Mi esposa termina haciéndome cornudo
La noche en el hotel no prometía ser una cena tranquila. Salomé sabía exactamente qué botas tenía puestas y esta vez, las reglas las ponía ella. Mientras Alex la miraba con hambre, el narrador comprendió que su papel no era el de esposo, sino el de testigo y herramienta de su deseo.
Durante los dos días siguientes, fueron bastante movidos con excursiones y visitas a lugares turísticos, regresando al hotel bastante cansados. Alex iba en otro autobús por lo que solo pudimos hablar con el mismo en contadas ocasiones. No obstante, en la noche nos encontramos en el restaurante del hotel, acercándose hasta donde nos hallabamos, y nos dijo: hola. Como mañana en la tarde nos la han dado como libre. Me gustaría invitarles a cenar. He localizado un restaurante que parece tener buena pinta. ¿Qué les parece?
Note la cara de agitación de mi esposa ante aquella proposición. Sabía que, a pesar de todo, se había quedado con ganas. La noche anterior llegamos tan cansados que tras cenar nos acostamos sin más. Y, esa noche parecía que iba a ocurrir algo semejante, dado el agotamiento al que nos habían sometido los organizadores. Ella me miró, como pidiendo con la mirada que aceptáramos. No me quedó otra opción. Por lo que quedamos en vernos en la recepción del hotel sobre las siete de tarde.
Mientras subíamos a la habitación, me dijo: Berto, parece que no te hace mucha ilusión ir a cenar con Alex. ¿No me digas que te estas poniendo celoso? Y antes de entrar en la habitación, volvió a mirándome a la cara, volviéndome a preguntar: ¿esta celoso, ¿verdad?
No le conteste, emitiendo levemente una sonrisa. Obviamente, la idea de volver a ver a mi esposa tomada por aquel extraño, me empezaba a desagradar. Sin embargo, reconocía que había sido el culpable, y que era yo el que había inducido a Salomé aquellos encuentros. De hecho, ya dentro de la habitación me lo reprochó: ¿Así que ahora sientes celos de que otro se monte a tu mujer? Sin embargo, ¿bien que me incitaste hacerlo, para saciar tu morbosidad? ¡Eres un jodido cabronazo! Terminó diciéndome, con evidente enfado, metiéndose en la cama sin hablar más.
Cuando intenté tocarla en la noche, me rechazó. Ello me comenzó a preocupar. No podía culparla, todo había sido por culpa de mi fantasía de verla con otro hombre. Este mortificando mi mente toda la noche. Sabía que, al día siguiente durante la noche, con total seguridad Alex intentaría yacer de nuevo con mi esposa. Al igual que sabía que no podría oponerme si Salomé accedía. Tampoco podía reprocharle nada. Pensé que total, tras las vacaciones no volveríamos vernos. ¿Porque no disfrutar de la ocasión?, y hacer disfrutar a mi mujer.
A la mañana siguiente, me levanté dándole un beso en el hombro. Ella me miró. Y le dije: No te enfades. Se que tienes razón. Todo ha sido culpa mía. Estaba pensando, que total, estamos de vacaciones, ¡si te lo quieres volver a follar, no voy a impedírtelo! ¡Ni tampoco a reprochártelo!
Ella me miró, limitándose a darme un beso de pico, diciéndome: ¡ya hablaremos a la noche!
Esa misma mañana, durante una visita a pueblo rural coincidimos con Alex. Tomamos café, hablando animadamente. Note que Salomé se excitó al verlo, hasta el punto de que en más de una ocasión le pille mirando la entrepierna del hombre. No me lo pensé dos veces y le dije que iba un momento al baño. Fue la oportunidad para dejarlos solo. Sin embargo, no me dirigí al baño, sino que me quedé cerca, espiándolos, sin que se dieran cuenta. Era una locura, pero quería ver hasta dónde estaba dispuesta mi esposa a llegar. Observé como el hombre con disimulo, paso una mano por el trasero de mi señora, apretándole las nalgas. La reacción de mi mujer, fue sonreírle, para, posteriormente, con disimulo dirigir su mano hacia la entrepierna del mismo, viendo como tomaba sus genitales en su mano, sobre el pantalón, apretándolo. Ello me evidenció que, mi esposa anisaba volver a ser tomada por aquel extraño.
