Mi vecina me domina (44)
Sara siempre supo que su madre era débil, pero nunca imaginó lo fácil que sería romperla. Ahora, en lugar de ser la sumisa, Sara es la dueña absoluta, y el esclavo del que dependían es solo otro juguete más en sus manos. La noche promete ser larga, sucia y definitiva.
Allí los dos procuré aliviar a mi señora Paqui dándole besos y acariciando su cuerpo. Nunca la había visto así, me daba pena. Yo disfrutaba de su cuerpo recorriéndolo con mis manos.
Hola, ¿hay alguien? ¡Vaya! Solo estáis vosotros. ¿Y Paula?
Se ha marchado hace un rato.
Bien, mama ¿cómo te encuentras?
Hija ¿por qué le has dicho eso a Paula? Mira como me ha dejado.
Es lo que te mereces, ¿no crees? Una puta como tú no puede traicionar a su ama. Y Paula no se lo merece. Anda, ven conmigo mamá.
Abrió la celda y Paqui salió sin fuerzas para tenerse de pie. Tirando de su correa se marcharon dejándome a mí en la celda.
Quítame las botas y dedícate a mis pies que los tengo cansados.
Hija, mira como estoy, apiádate de mí. Necesito descansar pues en cualquier momento puede llamar Paula para algún servicio.
Lo siento mamá. Decidiste ser una perra sumisa de Paula y eso trae sus consecuencias y es que ya ni el esclavo te pertenece. Ahora eres una puta perra al igual que el esclavo y por decisión de ella me perteneces. Y ahora vamos, bésame los pies, los tengo sudados de toda la tarde.
Si, mi hija.
Paqui beso y lamió los pies de su hija pasando su lengua por entre sus dedos para relajarlos. La puerta de la celda se abrió yendo al dormitorio de Sara. Allí me mandó follar a Paqui mientras ella seguía con los pies de su hija. Si por mí hubiera sido no lo hubiera hecho ya que tenía su coño rojo y escocido del correctivo que le había aplicado Paula.
Esclavo, mira lo que te he comprado.
Me enseñó una funda para la polla de látex negro y con unas protuberancias que iba a hacer sentir más la penetración. Enfundó mi polla en ella para tomándola por sus caderas penetrarla y sin parar ir follándola sin cesar.
Ayyyy, me duele.
Puta, no te quejes o se lo diré a tu ama Paula y eso ya sabes lo que supondrá.
Estuve follándola cada vez más fuerte para que no se enojara su hija Sara. Las protuberancias de la funda que me había puesto eran duras y gruesas haciendo que al penetrarla se ahogara en sus gemidos de dolor.
Bien, ya está. Ahora mamá limpia la polla del esclavo que tanto placer te ha dado y así le darás las gracias.
Paqui se giró para chupar la funda que cubría mi polla. Ahora su hija Sara cogió la chancla de goma y le estuvo azotando el culo sin parar.
Joder, mamá. Me has echo casi correrme. Esclavo ven y hazme alcanzar el orgasmo que necesito.
Ajusté mi cara entre sus piernas para lamerle su clítoris y correrse. Después de correrse atrapó con sus manos mi cabeza dejándola pegada a su coño.
Mamá, por qué no te lo follas. Hace tiempo que no disfrutas de él. Ponte mi arnés con el strapon grueso, así le mantendremos bien dilatado su “coño”.
Paqui se levantó con dificultad y se ajustó el arnés a su cintura. Se colocó tras de mí y me escupió en mi ano. Con el strapón frotó la saliva por mi ano y presentándolo a la entrada me penetró. Fue brutal ya que lo hizo sin más miramiento que su placer.
Qué gusto hija follármelo.
Toma te permito que lo azotes.
A la vez que mi señora Paqui me penetraba una y otra vez dejaba caer el látigo sobre mi espalda. Yo mientras procuraba lamer fuerte su clítoris para que alcanzara el orgasmo deseado y así que cesará el tormento.
¡Basta ya perro! Uf, que gustazo. Esclavo, ve y trae el plástico que hay en la cocina y lo extiendes en el suelo.
Cuando el suelo estuvo cubierto por el plástico nos mandó tumbarnos a los dos boca arriba. Desde allí la mirábamos con nerviosismo por no saber lo que nos tenía preparado. Se encendió un cigarrillo y ando sobre nosotros pisándonos con sus tacones y dejando caer la ceniza sobre nosotros. Mientras lo hacía…..
Me encanta veros ahí en el suelo y usaros como lo que sois, un objeto al que poder pisar, sois mi alfombra.
Al andar sus tacones se iban clavando en nuestros muslos, en los pechos, y en todo nuestro cuerpo. Ella disfrutaba mientras daba caladas a su cigarrillo. El peso de su cuerpo se clavaba en nuestra piel dejando marcas rojizas. Cuando terminó de fumarse el cigarro y con sus pies sobre mí se puso en cuclillas y mirando a su madre le apagó el cigarrillo en su pecho.
Bien ahora creo que merecéis que sintáis mi marca como cerdos que sois.
