me había mamporreado. Pero pasemos a esa cena.

Cenamos de una langosta deliciosa con buen vino. Después pasamos a la sala contigua a tomar unas copas.

-Entonces la nave de producción sera más grande.

-Mañana hablaremos de trabajo, Fran, Ahora probaremos un delicioso Whisky de 20 años después del café que nos ha traído Matilde y fúmate un habano de estos importados -dijo acercando la caja de puros-. Matilde puedes dejarnos y haz lo que ya sabes -dijo a la asistenta guiñándole un ojo.

Obviamente había más personal, pero ella era la que llevaba el cotarro del personal y que si se necesitaba discreción ella se quedaba.

Una vez tomados los cafés apareció una chica que no mediría más de 140 cms, de estatura, no pesaría ni 30kgs llevaba purpurina en la cara y los ojos rasgados y pintados, su pelo negro estaba atado en una cola de caballo que le llegaba a media espalda. Sus labios pintados de rojo. Nos dejó la botella, al girarse vi un pequeño y redondo culo. Solo llevaba un delantal negro que cubría su parte delantera.

-¡Pero que preciosidad! -dije sin poder evitarlo.

-Anda, dile a este señor como te llamas.

-Xin Fan.

-No pude evitar el traérmela de Xia Pasun.

-¿Qué edad tienes guapa?

-Yo tenel 18 mes entrante yo 19.

-Tendrá un rato para nosotros -dijo Edmundo. Anda tráenos hielo y vuelve.

Al ir a por hielo, hecho adrede volvió a darme la espalda y con animosos movimientos balanceo el pequeño culo.

-¡Preciosa, Edmundo; es una mujer en miniatura. Si no me equivoco es la del video, ¿no?

-Así es. Es una bendición de Dios.

-Parece manejable.

-Sin duda ninguna.

-Entiendo que es un rasgo característico de ese país -dije.

-Así es.

-Junto con Fabio os debisteis poner las botas.

-Dejamos litros de leche si -dijo con suficiencia al mismo tiempo que se agarraba los cojones-. Aunque sabes bien que a veces disfrutó más mirando que follando -sentenció en clara referencia a sus cuernos.

Al volver se sentó en mi regazo.

-Anda dame un besito.

Me dio dos besos en las mejillas. Olía a limpio, aparte un poco su delantal y vi unos pechos como pelotas de tenis de pequeños.

Edmundo se repantigo en el sofá fumando enfrente mía. Era consciente que mi maquinaria se había puesto en funcionamiento y yo no dudaba en mostrar mi potencia delante de gente de confianza. Se impuso un silencio hasta que yo dije:

-Anda, levántate que vea mejor ese culito que tienes.

Se levantó y se puso de espaldas a mi, apenas era de alta como yo sentado con mi metro ochenta y ocho. Le amasé las dos nalgas con mis manos y le di unos pequeños azotes para verlas temblar.

-Agáchate un poco, preciosa.

Le abrí con mis pulgares de par en par el culo. Pude ver los dos conductos.

-Sin duda ninguna está abierta en todos los sentidos.

Mis 20 cms ya estaban en toda su potencia. Le desaté el delantal y la volteé. Era adictiva, sus pechos pequeños, su coño con una raya pequeña de vello vertical. Le introduje un dedo en el coño.

-¡Madre mía, si ya mojas!

-Si señol, usted muy guapo.

Volví a sentarla en mi regazo.

-Eres preciosa Xin. He podido verte en un interesante video. Sabes como usar esto -dije mirando mi bulto ya visible de los pantalones.

-Glacias, usted también ser guapo -repitió una vez más.

-¿Jugamos un poco, Xin? -dije desabrochándome los pantalones sin ningún rubor ante Edmundo que ya veía su destello en los ojos entre el humo del puro.

-Veo que te ha gustado y ya vas a trabajártela en vez de fumarte un habano -dijo dando un sorbo de Whisky.

-¿Participas?

-Como sabes disfrutó más de mirar y hacerme una buena pajota -contestó desabrochándose los pantalones.