Regrese, y quedamos en vernos en la noche. Ya en la tarde, se ducho, perfumándose adecuadamente, sorprendiéndome al ver que se había colocado un vestido de gala, que se plegaba perfectamente a su cuerpo, dejando a la vista sus preciosas curvas y un estilizado cuerpo. Era algo corto, y además con una abertura a un lado, evidenciando que, a la primera de cambio, podía dejar a la vista su braguita. El escote del vestido, era igualmente espectacular, mostrando gran parte de sus hermosos senos. ¡Salomé esta explosiva! En cuanto la vi no pude evitar sentir una descarga eléctrica, que partiendo de mis testículos se expendió por todo el cuerpo. Al verme, me hizo unos numeritos, preguntándome: ¿Qué tal me queda?
-Uf nena. Alex cuando te vea se la van a salir los ojos. ¡Va a querer cogerte en el mismo restaurante! Le indique sabiendo que era lo que iba a ocurrir.
-ya veremos, me dijo con una sonrisa, acercándose y besándome en la boca: uf maridito. Me noto bastante caliente. Necesito una buena polla…o dos. añadido, apretándome mis genitales.
Aquello me dejó alterado. Ella observó el impacto que hizo en mí, sus palabras, diciéndome: Hasta la fecha he hecho lo que me habías solicitado, para satisfacer tus fantasías. ¡¡Esta noche vas a satisfacer las mías!!
-¿Que deseas hacer? Le pregunté intrigado.
Ella me miro, y me contestó lascivamente. Tu sígueme el juego. Quiero que también disfrutes de la noche. Pero,….” las reglas las pongo yo”.
Me quede alterado y con cierto grado de preocupación. Estaba claro que esa noche mi esposa llevaba la voz cantante, y era consciente de que tenía en mente algún juego sexual, donde al parecer iba a intervenir también yo. Note que ello me agrado. Era otra sensación distinta. Ahora era ella la que mandaba.
Llegamos a la recepción, y en cuanto Alex la vio se quedó mirándola fijamente exclamando: deslumbrante. Impresionante. Pedazo de mujer. ¡Estas preciosa Salomé!
Ella lo saludó cariñosamente con un beso cerca de la mejilla, y nos dirigimos en un taxi a un restaurante escogido por aquel. Este resultó bastante acogedor, con mucho cachet, y bastante elegante. Nos llevaron a un reservado, ubicado en una terraza, donde había otros comensales cercanos, en reservados aledaños, pero estaba tan disimulada la zona, con las plantas y decoración, que prácticamente parecía que nos hallabamos aislados. La comida, típica de a zona, fue igualmente espectacular, verificando que nuestro anfitrión, no había reparado en gastos. El buen vino, de alta graduación comenzó pronto hacer efectos en nosotros.
Salomé se hallaba esa noche despampanante. Desde los primeros momentos se mostró sensual, ardiente, glamurosa, permitiendo que Alex la tocara de vez en cuando, haciendo ella lo mismo. A medida que fue pasando el tiempo, y el ambiente se fue caldeando, observé como no tuvo el menor reparo en meter manos a los genitales del hombre, apretándoselos, y masajeándolos. Lo mismo hacía con los míos.
Tampoco Alex se quedaba atrás. Estaba como una moto, y no paraba de sobar a mi mujer, apretándole las nalgas, incluso tomando sus pechos, viendo como su mano se introducía por el amplio escote del traje. Solo se detenían cuando llegaba algún camarero. Mi mujer completamente lanzada no tuvo reparos en preguntar a nuestro anfitrión: uhm ¡veo que la tienes bien dura! ¿Seguro que no te has corrido en estos días? ¿a cuantas de has follado?
-¡No he estado con nadie!- le aseguro el joven. Tampoco me he masturbado.¡¡ Me he estado reservando para esta noche!!. escuche decirle como un susurro, alterándome, ante sus palabras, tanto como mi esposa.