Clavando un pie sobre cada uno de nosotros dejó sus piernas abiertas comenzando a orinar sobre nosotros. Se movía con el fin de que su orina mojará todos nuestros cuerpos. Cuando terminó se sentó sobre la cama y nos miró.
Bueno mis putos perros, ahora quiero ver cómo os desvivís por lamerlo todo y os bebéis mi orina. Me encantará veros como unos cerdos retozando en mis meados.
Así estábamos Paqui y yo, lamiendo el suelo con su orina y revolcándonos en ella juntando nuestros cuerpos con su orina y lamiéndonos el uno al otro todo nuestro cuerpo Para complacerla. Cuando terminamos de dejarlo todo limpio la miramos a la espera de sus nuevas órdenes.
A vuestra celda perros.
Sara se sentó en el sillón frente a nosotros fumándose un cigarrillo.
Me ha encantado veros como os comportáis como unos auténticos cerdos, que es lo que sois. Se lo he de contar a vuestra ama Paula. Ja, ja, ja. Esta noche la vais a pasar juntos.
La noche la pasamos juntos y muy apretados en la celda. Por la mañana la puerta se abrió y fuimos a presentarnos ante Sara.
Buenos días mi señorita Sara.
Esclavo ve a preparar el desayuno para mi madre y para mi. Tu mamá quédate conmigo. Voy a darte yo tu desayuno. Abre la boca perra. Voy a llenártela toda y vas a tragar la orina de tu hija. Seguro que te gustará, está muy calentita.
Hija, como eres así con tu madre. Yo traje al esclavo para que nos sirviera pero ahora soy yo tu esclava. Por favor volvamos a ser las amas de el.
Ja, ja, ja, me encanta tener al esclavo y a una perra sucia y asquerosa como tú. ¡Abre bien la boca, joder!.
Paqui mirándola y cayéndole unas lágrimas de sus ojos abrió la boca entre las piernas de su hija recibiendo su orina caliente de la mañana.
Muy bien mamá, vayamos a tomar el desayuno.
Paqui creyó que podría compartir asiento con su hija y tomar el desayuno pero al ir a hacerlo un bofetón de Sara cruzó su cara.
¡Que te has creído puta asquerosa, que eres digna de sentarte a mi lado y tomar un desayuno!. Al suelo y tu esclavo a tu celda.
Desde mi celda pude ver como tras tomar su desayuno y encenderse un cigarrillo, Sara se dedicó a preparar el desayuno su madre. Tomó una rebanada de pan y lo untó con escupitajos y mocos que dejó caer para ir expandiéndolo con un cuchillo junto a la ceniza del cigarro. Sara miraba con una carcajada a su madre.
Te va a encantar mamá lo que te estoy preparando.
Sara siguió preparándole el desayuno echando sobre la tostada restos de su desayuno previamente masticados. Ahora cogió la tostada y levantándose la colocó bajo su culo y haciendo gestos de apretar fue soltando varios hilos de caca algo líquida. Cuando termino le mando que la limpiara mientras extendía su caca correosa por la tostada.
Toma Cerdá. Tu desayuno está preparado.
Paqui con cara de asco por el olor que desprendía fue dando mordiscos a la tostada, masticándola y tragando.
Cerda, no querrás dejar a tu amigo sin desayunar. Ve depositando restos de tu comida en su bol para que lo compartiera.
Abrió la celda y al llegar junto a ella Sara le mandó que le limpiara la boca a su madre.
Levántate cerdo y llénale su asquerosa boca con tu meada.
Paqui abrió la boca toda manchada de restos de su desayuno y le fue orinando. Esta no tragó toda la orina del es clavo para que con ella poder enjuagarse su boca.
Muy bien, ahora ya puedes desayunar tu, perro.
Me acerqué al bol que estaba lleno de restos de su desayuno con un aspecto amarronado y muchos hilos de la saliva de su boca después de haberla masticado mientras que a su madre la mandó a la celda.
Tu ve y prepárate para ir a recoger a tu ama Paula.
Ya preparado recogí a mi ama Paula. Fuimos de nuevo a casa de Elena que nos esperaba desnudo y arrodillado en la puerta para cuando llegáramos. En la boca sujetaba una fusta que Paula recogió azotándole con fuerza su culo para que avanzara por el pasillo. Al llegar al salón me mandó instalar la máquina que habíamos traído y colocarle la funda rugosa en el strapon.
Hoy vas a disfrutar mucho Elena. Esclavo, enciende la máquina.
Coloqué el strapon pegado a su orificio anal y active la máquina para después darle el mando regulador a mi ama. La penetración fue instantánea entrando y saliendo de su culo cada vez con mayor intensidad.
Ohhhh mi Ama Paula, ¿podría bajar un poco la intensidad?, me está destrozando el culo.
Sí claro. Ahora mismo lo hago.
En lugar de disminuir la intensidad el strapon lo penetraba mucho más rápido. Estando así llamaron a la puerta.
- Ve a abrir perro.
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