Al poco tiempo yo ya solo llevaba los calcetines, la pequeña chica ya mamaba con fluidez mi polla, ¡y que mamada! Edmundo por otro lado tenía sus pantalones en los tobillos machacándose la polla. Era increíble la potente succión que tenía esa diminuta mujer, incluso se metía mis huevos uno por uno enteros mirándome y aspiraba que me hacía flipar en colores. Parecía mentira que con el semental que soy yo una chica de esa edad me hiciera temblar los dedos, puganba por no berrear y contener mis emociones. Ella lo sabía, lo sabía y me miraba a los ojos fijamente cuando me curraba polla y cojones.

Volví a pedirle que se levantara y agachara de espaldas. Le hice un cunnilingus trasero, le tenia las nalgas abiertas a full. Le pasé la lengua coño-culo una y otra vez. Ella ronroneaba. Mi respiración era jadeante. Edmundo aceleró su paja.

La chica se volteo, se puso a horcajadas, se ensartó mi rabo acaballándose y metiendo culadas. Era un sube y baja de polla entera.

-¡Diooosss! -dije.

-¿Tú gustar, señor guapo?

Se mataba ella sola arriba que daba gusto. Edmundo ya apretaba sus mandíbulas. Me notaba como mi corrida ya subía. No podía consentir que me follaran. Entonces me levanté con mi polla clavada; ella con sus piernecitas me atenazó la cintura y con sus brazos me abrazó el cuello. Empece a morrearla con ansia, ella subía y bajaba clavándose mi polla, me la follaba en volandas. Caminé hacía Edmundo hasta que me situé casi encima de él. Para que pudiera ver mi polla clavada.

La chica empezó a correrse, lo notaba en la humedad que me bajaba a la polla. Incluso salpicaba a Edmundo.

¡Empecé a deslefar rugiendo como un poseso hasta descargar todo el genero en su coño!

Al bajar ella vi a Edmundo con la mano embadurnada de lechada, así como un mancha de humedad y gotas de lefa mía sobre la moqueta.

-¡Dios, que exhibición, ha sido un acrobático increíble!

-Es buena de cojones -contesté mirándola como se marchaba la chica. Como aquel que ha cumplido su función y es hora de irse.

Nos limpiamos ambas pollas con unos pañuelos de papel que había en la mesita y nos fuimos a dormir. No sin antes yo hacer una videollamada a mi familia.

Me levanté tarde, ya eran las nueve de la mañana, Edmundo ya estaba desayunando, al pasar al lado de la sala vi como una asistenta quitaba con cara de asco los pañuelos y otra con la misma cara de asco quitaban la mancha de la moqueta.

Nada más desayunar nos dirigimos a la fábrica. Allí hice un planteamiento de la eficiencia energética, gestioné el sistema fluido del agua. Después fui a ver el encargado para coordinar los transportes y movilidad. Tuve que reorganizar la planificación urbana y su gestión de residuos. Fue agotador. En fin, busque soluciones sostenibles a los sistemas de gestión y producción empresarial, aplicando principios de prevención y solución medioambiental a cada una de las fases de desarrollo y ejecución de proyectos.

A la hora del almuerzo llamé a mi mujer. Siempre he creído en que, las buenas relaciones familiares ayudan a mis hijos por pequeños que sean -3 años el niño y 1mes la hija- a sentirse seguros y amados. Me ayudan a sentirme bien a mi también. Podía haber pedido la baja por paternidad, pero en la empresa que trabajo soy una pieza esencial.

Conocí a Edmundo y su mujer hace tres años. Nos caímos bien desde un principio, me acuerdo que me dijo:

-Todas las de contabilidad hablan de ti, chaval, pero son de bastante más edad que tú y no pasarían el primer corte en un concurso de belleza -esto lo dijo con una estridente carcajada-. Esta zona la verdad es que no tiene muchos alicientes en cuanta a salir por ahí. Me informaron que eres padre hace poco… nosotros, yo y mi mujer no tenemos mucho instinto ni maternal ni paternal. Yo tengo de mi exmujer dos, pero viven lejos y como bien te he dicho no sería el mejor padre del mundo. Van por los 18 creo. Que se le va a hacer. Me volví a casar hace 2 años y tan feliz con Miranda.