Esas palabras calaron en mi esposa, comprobando su excitación en el brillo de sus ojos. Se sonrió, y capciosamente, le susurró: ¿seguro que no me mientes? ¿Me dejas que lo compruebe?
Me quede de piedra. Mi esposa debía estar sumamente caliente para atreverse a tanto. Mi agitación se elevó cuando observé, que, pese a mi presencia, abrió la bragueta del pantalón del anfitrión de la cena, y sin inmutarse, metió su mano dentro, hasta palpar y masajear el pene del hombre. Mi agitación, se incrementó cuando bajó más a su mano, alcanzando los testículos de Alex. Fue digno de ver la morbosidad con la que mi esposa le sonrió, dando a entender que le gustaba lo que estaba tocando. Uhm… ¡parece que me dices la verdad! Los tienes más llenos que la vez anterior. ¿Si no te has corrido en estos días, tienes que tener mucha leche acumulada? Le susurró, acercándose a su boca y dándole un beso ardiente, demostrando que estaba dispuesta a cogérselo esa noche.
-te has dado cuenta. ¡Los tengo a reventar! - exclamó el hombre tremendamente excitado al ver como mi señora lo besaba tan glamurosamente.
Mas lasciva, mi esposa, le contesto: ya lo veo. ¡¡Así que necesitas descargarlos! Estas deseando que sea yo quien te los descargue, ¿verdad cabronazo? Uhm ¡cómo te estas poniendo! Terminó por decirle sin dejar de sobar su pene.
El hombre la atrajo hacia él, haciendo que la misma se sentara sobre sus piernas, sin importarle mi presencia, ni tampoco la presencia de una camarera que en ese momento nos traía una copa de licor. Mi esposa, le sonrió a la camarera, mientras continuó besando a Alex, quien totalmente entregado, aprovechó para meter mano por la entrepierna de mi esposa, a quien se le había subido el traje y mostraba claramente la tanguita que llevaba puesta. Note el ronroneo de mi mujer al ver como el hombre introducía sus dedos por una lateral de la braga y alcanzaba el coño. Eso alteró a Salomé, que se aferró al hombre, sintiendo como aquel introducía varios dedos dentro de su vagina, masajeando y perforando con ellos su cueva, hasta que logró alcanzar un orgasmo en aquella posición. Pese a que reprimió sus gemidos, algunos comensales de los alrededores se dieron cuenta.
Mi excitación era tal que, notaba una presión brutal bajo mi pantalón. La escena era auténtica película porno. Al acabar ese orgasmo, mi esposa le dijo: para..no sigas más, diciéndole al oído: anda, paga la cuenta y marchemos al hotel.
Alex se repuso como pudo, cerrando la cremallera de su pantalón, notando pese a todo, la gran petulancia de su gran excitación. Marcho a pagar la cuenta, quedándome con mi esposa. La misma se subió igualmente sobre mis piernas, sentándose de forma sexy, diciéndome: ¿Y tú, también te has puesto bravo?, me dijo palpando sin reparo mi entrepierna.
Me miró a la cara y me dijo: Uf maridito, “me siento sumamente caliente esta noche”. Voy a llevar a Alex a nuestra habitación. ¿Te vas a oponer? Se que te va a gustar ver cómo me lo voy a follar de nuevo.
Me quedé sin poder decirle nada. No quería tampoco contradecirla. Desde hacia rato era consciente de que se lo iba a follar. Me limité a tocarle los muslos, metiendo mi mano por la entrepierna, comprobando que tenía toda la tanga empapada. Mi esposa estaba casi chorreando.
Al regresar el hombre, tomamos de nuevo un taxi y nos dirigimos al hotel. Nos sentamos los tres detrás, viendo como Salomé no dejaba de palpar las entrepiernas de cada uno de nosotros, pese a las miradas que le dirigía el taxista. Una vez en el hotel, nos dirigimos al ascensor, logrando llegar a nuestra habitación. Alex me miró como si solicitara mi consentimiento, limitándome simplemente a bajar la cabeza. Una vez dentro, mi esposa tomó unas prendas, que no llegue a interpretar de que se trataba, y entró en el baño, diciendo que nos fuéramos poniendo cómodos.
