Cornudo Satisfecho
Para él, la humillación no es un castigo, sino el premio. Mientras su esposa es poseída por otro, él se arrodilla para servir al mismo hombre, encontrando en la degradación absoluta la única forma de sentirse vivo.
Voy a contar mi experiencia como cornudo. Está inspirada en un relato o confesión que rescaté de una Web, y de hecho, comienzo con el mismo encabezado, ya que representa totalmente mi disposición y placer a ser el cornudo sumiso de mi mujer y de su macho.
“Soy un cornudo y me encanta serlo, es una experiencia única de puro placer y total libertad sexual.
Podría sonar denigrante, pero no lo es, pues todo es cuestión de una excelente comunicación con tu pareja y con el amigo corneador. Es un juego de roles donde sales de la monotonía a divertirte un poco, y aunque es simple el contexto, es un tanto complicado llegar a ello.
Desgraciadamente se denigra mucho el rol del cornudo pues se relaciona con la sumisión, si bien esto es parcialmente cierto, esta sumisión se lleva a cabo previo a un acuerdo, es decir, cuando las tres personas están a favor de ello. Es un juego de rol que se toma, es un papel que tendrás durante el encuentro a puerta cerrada, en el acto serás el cornudo sumiso, pero al terminar vuelves a ser el marido que se respeta.
Si todos son lo suficientemente maduros para comprender esto, la relación es de puro placer, lo mejor que tendrás en la vida, aseguro que es una experiencia fabulosa que todos deberíamos experimentar alguna vez.
El dominante siempre será el corneador, llega a satisfacer a la esposa directamente y al cornudo indirectamente.
Todos disfrutan, todos ganan, pero hay una situación donde se puede explotar aún más esto, y es atender directamente al cornudo.
El papel del cornudo suele ser el de observador, pero ¿que tal si ahora él también se suma a la acción?
Sigue siendo el sumiso cornudo que es pero ¿que tal si el corneador vuelve a superponerse, pero esta vez directo sobre el cornudo?”
¿Que tal si el corneador, aparte de cogerse a tu esposa, también te usa a ti para su placer? Lo hace desde el rol de Macho Dominante que disfruta recibiendo sexo oral del cornudo.
La verga que sometió a mi mujer también me somete a mi, la verga que hizo gemir a mi mujer ahora lo hace en mi boca: Pasa de ser una humillación simple de observador a una humillación directa.
El macho corneador muestra su superioridad cogiéndose a la puta de mi pareja y de paso al putito cornudo lo usa de mamador y sumiso limpiador de los mocos de su verga; el macho es el dominante principal y mi mujer también desempeña ese rol ocasionalmente.
Sentir de primera mano lo que siente tu mujer hace la experiencia exquisita. Sentir la verga erecta y dura del corneador entrando y saliendo de tu boca justo como se lo hizo a tu pareja es muy excitante. Saber que el miembro que está penetrando tú boca también se culió a tu mujer es tan placentero. Sentir como palpita y, en el clímax, sentir el semen caliente del macho en tu lengua, degustar su sabor, tragarlo lentamente dejando que corra garganta abajo es una sensación indescriptible…., escuchar como el Toro te ordena que te lo tragues todo, que te trate de forma brusca, con prepotencia, con groserías, que te sientas obligado a obedecer sus órdenes, saber que no le importa que te atores como su grueso miembro en tu boca, que no le importa que los mocos de su verga se escapen por tus labios y que cada vez que te lo empuja aparecen lágrimas en tus ojos, sentir como culea sin piedad tu hocico, que te urge para que lo hagas eyacular, sentir como sus grandes bolas golpean tu barbilla, sentir como te grita “¡¡toma puto de mierda…, cómete todo mi pico!!”.
Sentir como a veces descarga en tu cara, como azota tus mejillas con su erecto garrote, y que luego te lleva al baño, te ordena que apoyes tu barbilla en el WC y orina en tu rostro para lavar su semen, escuchar sus órdenes de que saques bien afuera tu “puta lengua” para mear ahí y puedas saborear sus orines…, a veces mientras está orinando mete su verga en mi boca y me obliga a tragar sus meados.