-Si, un niño hace pocos meses -contesté.

-El que venía antes que tú a las supervisiones que hace poco estuvo aquí y se despidió avisándome que venías me dijo que te levantabas a muchas hembras. Que sería jodido por esta zona, ya que la pequeña ciudad esta a 100kms.

-Bueno, se hace lo que se puede -contesté con falsa modestia.

Tenía razón, solo había una pequeña población a 3 kms y mucha de ella trabajaba en esa y otra fábrica, apenas el censo era de 500 habitantes. Las opciones de jodienda eran bajas. Lo que me extraño fue la desenvoltura y la confianza chacabana que me hablaba de ello, como si estuviéramos en la barra de un bar.

No tarde en conocer a Miranda su mujer. Estaba en el despacho de Edmundo planificando proyectos y se presentó de repente con un vestido de estampados florales. Me pareció resplandeciente como una presencia celestial en flotación. Ya que al terminar el día me metía en un pequeño apartamento, apenas había un bar ni gente.

Nada más hacer contacto visual con ella, me miró de forma profunda, era una belleza felina madura de piernas largas, pechos grandes, teñida de rubio, ojos de tigresa, labios carnosos y un culo potente de los buenos. Se acercó a Edmundo con balanceo de caderas, paso firme rápido y con taconeo. Me levanté al presentármela, su mirada fue más profunda aún cuando lo hice. Edmundo me la presentó. Venía de la ciudad y solo pasaba a verlo. Me disculpé y salí a controlar los motores.

Al volver a salir, vi como giraba hacía los controles donde yo estaba -todos los operarios no la dejaban de vista- y con paso largo y otra vez con balanceo de cuerpo resplandeciendo energía se despidió de mi. Con un giro de cabeza que hizo ondear su cabellera me dijo:

-Bueno, ha sido un placer, quizá nos veamos, o eso espero.

Alucine, estaba claro que era una actitud de desafío hacía mi. Dos operarios cuchicheaban, cuando volví a ellos se callaron enseguida.

Al volver a entrar en el despacho de Edmundo y pasar el informe me asombró.

-Puedes salir un momento Felisa -dijo a su secretaria.

-Los sistemas hidráulicos convendría revisarlos cuando me vaya mañana, sus técnicos saben como hacerlo -dije.

-¿Qué te ha parecido? Aquí donde me ves aún le meto buenos polvazos a Miranda -dijo de repente cambiando de tema y yo quedando asombrado de ese tono machorro y chulesco- acaba de cumplir 40 años, pero es una buena hembra, ¿no crees? A mis 51 no está mal tener este tipo de genero. Podría con más jóvenes, pero es buena. Solos, sin hijos. Como te he dicho antes, ella tampoco ganaría un premio a la mejor madre del año.

-La verdad es que tiene suerte.

-Tutéame, por cierto, esta noche ven a cenar a casa, le has caído bien a mi Miranda.

Me pillo algo de sorpresa, partía a la mañana siguiente por la tarde. Todo había sido muy aburrido después de mis jornadas laborales, la propuesta de Edmundo, la retadora actitud de su mujer. Eran dos personajes de lo más curioso. Y ella una mujer de cojones.

Llegué a la espaciosa casa donde me recibió la asistenta. Me había puesto traje y corbata. Edmundo iba más informal, camisa de marca y pantalones cómodos. Había comprado la mejor botella de vino que encontré en el destartalado comercio de la localidad.

Ella llevaba un vestido negro con una chaqueta larga, maquillada, pelo recogido. Atrayente 100%

-Me han dicho que ya eres padre… Fra…

-Fran, prefiero me llamen así, no Francisco, señora.

-Por favor, tuteame.

-Si hemos sido padres primerizos.

-Eso es bonito, a mi los hijos… bueno, tu pareces joven, es raro…

-29 para 30 y si, siempre me ha hecho ilusión tener una familia.

-Claro, por supuesto.

-Hoy no se habla de trabajo -interrumpió Edmundo.