Mientras entró en el baño, me limite a sentarme sobre la cama, haciendo lo mismo Alex. El me indicó: ¿si te molesta me retiro?
Le miré y le dije: esta noche mi mujer lleva las riendas. No quiero contradecirla.
Al poco tiempo, observamos que se abrió la puerta del baño, apareciendo la figura de mi esposa. Ambos nos quedamos alucinados. Salomé se había retirado el traje, y aparecía ahora únicamente con una lencería bastante transparente, y que le cubría bien poco. El sostén, estaba descubierto por encima y permitía ver todos los pechos, incluso los pezones, resaltado aún más el mismo. La parte baja, era una simple tanguita, color blanco, tan trasparente, que permitía visualizar los vellos de su pubis, y hasta los labios vaginales de su hermosa concha. Al vernos aún con la ropa, nos dijo: ¿aún estas así? y mirándonos fijamente, nos dijo, ¡¡os quiero a los dos en pelotas! ¡Quiero ver como tenéis esas pollas!
Agitados, no fuimos desprendiendo de nuestras ropas, quedándonos completamente desnudos. Al vernos, mi esposa abrió sus ojos de forma lujuriosa, acercándose, papando y toqueteando nuestros atributos. Fue digno de verme desnudo junto aquel extraño, verificando que el mismo me llevaba varios palmos de altura. No solo era alto, sino que sus anchas espaldas, sus grandes manos, mostraban una gran diferencia respecto a mi cuerpo. Por otro lado, pese a que mi pene estaba bien erecto también, me percaté que Alex disponía de un vástago mucho más grande y grueso que el mío. La curvatura del mismo, volvió aflorar, y hasta me llego a impresionar a mí. Ver aquel falo, que emergía entre las piernas del extraño, completamente rígida, tensa, y que terminaba con aquella curvatura hacia arriba, me dejó impactado.
Impresión que igualmente caló en mi esposa, quien, tras unos momentos observándonos lujuriosamente, toqueteó el pene de Alex, para luego decidirse a recostarlo sobre la cama, haciéndole abrir sus piernas, para acto seguido, acercarse a sus genitales cogiendo el pene en su mano, masajeándolo, para terminar, acercando su boca, y comenzar a lamer por primera vez el pene del mismo. Tras recorrer con su lengua el tremendo falo, abrió su cavidad bucal y engulló una parte del mismo, verificando la sensación que le produjo mamar aquella polla en curvatura. Mientras lamía y mamaba el falo del hombre, no dejó de palpar sus testículos, percibiendo el estremecimiento que le causaba. Paró un momento, y mirándome me dijo: vamos cornudito. ¡Mi coño está pidiendo a gritos que te pongas a lamerlo! ¡Que esperas?
Excitado ante su petición, me coloque tras el trasero de mi esposa, la cual se hallaba a cuatro patas sobre la cama mamando el falo de Alex. Sin poder contenerme, di unas lamidas a su raja, aún sobre la tela de la braguita, aparte la misma y comencé a succionar los pliegues de sus hermosos labios vaginales, para luego irme concentrando en su raja. Me di cuenta que Salomé se hallaba sumamente ardiente esa noche. Su excelente lubricación así lo demostraba. Oh si.. asi maridito… siii… sígueme comiendo el coño.
Tras unos minutos, paro en seco, diciéndole a Alex que “iba a montarlo”. Aquel recogió un preservativo que llevaba en su pantalón, y se lo calzó. Mi mujer, mostrado su tremenda calentura, se subió a sus piernas, posicionándose a la altura del falo, y poco a poco se fue bajando, comprobando que esta vez le entró con mayor facilidad, evidenciando que mi comida de coño había preparado su vagina para soportar el encaje de aquel vástago. Descendió, hasta terminar de clavarse toda la polla del hombre, retorciéndose ante el dolor que le produjo volver a tener un falo tan grande. Oh cabron… como las tienes… uff.. me abres…. Al tiempo que colocó sus manos sobre su pecho, diciéndole: Uhm Alex… la tienes más grande que el otro día. ¿Seguro que no te tomaste una viagra?