Casi siempre que orina en mi boca, termino mamado su verga de nuevo, porque me ordena que se lo limpie con mi lengua, yo me aplico para lamer bien su cabezota y besarla, y eso basta para que se le ponga duro nuevamente y me ordena que lo haga gozar. Yo me abrazo con mis dos manos a sus nalgas y siento como con una mano sujeta mi cabeza por el pelo y comienza a penetrar mi boca nuevamente, como disfruta al meterlo entre mis labios y de tenerme a su disposición, y yo disfruto del sabor amargo de sus meados y del sabor ácido, amargo y algo salado de sus mocos…, sentir todo el poder de ese grueso cipote en mi boca, sentir que el disfruta culeando mi boca y yo disfruto comiendo todo su gordo pedazo de pico…, sentir que soy el sirviente sexual oral de ese Macho ¡¡es una delicia!!, y el castigo por mi patética sumisión, que le realizo con mucho agrado.
El macho corneador tiene el rol del dominante, es su trabajo satisfacer a la esposa y humillar al cornudo, marcará su territorio usando a los dos.
Nosotros somos una pareja desde hace 20 años: Leila y yo; no somos casados y en edades de los 60 años, ella es divorciada con 2 hijos ya adultos que tienen su propias vidas. El corneador actual es un gringo de ascendencia alemana de 52 años, que no es un adonis, es algo subido de peso y calvo, pero con una verga exquisita enormemente gruesa, muy cabezona al punto que cuesta metérsela en la boca, eyacula en forma abundante, tiene una energía increíble que la exhibe en el acto sexual, le gusta ordenar y exigir. A nosotros, sobre todo a mi en lo particular, no me importa su aspecto físico, no es un hombre feo pero tampoco es bonito; me importa y me gusta su verga exquisita y su carácter.
Esta forma de relacionarnos sexualmente la iniciamos casi desde que nos conocimos con Leila, pero no nos metemos con cualquier “corneador”. En el transcurso de casi 19 años (uno después de conocernos) hemos tenido 4 Machos, y siempre tenemos cuidados en la elección: reserva, claridad sobre las enfermedades venéreas, decisión para desempeñar el rol de Macho Dominante y una conversación muy clara sobre los límites y la aceptación de las prácticas sexuales.
Yo no gusto de ser acariciado o besado por otro hombre, tampoco acepto la penetración aunque confieso que en mas de una oportunidad se me ha cruzado por la cabeza la idea, pero…. en el sexo oral, acepto todo y estoy dispuesto a todo: me encanta mamar una verga, sentir que me cuesta alojar una gruesa cabezota en mi boca, sentir como me la empujan y me urgen para que los haga acabar, me gusta el semen con todos sus sabores, pero prefiero que sea algo salado y a veces algo dulce, pero también disfruto el sabor ácido y amargo. En un hombre al que le voy a hacer sexo oral, me gusta que tenga una verga muy gruesa, cabezona, y hedionda; me encanta el olor del miembro y mientras mas oloroso mas me excita. No tengo problema con recibir “lluvia dorada” y en muchas ocasiones disfruto dando “besos negros”, cuando el ambiente se caliente lo suficiente, y mientras Egon penetra a mi mujer, me coloco detrás de él, le abro las nalgas y recorro todo el canal de su poto con mi lengua para detenerme en su culo besarlo y hacerle un masaje con mi lengua…, ¡¡uffff!! de solo acordarme de lo que hacemos en privado ya me dan ganas de estar juntos los tres.
Nosotros nos juntamos dos o tres veces al mes, preferentemente los fines de semana, y en cada ocasión el sexo el algo nuevo, excitante.
Yo soy un cornudo y es una experiencia única, me gusta sentir la dominación de mi mujer y de su amante; me encanta la experiencia de mamar la gruesa verga de Toro, sentir como penetra mi boca y descarga todos sus mocos; me gusta que me ordenen que se lo limpie cada vez que usa su miembro, ya sea penetrando a mi mujer, cuando va a orinar al baño o cuando acaba en mi boca. ¡Es una experiencia exquisista!
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