Fue una cena exquisita, con gambas, caviar, ostras. Miranda no dejaba de mirarme y hacer gestos atrayentes. Era una posturera nata y descarada. Aunque mantenía cierto decoro. Era incapaz de levantarse para llevar un plato a la cocina o traer algún aperitivo a la mesa. Todo lo hacia la asistenta y una joven ayudante.

Tras la cena pasamos a la sala arriba mencionada. La asistenta nos trajo los cafés, los habanos y el whisky.

-Me ha dicho un pajarito que tienes bastante éxito con las mujeres -dijo Miranda a bocajarro y riendo.

-Bueno…

-Miranda, no seas mala, no le hagas caso Fran.

Miranda se excusó y dijo que “ahora volvía” con sus Marlboros, eso de puros no era lo suyo. Al volver el impacto visual era brutal. Llevaba otro vestido, falda muy por encima de las rodillas, sin medias y escotazo. La verdad es que yo también saqué mis Luky Strike nada más verla.

Se sentó enfrente mía con las piernas cruzadas en principio. Cuando tuvimos la copa en la mano ella ya separó sus piernas dejando ver sus muslos y su tanga. Hablábamos, pero no me enteraba de nada.

-Fran, creo que tienes la cabeza en las piernas de mi mujer.

No me sentí molesto, estaba claro que habían empezado a ponerme a prueba. He toreado en muchos ruedos y salido en hombros con dos orejas y rabo y a mucha honra porque lo valgo. Aunque con gente de ese estatus en principio me había desconcertado. Pero ahora si, era evidente.

-Cuando ves algo que tiene calidad es normal, ¿no? Edmundo -dije con tono seguro y con chulería, incluso me repantigué más en la butaca mostrando mi altanería machota.

Busqué sus miradas en busca de su conformidad, su aprobación y sentí también un escalofrío de expectación, una impaciencia por descubrir ese pedazo de hembra que tenía delante. Y si, yo tenía la mirada fija en esas piernas abiertas una vez más.

-¿Te tiras todo lo que se mueve? -me soltó ella.

Hice demostración de originalidad y respuesta rápida sin amilanarme, me estaban juzgando como dije, iban de rollo, eso ya lo tenía claro, así que dijé:

-En el supermercado suelo comprar las ofertas, las promociones. Pero en cuestión de mujeres soy más selectivo, puedo permitírmelo -dije en un tono de autosuficiencia y poderío.

Miranda se levantó desafiante, me miró de soslayo y salió.

-¿No vas? Me gustara ver como le das rabo, a ver si lo que me dijeron de ti no es ninguna leyenda urbana. Síguela.

No lo dude. Edmundo también se levantó. Estaba claro era un cornudo Voyeur. Miranda estaba a media escalera, se había sacado el vestido. Pedazo de culazo entangado. Subía de forma lenta contoneandose. Miró atrás y se rió. Tenía ese glamour metálico de su cuerpo, de una hembra llena de seguridad. Esbelta como una tigresa.

-Anda, mira… -dijo caminando y cogiendo el vestido de su mujer.

Al estar en los peldaños de más arriba se desabrocho el sujetador, ladeo la cabeza haciendo mover la coleta mirándome de lado. Sus pechos altivos bambolearon. Estaba claro que se ceñía bien a una coreografiara. Pensé que esa mujer follaba a saco con el consentimiento de Edmundo e incluso de espectador o participando, eso aún no lo sabía.

Yo subía con seguridad y decisión, también me ceñía a la lentitud de ella.

Con las mujeres o en esas circunstancias yo conocía los códigos follamentísticos que yo ya dominaba.

Cogí el sujetador negro y se lo dí a Edmundo que iba a mi rebufo con el vestido a cuestas. A ella solo le quedaban los zapatos de tacón y el tanga. Una vez en el rellano se descalzó y se sacó el tanga. Se giró retadora tras unos pasos. ¡Brutal! Cuerpazo para tener 40 tacorrazos. Yo acepté el desafío, cogí el tanga del suelo y lo olí como si esnifara. Entró en el dormitorio.

Yo había dejado la chaqueta abajo. Nada más entrar me quité la corbata y camisa. Quería demostrar poderío y seguridad. Ella estaba sobre la cama abierta de piernas. Su coño depilado semiabierto. Con aplomo me quité los pantalones, calzoncillos, es decir todo.