-Claro que no. Yo uno uso esas cosas- le contesto.
Mi esposa comenzó a cabalgar al hombre, saltando sobre su polla, enterrándosela una y otra vez, viendo como la tomaba por sus nalgas, y la ayudaba a subir y bajar. Pronto mi esposa se recostó sobre el hombre, acercando sus pechos, que sobresalían por encima de su pequeño sostén, haciendo que aquel comenzara lamer y chupar sus senos. oH si Alex… cómemelos…. Me encanta… oo siiii
La calentura de mi esposa llegó a limites inconcebibles, comprobando como alcanzó pronto su primer orgasmo. Al acabar, hizo detener al hombre, descabalgándolo, y recostándose sobre la cama, invitándolo a clavarla en plan misionero. Aquel no esperó a que se lo dijera una vez más, por lo que, colocándose entre las piernas de mi señora, arremetió, clavando su cipote en el abierto coño de la misma. Oh si… así…. clávamelo todo… si…
Los bríos del hombre, ensartando sin pausa el coño de mi mujer, logró hacerla alcanzar un nuevo orgasmo.
Al acabar, lo hizo retirarse. Me miró para mostrarme su coño abierto por las arremetidas del semental, diciéndome: Has visto maridito como me ha dejado el coño. Me lo ha abierto como nunca. Y mirándome lascivamente, me dijo: anda acércate. “Quiero que lo refresques con tu lengüita”…
Sin ser dueño de mis actos, entregado esa noche a lo que me pidiera mi mujer, me agaché y comencé de nuevo a lamerse el coño. Un coño que otro hombre se había follado de dos diferentes ocasiones. Menos mal que lo había hecho con condón, pensé.
Durante unos momentos degusté el coño sumamente lubricado e inflamado de mi señora, viendo de reojo el falo del hombre, que se lo continuaba tocando, manteniendo una erección trepidante. Parecía que el condón se le iba a salir, ya que solo cubría realmente una parte, especialmente el glande y parte de la curvatura. Llegado un momento dado, me detuvo de nuevo. Miró agitada la verga del hombre, que parecía tener nuevamente el pene a reventar, y, colocándose en cuatro sobre la cama lo invitó montarla. El semental se colocó detrás de mi señora dispuesto a volver a penetrar su coño. Lo acercó y de un certero golpe de riñones le clavó todo su pene hasta la empuñadura. Los gritos y bufidos de mi señora no se hicieron esperar, alcanzando de forma sorprendente un tercer orgasmo.
En ese instante, me di cuenta que Alex estaba por eyacular de un momento a otro. Podía comprobarlo en su forma de penetrar a mi esposa, y las expresiones de su rostro. En ese momento, mi señora giró la cabeza y le pregunto: ¿Tienes ganas de descargar?,,,, ¿verdad, cabroncete? Y haciéndole salir de su coño, se fijó en la tremenda empalmadura del hombre, se acercó, palpó los testículos y le pregunto: ¿tienes ganas de hacerlo dentro verdad? No lo niegues…lo veo en tus ojos. Y ante mi perplejidad escuche preguntarle: ¿Te gustaría descargar dentro de mi coño?... ¿quieres llenarme con tu lechita?
Yo no salía de mi asombro, cuando me miró a la cara diciéndome: ¿Te has dado cuenta maridito? “Este cabronazo quiere venirse dentro de mi coño”. Uf… ¡con lo cargado que tienes sus testículos! ¡seguro que me llena!
En esta ocasión, enrojecí. Mi mujer estaba tan fuera de sí esa noche. Parecía estar pretendiendo que el hombre se corriera dentro de ella. Pensé: ¿lo estará diciendo para envalentonar más al hombre?, consciente de que lo haría dentro del condón.
Salomé, volvió a colocarse en cuatro sobre la cama, mostrándole su trasero a Alex, para que el hombre la volviera a clavar. A medida que comenzó nuevamente a penetrar con fuerza a mi señora, me di cuenta que aquel pronto volvió a estar a punto. Cuando pensaba que se iba a correr en el preservativo, mi mujer volvió a sorprendernos. Se detuvo nuevamente, dejando al hombre agitado, rompiendo de nuevo su inminente eyaculación, para dirigirse hacia mí y decirme: anda maridito, acércate. Me acerque, sin saber lo que pretendía. Ya cerca de ellos, escuche algo que me hizo casi temblar: ¡¡quítale el condón a este semental!!
-¿Como? ¿quieres follartelo a pelo? Pero… exclamé ante tremenda locura.
-¡Tú has querido ser un cornudo!. ¿De qué te quejas ahora? Vamos, ¡¡que esperas para quitarle el condón este semental! Escuche de nuevo decir a Salomé con recochineo, pero de forma exigente: Quiero sentir su polla dentro de mi coño a pelo…¡sin impedimento alguno!.
Me agité ante tal pretensión. Me noté como paralizado, bloqueado, agarrotado, solo me atreví a contestarle: ¿creo que no sabes lo que estas pidiéndome?
Entonces me miró de forma retadora, casi airada, espetándome: ¡eres un jodido cornudo!..”Hoy verás como tu esposa, se folla a este semental a pelo”. Y, sin más, ante mi pasividad, ella misma se acercó al pene de Alex, tiró del condón, retirándoselo, dejando el falo sin el mismo. Luego, colocándose nuevamente en cuatro, le dijo: Vamos Alex, “quiero que le demuestres a mi maridito, como te follas a esta puta a pelo”. ¡¡Quiero toda tu lechita dentro de mi coño!
Alex no se lo pensó dos veces. Al ver que mi esposa le instaba a follarsela sin protección, acercó su nabo a la cueva, presionó, viendo como la ensartó nuevamente. Pero esta vez la tenía clavada sin condón de clase alguno. Oh si…. así es como me gusta…. Sigue así….vamos semental quiero tu lechita…. “lléname”
Observé atónito, como el hombre tomó a mi esposa por las caderas, y comenzó a empujar con todas sus fuerzas, cada vez con mayor intensidad, clavando su tremendo falo profundamente en el coño de Salome. Tras unos minutos de embestidas, noté como el hombre se contrajo, tensando bruscamente su cuerpo, arqueando su espalda hacia atrás. Mi imaginé al instante lo que iba a pasar. Comenzó a gritar, sin parar de embestir el coño de mi esposa. Se iba a correr. Y lo iba hacer dentro. Sin impedimento alguno: Oh si… me vengo.. ooo que coño tienes…. siiii
Mi esposa al sentir el fluir del semen en su vagina, igualmente se alteró, gimiendo, notando realizó movimientos para abrirse bien, con el fin de que el semen le llegara profundamente, mientras vociferaba: oh siii… como te siento…. Oh cabronazo me vas a llenar… oh.. “si preña a esta puta”…. Vamos, ¡¡ que lo vea bien mi maridito…!! ¡dejamelo bien lleno..!
De nuevo sentimientos encontrados me abrumaron. De un lado, me sentía dolido, humillado por mi esposa, viendo como era sometida por aquel extraño, que encima se corría dentro de ella; pero, por otro lado, era una experiencia inigualable. Ver como aquel hombre la tomaba, de forma brusca y con total sometimiento de la misma, con su enorme poderío físico ante la altura del mismo, y como clavaba sin para su dura verga en el fondo del coño de mi mujer. Saber que se estaba viniendo dentro de ella, hizo que mi pene emergiera como un mástil. No pudo remediarlo. Me había convertido en un anténtico cornudo.
Al hombre demostró que era un semental único, dado que se estuvo vaciando dentro de Salomé durante largo tiempo. Cuando acabó, extrajo el falo del coño de mi esposa, ya algo flácido, observé el enrojecimiento de la vagina, la cual comenzó a brotar restos de una mancha blanquecina, deduciendo que se trataba el semen de Alex. Me quedó patente que aquel cabronazo la había regado bien por dentro.