Mi polla relucía erecta, mis cojones colgaban. Todo bien depilado.

-¡Es un pedazo de macho! -dijo ella mirando a Edumundo.

-A ver como me la trabajas, chaval – dijo Edmundo al mismo tiempo que se sentaba en un butacón desabrochándose los pantalones.

Me puse al pie de la cama a su lado de pie creando ese momento tenso, detenido en el tiempo que me gusta mientras se cruzaban las miradas de los tres, primero miré a Edmundo y de después a ella. Me tumbé a su lado y nos comimos la boca.

No tarde en notar un vaivén sobre mi polla, era paja en horizontal. Miranda sabía usar una polla. Lo hacía con desenvoltura, morreándonos, con callada fortaleza.

Empecé a succionar sus pezones con intensidad, eran una potentes tetazas, ligeramente caídas, pero no desentonaban. Ella empezó a ronronear y tocarme el pelo. Pasé a besarla en el ombligo, los muslos. Pasé al coño abriéndole las piernas y elevándolas semidobladas, era una posición idónea para lamer coño y culo. Succione su clitoris con pequeñas mordidas, lamí de arriba abajo coño y culo. Miré a Edmundo. Ya estaba con los pantalones bajados y en plena paja. Miranda jadeaba cada vez más. Empezó a hacer movimientos febriles y sacudidas con su pelvis ante el cunnilingus.

-¡Dios, que bien lo haces, chico! ¡Ohhhh!

-¡La hostia puta, Fran! ¡Tienes una seguridad absoluta comiendo coños! -dijo Edmundo jadeante.

Lo que la hizo berrear fue cuando le metí la lengua entera en el orificio anal. Se reincorporo enseguida, hizo que me tumbara de espaldas y de una tragada engulló parte de mis 20 cms de polla. Ensalivo. Volvió a lamer. Cuando tuvo mi polla empapada de saliva cogió respiración y engulló hasta el fondo mi polla. Noté como atravesaba mi traquea. Al sacar la boca tenía los ojos llorosos y hilillos de saliva. ¡Impresionante! Yo alucinaba. Lo hizo una vez más. Le entraron grandes arcadas. Cogiendo respiración dijo:

-¡Quie… qui… quiero esa poll… polla aquí -dijo señalando su coño.

Ahora invertimos las posturas, ella levantó las piernas al verme centrando mi polla al coño. Estaba claro que quería un patitas en hombros para sentir mejor mi polla. Se la ensarté de una tacada sonora. Tanteé el bombeo. El coño era un embalse, chapoteaba. Vi sus ojos que estaban entornados, susurraba incongruencias. Como un robot de acero pistoneé a polla entera, incluso ella emitió unos cuantos pedorreos vaginales. Miranda ya berreaba como una vaca, tensé mi cuerpo en diagonal y metí ensartadas fuertes y profundas.

-¡¡¡¡Me vengoooooooooooooooooooooo!!!!

Quedó paralizada, aunque dijo:

-¡Dame tu leche!

Entonces me puse sobre sus pechos y ella abarco mi polla con su boca. Empecé a descargar, era brutal, todo iba a parar en la boca de ella hasta que acabe la lechada. Entonces ella me apartó, se levanto. Fue hacía su marido que respiraba ansiosamente, estaba al final de la paja y lo morreó. Edmundo así como se iban comiendo la boca, saliendo hilillos de mi lefada de sus bocas se fue corriendo de forma generosa.

Al levantarme y vestirme vi una mancha grande en la sabana, Miranda había ido al baño. Edmundo encendía un puro, en sus comisuras había restos de mi lefa, aún tenía los pantalones bajados en su mando derecha cuando se ponía el puro en la boca había restos de su corrida, así como de la mía en su bigote.

¡Brutal! No se podía ser más cornudo y más vicioso.

Nota: he decidido hacer una segunda parte, no sé si les interesara. He dejado muchas cosas en el tintero, como he dicho en el arranque (y porque me gusta relatar in media res) no solo lo había corneado una vez. Si no gusta al lector, decidmelo.