De hecho, mi esposa se giró quedándose boca arriba, abierta de piernas, mostrándome su coño, con los restos de semen. Al ver como se había puesto mi pene, que permanecía erecto entre mis piernas (ya que seguía desnudo), exclamó: Que cabronazo… ¿te has empalmado viendo cómo se cogían a tu esposa? ¡eres un degenerado!
Se incorporó beso ardientemente de nuevo en la boca al hombre, y osadamente volvió a tocarle los testículos, diciendo: ¡verdaderamente eres de otro planeta! Joder, “me has llenado el coño, y aún sigues con los huevos cargados”.
Luego se vino dónde estaba, me besó igualmente la boca, me hizo sentar al borde de la cama, para luego bajarse de la misma, acercándose. Se abrió de piernas, arqueándose hasta acercar su vagina, aun goteando restos del semen, para terminar, sentándose, clavándose hasta la misma base mi falo. Obviamente, mi pene entró como mantequilla. Mi esposa estaba bien lubricada ante la gran cantidad de semen que el extraño había depositado en ella. Apoyó sus manos en mis hombros y comenzó a cabalgarme, diciéndome al oído: vamos maridito. Quiero que ahora seas el que descargue dentro. Quiero sentir el semen de los dos dentro de mi coño.
No llegaba a entender la entereza de mi esposa tras los polvos echados con el extraño, y aún permanecía con ganas. Por otro lado, parecía aún seguir caliente, excitada como nunca. Me dije: ¿estará de verdad ovulando? No me atreví a preguntárselo, pero me quedó una seria duda.
Todo lo ocurrido, me tenía igualmente enardecido, por lo que pronto la tomé, la eché boca arriba sobre la cama, sin sacarle mi pene, y comencé a embestirla con fuerza y decisión. Observé como mi pene salía embadurnado de una mancha blanquecina, evidenciando que era el semen de Alex, y eso más me agito. No tarde mucho, y al poco tiempo vino me descarga: oh si machito mio…. así…. córrete también
Cuando acabamos, salí de ella, y me fui a asear un poco. Cuando regresé, observé que Alex continuaba en la cama con mi esposa. Aquella me miró queriendo contestar a mi pregunta, respecto al porque seguía allí, diciendo: se queda esta noche a dormir con nosotros. ¡Quiero dormir entre dos machos! Y echando mano al falo del otro exclamó: "a este cabronazo aún le queda mucha leche en sus huevos, y tengo que descargarlo del todo".
No quise volver a discutir, por lo que me sometí. Total, nada podía hacer. Decidiendome por entrar igualmente en la cama, quedando ella entre ambos. Estábamos algo cansados, por lo que pronto nos rindió el sueño. Intuía que la noche iba a dar mucho de contar. Había abierto la veda y me agitaba saber cómo como iba acabar todo.
CONTINUARA
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Cambié, cambiamos
Juan creía haber abierto la puerta a un juego de fantasías controlado, pero no imaginó que al liberarla, ella no solo querría jugar, sino dominar la…
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldExhibicionismo buscado
- Hetero: Infidelidad
Confesiones de una pareja de casados (3)
Esteban creyó controlar el juego al permitir que su esposa fuera de otro hombre, pero la pasión desatada por Fernando y Kairo bordea lo…
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Carol, todo menos follar
Carol pensaba que solo iba a cenar con un compañero de trabajo, pero su marido tenía otros planes: encender la imaginación de un joven seductor sin…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmExhibicionismo buscado
- Hetero: Infidelidad
Mi marido me hizo probar a otro hombre
Bella siempre creyó que su matrimonio era suficiente, hasta que Rodrigo le mostró que el deseo puede multiplicarse.
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Vivo de las mujeres decentes-libro 2 (Capítulo 2)
La lluvia cae sobre Londres, pero dentro de esa casa el clima es otro. Adela y Julia no son solo anfitronas; son una invitación.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmCuckold
- Hetero: Infidelidad
S.O.S. Un amigo que quiere ser cornudo
JT no quiere solo ver a su mujer con otro; quiere ser humillado por el placer ajeno. Pelayo, el amigo de confianza, es la pieza clave que no esperaba…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmCuckold